viernes, 21 de agosto de 2020

El Vizconde de Bragelonne (Alejandro Dumas)

Ésta es una de las reseñas que más me cuesta escribir. No es sólo que se trate de un libro constituido por dos tocharros de 900 páginas cada uno (Libros 40 y 41 de la Cesta’13), sino por la emoción que me supone despedirme de unos amigos con los que he disfrutado por muchos años. La última de las historias de los tres mosqueteros llega a su fin, y, con una lagrimita, les digo adiós.  

 

Título: El vizconde de Bragelonne

Autor: Alejandro Dumas

Título original: Le vicomte de Bragelonne 

“Escarceos amatorios, envidias, celos… La corte de Carlos II no difiere mucho de la Corte de Luis XIV. Los personajes, en múltiples ocasiones los mismos, son seres que viven sólo para intrigar.

Lord Buckingham, el Conde de Guiche, El Vizconde de Bragelonne, entre ellos, con Artagan y los tres compañeros, ya viejos, junto con ellas: la de La Vallière, Aura de Montolais, Madame… y toda la corte de Carlos II y de Luis XIV juntas.

Malicorne, Manicamp, Wardes… sucesores de tres famosos mosqueteros que tienen en Raúl, Vizconde de Bragelonne, el digno sucesor del fabuloso Artagnan…

Intrigas palaciegas, con una pléyade de intrigantes entre los que desfilan las más encumbradas figuras de Francia.

Las costumbres de una época de vida ociosa, preludio de la que había de ser la más sangrienta de las revoluciones de todos los tiempos: la Revolución Francesa.”

Se trata de una tarea imponente ya desde el momento en que ves los libros en la estantería. Solo con contemplarlos ya asusta. Acometer su lectura requiere planificación y esfuerzo, pues su lenguaje florido, su extraño ritmo y sus historias de otra época no ayudan a que las 900 páginas de cada tomo se lean con rapidez. No en vano, cada uno de ellos me ha llevado más de un mes. 

El vizconde de Bragelonne es el cuarto de los libros de Los Mosqueteros, situado diez años después de los sucesos de Veinte años después, en 1660. Tras la muerte del rey Luis XIII, acaba de subir al poder el joven Luis XIV, con lo que se produce una lenta transición entre la antigua y la nueva corte, con el consiguiente baile de poderes.

 Aunque debido a su carácter episódico, la trama se disperse en varios frentes, como si de una serie actual se tratara, hay dos temas que se mantienen, apareciendo de manera recurrente.

El primero de ellos estriba los tres Mosqueteros (que son cuatro), se han convertido en figuras legendarias. TODO el mundo les conoce y les trata con deferencia, a medio camino entre la admiración, el miedo y la incredulidad. Éstos se saben los mejores en lo suyo, pero tienen sus años (rondan los 60) y están continuamente quejándose de que sus mejores años ya quedaron atrás, con la sensación de que ya están viejos para estos follones, conscientes ahora sí de que cualquiera de estas aventuras será la última. Este respeto se torna cierta condescendencia cuando interaccionan con los más jóvenes, los recién llegados a la corte, que no conocen de qué son capaces nuestros gallardos espadachines y los tratan como si fueran abuelos cebolleta que rememoran sus batallitas (hasta que se enfrentan y luego pasa lo que pasa, claro ^^).

El segundo de los temas recurrentes a lo largo del libro es el paso de los tiempos y el consiguiente cambio de valores que comporta. Los mosqueteros no se reconocen en el nuevo Rey ni en la nueva corte, más pendiente de veleidades románticas y duelos de honor que de luchar por el futuro del país y el cuidado de su gente, claramente se sienten fuera de una generación que no es la suya, defendiendo ideales que los demás ven como caducos.

Muchos personajes que conocíamos (Richelieu, Wardes) han desaparecido tras el paso del tiempo, pero nuestros personajes favoritos siguen ahí: El atontado y forzudo Porthos, el siempre afectado y honorable Athos, el intigrante seductor Aramis y el temperamental Artagnan, ahora convertido casi en un superhombre. Están viejos y achacosos, pero siguen ahí con el carisma intacto que les caracteriza. 

Nuevos actores aparecen en escena, empezando por el siempre caprichoso Luis XIV.  En un primer momento se presenta como un niño mimado lleno de inseguridades, pero a medida que avanza la novela se forja su carácter, ganando en implacabilidad y arrogancia. Se percibe en él un Rey que es incapaz de aceptar un rechazo, acostumbrado a imponer su voluntad como ley, saliéndose siempre con la suya para disfrutar de la vida. A su alrededor orbitan los grandes poderes de la Corte, como el Cardenal Mazarino, o el intendente Fouquet, ambiciosos personajes que aspiran a tomar las riendas efectivas del país, mientras el Rey se divierte de fiesta en fiesta.

Aquí Dumas, consciente de que quizás no tiene muchas coass que contar de unos personajes ya mayores, presenta a una plétora de jóvenes caballeros con ganas de comerse el mundo. Entre ellos destaca el llamado Vizconde de Bragelonne, una suerte de clon rejuvenecido de Artagnan, con la misma habilidad por la espada y el mismo poco seso a la hora de lanzarse a la aventura. El caballero Wardes, digno hijo de su padre, con su misma astucia y su misma crueldad, siempre dispuesto a fastidiar al prójimo por puro aburrimiento. Manicamp, un intrigante de baja cuna pero con los arrestos suficientes para progresar como haga falta y el manirroto Malicorne, un pequeño calzonazos lleno de nobleza y honorabilidad que, obviamente, no hace más que recibir por todos lados a la espera de tener su premio.

Es sorprendente con qué poco Dumas es capaz de crear a un personaje nuevo y hacer que lo conozcas con apenas dos líneas de descripción, lo que le viene perfecto para hilvanar nuevas tramas y saltar de una a otra con habilidad.


En ese sentido, los Mosqueteros se hallan muchas veces en facciones rivales de la trama, debiéndose enfrentar con riesgo de sus vidas. Dumas refleja aquí con habilidad el cariño y la admiración que se profesan. Pueden haberse tornado enemigos enconados, pero siempre guardan respeto ante el que saben que es un rival digno, conscientes de que su presencia en el bando rival les va a obligar a dar el máximo para triunfar, buscando además la manera de salvar a sus compañeros sin por ello perjuicio a que su facción triunfe. Se nota que son muchos años luchando juntos ^^.

La prosa de Dumas, como reflejo típico de su época, destaca por los abundantes requiebros de todos sus personajes al expresarse. Las órdenes y las expresiones directas son conceptos deshonrosos, pues tu Rey no debe ordenar sino que basta con expresar un deseo para que cualquier súbdito se vea impelido a cumplir con sus requerimientos. Lo mismo ocurre con personajes de extracción social similar, entre los que las peticiones y consejos son atentados al honor. Por ello, todos los personajes hablan a base de indirectas, dejando caer frases aquí y allá con la esperanza de que el otro en la conversación pille la intención del mensaje. Esto produce divertidos y delirantes diálogos de besugos cuando entre ellos no pueden (o no quieren) entenderse, obligando a reformulaciones y retoques para ser más asertivos sin llegar a ser directos.

Además, todos los personajes se encuentran completamente encorsetados dentro de lo que la sociedad espera y exige de ellos. Se nota en sus actos y sus quejas la poca libertad de elección que disponen, siempre al capricho del destino y el honor. Dejando de lado el vasallaje y los berrinches reales – que darían para páginas y páginas de comentarios-, la simple relación hombre-mujer queda perfectamente retratada. Ellos siempre, siempre, deben ser ávidos en buscar a un amor –el que sea- a profesar devoción, siempre calientes y con ganas de levantar faldas. Ellas, por su parte, deben mostrarse deseosas de atención, solícitas  y sensuales, pero al mismo tiempo resistiendo cualquier tipo de avance por muchas ganas que tengan, bajo el peligro de quedar deshonradas. Cómo además los matrimonios son uniones políticas y comerciales más que amorosas, encontramos arreglos muy extraños que provocan locura en muchos de los personajes. Unas características de comportamiento que se pueden hacer muy raras para los lectores más jóvenes, seguro.

La abundancia de paisajes, palacios, castillos y fortalezas son hábilmente retratados por Dumas. Ya sea en la temible prisión de la Bastilla, en los alegres palacios versallescos o alguna calle aleatoria de Paris, se toma su tiempo para que puedas apreciar el escenario en el que se desarrolla la acción en todo su esplendor. Estas dos características estílisticas hacen que la lectura deba ser lenta, reposada, convirtiendo en contraproducentes las prisas y los banquetazos literarios. El vizconde de Bragelonne está pensado para que te lo tomes con calma y así te fuerza el propio libro.

Su carácter episódico, publicado capítulo a capítulo, es un trasunto de las series de hoy en día, con una entrega nueva cada semana, siempre prestas a dejarte con la intriga de qué ocurrirá en el capítulo siguiente. En ese sentido, el libro no sigue una trama concreta sino que diversas historias o arcos argumentales se van sucediendo, a veces independientemente, a veces entrelazados. Así pues, es posible que algún personaje desaparezca durante 300 páginas, simplemente porque la acción está en otro lado, pero no desesperéis, estamos en manos de un buen timonel y aquí no se da puntada sin hilo.

De esta manera, asistiremos a la presentación de Bragelonne en sociedad junto con sus correspondienets enredos cortesanos, a la relación de Artagnan con el nuevo Rey y sus aventuras en Inglaterra, las intrigas de Aramis para incrementar su poder, un interludio romántico de enredo clásico con el Rey liándola parda, las peleas palaciegas entre Fouquet y Colbert y, para cerrar el libro la historia más famosa, el secreto del Hombre de la Máscara de Hierro.

Si lo ves con ojos críticos, podrás contemplar como Dumas intenta crear a lo largo del libro una nueva imaginería con los personajes recién llegados, con la idea –imagino- de continuar las tramas tras jubilar a los mosqueteros clásicos. Recordemos que estamos ante una publicación episódica, y como buena serie, debe tener su audiencia para renovar una nueva temporada. Se percibe el esfuerzo, dotando de más romanticismo y menos acción a estas historias, pero debemos entender que NO FUNCIONA, así que, en cuestión de un capítulo, se da carpetazo a todas las tramas secundarias, se vuelve a los personajes de siempre y se les da una última saga de despedida (grandiosa, todo hay que decirlo).

Nada más empezar, se siente que El hombre de la máscara de hierro será la aventura final. A medida que avanzan las páginas se hace más patente el melancólico sentido de despedida que desprende cada línea. Algo se rompe dentro de mí a medida que comprendo que, poco a poco, me va a tocar decirles adiós, especialmente en las últimas doscientas páginas, dónde la edad empieza a hacer estragos y empezamos a ver las primeras muertes. La tristeza ante la injusticia de las algunas desapariciones se clava en el alma y, estoy seguro, también en el corazón del autor.

El vizconde de Bragelonne es un verdadero fresco histórico. A lo largo de los trece años que se desarrollan en sus páginas, visitamos todos los aspectos de la corte francesa, políticos, financieros y amorosos. Todo ello poblado con unos personajes carismáticos, una bella prosa y un dulce savior-faire con el toque añejo de las cosas que fueron y nunca volverán. Como siempre con estos tocharros, se trata de un libro que leer con calma, con el que disfrutar del camino y deleitarse con unos personajes míticos. Artagnan, Athos, Aramis y Porthos… Valentía, lealtad, astucia y confianza. Un libro que sabe a despedida, con cariño y con honor, abandonando al final sus páginas con un inevitable toque nostálgico.

Un libro brillante, mastodóntico y precioso, de los que da mucha pena que se acabe.

 

Nota: 9

Nota goodreads: 4.15/5 

miércoles, 19 de agosto de 2020

Quien a hierro mata

Después de unas vacaciones bien merecidas, toca volver a la rutina y a la gran ciudad. Por lo menos parece que tengo unos días con tiempo para estas cosas. Hoy nos centramos en una de las películas más celebradas del cine español de 2019 (buena cosecha ese año, por cierto), en la que la droga, los ajustes de cuentas y la venganza se entremezclan para crear una interesante película.

Quien a hierro mata nos sitúa a un capo de la mafia gallega que sale de la cárcel por motivos de edad, siendo destinado a una residencia para pasar allí sus últimos días. Sus codiciosos hijos buscan la manera de acabar con él para así heredar el negocio, mientras que él se aferra a los últimos hilos de poder. Lo que sería una situación tensa, se pone al rojo vivo cuando el enfermero jefe encargado de cuidar de él le guarda unos cuantos agravios del pasado y se los va a cobrar uno por uno…

Paco Plaza es uno de los directores del cine patrio con un historial más sólido dentro del cine de terror y de intriga, por lo que no es de extrañar que fuera contratado para llevar a la gran pantalla este guión de Jorge Guerricaechevarría. La historia, que recuerda a las venganzas implacables de los thrillers asiáticos, es aprovechada por el director para hacer una verdadera película de género, algo poco habitual (cada vez más ^^) en este país.

Se trata de una propuesta con un presupuesto abultado para lo que se estila por estos lares, dentro de un proyecto que Plaza conoce, con lo que la parte técnica despliega músculo usado con eficiencia. La puesta en escena denota buen hacer, con una atmósfera malsana bordeando el terror, presta a dejarte el culito prieto. La oscura fotografía transforma los bajos fondos gallegos en lugares ideales para una película noir, llena de mala gente y muchas ganas de joder a los demás.

Además, tiene la suerte de contar con la inmensa habilidad de Luis Tósar de hacer de hijo de puta. Aunque aquí hace de hijodeputa bueno (ejem), sigue sorprendiéndome la habilidad para pasar de tener una sonrisita de buena persona a desplegar explosiones de violencia en apenas un fotograma. Puedo achacarle que lleva quince años haciendo el mismo papel, pero qué bien lo hace, coñe. Sin duda, la película no sería lo mismo sin él, pero el clan mafioso goza también de grandes interpretaciones. El desaparecido Xan Cejudo borda el papel patriarca lleno de rencor, con una interpretación muy trabajada a base de miradas (muchas veces de odio), mientras que el grupito de impresentables de sus hijos no se quedan atrás, brillando especialmente Enric Auquer como el más joven del clan, en un papelazo descomunal como un mafioso alocado y pasadísimo de vueltas, de los que te vuelan la cabeza sin pestañear ni darse cuenta de que le ha caído medio cerebro tuyo encima.

Con una atmósfera brillantemente conseguida, un ritmo que te pega al asiento y unos actores en estado de gracia, uno esperaría estar ante una película de las que hacen época. Lamentablemente, la historia no llega a estar a la altura, conteniendo un exceso de casualidades demasiado increíble, con una intención más efectista que efectiva. La subtrama de los chinos no funciona especialmente bien, ni los problemas con las bandas de la cárcel ni, sobretodo, la senda que lleva al desenlace, tan increíble que se hace difícil de tragar, con sobreexplicaciones que ni son necesarias ni aclaran demasiado. El envoltorio es precioso, los ingredientes son de primera, pero el sabor final tiene el deje de haber podido ser mejor.

Otro detalle a destacar de este descenso a los infiernos de Luis Tosar está en que el guión y, sobretodo, él, se esfuerza en que quede claro que es consciente de que no va a salir bien parado de ésta. Sin embargo, a él le vale, pues lleva tanta rabia dentro que sólo desea desatarla sin importar las consecuencias que vendrán después. Recuerda mucho a cualquiera de las películas de la trilogía de la venganza de Park Chan-Wook, en la que el rencor que corroe al vengador es tan devastador que las consecuencias son atroces para todos.

La película consiguió tres nominaciones a los Goya: Mejor actor para el estupendo Luis Tósar, mejor actor revelación para el fabuloso Enric Auquer y mejor sonido, como muestra del músculo técnico desplegado. Al final, solamente el joven actor catalán se llevó el premio gordo.

Este thriller presenta fallos gordos en el guión, pero destaca tanto en el resto de aspectos que permite que el viaje se disfrute y la experiencia valga la pena. Una historia de venganzas llevada hasta el infinito y más allá, con toneladas de mala leche, buenas dosis de angustia, explosiones de violencia y un puñado de actores que hacen muy bien su trabajo. Aún con sus errores, una película muy aprovechable.

 

Nota: 7

Nota filmaffinity: 6.6 

sábado, 15 de agosto de 2020

Borgen

Hoy me voy a entretener comentando una serie que tuvo su cierta tirada en su momento, hará unos diez años, pero que ahora parece completamente desaparecida, pero que yo considero casi obligatoria para ver antes de hablar a lo loco de política. En la barra del bar todos nos engorilamos cuando explicamos qué haremos cuando seamos los presidentes del gobierno. ¿Y qué pasaría en la realidad si, de repente, acabamos elegidos como tales?

 

Ésta es la premisa inicial de Borgen. En el primer capítulo de la serie, un partido minoritario, dispuesto y preparado a ser una oposición ruidosa y contestataria, se ve arrojado a la presidencia por una serie de inesperadas casualidades. De repente, se ven en la obligación de formar (y conservar) un gobierno, de negociar con unos partidos y con otros, enfrentando sus ideas políticas con la realidad, mientras los medios de comunicación están bien prestos a masacrarlos. Durante tres temporadas seguiremos los avatares de Birgitte Nyborg y su equipo político, lo que nos meterá en los entresijos del Borgen, el edificio del parlamento danés, que da nombre también a la serie.

Así pues, no tendremos una serie de acción, ni una serie centrada en las relaciones entre personajes. Borgen es una serie política, con muchos discursos y muchas ideas, pero sobretodo, es una serie sobre las consecuencias del poder. Nos habla de la coherencia con las ideas, de la necesidad de renunciar para poder negociar, la diferencia entre el aparentar y el ser y la conveniencia entre hacer lo correcto, lo decente y lo legal. Utilizando la legislatura como trama de fondo a lo largo de cada temporada, se centra en los problemas del día a día del Gobierno. A veces tiene que afrontar las dificultades para implementar las grandes ideas del partido, se enfrenta a extraños dilemas internacionales que te impiden tomar las decisiones que te gustaría o tiene que parar cualquier otra acción para solventar el marrón en que te ha metido el bocachancla del ministro al que no soportas pero que debes mantener ahí. Además, la serie en ningún momento se posiciona sobre si las derechas son mejores que las izquierdas. Se hace obvio de qué pie cojean los autores, pero deja bien claro que jetas y malvados hay en todos los sectores de la sociedad.

La serie se sostiene por el buen hacer de la protagonista sobre la que gira toda la historia. Sidse Babett Knudsen (que luego hemos visto en Westworld) encarna a la perfección la imagen de una persona cualquiera, de fuertes ideales y ganas de mejorar las cosas, a la que le empiezan a llover las tortas de realidad sin que sea capaz de ver desde dónde le vienen. Con el paso del tiempo, el poder (y la vida) la va cambiando, mostrándose hábilmente la metamorfosis que el personaje va sufriendo, de persona a política profesional.

A su alrededor, orbitan toda la plétora de asesores y demás ministros que deben oscilar entre la obediencia debida, su agenda propia y la capacidad de discrepar sin causar problemas. El mejor de todos, un auténtico ladrón de escenas, es su asesor de prensa, Kasper Juul , interpretado por Pilou Asbaek, al que luego hemos visto como un vergonzoso Euron Greyjoy en Juego de Tronos. A diferencia de su jefa, Kasper es un ser completamente amoral dispuesto a todo para sacar adelante su trabajo y hacer que el pueblo considere a Birgitte Nyborg la presidenta ideal, enseñando los mejores ángulos, manejando los tiempos, maquillando los resultados o mintiendo flagrantemente, pero siempre de manera que no pueda salpicar a su jefa (que además se enfada cuando le pilla usando técnicas poco éticas).

El día a día en Borgen tampoco se explicaría sin los rivales políticos de Birgitte Nyborg, personajes a los que quizá llega a odiar, pero que tiene que soportar en su día a día, saludándolos con su mejor sonrisa y, buscando, con mayor o menos desesperación, puntos de apoyo con los que apuntalar su gobierno y poder mantener el poder una mañana más. Como buenos líderes de partido, tienen carisma de sobras para sacar adelante sus ideas (o no), saben dialogar cuando conviene (aspecto sorprendente respecto a la política que estamos acostumbrados) y pueden parecer bienintencionados, pero no dudan en lanzarse como chacales cuando huelen sangre. De entre todos, no puedo si no destacar la entrañable excentricidad del peligroso líder del partido de extrema derecha, Svend Åge Saltum, fantásticamente interpretado por el ya desaparecido Ole Thestrup.

Ahí es cuando la serie muestra todas sus armas, destripando a la perfección todo el teatro que se produce entre bambalinas, con la lucha de poder que se produce entre los partidos, los pactos extraños y los entresijos que llevan a las decisiones más inesperadas. En ese sentido, desborda un realismo y una credibilidad que contrasta con el espectáculo gratuito de House of Cards y el idealismo exacerbado de El Ala Oeste de la Casa Blanca. Hay buenas decisiones, meteduras de pata, cesiones necesarias y extraños compañeros de cama forzados por las circunstancias. Canelita pura repleta de buenos diálogos en los que los personajes se permiten ser humanos, tener fallos y olvidos, odios enconados y tragaderas para comerse sapos de diferente tamaño. Se muestran con habilidad las dificultades de gobernar ante la adversidad o el favor de la industria, la oposición y los medios de comunicación.

Son éstos los últimos a destacar dentro de la serie. Visitamos de manera habitual dos redacciones que viven su día a día a su manera. Por un lado, tenemos al canónico noticiero que vende seriedad e imparcialidad en sus programas, defendiendo un análisis político aséptico y constructivo. Como el director del programa y Nyborg son grandes amigos, siempre están prestos para echar un capote cuando hace falta, pero al mismo tiempo, los creadores de la serie son hábiles al reflejar que siguen siendo periodistas y que, si la historia vale la pena, no hay favores que valgan. Enfrente tenemos el panfleto que busca el escándalo continuo, siempre presto a manipular y escandalizar en pos de un gran titular y un aumento de las ventas. En un primer momento parece un siervo atento de la oposición, pero pronto veremos que no se casan con nadie y todo el motivo de escarnio si la ocasión lo requiere. Personajes bien construidos que muestran al periodista carroñero que todo profesional lleva dentro, por mucha pátina ética que quieran ponerle. Además, en muchos casos funcionan como semáforo de las opiniones del pueblo, sirviendo eficazmente para que nos enteremos del efecto que tienen las decisiones del Gobierno en el día a día del ciudadano.

Siempre desde estos tres sectores, la presidencia con sus asesores, los rivales políticos y la prensa, tendremos un retrato poco amable pero verosímil de las andanzas de un Gobierno, con todos los sinsabores y las pocas alegrías que acarrean el ejercicio del poder.

Durante la primera temporada se narra el primer año de legislatura. Desde que Birgitte Nyborg consigue inesperadamente el poder, se nos narran la vital importancia de las primeras decisiones, las prebendas que acompañan a los primeros días de gracia (jé) y, sobretodo, los muros con los que chocas al intentar poner en práctica las políticas del partido. Se hace especial hincapié en los extraños equilibrios de poder dentro de las coaliciones, donde los tiras y aflojas convierten a tu mayor aliado (el partido con el que gobiernas) es también tu mayor enemigo (el que tiene más posibilidades de quitarte votos en las siguientes elecciones). Se comprende la inesperada utilidad de las patadas hacia arriba y la incómoda aleatoriedad con la que los marrones pueden aparecer y echar cualquier planificación al traste. En una de las mejores temporadas de las que cualquier serie gustaría alardear, encontramos un compendio de grandes argumentos, diálogos llenos de entrañable patetismo, unos personajes impecablemente escritos e interpretados y unas enseñanzas que todos deberían aprender. En serio, si os interesa la política, ésta temporada es imprescindible.

La segunda temporada da un salto hacia adelante, situándonos en el último año de presidencia. Durante este tiempo, como suele pasar, la vida sigue. Algunas caras han cambiado de sitio, actores nuevos se han mostrado en escena y otros se ven obligados a retirarse. Sin dejarse de lado el día a día de la política, la serie se centra más en el desgaste que el poder provoca en la vida de todos. Las familias de Nyborg, Juul y los demás se han covnertido en celebridades y sufren el acoso de periodistas y fans, soportando en sus carnes los inconvenientes que provoca el éxito personal de los demás. Se refleja especialmente el hastío que provoca la tensión continua, abandonada ya la ilusión del primer año, con muchos personajes que empiezan a tener otras prioridades. Desde el punto de vista político, uno de los temas principales es la decisión (o no) de Nyborg de presentarse a una reelección. Inicialmente prometió estar sólo un mandato, pero claro, a esto del poder se le coge gusto y pasa lo que pasa… Si la serie gozaba de una primera temporada de bandera, la segunda no es precisamente peor. Los temas se centran más en los aspectos éticos de la actividad antes que el día a día de la política, con un interesante desarrollo de personajes, especialmente de aquellos en los que la cámara (real) no suele fijarse. Me ha gustado especialmente la fluidez con la que se te muestra el paso del tiempo, dejándote caer lo mucho que ha ocurrido en los años que no se te enseñan, dando un destino lógico y verosímil a todos los personajes hasta el punto de partida de la temporada, un detalle que se aleja de muchas propuestas similares, que parecen “congelar” la vida de los personajes cuando hay un salto temporal de este estilo.

Finalmente, la tercera temporada nos avanza otros 6-8 años. En este momento, Nyborg y sus compañeros ya se han retirado de la política y se dedican a sus labores aquí y allá. En lo que debería ser una noche de inmensa celebración, Nyborg ve un mitin de su antiguo partido, en el que el candidato actual menosprecia con saña sus años en el gobierno. Esto la obliga a hacer balance a su vida, llegando a la conclusión de que estos advenedizos necesitan unas buenas clases de política y ella es la mejor candidata para ello (toma ego), por lo que decide volver al ruedo. Cuando se hace evidente que su retorno no va a ser bienvenido en un partido que ha cambiado de estilo, se viene muy arriba y crea un nuevo partido para tomar el poder. Así pues, entre comentarios despectivos, bufidos de incredulidad y arrebatos de fans no especialmente lúcidos, asistimos al proceso de la creación de un nuevo partido, las ilusiones por las posibilidades, el ímpetu de las nuevas empresas, las luchas por hacerse relevantes, junto con los primeros pisotones para marcar territorio y el saboteo de los partidos más establecidos cuando un nuevo jugador aparece en escena. Se trata sin duda de la temporada más floja de las tres, no tanto por lo que se cuenta ni por sus reflexiones sobre la política, sino por la pobreza de sus diálogos y el mejorable desarrollo del carácter de muchos personajes, que parecen simplemente aparecer en pantalla porque los conocíamos de antes sin que tengan nada nuevo que contar sobre ellos. Además, lo que antes era una serie muy coral con multitud de aspectos a reflejar, se simplifica en gran medida, centrándose casi únicamente en los avatares de Nyborg y su orgullo.

Así pues, tenemos 3 temporadas de 10 capítulos, cada uno de ellos entre los 50-55minutos, con poco relleno, especialmente importante como retrato de las miserias de la política, con los mamoneos y las puñaladas que vienen en consecuencia. Además, la asepsia con la que se muestra le diferencia de otras series bastante más rockanrolleras dentro del género, dando a veces la impresión de estar viendo un documental novelado antes que una serie. Los puñetazos de realidad que proporciona se hacen imprescindibles para comprender qué ocurre entre las bambalinas de los gobiernos y los extraños compañeros de cama que a veces ocurren.


Con una primera temporada imprescindible, una segunda altamente recomendable y una tercera algo más irregular, se trata de una serie que gustará a todos aquellos que disfrutan de un guión férreo, buenas actuaciones y temas de debate tras cada capítulo. Aunque actualmente no está en ninguna de las plataformas, sus DVDs son fáciles de conseguir en tiendas y bibliotecas. Además, hace unos pocos días se ha anunciado una cuarta temporada que se estrenará en Netflix, por lo que probablemente aparcerá pronto por allí. No os la perdáis, es muy grande.


Nota:
10, 9  y 6

Nota filmaffinity: 8.0

No deja de sorprenderme el grado de exigencia que mantiene el pueblo con los políticos de la serie, especialmente si los comparo con el elenco de nuestros políticos actuales. ¡Si hasta el más corrupto de la serie parecería alguien decente en nuestro país!


miércoles, 12 de agosto de 2020

Space Jam

 Recordando una de las películas que más cariño le tengo de mis años mozos. Space Jam. Un descojone de ver en el cine que juntaba en uno de los crossovers más salvajes jamás planteados a Bugs Bunny y sus amigos con la estrella del baloncesto Michael Jordan. Increíblemente, funcionaba.

El argumento es pura marca de la casa. Por estas cosas que pasan, los Looney Tunes se ven obligados a jugar un demencial partido de baloncesto contra unos aliens, por lo que contratan al mejor jugador de todos los tiempos para que les ayude, con disparatados resultados.

El resultado es una película llena de vida y color, muy acelerada y repleta de personajes y gags más allá de sus posibilidades. Permite a la estrella deportiva hacer de sí mismo sin problemas sin por ello restar protagonismo a Bugs Bunny y el resto de personajes de la franquicia (el Pato Lucas, Silvestre, Piolín, Coyote…) con una leve irreverencia que se disfruta con ganas.

No negaremos que la película es una enorme tontería, pero es tremendamente divertida. Al final no es más que un capítulo de Looney Tunes muy alargado, con invitado y baloncesto de fondo. Sin embrago, no deja de sorprender que tres cosas tan aparentemente alejadas – Bugs Bunny, MJ y críticas a las políticas de Disney con sus personajes- casen tan bien. De alguna manera funcionó y estoy seguro de que la poca idea que se tiene del porqué es lo que ha prevenido que encontremos nuevos intentos de lo mismo.

El altísimo ritmo al que suceden los eventos es uno de sus mayores valores. Apenas te deja respirar para procesar qué ocurre, con un incesante bombardeo de gags que funcionan estupendamente. Así no nos duele en exceso el puñado de giros que se producen para mayor gloria de Michael Jordan o el product placement de sus zapatillas, tan obsceno y pasado de vueltas que no puede sino provocar vergüenza ajena (y estallidos de risas).

Quizás lo más sorprendente es que Jordan aparece relajado, amigable y carismático, como el hombre que siempre ha mostrado ser en todas sus apariciones públicas en contexto deportivo, algo inusual cuando tenemos a profanos de la actuación. De acuerdo, no tiene que hacer nada más que proyectarse con honestidad y lanzar canastas tras canastas (no falla un tiro en toda la película, por si nadie se había dado cuenta), pero parece tener una habilidad innata para el humor, con un carisma que fluye con naturalidad, sin ponerse en evidencia ni ridiculizarse en ningún momento. Para el vulgo, rodar no es tarea fácil, y menos si se realiza casi exclusivamente ante una pantalla verde, pero MJ parece haberlo hecho toda la vida. Incluso sabe reírse de sí mismo con su falta de habilidad para el béisbol.

Esta naturalidad contrasta con las otras estrellas invitadas (Barkley o Ewing, por ejemplo), mucho más acartonados, especialmente cuando tienen que hacer algo que no sea tirar a canasta. Por su parte, los dos actores “de verdad” de la película, Bill Murray y Willey Knight se desempeñan con acierto en los momentos en que les toca interpretar y tener algo parecido a emociones, fallando algo más en la parte deportiva.

Aunque estaremos de acuerdo en que el argumento de la película no da para apenas nada, se trata de un film que apenas sobrepasa los ochenta minutos (con créditos). Esta reducida longitud hace que entre los gags y la poca trama, la película entre como nada sin dar la sensación de que haya escenas en las que no hay nada que contar ni momentos superfluos. Sin dejar la sensación de vacío que dejan propuestas actuales que parece que estén obligadas a llegar a las dos horas aunque no tengan nada que contar. En este caso, a la que te despistas o empiezas a pensar sobre lo que ves, ya se ha acabado.

Space Jam supone también el debut de la partenaire femenina de Bugs Bunny, Lola Bunny, que ha sido parte del elenco desde entonces. Presentado inicialmente como un personaje feminista, dado que tenía un carácter definido, era independiente y sabía tomar sus propias decisiones. Sin embargo, también fue criticado por su hipersexualización gratuita, por lo que le acompañó una polémica similar a la que ha tenido siempre Lara Croft. Defendida y denostada por diferentes sectores dentro del movimiento.

A finales de los noventa, coincidiendo con la salida de la película, se produjo también la primera gran popularización de Internet. Como cualquier otro producto de su época, tuvo su propia página web con curiosidades, juegos y chorraditas que todos (o no) disfrutamos. Lo más curioso es que esa web sigue activa y sin retocar (récord Guiness), visitable para cualquiera que quiera conocer qué se cocía en Internet hace veintinco años.

Este engendro es una mamarrachada divertida, chorra y sin sentido. Un crossover loquísimo que funciona con naturalidad gracias (o no) a las excéntricas reglas de los Looney Tunes. Es, evidentemente, una memez gigantesca sólo apta para aquel que quiera ver justo eso. Y la verdad es que lo es muy bien.

 

Nota: 5

Nota filmaffinity: 5.2

PD: Escena (chistosa) tras créditos. Toda una pionera.

viernes, 7 de agosto de 2020

Mimic

Hace ya un porrón de años, cuando estaba en el instituto, se estrenó esta película. Yo nunca fui a verla, pero recuerdo el clima de miedo que generó, aterrando a medio instituto. Recuerdo los susurros que generaba entre mis compañeros. Supongo que por ello nunca me atreví a decirles a mis padres que fuéramos al cine a por ella.

Mimic nos sitúa en una Nueva York donde una nueva especie de cucaracha mutante ha tomado los subsuelos de la ciudad, invisible a los ojos de la gente. Pronto las muertes empiezan a sucederse y se desvela el plan de los bichos: sustituir a la humanidad en la superficie.

Este film constituye el desembargo de Guillermo del Toro en Hollywood tras el estupendo debut de Cronos. Ilusionado por la oportunidad que se le presentaba, aceptó sin miramientos las condiciones de producción, dándose de bruces con la realidad cuando empezaron las injerencias y las peleas. De un día para otro se encontraba con cambios de presupuesto, escenas cambiadas, actores despedidos (a mitad de rodaje) y otras imposiciones que venían desde arriba. El propio director mexicano ha comentado numerosas veces que ésta es la menos suya de sus películas, aprendiendo la lección para el futuro, no dudando en abandonar proyectos (el Hobbit) si desde arriba no le dejaban hacer lo que él deseaba y le imponían demasiados factores “en pos del marketing”.

En este caso, el resultado es una película muy irregular. Mimic es un remedo de Alien ambientado en el metro de Nueva York, que por momentos pasa como una correcta película fantástica con toques del terror. En ella se mezclan escenas de intrigante malignidad y conseguida atmósfera con resoluciones patilleras, diálogos estúpidos y relaciones forzadas que  le quitan toda credibilidad y tensión al conjunto.

Lo que más se debe destacar es el estupendo trabajo de diseño e imaginería. Decir a estas alturas de la historia que Del toro tiene un gran talento para el apartado visual no debería coger por sorpresa a nadie. La creación de los bichos, su manera de comportarse o la mala leche de algunas escenas deja claro desde el segundo cero quién está tras las cámaras. Además, se permite crear escenas tan perturbadoras como el asesinato de niños por cucarachas gigantes ¡Y lo enseña con detalle!

El principal problema se halla en un anodino guión plagado de malos diálogos, en el que los personajes no pasan del estereotipo. Su desarrollo parece más el pastiche de un puñado de películas de terror con Alien como eje central, lo que provoca un exceso de situaciones que ocurren por que sí, cuyas escenas aparecen por obligación sin que haya una idea clara de cómo se ha llegado a ella. La gratuita resolución de las mismas sólo sirve para llegar al siguiente set-piece reconocible sin demasiadas razones, perdiendo rápidamente el interés de cualquier espectador no especialmente devoto. Caso aparte es el enamoramiento express del final de la historia, que pasa incluso de gratuito. Hay que poner besos que si no las damas no van a ver películas de terror, ya lo sabemos.

Los actores, quizás conscientes de las peleas que hay entre bambalinas, parecen ir con el automático puesto. Tanto Jeremy Northran como Josh Brolin realizan su tarea con corrección, sin llegar a hacer un mal desempeño de lo poco que el guión les ofrece, pero no encontramos nada destacable ni por encima del “decente” en su actuación. Mira Sorvino, quizás consciente de que se trata de una de sus últimas oportunidades en Hollywood tras rechazar acostarse con Weinsestein, se esfuerza más, pero el guión da para lo que da.

En el apartado de adiciones innecesarias, toda la trama secundaria del niño autista es de una gratuidad insensata, probablemente imposición del estudio, que quería meter un pastiche del Resplandor dentro del nido de la Reina de los Aliens. Está metido con calzador, un más dificil todavía que no funciona y encima, sin Ripley para salvar la papeleta. Fastidia encontrar aspectos tan mal realizados cuando hay otras partes mejor implementadas.

¿Inquieta? Sí. Tiene el ambiente malsano que uno espera de una película de este tipo, pero es lo único destacable del conjunto. Efectiva quizás, pero previsible. Normal que asustara a unos jovencitos impresionables como éramos en el colegio. Desde el punto de vista de un espectador más curtido, se deja ver sin ofender mucho, pero no tiene nada que no hayas visto (mejor) un buen puñado de veces. Probablemente la peor película de Del Toro, de la que él no está tampoco excesivamente orgulloso.

Nota: 2

Nota filmaffinity: 5.2


miércoles, 5 de agosto de 2020

Tokyo Godfathers

Todos conocemos la historia del Estudio Ghibli como referente de la animación japonesa. Sin embargo, pocos conocen a otros creadores de buenas películas del género en el período 1990-2000. El “mayor” de todos estos autores “menores” es Satoshi Kon, un especialísimo creador con un universo narrativo muy personal, lleno de obsesiones en el que nada es lo que parece, creador de thrillers estupendos (Perfect Blue), delirios apabullantes (Paprika), surrealistas clases de historia (Millenium Actress) o deliciosas películas de Frank Capra como la que nos ocupa hoy. Desaparecido con apenas cuarenta años, nos dejó un puñado de joyas y el enigma de qué otras maravillas se escondían en lo más oscuro de su mente.


¿Y qué nos ofrece Tokyo Godfathers? Pues una de las más deliciosas historias de Navidad / Caprianas de lo que llevamos de siglo: Pocas horas antes de Nochebuena, tres pordioseros de distinto origen encuentran a un recién nacido abandonado bajo una cruel nevada. Al principio desean quedárselo, pero luego la cordura impera y emprenden toda una aventura para encontrar a los padres de la criatura. Como es la noche del año en que los milagros se hacen realidad, casi cualquier cosa es posible…

Sorprende no encontrar aquí rastro de sus enrevesados y perturbadores cuentos. Este estupendo cuento navideño contiene una florida galería de personajes que deciden hacer lo correcto por la sencilla razón de que es lo correcto, ¡incluso unos pérfidos mafiosos deciden comportarse con decencia! (jeje). Esto no implica que se trate de una película menos apreciable que el resto de su obra, siendo mucho más de lo que parece en los primeros minutos.


Principalmente por el estupendo tratamiento de los personajes principales, todos ellos poliédricos, con su historia que contar, sus matices y su arco desarrollado con mimo. Son fáciles de conocer y de querer, pues rápidamente encontramos en ellos aspectos que a buen seguro relacionaremos con nuestras vidas. Gin es un alcohólico que perdió a su familia y acabó en la calle por su adicción al juego. Intenta ser la voz de la cordura dentro del grupo mientras le corroe la culpa por haber echado su vida a la basura. Hana es una trans, antigua drag-queen que se crio en la calle. Aunque vivió tiempos mejores, su obsesión por ser madre acabó por llevar al traste todos los arreglos que tenía para vivir. Finalmente, Miyuki es una adolescente que escapó de casa hace unos meses. Sabe que podría volver, pero la vergüenza ante lo que pasó le impide hacer otra cosa que subsistir y tirar adelante. Esta aventura para salvar al bebé pondrá a todos camino de la redención (o no) navideña, con una progresión lógica de todos ellos a medida que se descubren sus secretos y afrontan los traumas que creían irresolubles.

La historia es tópica, quizás manida, pero se haya resuelta con la maestría de los grandes, con diálogos bien hilvanados y un desarrollo que hace las trampas adecuadas para dejarnos una cálida sensación en nuestro interior. La personalidad de cada uno de los personajes se ve reflejada tanto en sus palabras como en sus acciones, sacando a la luz sus contradicciones y fallos con realismo. Asimismo, retrata también con habilidad la vida de los invisibles mendigos que tenemos a nuestro alrededor, las dificultades que se encuentran aquellos que están fuera del sistema y no quieren (o no saben) volver. Como suele ocurrir en otras producciones similares, el uso de la animación permite presentar la miseria con una crudeza que difícilmente aceptaríamos en una película de acción real. 

Goza de una estupenda animación que se nota artesanal, que destila talento y buen hacer. Retrata los bajos fondos de Tokyo con todo lujo de detalles, sin esconder la miseria, pero consiguiendo escenas de gran belleza. Además, cualquier conocedor de la ciudad te podrá confirmar que todos los escenarios son “reales” siendo fácil encontrar las fotos correspondientes a cada localización, que muestran el estupendo mimo con que se han usado los pinceles.

Puede que sea un simple cuento de Navidad. No es, ni busca ser otra cosa, pero es un precioso cuento de Navidad de lo más rebonico. Emociona, consigue que te impliques por sus entrañables personajes y te deja una agradable sensación en el alma. El happy ending de rigor no debe hacernos olvidad la visión pesimista y sin piedad de las mega-urbes niponas, en las que los que están fuera del sistema están condenados a vivir al día, sin poder hacer planes más allá de la siguiente cena.


¿Es un drama lleno de risas? ¿Es una comedia triste? Es una historia deliciosa sobre un tema visto mil veces, pero presentada con mimo, a cargo de unos personajes a los que se coge cariño desde un primer momento y que además deja espacio de sobras para el debate social tras el visionado. ¿Qué más se puede pedir sobre la Navidad?

Nota: 8

Nota filmaffinity: 7.3


lunes, 20 de julio de 2020

El domingo de las madres (Graham Swift)


Este libro se leyó como uno de los últimos ejemplares de la CLO (gracias Doli), una buena manera de acercarme a géneros y propuestas no habituales.

Título: El domingo de las madres
Autor: Graham Swift
Título original: Mothering Sunday
Traducción: Jesús Zulaika

“Inglaterra, 30 de marzo de 1924. El Domingo de las Madres. Una jornada en la que las criadas vuelven a sus casas para visitar a sus familias. Pero Jane Fairchild, de veintidós años y que trabaja para los Niven, es huérfana, y pasa ese día de un modo muy distinto. Se cita con su amante, Paul Sheringham, el único hijo vivo de los vecinos de los Niven, que han perdido a los otros en la guerra. Jane y Paul llevan años de relación clandestina, pero ha llegado el momento de dejarlo, porque él va a casarse con una chica de su clase social dentro de dos semanas. La pareja hará el amor por última vez, pero después de despedirse sucederá algo inesperado que cambiará para siempre la vida de ella... En los años que le quedan por delante, Jane acrecentará su interés por la lectura –a través de los libros de Conrad–, trabajará en una librería de Oxford y con el tiempo se convertirá en una novelista de éxito, en una forjadora de ficciones. Pero nunca olvidará lo sucedido aquel 30 de marzo de 1924.”

Como suele ocurrir en la CLO se trata de un libro que guarda bastantes sorpresas a lo largo del trayecto que supone su lectura. Y eso que son apenas 160 páginas.

En un primer momento, parece que estamos ante un sucedáneo de los libros de Jane Austen, en que todo parece que va a girar en torno a los amoríos de Jane Fairchild. Sin embargo, la temática del libro va cambiando sutilmente desde su inicio costumbrista. Encontramos por medio una oda de amor a los libros llena de devoción, un mini-tratado de la actitud frente al sexo de la época, una biografía de una vida y, de fondo, un reverso tenebroso sobre qué ocurrió exactamente durante el Domingo de las Madres. Todo ello mezclado con un extraño lirismo muy agradable. En ese sentido, me recuerda a las biografías que escribía Virginia Woolf, siempre presta a llevarte por lugares inesperados.



El único personaje desarrollado es la propia Jane Fairchild, a lo largo del cual se articula toda la novela. Como una flor que se abre ante la luz del sol, el futuro de Jane se muestra lentamente ante ella. En un primer momento está desnuda (y follada) en casa de su amante, que se ha despedido para siempre sin molestarse en decir adiós, desde allí, reflexiona sobre lo que ha sido su vida y cuáles son los pasos que se deben dar para salir adelante. Al mismo tiempo, se nos transmite que lo que estamos leyendo es un recuerdo de una Jane ya anciana que rememora esa mañana que cambió tanto a su vida. Tenemos, pues, una mezcla entre una Jane madura, llena de energía y la seguridad en sí misma fruto de la experiencia y el éxito, junto con los actos de una Jane insegura con su lugar en el mundo, deseosa de progresar pero desconocedora de lo que le espera al día siguiente.

La narración sigue así un esquema circular en que Jane da vueltas sobre los temas que le inquietan, avanzando un paso más en cada rotación. Me sentí gratamente sorprendido cuando constaté la manera en la que Swift había capturado tantas emociones y subtextos en tan pocas palabras, especialmente si estás atento ante los leves cambios que se producen cada vez que se repite alguno de los hechos. La narración es lenta, languideciendo sin prisas, repleta de descripciones detalladas, como si quisiera grabar cada instante en tu memoria para recordarlo todos los años de tu vida. Las páginas no avanzan fácilmente, pues te ves obligado a prestar mucha atención a todos los detalles, especialmente cuando te das cuenta de la atmósfera onírica que sobrevuela el recorrido que Jane hace desnuda por la casa, explorando cada rincón, absorbiendo todos los recuerdos y buscando la mejor manera de acabar un día tan importante.

Swift despliega aquí cierta gracia a la hora de mostrar y escamotear detalles relevantes para la comprensión de los hechos, que se vuelven deliberadamente ambiguos ante cada repaso. Ya la propia Jane te recuerda que su testimonio es poco fiable, dejando deliberadamente cosas en el aire, anunciando que a veces hay que adornar los hechos para hacerlos más interesantes y ahorrarse explicaciones no deseadas. Ya sólo la extraña calma con la que la propia Jane se despide de la casa y el corolario final de la propia obra da pie a mil interpretaciones tan deliciosas como perturbadoras sobre qué ocurrió realmente. SPOILER Yo creo que Jane sabía que Paul la iba a dejar tirada, por lo que saboteó el coche para que éste se estrellara. Si tienes otra interpretación, estaré encantado de discutirlo ;) FIN DEL SPOILER.

Lo reconozco, cada vez disfruto más con los narradores poco fiables que te obligan a comerte la cabeza para saber qué hay de verdad en cada palabra. Además, lo hace con un lirismo notable, en la se nota mucho esfuerzo en plasmar la diferencia de comportamiento, de trato y de maneras de hablar de los diversos personajes en función de su estrato social (mis felicitaciones por las labores de traducción, también).

Otro detalle que disfruto se encuentra en que El domingo de las madres contiene una preciosa oda de amor por los libros y el acto creador, mostrando la maravilla de la creación de una historia, especialmente cuando entran las emociones, con una naturaleza delicada que convierte la lectura en una experiencia tan bella como incómoda.

Es muy fácil dejarse llevar por su narrativa elíptica, por su lirismo y por sus inesperados quiebros, pero esto no implica que se trata de un libro para todos los paladares. En sí, es un buen ejemplo de cómo una escritura de calidad puede elevar una historia mínima y un planteamiento lleno de tópicos (en el fondo, todo lo hemos visto mil veces) convirtiéndolo en un placer si es el tipo de historia que aprecias.

Lo que parece una tontada romántica se transforma en un nostálgico ejercicio de estilo en que se nos recuerdan las decisiones que marcan las vidas anodinas (o no tan anodinas) de la gente. Un libro especial, aunque no para todos; pues pueden no comprar su juego (o no gustar de él) y resultará poco interesante para muchos, especialmente cuando la forma importa MUCHO más que el fondo, pero si te pilla con la disposición adecuada, puede emocionar profundamente.
Aunque yo no lo supiera, era justo lo que necesitaba leer, así que se ha disfrutado.


Nota: 8
Nota goodreads: 3.74/5