miércoles, 14 de octubre de 2020

Momo (Michael Ende)

Después del disgusto (joé, es que vaya basura), una propuesta mucho más potita y agradable. Aunque no lo parezca, nunca había llegado a leer este libro, ha caído ahora justo como parte de la CLO (gracias Isgoma). No sé cómo no había caído antes.

Título: Momo

Autor: Michael Ende

Título original: Momo

Traducción: Susana Constante

“Momo es una pequeña niña que vive en las ruinas de un anfiteatro de una gran ciudad italiana. Es feliz, buena, cariñosa, con muchos amigos, y tiene una gran virtud: la de saber escuchar. Por eso, es una persona a la que mucha gente acude para desahogarse y contar las penas, ya que ella es capaz de encontrar una solución para todos los problemas. Sin embargo, una amenaza se abalanza sobre la tranquilidad de la ciudad y pretende destruir la paz de sus habitantes. Llegan los Hombres Grises, unos extraños seres que viven parasitando del tiempo de los hombres, y convencen a la ciudad para que les entregue su tiempo.”

Pero bueno, qué cosa más bonitísima. Como si de un moderno cuento de hadas se tratase, Ende compone una historia para niños de todas las edades que se queda a medio camino entre El principito y La historia Interminable. Si eres de los que aprecian estos dulcecitos, tienes ante ti a una preciosidad.


El libro te presenta a Momo como una vagabunda que vive en una chabola del campo, pero su precaria situación no le impide ser feliz. Es consciente de lo que tiene, puede disfrutar de sus amigos y, como dice el propio resumen, sabe escuchar. A través de su relación con Momo, sus amigos encuentran paz, un sentido de comunidad y un toque de creatividad. El regalo de saber escuchar hasta que la verdad sale a la luz le permite gozar de amigos de verdad, de formar un grupo que la cuida y le trae comida, le cuenta historia y le ayuda en los momentos de necesidad.

Esta capacidad de disfrutar con la vida contrasta con la obsesión de los Hombres grises por aprovechar el tiempo, llenando cada segundo de actividades productivas por miedo a quedarse sin segundos que vivir, olvidándose justo de eso, de vivir. Como ambas posturas son incompatibles, los hombres grises ven en Momo a su mayor enemiga y harán todo lo posible por corromperla y, cuando esto no sea posible, acabar con ella.


Por suerte, Momo tiene a unos amigos que valen la pena, como Beppo el Barrendero o el cuentista Gigi Cicerone, gente bienintencionada e ingenua que siempre tienen un momento para ayudar a quién lo necesite.

Cuando el ataque de los Hombres Grises se hace más poderoso, intervendrán El Señor Hora, maestro del tiempo y, sobretodo, la carismática tortuga Casiopea, personajazo que se gana cualquier corazón aunque lo único que haga sea caminar decidida hacia su destino.

El ataque de los Hombres Grises es todo un prodigio de imaginación. Estos extraños individuos se presentan como representantes del Banco Ahorratiempo y promueven la idea de “ahorrar tiempo” dentro de la población: supuestamente, el tiempo puede ser depositado en el Banco y se retornará posteriormente al cliente con intereses. Pero después de su encuentro, los Hombres Grises hacen olvidar su existencia a los clientes, pero no sobre sus intenciones de ahorrar todo el tiempo posible para un uso posterior. Gradualmente, la siniestra influencia de los Hombres Grises afecta a toda la ciudad: la vida se vuelve estéril, ajena a todas las cosas que “malgastan tiempo”, como actividades sociales, diversión, arte, imaginación o, simplemente, dormir. Los edificios y las ropas se vuelven homogéneas y los ritmos de vida, vertiginosos. En realidad, cuanto más tiempo ahorra la gente, menos tiempo tienen, pues el tiempo ahorrado se pierde para ellos, ya que se lo quedan los Hombres Grises, consumido en forma de los cigarros hechos a partir de los pétalos de las rosas del tiempo. Sin esos cigarros, los Hombres Grises no pueden existir y por ello acumulan más y más tiempo.

Así pues, Momo se convierte en un libro maravilloso, presentando el concepto clásico de una batalla épica. Por un lado, los niños que entienden la necesidad de malgastar el tiempo de vez en cuando y los monstruosos Hombres Grises, que ofrecen inmensas riquezas a cambio de succionar la vida y el tiempo de los demás.

Un libro mucho más simple y disfrutable con más facilidad que La Historia Interminable, pero igualmente desbordante de imaginación, escrito con este extraño saber hacer del autor, en el que los imprecisos detalles que se nos dan sobre el lugar en que sucede la acción se bastan para agitar nuestro interior, consiguiendo que nosotros rellenemos el resto y así tornemos un anfiteatro y una ciudad anónima en lugares fabulosos. Cualquier corazón sensible se acongojará ante la ominosa atmósfera que envuelve a Momo cuando es perseguida por los Hombres Grises o se henchirá de emoción ante la fantasbulosa aventura marítima de los más pequeños (¡este viaje no se puede explicar, es pura fantasía!).

Ende excita de tal manera nuestra imaginación que se hace imposible adaptar el libro a una película. Todas han fracasado. Es algo que se debe imaginar, pues la magia y el encanto no puede plasmarse en una pantalla sin ser empobrecido ante lo que podría ser, nunca llegaría a ser lo que imaginamos. ¿Cómo podríamos representar el fantástico universo más allá del tiempo? No tendría sentido. El talento que hay detrás del proceso de creación es sorprendente.

Esta magnificencia no debe despistarnos del hecho que estamos leyendo unas aventuras infantiles. Tal como ocurría en Charlie y la Fábrica de chocolate, es para niños de todas las edades, pero complejidades, las justas.

Sin embargo, tiene ese toque mágico que fascina a la que te pille con la disposición adecuada. Realmente, lee Momo y decide. Honestamente, si alguien publicara este libro como una novedad dentro del género del Young Adult sin que Momo hubiera existido previamente, sería considerado como una pieza de orfebrería única, los críticos lo alabarían y se convertiría en una referencia instantánea en Twitter.

Momo es un libro que adorar, con el que volver a ser pequeño y saber dejarse llevar. Por favor, que nadie espere aquí nada sesuso y complejo, sino una joyita que leer en tres días que luego te deja una cálida sensación en el corazón. Comprendo por qué es un favorito de muchos, presto a clavarse en tu alma a la que te pille en el ánimo correcto.

 

Nota: 9

Nota goodreads:  4.31/5

Por favor, una última reiteración: No entres en este libro con la idea de leer algo realista, complejo o trascendente. Es un cuento de hadas.

 

  

lunes, 12 de octubre de 2020

Shed of the dead

Y hoy nos dedicamos a cerrar la ronda de zombies con una “zomedia” inglesa, protagonizada por un puñado de secundarios de las series locales, un presupuesto ridículo e ideas algo peregrinas.

El “Cobertizo de los muertos” nos sitúa a un par de frikazos de vida bastante desastrosa que se ven implicados en el asesinato del dueño del cobertizo vecino. Después de unos momentos de pánico estúpido, estalla un apocalipsis zombie que les llena de regocijo. Además de ser ideal para esconder un cadáver, sus conocimientos frikis les dotan de ventaja. Son conscientes desde un primer momento de las reglas de funcionamiento de los zombies y siempre pueden extraer técnicas de defensa de su saber friki. Incluso se sumergen (a modo de película) dentro de los mundos de fantasía con los poderes de un buen rolero para inspirarse en las peleas. Parece que mola, ¿no? Pues aquí acaban las cosas buenas.

Bueno, miento, también se debe destacar que la factura visual de la película es más que correcta. Las escenas están compuestas con pulcritud y, especialmente en las flipadas de fantasía, resuelven con nota las absurdeces que plantea el guión, con un nivel que ya quisieran, por ejemplo, las dos películas de zombies anteriores.

Dentro de los aspectos negativos de la película está todo lo demás. Las actuaciones sobrepasan en mucho la vergüenza ajena, el guión oscila entre lo desagradable y vomitivo, dirigida sin ningún sentido del ritmo o del desarrollo de la trama. Que sí, que es algo que se puede esperar en las comedias cutres de zombies, pero aquí estamos ante una de las peores propuestas de este estilo.

El mayor problema es que quiere ser un Zombies Party sin tener ni idea de saber qué es lo que funcionó de la película. Así pues, en vez de perdedores carismáticos, tenemos a un puñado de sabandijas a cada cual más despreciable como protagonistas pretendidamente chistosos. Unos imbéciles integrales que se mueven por egoísmo y ganas de joder al prójimo, que se creen graciosos y no pasan de estúpidos ostiables.



Los personajes masculinos son especialmente grotescos, siendo todos (sin excepción) unos cerdos salidos que no dudan en sacar partido del apocalipsis zombie para arrimarse al chumino más cercano, pasando a chantajear o coaccionar para tocar algo de teta. Casi siempre vulgar, no es en ningún momento divertido (es que ni una vez), ni inteligente ni ingenioso.

El desarrollo de la historia tampoco se salva en lo más mínimo. No llega a haber un argumento. No encontramos un “necesitamos llegar a tal lugar por razones” o algo. Simplemente consiste en ver como el puñado de mendrugos la va palmando producto de su propia estulticia, sufriendo las consecuencias de sus execrables decisiones. Simplemente, pasan de un escenario a otro viendo reducido su número porque han intentado tirarse a una zombie stripper que les ha acabado reventando los sesos, o porque les ha parecido divertido arrojar a la horda a la chica que se ha negado a enseñarle las bragas (Si, y lo venden como gracioso).

Ahí está lo más gordo. Hay intentos de chiste. Los ves. Te das cuenta de que “eso” es lo que debería ser gracioso y uno no puede evitar pensar en la somanta de collejas que le daría a los creadores. Por momentos me da la impresión de que sería la película que yo habría escrito con 12 años y luego se hubiera rodado sin tocar ni una coma.



En fin, una basura bien grande que lanza por la borda un planteamiento curioso del que se podría haber sacado mucho más jugo. Ofende sin siquiera ser consciente de ello y no ofrende nada que pueda interesar incluso al fan, que fácilmente encontrar un chillón de propuestas mejores en el mismo sentido. En serio, que la evitéis.

 

Nota: 1

Nota filmaffinity: 2.7 

viernes, 9 de octubre de 2020

La historia del Heavy Metal (Andrew O'Neill)

Regalo de un buen par de amigos Está claro que hay quién me conoce.

Título: La historia del Heavy Metal

Autor: Andrew O’Neill

Título original: A history of Heavy Metal

Traducción: Laura Ibáñez

“Ésta es la historia de una red mundial de rabiosos fans que escapan de la vulgaridad cotidiana a través de la música, de estrellas épicas que viven en planetas lejanos con dioses de otras épocas, de villanos corporativos que rompen el corazón de esos fans y estafan a las leyendas musicales para llenarse los bolsillos.

El Olimpo del heavy metal incluye yonquis, satanistas y asesinos, cristianos renacidos y abstemios, trotamundos millonarios que encadenan conciertos multitudinarios durante toda su vida y jornaleros que se dejan la piel en salas donde se escucha hasta la cisterna del baño.

Con un saber enciclopédico y una pasión inquebrantable, el humorista y erudito del metal Andrew O’Neill repasa la gran historia (jamás contada o muchas veces malinterpretada= del heavy metal. Son historias de exceso sobre nombres cruciales, de Ozzy Osbourne a Metallica pasando por Lemmy, y escenas milagrosas, desde la nueva ola del heavy metal británico hasta la escena underground del black metal noruego.

Si estás asintiendo con la cabeza, o directamente haciendo headbanging en la librería, éste es tu libro. Si estás diciendo que no, también deberías leerlo para entender por fin esta música, este modo de ver el mundo.”



¿Qué tenemos aquí? Pues justamente lo que dice el título. Ni más, ni menos. Andrew O’Neill hace un estupendo repaso por la historia del género desde sus inicios hasta la actualidad, dando contexto a la aparición del chillón de sub-géneros que pueblan la galaxia del Heavy Metal. La estructura del ensayo es coherente, sigue una línea temporal clara, sin saltos extraños, trae a colación un buen puñado de anécdotas y hechos sobre las bandas (tanto chismorreos como curiosidades), entreteniéndose en explicar cómo y por qué el género evoluciona y se va expandiendo y dividiendo, todo ello salpicado de chistacos (algunos ingeniosos, otros brillantes y otros realmente malos).

¿Y por qué me importa el libro? Pues bueno, el Heavy Metal es quizás el género musical que más disfruto. Es complejo, variado y desafiante, con multitud de matices a apreciar acompañado de toneladas de visceralidad. Pero no es realmente por eso, no. Es empezar a escuchar una buena canción y algo dentro de mí empieza a vibrar. Es lo que me pone y la música con la que disfruto, así que no hay nada mejor que un buen libro sobre ello para hacerme gozar (gracias Ana).



Ya desde las primeras páginas notaremos que el libro es bastante particular. Ello se debe a su excéntrico autor, un humorista/monologuista que tiene en el hard rock y el heavy metal como temáticas principales de sus actuaciones. No debe por ello extrañar el tono de monólogo de Club de la Comedia que tiene cada uno de los temas sobre los que habla. Sin perder el tema en ningún momento, nos bombardea con un chillón de chistes con resultados a veces hilarantes, lo que permite quitar un poco de aridez a un libro que se podría prestar a ser plomizo. También se debe destacar que O’Neill tiene muy claro qué le gusta y qué no, arrojando su opinión sin paños calientes. Incluso se le notan ciertas ganas de tocar las narices cuando sabe que lo va a soltar tiene algo de polémica. Esto puede ser bastante irritante, sobre todo si se pone a atizar gratuitamente a algún grupo al que le tengas especial cariño.

Ojo, esta enormérrima cantidad de chistecitos no impide que estemos hablando de un libro riguroso y concienzudo. Provee de más cosas que un excelente repaso al género musical, incluyendo todas sus evoluciones. Se toma el trabajo de presentar las razones sociales, del momento, que permiten entender cómo cada mutación toma forma y sale a la luz. Pone orden y conecta un montón de conceptos que podrías creer aislados, poniéndolos en su contexto y explicando las razones particulares por las que brotó en ese lugar y no otro.

Si el Heavy Metal es tu pasión y eres un buen conocedor, seguro disfrutarás del puñado de anécdotas que jalonan las diferentes páginas mientras das un repaso agradable sobre tu tema favorito. Si no conoces mucho sobre el Metal, se trata igualmente de un libro estupendo para poner sentido y relacionar esos nombres que todo el mundo conoce, poniendo en su justo valor a las leyendas que el tiempo ha convertido en mitos, permitiéndote descubrir un buen puñado de grupos que te podrían encantar.



Una de las cosas que más me gusta es que no intenta esquivar las polémicas que han acompañado a los artistas del género desde sus inicios. El Heavy Metal se ha caracterizado por los excesos y la desmesura. No se esconden las juergas salvajes ni las legendarias peleas entre grupos (ni entre miembros de una misma banda). Se hace hincapié sobre qué verdad hay enter las acusaciones de satanismo del Black y el Death Metal, los líos con las mujeres de los congresistas en EEUU y, sobretodo, la excesiva influencia de la extrema derecha en un buen puñado de grupos, con sus obvias consecuencias en temas de racismo, sexismo, etc. Tal como él mismo dice respecto a Varg Vikernes: <Andrew, ¿cómo puedes justificar escuchar la música de un asesino supremacista blanco? La respuesta corta es “con una cada vez más creciente incomodidad”>.

Se trata de un libro que no debería leer un profano absoluto: No te enterarás de nada. Sin embargo, a la que sepas un poco de dónde viene el viento, gozarás aprendiendo muchos detallitos que desconocías y, si ya eres todo un experto, pasarás seguro un buen rato repasando la apasionante historia de un género musical espectacular. Obligatorio para casi cualquier heviata que se precie ^^.

 

Nota: 9

Nota goodread: 3.98/5 

miércoles, 30 de septiembre de 2020

Infección

Después de liarnos con una película de zombies canadiense, toca una de zombies venezolana, también con mensaje político a su modo.

En este caso, tenemos una película de género más convencional. En la maltratada Venezuela, un abnegado médico intenta llevar salud a un pequeño pueblo perdido por las montañas (ejem). Estalla un apocalipsis zombie causado por una variante del virus de la rabia, con lo que tenemos infectados que se mueven a cierto ritmo y la van a liar por todo el país.

Flavio Pedota (el director) no se anda con sutilezas, identificando claramente a los zombies rabiosos sin cerebro con los seguidores del dirigente Maduro, que ha llevado el país a la perdición. El protagonista no es otro que un dedicado médico que lucha por traer un rayo de esperanza a su gente, acabando con la infección que azota a su pueblo.

Una vez que obviamos (bueno, no) su parte política, lo que tenemos entre manos es una típica historia de zombies, con la confusión correspondiente, sus correrías y las huídas de un refugio a otro, la esperanza ante la llegada a una zona segura donde encontrar una cura, con militares tocando las narices aquí y allá, aderezado con el particular toque cultural del país sudamericano.

La comparación con Juan de los Muertos es inevitable, pero Infección no busca el chascarrillo ni la comedia terrorífica. Ésta es una de zombies post-Romero clásica, con sus dosis de acción y de ominoso terror.

Sufre (mucho) de un reducidísimo presupuesto, además de cierta tendencia de los zombies a teletransportarse según conviene al guión, pero tenemos un producto que se funcionar a ritmo aceptable, en la que los sucesos transcurren manteniendo algo de lógica e incluso se permite cierto desarrollo de personajes. De un modo muy convencional, todo está en su sitio, sin alardes ni ínfulas, dando lugar a una dirección muy anodina pero sin errores, completado por unas actuaciones medianamente competentes.


Infección n
o tiene nada especialmente malo, pero tampoco nada que podríamos destacar como bueno. Ni inventa nada ni tiene nada en especial que la distinga de otras muchas propuestas del mismo estilo, más allá de ser venezolana y haber conseguido realizarse (que ya de por sí tiene su mérito).

Si la comparamos (inevitablemente) con la anterior Blood Quantum, sale perdiendo en todas las coreografías de asaltos zombies, falla en espectacularidad y medios, pero por otro lado contiene un desarrollo más lógico, rematado con más empaque y menos personajes que se dedican a hacer estupideces.

En conjunto, acaba siendo una película de zombies muy canónica y convencional. Corre peligro por ser anodina si no fuera por que aprovecha cada oportunidad para lanzar una pedrada gratuita al gobierno de Maduro. No destaca dentro del género, pero tampoco se le pueden encontrar defectos de gran magnitud, con lo que proporciona un entretenimiento funcional al fan, sin aspavientos ni grandes novedades.

Nota: 4

Nota filmaffinity: 3.9 

lunes, 28 de septiembre de 2020

Blood Quantum

Cada año me pego mi correspondiente maratón de cine de zombies. Un gustazo culpable que gusto de darme de vez en cuando (y que creo que este 2020 será imposible de tomar).

La primera película de esta ronda es la canadiense Blood Quantum. El film plantea, como no puede ser de otra manera, un apocalipsis zombie en el que la sociedad se ha ido a tomar viento. Sin embargo, hay una excepción. Por alguna razón desconocida, los indígenas de la zona son inmunes a la zombificación, por lo que han conseguido establecer unas reservas libres de zombies donde los blancos (y otras razas) pueden refugiarse mientras ellos se hacen los amos del cotarro.

Ahí está la vuelta de tuerca inusual, los indígenas son inmunes, mientras que los zombies son todos blancos. Así pues, el peligro para los protagonistas no es el de convertirse en zombie sino el de ser sobrepasados/comidos por ellos. Esta obvia relación con el racismo no es casual. No en vano el equipo que hay detrás de la película es indígena y la película aprovecha para criticar cierta política del gobierno canadiense establecida en los años 80 sobre cómo se les debía tratar (demasiado recientemente corregida). El giro se plantea con acierto y un pelín de mala leche bien buscada, aunque se olvida completamente cuando empieza la lucha por la supervivencia, me hubiera gustado que se pusiera algo más de énfasis en ello.



El principal problema del argumento de la película es que parece haberse llegado a un status quo más o menos satisfactorio en que los indígenas son los privilegiados por el sistema y al resto no le queda otra que tragar. Todos son más o menos felices (ejem ejem) y no parece haber una ruta obvia que el argumento deba tomar ¿Cómo desatas entonces algún tipo de trama? Pues poniendo a personajes (supuestamente) inteligentes a hacer estupideces sin motivo hasta que todo salta por los aires. Entonces, lo que quedaba de sociedad se va al garete y empieza una nueva lucha por la supervivencia, con todos los tiros y todas las tortas convencionales que estamos acostumbrados a ver en las mil propuestas que trae el género.


Se olvida pues cualquier crítica racial o desarrollo de los personajes (que tampoco es que fuera muy allá, inicialmente), repitiendo todos los tropos habituales, repasando los trillados caminos de las pelis de zombies, con la única salvedad de que algunos personajes son inmunes y tienen poderes extras. A pesar de ciertos altibajos, funciona aceptablemente, llegando al final con cierta dignidad, consiguiendo incluso alguna que otra escena destacable, como la redención del samurái indio. 

En resumen, Blood Quantum tiene un buen planteamiento, un desarrollo algo cuestionable y un final apañaete. A pesar del girito argumental, se queda como una de zombies mas que seguro hubiera ganado si se hubiera incidido más en el tema racial/social que se deja de fondo tan pronto empiezan los tiros.

Nota: 4

Nota filmaffinity: 4.0 

viernes, 25 de septiembre de 2020

One Piece: Stampede

Como cada año y medio de publicación de un anime de éxito, los estudios japoneses sacan su película especial para llenar los cines de fans. One Piece ya tiene un buen puñado de ellas (X), siendo casi todas capítulos alargados, contando en noventa minutos lo que habitualmente se explicaría en apenas media hora. Este estilo había cambiado recientemente, con propuestas como Strong World  o Gold, que constituían películas por si mismas con un argumento concreto (más o menos peregrino).  ¿Qué nos iba a ofrecer entonces Stampede? 

Pues ni un capítulo, ni una película. Con el objetivo de celebrar el veinte aniversario de la publicación del anime (y los que quedan), Takashi Otsuka se marca un fan service muy mamarracho del tamaño de un campanario en el que cualquier lógica argumental queda supeditada a la oportunidad de poner a un personaje haciendo una escena molona. El sentido ni está ni se le espera pero se las arregla para que TODO el mundo se pase por la película y la líe.

La excusa para ello es que se celebran los “Juegos Olímpicos Piratas” (ejem ejem), por lo que todos los Piratas olvidan sus diferencias y se lanzan a competir en una serie de pruebas en pos de un premio algo difuso, por medio está la Marina, los servicios secretos, el ejército rebelde y un malo maloso del que nadie había oído hablar pero que es súper-ultra-mega poderoso.

Como siempre en estos casos, se gasta cero tiempo en presentar a los personajes. Si no sabes quienes son, no sé qué haces aquí. No obstante, la animación destaca por su viveza, acumulando toneladas de detalles en pantalla, que se mueven con una fluidez muy superior a la que el anime ha presentado durante casi todos sus años. A ello se le añade un extraño orden en el caos controlado que pone a cien a cualquier fan del género. Las coreografías mantienen la imaginación que caracteriza a One Piece, con el mimo de otorgar un momento de gloria a todo personaje del que se acuerdan. Evidentemente, encontraremos personajes fuera de sitio, reacciones extrañas e incoherentes, colaboraciones imposibles e incluso personajes muertos que vuelven a aparecer por ahí. Toda lógica queda supeditada a la espectacularidad y vaya si les funciona. One Piece: Stampede tiene poco sentido, pero provee de un espectáculo visual con un ritmo frenético desde el inicio hasta el final.

Además, tiene la gracia de que el bombardeo de chistes al que se te somete cuando no vuelan las tortas funciona sorprendentemente bien. Los guiños más obvios, las chorradas más estúpidas o los destellos de ingenio más buscados aciertan una y otra vez. Te descojonas mientras flipas con las tortas, así da gusto.



Y es lo que busca la película. Una vez te das cuenta de que esta es la onda y no intentas pedirle otra cosa, pues hay que reconocer que funciona a la perfección, haciéndote disfrutar de cada momento con la gracia de descubrir cada nuevo cameo. Los “¡Oh, es este personaje!” se suceden, incluyendo a algunos que no veíamos hace más de diez años. Hay toneladas de referencias a la propia y extensísima obra, incluso leits motivs musicales antiguos recuperados para la ocasión. Podría estar llenar páginas sólo con todos los detallitos que aparecen aquí y allá. Lo dicho divertidísimo.

One Piece: Stampede celebra por todo lo alto los veinte años de la serie con una propuesta ideal para cualquier fan de la serie. Pasa de cualquier otra consideración para ser un Fanservice de primera calidad, que nadie había pedido pero que se ha ofrecido para molar todo lo molable. De fans, para fans, como da gusto ver cuando apagas el cerebro un rato.

 

Nota: N/A

Nota filmaffinity: 6.7

 

Por otro lado, me sorprendería que algún profano le llegue encontrar el más mínimo sentido a los fuegos artificiales que se nos tiran a la cara con toda esta energía. 

miércoles, 23 de septiembre de 2020

Rocketman

Elton John nunca ha sido uno de mis músicos favoritos. Tampoco le he tenido un especial cariño ni he seguido con interés su carrera. Sin embargo, no pienso cuestionar en ningún momento su influencia dentro de la música ni la gran cantidad de sus canciones que han formado parte del acerbo cultural de un puñado de generaciones.

Cuando se anunció la llegada de Rocketman, yo ya imaginé que habrían aprovechado el tirón de Bohemian Rhapsody, así que me esperaba un Queen II. Uno de estos productos hechos a rebufo de un éxito, realizado a toda velocidad, copiando (casi siempre, mal) todos los tropos de aquello que imitan. En este caso, utilizando como excusa la vida del excéntrico Elton John.

Sin embargo, las semejanzas se quedan en el simple concepto de la película. Rocketman no se dedica a explicarte la gestación de sus grandes hits, sino que se lanza dentro del género musical bajo un esquema de biopic más al uso. Las coreografías y las canciones se utilizan (casi siempre sin respeto cronológico) como la manera de ilustrar los sentimientos del artista en los diversos momentos de su vida. A vuelta y vuelta de la trama, hayamos engarzadas inspiradas coreografías que no esconden los momentos más escabrosos de la vida del artista. Aunque no se despega ni por un segundo del esquema de infancia-lanzamiento al estrellato-caída-resurgimiento y catarsis final, los hechos presentados se acercan bastante más a la realidad que en la película de Freddy Mercury. Aquí las bajadas a la realidad –incluso entre tanta locura- se hacen patentes con mucha más verosimilitud, se sienten graves.

Esta enjundia se debe en parte a un Aaron Egerton del que no esperaba nada bueno, pero se saca de la manga una actuación espectacular en un papel que no tenía nada de fácil. Me sorprendió comprobar que no se había llevado ni una triste nominación a Mejor Actor en el año dominado por el Jocker de Joachim Phoenix. El resto del elenco no puede situarse a su altura, pero no fallan en absoluto, destacando especialmente Jaime Bell interpretando al mejor amigo del protagonista (Elton Bernie Taupin) y a Bryce Dallas Howard que da vida a la madre de Elton John (una arpía de primera).

Otro aspecto que ya hemos destacado pero quizás no hemos incidido es que la película tiene un argumento concreto. Avanza de un lugar a otro sin necesidad del factor cronológico como único motor de la historia. Así nos permite entender la idiosincrasia del personaje y todas las vicisitudes que trae consigo la escalada a los primeros éxitos. Refleja acertadamente la dualidad entre la persona y el artista, con una trama llena de ritmo que permite entender la evolución que sufre a lo largo de los años. Además, el apartado visual despide un estupendo saber hacer, en el que cada imagen en pantalla responde a un motivo, onírico a veces, histórico en otras. La puesta en escena es impecable, desternillante en algunos momentos, pero siempre brillante, especialmente cuando la lisergia campa a sus anchas.

No es sólo que la película sea más que competente (mucho más que Bohemian Rhapsody) sino que las canciones también molan (menos que Bohemian Rhapsody), me he encontrado con un buen montón de obras que me gustan que desconocía eran de Elton John. A ver si voy a tener que pegarle un repasillo como Dios manda…

El propio artista ha tomado parte activa en la creación de la película, como se puede notar en la composición de nuevas canciones especialmente dedicadas al film, que la Academia ha tenido a bien de premiar con el Oscar a Mejor Canción original.

Me reitero en lo que dije inicialmente, el musical sigue sin ser mi género y no suelo disfrutar de este tipo de productos, pero he salido mucho más satisfecho de lo que inicialmente hubiera esperado. Elton John es un artista que me interesa menos que Freddy Mercury, pero este musical-biopic me parece una película más disfrutable, especialmente para el no fan (ambas son perfectamente recomendables, no fastidiemos ^^). Un panegírico interesante sobre un artista único que te puede interesar más o menos, pero ya por el repaso de hits imperecederos ya vale la pena.

 

Nota: 8

Nota filmaffinity: 6.7