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martes, 5 de enero de 2021

El ascenso de Skywalker

Y ahora, un año después va y reseño el episodio IX. A veces es mejor esperar que el polvo se aposente y hacer las cosas con un poco más de calma.

¿Qué nos presentaba la culminación de la saga cúlmen de todas las sagas? Pues que los herederos del Imperio están a punto de derrotar de una vez por todas a la Resistencia, a pesar de que hemos visto en todas las películas como los Elegidos para la Victoria les han derrotado una y otra vez, destruyendo Estrellas de la Muerte, señores Sith… Ahora Rei, una simple huérfana que no tiene nada que ver con los Skywalker ni con ningún Jedi, tiene que cumplir con sus amigos una nueva profecía de la que nadie sabía nada para salvar a la Galaxia. En las 18 horas de límite antes del fin de los tiempos, recorrerán cada rincón del cosmos para reunir unos objetos legendarios y conocer la verdad oculta de las verdades ocultas de los orígenes de Rei.

Lo más curioso es que yo salí del cine encantado. Me lo había pasado en grande con dos horas realmente divertidas. Sin embargo, cada vez que me paraba a pensar sobre CUALQUIER cosa de la película, más problemas gordos le encontraba y menos entendía cómo había podido gustarme.



Creo que fui de los pocos que no se enfadó (mucho) con los extraños giros que había tenido la controvertida Los últimos Jedi, que jugaba mucho a dejar claro que esto ya no era la saga Skywalker que conocíamos. Ciertametne, Rian Johnson había intentado cambiar cosas, alejándose de la epicidad trascendente y dándole una pátina nueva (y yo creo que necesaria) a muchos detalles de la imaginería (como está haciendo Filoni y sus productos, por ejemplo).  Sin embargo, parece que los productores se asustaron y decidieron asegurarse que sólo iban a poner en la película aquello que el fan quería. Por ello, cambiaron al director a mitad de producción, poniendo a un Abrams que no iba a tener ningún impedimento a ceder a todos los caprichos de una pura película de estudio, introduciendo todos aquellos elementos que la mercadotecnia promulgaba que la película necesitaba para triunfar, sin pararse a pensar en unos mínimos motivos estructurales y/o artísticos.

Como resultado, tenemos una película que se salta a la torera cualquier lógica de trasfondo, pasando por alto hechos no sólo de la película anterior (que quieren ignorar) sino de casi toda la saga, como si todo lo que hubiéramos visto desde 1970 no tuviera ninguna importancia. En uno de los ejemplos más sangrantes de Poochismo sin sentido, resucitamos a un malo maloso porque sí, lo traemos a la palestra de la forma más ridícula que hemos visto en años (¡en Fortnite!), cambiamos el carácter de la mitad de los personajes, pasamos de la otra mitad, eleminamos todo atisbo de sentido de la trama y, para rematar el tema, embutimos un enamoramiento instantáneo con total incoherencia porque como todos sabemos, sino hay historia de amor, las mujeres no van a ver la peli. En fin: TODO MAL.

Si tuviera que detenerme a discutir todas las chorradas argumentales, podría ponerme a llenar hojas y hojas, que son muchas, variadas y seguro que ya las conoceréis. Así que no lo voy a hacer, que hay un chillón de sitios que se han ocupado de ello con más tino e inquina de la que yo estoy dispuesto a gastar. 

Bueno, la verdad es que TODO mal, no. Individualmente, cada escena está bien realizada. Se ha perdido cualquier atisbo de coherencia, el guión sobrepasa en mucho el aburrimiento y la vergüenza ajena, pero todo el músculo técnico funciona a la perfección. El mundo que se recrea (casi todo es CGI) está rematado con brillantez, la acción se resuelve con brío y tenemos coreografías de efectos especiales la mar de rechulonas. Las patadas al trasfondo son continuas, pero no negaremos que el castillo de fuegos artificiales es bien bonico. Los efectos especiales son de primera, con el toque especial que sabe dar ILM, igual que una banda sonora muy bien parida que realza la epicidad gloryhammesca de todo el conjunto (miento, los escoceses mantienen mejor la lógica).

Podemos discutir también la mala actuación de los actores, pero a decir verdad, éstos hacen lo que pueden. El guión hace aguas por tantos lados y les ofrece tan poco que no hay apenas nada de donde rascar. Es que no se puede hacer mucho más con lo que hay. Es el problema de tener un director inexistente que se ha limitado a firmar el contrato y recoger el cheque, amén de un guión que se dedica a satisfacer todos los fanservice posibles sin importar que estos se contradigan entre sí o lo que hemos visto anteriormente.



¿Qué algo molesta? Fuera, no queremos follones. Y como siempre, ¿qué ocurre cuando quieres contentar todas las opiniones sin ningún tipo de criterio? Pues que el resultado es una patata, un pastiche con poco ritmo y menos sentido. Mira que tenía ganas de que la película estuviera bien, pero es que no hay por dónde cogerla. En condiciones normales, sería una de estas películas que cancela sagas e impide cualquier producto nuevo en la franquicia durante diez años. Estoy seguro de que Disney se planteó dejar el Universo en barbecho durante un tiempo, cancelando proyectos futuros y posponiendo otras propuestas. Por suerte o por desgracia, un Mandaloriano secundario que ya estaba rodado, en el que no tenían excesivas esperanzas, vino a salvar la Fuerza y devolver el equilibrio a la galaxia.

Podríamos haber tenido un buen descanso de aventuras galácticas, pero vino Din Djarin y se nos han anunciado un chillón de proyectos nuevos, aunque yo sería partidario de dejar descansar a los Skywalker por un tiempo. Por cierto, se empiezan a oir rumores de que los Episodios VII a IX pertenecen a una realidad alternativa dentro de la galaxia muy, muy lejana. Ojito con la consideración que tiene la casa madre para con su producto…

 

Nota: 2

Nota filmaffinity: 5.7 

martes, 16 de febrero de 2016

El despertar de la Fuerza



Ya sé que me he retrasado un poquito mucho –he estado ocupadillo- pero aquí está la reseña de la película más esperada de 2015. Que conste que le tenía un miedo atroz a Abrams pero a medida que avanzaban los meses y se sabían más cosas de la película, le iba cogiendo ganas a la cosa. ¡Igual no estaba tan mal y todo!

Supongo que con el machaque tan salvaje que se ha pegado no quedará nadie que no sepa al menos de qué va la cosa. Por si acaso, lo recuerdo. Han pasado más de treinta años desde la muerte de Darth Vader y el mundo ha avanzado. Nuestros héroes han envejecido, el Remanente Imperial se hizo fuerte y se llevan muchos años de un tira y afloja entre la República y la Primera Orden –los restos del Imperio-. La cámara vuelve a acercarse a interesarse por este universo y nos conectamos con un nuevo elenco de actores y personajes a quienes querer y odiar mientras luchan por el triunfo de la luz, la caída del Imperio y todas esas cosas. Muy Star Wars todo, como debe ser.

Supongo que para evitar lo que ocurrió con La amenaza Fantasma, que se parecía demasiado poco al Universo de la Guerra de las Galaxias como para gustar a la mayoría, Abrams se ha ido al lado contrario. Ha querido asegurarse de una manera exagerada que somos conscientes de que éste SI es el mundo de El Retorno del Jedi. Incluso demasiado. Parece que J.J decidiera meter la trilogía original en una coctelera, agitara, mezclara bien y luego abriera para ver qué había pasado. ¿Es lo que debe ser La Guerra de las Galaxias? Sin duda, pero quizás se ha pegado tanto al canon que pierde personalidad, sin diferenciarse demasiado de ser uno de los estupendos videojuegos de la saga que hemos podido disfrutar últimamente. 

A pesar de la falta de originalidad, sí que ha conseguido que sintiera ese punto de fascinación,  de querer  asombrarme con un mundo en el que sumergirme con avidez, que sí me producía la trilogía original (y que no consiguieron las precuelas). La capacidad de maravillarme que producen las letras iniciales o los primeros espadazos gratuitos es igual a las aventuras de Luke, Han y compañía. Más allá de sus taras, ha molado, que es lo que deseaba. A ver, que sí, que se ha tirado de nostalgia a muerte, pero se ha hecho con respeto y cariño por unos personajes y una historia imborrable, lo que se agradece y provoca que veamos la película con una sonrisita condescendiente en los labios.

El anuncio de que J. J. Abrams iba a pasar directamente del Universo Expandido me sentó un poco (muy) mal en su momento. Sin embargo, viendo el resultado, no me quejo en exceso. Abrams es perfectamente consciente de que existe y al trazar el guión ha decidido ser exactamente lo contrario. ¿Qué Han tiene tres hijos? Aquí uno, y justo con el nombre que faltaba. ¿Qué está feliz con su princesa? Aquí están divorciados. ¿Qué Chewie moría? Aquí no. ¿Qué Luke es un héroe siempre presente? Aquí está desaparecido. ¿Qué el Imperio había caído y la República imperaba? Aquí el Imperio permanece. Curioso.

Quién más ostias está recibiendo es el incompetente malvadísimo Kylo Reen. A lo largo del metraje tenemos muestras de su estupidez y de su estampa de malote que luego no es sino pura pose. Hay quién lo califica de ser el nuevo Jar Jar. Ni por asomo. Jar Jar intentaba ser un secundario gracioso con el que quitar tensión y refrescar las escenas (como fueron los droides en la trilogía original), que luego fracasaba totalmente. No hacía gracia y daban ganas de atizarle cada vez que aparecía. Kylo Reen no es un malo fallido. No intenta ser un malvadísimo general (Grievous) ni un Sith astuto y artero (Dooku) que luego no tienen carisma ni funcionan como antagonistas (ay, si Maul hubiera tenido más cancha). Kylo Reen es un Jedi paquete, fanboy de un abuelo que conquistó la galaxia y que, al no poder soportar ser una medianía con tres poderes, se refugia en una máscara de rebeldía y maldad. Es exactamente lo que sus creadores quieren que sea. Un pringao. Y eso lo hace muy bien. Y que conste que, una vez pasada la sorpresa, yo les compro el personaje. Incluso su estúpida empuñadura cuadra con el personaje: pura pose sin poso en su interior. ¿Qué no gusta a algunos fans? Qué le vamos a hacer, el error -que no es tal- estaría en el diseño, no en un personaje fallido.

Dónde si no falla la saga es en la parte técnica. En la línea que uno se podía esperar de una producción gigantesca, todo funciona como debe funcionar. Se ha gastado dinero a espuertas y se ha gastado bien: las naves voladoras, los personajes creados por ordenador, los escenarios… El mundo da la impresión de estar vivo, de ser creíble, que es lo que importa. La banda sonora es genial, como siempre en la franquicia. Puro mito.

Por el resto, más allá de unas cuantas incongruencias de estar por casa –esa capitana plateada-, la película da lo que sus fans querían: más aventuras en el Universo de fantasía más famoso del mundo. Rayos láser, un remanente imperial, espadas láser, X-wing volando de aquí para allá…. Que sí, que no aporta nada nuevo e incluso algunos detalles y soluciones se repiten den demasía –incluyendo chistes autorreferenciales sobre ello- pero la historia mola lo suficiente para que esperamos un Episodio VIII (y el primer spin-off) con más chicha y un Kylo Reen menos negro y más oscuro.

Conozco a gente que salió indignada del cine. Por mi parte, he salido con mucha mejor sensación que las precuelas. Ningún amago de decepción. Abrams me ha dado exactamente lo que quería. No esperaba encontrar trascendencia o grandilocuencia. Quería un entretenimiento bien hecho de acuerdo con la coherencia del Universo y eso es lo que he tenido. Me ha divertido, ha tenido respeto y abre bien lo que será un filón del que abusar al estilo Marvel, hasta que el público se canse.
Los ingredientes para el asado están claros, se vuelven a poner en la olla, unos retoques con nuevos condimentos, sazonar al gusto del momento y a disfrutar de un producto de entretenimiento como debe ser.

Nota: 6
Nota filmaffinity: 7.1

domingo, 12 de abril de 2015

Fringe - más allá de la ciencia


Un avión se prepara para aterrizar. Uno de los pasajeros, visiblemente nervioso, sangra por la nariz. Nada que pudiera resultar extraño, pero entra en pánico y explota, dejándonos bien pegados al asiento mientras intentamos entender qué demonios ha pasado. Estos primeros cinco minutos (los mejores primeros cinco minutos de una serie que recuerdo) son suficientes para dejarte alucinado y bien pegadito a la pantalla durante cinco temporadas. Cada capítulo empieza con una escena de impacto que te deja tieso y atento. Y aunque ya sabes qué vienen curvas, te lo hacen una y otra vez.

Fringe se mueve en el extraño límite entre el plagio y la identidad propia, funcionando como una extraña combinación de Lost y Expediente X. En ella se mezclan los sinsentidos  y el gusto por el cliffhanger salvaje de la serie de náufragos con el esquema de monstruo semanal sobrenatural de los que saben que la verdad ahí afuera. Acumula una indecente cantidad de incoherencias y padece baches salvajes de ritmo incluso dentro de un capítulo pero, de alguna manera, es capaz de aguantar con todo lo que le echen y dejarte con un gusanillo que te pide seguir un capítulo más de un sentido a la fumada de esta semana.


A diferencia de Expediente X, aquí no hay nada paranormal ni mágico. Fringe se reviste de un armazón de pseudociencia que otorga barra libre a los guionistas. Para liarla todo vale y cualquier animalada es perfectamente aceptable siempre y cuando sean capaces de darle una explicación científica plausible(aunque sea inventada).

Repasa todos y cada uno de los tópicos habidos y por haber de la ciencia ficción barata: teletransportación, telepatía, mutaciones, virus letales e incluso viajes interdimensionales, pero se las arregla para parecer inteligente y elegante en todo momento. Arrastra una trama de conspiración tan gratuitamente enroscada que parece imposible de explicar, la tergiversa y la retuerce a conciencia, ignorando cualquier atisbo de coherencia bajo la promesa de “todo tendrá una explicación a su debido tiempo (o no)” y vive en una continua huida hacia adelante que ya se ha convertido en distintiva de las series de Abrams. Pero esto no es Lost, ya que su esquema de capítulos autoconclusivos con fragmentos escondidos de información y sus giros de guión cada vez más desesperados mantienen el tinglado en pie y no exige esa explicación final que tanto defraudó a los fans isleños. Los guionistas se permiten incluso realizar un par de resets duros a la serie (del tirón), y encima, les queda bien.

En la ciencia-ficción, el científico loco es el calzador supremo, es el alfa y la omega. Consigue a tu chiflado perfecto y cualquier animalada cobrará sentido. Walter Bishop no es más que un secundario, pero es la molécula primigenia donde gira la serie. Su comportamiento excéntrico y delirante es un chorro de agua fresca y sus ocurrencias guardan sorpresa tras sorpresa, ya sea pidiendo comida en medio de una autopsia, olvidando el nombre de su ayudante (a lo largo de las cinco temporadas) o relajándose con buenas dosis de LSD. Sí, la acción gira en torno a la dura y eficaz Agente Dunham y al ocurrente Peter Bishop, experto en todo, pero es Walter el que genera y da consistencia al trasfondo de la serie que, en definitiva, es lo que la mantiene en pie. Aunque cuando no hay rastro de lógica en los hechos y pasen “demasiadas cosas raras”, estos tres personajes sirven de ancla para que el universo (el que sea) siga siendo reconocible y encontremos una referencia que de sentido a lo que estamos viendo. Las consecuencias de jugar con el espacio-tiempo son inesperadas y tienen conexiones que no podemos imaginar tanto para nuestro universo como los alternativos, en el futuro, en el pasado, flipando con los Monty Python o dentro de nuestras mentes. Pero una vez has aceptado las excentricidades de la serie, no tienes más que acompañar a un científico loco tan peligroso como adorable, una agente del FBI de armas tomar y un sabihondo que guarda demasiados secretos bajo la manga para disfrutar de 45 minutos de entretenimiento semanal.


Que sí, que si te paras a analizar la trama, hace aguas por todos lados, pero la serie sigue molando igual.Cada capítulo sigue un mismo esquema de flipada semanal independiente –un inicio brutal, investigación policial, pajas mentales científicas, un clímax y una conclusión con pequeñas pistas sobre la trama- que da lugar a episodios que entran muy bien pero que no parecen tener mucha conexión entre sí. Parece incluso como si hubiera tres equipos diferentes de guionistas que desarrollan la trama por su lado –incluso resucitando personajes sin ninguna razón ni explicación- y al final de la temporada se escoge la trama que mola más y se concluye con ella –y bien-. La coherencia interna es casi inexistente, pero… ¿qué importa? Los tres protagonistas, el subidón inicial y los secretos dentro de conspiraciones dentro de fisuras espaciotemporales es diversión suficiente para pedir siempre un capítulo más.

Ni Fringe ni sus fans han podido relajarse en ningún momento de sus cinco años de vida. Cualquier seriéfilo conoce que cada temporada toca renovar y siempre se sabe que hay propuestas que tienen su continuidad asegurada, otras que serán canceladas y algunas que viven en la cuerda floja sin futuro claro. Esto último es justo lo que ha sufrido Fringe, con una base de fans muy sólida pero sin acabar de transformarse en un éxito de audiencia. Sus seguidores han padecido la incertidumbre que acompaña una decisión por tomar. ¿Iban a tener una temporada más o todo se quedaría colgado? Los guionistas, conscientes de ello, acaban la serie hasta tres veces (Temporadas 1, 3 y 5), reseteando impunemente la historia para así poder continuar desarrollando lo que ya habían dejado atado y bien atado.


El seriéfilo goza sin duda con Breaking Bad  o Broadwalk Empire, pero no sólo se alimenta de ellas.Fringe no aspira a acercarse a su grandilocuencia y su calidad, no busca poseer ninguna trascendencia ni tiene más objetivos que ser un entretenimiento relajante disfrazado de thriller de ciencia-ficción (mucha ficción) y así captar tu atención en cada entrega, pero funciona. Al inicio de cada capítulo piensas “Vaya chorrada de serie. Éste es el último que veo”. Cinco minutos después estás en “Wooo, ¡como mola, quiero mas!” y así cada semana una y otra vez. Debes ser consciente de que una vez empieza un caso Fringe, cualquier cosa puede ocurrir. Con sus -obvios- defectos, pero es original, extraña, delirante, sobreactuada, facilona y divertida. Y eso es algo que pocas series tienen.
Y si además te caen unas regalices, mejor que mejor.

Nota: 7 (8, 7, 8, 6, 7)
Nota filmaffinity: 7.4

Publicado previamente en Cinéfagos AQUI

sábado, 6 de septiembre de 2014

Agárralo como puedas

A pesar de que Leslie Nielsen ya llevaba una sólida carrera, cuando realizó Aterriza como puedas saltó a la fama como comediante. El estrellato le llegó con Agárralo como puedas (estos traductores siempre tan cachondos) bajo el manto de los mismos creadores. No estoy seguro de cuántas veces he visto esta película, pero seguro que muchas y mantengo siempre muy gratos recuerdos de ella.

El teniente Frank Drebin es el policía más patán del cuerpo. Cuando su compañero es extrañamente tiroteado, dedicará todos sus esfuerzos por alcanzar al culpable, destapando así una delirante conspiración que busca asesinar a la Reina de Gran Bretaña.

¡Y vaya si es poderoso el efecto nostalgia! ¡La cantidad de chistes que recordaba y que no estaban! Estoy seguro que estarán en alguna de las otras dos partes de la saga, seguro, ¡jeje!
Los locos del trio ZAZ repiten el esquema que tan bien función en Aterriza… ridiculizando sin miramientos los mecanismos que regían las películas de policías de la época: Hombres rudos llegando a toda velocidad a cualquier parte (y tirando todo lo que haya por medio), que sin saludar arrojan, y casi golpean con preguntas certeras que son claves para resolver el misterio (o no), con intuiciones mayúsculas que dan con el culpable al primer intento (aunque sea sin querer) y, sobretodo, grandes sementales que seducen a las mujeres con una mirada, con aplomo y seguridad (completa). Seguro que el que haya visto la película estará ahora con una sonrisilla en la boca, que os conozco cabroncetes… ;)

Los ZAZ inventaron el género en Aterriza… , pero ahí apenas estaban explorando el terreno, aquí es donde se sientan las bases de lo que es la spoof movie hoy en día. Ahora ya se atreven a ir mucho más allá en los chistes y no dejan títere con cabeza. Con ganas y a lo loco, se lanzan a demostrar que cualquier cosa es motivo de choteo. Así, prueban que para que una comedia funcione lo que necesitas es un humor fresco, una historia reconocible que propicie las incoherencias, un poco de estilo y un personaje principal que aguante el tinglado. La trama es casi lo de menos, es una mera excusa para bombardearnos con momentos imposibles y ridiculeces constantes. Puro descacharre con un Leslie Nielsen que ya ha sido devorado por un personaje inmortal. Pero no deja de ser curioso que Frank Drevin es un policía excelente: gran luchador, buen escalador, ágil, flexible, buena puntería y con intuición para descubrir dónde está el meollo del asunto que tenga entre manos; aunque luego sea tan estúpido que no sabe ni cuál es su coche o te mata un pez con un bolígrafo.

Y es que no hay que comentar más. Agárralo como puedas  puede ser chusca, incoherente y estúpida, pero hace reir a mandíbula batiente y es, con todo el derecho, referencia a seguir al hacer una comedia.

Nota: 7
Nota filmaffinity: 6.1

domingo, 21 de agosto de 2011

Super 8


Esta película hace volver por un tiempo a inicios de los 80, donde brotaron una serie de películas de casi todos los géneros –en especial la aventura- que destacaban por una cosa: la imaginación. Películas como ET, Los Goonies, Indiana Jones, La historia interminable… que dejaron a toda una generación marcada. Este film es un pequeño retorno a esa época, un pequeño homenaje a esa tierna manera de hacer cine, que se hacía con cariño y pasión por este transporte a la fantasía.


La historia nos devuelve a 1979, donde un grupo de niños con una imaginación desmedida y ese extraño amor hacia ese proceso de creación que es el cine –en el que el propio Spielberg y a bien seguro Abrams se ven fielmente reflejados- están intentando rodar una película con pocos medios, mucha ilusión y muchas ganas. Mientras ruedan en un apeadero abandonado, son testigos de un accidente ferroviario. Este accidente es el inicio de una serie de inesperados sucesos que trastocarán la vida de la pequeña ciudad donde viven.

Al principio la película sigue a los niños y sus correrías. Una vez pasado el accidente, se es consciente de que “algo” ha escapado, añadiendo un punto de tensión. Todo es igual de idílico, pero hay algo diferente, esa pequeña falta que indica que hay algo que no funciona en un ambiente “perfecto”. A partir de ahí, aparecerán los militares para arreglar todo, estropeándolo aún más. Ajenos a ello, los niños intentan por todos los medios acabar lo único que da sentido a sus vidas: su película de zombies.

ACTORES: Normalmente los niños suelen estar bastante fuera de sitio en las películas, sin embargo en ésta se muestran más que correctos. Destacar a Elle Fanning, con tanta calidad (o más) que su hermana mayor que roba todas las escenas. En los adultos no habría nadie a quién destacar, con una discreta corrección agradecida. Por lo que me he enterado (y se ve viendo el trailer en castellano), las voces de la traducción de los niños son realmente repipis y odiosas. ¡Ay, cuanto daño hace una mala traducción!

DIRECTOR: ¿qué se puede decir de Abrams que no se haya dicho? El archiconocido director de Lost y otras buenas cosas sabe bien construir escenas y transmitir esa incorrecta corrección en el ambiente. Es de reconocer un magnífico trabajo de ambientación, con muchas referencias a la actualidad para poder comparar las épocas –el Walkman, los tres días de espera para ver lo rodado-. La capacidad de Abrams de hacer las cosas bien se ve en algunas escenas magníficas como el accidente del tren, la evacuación o la batalla en el pueblo. No son escenas fáciles y se queda a gusto con ellas. Sorprende la cantidad de objetos que llega a haber en pantalla y sorprende que a la mayoría de ellos se estén moviendo y/o haciendo “algo”, cosa atípica en escenas tan complejas. Luego, el desarrollo de la historia es bueno durante casi todo el metraje, aunque el final no deja de ser el típico de Abrams que deja un poco de mal sabor de boca. Los efectos especiales, sin ser apabullantes, son correctos. No es una película que abuse de ellos, pero no desentonan cuando aparecen. Me hace especial gracia el esconder de esa manera al monstruo, a la manera de Tiburón, insinuando su presencia, pero sin enseñártelo del todo…

GUIÓN: A pesar de los militares, los protagonistas de la película son los niños y no se deja de ver todo a través de sus ojos. Por ello, lo que se podía aprovechar para hacer un festival de fuegos artificiales o un debate ético sobre el trato al diferente –cosas que pasan más bien de puntillas- se transforma en una aventura en la que los niños son absolutos protagonistas, cosa que no siempre agrada. El guión, si bien despliega una ternura destacable hacia una época, peca de falta de fuerza o de poca voluntad de trascendencia. No obstante, hay que reconocer que es muy redondo. En él, todas las escenas tienen un significado, no se ven diálogos incoherentes y se dota sorprendentemente de carácter a todos los personajes. Las interacciones entre los mismos, especialmente los niños, están muy bien resueltas y son “realistas” dentro de lo posible -esto es quizás lo que más me gusta de la película, ese buen rollo que impera en el grupo de niños. Me sorprende lo bien conseguido que está- En resumen, es un guión muy trabajado y muy pensado al que sólo le falla el final, pero cada vez tengo más claro que Abrams tiene un problema con ellos.

Evidentemente, no hay que esperar una película épica, con acción o profundidad. Es un caramelito delicioso, muy tierno y blandito –pero sin exceso de edulcorante-. Ante todo la película no deja de ser un homenaje a su productor –que no deja de ser quién paga-, con lo que no se puede esperar crueldad o violencia, sino simpatía e imaginación. Se imita  deliberadamente el estilo de Spielberg en muchos momentos, con muchas escenas que referencian a mitos como ET o Encuentros en la tercera fase. Si te gustaron esas películas hechas con mimo y amor en los 80, esos Indiana Jones, Goonies… está agradable propuesta te hará gracia y te recordará esa época en que las pelis para niños no eran tan para niños y se podía ir al cine a soñar con una realidad diferente, que hacía volar la imaginación y excitaba las ganas de crear.

Nota: 7
Nota filmaffinity: 6.8

El detallito de los créditos es tremendamente gracioso: La película que los chavales han estado rodando, acabada. Cutre cutre, pero hecha con muchas ganas, como deben hacerse las cosas.