domingo, 24 de julio de 2016

X-Men: Apocalipsis


X-Men: La decisión final fue una de estas películas que acaba una saga. El bajón de calidad y la falta de ideas invitaban a enterrar a los mutantes, a pesar de los intentos de algunos de volar solos. Sin embargo, Brian Singer volvió tras las cámaras y nos trajo una nueva esperanza al obsequiarnos con una entretenidísima película en First Class. El retorno se confirmó hace dos años con la sólida Días del futuro pasado. Para esta Apocalipsis que debía cerrar el ciclo, las críticas arreciaban. En Cinéfagos la hemos visto y llega el momento de preguntarnos: ¿Es tan mala como decían algunos?

 En sí, X-Men: Apocalipsis quiere llevar a cabo varias tareas. Véase: 1) Unir la trama del reboot setentero de Fassbender/McAvoy con la saga iniciada con McKellen/Stewart; 2) Contar la historia del malvado más poderoso que se puede encontrar dentro de la franquicia mutante y 3) Sobresalir dentro del marasmo de películas similares que inundan nuestras pantallas. No es tarea baladí.

Para unir ambas tramas, los personajes que serán jóvenes en el futuro, deben presentarse aquí como post-adolescentes. Así pues, se gasta un buen tiempo en volver a introducirnos a Cíclope, Rondador Nocturno, en que anda Magneto… Cada una de estas escenas es aprovechable de per se, de la misma manera que la impresionante presentación del dios viviente que dominó un Egipto lleno de mutantes. Sin embargo, Singer se ha acabado más de una hora de película en estos menesteres y, en realidad, la historia aún no ha empezado.
No hemos tenido tiempo de aburrirnos pero Singer todavía tiene demasiados temas que desarrollar, así que se pone el mono de faena y acelera, dejando a muchos personajes sin el minuto de gloria que merecerían y con su papel reducido al del mero cameo (Mística, Psylocks, Bestia, Júbilo…). Esta es quizás mi mayor queja: Singer decidiendo gastar diez minutos en ver como los Jóvenes Titanes se van a ver El Retorno del Jedi o 40 minutos en hacer que Magneto se vuelva a cambiar de bando, para luego verse obligado a que Apocalipsis tome el poder en cero coma y no quede sino lanzarnos a la batalla final.

¿Esto la convierte en una mala película? Ni por asomo. X-Men: Apocalipsis destila entretenimiento. Es lo que se busca y es lo que encontramos.

Se nota que todos los interpretes (menos J. Lawrence) se encuentran muy cómodos y motivados en sus papeles, aportando la solidez que pide una película de este estilo. En cuanto al villano podemos decir muchas cosas sobre su aspecto -no me termina de convencer en relación al aspecto del cómic- pero lo que no le podemos negar es que tiene personalidad y que infunde temor. Me creo que tenga (casi) el poder de un dios y que sea necesario llegar a una mega-batalla espectacular para acabar con este rival aterradoramente superior, en la que me creo que todos los mutantes están dándolo todo (física y mentalmente).

Singer ha sabido dotar de personalidad a su universo mutante y esta entrega no es una excepción. Fotografía y efectos especiales metidos con pulcritud. Tenemos gente de colores y otros súper-poderes varios que parecen creíbles a nuestros ojos, sin la artificialidad de Snyder ni la plasticidad absurda de los Vengadores. Tienen el alma de los X-Men horteras y corales de los cómics pero con mejor gusto estético. No será una película que te cambie la vida, pero sí que te hará disfrutar de una tarde entretenida. Podemos afirmar que la saga tiene buena salud. 

Así que no, no es tan mala como muchos voceros de Internet se han esforzado en afirmar. Después de que a Batman v. Superman se le haya pasado el turno de recibir todos los tortazos, toca atizar a una nueva película y como con Civil War no te puedes meter, parece que le ha tocado recibir a los mutantes. Es como si hubiera muchos internautas que sólo estén deseando odiar todo aquello que no se ajuste a sus criterios de molabilidad, a veces incluso mucho antes de que nadie haya podido ver la propuesta de los estudios; pero bueno, ésta es otra historia y deberá contarse en otro lugar.

Las recaudaciones en taquilla están siendo más que satisfactorias, pero ¿ha cumplido X-Men:Apocalipsis los objetivos que se preveían como parte del gran plan? Recapitulemos: 1) Evidentemente, no todo cuadra, pero se han fijado suficientes puntos como poder realizar las conexiones, incluyendo un cameo para la siguiente película mutante (ver también escena post-créditos). En la película, Singer ha puesto orden en un álbum de fotos demasiado revuelto, quitando lo que no le gustaba, añadiendo nuevos detalles y modificando lo que le ha apetecido. En conjunto, el Universo ha ganado coherencia. 2) A la película le cuesta un poco empezar y se aleja de la trama original, pero una vez empiezan los fuegos artificiales, Apocalipsis mola un puñao. Suyo es el despliegue más exagerado de poder que hemos visto en los mutantes y la batalla más salvaje para acabar con el malo maloso. Así que podemos afirmar que este punto se cumple también. 3) Este año LA película de superhéroes es Civil War y cualquier otra que pongamos a su lado va a quedar pequeñita (más allá de su calidad, por el simple impacto en la industria). Sin embargo, si establecemos una clasificación histórica dentro del género, X-Men: Apocalipsis caería en el tercio de arriba. Igual no sobresale dentro del saturado mercado con que se nos bombardea, pero sí es una propuesta sólida y aprovechable sobre la que seguir trabajando.

 
En resumen, a pesar de un inicio muy lento y de un par de veces que tenemos que hacernos los tontos con el guión, el entretenimiento está asegurado. Acción bien llevada, toques de comedia y de intriga, buenos personajes y un par de paradojas de trasfondo. Es lo que tiene que tener un buen blockbuster y es lo que tiene esta película. En resumen, X-men: Apocalipsis es todo lo que tiene que ser un film de superhéroes.

Nota: 6
Nota filmaffinity: 6.3

PD: Y Mercurio, vaya par de escenazas que se saca. Singer ha conseguido darle un giro especial a este personaje haciendo que sus escenas sean memorables. Se convierte en mi mutante favorito de la trilogía. Que risas con su pelea contra Apocalipsis y, sobretodo, con el rescate en la Mansión Xavier. No hay nada como saber reírse de uno mismo.  

viernes, 22 de julio de 2016

Miedo y asco en las Vegas



Pertenecer a los Monty Python ya puede considerarse indicativo de no tener la cabeza muy bien amueblada (o de tenerla demasiado bien amueblada). El más dado al surrealismo y a la transgresión dentro del grupo era el hombre que nos ocupa hoy, el ínclito Terry Gilliam. Sus pequeñas animaciones servían de violento interludio a los sketches del Flying Circus y ya como director independiente siempre deambuló entre los límites de la realidad, los sueños y el tiempo. Nos vamos a detener en su primera película en que no hay –ejem- elementos fantásticos, sólo toneladas de drogas y demás complementos lisérgicos.

 Es probable que cualquier incauto que se acerque a esta película sin saber qué se va a encontrar salga volando ya en la primera escena. Sí, a pesar de un inicio desconcertante, decide ser un buen cinéfago y aguantar el resto de la película, no dudo en que se indigne sobre el poco sentido de lo que ha visto. Los protagonistas están drogadísimos el 99% de la película, no hay argumento y por medio Depp escribe unos cuantos artículos periodísticos, que es de lo que parece vivir. Nada parece tener sentido. Sin embargo, a la que escarbamos un poco en la trastienda de la película, le podemos encontrar mucho más jugo del que podría parecer a primera vista.

A lo largo de filmografía, Gilliam ha sentido cierta fascinación por la delgada línea que separa los sueños de la realidad, en la que aprovecha para reflejar sus inquietudes sobre la política y la sociedad. Con Miedo y asco en Las Vegas hace un acercamiento a una de las líneas de periodismo que más subjetividad aporta a las noticias, el llamado periodismo Gonzo. En esta manera de enfocar reportajes, el periodista pierde –deliberadamente- su objetividad y pasa a convertirse en parte de la propia historia, en la que además suele imprimir mucha más importancia a la atmósfera que envuelve al evento que a la noticia en sí. La situación en que se encuentra el periodista Raoul Duke en la película es un trasunto del propio creador de este género periodístico (Hunter S. Thompson). Después de una bacanal de vicio y desenfreno, el periodista se encuentra ante la imposibilidad de escribir una noticia sobre una carrera que no ha presenciado. Acuciado por las urgencias, escribe lo que puede y lo que recuerda, que no debería ser demasiado. Sin embargo, la euforizante desinhibición producida por las drogas le permite transgredir el género y centrarse –involuntariamente- en el mundo y la comunidad en que se produce la noticia, profundizando en su desatado subconsciente para reflejar el sentir de una época, una disgresión libre en medio de tanta locura.

El film se sitúa a finales de los sesenta / principios de los setenta. El sueño americano que ha movido Estados Unidos en los años de la posguerra ha desembocado en una crisis de valores donde la sociedad  rezuma frustración, desencanto y desprecio hacia los actos de un Gobierno frío e imperialista (guerra de Vietnam, Mayo del 68). Para muchos desencantados, las drogas se han convertido en otra forma de protesta, mostrándose como un modo de liberarse y expresarse. Es esta sociedad decadente la que Gilliam (Raoul / Thompson) retrata. Con Las Vegas encarnando el epítome del “todo vale”, el protagonista realiza un auténtico descenso hacia los infiernos con el que no busca otra cosa que lanzar un sonoro  “fuck you” contra el mundo. Es una reacción que la propia sociedad estadounidense no espera ni comprende, pues no hay más que ver la alama que causan allí por donde pasan o la hipocresía que desprende la convención de la Policía antivicio: unos más perdidos que un pulpo en un garaje y otros suspirando con llevarse un porrito a la boca.

Este viaje por el nihilismo estadounidense es una auténtica montaña rusa que te hace sentir tan drogado como los propios protagonistas. Es gracias a ellos que la película toma cuerpo, pues las actuaciones de Jonny Depp y Benicio del Toro son de quitarse el sombrero. Desconozco cuantos extras se habrán tomado para realizar la película, pero transmiten a la perfección el comportamiento de aquellos que han viajado más allá de toda lógica, prestos a lo que sea, hijos del caos y la destrucción. Por otro lado, me ha sorprendido encontrar a un jovencito (y anodino) Tobey McGuire que pasaba por allí.

Sin embargo, el espectador medio no tiene porqué ser consciente de los mensajes subyacentes en el propio metraje, por lo que puede asomarse a una película incómoda cuya puesta en escena está especialmente concebida para causar desazón, repleta de planos inclinados, temblorosos y colores antinaturales que no proceden del mundo diurno de los “bien pensantes”, mostrándonos los efectos de un absoluto descontrol lisérgico, bombardeándonos con escenas desquiciantes, diálogos absurdos, excesos sin mucho sentido y perversiones desenfrenadas intercaladas por desternillantes arrebatos de lucidez del protagonista (“Todos esos signos de violencia, ¿qué había pasado?….Algo feo había pasado, estaba seguro”) como casi ninguna otra producción que puedas haber visto. Miedo y asco en las Vegas no deja indiferente. O fascina o repugna.

No dudo que con la edad o la disposición mental adecuada puede ser de estas propuestas que te deja una marca indeleble y condiciona tu modo de ver el mundo. Tiene fuerza, transgresión y mucha rabia desatada. Ahora bien, será porque no me ha pillado en un buen día, pero a mí me ha costado acabármela. Igual otro día tendré que repetir el intento.

 
Nota: 5 (se debe reconocer que tiene sus cosas).
Nota Filmaffinity: 6.8

Publicada previamente en Cinéfagos AQUI

domingo, 17 de julio de 2016

Marte



Aunque Ridley Scott es un director que siempre ha tendido a gustarme, después de sus últimos fiascos, no me apeteció ir a ver su película marciana, a pesar de las buenas críticas que ésta estaba recibiendo y las nominaciones a los Oscar que se echó a la espalda. Un tiempo después, el DVD acabó llegando y, bueno, tenía que caer.

En un futuro cercano, hemos conseguido llegar a Marte. La misión avanza bien pero una tormenta de arena obliga a evacuar a la tripulación. Las circunstancias provocan que uno de los astronautas quede atrapado en el planeta. ¿Cómo sobrevivirá hasta la llegada de ayuda? ¿Cómo podrá hacer saber a la NASA que sigue vivo? 
 
A pesar de su envoltorio de ciencia-ficción, Marte se aleja de las últimas propuestas espaciales más sesudas que hemos tenido recientemente (Gravity, Interstellar). Scott se deja de chorradas grandilocuentes y nos brinda una película mucho más simple, de exploradores y náufragos, en la que no busca otra cosa que el entretenimiento de calidad. 
 
Desde el primer segundo de metraje nos daremos cuenta de que estamos en una película de Ridley Scott. Su impecable sello de calidad es muy reconocible. Su tino para escoger guiones es más que cuestionable (Prometeus, Exodus…) pero no puede considerarse que tenga películas mal rodadas. Siempre es capaz de garantizar una corrección técnica al alcance de muy pocos que convierte sus películas en, al menos, aprovechables. Y Marte no es una excepción. Al contrario, la excelencia en la puesta en escena de esta propuesta sobrepasa las expectativas, con una fotografía desoladora e impecable, que se complemente con un gusto en el detalle que no deja ningún resquicio para el azar. Aun con todas sus fantasmadas, este blockbuster -es que no es otra cosa- tiene la enjundia necesaria para que nos lo creamos, sin rastro de esas patochadas imposibles de creer en las propuestas similares recientes. 
 
Es un gran y optimista retrato de la soledad y el espíritu de supervivencia del hombre. La introducción de una música (retro para la época, casi actual para nosotros), los detalles de humor que jalonan el metraje, la equilibrada sucesión de desgracias y aciertos, su empaque y su elegancia visual va añadiendo continuamente ingredientes de calidad a un guiso que no tiene ningún afán de trascendencia o emotividad, pero que entretiene de lo lindo. 


Por un lado tenemos todo el montón de -variadas e imaginativas- desgracias que le acaecen al pobre Matt Damon, que no tiene más remedio que poner sonrisa de circunstancias y tirar para adelante con lo que tiene. Que sí, que es un simple botánico y no cuadra que sea tan crack en todo lo que se propone, pero bueno, de Jason Bourne o del Soldado Ryan me espero cualquier cosa sin que me moleste, ¡incluso que se convierte en Iron Man durante un rato! xDD Sobrevive al intemperie a una tormenta marciana, a una explosión en la cara, y a una explosión en el invernadero. Psicológica y emocionalmente es un superhombre que todo lo supera y afronta con optimismo, no ve problemas, ve soluciones que se le ocurren en segundos y que funcionan a la primera o como mucho a la segunda. No sé, todo un ejemplo, en serio.

Por otro lado, tenemos a los expertos de la NASA intentando desesperadamente encontrar una solución con la que traer de nuevo a Matt Damon a la Tierra. Sus esfuerzos denodados para concebir un proyecto ganador me han hecho mucha gracia, especialmente debido a mi formación como gestor de proyectos, que me ha permitido seguir los procesos que llevan a cabo y apreciar lo bien tratado que se halla el tema. Como la otra trama, peca de un optimismo desmedido, demostrando que son todos unos pedazo de cracks brutales y la NASA la mejor empresa del mundo mundial y esas cosas. Y bueno, el desenlace es un poco… ejem, si, vale, de acuerdo. 

Evidentemente, en una propuesta de este estilo es vital escoger bien al actor. En este caso, Matt Damon realiza un papelón sorprendente (cuando el guión quizás no le permitía lucirse tanto) con su carisma y su capacidad para saltar continuamente del sentido del humor más visual a un registro dramático a medida que la historia avanza. Realmente consigue que no nos imaginemos a Mark Watney con un rostro diferente del suyo.

Quizás lo que más me ha sorprendido es la desmedida apuesta por el buen rollito y buscar que el espectador se divierta. A fe mía que se consigue. Marte se llevó el Globo de Oro a mejor comedia y a pesar de la sorpresa inicial, hay que reconocer que lo que prima es la comedia, y es buena. No obstante, estos pasatiempos muy bien realizados suelen tener un fin similar. En ellas todo es impecable, no contienen el más mínimo error, pero no tiene nada deslumbrante ni trascendente. Resultado: nominada a todo (mejor película, actor, guión, diseño de producción, efectos sonoros, efectos visuales) y noche de vacío ^^.

El mayor problema que se enfrenta esta película es que no se puede quitar esa pátina de película de ciencia-ficción seria cuando no es más que un entretenimiento de primerísima calidad. De lo mejor que se ha hecho últimamente en películas de aventuras para toda la familia. Es divertida, te pega al asiento dos horitas bien buenas y mola lo suyo. Que Scott siga haciendo películas así, por favor.

Nota: 8
Nota filmaffinity: 7.0

viernes, 15 de julio de 2016

Smoke



Como cada mes, el DPM nos acerca a películas inusuales sobre las que normalmente no posaría mi atención. Este mes Isgoma nos propone una propuesta pequeña llena de historias fragmentadas con el toquecito entrañable que sólo sabe dar Paul Auster.

Respetadísimo escritor (de los que suenan cada año para el Nobel de literatura), Auster también realiza un trabajo mucho menos reconocido de escritura de guiones. Entre ellos, esta propuesta, que lleva a la gran pantalla un compendio de pequeños relatos publicados aquí y allá con los que echa un par de pinceladas sobre la vida de una serie de personajes que orbitan en torno a un estanco.

Por ello, el humo (Smoke) es al mismo tiempo un eje abstracto y literal de la historia. El tabaco sirve como detonante a un puñado de historias que se explican a través de ese humo que existe entre las personas y que nos impide comunicarnos y expresar lo que sentimos como desearíamos. Cada uno de los visitante de este pequeño estanco neoyorkino tiene sus pequeños problemas: Un escritor famoso se ha quedado sin inspiración para crear nuevas historias y necesita una nueva para Navidad, un chico algo confundido quiere encontrar a su padre biológico, una madre intenta sacar a su hija toxicómana del vicio y la perdición y, finalmente, conoceremos cómo el dueño del estanco consiguió su querida máquina fotográfica. 

Son historias del día a día, problemas de gente normal que fácilmente podemos reconocer en nuestras vidas, retratando con maestría a unos personajes que, aparentemente, no tienen nada en especial pero que, entre todos, construyen un entrañable retablo  de las maravillas donde podemos contemplar nuestra existencia. Auster sabe darle a cada diálogo y a cada escena la motivación necesaria como para tocar esa fibra interior para dejarnos una sonrisita tonta en los labios. Todo un prodigio de guión. 

Sin embargo, éste no se consigue aprovechar correctamente, al estar limitada por una actuaciones que no llegan al nivel exigido por el libreto y, sobretodo, una dirección demasiado anodina que falla en el ritmo y maneja los entreactos con torpeza, además de cometer un puñado de fallos de continuidad (esa prótesis, por Díos) que daña los ojos al espectador atento. 

Entonces, a la que la historia no llegue a fascinarte, se hace demasiado fácil salir de la película, desnivelando así la emoción que consiguen las mejores historias respecto a las demás. Destacaría especialmente el último capítulo, con una improbable historia de Navidad compuesta con uno de los más mágicos textos de Paul Auster.

Otra vez –y ya van unas cuantas- me encuentro con una propuesta muy irregular, mezclando deliciosos detalles de maestro que ya justifican un visionado con capítulos mejorables que se acercan peligrosamente al aburrimiento cuando no aparecen errores de bulto. Este slice-of-life es capaz de emocionar hasta lo más hondo a aquellos que se acerquen con la disposición adecuada… pero también de aburrir salvajemente al que no se vea conmovido por las pequeñas historias del día a día.  Su deficiente dirección y su anodino trabajo actoral empaña un guión al alcance de muy pocos.


Nota: 4
Nota filmaffinity: 7.7 (o.O!!)