viernes, 18 de noviembre de 2016

Los siete magníficos



Se me hace imposible que la mística del Oeste no venga a mi mente tras oir los primeros acordes de la banda sonora de esta película. Para mí, esta música ES el Oeste. Lo siento por los Duelos de Titanes o las Muertes que tenían un precio. Es solo oírla y ya tengo ganas de aventura, revólveres y polvo. Aprovechando la llegada del remake y coincidiendo con las ganas que tengo de reconciliarme un poco con el buen cine, repasemos la película de 1956!

Un malvado bandido atormenta un pequeño pueblo mexicano. Incapaces de aguantar un solo abuso más, los aldeanos toman una decisión inesperada: utilizar todos los ahorros que son capaces de reunir para contratar a unos mercenarios con la intención de que les liberen del yugo de los maleantes. Apenas podrán reunir a siete. Pero son magníficos.

Remake o versión ligera de Los siete samuráis, de Kurosawa. Argumentalmente, es de lo más simple. Hay toneladas de westerns más complejos cuyos personajes se mueven más ágilmente en el grisáceo límite entre el bien y el mal. Aquí los buenos son buenos, los malos son malos y tenemos una acción muy clara y facilita. No es tanto una película con la que reflexionar o trascender. Es un film realizado con la intención de hacer disfrutar al público, y lo consigue. 

Su presentación de personajes es impecable. En apenas un segundo consigue que sepamos (aunque sólo nos lo imaginemos) cómo es cada uno de los magníficos, porqué toman la decisión de luchar y los traumas que arrastra del pasado. Los treinta minutos que dedica para que conozcamos a los aguerridos defensores son todo un ejemplo de cómo traer a la palestra a un puñado de caracteres y cómo diferenciarlos sin hacerse pesado en ningún momento.  

Sorprende la cantidad de pesos pesados conocidos que encontramos, tal como hemos sido testigos en los Ocean’s actuales. Yul Breiner es el macho alfa de los machos alfa (la mejor película que le he visto), representando al cowboy solitario que va de pueblo en pueblo ayudando al inocente y protegiendo al desvalido. Steve McQueen es un pistolero socarrón que disfruta con las damas y la bebida. No le gusta meterse en líos, pero no puede evitar tener un corazón tierno que le obliga a echar una mano cuando se le necesita, aunque no le apetezca lo más mínimo. El ínclito Charles Bronson presume de músculos haciendo de tio duro del grupo, demostrando tener mucho corazón bajo esa coraza pétrea. James Coburn es el tipo tranquilo que tiene más velocidad con el cuchillo que nadie con su arma, que necesita un desafío a la altura de sus posibilidades. Robert Vaughn (Cuyo “hijo” Vincent cada vez se le parece más) afronta el mayor de los problemas de un pistolero: el pulso le empieza a fallar, Horst Buchholz es el chavalín que quiere jugar con los mayores, con madera de héroe, pero mucha experiencia que ganar. Finalmente, Brad Dexter se embarca en la aventura sin creerse que pueda haber gente tan altruista, sospechando que, escondido, hay algún tesoro que proteger en el pueblo.


El film cuenta con un guión que no destaca por su complejidad, pero está lleno de momentazos, plagado de perlas que son capaces de poner la piel de gallina al espectador un poco atento. Aquí un par de ejemplos:
“Otras veces me habían ofrecido mucho dinero. Nunca me habían ofrecido TODO. “
“Una vez empiezas, ya sabes a qué te deberás atenerte, esto ya no se podrá parar…”

Sorprende como la película se toma las cosas con calma sin por ello ser aburrida en ningún momento. Las escenas de acción son muy hijas de su época, bien construidas y llenas de tensión, aunque con algunas muertes excesivamente previsibles, de las de “ahora toca…”, se las arregla para ser entretenidísima, muestra destacada de una forma de rodar que ya no existe y de un modo de diversión completamente diferente del que se vería hoy día. Para muestra, no me imagino ninguna de las escenas de acción trasladadas al remake de hoy día, pero sí muchos de sus diálogos iniciales.  

Y luego ese precioso desenlace: ¿Qué papel tienen los mercenarios defensores en la historia? Son tan asesinos como los bandidos, o mucho más. ¿En qué pueden decir que sean mejores que aquellos que viven de saquear? ¿Quién se puede decir que ha ganado? ¿Quién era más o menos merecedor de vivir? Es una pequeña vuelta de tuerca que le añade el toquecito de mística que provoca que la película me encante.
 
Los siete magníficos es pura diversión. Es una película que marcó una época (nada menos que siete secuelas), que coge lo que le interesa del clásico de Kurosawa y la convierte en un ejemplo de cómo realizar un entretenimiento. Puede haber otros westerns más redondos y otros más profundos, pero ninguno tan divertido como éste que para mí constituye la historia del Oeste por excelencia.


Nota: 10
Nota filmaffinity: 7.5

sábado, 12 de noviembre de 2016

Hotel Transilvania 2



Hotel Transilvania fue una sorpresa inesperada. Apareció como una película menor, de las que pasan sin hacer mucho ruido dentro del saturado mercado de las películas de animación infantiles. Sorprendió a muchos por sus chistes desenfadados y una chispa puñetera que ponían patas arriba muchos elementos del  género del terror. Esta curiosa vuelta de tuerca a los monstruos clásicos cayó simpática y arrasó en taquillas. La secuela de esta chorradita divertida se hizo obligatoria y años después llegó Hotel transilvania 2. Tampoco es que estuviera tan entusiasmado como para pagar por verla en el cine, así que me esperé un poco hasta poder verla tranquilamente en casa.

 Despedimos la primera parte con una parejita feliz que por fin recibía el beneplácito de un padre de lo más peligroso y sobreprotector. Esta segunda parte consiste en una serie de saltos temporales donde la vida vemos el avance de la vida en la parejita feliz: la boda, los escarceos hasta el embarazo y los problemas del pequeño para satisfacer las expectativas de su “Vampibuelo” Drácula. 

Más que un argumento en sí, la película consiste en tres cortos pegados sin mucha conexión. Parece que tenían un puñado de gags pensados para cada uno de los tiempos (boda, embarazo, cinco años), pero luego no sabían cómo pegarlos, así que eligieron no hacerlo y lo dejaron así. Se hace difícil saber hacia dónde va la película, con introducciones que no duran lo que deberían, personajes que aparecen y desaparecen sin motivo y un desarrollo sin pies ni cabeza. Estoy seguro de que el desbarajuste es deliberado, pero el resultado es un completo despropósito.

Por lo menos la animación está bastante por encima del guión, cumpliendo sin alardes al dar vida a un universo con una imaginería trabajada, con obvias influencias de la Hannah Barbera. El extrañamente alegre diseño del tenebroso hotel de los monstruos es de lo más resultón y ayuda a que la película pase más fácilmente. Cuando la acción se sitúa en el mundo humano, la animación es más anodina, pero no lastra al conjunto.

Convertido ahora en protagonista en vez de secundario roba escenas, Drácula no es tan proteccionista con su hija, pero sigue con sus obsesiones familiares, pues quiere que su nietecito sea un Vampiro como es debido, pero el pequeño no parece ser otra cosa que un humano feliz y alegre. En este sentido, el rechazo de su humanidad es exagerado, no es una simple cuestión de gestión de las expectativas. Igual peco de susceptible, pero me ha recordado a las películas de los 90 en que papi está aterrado ante la idea de que su hijo sea gay y busca por todos los medios sacar su hombría y convertir al retoño en un machote ligón.  Por ello, se lleva al pequeño a campamentos vampirizadores, le obliga a seguir ejemplo de sus colegas asustadores…Que sí, que se deja claro que ser humano en vez de hetero vampiro no tiene nada de malo, ¡pero también se insiste bastante en que es muuuucho más conveniente ser un vampiro como está mandado!


Además, como queriendo arreglar el desaguisado, el final se inventa un par de personajes (¡¡Chatttttín!!) para arrancar un clímax de lo más atropellado que rompe con toda la moralina que se había visto anteriormente.

Todo este embrollo se podría aguantar si por lo menos los chistes fueran buenos. Pero no es el caso, pues apenas tienen gracia. Se abusa del anacronismo de obligar a Drácula a reaccionar con las nuevas tecnologías (sus problemas para usar un móvil táctil, hacerse selfies o hablar por wasap) y, más allá de dos (solo dos) gags realmente desternillantes, el resto apenas lograrán sacarnos la sonrisita. 

No dudo que está destinada a un público infantil mucho menos exigente, pero con la oferta actual se hace fácil encontrar cosas mejores para ellos, que además no aburra tanto a los mayores. En mi opinión, se nota que es una película que se ha realizado por motivos puramente económicos, porque “tocaba” hacerla y no por tener algo que contar. No pasa de ser un compendio de chistes con poca gracia pegados de cualquier manera que echa por tierra la simpatía que tenía la propuesta anterior. Realmente, hay bastantes maneras más divertidas de pasar una tarde.

Nota: 2
Nota filmaffinity: 5.7

domingo, 6 de noviembre de 2016

Le Havre



Con el lío que he tenido estos últimos tiempo, me he retrasado un poco con el DPM, que hace unos meses nos traía a colación esta película, del reputado director Aki Kaurismaki, al que nunca he prestado demasiada atención. Como siempre, muchas gracias a DonVito por su recomendación.
 
Le Havre atrae nuestra mirada hacia un limpiabotas que, como buen pícaro, malvive de sus trapicheos y otros menudeos. Antaño un escritor de éxito, rechazó los lujos de la riqueza para vivir cerca de la gente, disfrutando del contacto de aquellos a los que aprecia. Dos hechos sacudirán su plácida existencia. Por un lado, su mujer enferma de un cáncer incurable, por el otro, entra en contacto con un niño subsahariano que ha llegado de tapadillo a la ciudad y sueña con cruzar el canal y llegar a Londres, donde vive su madre. Completamente superado por la situación, tendrá que recurrir a cobrarse todos los favores que ha ido concediendo a lo largo de sus muchos años para salir adelante. Las pruebas que debe superar son durísimas, pero él quiere seguir siendo lo que ha sido siempre: una buena persona.

Viendo está película, está claro que Kaurismaki sabe cómo contar una historia. A pesar de la excentricidad de sus personajes, en dos segundos captamos cómo es cada uno de ellos y su papel en todo el embrollo. La trama se desarrolla tal como mandarían los manuales, siguiéndose con facilidad. Sin embargo, su rígida dirección choca con dos factores que se me han hecho muy difíciles. Primero, una total falta de ritmo, que invita al sueño y obliga a que nos forcemos a seguir viendo la película para no despistarse. Luego, un exagerado buenismo. No es que sea una película amable de las que sabes que acabará bien, no. Es más bien que todos los personajes son un dechado de virtudes que, a pesar de sus estrecheces, son capaces de sacrificar lo poco que tienen sin dudar por aquellos que tienen todavía menos. No hay vuelta de hoja ni dudas, ni problema, lo que convierte la película en irreal, como si fuera un cuento de hadas en el que no he podido entrar.

La excéntrica puesta en escena que Kaurismaki emplea para dar vida a la historia es otro elemento que dificulta un visionado con interés. Como parece ser habitual en él, obliga a que sus actores reduzcan al mínimo toda la comunicación no verbal, lo que se traduce en que los diálogos son la única fuente de información para el espectador. Los actores se ven obligados a estar con cara de palo en una disposición que refleja la obsesión del director por la armonía. Este gratuito abuso de la simetría prueba la capacidad de Kaurismaki tras las cámaras, pues no es nada fácil realizar continuamente ese tipo de encuadres. Pero ¡ay! tanto encorsetamiento no ayuda a vitalizar una película bastante rígida ya de por sí.


En la onda con la rigidez formal en pantalla, me sorprende el aspecto viejo y ajado de todos los elementos en pantalla. No hay ningún coche ni ningún mueble que parezca ser posterior a los años ochenta, a pesar de estar situada oficialmente en 2005. SI no fuera porque hay euros y se nombra la fecha, podría haber pensado que los hechos ocurrían en la Francia de Pompidou.

Dentro de la crítica internacional, Kaurismaki se ha labrado fama por sus maneras excéntricas y su valía dentro del cine social. En este caso, afronta el drama de la inmigración ilegal, personificando en el indefenso niño las epopeyas de tantos seres desesperados que se arriesgan a dejar todo lo que tienen por la promesa de una oportunidad en el mundo desarrollado. Demuestra su fe en la humanidad al dotar de una bondad extraordinaria a todos los habitantes del barrio portuario de la ciudad de Le Havre, quizás más como un deseo que como retrato de la realidad. Acercándose peligrosamente al realismo mágico, refleja el candor de aquellos que son capaces de ayudar a los que sufren a pesar de su precaria posición social.

Se trata de una película bien rodada y bien desarrollada, pero no hace el más mínimo esfuerzo por captar la atención del espectador, haciéndose aburrida con demasiada facilidad a la que no tengas un interés previo por el tema. Además, el exceso de candor y el aura de irrealidad que envuelve la puesta en escena le quita la poca emoción que pudiera tener. Como drama social tiene su valía, pero se hubiera agradecido un poco más de atención para aquellos que van a pasarse dos horas delante de la pantalla.

Nota: 3
 Nota filmaffinity: 6.9

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Las extrañas aventuras de Solomon Kane (Robert E. Howard)



Hace poco que me he mudado y estrenado un nuevo trabajo, un par de cosillas un poco estresantes. Como me apetecía leer algo ligerito para desengrasar y la mayoría de cajas aún no han llegado, me he puesto a rebuscar entre los libros de mi e-book hasta que apareció un compendio de los relatos completos de Solomon Kane. Debo reconocer que de este personaje no tenía más referencias que una película horrible y el consuelo de estar escritos por Robert E. Howard, el creador de Conan, pero como cumplía los requisitos de entretenimiento que le pedía, me tiré de cabeza.



Título: Las extrañas aventuras de Solomon Kane
Autor: Robert E. Howard
Título original: Solomon Kane

“La serie de Solomon Kane puede considerarse una confluencia de géneros como el histórico, la aventura, la narrativa de piratas, el folletín y el terror, en ocasiones de corte bastante gótico. Solomon Kane es un sombrío puritano de los tiempos de Isabel I de Inglaterra –justiciero misterioso, solitario y de métodos expeditivos–, y a lo largo de un puñado de cuentos vive sus tenebrosas aventuras por Europa y África (un continente inexplorado, lleno de ciudades perdidas, caníbales, y horrores sin cuento). Lo sobrenatural –desde espectros a razas vampíricas– no sólo está presente en estos relatos, sino que a menudo forma parte fundamental de sus tramas. Las extrañas aventuras de Solomon Kane reúnen los ocho únicos relatos de este personaje publicados, en vida de Howard, por la revista Weird Tales, respetando su escritura original y lejos de los arreglos que sufrieron en ediciones posteriores. La edición se completa con La sombra del buitre, relato protagonizado por Sonia la Roja, que se desarrolla en Viena, durante el sitio de Soliman el Magnífico.

Primera sorpresa: yo esperaba una ambientación completamente fantástica, como en Conan o Kull, pero las Aventuras de Solomon Kane se ubican en nuestra Tierra (ejem). Las huellas del camino llevan a Solomon Kane a lugares tan diversos como Inglaterra, Turquía, el Caribe o la jungla africana, según las necesidades o la imaginación del momento. Curiosamente, ninguno de los relatos tiene relación con el siguiente o muestra la más mínima interconexión más allá de estar protagonizados por el mismo justiciero. Un tópico andante que hemos visto repetido (copiado quizás de aquí) en un puñado de historias, el del vagabundo que va de pueblo en pueblo arreglando injusticias de la manera más bruta allá por donde pasa. Ya sea buscado por crímenes que no ha cometido, comido por los remordimientos de un pasado que intenta olvidar a golpe de espada, o como un solitario cow-boy más rápido que su sombra, el esquema es siempre el mismo: nuestro protagonista llega a un pueblo, se mete donde no le llaman, el malo hace maldades y Kane acaba con él.
 
Puede parecer repetitivo, pero cada capítulo de esta (ejem) serie es muy diferente del anterior. Hay historias de piratas llenas de acción y realismo, otras se ubican en tierras ignotas, donde las aventuras se tornan exóticas y están impregnadas de magia ancestral, mientras que las últimas beben del terror lovecraftiano para gozo de los amantes de los pantanos lúgubres y los poderes primigenios. Con tanta variedad de planteamientos, cada relato se torna único y distintivo, por lo que su lectura se mantiene fresca y emocionante. No sé si es que era justo lo que necesitaba leer en este momento, pero no esperaba pasármelo tan en grande como lo he hecho.

Howard no pasará a la historia por su estilismo en la escritura. Al contrario, su estilo es tosco, impulsivamente directo. Cada descripción contiene detalles de brutalidad y acción desmedida, en el que no es extraño encontrar muerte y destrucción. Sus relatos están rellenos de emociones fuertes y, sobretodo, una extraña pátina de atemporalidad que crea un Universo fascinante en el que sumergirse. Puede que en este caso se trate de nuestra Tierra, pero no parece sino un lugar en el que vivir terroríficas aventuras folletinescas que devorar y disfrutar, una invitación a dejar aflorar la imaginación y profundizar en un mundo en el que cualquier cosa es posible.

Después de leer este libro, me he sorprendido de la inmensa influencia que ha tenido dentro de la franquicia de WHFantasy. Es asombroso cuánto beben de estas historias. El desarrollo de las escaramuzas, la simpleza de unos personajes que no por ello dejan de funcionar, las escenas llenas de salvajismo y las muertes gratuitas que he leído en esos libros parecen todas extraídas de las apenas 150 páginas de Solomon Kane. Impresionante e inesperado.

Hace no mucho me leí el Esaú Cairn, escrito diez años antes que el primero de estos relatos.  Al compararlos, se hace fácil observar la evolución que se produce, con un Howard mucho más maduro y consciente del tipo de narración que quiere realizar. Cada historia tiene empaque por sí misma, centrándose más en la aventura que en la superhombría y el retorno a la naturaleza primaria de la era Hibórea. En conjunto, los relatos de Kane están mejor escritos y son mucho más disfrutables.

A fin de cuentas, es un libro que provee de diversión y acción a raudales. Como esa hamburguesa gigantesca o esa bacanal de comida sin sutilezas que de vez en cuando apetece meterse entre pecho y espalda, este libro florece como una estupenda excusa con la que perderse durante unas cuantas tardes. Si no eres de corazón sensible… ¿a qué esperas para conocer las salvajes aventuras de Solomon Kane?

Nota: 7
Nota anobii: 3.66/5