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lunes, 27 de noviembre de 2023

The Batman

Y cuando todavía no nos habíamos recuperado de todos los follones que generó el Batman de Ben Affleck y la Liga de la Justicia, va y se anuncia la enésima reencarnación del encapuchado. Los ánimos no mejoraron mucho cuando además se anunció que el actor escogido para ello iba a ser el “vampiro brillante” Robert Pattinson. Pocas veces he visto una reacción tan visceralmente contraria a una decisión de casting.

Por si fuera poco, se anunció casi desde un primer momento que esta película estaría separada del DCUniverse, siendo simplemente “una película de Batman”. Así que tenías a otro montón de fancistas echando llamas por el culo, pues ¿Cómo no se iba a mantener un Universo Compartido, etc? Y por si fuera poco, se venía de echar a Zack Snyder de la dirección del proyecto completo, añadiendo todavía más sal a la herida de los talibanes del integrismo tebeístico.

En fin, que había mucha gente con ganas de atizar a esta película, incluso antes de que saliera o siquiera se vieran algunas imágenes sobre ella. Su producción estuvo envuelta en críticas y ardían las redes ante cualquier noticia que se generara sobre el tema. Creo que más allá de Las Cazafantasmas y Cpt. Marvel, no recuerdo tanto odio ante un proyecto, así reciente.

Pero bueno, la película salió y mostró una nueva versión de Bruce Wayne y Batman. Esta vez acercándose a un personaje novato, que hace poco ha empezado a “trabajar” y todavía no se ha ganado la reputación y la confianza de los demás. Para la mayoría de gente, es “un loco” que hace locuras, tan delincuente como los criminales que dice querer capturar. El detonante del film es la aparición de un súper-terrorista llamado Enigma que parece tener algo personal contra Batman, trayendo de cabeza a nuestro héroe, a la policía y a la Mafia de Gotham.

Y hay mucha tela que cortar. Principalmente porque tenemos los  referentes muy presentes y pesa mucho ante la gestión de las expectativas. Por un lado, el Batman de Affleck (una montaña de músculos hipertecnológica) estaba todavía en activo, sacando películas. Por el otro, todo el mundo tiene presente la gran actuación de Christian Bale en la reconstrucción del personaje que hace Nolan. Así que la presión que tenía el director Matt Reeves sobre qué facetas mostrar o en qué centrarse era morrocotuda, viéndose ante (casi) la obligación de hacer una buena película o lo iba a pasar mal. Las decisiones se toman y, en vez de alejarse radicalmente de anteriores encarnaciones o tomar la vía kitsch. Reeves decide tirar por la vía de en medio y, utilizando un par de los cómics más reputados del murciélago, hace un machembrado muy raro para adaptar su estética y mitología. Tenemos a un Batman menos heroico y más detectivesco, se nota, se hace hincapié en que todavía está verde en algunas cosas, mostrando que hay un buen camino que recorrer. Volvemos a vivir una Gotham que respira como un personaje más, despidiendo una atmósfera decadente en la que nos creemos que cualquier delito es posible y la vida importa poco, como si de una Ciudad del Pecado se tratara. Si bien no tiene la ampulosidad de Nolan o el barroquismo de Schumacher, el trabajo visual es notable a la hora de mostrar una ciudad repleta de siniestra riqueza.

La acción se presenta inesperadamente desnuda de artificio. Se siente dura y desagradable sin necesidad de acrobacias extrañas ni cámaras desenfocadas. Más allá de algunos tortazos mortales al aterrizar (que apenas le producen magulladuras), las coreografías son variadas, con un puñado de escenas que seguro recordaremos unos cuentos años. Destacaría la persecución al Pingüino por la autopista, con un Batmovil que parece salido de Mad Max, la ingeniosa pelea en el pasillo a oscuras, sólo iluminada por los estallidos de las armas y, sobreotodo, la primera aparición en el metro, muy efectista en su mini-acercamiento al terror.

Una de las sorpresas que yo (y casi todos) nos llevamos fue el estupendo trabajo de Robert Pattinson a la hora de dar vida a Bruce Wayne. Quizás no es el mejor Batman que hemos visto, SÍ es el mejor Wayne. No es habitual ver tan bien reflejado al hombre torturado por sus demonios internos, tan ido que sólo encuentra consuelo en ponerse la máscara para vengarse. A su alrededor, un elenco de secundarios da el do de pecho a la hora de dar vida a todos los antagonistas que conocemos del cómic. Catwoman (Zoe Kravitz), el Pingüino (Colin Farrell), Carmine Falcone (John Turturro) y, sobretodo, un Enigma irreconocible y con toneladas de mala leche (notabilísimo Paul Dano). Un poco más desaprovechados veo a los adláteres del prota, pues ni Alfred (Andy Perkins) ni el Comisario Gordon (Jeffrey Wright) realizan un trabajo tan memorable. A grandes rasgos, el descomunal metraje permite espacio para que todos los secundarios tengan profundidad, dejando margen para que cualquier actor con ganas pueda lucirse y vaya si se quedan a gusto.


El mayor problema – quizás – del film es que toca demasiados palos. Uno acaba fácilmente confundido y no es fácil aclararse si estamos creando el mito, acabando con la mafia, luchando contra supervillanos, viviendo una historia de amor y venganza o si lo único que importa son los traumitas del protagonista. Esta dispersión obliga al espectador a esforzarse por seguir el hilo, lo cual es divertido, pero puede hacerse una tarea pesada al final de las tres horas. Lo mismo ocurre con los acertijos y la torpeza de Batman para resolverlos. No sé si es que es un novatillo o un atontao, pero se muestra especialmente obtuso a la hora de encontrar una solución y siempre se los tienen que ir resolviendo, dando lugar a algunas líneas de diálogo que son un poquito vergonzosas en algunos momentos.

Esto redunda con la desmesurada longitud del film. Reeves quiere que todo momento sea trascendente, grande y rotundo (bueno, tampoco llegamos a la grandilocuencia de Snyder, pero se queda a gusto). Está todo el rato “a tope”, incluso cuando está tomándose un café, durante tres horas. Al ver la película en el cine, salí realmente agotado, pues el metraje no respira, no descansa ni un momento. Quitando pausas al hablar y otras escenas de caminar ominosamente hacia el objetivo ahorraríamos treinta minutos, ganando mucho ritmo entre medias, seguro. Curiosamente, cuando la volvía a ver en casa (sí, a veces uno es un rato masoca) gracias a HBO, la tuve que partir en tres episodios (las noches después de cenar dan para lo que dan) y entró mucho (pero mucho) más fina. El tener un descanso entre días hacía que el gravitas se tragara mejor, resultando en una experiencia mucho más gratificante.

Además de no tomarse ninguna prisa por explicar la historia, otro problema es que la película tiene tres epílogos que llegan cuando ya estás agotado. Pero bueno, por lo menos cierran todo lo argumentalmente importante, dejando el camino abierto para una segunda parte (que se confirmó desde el segundo uno) y la posible aparición del Joker en un futuro. Después del guirigay que ha supuesto el cambio de poderes en Warner/DC, The Batman 2 fue casi la única película que sobrevivió a todos los ajustes – quizás por ir por libre desde un primer momento – aunque cambiando como veinte veces de argumento. Al final, parece que tendremos conjunción de este Batman con el Joker de Joachim Phoenix. A mí me hubiera gustado que tardaran alguna película más en juntarlos, pero comprado me tienen.

El reinicio de Batman que nadie había pedido ha acabado siendo una sólida película de súpers. Se ve lastrada por su pantagruélica longitud, lo que afecta al ritmo y al poso. Sin embargo, el esfuerzo de todo el elenco, un guión mejor pensado de lo que parece a primera vista y un director que sabe qué quiere hacer con su producto hacen de su visión una experiencia muy aprovechable. Si han de ser películas de súpers con esta enjundia, me da igual que no se busque un Universo Compartido.

 

Nota: 8

Nota filmaffinity: 6.9 

viernes, 26 de mayo de 2023

El faro

Aquel que no haya oído los gemidos del océano durante las noches de tempestad, el golpe sordo de las rocas rugiendo ante olas tenebrosas, el eco escalofriante de las lágrimas desgarradoras del viento… se verá incapaz de comprender en su magnitud estas leyendas oscuras venidas de las profundidades del tiempo, donde los Djins se desatan: historias de demonios, de monstruos, de sirenas, contadas durante las eternas veladas invernales, arrejuntados todos delante del fuego para conjurar al frío y al miedo. Esta película toma su origen de estas leyendas tenebrosas y magníficas, pobladas de angustia, de fantasmas humanos e inhumanos, donde lo sobrenatural se mezcla con la fascinación de una naturaleza majestuosa en la que la magnitud del misterio deja al ser humano absorto y aterrorizado.


Érase una vez en que los faros todavía abrigaban a sus guardianes, responsables de la luz que guiaba a los navíos a través de la noche oscura, señalando los peligros de las costas próximas. Un tiempo, en que, separados de la tierra, los fareros esperaba la calma que permitiría la llegada de un relevo, de los víveres, o de algo de compañía, pero cuando la calma no llegaba, se encontraban aislados frente a la inmensidad tumultuosa, sin concebir la esperanza de un socorro, sin otro testigo que las antipáticas gaviotas, de las que se decía que eran las almas de los marineros desparecidos en la mar.

Ese día, sobre una isla rocosa y minúscula, en algún rincón de las costas de Nueva Inglaterra, un raquero transporta al reemplazo del compañero del veterano Thomas Wake, desaparecido en extrañas circunstancias. El viejo Tom tiene el rostro curtido de un Capitán Achab que ha perdido su navío, y con su mirada aguda observa con ironía la llegada de este nuevo compañero: un novato que no conoce apenas la mar y cuya buena presencia augura secretos inconfesables. No tardará mucho en hacerle saber quién manda a bordo, mientras echa calada tras calada a su pipa humeante.

El novato, que se hace llamar Efraím Winslow, empieza doblegándose con tozudez iracunda a las órdenes de su jefe, transportando carretillas de carbón bajo la lluvia, limpiando el suelo mohoso y haciéndose cargo de las letrinas, pero al mismo tiempo, rechazando de compartir las etílicas veladas que si compañero disfruta, pues hay algo turbio en su pasado…

Dentro de los claustrofóbicos espacios de este sombrío faro podemos sentir la salada humedad del mar, el apestoso tabaco mal quemado y el rancio aroma de los orines. En este lugar inesperado, se fragua una extraña relación, nacida de los enfrentamientos, de deseo y odio, entre aquel que quiere conservar el poder sobre la luz y aquel que no desea otra cosa que descubrirlo para perforar los secretos del viejo lobo de mar. La confrontación revelará los demonios interiores de cada uno, incontenibles en lugares tan alejados de la civilización humana, dando lugar a paroxismos delirantes poblados de demonios tentaculares, sirenas de belleza sensual y devoradoras de humanos, donde uno ya no puede distinguir la realidad de la  alucinación. Frustraciones de todo tipo, imposibles de ahogar en alcohol, toman el poder junto a los demonios tumultuosos del océano insondable que todos tenemos en nuestro interior. De repente, la única esperanza de huir de esta isla aislada en la que todos los elementos son hostiles es una barca, un frágil esquife insuficiente para afrontar las embravecidas olas que apenas tiene lugar para un único tripulante…


Daniel Eggers sorprendió a todo el mundo con su prodigioso debut La bruja. A medio camino entre el documental ficcionado y la obra de terror, tomaba los mitos y leyendas rurales de la Nueva Inglaterra del XIX para convertirlo en una mirada antropológica de los miedos y los deseos del ser humano. En una película de inusitada verosimilitud, nos hacía sufrir con las desventuras de una familia en la que “algo raro ocurre”. Esta vez nos lleva a la Costa de Maine y allí sitúa a sus dos tipos, un lobo de mar obsesionado con el faro que custodio y un pobre diablo acorralado entre el mar y la locura. A partir del angustioso encierro en un terreno tan agreste, toma esta vez inspiración de todas las leyendas marineras para contarnos una historia incómoda, sobre los límites de la locura, los monstruos y la desesperación. Bebe del aire decadente de los incómodos relatos de Poe, Lovecraft o Stevenson para fascinarnos con una repugnante historia de aislamiento que, a buen seguro, nos tendrá dos horitas bien pegados al sillón.

Ante todo, Eggers es un ARTISTA, por lo que no va a presentar su creación de una manera usual. En una búsqueda de provocar incomodidad al espectador, graba la película en formato 4:3, utilizando una pantalla cuadrada muy parecida a la de los inicios del cine. Además, presenta una fotografía en un blanco y negro muy extraño, buscando un tono apagado, cercano a la de las fotografías de finales del XIX. Con ello, provoca inquietud en el espectador, haciendo que cada escena sea una pequeña obra de arte difícil de mirar, reforzando la sensación de que hay algo anacrónico, fuera de lugar, en la película, como si hubiera algo que no debiera estar allí. De esta manera, se conecta magistralmente con la tónica lovecraftiana del argumento, convirtiéndose en una de las mejores “inspiraciones” que podemos encontrar del terror cósmico. Tamaño atrevimiento no está al alcance de cualquiera, y no podemos sino felicitar a la espectacular fotografía llevada a cabo por Jarin Blaschke, reconocida con una nominación al Oscar que pilló a muchos por sorpresa (perdió ante 1917, otra boutade técnica). Evidentemente, una aproximación tan extrema puede ser excesiva para muchos. Después de todo, Eggers no suele pensar en el espectador y la comercialidad de su producto, sino en las reacciones que quiere provocar.

Para encarnar a los dos protagonistas tenemos a dos actores que han demostrado varias veces su calidad, realizando aquí un brutal tour de forcé para demostrar quién está más zumbado. El nivel de esfuerzo exigido y mostrado en pantalla es de bandera, contribuyendo a un desarrollo argumental que va perdiendo la chaveta por momentos. Puede que al inicio intentes atribuir a la acción del aislamiento y la paranoia, pero a medida que Lovecraft toma el poder de la película, cualquier cosa es posible, y más con estos actores.

En fin, El faro  es una película desagradable, un viaje incómodo y perturbador a través de un relato oscuro. Empieza como un drama que pronto se arroja al thriller y al terror, pegándote al sillón mientras tienes la sensación de que no deberías estar viendo lo que estás viendo. Fascinante y perturbadora, pero creada con talento.

 

Nota: 8

Nota filmaffinity: 6.6


viernes, 26 de noviembre de 2021

Tenet

Tenet fue la primera gran película que se estrenó post-pandemia. Cuando parecía que nada iba a volver a ir a la pantalla grande, Nolan sacó a relucir los estupendos contratos de distribución con los que las compañías se habían comprometido y así, en verano 2020, su película apareció en todos los cines con la seguridad que tardaría bastante en aparecer por las plataformas domésticas. Su taquilla no fue desmesurada, pero como su presupuesto tampoco era “tan” alto, acabó saliendo bastante rentable.

En un primer momento, Tenet nos lanza dentro de una operación antiterrorista en la que pasan cosas un poco raras. A continuación, nos veremos envueltos en una misteriosa conspiración internacional que pone en peligro la existencia misma del Universo. Los malos viajan a través del tiempo, lo que hace mucho más difícil localizarlos y detenerlos.

Christopher Nolan aprovecha esta premisa para jugar con el tiempo en la narración de la película como (casi) nadie había jugado nunca en un ejercicio onanista de primera. Con toda la parafernalia y grandilocuencia que acompaña siempre a sus películas, somos arrojados a un videojuego repleto de confusa estridencia que pone a prueba nuestra paciencia y nuestra capacidad para hilar una línea temporal fragmentaria que pasa de explicar muchas cosas (y sobreexplica otras).

Lo bueno que tiene es que es una película de Nolan con todas las letras. Y eso es algo que atrae a muchos. Lo malo que tiene es que es una película de Nolan con todas las letras. Y eso es algo que puede atragantarse a muchos. Muy canónica dentro de su estilo, con Tenet sabes que vas a tener lentejas. Ahora es cosa tuya si las tomas o las dejas.

Tiene todo lo bueno de Nolan: interesantes juegos con la estructura narrativa –en este caso, rompiendo la lógica temporal-, una parafernalia deslumbrante en su puesta en escena, acción de primera, toneladas de grandilocuencia con la que fliparse y unos actores muy bien aprovechados.

También tiene todo lo malo de Nolan: Incapacidad manifiesta para crear personajes femeninos, sobreexplicación de las reglas de juego, necesidad de acabar cualquier trama con una ensalada de tiros y escenas puestas para alardear de lo bien que sabe mover la cámara.

En ese sentido es una peli muy onanista. Está hecha para gustarse a sí mismo, sin molestarse a pensar mucho lo que puede gustar o dejar de gustar a los demás. Evidentemente, sólo deberías verla si sabes a lo que vas y ésta es tu vaina. Si es así, te divierte, te invierte y te Pérez-Reverte (lo siento).

El protagonismo corre a cargo de Washington y Pattinson, que se toman muy en serio su trabajo y hacen un papel más que digno como héroes de acción con ínfulas. Destacaría especialmente al actor crespuscular, que consigue dar matices a un personaje no demasiado bien tratado en el guión (cada vez me gusta más como actor). Kenneth Brannagh, que interpreta al antagonista, sigue en su línea de hacer lo mínimo hasta conseguir su cheque, mientras que Elizabeth Debecki hace lo que puede con lo poco que le ofrece el guión, comprobando una vez más que Nolan no sabe escribir papeles femeninos.

Lo que sí tenemos y esto no puede faltar, son unos efectos especiales burrísimos. Además de unas coreografías de tortas de bandera (la pelea en la cocina o en el aeropuerto), tenemos una puesta en escena barroca llena de mil detalles innecesarios, gratuitamente complicada pero en la que todo está perfectamente en su sitio, con la que puedes estarte entretenido pasándola en cámara lenta para apreciar el montón de cosas que pasan “de fondo”, comprobando que todo cuadra a la perfección (aunque parezca mentira en la batalla final o en la persecución de la carretera, cada elemento que aparece está milimétricamente calculado). Un alarde de dirección descomunal que, no obstante, se realiza con un presupuesto “no excesivamente” elevado –esto se debe a que Nolan se paga su propia película-. Un punto adicional está en el “poco” ordenador que se utiliza, mucho menos de lo que podría parecer, con un uso muy habitual de efectos especiales físicos.

La innovación más destacable se produce en su vuelta de tuerca a los viajes en el tiempo. En vez de dar saltos aquí y allá como su tuviéramos un Delorean, propone que para los viajeros, el tiempo fluya al revés en unas condiciones concretas. Esto permite un puñado de juegos interesantes con la realidad –al poder interaccionar con objetos de tiempo “normal”- y estrategias filosóficas ingeniosas –el concepto del movimiento de pinza-. Toda la idea está bien desarrollada en la película, con una puesta en escena MUY cuidada que busca llevar a límites imposibles la posibilidad de retrasarte en el tiempo. En cuanto a la lógica interna de la película, las veces que se vulnera o su verosimilitud, me quedo con la respuesta de Rick Sánchez: “Stop asking questions and have fun”. En propias palabras de la película, si lo preferís “no lo pienses, hay que sentirlo”. Es decir, déjate llevar por el juego y flipa tranquilamente con las escenas de acción, que hay muchas y variadas.

En la onda habitual del director y de su compositor musical, la banda sonora se dedica a ATRONAR con bajos muy brutos, de un modo similar al “reloj” de Dunkerke. Tiene la gracia de invertir el leit-motiv (si es que lo podemos llamar así) en los momentos en que el tiempo va al revés, como una muestra más para dejar muy clarito que Nolan se curra todas estas cosas. Como suele ser también habitual en este tándem, la banda sonora es bastante poco escuchable por sí sola. Después de todo, si ya llega a molestar en el cine, no quiero pensar si te lo pones en casa sin imágenes.


Podríamos decir que Tenet es la película de James Bond que Nolan quería hacer y no le dejaron (se ofreció públicamente en su momento). Tiene todos los dejes de ese tipo de películas, pero pasado por la batidora particular del director, que, obviamente, no va a firmar nada que pueda ser tildado de “simple”. Un gran trabajo para coreografiar tiros y explosiones, junto con una trama vibrante que le da una vuelta de tuerca ingeniosa a los viajes en el tiempo. Característica y reconocible de su autor, tanto para lo bueno, como para lo malo. No destaca por su guión, demasiado enrevesado en algunos momentos, sobreexplicado en otros, teniendo que perdonarle algunas zaranganadas, ni por su trabajo actoral. Sin embargo, funciona para proporcionar 150 minutos fascinantes (en su primer visionado) y divertidos (en posteriores) que se debiera de ver en el pantallote más bruto posible con los mejores altavoces que permita el presupuesto de cada uno.

 

 

Nota: 7

Nota filmaffinity: 6.4