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lunes, 25 de noviembre de 2019

Harry Potter y la Cámara secreta


Cuando hice la reseña de Harry Potter y la piedra filosofal dije que iba a hacer un repaso rápido por toda la saga para sí tener todas reseñadas. Imaginad la disciplina que he seguido para que a estas alturas sea cuando reseño la segunda parte. Ya ni te cuento cuando veré la siguiente y nos iremos de Azkaban…

Así pues, tenemos por fin (ejem ejem) el segundo curso del niño que sobrevivió en Hogwarts. Aquí las cosas malas vienen porque hay una cámara secreta que alberga horrores en algún rincón del castillo y empiezan a pasar cosas malas, lo que obligará a Harry y sus amigos a investigar qué ocurre.

En una propuesta muy continuista con lo que fue La piedra filosofal. No en vano repite casi todo el equipo, con Chris Columbus a la cabeza. Lo más destacable de la obra anterior fue su derroche de imaginación, y este aspecto sigue siendo lo mejor de La cámara secreta. Este experto en hacer películas con niños (para niños) sabe dar vida a universos fantásticos, los hace palpables y, a su manera, verosímiles, mezclando hábilmente el ordenador con las maquetas y el diseño de escenarios.

La película luce estupendamente, con un músculo técnico bien usado y una imaginería algo más siniestra muy bien encontrada. Construcciones como la casa de los Weasley, el lavabo de Myrtle o la propia Cámara Secreta son ejemplos de buen hacer que quedan estupendamente en la pantalla grande.

Asímismo, tenemos una banda sonora que sabe transportarnos a un mundo mágico. Williams hace bien su trabajo y complementa magníficamente lo que vemos en pantalla. Su fanfarria es bien reconocible, dejando impronta como debe hacerse.

La adaptación de la historia está más equilibrada que en su anterior entrega. Columbus parece saber qué es lo que funciona mejor en los libros y lo pasa a la pantalla grande con corrección. Se nota que el libro tiene una de las tramas más flojitas de toda la saga por lo que tampoco podemos esperar gran cosa, pero no se hace insultante en ningún momento y cumplirá con niños de todas las edades.


Los personajes principales se ven obligados a evolucionar, lo que exige más a los actores infantiles. En este caso, Rupert Green (Ron Weasley) no da la talla, convertido en una mera comparsa chillona. El guión tampoco le ofrece mucho más y estar asustado delante de una pantalla verde no es fácil, pero sobrepasa la vergüenza ajena de manera más que sobrada. Contrasta con la eficiencia de Emma Watson o de Bonnie Wright en un papel similar, que al menos dan el pego. En cuanto a los secundarios, se sigue gozando de la suerte de tener a lo más granado del cine británico en pantalla. El mayor hallazgo de la película es Kenneth Brannagh y su Gilderoy Lockhart. Mira un par de veces donde no toca, pero clava al personaje y se hace odiar cosa mala.

Una nota aparte se debe poner en el doblaje en castellano. No es un aspecto que suelo destacar, pero en este caso el trabajo es más que mejorable. Especialemnte en el caso de Ron, que se carga cada escena en que aparece. Su actuación en inglés tampoco es mucho mejor, pero en castellano duele oírle. No vería con malos ojos un redoblaje para corregirlo en un futuro.

Cuando fui al cine, salí bastante decepcionado de la película, pues la habían hecho mucho más infantil de lo que yo recordaba. También hay que reconocer que yo estaba a otras cosas durante esos días. Ahora con los años, después de refrescar ambas propuestas, me ha parecido una adaptación más aceptable. Tal como es el libro, flojita pero agradable.

Como cuento tétrico para niños, entretiene con ganas, mezcla bien las extravagantes aventuras con un poco de lógica para que no salgamos de la película y sabe cuándo debe acelerar y cuando explicar las cosas. Evidentemente, una película para los más pequeños quedará muy floja para un paladar mínimamente curtido, pero no se le pueden pedir cosas que la película no tiene ni quiere tener. Se trata de una correcta adaptación de la segunda novela más floja, con lo que las expectativas son las que tienen que ser. 


Nota: 5
Nota filmaffinity: 6.4

lunes, 18 de marzo de 2019

Harry Potter y la Piedra Filosofal


Recientemente he conseguido la colección completa de DVDs de la saga de Harry Potter (las 8 películas proveniente de los 7 libros), así que procederé a ir repasando (con caaaaaaalmaaaaa) todas las películas que, con el tiempo, irán cayendo.
Empezamos, obviamente, por el inicio: la Piedra Filosofal.

Supongo que a estas alturas de 2019 no tiene mucho sentido recordar un argumento que todos conocen: Harry Potter es un niño maltratado por sus padres adoptivos que un buen día descubre que es mago, incorporándose a una escuela de magia donde vivirá mil aventuras y olvidará las penurias de todos los años anteriores. Como siempre, un Señor Oscuro pasará por ahí, liándola parda y tal y tal.

Quizás es que tengo muy interiorizada la imagen de los actores ya adultos, pero me ha sorprendido mucho ver a todos TAN niños. Que sí, que tenían 10-11 años, pero ha sido chocante. También es verdad que no había vuelto a esta película (ni al libro) desde que salió, con lo que no la tenía nada fresca.

Mi regreso ha sido como volver a hace quince años: Harry Potter y la piedra filosofal podía ser para niños y tener muchas cosas mejorables, pero desbordaba sentido de la maravilla: Hogwarts cobraba vida con todo el esplendor que exigía mi imaginación. Los decorados son fantásticos, el castillo es una pasada y la magia se palpa como verosímil. Cada localización está realizada con un mimo pasmoso: el Callejón Diagón, Hogwarts, el Bosque Prohibido, el Comedor… Además, contenía la que quizás es la última gran sinfonía reconocible de John Williams, con una banda sonora llena de carisma que te sumerge en el Universo tan pronto suenan las primeras notas. Me complace comprobar cómo tanto esfuerzo técnico vio sus frutos con el resultado final y nominaciones a los Oscars en Vestuario, dirección artística y su banda sonora.

Lo que no debemos olvidar es que La piedra filosofal es un libro para niños de 10 años. Es de esperar que su historia sea simple y facilita. Aunque Chris Columbus es bastante fiel al libro a la hora de adaptarla, simplifica un buen montón de cosas y, con la excepción del Quidditch, nos deja con sólo lo imprescindible a nivel de argumento para conformar la película. Los buenos son muy buenos, los malos muy malos; hay quidditch y escobazos molones (aunque argumentalmente no vengan a cuento) y el tono se pasa de infantiloide durante bastante rato, incluso un niño de 6 años podría ponerle objeciones y todo… No obstante, la recordaba todavía más tonta cuando la vi hace un buen puñado de años. Pero  bueno, el argumento es casi lo de menos. Una mera excusa para presentar un mundo con todo el sentido de la maravilla. La película se encuentra también con un ritmo mejorable. A pesar de toda la poda realizada, deben pasar muchas cosas, que avanzan demasiado a golpes, dando la sensación de ir más de aquí para allá que de contar una historia concreta. Con esta trama tan flojita, acaba siendo más entretenido disfrutar con las maravillas que ofrece la escuela que con los peligros del Señor del Mal.

En consonancia con la estupenda recreación, la experiencia fílmica se sostiene a través de su certero casting. Aquí Daniel Ratcliffe, Emma Watson y Rupert Grint son unos moquetes, pero cada uno de ellos parecía haber nacido para el papel,  pocas quejas hemos tenido a lo largo de los años. Por parte de los adultos, no podemos sino felicitar a Alan Rickman, magistral con su Severus Snape que se ha convertido casi en inmortal. También destacaría a Richard Harris, el mejor Dumbledore que hemos tenido, así como la enjundia con que soportan Maggie Smith, Warwick Davis y Robbie Coltrane. Lo dicho, escogidos con mimo y talento.

Lo mejor de Harry Potter y la Piedra Filosofal es su capacidad de fascinación. Chris Columbus hace un gran trabajo invitándonos a ser los niños que fuimos, creando un universo lleno de maravillas en las que sumergirse con ganas. El excesivo infantilismo de la historia lastra el conjunto, pero sigue siendo un entretenimiento muy disfrutable. En mi memoria, la tenía como mucho peor.

Nota: 6
Nota filmaffinity: 6.8


lunes, 31 de julio de 2017

Solo en casa 2

Hace poco estábamos comentando con unos amigos sobre las llamadas películas estacionales: Aquellas que se ven en una fecha determinada, ya sea el veranito, Semana Santa o Navidad. En el caso de la película de hoy, se trata de mi entretenimiento navideño por excelencia. Cae casi cada año y se trata de, probablemente, la película que más veces he visto en mi vida. Recuerdo cuando tenía 8-9 años y me la ponía en bucle con mi VHS, jugando a imaginar que haría en la misma situación de Kevin.

La decisión de  Chris Columbus al acometer la secuela del inesperado éxito Solo en casa fue de lo más inusual. En vez de alargar la historia, decidió hacer un remake en toda regla. Con mucho más presupuesto, más largo y más grande, en una localización con más clase… pero repitiendo paso por paso el argumento y la mitad de los diálogos. Hay que reconocer que nadie hubiera apostado por ello.

Así pues, el pequeño Kevin vuelve a intentar pasar las vacaciones navideñas con su familia, perdiéndose en el camino y acabando en la amenazadora Nueva York. Casualidades de la vida, los dos ladrones a los que apaleó el año anterior han escapado de la cárcel y quieren dar un golpe en una gran juguetería. Naturalmente, será el pequeño Kevin el que desbaratará su malvado plan durante la noche de Navidad.

¿Qué ha cambiado? Nueva York. Repite el director, el guionista, los actores principales, el equipo técnico… Además del escenario, la principal (o única) diferencia es que se cuenta con mucho más presupuesto, ¡llegando a poner en pantalla a un futuro presidente de los Estados Unidos y todo! También se aprovecha del éxito previo, claro. Se sabe qué es lo que funciona y lo qué no, haciendo las cosas con ganas y cariño. El resultado es una película más divertida y gamberra, con unos toques de ingenio algo puñeteril.


No vamos a negar que la prodigiosa ingeniería de putadas se repite, con algunos gags calcados incluso, pero todavía no llega a cansar. El humor es muy blanco, muy físico y facilón, pero es imposible no descacharrarse con el compendio de trompazos que se llevan los malos malosos. Sorprende a veces la mala idea que despliega el pérfido niñito angelical que se ha vuelto a perder sin su familia.

Otro de los detalles que hemos de destacar es la sorprendente química que desprenden los tres protagonistas: Kevin McCallister se convirtió en un personaje indisociable de Macaulay Culkin (especialmente tras la nula carrera posterior del actor), totalmente generacional e inolvidable para el que viera sus correrías con la edad adecuada. Por su parte, los “Cacos Pegajosos” Joe Pesci y Daniel Stern dan el contrapunto histriónico perfecto para hacer las delicias del espectador. ¡Da gusto cuando actores de calidad se implican en una propuesta así! ¡Si es que incluso el cargante Tim Curry me cae bien en esta película!

 En cuanto a la situación de Kevin… ¡Oh, qué fascinación me provocaba esta película de pequeño! Estar separado, por unos días de tu familia, con una libertad absoluta para hacer lo que quisiera sin que me pudieran controlar “¡Mi familia está en Florida y yo en Nueva York!...mmm… Mi familia está en Florida y yo en Nueva York...” Todo un placer culpable ^^

Solo en casa 2 hace bueno el dicho de “Más grande, más largo y sin cortes”. Apenas enseña nada que no hubiéramos visto previamente, provocando un gigantesco deja vu, pero supera con tanta holgura a su predecesora  que no podemos sino disfrutarla con cariño. Es una película que me transmite muy buen rollito,  evocando épocas felices de mi vida. Por ello, gusto de revisitarla al menos una vez al año. Risas e ingeniosas aventuras para toda la familia, como debe hacer la típica happy movie navideña.

Nota: 6
Nota filmaffinity: 5.2

viernes, 30 de diciembre de 2016

Pixels



Nada más ver el tráiler de esta película, me dije que tenía que verla. Sí, el grupete de actores es propio de comedia de humor grueso, pero había tal cantidad de frikismo encerrado en ese minuto y medio que se seguro que la película me haría gracia. Al final con la tontería se me pasó verla en el cine, pero pasó por ahí una tarde tonta y claro…

Una vez más (ejem), la tierra padece una invasión extraterrestre. En vez de naves inmensas o invasiones subrepticias, los aliens han escogido tomar la forma de videojuegos míticos de los ochenta (PacMan, Donkey Kong, Space Invaders, Paperboy…) para acabar con la humanidad. Si en Independence Day, Will Smith se convertía en el improbable encargado de dar sopas con honda a los incompetentes invasores alienígenas, en ésta, su versión arcade ochentera, Adam Sandler se convierte en el líder de los Nerds. Este experto perdedor no posee otra cualidad que la de matar a los marcianitos como nadie, convirtiendo la inmensa cantidad de horas dejadas en las añejas máquinas recreativas en el mayor valor para dar la paliza que los extraterrestres merecen.

Esta película me ha dejado una extraña mezcla de sentimientos. A ver como lo explico. Tenía claro desde un primer momento que la premisa argumental es una patata, así que mis expectativas en cuanto a calidad no eran muy altas, ni mucho menos. A pesar de ello, nada me había preparado para un desarrollo tan patillero y pasado de vueltas. No es sólo que los diálogos sean escasos o que sus personajes no brillen por su personalidad, es que la sucesión de escenas que causan vergüenza ajena es bien gordota. Como en muchas obras de Sandler, han embutido todo lo que se les ha venido a la mente y luego no han filtrado si debe estar allí. Así pues, tenemos presidentes pasteleros, charlas (des)motivadoras, un momento karaoke “inolvidable”, por no hablar de los cheats videojueguiles. En fin, una sucesión de tópicos muy manidos, cuando no estupideces directas.

El ¿trabajo? actoral tampoco ayuda demasiado. Adam Sandler sigue haciendo el papel de bobalicón simpático de los últimos veinte años (¡que mayor que empieza a estar!) que, en este caso, desborda (ejem) coherencia al lado de los descontrolados Kevin James y Josh Gad. ¡Qué ganas de atizarles en cada escena, oiga! En cuanto a los actores de verdad, cuajan actuaciones dignas de peli porno, poniendo bien rapidito la chequera, aprovechándose del tirón que generan sus papeles en otras producciones (si, Sr. Dinkale, me refiero a ti especialmente, aunque el resto no es que se lo curren mas xD).

Todos estos elementos dan pie a pensar que la película es de lo más vomitiva, ¿no? Pues no, es decididamente simpática. Aunque sus defectos son descomunales, desprende tanto amor friki que se me hace imposible no quererla. Sólo por presentar la premisa de poner en la palestra, como salvadores de la humanidad, a los frikis ochenteros, durante tantos años marginados y puteados por sus congéneres, merece mi cariño.

En ese sentido, los primeros quince minutos constituyen un sentido homenaje a la diversión de los años ochenta, sus salones recreativos y el cine familiar de esa época. Todo el que haya crecido en esos tiempos sabrá sentirse identificado. Seguro. Además, no podemos sino reconocer que las traslaciones a la “realidad” de las pantallas videojueguiles está más que lograda. El resultado de convertir Nueva York en una pantalla de PacMan (nombres y pastillas incluidos), el enfrentamiento contra Donkey Kong Jr o la descontrolada melée final contra todo bicho videojueguil imaginable es de lo más rechulón.
El humor es algo más fino (ejem) de lo habitual en las películas de Sandler, con dos o tres momentos de inspiración que casi provocan que me caiga de la silla del descojone. No obstante, no niego que en otras escenas hay ganas de tirar la televisión (o a los actores) por la ventana. Con estos actores, tampoco vamos a pedir más.

En fin, me ocurre como en Ready Player One. La propuesta está realizada con tanta nostalgia ochentera y tanto amor por los 8-bits que se me hace dificil no perdonarle todos sus errores y ver la película con cariño. Ni los actores ni la historia sobreviven al más mínimo escrutinio, los diálogos parecen escritos por besugos pero… hay tanto frikismo desbocado que he acabo viendo la película con una sonrisa de oreja a oreja. Jué, que risas. Evidentemente, si no os van los videojuegos ochenteros… ni os acerquéis.

Nota: 2 (le subo un puntito por el descojone que me ha provocado, pero que cosa más malucha!)
Nota filmaffinity: 4.7

Mención especial para los títulos de crédito del final. Un bonito demake de escenas de la película a 8bits. Supercuqui.