sábado, 10 de abril de 2021

Muerte entre las flores

Hoy nos hallamos ante la tercera película de los hermanos Coen. Habíamos tenido un thriller seco lleno de buenas ideas y una comedia loquísima al alcance de muy pocos. Dos propuestas muy diferentes que habían triunfado a su manera, dejando claro que estos hermanos no eran precisamente convencionales y tenían mucho talento entre sus manos. Otra vez, como habían hecho antes, una cabriola inesperada, realizando una incursión por el género noir más puro, ambientado en los años 30 y todos los tropos de las historias de mafia que conocemos de toda la vida (pasados por su filtro, claro).


La historia empieza como todas las historias. La estupenda amistad entre el cacique de la mafia local y su lugarteniente se rompe ante la aparición de una mujer que ambos cortejan. La guerra que se desata entre ambos afecta a todos los estamentos de la ciudad, estallando traiciones, conflictos internos y corruptelas varias. Todos parecen jugar con todos y siempre hay el que cree tener más labia y se sabe más listo, pero ¿quién tiene la mejor mano? ¿Quién sabe jugar a esto? ¿Quién juega con quién?

No falta nada. Los Coen demuestran lo bien que conocen los resortes del género y no dejan ninguno de sus tópicos por repasar: traiciones, mujeres fatales, sombreros de fieltro, fotografía sombría, whiskey y perdedores. Podría parecer tópico, pero los tiene bien, los ingredientes son de primera calidad, están mezclados con acierto y cocinados en su punto justo. Así, tenemos una estupenda película de gangsters con un sólido e intrincado guión al que sólo se puede echar en cara que hay que estar muy atento para no perderse.



Ese es quizás el peor aspecto de toda la película. La trama se te explica con deliberada confusión, siempre obligándote a rellenar huecos y suponer qué ocurre entre bambalinas, en aquellos escenarios que no te están enseñando. Ello conlleva un buen juego de giros de guión inesperados (tras giros inesperados) que te mantienen en tensión o te sacan de la película, especialmente porque su ritmo está lleno de una parsimonia que va muy bien para que la trama pose, pero que puede cansar a los más ávidos de acción.

Lo que sí se debe destacar es el espectacular acierto en la puesta en escena, con un continuo de acrobacias tan austeras como bien construidas. Sin licencias artísticas gratuitas ni coreografías operísticas, se muestra la acción con ese toque incompetente de sus personajes tan marca de la casa. A veces resultan cómicas en su incompetencia, pues no estamos acostumbradas a tanta pusilánime verosimilitud, pero sí concordaría con la propia pateticidad del ser humano. Las ejecuciones en el bosque o el sobrio asalto a la casa del mandamás son buena muestra de ello.

En su idioma original, la película se llama Miller’s Crossing, que vendría a ser el cruce de Miller (con sentido dentro del film), o también el fastidio de Miller, un guiñito a su montador Michael Miller. En ese sentido, los traductores optaron por ser imaginativos y romper esta broma privada intraducible para dar lugar a un Muerte entre las flores lleno de lirismo y con una resonancia que tiene mucha más gracia (en mi opinión).


Se trata de una propuesta algo anacrónica, rocambolesca y de difícil digestión, pero también coherente, tramposa y con encanto. No ofrece nada nuevo, pero lo que ofrece es de primera. Una cita con el buen cine que conocemos de siempre, algunos diría.

 

Nota: 8

Nota filmaffinity: 7.8 

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