viernes, 30 de agosto de 2013

Los caballeros de la Mesa Cuadrada

Hace unos días vi una película chorra. Mala con ganas, pero divertida. Pero claro, uno se queda con ganas de algo bueno y decidí ponerme un bocadito, de los buenos buenos. Ataqué a los Monthy Python y sus locuras inglesas, ¡que ya hacía demasiado desde la última vez!

Como “argumento” para la película, los locos estos cogen la historia tradicional del Rey Arturo, haciéndole buscar el Santo Grial para así hilvanar una serie de gags absurdos, a cada cual más desternillante. Rodada con dos duros, pero con mucho ingenio y muchas ganas de pasarlo bien, se convierte en un continuo despiporre que parodia la leyenda de Arturo, aderezado con unos cuantos guiños a la sociedad inglesa de la época.

Ya desde los propios títulos de crédito (subtítulos brutales), casi todos los chistes que están dentro de la película se han convertido en iconos por derecho propio.

- ¿Los cocos emigran?
- Grandes cabalgadas
- La discusión sobre golondrinas (europeas o africanas)
- El caballero Negro
- Las canciones "inspiradoras" del Bardo
- NI
- La gran bestia roedora y devoradora
- La granada sagrada de Antioquía
- El castillo de Antrax
- El principe homosexual
- ¡Es una maqueta!
- Y, de repente, al dibujante le dio un infarto
- El juicio a la bruja
- La almáciga y los arenques para cortar árboles
- El campesino comunista
- Scotland Yard

La película está rodada en Escocia, aprovechando el montón de castillos (uno de ellos de su propiedad) que son visitables, incluso se ven turistas en algún momento (así sale más barato rodar).  Además, como visité la zona hace poco, me ha hecho mucha gracia reconocer los castillos e ir poniéndoles nombres, ¡je,je!

La cantidad de gilipolleces y chorradas que sueltan no tiene parangón, conduciéndote a la risa con su humor absurdo. Son capaces de mofarse hasta de sus orígenes, consiguiendo encima el respaldo del mundo entero.  Es la más disparatada y loca de sus películas, aderezada con unos diálogos muy ingeniosos y unos puntos tremendos.
Sí, le falta un argumento coherente… ¿y qué?

Nota: 10
Nota filmaffinity: 7.4

jueves, 29 de agosto de 2013

Musashi 3. La luz perfecta (Eiji Yoshikawa)

Siguiendo las aventuras de Musashi, llegamos a su tercera y última parte. La primera destacaba por su lirismo y su gran sentido de la aventura, mientras que la segunda fue mucho más irregular, perdiendo mucha emoción ya que Musashi se había convertido en un samurái de tal calidad que nada de lo que hacía tenía gracia, era obvio que le iba a salir bien. Ahora bien, ¿ pudo el autor remontar la historia en la última parte?

Título: Musashi 3. La luz perfecta
Autor: Eiji Yoshikawa
Título original: Musashi III

“En su peregrinar por Japón, la fama de Musashi ha ido aumentando a la par que su creciente dominio del Camino de la Espada. Convertido en un espadachín ejemplar, los grandes señores del Japón feudal quieren emplearlo y hacer de él su siervo, convencidos de la tremenda valía de su brazo. Sin embargo, Musashi no es el único guerrero cuyo nombre está en boca de todos: como él, Sasaki Kojiro se ha hecho con una reputación sin parangón. Convertidos ambos sin discusión en los dos espadachines más importantes de su tiempo, sólo uno de ellos puede quedar como el más grande, en una batalla épica e inmortal.”

Y la impresión que me ha dado es… Buff…. El segundo libro parecía desembocar en la confrontación entre Musashi y Kojiro, que al final no se produjo. El autor decide ahora separarlos para asegurarse que no pelean, centrándose a continuación en describirte el clima político del momento y cómo los nobles intentan “fichar” a tales afamados espadachines. Mientras tanto, usa al resto de personajes para ir ilustrando como vive el pueblo y los cambios sociales que se van sucediendo a raíz de los cambios en el gobierno. A priori, puede parecer interesante, pero la cosa va dando bandazos temáticos de un lado a otro, como si el autor no supiera decidirse por dónde tirar. 

Tan pronto hablamos del sucesor del shogun como se mete una trama de espías que desaparece, pasan seis meses, Otsu quiere vivir con Musashi, Otsu no quiere vivir con Musashi, pasan dos años, damos protagonismo a los secundarios para tratar otros temas, un secundario desaparece porque sí y no vuelve a aparecer…

Esto hace que la mitad del libro sea muy caótica. El autor no se centra en nada y, aunque los sucesos son interesantes, cuesta seguir el hilo. Luego, parece que al autor le dijeran “No la cagues más y céntrate en acabar la historia”, cosa que hace. La mitad final del libro es un único arco argumental basado en la confrontación final e inevitable de los dos samuráis, que se aprovecha para cerrar todas las tramas y llegar al punto final del libro. Al estar más centrado en el tema, la historia vuelve a coger la gracia de su inicio, cerrándose satisfactoriamente con el happy ending de rigor. Se fuerza un poco algunas historias de los secundarios para cerrarlas felizmente, pero era obvio en una historia de este estilo que los buenos van a triunfar y los malos acaban muertos o redimidos.

En este libro, tanto Musashi como Kojiro pierden mucho protagonismo. Ambos están tan por encima de los demás que su participación en la acción no tiene gracia. El autor los retira y durante mucho rato los actores políticos entran en escena, debatiendo que hacer con ellos. Este aumento de las tramas políticas ayuda a situar qué pasaba en el país durante la época y está escrita de manera muy divulgativa, añadiendo muchos detalles de la sociedad de la época (que sirven para entender cómo está organizada la sociedad japonesa actual), eso sí, quizás dedicar un tercio del libro a esto es excesivo.

Sorprendentemente, quien coge más protagonismo es la vieja Osugi. Sigue considerando a Musashi como el responsable de que su hijo fracasara como samurái y no ceja en su empeño en hacer la vida imposible a Musashi y a Otsu. Su nivel de psicosis e imaginación para atormentar a la pareja no deja de aumentar, empezando a perder el sentido de la realidad, pero conmoviendo a todos en su determinado empeño.

El dúo Matahachi/Akemi sigue mostrándonos el día a día del pueblo japonés de la época. Esta pareja de egoístas y aprovechados ha sufrido mucho los estragos de la vida. Durante los dos primeros libros odian a Musashi, al que consideran responsables de sus desdichas, pero poco a poco, derrotados por la vida, van comprobando que su egoísmo es el principal culpable de que la vida les haya tratado mal.

Los dos chicos, Jotaro y Iori, hacen el papel de alumno de Musashi, para que así éste nos ilustre sobre el Camino del Samurai. Jóvenes e impetuosos, están cortados por el mismo patrón, tanto que a veces cuesta distinguirlos. Igualmente, las historias de ambos dan muchos bandazos, cambiando mucho de lugar y tema, lo que acaba haciéndose confuso en algunos momentos.

Otsu sigue en su papel de enamorada resignada con su destino. Amable, dulce y atenta, peca de pasividad en muchos momentos. Se dedica a sufrir por su amor y a no hacer nada. Un poquito más de sangre se hubiera agradecido, ¡que ser feliz no es tan difícil!

Podemos considerarlo como un final “correcto” para la saga. El libro da demasiadas vueltas al principio, pero cuando se centra en el último arco, acaba con gracia. Los personajes evolucionan coherentemente, a pesar de que Jotaro/Iori se parecen demasiado para mi gusto. Asimismo, se lee muy fácil, manteniendo el lirismo que ha caracterizado a los libros anteriores. Aunque seguro gustará a los ánimos de aventuras de capa y espada, sigue siendo inferior a la primera parte (pero a grandes rasgos, superior a la segunda), lo que acaba fastidiando un poco, viendo el inicio tan prometedor que tenía la saga.

Nota: 5
Nota anobii: 4.5/5

martes, 27 de agosto de 2013

Colega, ¿dónde está mi coche?

Hoy toca día de risas sin sentido, apetecía reírse con lo más banal que encontrara y apareció esta cosa.

Dos amigos idiotas se despiertan después de una señora juerga y su coche parece haber desaparecido. La pillaron tan bestia que tienen una laguna mental de gran calibre (tampoco es que tengan mucha cosa en la cabeza), pronto se enteran de que tienen toneladas de pudín en casa, hay alguien durmiendo en su armario y, sobretodo, que en el coche guardaron los regalos de aniversario para sus novias, ¡pero no saben dónde está!… Por ello, parten a la investigación para recordar qué demonios hicieron el día anterior y así enterarse de todos los líos en los que se llegaron a meter y adónde fue a parar ese coche que les trae de cabeza.

A ver, la película es estúpida, con ganas y aposta. Pero de una estupidez supina. La concatenación de chorradas es importante, aunque está realizada a conciencia y con una audacia narrativa inesperada. Resulta simpática en su cutrez y en su tosca falta de pretensiones, que a fin de cuentas, es justo de lo que se trata.

ACTORES: En este tipo de películas, eso de actuar está sobrevalorado. Los actores se dedican a hacer el tonto y a perder la dignidad delante de la pantalla, que para eso se les ha contratado. Unos jovencísimos Ashton Kutcher y Seann William-Scott decoran la gran pantalla, no tienen la más mínima química, pero sorprende verles tan yogurines.

DIRECTOR: Leiner ha hecho ya unas cuantas películas, todas cortadas por el mismo patrón: humor chorra, muchos gags por minuto y una duración bien escasa, para que la gente no se canse. Con la absurdez y la cutrería por bandera, siempre te puedes divertir con el humor banal que desprenden, si no sales espantado a los cinco minutos, claro. La película dura apenas ochenta minutos, suficiente para meter un montón de gags a buen ritmo y a desarrollar la ¿trama? de la película sin que de la sensación de quedar estirada como un chicle. Busca que estén pasando cosas continuamente para que no te distraigas y así el espectador afín pueda echarse unas buenas risas.

GUIÓN: Hay que reconocer que a los autores se les va la castaña, y mucho. La cantidad de líos y chorradas que llegan a soltar es más que meritoria. Hay momentos que no puedes evitar pensar, anonadado : “P-p-p-e-e-ero… ¿pueden liar aún más la marrana?” y parece que te contesten, con los ojos en blanco: “¡Ssssssi-i-i-i-i-i-i-i-i!”. En serio, el nivel de absurdez al que llega la cinta es considerable. Si no salís asustados ni le exigís nada parecido a una actuación coherente, os podéis reir mucho.
La profundidad de la trama, la consistencia de los diálogos… bueno, es bastante irrelevante en esta propuesta.

Tiene una gran influencia de películas como "Dos tontos muy tontos" (obra maestra del cine neoabsurdo), y es inevitable que en algunas escenas recuerde a ésta demasiado. Pero insisto en que te consigue sacar carcajadas, que es su única pretensión. Visionable si te quieres reír un rato con un entretenimiento banal y, si te estás tomando unas cervezas con los amiguetes, mucho mejor. Es, obviamente, una película muy, muy mala, pero yo me he reído a gusto con ella.

Nota: 3 (merecería menos nota, pero se la subo por las risas causadas)
Nota filmaffinity: 4.4

domingo, 25 de agosto de 2013

Thor

Thor nunca ha sido uno de mis superhéroes favoritos y cuando se hizo la película, asustado por la “espectacular” Green Lantern, no me molesté en ir a verla, temeroso de que el resultado fuera similar. Por unas cosas u otras, el otro día acabó cayendo, la última previa a Los Vengadores.


 Thor es el heredero del trono de Asgaard, un planeta muy avanzado tecnológicamente que es el origen de la mitología de los dioses vikingos. Joven y alocado, provoca una guerra con los gigantes de hielo, por lo que es desterrado a la Tierra por Odín, su padre, hasta que aprenda cómo debe comportarse un rey. Su hermano pequeño Loki , astuto y envidioso, aprovechará el momento para eliminar a Thor y quedarse con el trono.

Dentro de la mega-maquinaria de márketing que es la Marvel, tocaba presentar al último de los personajes que compondrían a Los Vengadores que tenía derecho a película para que lo conociéramos bien. Las referencias internas y la imaginería común a esta saga se mantiene, sabiendo ser diferente del resto. Lo que más me ha sorprendido de la película es lo poco comiquera que es. Desde un primer momento la película coge un tono rotundo y serio, parecido a las películas de aventuras de los 80 (Conan o El Señor de las Bestias), pero con los medios actuales y toda la parafernalia que ofrece el CGi y los efectos especiales. Donde podría salir una bazofia, se ofrece una película sólida, sin nada especialmente destacable, pero hecha con oficio.

ACTORES: En cuanto a los actores, Chris Hemsworth hace un Thor medianamente digno. Luce palmito a gusto (atención nenas!) y se aleja del monoregistro típico de estas películas (Lobezno me viene a la cabeza a toda velocidad). El elenco de secundarios es arena de otro costal. Sorprende ver a Natalie Portman, Anthony Hopkins o Idris Elba participando en una película de este calibre, y, cómo no, cumplen con suficiencia.

DIRECTOR: Si la presencia de Portman o Hopkins resulta inesperada, que el director sea Kenneth Brannagh es aún más inesperado. A posteriori hay que reconocer que su oficio se nota, pues la representación de Asgaard y Jotundheim impresionan estética y visualmente. Sabe dar un inicio espectacular y un final con un climax bien conseguido, aunque la parte del medio se desinfla bastante. Aun así, consigue coreografías bastante correctas y durante todo su metraje demuestra que se ha rodado sin pasión, pero con oficio y solidez. La consistencia de algunas escenas me resultan inesperadas, como la impotencia de Thor bajo la lluvia, que me recuerda que hay un director con talento detrás de las cámaras.  
Eso sí, no me acabo de explicar que pintan Los Guerreros Asgaardianos, pero seguro que era posible hacer a Obelix, Xena, Robin Hood y Jackie Chan con un poco más de dignidad.

GUIÓN: Como primera película de superhéroe, toca introducir al personaje principal, con lo que la historia de sus orígenes se come gran parte del metraje -casi dos terceras partes-. No queda mucho espacio para una historia, por lo que esta se despacha rápidamente, nos quedamos que Loki es un malo sediento de poder, Thor aprende que un martillazo en la cabeza no es siempre la mejor solución y poco más. Por otro lado, los personajes tienen personalidad, el ritmo está bien conseguido y la coherencia no chirría en ningún momento. No tiene nada destacable que la haga diferente a cualquier película del género ni pasará a la historia, pero se deja ver agradablemente.

Quizás porque me esperaba algo mucho peor, pero me he encontrado una correcta adaptación, irregular en su conjunto, pero sin errores que impidan un agradable visionado. Una película más dentro de la macro-saga Los Vengadores (algún día habrá que hacer un compendio de todo el fenómeno, perfectamente orquestado para ganar dinero a manos llenas), yo me esperaba muy poca cosa, pero ha resultado un entretenimiento muy estruendoso y ligero.

Nota: 4
Nota filmaffinity: 5.6


viernes, 23 de agosto de 2013

Mi vecino Totoro

Con lo que me gusta el estudio Ghibli, esta película tenía que caer en algún momento, ¡cómo no!

Una familia se traslada al campo, en el Japón de los años 50. Las dos hijas deberán adaptarse a un mundo diferente del que conocen. Mientas su madre está enferma en el hospital, su padre les lee cuentos sobre duendes y espíritus protectores. Pero algo misterioso habita el bosque alrededor de su casa, un extraño espíritu del bosque llamado Totoro.

Está pequeña película es un precioso cuento bello e hipnótico, que mediante una creación soberbia de personajes, te sumerge en una bonita historia de duendes y fantasía, ideal para echar a volar la imaginación. Pequeña en planteamiento, desborda en imaginación, con una historia tan minimalista como visualmente preciosista, ideal para sugerir y contenedora de figuras tan adorablemente entrañables como Totoro y su Gatobús. Es sorprendente como con tan poco es capaz de contarnos el pasado de los protagonistas -y cómo será su futuro-, la vida de una comunidad, la descripción de una sociedad rural y, al mismo tiempo, sumergirnos en un maravilloso mundo de fantasía de esta belleza. Las dos pequeñas se comportan justo como lo que son, dos niñas ingenuas y vivaces, tal como un niño que juega a descubrir un nuevo mundo se comportaría. No son melosas, ni tontitas, ni llorosas, ni avispadas, simplemente, son “reales”.

Sin perder jamás los rasgos de identidad de su compleja y milenaria cultura, muestra tradiciones tan antiguas como la tierra, leyendas y mitos japoneses, creencias populares y grandes dosis de invención, mezclando la realidad con lo que puede parecer imposible a los ojos escépticos que no miran como los de los niños. En el universo Miyazaki no caben los incrédulos ni los que tienen la cabeza demasiado dura para tener un poquito de fe.Hay que buscar al niño interior, abrir la mente y esperar cualquier cosa.

La historia es sencillita, y no tiene complicaciones. Ése es el punto en el que ha fallado mi visionado. Tal vez esperaba un guiño al público adulto que no se ha producido. Mi fallo fue esperar un Chihiro de esto. Por eso, a quien vaya a verla por primera vez, le recomiendo que se enfrente a ella como lo que es: una película enteramente infantil. Sólo así la podrá disfrutar en su plenitud (aunque no tanto como de crío). Porque Totoro es adorable, el bichejo más molón que se ha sacado Miyazaki de la manga.

Y, por supuesto, la animación. Qué grandioso trabajo artesanal. Qué bien transmite el misterio de un camino a través del bosque, la apacibilidad de un campo idílico, la ilusión por estrenar una casa que se cae a trozos. Qué perfeccionados están los gestos de los personajes. Aunque, si me tengo que quedar con una escena concreta entre todas, sin duda me quedo con el encuentro entre Totoro y las dos niñas en la estación de autobús. ¿Hay algo que supere la magia y la elegancia de ese momento? Lenta, contemplativa, pero de ninguna manera pesada y reiterativa. Satsuki ve por fin a Totoro, y tras unos momentos de observación sin saber qué hacer, le ofrece un paraguas. Totoro lo agarra y se lo coloca siguiendo sus indicaciones. Y su sonrisa de oreja a oreja. Y su salto. Y el Gatobús surgiendo de la nada.. Una escena mágica en conjunto, que vale una película entera.

El maestro Hayao considera a los espectadores seres pensantes, respeta al público, la sensación de ver esta película es como cuando de niños nuestro abuelo nos contaba una historia frente al fuego, su narración es detallada, lenta, precisa, preciosa y de acuerdo a la cara que vayas poniendo es el tono de voz con que prosigue, deteniéndose donde haga falta y tomando aire para continuar con lo demás.

Resulta sorprendente que tanto que decir de la sensación que te produce el ver esta película y que haya tan poco que decir del guión en sí. Si la hubiera visto cuando tenía 10-12 años sin duda sería de las películas que habrían marcado mi infancia, tal como hicieron Dentro del Laberinto o Willow. Viéndola de mayor, el efecto no es el mismo, pero verla hace disfrutar al niño que llevas dentro.

Nota: 8
Nota filmaffinity: 7.8

miércoles, 21 de agosto de 2013

Los Mil Hijos (Graham McNeill)

Y mira, parece que no iba a ser posible, pero ya llegamos a la 12º entrega de esta saga! (y lo que queda). Dentro de la misma, toca ponerse serios, ¡nos vamos con los Mil Hijos a uno de los puntos culminantes de la Herejía!

Título: Los mil Hijos
Autor: Graham McNeill
Título Original: A Thousand Sons



“La Gran Cruzada vive un momento decisivo y los Mil Hijos luchan con entrega y lealtad. Sin embargo, el Imperio recela de la Legión de Magnus el Rojo a causa de sus métodos arcanos. Temido por aquellos a quienes ha jurado proteger, Magnus es llamado al planeta Nikaea para defenderse de las acusaciones de brujería. No obstante, cuando el desventurado primarca tiene visiones que predicen la traición de Horus, decide avisar al Emperador mediante poderes prohibidos, y el Señor dela Humanidad envía a Leman Russ, primarca de los Lobos Espaciales, a atacar Próspero, el planeta de los Mil Hijos. Pero Magnus ha visto más allá de la traición del Señor de la Guerra y estas revelaciones decidirán el destino de su Legión para siempre.”

Después de los últimos libros, volvemos un poco al pasado para focalizarnos en otra parte de la Herejía. Los Mil Hijos sienten una particular fascinación (y obsesión) por el saber, con un ansia de conocimiento que sobrepasa en mucho lo saludable, especialmente dentro de los poderes psíquicos, que estudian con deleite. En las batallas se controlan, porque queda mal  ir lanzando rayos de fuego por ahí, pero poco a poco, a medida que van dominando el tema… se van dejando ir, con las consecuencias que ello tiene para su futuro.

Hay dos cosas destacables dentro de la novela. Se trata quizás de la propuesta que más incide en la ciencia-ficción y menos en la acción de toda la saga. Se centra mucho en cómo está organizada la sociedad de la Legión y en las consecuencias que tendrá el concilio de Nikaea para el futuro del Imperio. Además, casi dobla en longitud al resto de novelas de la saga, lo que permite al autor explayarse en el desarrollo de los personajes (tal como pasa en Fulgrim), lo que ayuda a saborear mucho mejor su caída.
Realmente, McNeill se toma el desarrollo con calma, explicando las motivaciones de los personajes, sus expectativas en la vida y los porqués que acaban provocando su enemistad con el Emperador. Evidentemente, tanto saber sin control acaba provocando que jueguen con poderes con los que nadie debería interaccionar y, por mucho que sus intenciones sean buenas, todo el mundo es corruptible si no está atento a la maldad.

Después de la batalla de Isstvan (que nos enseñaron desde todos los puntos de vista posibles), otro de los puntos culminantes de la Herejía es el Concilio de Nikaea. Es en este momento donde se definirá la postura del Imperio para con la religión en los siguientes diez mil años. Es uno un punto muy difícil de tratar desde el punto de vista narrativo y hay que reconocer que a McNeill le queda muy bien. De la misma manera, la destrucción de Próspero es narrada desde un punto de vista muy global, lo que le da mucha fuerza a la desolación causada por la caída de una sociedad tan avanzada -e ingenua-. El dolor del Emperador, la inevitabilidad de sus decisiones, la simplicidad de los Lobos a la hora de afrontar los problemas… Hacen de esta novela, sin duda la mejor de toda la saga, por ahora.

Está dividida en tres partes muy diferenciadas:
En la primera se nos muestra, con mucho detalle, la organización de la Legión, los diversos cultos en función de los poderes de cada uno de los marines, su relación con los rememoradores… Son profundamente leales y no parece haber ningún inconveniente en sus investigaciones, pero se puede observar que hay algo que parece fallar.
En la segunda parte, los Mil Hijos deben colaborar con los Portadores de la Palabra y los Lobos Espaciales en una campaña, evidenciando los conflictos internos que hay en el Imperio y los primeros enfrentamientos personales entre Magnus el Rojo y Leman Russ, algo gordo se está gestando…
Y en la tercera parte somos testigos de la caída. No voy a dar más detalles, mejor descubrid vosotros la magnitud de la tragedia. Eso sí, McNeill se queda a gusto y le queda muy bien. Las últimas cien páginas son muy dolorosas.

Resulta enternecedor incluso comprobar como los sabios Mil Hijos, que se autoproclaman los más cultivados e inteligentes de todos los astartes son engañados de una manera tan ingenua (las piezas van desgranándose  muy bien a lo largo del libro). Especialmente para el primarca Magnus el Rojo, que se considera el ser más inteligente del Universo, por encima incluso del Emperador, capaz de ver venir cualquier conspiración, pero que en su arrogancia y vanidad es manipulado. A pesar de su desmedido orgullo, quiere a sus gentes, a las que considera sus hijos y se lamenta y arrepiente cuando contempla sus errores.
No obstante, el peso de la historia recae principalmente en el Bibliotecario Jefe Azhek Ahriman (posteriormente muy famoso en el trasfondo), el más inteligente y dotado de los astartes. Hombre comprensivo y culto, dedicado a su misión, representando todos los aspectos positivos de cómo debe ser un marine para con sus protegidos. Es todo un contrapunto para los serios y estrictos marines, lo cual provoca que su caída sea especialmente amarga y trágica.
El resto de capitanes de las compañías muestran diversos caracteres, debatiendo sobre la conveniencia de usar según que poderes, con bastantes matices  en sus opiniones y las consecuencias que ello puede tener. Para ofrecer otro punto de vista, tenemos a los humanos que acompañan a los Marines, los rememoradores, que ven las cosas de una manera ¡ más parecida a la nuestra, actuando a modo de conciencia y permitiendo comprobrar como van cambiando las cosas a medida que avanza la novela.  Hasta el último personaje secundario tiene su importancia y deja impronta de un punto de vista diferente sobre la historia, dotándola de una profundidad inusual para la franquicia.

Tanto en desarrollo, como en contenido y consistencia, Los Mil Hijos es memorable, sin duda, la mejor novela de la saga. Es una pasada y cualquier lector de la franquicia la disfrutará con muchas ganas. Lástima que al ser la 12º parte de una saga, será difícil que algún profano llegue a poder disfrutar de este gran libro.

Nota: 9
Nota anobii: 4.5/5

lunes, 19 de agosto de 2013

Ahora me ves...

En una de estas tardes que no tienes nada mejor que hacer… pues viene tu hermanito a llevarte al cine para ver el blockbuster de rigor. Show must go on!



Cuatro ilusionistas han decidido unir sus fuerzas para dar al mundo el mayor espectáculo de magia imaginable. Mientras actúan en los mejores teatros a lo largo del globo, “Los cuatro jinetes” aprovecharán para robar en los bancos más seguros del mundo, ante la atónita mirada de un grupo de agentes del FBI que les sigue la pista.

La película ya te avisa desde el primer momento. Vas a ver un truco de magia en el que nada es lo que parece, no tienes que buscarle sentido y el espectáculo manda sobre el resto de cosas. Y básicamente es lo que ves, un guión gratuitamente tramposo, una puesta en escena con mucho brío que entretiene dos horas y luego… nada, se fue.

ACTORES: Realmente, tenemos a tres jinetes luciendo palmito y luego a Woody Harrelson haciendo de sí mismo, Michael Caine haciendo de sí mismo y a Morgan Freeman (que paga la película) haciendo también de sí mismo. Evidentemente, estos últimos añaden mucho lustre y carisma a la película, aunque vayan con el automático puesto y sin esforzarse lo más mínimo. Eso sí, Harrelson sigue haciéndome reir cuando se pone seductor.

DIRECTOR: Leterrier sorprendió a todos con la propuesta de Transporter, una película que no tenía nada salvo un ritmo endiablado, unas persecuciones medidas al milímetro y unas coreografías muy bien estudiadas. Ha repetido la propuesta para esta película, sólo cambiando los ingredientes. En una película de dos horas, mantiene un ritmo vibrante que no te deja descansar, los espectáculos de magia gestionan muy bien el más difícil todavía y se mantienen en un crescendo bastante deslumbrante y se maneja bien un guión con suficientes trampas como para desconcertar a gusto. Destellos por todos lados, muy bien escogidos para urdir un gran espectáculo, visualmente impactante, que cubre perfectamente las expectativas de quién no busque otra cosa que mera diversión.
Que luego el director no se acuerde de que los personajes deben actuar, es arena de otro costal.

GUIÓN: El pretexto de la historia es endeble -siendo generosos- y los giros de guión pecan de excesivamente tramposos, lo que viene acompañado de unos diálogos bastante risibles. Frases que, si las dice Harrelson, quedan bien, pero Caine o Freeman tienen demasiado empaque como para soltar esas chorradas y que suenen resultonas… Por otro lado, los puzles son bien ingeniosos y crean una estructura sorprendente y curiosa, pero vacía y artificiosa. Esta imitación de Ocean’s Eleven con la cuarta parte de carisma no tiene contenido, pero es más que suficiente para entretenerte con ganas una tarde tonta.

Es un producto creado por y para el veranito. Momento de refugiarse en un lugar con aire acondicionado y evadirse con dos horas de distracción con la que no haya que complicarse la vida. Consigue –y muy bien- mantenerte atento sin mirar el reloj, con un espectáculo de destellos muy resultón, tan disfrutable en el momento como olvidable al segundo siguiente. Altamente mejorable en muchos aspectos, pero me ha divertido con ganas, que a fin de cuentas, es de lo que se trata...

Nota: 6
Nota filmaffinity: 6.2