martes, 7 de octubre de 2014

El gran Gatsby

Dentro de las películas recientes no recuerdo muchas que causaran reacciones más polarizadas del espectador. O “es una pasada” o “es la mayor bazofia que te puedes encontrar”, pocos a mi alrededor se alejaron de esto. Mejor o peor, está claro que no es de las películas que deja a uno indiferente.

La película empieza siendo de lo más sugerente. En los extravagantes años 20, los ricachones de Nueva York viven rodeados de opulencia, disfrutando de excesos en fiestas interminables. Entre todas ellas, destaca la que organiza Gatsby, un nuevo rico de misterioso pasado del que nadie sabe nada. Su nombre se susurra en los rincones, ¿De dónde sacó su dinero? ¿Quién es? Gatsby, Gatsby… Sus despilfarros superan cualquier extravagancia, convirtiendo sus orígenes en algo legendario, casi místico…
Siguiendo los ojos de un joven escritor con ínfulas, nos convertimos en testigos de excepción de las delirantes celebraciones y las hipócritas relaciones que en ellas se establecen. Por casualidad, en el momento más inesperado, encontramos al animal mitológico, al Gran Gatsby. El pobre escritorzuelo se convertirá en complice y conocedor del más oscuro de los secretos: ¿Quién es Gatsby?

Lo que es sonar, suena bien… Pero cuando es Baz Luhrmann el que mueve los hilos, la cosa cambia. Este particular realizador australiano se caracteriza por su grandilocuencia innecesaria, su tendencia a la saturación colorista, las lagunas narrativas, su gusto por los anacronismos y una puesta en escena extravagante y teatral. Cualquiera con un mínimo de memoria es capaz de reconocer su estilo a los tres segundos de ver alguna de sus películas (Romeo+Julieta, Australia, Moulin Rouge). Sabiendo de qué pie cojea este autor es fácil imaginar que la película se va a centrar mucho más en mostrarnos las pomposas y artificiosas bacanales de los ricachones del momento que en la carga dramática que contienen las renuncias que hace Gatsby para ascender a la riqueza. Mucha gente tiene sus películas entre sus favoritas. No le vamos a negar su capacidad para fascinar, para mostrarte un espectáculo lleno de luces y colores diferente a casi cualquier otra cosa que puedas encontrar pero que a mí me satura pasados los cinco primeros minutos.

Los excesos se disparan por doquier, pues Luhrmann convierte los años 20 en un paraíso del hip hop, en una suerte de opera pasada de vueltas donde se olvida que tiene a unos personajes y una historia que ha prometido contar. El inicio evocador “Gatsby… Gatsby…” lleva a la nada. Pasados tres minutos, conocer a Gatsby no tiene la más mínima gracia y la reiteración de las juergas en un Pachá de época no ayuda precisamente a coger el interés. A este director siempre le ha gustado contar cosas simples de la manera más rebuscada posible. A veces queda bien (Moulin Rouge), en otras, el resultado es mejorable. El desparrame que realiza en este caso es de época.

Los actores bastante hacen con aparentar estar cómodos rodeados de pantalla verde, intentando actuar en medio del particular estilismo del director. Di Caprio, Maguire, Mulligan… se encuentran con personajes etéreos, desvaídos y veleidosos, con personalidades poco definidas y, en algunos casos, bastante irritantes.

Luhrmann ha encontrado su fórmula para hacer películas, mantiene sus constantes estéticas y abusa de ella todo lo que puede. Su propuesta es personalísima y mucha gente disfruta con ella, pero también provoca repulsión a otra buena parte de la audiencia. Si luego no hay una historia detrás que sustente la parafernalia, puede llegar a exasperar. Y si pasas de las dos horas más aún. Es recargada, estúpida, exagerada y aburrida. Puede ser bonita para algunos, pero para mí, sobrepasa el horterismo en muchos niveles. Y es tan romántica como el eructo de una anchoa.

Nota: 1
Nota filmaffinity: 6.2

sábado, 4 de octubre de 2014

Rome (HBO)

 Desde que llegó el boom de las series, cada temporada tenemos un nuevo puñado de series que pugnan por triunfar en las audiencias. Las productoras han visto que hay negocio y cada año echan el resto para desbancar a la competencia, otorgándonos puñados y puñados de gran cine de muchos quilates para la pequeña pantalla (como vimos hace poco en The Wire, por ejemplo). Cada pocos meses se nos acumulan toneladas y toneladas de nuevas series para ver, haciendo que esperemos con ansias semana tras semana y olvidemos aquellas que ya no están en pantalla. Series que quedan en el olvido de los años que no por ello son menos malas, como ésta de la que voy  a hablar hoy, una de las primeras joyas con que la HBO nos brindó y que hoy ha quedado casi como objeto de culto, olvidada por el gran público
.
Dentro de la gran productora de esta edad de oro de las series, se esconden series pequeñas en longitud pero grandes en contenido como la fastuosa Roma; emitida a rebufo del monstruo que fue Los Sopranoy de la redondísima A dos metros bajo tierraLa serie se gesta cuando los productores de la HBO decidieron crear una saga de series que recrearan con todo lujo de detalles momentos importantes de la historia. El objetivo era captar al espectador de la cadena de pago con presupuestos cinematográficos, historias impactantes y un entorno perfectamente reconocible. De ahí salió la idea de recrear la poderosa historia de Julio César y el germen del Imperio Romano.


 Roma nos sitúa unos años después de las guerras provocadas por el gladiador Espartaco. El glorioso general Julio ha comandado la conquista de las Galias (menos un pequeño pueblecito, ya lo sabemos) y se ha convertido en una figura prestigiosa, un ídolo del pueblo y del ejército. El gobierno comandado por Pompeyo, temeroso del poder que está acumulando Julio, le declara enemigo la República. Julio no tendrá más remedio que echar mano de su influencia para sobrevivir y convertirse en César. Lo que ocurre después ya es historia.
Teniendo en cuenta que estamos hablando de una serie de la HBO, me parece innecesario insistir en la cuidadísima y veraz reconstrucción histórica realizada. El presupuesto que manejaron fue descomunal, rondando los 100 millones de dólares para la temporada completa. Y vaya si se nota, el esfuerzo para recrear la época es espectacular: Las callejuelas llenas de vida, coloristas, con escenarios, espectáculos callejeros, identificación con las costumbres, sacrificios, ritos, creencias, grafittis callejeros; las habitaciones y demás estancias de las casas señoriales; los campamentos militares, las batallas (la formación en tortuga); el Senado, el Circo y, claro, la sangre, los golpes brutales y eficaces de los combates… Todo lo que uno se pueda imaginar. Y realizado además sin apenas CG, a base de abusar de escenarios en unos macroestudios de la Cinecitta italiana. A veces parece que sólo falta el olor (el pestazo) para sentir que estamos realmente en la Roma Imperial.

Tal como conocemos en los libros de historia (o deberíais conocer), una vez lanzados los dados y cruzado el rubicón se desata una tormenta política que amenaza con provocar una guerra civil en la República Romana.Las facciones de Pompeyo y las de Julio luchan con todas las armas posibles, cuyas argucias quedan trasladadas a la pantalla con la intensidad con que la HBO maneja las intrigas políticas. A la fuerza de la historia hay que añadir la mística y la trascendencia que alcanzan sus grandes estandartes, fantásticamente ensalzados con un casting magnífico: Julio convertido en un estadista sin escrúpulos, estratega magnífico al aprovechar las oportunidades del destino de la mejor manera; la impotencia de unos perdedores como Cicerón o Pompeyo; la curiosa moral y el talento político del jovenOctavio; el cinismo y la arrogancia de Marco Antonio; la confusión de Bruto; la ambición de Atia; las malas artes de Servilia; el hedonismo de Cleopatra… Los actores parecen escogidos para cada uno de los papeles que realizan.


Pero la HBO no se va a contentar con explicar la historia de Julio César desde el punto de vista típico de los grandes gobernantes, pues eso ya se hizo en el pasado con la estupenda Yo, Claudio. No. HBO toma prestados de la historia real al centurión Marco Lucio Voreno y al soldado raso Tito Pullo y los involucra en todas las intrigas políticas que están por desencadenarse. Es a través de ellos que seguimos las guerras por el poder, pero también la vida y las ansias del pueblo llano. La evolución de estos dos personajes a lo largo de la serie es perfectamente creíble e impactante, siendo realmente la esencia de la serie.

Es imposible no sentirse cautivados por este par de “bribones” tocados por los dioses. Y es que es difícil meterse en tal cantidad de líos (en TODOS los imaginables) y salir vivo del intento. Voreno es un centurión íntegro, honrado y valeroso, que lleva desde los catorce años en el ejército romano convirtiéndose en el mejor ejemplo posible del cumplimiento del deber. No desea otra cosa que acabar la campaña de las Galias y regresar a Roma, donde le espera su mujer y su familia. Una vez allí, comprobará que ser un soldado en momentos de paz es mucho más difícil de lo que parece, y menos con los tiempos que corren. Busca aprovechar el prestigio ganado en la batalla para convertirse en una persona pública sin por ello perder su integridad, creyendo firmemente en los valores de la República, honor, deber y respetabilidad. Obviamente sólo consigue ser manejado por unos y por otros para recibir traición tras traición.


Su contrapartida es el pendenciero Tito Pullo. De vida azarosa y enrolado a la fuerza en el ejército, hará todo lo necesario para escaquearse y evitar el trabajo duro. Es un hombre sencillo, fuerte, de modos rudos y prácticos, ideales pragmáticos y de formas directas, siempre presto a una pelea, por lo que no podrá evitarse en más líos de los que puede controlar. Rápidamente formará una extraña lealtad con Voreno, pues ambos no son más que unos violentos inadaptados que llevan el matar en la sangre y encuentran difícil el vivir pacíficamente en sociedad. Las grandes cuestiones políticas se la traen al pairo, pero sí sabe a qué es fiel. Sabe quiénes son sus amigos, cuál es su legión y quienes son los pocos a los que aprecia y que, a su manera, le aprecian un poco a él. Mezcla brutalidad e inocencia de una manera sorprendente, con todos sus defectos y crueldades inesperadas es un personaje grande en todos los sentidos.

Después de una fastuosa primera temporada dedicada a Julio César,  recibida con grandes alabanzas y convertida en un éxito para la HBO, una segunda temporada fue rápidamente confirmada, ésta vez dedicada a la figura de Octavio Augusto.

Después de la muerte de Julio César, los disturbios arrastraron al Imperio al borde de la guerra civil. Los tres grandes generales restantes se reparten el poder, la casa Julia se hunde y, mientras tanto, Octavio Augusto se comporta como el animal político que es, medrando en el caos y convirtiéndose cada vez más en una figura imprescindible para la estabilidad del Imperio. Menos sangre y más tensión hacen de esta temporada una experiencia diferente a la anterior, pero no por ello menos aprovechable.

Mientras estaba en antena, se dio luz verde a una tercera temporada, pero casi simultáneamente un incendio destruyó el noventa por ciento de los escenarios de la Cinecittá. La HBO decidió que el coste de reconstruir los escenarios iba a ser excesivo (incluso para sus cánones) por lo que se decidió rodar a toda prisa un final alternativo que cerrara la serie y así dar carpetazo por todo lo alto. Puede dejar con ganas de más, pero vaya si te deja a gusto.

Pero bueno, hoy en día pocos se acuerdan de esta pedazo de serie. Lo tiene todo para estar en el Olimpo de las grandes pero…¿Por qué una serie con tantos buenos elementos para pasar a la posteridad ha quedado relegada a los aficionados de culto? Hay varios motivos:

- Su reducida longitud: al apenas tener dos temporadas, no estuvo suficiente tiempo en antena para trascender. No tuvo ocasión de entrar en la mente de la gente, que la olvidó rápidamente.

- Se emitió justo cuando el boom de las series estaba empezando. Aunque ya había muchos fanáticos de las series, no fue hasta el desembarco de Lost y Héroes que el fenómeno se desmadró. Cuando se empezó a ver series “de verdad” Roma ya no estaba en antena y las joyitas menores de la HBO desaparecieron de las series referentes, quedándose grabadas solamente las espectaculares Los SopranosThe wire.

- Es una serie de una densidad considerable en una época en que el público no estaba acostumbrado a tramas tan retorcidas. Después de disfrutar y sufrir con Juego de Tronos Breaking Bad ya estamos más curtidos y la disfrutaríamos más, pero la avalancha de series nos impide ir a revisitar tiempos pasados.

- Ya se sabe el final de la historia. Se respeta la historia verídica, lo que no hay esa intriga para saber el final que sí encontramos en otras series. Además, el hecho de la serie no tiene ningún indicador temporal sobre el momento en que se está puede provocar algo de confusión y obliga al espectador a estar atento para poder ver cuando se desentraña cada fulcro de la trama.

Ahora en serio, si habéis acabado de ver alguna serie y hay un hueco en vuestra agenda de capítulos, no os olvidéis de uno de los primeros mastodontes de la HBO. Épica, grandilocuencia, intrigas políticas, batallas y una de las mejores parejas de bellacos que te puedes encontrar. Hay series que se disfrutan, series que se viven y series que se devoran. Ésta es una de las últimas. 22 capítulos (solamente) que te sumergen en una de las épocas más carismáticamente convulsas de la historia. No os la perdáis.



Nota: 10 Duración: 2 temporadas (1x12, 1x10 capítulos de 60min - 22horas)


Publicado previamente en Cinéfagos, aquí

domingo, 28 de septiembre de 2014

Érase una vez en América

225 minutos, Sergio Leone dirigiendo, Robert deNiro protagonizando y centrado en la mafia de los años 20? Este monstruo tiene que molar ¿no? Eso sí, preparad el trasero para casi 4 horas de película o divididla en dos o tres partes para verla con algo más de calma (y así sea menos agotadora).

Un maduro David regresa a la Nueva York, la ciudad donde creció. Se reúne con un viejo amigo y se pone a recordar que antaño fueron los reyes de la ciudad, los malditos bastardos que dominaban a todo y a todos. Pero algo falló ¿qué fue? Poseídos por la nostalgia, rememoran sus principios, en los albores del siglo XX. Allí, David y su mejor amigo Max son dos chavales que viven en los suburbios de Nueva York y que se comprometen a colaborar para triunfar y ganar dinero por todos los medios necesarios.  Su pandilla de amigos hace trabajitos para un grupo de extorsionadores. Creyéndose los amos del barrio, llamarán la atención del cacique local que no quiere que nadie trabaje por cuenta propia sin rendirle tajada. Envalentonados por su juventud y sus ansias de grandeza se embarcarán en una guerra que no pueden ganar. Con todo, el tiempo les dará la razón y pronto se convertirán en peces gordos de la mafia, surgiendo tensiones, disputas, envidias… Lo que pondrá a prueba su amistad a lo largo de los años. ¿Y, finalmente, qué provocó su caída? David debe hacer una última visita, una visita que no quiere hacer, por los fantasmas que deberá despertar y los sueños que sabe que deberá enterrar.

La longitud de la película es enorme, exagerada, pero dota de una gravedad brutal a la historia. Hay mucha (pero mucha) tela que cortar, tiempo de sobras para dejar que los personajes calen, la historia tome poso y el conjunto tome una gravedad conmovedora. La poderosa fuerza de la narración viene ayudada por la magistral dirección del genio Leone, componiendo una sucesión de escenas perfectas, con una construcción magnífica. Las tramas se entremezclan, casi componiendo varias películas en una y combinando la ternura y la tristeza más hermosas con los negocios, los bajos fondos y el poder de la amistad.

Sergio Leone se toma su tiempo para que conozcamos las motivaciones de todos los personajes, comprendiendo así como se forja su amistad y se genera esa confianza inquebrantable que sólo tienes con aquellos que más valoras. El método con el que se nos cuenta todo es mediante una sucesión de saltos temporales. Flashbacks que, aparentemente no guardan mucha relación, pero que conforman una historia descorazonadora y vibrante, dispuestos a la perfección para mostrarnos el desgaste de los años, los éxitos y los excesos. Es una auténtica lección de cómo manejar elipsis, fragmentar la estructura narrativa, dejar caer pistas (leves pero importantes) para llenar los vacíos y, en un espectacular ejercicio de artesanía, romper las convencionces establecidas (excesivo metraje, ritmo narrativo lento, tramas inconexas…) creando así una epopeya descorazonadora.
Con el trasfondo de la mafia por medio, Leone reflexiona sobre la vida y nos enseña a disfrutar de los buenos momentos, a apretar los dientes en los malos y, sobretodo, a valorar a la gente que nos acompaña en este viaje, las relaciones que forjamos y los enemigos que nos ganamos. La vida criminal que se nos muestra está llena de traiciones y brutalidad, conduce a una soledad descorazonadora, dónde no podemos esperar felicidad ni redención. Es el precio a pagar por brillar más fuerte que nada ni nadie, creando una luz seductora pero que después de vuelve desvaída y olvidada.


Además, los actores parecen haber nacido para los papeles que les ha tocado: deNiro, James Woods, McGovern, Pesci, Connelly… Tanto desde que son unos críos que le ofrecen su cara descarada al mundo hasta que son unos veteranos encallecidos y desengañados con la vida, Sergio Leone convierte a unos actores en seres reales, llenos de vida, tan capaces de conseguir que nos encariñemos con ellos en una escena como de mostrarse odiosos y desalmados en la siguiente sin que haya el más minimo atisbo de incoherencia.

La propuesta es desmesurada, temeraria. Tuvo que asustar mucho a las productoras, tanto que ésta decidió echar mano y poner en los cines una versión reducida, restando valor y causando confusión entre los espectadores. Este destrozo provocó que pasara desapercibida para la mayoría del público y fuera ninguneado por la mayoría de los certámentes. Los años, las videotecas y las remasterizaciones nos permiten disfrutar de una versión completa de la película y así poder apreciar la valía de esta preciosidad.

Me es imposible destacar un momento concreto de la película. Cada una de las escenas puede ser apreciada como una lección de cine: el interrogatorio inicial, el tiroteo con el sindicalista, el chantaje al policía, el reencuentro tras la cárcel, la visita a la mansión del senador… Incluso las atroces dudas de un niño entre recibir una felación y comerse un pastel de nata se convierten en pura poesía. 
En fin, no se puede resumir una película así en pocas líneas. Simplemente, tomaos vuestro tiempo y vedla. No os vais a arrepentir.

Nota: 9
Nota filmaffinity: 8.3

domingo, 21 de septiembre de 2014

La ladrona de libros (Markus Zusak)

Dentro de la CLO de este mes me han encomendado el Nº23 de la cesta (ya quedan menos), otro best-seller de los últimos tiempos, que incluso ha tenido una adaptación cinematográfica hace poco. Hablamos de La ladrona de libros.

Título: La ladrona de libros
Autor: Markus Zusak
Título original: The book thief

“Érase una vez un pueblo donde las noches eran largas y la muerte contaba su propia historia.
En el pueblo vivía una niña que quería leer, un hombre que tocaba el acordeón y un joven judío que escribía cuentos hermosos para escapar del horror de la guerra.
Al cabo de un tiempo, la niña se convirtió en una ladrona que robaba libros y regalaba palabras. “

Para que un libro te guste (especialmente en caso de un drama) debe conseguir que te intereses por su historia, por sus personajes; debe conseguir que te impliques y te emociones con sus desventuras y sus alegrías. Estos últimos meses he dedicado tiempo a libros que, explicando pequeñas historias han logrado hacerse entrañables y bonitos, otros, envolviendo con lirismo historias más tristes, se hacen hermosos, emotivos… pero es algo que con La ladrona de libros no me ha pasado. Sí, el libro tiene su longitud, está bien escrito y tiene sus toques diferentes que lo podrían hacer especial, pero me ha sonado todo a visto. Aunque el resumen no indique nada sobre ello, nos hallamos ante una típica trama de niño que vive la IIGM y no entiende ni las injusticias contra los judíos ni los abusos del nazismo. Es algo que hemos visto ya en un montón de libros y que, para mí, no ha llegado a tener nada que lo diferencie dentro del “género”.

Su detalle más característico es que el narrador de toda la historia es la propia muerte, lo que tiene su gracia, especialmente cuando te añade notas al pie y aclaraciones curiosas a la historia. Sin embargo, la verdad es que también me encuentro que he visto muertes mucho mejores; y no hablo solamente de Mort sino de otros libros que utilizan el mismo recurso.  Y es que para molar, a esta muerte le faltan dosis de humor negro y mala leche.

Luego la historia… No ha conseguido emocionarme. Peca de previsible, pues se puede adivinar el noventa por ciento de lo que va a ocurrir apenas llega ella a casa de sus padres adoptivos. Punto por punto, se ve el deterioro de la sociedad alemana, la animadversión hacia los judíos, el ascenso del Führer y todos los sucesos que ya son de sobras conocidos.

Liesel, la protagonista,  es una niña de nueve años, que se supone que debería provocar simpatía por su sinceridad y su amor a los libros, se ha convertido en un personaje de lo más cargante. Ni siquiera esa fascinación por la lectura ha conseguido que no me parezca una niña caprichosa y repipi.
A su alrededor, el puñado de personajes que la rodean es mayoritariamente plano, sin apenas nada que los diferencia del tópico: Rosa su madre es estricta por fuera y un pedazo de pan por dentro; Max, un refugiado judío, es tópico convertido en un simple animal asustado; mientras que Rudy, el mejor amigo de Liesel se convierte en el contrapunto masculino que tiene que haber en la historia.
El único personaje secundario que está desarrollado es del padre de Liesel, Hans. Este pintor y acordeonista a ratos libres es el mejor tratado por el escritor, siendo el que más debate y sopesa sus decisiones. Al ser el padre de familia todo lo que hace implica a su familia por lo que no puede oponerse abiertamente a Hitler (por mucho que le duela), se informa de la actividad del Partido (o si no, no trabaja) y hace lo posible para que su hija adoptiva sea feliz en un ambiente tan deprimente como puede ser el pre-bélico.  Es el único que tiene una personalidad propia y se aleja de la planaridad de sus acompañantes.

Otro detalle que no me gusta es que la Muerte te va adelantando detalles de lo que va a ocurrir pero luego eso no pasa. Generar un poco de expectación está bien y no me importa que me prepares para según que cosas, pero si me dices que algo va a pasar… que ocurra, por favor.

Estoy seguro que otros muchos que lean el libro soltarán la lagrimita y disfrutarán de lo lindo, pero a mí me ha dejado bastante frío. Aunque no ha costado leerlo, ha sido anodino, muy visto, sin nada que capte mi interés de manera especial.  Será que llevo muchas historias similares seguidas, que necesito algo más cañero o cualquiera que sea la razón, pero ya van un par que sí, tienen los mecanismos que deberían tocarme la fibra. Están ahí y los veo, pero no surten efecto…

Nota: 3
Nota anobii: 4.5/5

domingo, 14 de septiembre de 2014

Children of Heaven

El DPM del mes nos vuelve a llevar a tierras exóticas, esta vez visitando una de las obras más conocidas del inexplorado cine iraní. Yo la conocía sólo de oídas: nominada al Oscar, lenta como todo lo que viene del oriente medio, pero llena de ternura y realismo.

Alí ha perdido las zapatillas de su hermana. Son pobres y saben que su padre no tiene dinero para comprar unas nuevas. Como no quieren decir que no las tienen, deciden compartir el par que les queda hasta conseguir unas nuevas. Algo que a nosotros nos parece tan simple, igual no lo es tanto para ellos.

Esta pequeña obra es capaz de sorprender por su honestidad y sencillez, contando una historia cotidiana sin caer en el sentimentalismo facilón. La pérdida de las zapatillas trastoca la vida de los pequeños, especialmente cuando deciden ocultarlo y provocan un montón de escenas repletas de complicidad entre hermanos. La tarea del director de mostrarnos y conseguir que nos interesemos por las simples desventuras de dos niños es difícil y lo resuelve con acierto. Maneja bien las elipsis para paliar la falta de medios y compone con acierto pequeñas escenas llenas de ternura y buenismo bien empleado. Por otro lado, el ritmo exageradamente lento con que transcurre una acción tan mundana puede aburrir fácilmente a la que las desventuras de los pequeños no consigan atraerte. La escena jardineril chirría un poco con el resto del film, pero bueno podemos considerar es la manera que tiene el director de mostrarnos el contraste entre la miseria y la opulencia de unos pocos.  Una chinita tirada por ahí porque sí a ver si la gente reacciona, supongo.

En cuanto a los actores, la niña lo hace estupendamente, alejándose de los tópicos esperables y comportándose como una niña normal y real. El problema viene con su hermano, que actúa muy mal y, aunque nos hace entender que “tiene mucha pena y el mundo se le cae encima”, no consigue transmitir nada de angustia. Eso por no hablar de las lloreras que se echa. Joder, me vais a perdonar la barbaridad, pero es que me da hasta grima. No, no me parece que lo haga bien. Y esos momentos en los que le empiezan a caer lágrimas y al instante los que están alrededor caen rendidos... no puedo con ellos.

Con sus limitaciones y defectos, encuentro que el saldo es positivo. Incluso hay alguna escena que me ha gustado especialmente, como la persecución de la zapatilla por los canalones de agua y ese momento de felicidad y complicidad con las pompas de jabón cuando están lavando las bambas. Es un tierno slice of life de una vida muy diferente a la nuestra, rodada sin efectismos ni cosas raras. Es de felicitar cuánto consiguen con tan pocos medios, y a buen seguro harán disfrutar al que disfruta con las pequeñas historias contadas con calma, aunque se haga algo lenta y el protagonista sea un poquito repelente.

Nota: 6
Nota filmaffinity: 7.9


Nominada al Oscar a mejor película de habla no inglesa. Perdió contra la aún más sentimental La vida es bella (que no es precisamente poca cosa). 

martes, 9 de septiembre de 2014

Aviones 2: equipo de rescate

Desde hace unos veranos, Disney viene publicando algunas piezas menores (la saga Campanilla, o la previa Aviones) siguiendo el mismo esquema: película encargada a estudios independientes, presupuesto muy reducido y poca complejidad. Algo fácil para atraer a los más pequeños de la casa y así conseguir que sus sufridos padres los acaben llevando al cine. Aviones: Equipo de rescate sigue el mismo esquema.



Después de lo ocurrido en el primer film, Dusty se ha convertido en una estrella de las carreras. Pero ¡ay! Los años no pasan en balde y los achaques del motor obligan su retirada. Mientras busca una nueva ocupación, las circunstancias provocan que Dusty se una al equipo de extinción de incendios de Piston Peak, dónde tendrá que aprender nuevas habilidades para proteger el parque natural de los estragos del fuego.
La película nos trae más aventuras en el universo de Cars, propiciando la aparición de nuevos escenarios y nuevos personajes (y así sacar su correspondiente merchandising).  De película deportiva de superación personal pasamos a una de aventuras con un mensaje algo macachón de “trabaja en equipo” y “confía en tus compañeros”.

Obviamente, la película no está realizada con ínfulas artísticas. Durante todo el rato acompaña un cierto aroma a producto industrial en el que no hay nada que no se haya visto mil veces en otras propuestas similares. Se sabe qué funciona y qué no y se trata con el esmero suficiente.  Estoy seguro que cada escena viene analizada, estudiada y decidida desde producción para que el producto funcione.  Desde el primer momento, nuestros retoños se encandilarán rápidamente con las acrobacias aéreas que acompañan a esta historia infantil. A partir de ahí, película cortita, para que el peque no se canse, personajes muy marcados,  un humor blanco y amable, una trama elemental sin la más mínima complejidad, escenarios bonitos y coloridos y un ritmo vivo. En sí, una película diseñada con el fin de ser divertida para los más pequeños y llevadera para los adultos.

Gráficamente se aprovecha el motor gráfico que se usó en Cars 2. Es un motor gráfico que se ha mostrado sólido anteriormente (Rompe Ralph o Aviones) y que permite trabajar con “exteriores” muy resultones, detallados y dinámicos mientras mueve a unos personajes bien animados, con el diseño colorido y atractivo marca de la casa. Las dos grandes escenas de incendios están realizadas con pulcritud y acompañadas por una banda sonora con más chicha de la esperada, apagando fuegos a ritmo de Thunderstruck, ¡rock a todo trapo para niños de primaria! (como debe ser).

Se agradece que trate con respeto al espectador, demostrando que se pueden hacer secuelas prefabricadas que diviertan a los pequeños y que los adultos puedan ver sin sentir vergüenza ajena. Si las comparamos con producciones similares como Rio 2 o Lluvia de albóndigas 2, estos alocados aviones     obtienen un resultado digno. En mi caso, mi sobrino pequeño (6 años y ferviente seguidor de Rayo McQueen) disfrutó de lo lindo (y molestó a medio cine con sus risas), mientras que el mayor (9) la despachó con un “psé, nostamal”. Y es que su simplicidad juega a favor con los mini-retoños, que se lo pasarán en grande pero en contra para los un poco más crecidos, que  disfrutarán más (como yo) con propuestas como Cómo entrenar a tu dragón 2 , muy superior en todos los aspectos.

Nota: 3
Nota filmaffinity: 5.1

Publicada previamente en cinéfagos aquí

sábado, 6 de septiembre de 2014

Agárralo como puedas

A pesar de que Leslie Nielsen ya llevaba una sólida carrera, cuando realizó Aterriza como puedas saltó a la fama como comediante. El estrellato le llegó con Agárralo como puedas (estos traductores siempre tan cachondos) bajo el manto de los mismos creadores. No estoy seguro de cuántas veces he visto esta película, pero seguro que muchas y mantengo siempre muy gratos recuerdos de ella.

El teniente Frank Drebin es el policía más patán del cuerpo. Cuando su compañero es extrañamente tiroteado, dedicará todos sus esfuerzos por alcanzar al culpable, destapando así una delirante conspiración que busca asesinar a la Reina de Gran Bretaña.

¡Y vaya si es poderoso el efecto nostalgia! ¡La cantidad de chistes que recordaba y que no estaban! Estoy seguro que estarán en alguna de las otras dos partes de la saga, seguro, ¡jeje!
Los locos del trio ZAZ repiten el esquema que tan bien función en Aterriza… ridiculizando sin miramientos los mecanismos que regían las películas de policías de la época: Hombres rudos llegando a toda velocidad a cualquier parte (y tirando todo lo que haya por medio), que sin saludar arrojan, y casi golpean con preguntas certeras que son claves para resolver el misterio (o no), con intuiciones mayúsculas que dan con el culpable al primer intento (aunque sea sin querer) y, sobretodo, grandes sementales que seducen a las mujeres con una mirada, con aplomo y seguridad (completa). Seguro que el que haya visto la película estará ahora con una sonrisilla en la boca, que os conozco cabroncetes… ;)

Los ZAZ inventaron el género en Aterriza… , pero ahí apenas estaban explorando el terreno, aquí es donde se sientan las bases de lo que es la spoof movie hoy en día. Ahora ya se atreven a ir mucho más allá en los chistes y no dejan títere con cabeza. Con ganas y a lo loco, se lanzan a demostrar que cualquier cosa es motivo de choteo. Así, prueban que para que una comedia funcione lo que necesitas es un humor fresco, una historia reconocible que propicie las incoherencias, un poco de estilo y un personaje principal que aguante el tinglado. La trama es casi lo de menos, es una mera excusa para bombardearnos con momentos imposibles y ridiculeces constantes. Puro descacharre con un Leslie Nielsen que ya ha sido devorado por un personaje inmortal. Pero no deja de ser curioso que Frank Drevin es un policía excelente: gran luchador, buen escalador, ágil, flexible, buena puntería y con intuición para descubrir dónde está el meollo del asunto que tenga entre manos; aunque luego sea tan estúpido que no sabe ni cuál es su coche o te mata un pez con un bolígrafo.

Y es que no hay que comentar más. Agárralo como puedas  puede ser chusca, incoherente y estúpida, pero hace reir a mandíbula batiente y es, con todo el derecho, referencia a seguir al hacer una comedia.

Nota: 7
Nota filmaffinity: 6.1