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jueves, 21 de abril de 2016

El renacido



”Mientras puedas acercarte a una respiración más, lucha, respira… continua respirando. “ Es sobre esta lección de supervivencia que comienza la odisea de Hugh Glass según Iñárritu. No os dejéis distraer o perturbar por el ruido mediático que acompañó a esta película durante los Oscars (3 premios y doce nominaciones). Aguantad la respiración, pues os será preciosa durante esta experiencia inmersiva dentro de las planicies congeladas y las montañas nevadas de Dakota del Sur. Nada os puede preparar para su belleza, a la magnífica fotografía de Emmanuel Lubezki, ya presente en Birdman, y también bajo las órdenes de Malick (El árbol de la vida, El nuevo mundo) o Alfonso Cuarón (Los hijos de los hombres, Gravity). Nada os puede preparar ante el fulgor de su salvajismo, a la animalidad visceral de su violencia. Nada os puede preparar ante el estallido transformador, en el corazón de las tinieblas, de los resquicios de humanidad que subsisten, a pesar de todo lo que soporta, dentro de la mirada de Leonardo DiCaprio. 



Después de empezar a escribir sus propios guiones con Biutiful, Alejandro González Iñárritu despliega sus alas y confirma el giro estético que empezó en Birdman. Pero aquí, el uso de los planos secuencia y de la lente focal está en perfecta coherencia con la historia. No estamos ya en un ejercicio formal (genial), sino que su filmado se vuelve orgánico y respira a través de la historia y sus personajes. Es el resultado de aceptar unas condiciones de rodaje particularmente duras (lo que recuerda a la legendaria Apocalipsis Now), llena de parajes naturales de insólita belleza, rodado según el orden cronológico del film: “todos estaban congelados, el material se rompía. Llevar la cámara de un lado al otro era una pesadilla. Los actores no estaban precisamente en un estudio, haciendo en tonto delante de una pantalla verde.”

Hugh Glass era un montañero, uno de estos tramperos, exploradores americanos que recorrían las montañas de norteamérica en el siglo XIX, motivados por el dinero, cazando castores y vendiendo sus pieles. Jermiah de Sydney Pollack, contaba la historia de uno de estos tramperos. Jeremiah el come-hígados se convierte casi en un personaje infantil al lado de lo que acontece en El Renacido. El film mezcla los dos episodios que han convertido a Glass en célebre, durante la expedición del general Ashley remontando el Missouri. El primero de ellos es el encuentro con los indios Arikaras, que los persiguen con ahínco, y de los que logran escapar hasta llegar a un fuerte. El otro se localiza en 1823, durante un reconocimiento Glass es atacado por un oso. Logra acabar con él, pero es gravemente herido. Dado por muerto por los dos compañeros debían estar a su lado, es capaz de regresar a Fort Kiowa, a más de trescientos kilómetros en una travesía sin armas a través de las llanuras heladas que dura semanas. Nada más llegar, Glass volverá a lanzarse a los caminos para rastrear a aquellos que le abandonaron y saciar su sed de venganza.

 
Casi nada. Después de pasarnos por la cara el Oscar de Birdman,  Iñárritu se saca la chorra y nos hace un látigo cepa. Entre él y DiCaprio (Oscar por fin) se sacan un auténtico portento de pornografía emocional que agota y maravilla a partes iguales. El renacido es una película rodada magistralmente, que no sólo busca la imagen perfecta con la que sueña cada director, sino que tiene pretensiones de mostrarnos todas las que pueda. Su fotografía es bellísima, con una magnitud que empequeñece y vuelve humilde. Además de su paisajismo, escenas como el ataque de los indios o el incidente ocn el oso merecen ser ejemplo y modelo en cualquier escuela de cine. Sin embargo, Iñárritu no hace el más mínimo esfuerzo para que la experiencia sea agradable. Busca apabullar, regodeándose en su talento, en un claro ejercicio de pedantería onanista directoril. El mexicano nos bombardea durante tres horas con sufrimiento y desolación. Su brutal calidad está al alcance de casi nadie. Es una película decididamente bellísima… pero que mal se acaba pasando. Cuando cada escena se alarga en busca de una catarsis con la naturaleza, afrontas una experiencia indudablemente impactante, pero que te obliga a preguntarte si no se podrían rebajar algunas cosas para hacer de El retornado una película “un poquito” más ligera.

Casi nadie podría rodar así de bien esta película, pero su visionado no es un trago agradable. A ver, cómo explicarlo. 
El renacido es una película de aventuras intimista, de acción contemplativa, de catarsis y de mamporros, de introspección épica, de corazón humilde y presupuesto babilónico. Avisados estáis.

Nota: 8
Nota filmaffinity: 7.4

martes, 7 de octubre de 2014

El gran Gatsby

Dentro de las películas recientes no recuerdo muchas que causaran reacciones más polarizadas del espectador. O “es una pasada” o “es la mayor bazofia que te puedes encontrar”, pocos a mi alrededor se alejaron de esto. Mejor o peor, está claro que no es de las películas que deja a uno indiferente.

La película empieza siendo de lo más sugerente. En los extravagantes años 20, los ricachones de Nueva York viven rodeados de opulencia, disfrutando de excesos en fiestas interminables. Entre todas ellas, destaca la que organiza Gatsby, un nuevo rico de misterioso pasado del que nadie sabe nada. Su nombre se susurra en los rincones, ¿De dónde sacó su dinero? ¿Quién es? Gatsby, Gatsby… Sus despilfarros superan cualquier extravagancia, convirtiendo sus orígenes en algo legendario, casi místico…
Siguiendo los ojos de un joven escritor con ínfulas, nos convertimos en testigos de excepción de las delirantes celebraciones y las hipócritas relaciones que en ellas se establecen. Por casualidad, en el momento más inesperado, encontramos al animal mitológico, al Gran Gatsby. El pobre escritorzuelo se convertirá en complice y conocedor del más oscuro de los secretos: ¿Quién es Gatsby?

Lo que es sonar, suena bien… Pero cuando es Baz Luhrmann el que mueve los hilos, la cosa cambia. Este particular realizador australiano se caracteriza por su grandilocuencia innecesaria, su tendencia a la saturación colorista, las lagunas narrativas, su gusto por los anacronismos y una puesta en escena extravagante y teatral. Cualquiera con un mínimo de memoria es capaz de reconocer su estilo a los tres segundos de ver alguna de sus películas (Romeo+Julieta, Australia, Moulin Rouge). Sabiendo de qué pie cojea este autor es fácil imaginar que la película se va a centrar mucho más en mostrarnos las pomposas y artificiosas bacanales de los ricachones del momento que en la carga dramática que contienen las renuncias que hace Gatsby para ascender a la riqueza. Mucha gente tiene sus películas entre sus favoritas. No le vamos a negar su capacidad para fascinar, para mostrarte un espectáculo lleno de luces y colores diferente a casi cualquier otra cosa que puedas encontrar pero que a mí me satura pasados los cinco primeros minutos.

Los excesos se disparan por doquier, pues Luhrmann convierte los años 20 en un paraíso del hip hop, en una suerte de opera pasada de vueltas donde se olvida que tiene a unos personajes y una historia que ha prometido contar. El inicio evocador “Gatsby… Gatsby…” lleva a la nada. Pasados tres minutos, conocer a Gatsby no tiene la más mínima gracia y la reiteración de las juergas en un Pachá de época no ayuda precisamente a coger el interés. A este director siempre le ha gustado contar cosas simples de la manera más rebuscada posible. A veces queda bien (Moulin Rouge), en otras, el resultado es mejorable. El desparrame que realiza en este caso es de época.

Los actores bastante hacen con aparentar estar cómodos rodeados de pantalla verde, intentando actuar en medio del particular estilismo del director. Di Caprio, Maguire, Mulligan… se encuentran con personajes etéreos, desvaídos y veleidosos, con personalidades poco definidas y, en algunos casos, bastante irritantes.

Luhrmann ha encontrado su fórmula para hacer películas, mantiene sus constantes estéticas y abusa de ella todo lo que puede. Su propuesta es personalísima y mucha gente disfruta con ella, pero también provoca repulsión a otra buena parte de la audiencia. Si luego no hay una historia detrás que sustente la parafernalia, puede llegar a exasperar. Y si pasas de las dos horas más aún. Es recargada, estúpida, exagerada y aburrida. Puede ser bonita para algunos, pero para mí, sobrepasa el horterismo en muchos niveles. Y es tan romántica como el eructo de una anchoa.

Nota: 1
Nota filmaffinity: 6.2

jueves, 13 de marzo de 2014

El lobo de Wall Street


Como parece hacer cada diez años, Scorsese vuelve a explicarnos la vida al límite de un personaje de mala catadura moral. Después de mostrarnos los bajos fondos de la Mafia (Uno de los nuestros), los altos cargos (Casino), ahora le pega un repaso a otro tipo de delincuentes, a los de cuello blanco y fajos de billetes que viven aprovechándose del sistema en Wall Street. Una auténtica oda al exceso y a la grandilocuencia (que tanto le gusta a Scorsese).

Después de un inicio abrumador y exaltado, el film da un salto hacia atrás para contarnos los inicios de Jordan Belford en el mundo de la Bolsa. Desde ser un simple joven ambicioso que no sabe dónde se está metiendo hasta encontrar el hueco en el engranaje con el que dar el pelotazo. A partir de allí, el exceso que conlleva estar continuamente en la cresta de la ola hasta que, inevitablemente, todo se descontrola.

Excéntricos que llevan la trama a sus mismos límites, hasta apurar tanto el partido que acaban por chocar con la realidad y destruirse: ese es el cine de Scorsese que puedo recordar. El formato puede ser cómico o trágico, el metraje largo o larguísimo, las ambiciones diversas, pero el motor de su acción es el mismo: la desmesura, el delirio como límite.
¿Qué puede decirse de Jake la Motta, cuya sed de gloria no puede ser saciada con nada? ¿Qué de Bill el carnicero, de su Howard Hugues, de los personajes y en general el ambiente soberbio y recargado de Casino o de Uno de los nuestros?

ACTORES: DiCaprio, como siempre, se enfrenta con éxito a un papel peligroso y difícil. Consigue hacer un personaje coherente de este niño mimado y egocéntrico. El éxito desmesurado convierte al personaje en un monstruo arrollador armado con el rodillo del dinero saltando de orgías a fiestas, de yates a rubias y de caprichos a drogas. Además, DiCaprio se permite romper muchas veces la cuarta dimensión con multitud de discursos que no se sabe si van destinados a nosotros o a “sus empleados”. Es el puto amo y el más pasado de vueltas del corral, teniendo todo aquello que el dinero puede comprar y rompiendo todos los límites que la vida parece tener. A su lado, un buen elenco de secundarios le acompaña en la historia, entre los que destaca un desatado Jonah Hill que hace lo imposible y consigue convertir a su repulsivo y degradado personaje en algo creíble. Todo lo desagradable y asqueroso que uno pudiera imaginar, pero sorprendentemente posible. Scorsese siempre ha sabido sacar petróleo de su reparto. Aquí no se queda atrás.

DIRECTOR: Scorsese abusa de su innato talento para la grandilocuencia y nos desborda con una burricidad de sexo, drogas y dinero, cantidades pantagruélicas y desmedidas de dinero. Desde un primer momento, Scorsese nos abruma y nos arrastra por un vendaval a través de una bacanal de farlopa, putas de lujo y degenerados sin freno.
Es agotadora, pero lunática y delirante. Cualquier cosa es posible y la propia capacidad de asombro se ve sobrepasada como sólo los mejores saben hacer. 3 horas de un ritmo frenético que provocan carcajadas, fascinación y asco. No creo que haya muchos directores capaces de rodar tan bien escenas como la del Lamborghini. Es simplemente brutal. El elefantiásico metraje da para encontrar un buen puñado de momentos grandes, muy grandes (El Ferrari es blanco, no rojo; Popeye, Where are the ludes!?...)
Lo mejor de todo es que la película busca con acierto el punto cómico, desbordando un humor negrísimo y mostrándonos una espiral de destrucción como seguro nunca hemos visto. Un exceso que se transforma en una burrada de tres horas que fácilmente se torna repetitiva y machacona, con tanta capacidad de abrumar como de asquear. Treinta o cuarenta minutos menos hubieran servido igual y no habrían dejado tan rematadamente exhausto como te deja esta película.

GUIÓN: Aquí sí. El guión es una pasada. No sólo los personajes están muy bien construidos sino que cada diálogo es digno de mención. Cada palabra arroja cinismo, humor negro y mala leche. A veces absurda, a veces cabrona (mucho), a veces dramática, la guionizada biografía de Jordan Belfort se mueve entre el falso documental, el gag descacharrante y la película porno.
Se le puede achacar (sin duda) que la película no haga un juicio de valor, pero es la escena final, la que nos revienta en la cara. Esa escena en el auditorio con toda la gente que está asistiendo a las charlas motivacionales de Beltford. En ese momento DiCaprio (junto con el auténtico Beltford) nos mira y nos pregunta: ¿Y ustedes, no han disfrutado de la visión? ¿Acaso no quisieron estar en esos barcos, meterse esas orgías, jugar con los enanos…? El repleto auditorio es una prueba de que “todos” quieren fantasear con lo que los protagonistas han vivido. Cabrón.

LO QUE ME FASTIDIA:

- Que al final de los 8 euros de entrada que he pagado, parte de esos ingresos así como de todas las personas que han visto la película, vayan a parar a los bolsillos de una persona tan despreciable como Belford; él siempre gana, siempre.

La película es una burricidad, un ataque a los sentidos. Una oda al exceso y a la decadencia rodada de una manera espectacular que seguro no deja indiferente a nadie. Bienvenido al mundo de los excesos. Siéntete asqueado o asombrado, eso ya depende de ti (pero 40 minutos menos se hubieran agradecido).

Nota: 8
Nota filmaffinity: 7.8

La película se ha llevado cinco nominaciones a los Oscar (mejor película, actor principal –DiCaprio, actor secundario – Hill), director y guión. Se quedó a las puertas, pero podría perfectamente haberse llevado todo lo gordo. No es nada fácil lo que hace, nada fácil.

martes, 23 de agosto de 2011

Shutter Island


Un imponente manicomio se alza en una isla de la bahía de Boston. A ella se acercan los agentes judiciales Teddy Daniels y Chuck Ale, pues una peligrosa asesina recluida ha desaparecido. Allí el Dr. Crawler les guiará por el centro, donde descubrirán que las cosas no siempre son lo que parecen y una verdad perturbadora se esconde tras esos muros donde la realidad y el delirio se confunden.


Curiosamente, el planteamiento de la película es muy familiar. Ya se ha visto en miles de películas, la mayoría muy malas, pertenecientes a cineastas debutantes (las decepcionantes Hypnos y Somne son las primeras que me vienen a la mente). Mientras la estás viendo y empiezas a ver el juego de realidades, es fácil darse cuenta de que has visto cosas muy similares, por no decir iguales. Sin embargo, a pesar de que  “pasa lo mismo” que en otras películas, la sensación de inquietud e incomodidad está mucho pero mucho mejor conseguida. Me resulta sorprendente que, siendo tan parecida a las otras películas previamente nombradas, ésta tiene algo diferente que la hace ser efectiva. Será que los actores son mejores, el guión está más trabajado o que el director sabe poner las cosas de manera que te perturbe más de lo normal.

ACTORES: Como ya comenté en Red de mentiras, DiCaprio busca alejarse de la imagen de galán tanto como puede. Éste es otro ejemplo de ello. Su papel es de un inspector judicial que empieza a tener problemas para distinguir lo que es real de sus delirios. Se le exige mucho trabajo de interpretación para ser capaz de transmitir la confusión de su personaje y sale medianamente bien parado, una buena actuación. Frente a él está Ben Kingsley, en el papel del siniestro Dr. Crawler, que en una soberbia actuación consigue ser muy inquietante y perturbador. Dos actuaciones bien conseguidas para unos papeles que exigen.

DIRECTOR: Cuando la vi, desconocía quién era el director. La sensación era, digamos, de “Esto funciona”: cada encuadre, cada escena, cada juego de luces… está bien hecho y consigue el efecto de inquietar e hipnotizar. Mucho dinero gastado en escenarios y exteriores que ayudan a dar un ambiente incómodo, claustrofóbico y realista a la película. El mayor pero es la música, que peca de machacona y provoca más irritación que miedo. Salvando este fallo, Scorsese –ahí tenemos la explicación de la buena dirección- pergueña una pequeña pero inquietante película de ritmo lento y enfermizo, diálogos llenos de secretos y un aire de película de serie B hecha con mucho dinero muy curiosa.

GUIÓN: Estas películas suelen fallar porque sus actores son más bien malos –cosa que aquí no ocurre-, el director es un novatillo que no aprovecha lo que tiene –Scorsese es todo un maestro- o el guión tiene unos agujeros enormes que destrozan el final. Éste último factor es el más difícil de corregir, especialmente cuando estás jugando con lo que es real y lo que no. Normalmente se provocan abundantes incoherencias y explicaciones no válidas. Como no podría ser de otra manera, en este caso el trabajo está bien hecho. El guión es redondo, todas las escenas tienen su significado y, sorprendentemente, el final está bien conseguido y guarda cierta lógica con el resto de la película. Como se puede esperar, el guión pega un par de giros muy majos que descolocan un poco pero sin trampas ni escenas “falsas”, cosa muy a valorar en un thriller de este estilo. No obstante, el ritmo de la película es considerablemente lento. Todo sucede con una parsimonia y una solemnidad desquiciante, pero ya está ahí Scorsese para sacarle jugo y meterte una escena perturbadora que te distrae lo suficiente.

Mi sensación es que es una película igual a muchas bazofias de debutantes de serie B que a diferencia de éstas, funciona. A pesar de su similar planteamiento argumental, es evidente que hay muchos más medios para llevarla a cabo: buenos actores que hacen su trabajo, un maestro en la dirección y un guión sólido para llevar a cabo un thriller tan efectivo como éste. Un descenso a la locura agradablemente sorprendente.

Nota: 8
Nota filmaffinity: 7.4

SPOILER: La frase final de Daniels con la que acaba la película es realmente desgarradora. Se puede entender que el tratamiento de Crawler es un éxito y ha recuperado la cordura y podría salir del manicomio. Sin embargo, se debate en un duro dilema: salir fuera con la carga de saber que eres un monstruo que ha matado a tu mujer, o sumergirse otra vez en su locura en la que eres un buen hombre que intenta hacer su trabajo. ¿Qué hacer? En la película, el personaje de diCaprio elige la locura, elige la creación de una realidad paralela en la que él es el héroe para así poder soportar sus pesadillas. Un final demoledor para una película perturbadora y enfermiza.

martes, 26 de julio de 2011

Red de mentiras

Ridley Scott se aventura con el problema del terrorismo islámico a traves de los entresijos de la CIA en Oriente Medio. Con el agente especial Ferris en el campo, la CIA prepara trampas, busca contactos e impide atentados. Ningún civil es importante en esta guerra contra el terror. Sin embargo, la pérdida de mejor amigo y confidente de Farris, unido a la indiferencia de su superior en Washington, le llevará a reconsiderar sus ideas sobre lo innecesariamente despiadada que es esa guerra con el pueblo. Mientras tanto, deberá tramar una última red de mentiras sobre mentiras que permita atrapar al terrorista mas peligroso de Oriente Medio y así poder retirarse.


Como todas las películas de Scott, que le pueden salir mejores o peores, nunca puedes decir que están mal hechas. Una ligera crítica (sin poner mucho mordiente) al mostrar lo que es capaz la CIA (es decir EEUU) por ganar su “guerra”. Un buen ejemplo del cine de espías –que no de acción- por un director de calidad. Lo que quizás acongoja de esta película es sobretodo su realismo. Aunque sabes que estás viendo una película, se consigue dar un aire de verosimilitud que sorprende (e incluso, aterra). El tramo final de la película se vuelve algo más fantasioso, pero su inicio desprende un aura de veracidad muy bien conseguida. La sensación de que la vida de un civil, un agente o un terrorista no vale nada en esta guerra absurda es abrumadora.

Eso sí, no espereis un Rambo o un James Bond, la película no es de acción ni lo intenta. Es mas bien un retrato despojado de épica o glamour sobre el trabajo de espía y la relación con los que tienen a su alrededor, especialmente con aquellos que no saben nada, el pueblo llano, recordando en mucho a “El espía que surgió del frío” en versión desértica.

ACTORES: El protagonista absoluto del film es DiCaprio. De un tiempo a esta parte se está dedicando a hacer una serie de films de gran presupuesto pero con cierta leve denuncia social. Éste es otro de ellos, en el que nos deja una buena actuación con un personaje bien construido. Crowe, en un papel muy alejado de su habitual tío duro, no resulta creíble en ningún momento. Aunque su personaje es perfectamente posible, no parece esforzarse gran cosa en hacerlo verosímil. En cuanto a los secundarios, Mark Strong hace un sorprendente buen papel como capo mafioso –o lo que sea- jordano, mientras que la obligada pareja femenina de diCaprio no hace gran cosa en un papel que no daba para más.

DIRECTOR: Ridley siempre ha sido el más grandilocuente y arriesgado de los dos hermanos. El que ha intentado hacer cosas más raras y el que se ha estrellado más veces. Aquí nos deleita con una buena película. Como en todas sus películas, la parte técnica está cuidadísima. La fotografía y la recreación del desierto son espectaculares. El uso de la cámara es magnífico, genial, consiguiendo un montaje frenético y vibrante en todas las escenas del desierto. Las escenas situadas en EEUU, en cambio, son un contrapunto lento, frío y pausado. A veces quizás en exceso, rompiendo demasiado el ritmo de la película. Lo que más se le puede achacar es que, siendo una crítica al modus operandi yanqui, Scott no le haya metido un poco más de mordiente. Aunque bueno, conociendo al autor de obras tan patriotas como “La teniente O’neal” o “Black Hawk, derribado” no esperaría mucha acidez. Esto no quita que sea un trabajo magnífico -como siempre- de un director tan sólido y eficaz como es Ridley Scott. 

GUIÓN: Con 4 personajes sólidos, una historia que contar y un puñado de actores decentes, a la que el guión sea sólido saldrá una película maja. A pesar de los parones en el ritmo que suponen las escenas en Washington, el desarrollo de la trama es correcto y lógico. Fantasean un poco con según que aspectos tecnológicos, lo cual desluce un poco toda la segunda parte de la película. No obstante, de acuerdo con la lógica planteada en la película, se cuida de que no haya ninguna escena sobrante ni ningún diálogo sin justificar debidamente. Sin hacer unos aspavientos espectaculares, es un guión bien hecho y trabajado.
Lo que está más logrado es la implicación de diCaprio –bueno, su personaje- en la vida de los civiles iraníes. Una vez despierta y se da cuenta de las barbaridades que se ordenan desde un sofá, a miles de kilómetros de allí, intenta seguir haciendo su trabajo, pero manteniendo siempre un ojo en las personas inocentes, que bastante tienen con levantarse cada día para ir a trabajar y traer comida a sus familias. Son principalmente los indeseables –de uno y otro bando- que dan órdenes interesadas y contraproducentes desde sus confortables despachos, centrados en la burocracia y que cuadren las cosas, alejados de la realidad y de lo que la gente de la calle necesita, aquellos que convierten las disputas en luchas enconadas, donde sufren todos, especialmente los que menos tienen.

En resumen, es una buena película de espías, que bebe bastante de los clásicos del género adaptándolos a las nuevas realidades de nuestro tiempo. Desprende un aroma de realidad descorazonador en su parte inicial, volviéndose algo más inverosímil en su desenlace. Una película que, sin ser una obra maestra, está muy por encima de la media y entretendrá sin duda al espectador.

Nota: 7
Nota filmaffinity: 6.6

miércoles, 9 de febrero de 2011

Origen (Inception)

Al final, para consuelo de unos y otros, he visto Inception (Origen). Sorprendido me hallo cuando veo que tiene una notaza espectacular en muchos sitios, cuando, si bien no es mala, no me parece tan apabullantemente esplendorosa.


La historia parte de Dom Cobb, que es el mejor en el difícil arte de entrar en los sueños de los demás y entonces aprovechar para robar las ideas y los secretos que posee esa persona en su interior. Debido a un golpe que sale mal, Cobb se ve obligado a intentar el más difícil todavía, en vez de robar una idea, debe crearla, introducirla dentro de la cabeza de otro, para ello, debe introducirse en lo mas hondo del subconsciente y sortear todos los peligros que se encuentre, incluyendo sus propias pesadillas y sus propios traumas.

La película busca, entre otras muchas cosas, el jugar con la realidad//ficción (sueño), ahondando en la idea de su propio parecido y lo difícil que es distinguir una de otra. El argumento es interesante y suficiente para atraparte durante las 2h30 que dura.

ACTORES: Esta es probablemente la parte mas floja de la película, diCraprio está simplemente correcto en su papel, logra dar la carga dramática que se le exige; no obstante el resto del elenco presenta unas actuaciones más bien planas y anódinas, que se limitan casi a acompañar a Leo porque solo no quedaría bien. Únicamente Watanabe consigue darle algo de enjundia a su papel, que se le queda algo corto para lo que es capaz. Del resto, poquita cosa.

GUIÓN: Aquí Nolan se lo ha currado. Mucho. Hay un trabajo enorme en crear el universo de los sueños, sus normas y la manera de moverse con ellos. Juega a la cabriola imposible de complicar las cosas (como le gusta a este hombre meterse en berenjenales narrativos, y que bien los solventa) variando la realidad y buscando lógicas de capas y niveles. Confundiendo realidad y ficción, consigue resultar en todo momento coherente con la historia que está desarrollando; en ningún momento se pierde la lógica que ha descrito y, si bien, hay algunos momentos en que no queda claro que pasa, a posteriori, las cosas cuadran. Bravo.
Otra cosa a añadir, yo la he visto en inglés. Por lo que me he enterado, en la versión castellana, hay un ligero error de traducción cuando Cobb le cuenta las reglas a la arquitecto que hace que quede algo más confuso.

DIRECCIÓN: Nolan sabe manejar el apartado visual de sus películas y ésta no se queda atrás. Sabe que tiene un buen presupuesto a gastar, y se queda a gusto. El trabajo de imaginería y creación del mundo irrealmente real del sueño es enorme y lo solventa muy bien. A destacar la escena de la pelea en el pasillo, con gravedad cambiante; es magnífica la “coherencia física” y el trabajo de coreografía que hay en esos dos minutos de película. No obstante, hay un par de cosas que me chirrían bastante. La tercera capa (la fortaleza en la nieve) es muy bonita y la entrada en escena es grandiosa (el detalle del francotirador está logrado), pero en el resto, tienes unos 20 minutos de acción confusa que no llega a ningún lado. Ni es espectacular (comparado con lo que hemos visto 20 minutos antes, por ejemplo), ni aporta nada a la película. Además, el transformar al personaje del falsificador en un Rambo de un fotograma a otro queda, cuanto menos, inadecuado.

¿La película es mala? Para nada, está muy bien hecha. En cuanto a técnica y saber hacer, lo mejor que he visto en el cine este año. Una trama muy bien creada, un trabajo visual magnífico, y una dirección perfectamente llevada en sus primeras dos horas. No obstante, en la última parte, flojea al añadir unos veinte minutos de acción sin sentido que ni aporta nada a la película ni está bien realizada. Además, la película acaba con un final excesivamente alargado que, indudablemente, juega a confundir (esto se puede prever perfectamente).

Nota: 8 (un muy buen thriller, con un trabajo de creación muy bueno, pero no una obra maestra => Memento o el Caballero Oscuro están mucho mejor para este autor. Eso si, a muchos directories ya les vendrían bien hacer obras no-maestras como esta).

Nota filmaffinity: 8.2 (es nueva y la novedad siempre impacta mucho más. Supongo que acabará bajando).