Mostrando entradas con la etiqueta Iñárritu. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Iñárritu. Mostrar todas las entradas

lunes, 5 de diciembre de 2016

Biutiful



En los afanes completistas que me dan a veces, decidí recuperar la última de las películas que me faltan de Iñárritu. Hasta que saque su próxima propuesta, se puede decir que estoy al día con todas las películas del personalísimo director mexicano.

Unax no tiene (ni ha tenido jamás) una vida fácil. Malvive de trapicheos, de intermedario entre las mafias chinas, los vendedores subsaharianos y los ejemplares más corruptos de la policía. Tiene que sacar adelante a dos pequeños mientras su exmujer, drogadicta y medio loca, oscila entre su casa y la de su hermano. Para rematar la faena, se le diagnostica un cáncer incurable que acabará con su vida en pocos meses, por lo que redoblará sus esfuerzos para dejar todo el dinero posible para sus hijos.  

Debo reconocer que me he pegado unas siestas de las que hacen época con esta película. Han sido necesarios un par de intentos para acabar con ella. Iñárritu se regodea en mostrarte el dolor en el que vive su personaje principal y no se esfuerza en proveer al espectador de vías de escape con las que mantener su interés. Básicamente, aburre. 

En su momento, esta película fue tildada de pornografía emocional. Después de su visionado, estoy completamente de acuerdo cn el término. ¿Qué objeto tiene la película sino la de impactarnos continuamente con las desgracias de sus personajes? El film no guarda una trama a seguir ni un simple desarrollo. Sólo contiene seres que sufren, sufren y vuelven a sufrir. Encima, Iñárritu no se esfuerza en provocarnos algún tipo de empatía con los protagonistas. Oye, que sí, que Bardem tiene cáncer y eso es muy malo. Pero las desventuras de un mafiosete de tres al cuarto y otros marginados de la sociedad no tienen porqué importarnos. Somos arrojados a una tragedia cancerígena que nos resbala en la que embute continuos golpes al riñon para que soltemos la lagrimita. 

Además, los problemas del día a día se confunden con escenas propias del realismo mágico, con excursiones al más allá, dramas homosexuales no correspondidos, esclavitud y libertad, tetas-cara y sustancias estupefacientes en un batiburrillo que no parece tener sentido. Las escenas se alargan innecesariamente, convirtiendo la película en interminable.


Sin embargo, si por algo merece la pena ver la película es por Bardem. Vaya monstruo. Carga (o parece) con todos los males del mundo a sus espaldas en una actuación portentosa, de las mejores de su carrera. Dónde no hay un personaje coherente, se saca de la manga una expresión que nos impregna de muerte, de tristeza, muriendo un poquito con él a cada segundo que pasa. Es una auténtica animalada. Puede caerte como el culo, pero nadie puede negar que este hombre es un pedazo de actor. 

De la misma manera, la dirección de Iñárritu es también meritoria. La construcción de cada escena, individualmente es una auténtica clase de como construir un escenario, creando una fealdad desagradable que se te clava. Se nota que se trata de una nueva sacada de chorra del director. Un continuo alarde de calidad, con la intención de impresionar a los académicos y que le llueven premios y premios. Sin embargo, esta vez se ha olvidado de tener algo que contar, de proporcionar algún incentivo al espectador para que siga unos minutos más prestando atención. La película se convierte  en un tremendo aburrimiento. Además, la sucesión de desgracias sin sentido no ayuda a pasarla con menos dificultad. Que sí, que se nota qué director hay detrás, pero vaya pesadez de peli.

Aunque nunca se lelga a decir, la película transcurre en Barcelona y está rodada en los diversos barrios de la misma. Como me la conozco bastante bien y me estaba aburriendo bastante, acabé entreteniéndome jugando a reconocer en qué calle de Barcelona estaban en cada momento y cuántos kilómetros caminaban con cada cambio de cámara (a veces un buen puñado). 

Me ha hecho gracia comprobar que el castellano se mezcla con el catalán en buena cantidad de momentos, propios del bilingüismo de la ciudad. Como nota curiosa, un amigo de Texas que había visto la película desconocía la existencia del catalán. Por ello, estaba convencido de que se trataba de una ciudad onírica de México, en el que el castellano se mezclaba con una lengua ancestral (un Quechua, por ejemplo). No veáis la cara del pobre cuando le saqué del error ^^.

Biutiful no deja de ser una sacada de chorra más del director. Apela e nuestros instintos más bajos para que saciemos nuestras ansias de morbo, regodéandonos en las miserias de un hombre miserable. Me ha encantado su fotografía y sus espectaculares actuaciones, pero la falta de un guión con un mínimo de sentido impide aprovechar una historia que daba mucho más de sí. Tanto efectismo y tanta desgracia acaba haciéndose desagradable. Probablemente la película que menos me ha gustado de este director, que sólo recomendaría a aquellos con afán completista.
Nota: 3
Nota filmaffinity: 6.5

La espectacular actuación de Bardem y su cuidadosa factura técnica fue destacada con sendas nominaciones a los Oscars (mejor actor y mejor película de habla no inglesa).

jueves, 21 de abril de 2016

El renacido



”Mientras puedas acercarte a una respiración más, lucha, respira… continua respirando. “ Es sobre esta lección de supervivencia que comienza la odisea de Hugh Glass según Iñárritu. No os dejéis distraer o perturbar por el ruido mediático que acompañó a esta película durante los Oscars (3 premios y doce nominaciones). Aguantad la respiración, pues os será preciosa durante esta experiencia inmersiva dentro de las planicies congeladas y las montañas nevadas de Dakota del Sur. Nada os puede preparar para su belleza, a la magnífica fotografía de Emmanuel Lubezki, ya presente en Birdman, y también bajo las órdenes de Malick (El árbol de la vida, El nuevo mundo) o Alfonso Cuarón (Los hijos de los hombres, Gravity). Nada os puede preparar ante el fulgor de su salvajismo, a la animalidad visceral de su violencia. Nada os puede preparar ante el estallido transformador, en el corazón de las tinieblas, de los resquicios de humanidad que subsisten, a pesar de todo lo que soporta, dentro de la mirada de Leonardo DiCaprio. 



Después de empezar a escribir sus propios guiones con Biutiful, Alejandro González Iñárritu despliega sus alas y confirma el giro estético que empezó en Birdman. Pero aquí, el uso de los planos secuencia y de la lente focal está en perfecta coherencia con la historia. No estamos ya en un ejercicio formal (genial), sino que su filmado se vuelve orgánico y respira a través de la historia y sus personajes. Es el resultado de aceptar unas condiciones de rodaje particularmente duras (lo que recuerda a la legendaria Apocalipsis Now), llena de parajes naturales de insólita belleza, rodado según el orden cronológico del film: “todos estaban congelados, el material se rompía. Llevar la cámara de un lado al otro era una pesadilla. Los actores no estaban precisamente en un estudio, haciendo en tonto delante de una pantalla verde.”

Hugh Glass era un montañero, uno de estos tramperos, exploradores americanos que recorrían las montañas de norteamérica en el siglo XIX, motivados por el dinero, cazando castores y vendiendo sus pieles. Jermiah de Sydney Pollack, contaba la historia de uno de estos tramperos. Jeremiah el come-hígados se convierte casi en un personaje infantil al lado de lo que acontece en El Renacido. El film mezcla los dos episodios que han convertido a Glass en célebre, durante la expedición del general Ashley remontando el Missouri. El primero de ellos es el encuentro con los indios Arikaras, que los persiguen con ahínco, y de los que logran escapar hasta llegar a un fuerte. El otro se localiza en 1823, durante un reconocimiento Glass es atacado por un oso. Logra acabar con él, pero es gravemente herido. Dado por muerto por los dos compañeros debían estar a su lado, es capaz de regresar a Fort Kiowa, a más de trescientos kilómetros en una travesía sin armas a través de las llanuras heladas que dura semanas. Nada más llegar, Glass volverá a lanzarse a los caminos para rastrear a aquellos que le abandonaron y saciar su sed de venganza.

 
Casi nada. Después de pasarnos por la cara el Oscar de Birdman,  Iñárritu se saca la chorra y nos hace un látigo cepa. Entre él y DiCaprio (Oscar por fin) se sacan un auténtico portento de pornografía emocional que agota y maravilla a partes iguales. El renacido es una película rodada magistralmente, que no sólo busca la imagen perfecta con la que sueña cada director, sino que tiene pretensiones de mostrarnos todas las que pueda. Su fotografía es bellísima, con una magnitud que empequeñece y vuelve humilde. Además de su paisajismo, escenas como el ataque de los indios o el incidente ocn el oso merecen ser ejemplo y modelo en cualquier escuela de cine. Sin embargo, Iñárritu no hace el más mínimo esfuerzo para que la experiencia sea agradable. Busca apabullar, regodeándose en su talento, en un claro ejercicio de pedantería onanista directoril. El mexicano nos bombardea durante tres horas con sufrimiento y desolación. Su brutal calidad está al alcance de casi nadie. Es una película decididamente bellísima… pero que mal se acaba pasando. Cuando cada escena se alarga en busca de una catarsis con la naturaleza, afrontas una experiencia indudablemente impactante, pero que te obliga a preguntarte si no se podrían rebajar algunas cosas para hacer de El retornado una película “un poquito” más ligera.

Casi nadie podría rodar así de bien esta película, pero su visionado no es un trago agradable. A ver, cómo explicarlo. 
El renacido es una película de aventuras intimista, de acción contemplativa, de catarsis y de mamporros, de introspección épica, de corazón humilde y presupuesto babilónico. Avisados estáis.

Nota: 8
Nota filmaffinity: 7.4

jueves, 30 de abril de 2015

Birdman

Después de ganar los Oscar, Birdman desembarcaba en Francia (uno de los últimos países en hacerlo) y así yo podía ver de una vez esta película. Con tanto bombo y tanta pompa, ya tenía muchas ganas de hincarle el diente al pájaro del año.

Han sido cuatro años de silencio tras la particular Biutiful pero Alejandro González Iñárritu ha vuelto a situarse en la cime de la virtuosidad y la energía con esta alocada película que transcurre entre los bastidores de un teatro de Breadway donde un actor Hollywoodiense venido a menos intenta un regreso delirante. Diálogos al límite, ritmo vertiginoso y una puesta en escena excepcional. Birdman despliega las alas y te sumerge en un torbellino.

Primera escena: Riggan (Un Michael Keaton en uno de sus mejores papeles) de espaldas, meditando. Su serenidad es tal que parece estar levitando… En contraste con su camerino, desordenado, casi destruido, símbolo de nervios y agitación: Ahí está el truco. Riggan, estrella del cine en el pasado, busca un revival redentor adaptando los textos de Raymond Carver, reservándose un papel principal en el espectáculo que también dirige.

Riggan sabe que es su última oportunidad y vuelca en ello todas sus esperanzas, su dinero y casi su vida. Por el momento, se ha quedado encasillado por su gloria pasada, ya casi olvidada, de los tiempos en que era un súper-héroe adulado, Birdman. Cuando le reconocen por la calle (cada vez menos), es de Birdman de quién hablan. Cuando un periodista le pide una entrevista, es para saber por qué rechazó, hace veinte años, su papel en Birdman4. Birdman, aún Birdman, siempre Birdman. Hay que reconocer que el mismo tampoco se libra de identificarse excesivamente con este papel que vampiriza su alma: está convencido (en verdad o no) de poseer un par de superpoderes como lanzar mediante su voluntad un proyector a la cabeza de uno de sus colegas, una jugada traidora que amenaza de echar por tierra su ya precario espectáculo.

Por culpa de este desgraciado “accidente” es necesario encontrar un sustituto, cueste lo que cueste. La salud mental de Brandon, productor y contrapartida pragmática del incontrolable Riggan, se verá aún más amenazada cuando Mike (Norton) entra en escena. Un actor de método, brillante (demasiado), que conoce a Carver en profundidad y que está dispuesto a todo para que su actuación sea lo más real posible.

La personalidad del film queda marcada desde el primer momento. Es de los que te atrapa y no te deja ir. La secuencia zen inicial es sólo un aperitivo. A partir de ahí no hay descansos, no hay tiempos muertos. El avance es continuo y rápido, bifurcaciones, rizos, agitaciones, meneos y actores que transmiten continuamente sus emociones en el escenario, en los bastidores (teatro en el teatro) en un flujo continuo rodado como si fuera un único y demencial plano secuencia, hasta que todo implosiona en un final apoteósico.

Diabólicamente inteligente y decididamente eficaz, es a la vez un divertimento de altos vuelos y un estudio sin indulgencias –incluso cruel- de los especímenes que pueblan los espectáculos, que debaten como pueden con sus pasiones, sus deseos y su necesidad de ser admirados. Especímenes particulares sin duda, pero muy representativos de la humanidad. Iñárritu no deja títere con cabeza. Hay toques de atención hacia la vacuidad de los críticos (que tienen la crítica hecha antes de ver el espectáculo), hacia los que hacen películas para trascender (¡queredme!), hacia los que participan en el cine de explosiones sin sentido (que gastan dinero en tonterías), hacia el espectador que busca el entretenimiento fácil (al cine se va a emocionarte), hacia los que ven propuestas extrañas por el puro placer de la sofisticación (fuera los elitismos), hacia las estrellas de youtube y sus quince minutos de fama (que no han hecho nada para merecerlos), hacia los que alimentan a estos estrellados (que no tienen criterio), hacia los actores divos (que no dejan de ser humanos), hacia la vacuidad de una vida resuelta sin propósito ni aliciente y ante los idiotas que no tienen miedo de innovar (aunque no sepan que lo están haciendo).

El fregado en que se mete es monumental, pero el complicadísimo guión compensa todo para que sea “fácil” de seguir. Por medio un tour de force actoral de primera línea, una puesta en escena gratuitamente complicada y personal, un ritmo brutal y fatigante, una mezcla entre fantasía/realidad y actuación/vida entre asombrosa y delirante y un final redondísimo que te deja el culo torcido (que ya comentamos AQUÍ)

Altamente satisfactoria. De eso no hay duda

Nota: 9
Nota filmaffinity: 7.3