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martes, 22 de noviembre de 2016

Soylent Green



En el año 2026, la humanidad sufre los efectos de una inmensa sobrepoblación. La gente se hacina en las ciudades, pues la contaminación y las guerras han convertido el mundo en un erial. La economía ha colapsado y no hay apenas trabajo, por ello, los pobres deambulan de un lugar a otro en busca de comida, que también escasea. La última esperanza de la humanidad reside en el Soylent Green, un alimento consistente en plancton prensado, que constituye el último recurso abundante en el planeta. Cuando Thorn, el último policía íntegro de Los Ángeles, investiga el asesinato de un pez gordo de la principal productora de Soylent Green, descubrirá secretos de una malignidad que nunca pudo imaginar…

Con esta premisa tan sugerente empieza una de las propuestas de ciencia-ficción más particulares de los años setenta. Después de un planteamiento que recuerda a las mejores obras hard del género, la trama se convierte en una historia de asesinatos y detectives, siguiendo todos los elementos de la novela negra. Mediante las inquisiciones del Inspector Thorn, no sólo aprendemos cómo se ha llegado a esta situación en la Tierra, sino que le acompañamos al descubrir las cloacas de un gobierno que engaña a su población. Tal como ocurre en 1984 o Fahrenheit 451, un miembro destacado del sistema descubre que hay algo que no funciona en la verdad que se presenta a los ojos de la gente y, de la misma manera, se presenta la fútil lucha del individuo frente al poder machacante de la sociedad.

Desde nuestro punto de vista, se hace curioso contemplar la evolución de este mundo. El año en que se sitúa la historia es ya cercano, pero no podemos olvidar que la película data de los años 70, por lo que hay que tener en cuenta el punto de partida. Evidentemente, no existe ningún invento posterior –ni se concibe Internet, ni los móviles ni… y los EEUU que se presentan son obvios herederos de los represivos años posteriores a Mayo del 68, con una policía muy expeditiva y unos antidisturbios de lo más salvaje. Cualquier fan de la ciencia-ficción disfrutará a medida que reflexiona para comprender el razonamiento que hay detrás de cada avance tecnológico o consecuencia social que se presenta en pantalla. 

Si bien en todo momento la trama más importante de la película no deja de ser la búsqueda del asesino, de fondo circula un mensaje conspiranoico, similar al que se presenta en Watchmen sobre el hecho de que la realidad que tenemos ante nuestros ojos no es más que una gigantesca broma que ha sido creada por la clase dirigente para mantener el pueblo bajo control. En este caso, se trata de uno de los secretos más crueles y con más mala hostia que recuerdo, sin por ello dejar de ser verosímil (de acuerdo a la sociedad que se nos presenta). El final es de los que no se olvida, dejándote el culo tan torcido como el del pobre Bruce Willis. 

Un desenlace impactante que en España no tuvo apenas efecto, pues se desvelaba en el propio cartel publicitario (que no voy a poner aquí xD). Si es que los distribuidores a veces son de un…

El protagonista absoluto de la obra es un Charlton Heston que, estoy seguro, no sabía muy bien de qué iba la cosa. En ningún momento abandona una mueca de confusión e inseguridad que le viene muy bien al papel. Tal como le pasaba al Chuache de Desafío total, contrasta muy bien con su planta de macho alfa, convirtiendo a su personaje en un héroe superado por la situación, pero con el carisma suficiente para solucionar todo lo que se le presente.  

Aunque la película es perfectamente disfrutable y la conjunción de ciencia-ficción con cine negro está más que bien conseguida, el espectador actual se encontrará probablemente con dos problemas bastante importantes a la hora de entrar en la película:

El primero de ellos es su estética. Si los setenta son horteras, la evolución futurista de los mismos da algo de grimilla. No hay un solo personaje que vista con un mínimo de gusto y los pelos de unos y otras tiran para atrás a toda velocidad. De la misma manera, los avances tecnológicos pecan de una ingenuidad que se puede hacer risible desde nuestra óptica.

El segundo de los problemas es su parsimonioso ritmo. Se nota que es una película rodada en los setenta, que se toma las cosas con calma. No tiene ninguna prisa en desarrollar la trama y sus escenas de acción son claramente hijas de su época. Aunque la historia no es que pida ponerse a correr, fácilmente se hará lenta para los jóvenes paladares cinéfagos acostumbrados a los fuegos artificiales y los ritmos vertiginosos de hoy en día. Los primeros actores que me vendrían a la cabeza para protagonizarlo serían Matt Damon o Mark Whalberg. Pero como soy consciente de que recordarían demasiado a Jason Bourne, ¿por qué no escoger a Chiwetel Ejiofor? Puede ser una idea inusual, pero le veo perfectamente capacitado para el papel.

Soylent Green es una gran película de ciencia-ficción/intriga sobre un tema sorprendentemente actual. El paso del tiempo ha provocado que haya quedado injustamente olvidada, pero es de lo más reivindicable. Eso sí, hay que saber tragar con su particular estética.

Nota: 8
Nota filmaffinity: 6.8

sábado, 6 de diciembre de 2014

Sed de Mal

Sólo conocía esta película por su poderoso inicio, realizado en un impecable plano secuencia de los que hacen época. Nunca encontraba el momento de acabar con el resto de la película, pero parece que al fin llegó su hora.

Una tremenda explosión acaba con la vida de un potentado justo al cruzar la frontera EEUU-México. Un agente de narcóticos mexicano es testigo de los hechos por lo que colaborará con el jefe de la policía local estadounidense, famoso por sus métodos expeditivos y su capacidad para encontrar a los culpables con rapidez. Los dos grandes egos chocarán rápidamente, poniendo en peligro toda la investigación.

Viendo esta película podemos entender por qué Welles (el director, entre otras cosas) es un maldito genio. No sólo por el brutal inicio, sino por sus inconfundibles movimientos de cámara y planos que nadie más realizaría hasta veinte años más tarde (como poco). En un bonito ejercicio de arrogancia, quiere demostrar lo bueno que es y te muestra todo el catálogo de planos posibles e imaginables para la película, unos en movimiento, otros anclados incluso a los vehículos, tanto delante como detrás, picados, contrapicados, etc. El talentoso uso de las luces crea una sensación de ominosa fatalidad que casa admirablemente bien con el ambiente de podredumbre y corrupción que  reina en la película. Una puesta en escena al alcance de muy pocos.

Ya desde el primer momento que aparece un Quinlan seboso y xenófobo, nos sorprendemos al ver a un Welles (sí, es él) tan decrépito, tan orgulloso como repulsivo. En un segundo tenemos al personaje caracterizado, un hombre que ha visto tal cantidad de depravación que no ha podido evitar caer en ella. Tan centrado está en acabar con los enemigos de la ley que ha olvidado que él también tiene una ley que cumplir, trasladado a la gran pantalla con una naturalidad que asusta. Llega a parecer que no es un actor actuando, sino simplemente, él.
Enfrente, un Charlton Heston que nadie se cree que es mexicano y que apenas chapurrea (y con un acento que duele) tres frases en castellano, pero que, a la hora de poner los egos encima de la mesa, luce como pocos. Peor suerte corren los personajes femeninos, reducidos a meras excusas argumentales.

Y en el guión encontramos un perfecto retrato del ansia de venganza, de la necesidad de destruir los fantasmas del pasado, del momento en que uno falló y se odia tanto a si mismo que se autodestruye buscando terminar con cualquiera que sea tachado como malhechor.  Un “excelente detective y pésimo policía”, “un hombre excepcional… qué importa lo que diga la gente”. Frente a él, el epítome de la integridad, un hombre valiente y honesto capaz de enfrentarse a la ley corrupta y salir triunfante del envite, incluso cuando su mujer está en peligro mortal.

Y es que es eso la película. Una atroz lucha de egos y las ganas que tienen ambos de hundir el pie en el cuello del otro. Luego, la historia que realmente investigan… no es que tenga mucho interés ni ningún misterio, por no decir que aboga hacia un par de escenas con diálogos y planteamientos entre lo grotesco y lo lamentable.
Si, la técnica es impecable (magnífica!), el barroquismo que encontramos en cada escena, un gratuito más difícil todavía en los encuadres, sus dos actores principales lo bordan y hay escenas que quitan el hipo (el inicio, el asesinato en el hotel o la persecución), pero también una trama que no va a ningún lado, personajes secundarios sin coherencia  (ese trabajador del motel…)  y un ritmo cansino que no ayuda a disfrutar de la película en su totalidad.

Ahí se hace extraño, tal despliegue de calidad en la dirección y tal torpeza en el guión. Entiendo que lo que importa es el duelo de egos, pero fastidia y sorprende que olvide tanto el resto de apartados. Aun así, es un ejercicio brillantísimo de cine negro y una película que proporciona unos momentazos impagables. Eso sí, a ver en VOS, que el juego castellano/inglés es interesante.

Nota: 7
Nota filmaffinity: 8.3

martes, 28 de octubre de 2014

55 días en Pekín

Abordamos uno de los mejores ejemplos de lo que supone el concepto de superproducción hollywoodiense de los sesenta (aunque se rodara en las Rozas): Cientos de extras, escenarios suntuosos, estrellas en pantalla y un gran esfuerzo de recreación histórica. Un asedio de los de verdad, como el Álamo, pero en el extremo oriente.

A finales del siglo XIX, las potencias occidentales han tomado posesión de gran cantidad de territorios del Imperio Chino. Éste mantiene la soberanía sobre su pueblo, pero los colonos hacen y deshacen a su antojo, abusando de su superioridad tecnológica. La emperatriz encabeza un gobierno títere por lo que el pueblo Chino, harto de abusos, desata una revuelta dispuesta a expulsar a todos los extranjeros del país. Todos los países con representación en las embajadas se verán obligados a olvidar sus  diferencias y colaborar entre ellos para sobrevivir en el asedio que sufre el barrio occidental de Pekín, en espera de unos refuerzos que, quizás, nunca llegarán.

Inusualmente, el rigor histórico con el que está realizada la película es de destacar, tanto en el apartado bélico como en los hechos principales y la recreación de la época.  Luego está el hecho de que el mayor estadounidense que acaba de llegar a la zona acaba siendo el comandante del ejército combinado, aunque es probablemente debido al dinero de Hollywood, que no deja de ser quién paga la película. Eso sí, me ha hecho mucha gracia comprobar que no hay apenas un personaje oriental de ojos rasgados e incluso los extras son totalmente castizos más allá de la primera fila de personas (que se repiten en cada escena). Rodar en Las Rozas tiene sus problemas, no creo que hubiera muchos chinos en la época ^^.

Hay que reconocer que al principio la película descoloca. No sabe bien con qué tipo de género quedarse y baila de lado a lado, pasando de ser una película bélica, tener detalles de romance, un poco de intrigas políticas, recordando a un western exótico… para acabar quedándose como una sólida película de aventuras de gran presupuesto.

Esta mezcla de géneros no se produce casualmente, ya que el rodaje fue tremendamente caótico, con cambios de guión casi diarios, trifulcas con las estrellas (Ava Gardner  ya tenía verdaderos problemas de alcoholismo) y un equipo de rodaje gargantuesco que exigía estar en miles de lugares a la vez. Tanta tensión unida a la disoluta vida del director derivó en un grave colapso que hizo incluso necesaria su hospitalización, obligando a sus ayudantes a acabar las últimas escenas que faltaban.

Nicholas Ray hace descansar el peso de la película acertadamente en las dos estrellas masculinas. Charlton Heston ha sido uno de los mejores machos alfa de honor intachable que podemos encontrar en el cine y el flemático David Niven encarna con mucho cinismo al embajador británico y líder del bando occidental. Se nota que hay complicidad entre ambos, con escenas y diálogos muy aprovechables que no se sostienen cuando aparecen el resto de personajes, mucho más funcionales y desdibujados, especialmente una Ava Gardner que no sabe muy bien qué hace ahí (vaya personaje más soso le toca interpretar).


El abultado presupuesto se refleja en una suntuosa puesta en escena, con unos artesanales interiores muy trabajados y una cantidad de extras nada desdeñable, además de unas escenas de acción muy bien resueltas. Aunque a veces parezca que sea un “¿Qué hacemos ahora? ¡Bah, metemos esto”, están introducidas con acierto en la historia, manteniendo un brioso ritmo que no decae una vez empieza el asedio. El conjunto presenta, obviamente, algunos fallos: es demasiado larga, con escenas abiertamente innecesarias como el baile en la embajada y tramas que no llevan a ningún lado, resueltas abruptamente (la hija mestiza y todo lo relacionado con la baronesa).

No es una pel·lícula con tela que cortar, es muy de “encargo”. Contiene una historia simple pero bien contada y parece no buscar otra cosa que entretener, lo que consigue una vez pasada una primera parte algo errática. El tortazo que se pegó en las taquillas unido a la hospitalización del director provocó que fuera la última película “grande” que rodara.

Nota: 6
Nota filmaffinity: 7.1


Publicada previamente en Cinéfagos Aquí