sábado, 15 de octubre de 2016

El hombre de los puños de hierro



No suelo encender la televisión casi nunca, pero una de estas mañanas resacosas de verano no tenía ni fuerzas para levantarme. Se dejó lo que había (el mando quedaba lejos) y empezó este engendrillo. Lo que estaba claro es que esta era una película de las que no dejan indiferente.

Reconozco que hacía mucho que no veía una “peli de chinos voladores” y esa era una mañana para no pensar, pero es que no sé muy bien por dónde coger…esto. Centrándonos, en una aldea en la jungla china llamada “Pueblo de la Jungla” se produce un ataque a un cargamento de oro destinado al Emperador de China. El clan de los leones, comandado por “León de Plata” es el autor del robo, asesinando a “Lobo de oro”, del clan rival de los Lobos. Cuando “Cuchilla X” se entera de la muerte de su padre, no se detendrá ante nada para vengarse.  

Como podéis ver, un argumento profundo para una película muy flipada deudora del cine de artes marciales Hongkongés de los 80. A esas pajas mentales se debe añadir un poco de CGi y el HD de rigor. Bien grande que ponen que está bendecida por Tarantino (a alguien hay que engañar), pero no olvidemos que sólo pone la pasta para un amiguete. RZA fue el coreógrafo de Kill Bill y tenía muchas ganas de poder plasmar sus flipadas en una película. Como tito Quentin es buena gente con sus coleguillas, financió y convenció a un par de actores para que se apuntaran al proyecto (que seguro que se lo pasaron en grande).

Con dos duros y muchas dosis de ácido, RZA se saca de la manga un engendro de tortazos con actuaciones patéticas, coreografías de gusto cuestionable y un guión sin mucho sentido en el que se embuten todas las bastardadas que uno pueda imaginar. Dentro de El hombre de los puños de hierro aparecen escenas gratuitamente gores, prostitutas chinas por doquier (sin enseñar ninguna teta), artilugios ninja a cada cual más ido de pinza, rayos mágicos, un herrero negro místico budista… aprovechando para mezclar el cine oriental de artes marciales con la blaxplotation setentera y el western más marciano que uno se pueda imaginar. 

Esta gamberrada de kung-fu a ritmo de rap no es nada más que una excusa para ver a un puñado de chinos (mestizos xD) atizarse a lo bruto en unas coreografías no del todo bien conseguidas que intentan hilvanar una historia que no tiene ningún sentido. 

Los nombre de los protagonistas son también para mear y no echar gota: Jack Navaja, Cuchilla X, León de Plata, León de Bronce, El Hombre Latón, Madame Flor...fascinantes!! El esfuerzo de los actores no es tampoco mucho mayor. RZA se cuida de la mejor manera, por algo es el director y guionista, la chica más guapa, las acrobacias más salvajes…¡hasta se construye unos puños de Hulk! Russell Crowe parece que se ha comido a sí mismo, y como no tiene ganas de ponerse en forma, se inventa una pistola-sierra-cuchillo-lanzagranadas porque él lo mola. Lucy Liu quiere repetir el papel de Kill Bill que tanto le gustó. Por lo menos hay que reconocerle que tiene clase en todo momento. Al único que se puede destacar es a Batista, que como sólo sabe dar mamporros, el chico cumple.

Por otro lado, contrasta la sorprendentemente buena producción con que está realizada la película. La puesta en escena es de lo más cuidada, con un HD que aprovecha muy bien una fotografía y unos decorados muy atractivos (genial el tono rojo del puticlub). Lástima que luego pase de aprovecharlo lo más mínimo, claro. 

Lo que más me ha llamado la atención no es que llegue a sonar la macarena por ahí en medio, sino es que entre todo el montón de desmembramientos, descuartizaciones y decapitaciones, no se llega a ver una sola teta (y mira que hay oportunidades). No deja de chocarme que para conseguir el PG-13 no importe la cantidad de sangre, pero no se puede ver ni medio pezón.

El hombre de los puños de hierro es más mala que pegar a un padre. Un capricho de Tarantino para devolver un favor a un amiguete que se ha rodado con toneladas de estupefacientes y otros extras. Si es que mezclar la serie B con el gore, el western, el erotismo soft, rapeos aquí y allá y un guionista lleno de ácido no es nada prometedor. Puede tener su punto verla con los coleguillas y unas cuantas cervezas de más, pero básicamente, es un horror.

Nota: 1
Nota filmaffinity: 4.6

jueves, 13 de octubre de 2016

Senderos de Gloria



Como muchos sabréis, estos últimos años me he aficionado a escuchar radio enlatada en forma de Podcast. Hay algunos muy buenos. Por ejemplo, la Órbita de Endor, que me ha recordado y recomendado un buen puñado de películas y libros. En este caso, esta película no viene a colación de este podcast, sino del de Todopoderosos (otros que son muy buenos), que me han recordado cuánto me gusta Kubrick, al que hacía mucho que no veía.


La carrera de Kubrick no se circunscribe a un único género. En un prodigioso ejercicio de alarde, va saltando de género en género forjando una obra maestra en cada uno de ellos. Senderos de Gloria está situada en la IGM, encontramos batallas y despide un poderoso aroma antibelicista, pero no es el género de la guerra el que Kubrick toca en esta película – sino el de juicios. La batalla que presenciamos es brutal e impactante, pero el grueso de la película está dedicado a la preparación impecable de un juicio perdido de antemano, su celebración y sus terribles consecuencias. Kubrick demuestra una vez más que es capaz de meterse en un género desconocido para él, tocar todos sus resortes como el mejor de los maestros y dar una lección de cómo rodar antes de saltar a su siguiente proyecto. 

Nos situamos ya bien entrada la IGM. El frente ya se ha encerrado en la lucha de trincheras de la que no sabe salir. Con el objetivo de quedar bien ante los políticos, un general ordena un ataque hacia las líneas alemanas. Es consciente de que el asalto está condenado al fracaso, pero la política manda y debe parecer que se esfuerza por ganar. Como era de esperar, éste acaba en catástrofe, lo que pone en entredicho su capacidad como líder. Para escurrir el bulto, acusará a sus tropas de cobardía, sometiendo al regimiento a un terrible castigo para servir de ejemplo al resto del ejército.

En esta película, Kubrick vuelca sus frustraciones sobre el mundo: la imposibilidad para cumplir la ley cuando el culpable está dentro del tribunal y la corrupción de la cadena de mando que se produce en el ejército y en casi cualquier empresa.

La clásica imagen de que la mierda siempre cae hacia abajo y al final siempre deciden los mismos. Pone en la picota la imagen del jefe incompetente, tanto en la figura de un general que calcula el esfuerzo en forma de porcentaje de bajas como en la de un teniente que no duda en eliminar un soldado mucho más competente que él sólo para evitar quedar en evidencia. 

 Asimismo, también realiza una poderosa crítica a la forma de hacer una guerra desde la política y los salones alejados del frente (no olvidemos que la Guerra de Corea está bien candente). Los generales y los políticos viven bien en sus casas mientras que los soldados que van a morir sufren las consecuencias de la disciplina y la explotación en el frente. Cuando la guerra se dirige en base a decisiones políticas y los expertos son ignorados, cuando la obcecación y la ineptitud domina la cadena de mando… Los soldados mueren fútilmente. Para muestra, un botón, en boca de uno de los generales: “Si la orden era imposible (de cumplir), la única prueba que podían aportar eran sus cadáveres amontonados al fondo de la trinchera”

¡Ah! ¡Pero hay un resquicio para la justicia! Kirk Douglas es un prestigioso abogado que ha ascendido en la cadena de mando hasta el puesto de Mayor. Suficientemente alto como para tener influencia, pero no tan alto como para evitar luchar y sufrir al lado de sus hombres. El mejor actor de la saga Douglas se carga a hombros la película con una actuación imperial, de las que hacen historia. Dentro de tanta podredumbre, es el héroe íntegro que va a poner orden y limpiar la casa. Machoalfismo llevado al límite con todo el estilo imaginable. 

¿Cómo no te vas a emocionar al ver al coronel Dax plantándole cara a ese petulante de Mireau, paradigma del trepa lameculos que existe y existirá en cualquier trabajo del mundo? ¿Cómo no te va a llegar al fondo del alma ver a esos pobres desgraciados que progresivamente se ven compungidos cuando se dan cuenta que esa muchacha que canta será lo único bonito que verán en mucho tiempo, quien sabe si lo último? ¿Quién en su sano juicio no sentiría asco hacia la guerra y por la gente que la utiliza para su beneficio personal? ¿A quién no le parece que las trincheras sean el infierno en la tierra?

Kubrick consigue que salgas de la película con un cabreo de tres pares de narices. No es un trago de buen vino, sino un vinagre magistral que te indigna y te da ganas de patear al mundo que nos rodea. Ahí está la grandeza de la película. No sólo tiene un guión impecable ni apenas se le notan los 50 años que tiene (la construcción de escenas es impresionante, con travellings a lo largo de las trincheras o el campo de batalla que siguen cortando el aliento), no. Es una ficción tan trasladable a nuestra vida laboral que nos remueve por dentro de la peor manera. Justo lo que Kubrick quiere con el film. Que pocos son capaces de construir una base sólida a partir de sentimientos, realizando además una propuesta artística de este calibre. 

Da igual los años que pasen, Senderos de gloria es una maldita pasada atemporal. Kubrick coge a la realidad y te golpea con ella. Tienes que tener latón dentro del cuerpo para no quedar impactado por su dureza y honestidad. Simplemente, es una maldita pasada.

Nota: 10
Nota filmaffinity: 8.5

PD: Aunque ya la había visto, uno nunca acaba de creerse que vayan a fusilar a los soldados. Pero allí están, rogando por su vida, patéticos, desesperados, y sobre todo humanos. Joder, que uno de los condenados es transportado en camilla... no hay palabras para describirlo.

martes, 11 de octubre de 2016

Perdido sin conexion

¡Lo siento, gente!


No, no he desaparecido. Sólo he estado 1 mes sin apenas posibilidad de acceso a Internet, lo que me ha impedido seguir actualizando el blog. No me he olvidado ni me faltan ganas para seguir siendo un pesado con estas cosas, no dudéis. 

A partir de mañana, volverán las actualizaciones como si nada hubiera pasado, con una entrada que es canelita fina que os recomiendo muy mucho ^^.

¡Espero que no me hayáis echado de menos ni la mitad de lo que yo os he echado de menos a vosotros!
 

martes, 13 de septiembre de 2016

Mi amigo el gigante



Como sabéis, me gusta mucho Spielberg. En el podcast que he participado podréis comprobar los grandes ratos que me han hecho pasar las películas del Rey Midas. Coincidiendo con la publicación de nuestro programa de radio, es buena idea echar un repaso a su última película, que con un poco de suerte, estará a punto de salir en DVDs y blurrays varios.


La película tiene su origen en la obsesión de Melissa Mathison (guionista de la mítica E.T.) para llevar a la gran pantalla esta adaptación de un cuento de Roald Dahl. Después de años llamando a todas las puertas posibles y pasando por varias reescrituras de guión (incluyendo una versión protagonizada por Robin Williams), el proyecto acabó interesando a Steven Spielberg, que decidió dirigir y producir la obra.

Después de unas cuantas películas más serias, sorprende la excursión que Spielberg realiza hacia un cine infantil que había dejado de lado en los últimos años. Asimismo, el cuento que se adapta de Dahl no forma parte de sus famosos cuentos para niños que no son para niños sino que en este caso sí se trata de un entrañable cuentecillo para los más pequeños. Mi amigo el gigante se centra en la improbable amistad entre una niña huérfana y el gigante que alimenta nuestros sueños al dormir. Cuando el resto de habitantes del país de los Gigantes se muestre hostil ante la pequeña, no tendrán más remedio que pedir ayuda a la Reina de Inglaterra para derrotar a los malvados come niños.

El protagonismo recae sobre un Mark Rylance que repite con Spielberg después de su Oscar con El puente de los espías. Las imágenes que habían trascendido de Rylance embutido en neopreno con puntitos para rodar a base de captación de movimiento eran más que ridículas, pero esto no nos impide poder apreciar una brillante interpretación del premiado actor. Spielberg lleva al límite la técnica que ya aplicó en El secreto del Unicornio para dar vida al gigante en un despliegue de virtuosismo al alcance de muy pocos.

El País de los Gigantes es un derroche de imaginación en el que cada escena es, individualmente, una obra de arte. La viveza que transmiten los colores del mundo de los sueños –impresionante- choca con la brutal fealdad de los gigantes –también impresionantes- y la improbable cotidianeidad de la corte inglesa. Tres ambientes muy diferentes retratados con el mimo del orfebre que deslumbran en la gran pantalla y aprovechan como pocos un 3D que, esta vez, vale la pena pagar. El guión puede interesar más o menos, pero Mi gran amigo el gigante es una película que luce con ganas del savoir faire técnico que caracteriza a Spielberg. Es un placer para la vista que bien vale un visionado en la pantalla más grande posible.

Esto no impide que, lamentablemente, la película sea un auténtico peñazo. Mi amigo el gigante padece de un inicio desmedidamente lento, me atrevería a decir que soporífero, que convertirá en un suplicio la visita del padre que no esté muy interesado en luces bonitas. Incluso los más pequeños se podrán aburrir con una hora inicial en que apenas pasa nada. Luego coge algo de interés –a pesar de la vergonzante incursión monárquica- para acabar en un desenlace que vuelve a dejar frío al espectador. Se acaba y punto, no llega ni a tener emoción.

Ni siquiera la presencia de John Williams a cargo de la banda sonora es suficiente para remontar el ánimo. Su trabajo pasa bastante desapercibido, muy alejado del estupendo sentido de la épica al que nos tiene acostumbrados, limitándose a aparecer con corrección en los momentos en que se requiere.

Mi amigo el gigante es un espectáculo visual adornado por una mágica atmósfera que nunca acaba de arrancar. Tiene suficientes ingredientes para hacer que quieras creer, su atractiva historia tiene mimbres para atrapar al público infantil, pero luego carece de la fuerza suficiente para ello. A pesar de su indudable belleza, aburrirá incluso a los más pequeños.

Nota: 3
Nota filmaffinity: 5.6
Publicado previamente en Cinéfagos AQUI

sábado, 10 de septiembre de 2016

La leona blanca (Henning Mankell)



Este bimestre la CLO me acerca de nuevo a uno de mis detectives más queridos, el inspector Wallander. Petitejolie me encarga atacar el 3º libro de sus aventuras. ¡Vaya tortura!

Título: La leona blanca
Autor: Henning Mankell
Título original: Den vita lejoninnan

“El hallazgo del cadáver de una joven agente inmobiliaria, asesinada brutalmente sin ningún motivo aparente, supone para Wallander un descenso a los infiernos mucho más largo y profundo de lo que nunca hubiera imaginado al iniciarse un caso. Y esta vez, ademas, se trata de una conspiración internacional detrás de la cual se encuentra una organización de extrema derecha. Esta, decidida a dinamitar el proceso antiapartheid en la lejana Sudáfrica, ha contratado a un asesino a sueldo, quien, con la ayuda de un antiguo agente de la KGB, planea atentar contra un importante dirigente muy cerca de donde Wallander investiga. Acosado por sus persistentes problemas personales, el inspector entrara en una espiral de suspense cada vez mas vertiginoso.”

Mankell es un escritor que me suele gustar, pero en este caso debo decir que me ha encantado. La 3º aventura del Inspector Wallander (se pueden leer independientemente) es con la que más he disfrutado. Si a eso le sumamos que venía con ganas de pillar un buen libro de caza al asesino, tenemos el pack de diversión completo. Para La leona blanca, Mankell nos mete dos novelas en una, con dos tramas detectivescas (el asesinato sin motivo aparente de una agente inmobiliaria y una conspiración para atentar contra la vida de Mandela) que avanzan paralelas, guardando muchos elementos en común a pesar de ser independientes. 

Cada uno de los casos es complejo y brutal, pero al mismo tiempo muy realista. Cómo está ambientado a principios de los noventa (el libro se escribe en 1995) encontramos muchos elementos de nuestra sociedad que no han pasado por la revolución digital. Al menos a mí se me ha hecho entrañable contemplar la primera informatización de los medios de trabajo, el uso de fax, los comentarios sobre la aparición de los primeros móviles… 
El protagonismo absoluto de la trama sueca está a cargo del Inspector Wallander, que tras los sucesos de Los perros de Riga se está sumiendo en una depresión. La revelación de los horribles crímenes que transcurren a su alrededor le han sumido en la desesperación, al verse incapaz de comprender un mundo que acoge a seres capaces de realizar actos tan brutales y planear conspiraciones que implican auténticos baños de sangre. Aun así, este abnegado policía se obliga a realizar su cometido por la sencilla razón de que alguien tiene que hacerlo y prefiere evitar que los demás sufran por su inacción. ¿Por qué me gusta el señor Wallander? Porque es humano. Es una persona que puedo encontrar cualquier día por la calle. Tiene problemas de alcohol y tendencia a la depresión, pero no es ningún tío duro, no es Harry el Sucio, es solo un policía de pueblo, una persona real que, simplemente, intenta hacer su trabajo. Su mujer le ha dejado, no se acaba de llevar bien con su hija, es incapaz de llegar a un compromiso con la nueva mujer de su vida  y piensa constantemente en dejar su trabajo. Es su humanidad y lo que considero su típico pesimismo sueco lo que convierte a este personaje en alguien tan carismático. 
Se enfrenta a dos peligrosos asesinos que no pueden ser más diferentes. Anatoli Kovalenko es un antiguo jefazo de la KGB para el que la vida humana no es más que una mercancía con la que ganar dinero. Totalmente desprovisto de escrúpulos, este ser mata, tortura y agrede con la misma facilidad con la que respira. Su compañero es el sudafricano Victor Mabasa. Contrariamente a Kovalenko, es un hombre de honor que valora la vida, respetando y honrando a todas sus víctimas, -gajes del oficio, que diría- asegurándose de que su espíritu trasciende y llegue sin más problemas al más allá. 

De la parte Sudafricana tenemos también a tres personajes a los que destacar. El protagonista es el malvado Jim Klyne, un supremacista bóer que no quiere ver como su país cae en manos de los negros, a los que considera inferiores. Pedante y calculador, ha preparado una serie de incidentes que culminará con el asesinato de Mandela, lo que provocará una guerra civil y así permitir a los blancos poner orden y volver a períodos de tranquila placidez. A veces sorprende lo bien pensado que puede tener un plan y otras lo corto de miras que puede llegar a ser, pues se considera tan superior a los demás que es incapaz de concebir que alguien pueda pensar por sí mismo y reaccionar ante sus actos. 

El presidente De Klerk es consciente de la existencia de conspiraciones en su contra, por lo que encarga al joven fiscal Schaeppers que la investigue. Este avezado abogado tiene una visión optimista del mundo y cree firmemente en la necesidad de crear un mundo mejor que legar a sus hijos. Se convierte en un trasunto joven de Wallander, pues afronta la investigación con la misma sagacidad que nuestro detective sueco, pero lo hace lleno de ilusión, con la alegría de aquel que aún no está hastiado de contemplar los horrores del mundo.

Como ya he comentado antes, éste es el libro de Wallander que he leído que más he disfrutado. Tanto la brutal investigación de Sudafrica como la inhumana persecución de Suecia constituyen una novela por sí solas. El ritmo con el que se alternan está más que bien medido, perfecto para dejarte con la intriga de querer saber qué ocurrirá después y así sigues leyendo y leyendo. 

Quisiera destacar también los contrastes que se producen entre ambos ambientes. La desolación que se vive en las agrestes provincias suecas contrasta con la abigarrada vitalidad de Sudafrica, donde la vida es mucho más dificil pero se disfruta más de cada día que se vive. Mankell hace un buen trabajo al destacar con hacierto los problemas políticos, enlazándolos con maestría a los giros de guión para producir buenos golpes de efecto y aumentar la tensión de la trama. La prosa de Mankell ayuda a que el libro sea fácil de leer, con un estilo muy ágil, organizado, escrito como si fuera un informe de una investigación policial. El tono recuerda al de los procedimentales televisivos (CSI), haciéndose familiar para el lector, que puede devorar el libro con placer.

Realmente, tiene todo para que el amante de la novela negra disfrute: Un par de casos de lo más turbio con implicaciones políticas. Una atmósfera desoladora y una investigación de lo más vibrante. Si a ello le añadimos un estilo fácil y ameno, tendremos un coctel ideal para disfrutar de una novel a que no te deja descansar. Lo dicho, un libro muy disfrutado de los que da gusto leer.
Nota: 9
Nota goodreads: 3.83/5