miércoles, 7 de julio de 2021

Hombres de armas (Terry Pratchett)

Hacía demasiado que Pratchett no se pasaba por aquí. Hay que darle, de vez en cuando.

Título: Hombres de armas

Autor: Terry Pratchett

Título original: Men at arms

Traducción: Albert Solé Company

“<<¡Sé un HOMBRE en la Guardia de la Ciudad” ¡La Guardia de la Ciudad necesita HOMBRES!>> Hasta ahora, sin embargo, la Guardia Nocturna solo cuenta con el cabo Zanahoria (técnicamente un enano), el agente Cuddy (realmente un enano), el agente Detritus (un troll), la agente Angua (una mujer… la mayor parte del tiempo) y el cabo Nobbs (descalificado de la carrera evolutiva por hacer trampas).

Y necesitan toda la ayuda que puedan conseguir. Porque hay un asesino suelto en las calles, con un arma nueva y mortífera y, lo más más peligroso, un PLAN para devolver a la ciudad de Ankh-Morpork su grandeza perdida. Además, tienen que desenmascararlo antes del mediodía, cuando el capitán Vimes devuelva su placa y se case con la mujer más rica de la ciudad.

Comparado con lo que se les viene encima, acabar con aquel dragón que atacó la ciudad hace un tiempo resultó fácil, ¡hasta enfrentarse a un ejército de enanos sería más fácil! Y si la tarea es complicada para un cuerpo de vigilancia normal, para la Guardia Nocturna puede convertirse, literalmente, en un auténtico <<rompecocos>>…”

Aunque puede leerse separadamente, Hombres de armas viene después de ¿Guardias? ¡Guardias!, siendo la segunda novela de la Guardia de la Ciudad del Mundodisco, el mítico universo creado por Pratchett. 



Hombres de armas es una desternillante comedia repleta de comentarios de ingeniosidad disparada y toneladas de carisma. Además, se las arregla para ser también un thriller de asesinatos que funciona a la perfección sin perder un ápice de gracia. Es tremendamente divertida, de una manera inteligente, didáctica y satírica, con alguna que otra puñalada o flechazo que impacta con más contundencia de la debida, pero lo más importante de todo es que consigue que cada personaje te importe y quieras que se convierta en tu amigo (sí, incluso Nobbs).

La saga de los Guardias es la que Pratchett usó para hablar sobre los problemas de la sociedad, utilizando la fantasía como armazón sobre la que orquestar sus reflexiones. Si en ¿Guardias? ¡Guardias! Hablaba sobre las formas de gobierno y las cualidades de los gobernantes, aquí se enfanga en temas como el racismo, el sexismo, la corrección política, las distinciones de clase y la inhumanidad de los cuerpos militares. Sin embargo, lo hace con estilo, burlándose con ansia de aquello merecedor de burla, defendiendo sus posturas con criterio y arrojando toneladas de gatitos furiosos a todos los excesivamente intolerantes. 


Zanahoria se convierte aquí en el personaje capital. Pasa de ser un secundario cómico incapaz de entender las metáforas a un protagonista carismático, interesante y encantador. Joé, es el REY. Domina la ciudad como nadie, robando la atención de cada página en la que aparece y resolviendo cualquier conflicto a base de optimismo y concordia con una naturalidad tan deliciosamente pasmosa que se hace adorar. Especialmente cuando Pratchett se mete en el barro con las cuestiones sociales más espinosas es cuando se las arregla para que Zanahoria siente el precedente perfecto, con una visión moral intachable y la palabra correcta para que nadie pueda rechistarle. Se nota que mi autor favorito no daba puntada sin hilo.

Eso no hace que el Capitán Vimes desaparezca. El abnegado jefe de la guardia medita su retirada, con se enfrenta a graves tribulaciones: debe escoger un sucesor y debe acostumbrarse a la vida de jubilado. Pero a su edad, habiendo sido Guardia toda la vida, pues hay costumbres que cuesta dejar. Sigue con su carácter deliciosamente pesimista y su arsenal de frases lapidarias, tan adorable como siempre. El libro no va de él, pero cada momento en que aparece, aunque sea para desesperarse por la situación, gana enteros sin esfuerzo.

El tercer personaje en importancia es la recluta (luego cabo) Angua. Esta mujer que quiere dejar su vida atrás es decidida, valiente, disciplinada… ¿qué hace en la Guardia? Pues que tiene sus peliagudos secretos que la hacen todavía más especial. Un ejemplo de cómo crear personajes femeninos interesantes hace más de cuarenta años, porque se hace querer la jodía.

 

Y bueno, no puedo olvidarme de destacar al pobre Gaspode, que aquí hace su primera aparición. Este adorable perrete que ha pasado demasiado tiempo cerca de la Universidad Invisible ha cobrado inteligencia y es capaz de hablar como el mejor de los humanos (otra cosa es que tenga algo que decir, claro). Aunque su subtrama no parezca estar involucrada con la principal, pronto le veremos meter pata y aportar sus saberes cánidos a la investigación. Me encanta la capacidad que tiene para complementarse con Zanahoria y, sobretodo, con Angua.  ¿Hay algún libro en que sea el protagonista absoluto?

Lo dicho, la Guardia de la Ciudad es mi conjunto de novelas favoritas del Mundodisco, y Hombres de armas es quizás mi libro favorito dentro de ella. ¿Acaso necesito algo más para adorar a esta preciosidad?

Es que el libro lo tiene todo: una historia de detectives curiosa en interesante, reflexiones muy bien paridas sobre temas que ya eran capitales en los ochenta y ahora los siguen siendo, personajes inolvidables y, luego, su sentido del humor. No puedo sino elogiar el festival de chistes, chascarrillos y dobles sentidos que desbordan cada página sin que por ello el resto de detalles del libro pierdan comba. Un placer para leer con una buena cerveza y unas croquetas.

 

Nota: 10

Nota goodreads: 4.38/5

 

lunes, 5 de julio de 2021

Willow

Viendo la experiencia que he tenido al revisitar las películas que recordaba con cariño de mi infancia, cogí este repaso a Willow con cierto miedo. En los 80 la fantasía daba para lo que daba y ésta era uno de sus estándares, pero vista hoy en día podría ser demasiado cutre incluso.

Willow es un cuento de fantasía épica con todas sus razas extrañas, brujas, poderes mágicos y otras profecías varias. La historia nos sitúa a una hechicera oscura persiguiendo a todos los recién nacidos porque está escrito que una pequeña va a acabar con su vida. La elegida consigue escapar al caer su cesta al río y ser arrastrada con la corriente. Acaba en un pueblo de enanos, rescatada por el Willow del título, un joven ingenuo con ansias de aventuras que aspira a convertirse en mago.

Con este argumento, ya os podréis imaginar qué va a ocurrir. Se trata de una historia que hemos visto cientos de veces, sigue todos los tópicos del género, despliega una ingenuidad a veces entrañable y no guarda ninguna sorpresa escondida entre sus escenas. ¿Por qué es famosa? Obviamente, porque en los 80 no había nada más y ésta es la película que luego todos imitaron para hacer el género de espada y brujería para todos los públicos.


Suele decirse que entre ciegos, el tuerto es el rey. ¿Esto quiere decir que Willow es una mala película? Tampoco es eso. A pesar de sus tropos y convencionalismos, todo lo que se presenta se halla justo en su sitio. El guión es coherente, creando buenos personajes a los que dota de diálogos interesantes que hacen avanzar la acción por si mismos, con una historia bien desarrollada, coherente en su universo, que hace avanzar la película a un ritmo vivo. Se nota que quién está detrás del libreto (George Lucas, jé) sabe hacer las cosas y ha hecho un buen trabajo.

Tras las cámaras está un artesano que es consciente de que, por una vez, tiene un buen guión y se dedica a hacer lo que sabe hacer mejor: poner las cosas en su sitio sin liarla y dejar que los técnicos (de éstos siempre ha sabido rodearse bien) hagan su trabajo.

Así que tenemos un aparataje técnico en la frontera del momento, con unos efectos especiales que hoy día parecen pueriles, pero que se ganaron sus nominaciones a los Oscar de su año (perdiendo ante Roger Rabbit). Se ve un diseño trabajado y vistoso, coherente con el mundo representado, cuyos monstruos tienen esa ingenuidad tan ochentera que se hace querer (esa serpiente gigante de plastelina es TAN entrañable…). Una vez aceptas la artesanía con que está realizado todo y comprendes las convenciones que se usa, la película ha envejecido inesperadamente bien, mucho mejor que otras propuestas de la misma época (o de diez años después). Esto se nota especialmente cuando toca presentar juntos en pantalla a personajes de diferente tamaño, una tarea realizada con tanto mimo que sólo se mejoraría veinte años después en El Señor de los Anillos.

Además, tienes la suerte de tener a dos actores con tanto carisma como Warwick Davies y Val Kilmer protagonizando la película. Se la echan a la espalda sin problemas y se hacen querer con sus interpretaciones de héroes improbables de apariencia canalla pero de buen corazón (Han Solo, ¿oiga?) 

A fin de cuentas, se trata de presentar “simplemente” una historia bien hecha, que trata al espectador infantil con respeto asegurándose de que la puesta en escena es correcta. Se ajusta el ritmo con brío y goza de tener una duración perfectamente acorde a lo que se quiere contar, sin prisas pero sin pausas para epicidades gratuitas.

Se nota que tiene casi cuarenta años, extrañándome que no haya sonado nunca para un remake de los que Hollywood gusta tanto últimamente. No me parecería mal realizarle un buen lavado de cara, pero sólo pediría que los enanos siguieran siendo enanos, por favor.


Sé que no puedo ser objetivo con una película a la que le tengo tanto cariño. Willow hizo las delicias de toda una generación y es capaz de entretener a cualquier zagal que sea capaz de apreciar el paso del tiempo. Es previsible e infantilodie, pero está muy bien contada, el universo creado tiene carisma y, qué demonios, me la he visto tantas veces que me sé los diálogos de memoria, así que no la puedo poner mal a pesar del paso de los (muchos) años.

 

Nota: 9

Nota filmaffinity: 6.8

  

viernes, 2 de julio de 2021

El almuerzo desnudo

Cronenberg es un director que me gusta. Aquí ya he reseñado unas cuantas de sus películas y ya habréis notado que me parecen fascinantes. También suelen tener el problema de que se me hace muy raro querer ver sus películas más de una vez. Son desagradables, incluso estomagantes, muy malrolleras, con ganas de provocar las vísceras del espectador. Ésta es de las pocas que me faltaban del autor, y ya tocaba ponerse algún día con ella.

El almuerzo desnudo presenta a un escritor que, tras la extraña muerte de su mujer, se lanza al consumo de (casi) todas las drogas posibles. De alguna manera, se las arregla para viajar a la Interzona, un lugar sin nombre del próximo Oriente, en el que hará las veces de espía para el Gobierno. Una vez allí, las alucinaciones que sufría se desatan, cayendo a un infierno pesadillesco en el que se hace muy difícil distinguir la realidad del delirio.

Incluso tratándose de una película de este director, mi pregunta al final es simple: “¿Qué demonios he visto?”. Se me hace muy difícil calificar este viaje que nos presenta Cronenberg, pues la realidad salta por la ventana casi desde el segundo uno de metraje. Además, la inmutabilidad del protagonista a la hora de reaccionar ante el viaje psicotrópico en que se haya contribuye a aumentar la sensación de confusión. Nosotros estamos alucinando ante la lisergia que se desata ante sus ojos, pero él reacciona con naturalidad ante la aparición de monstruos, cucarachas y cuerpos desmembrados, como quién da un paseo por el parque, aumentando así nuestra desazón.

Es un esperpento en sí mismo, un engendro que te atrapa y hace lo que quiere contigo. Fascina, extraña y descoloca mientras te devanas los sesos intentando comprender qué demonios está ocurriendo. Este juego narrativo se entiende mejor si conoces la historia detrás del libro en que se basa. Burroughs, autor original de la novela, se construye a partir de los fragmentos que fue capaz de escribir durante una estancia en Tánger bajo el influjo de abrumadoras cantidades de estupefacientes. Las paranoias personales del autor (que tampoco estaba muy centrado de por sí) se ven reforzadas por pesadillas alucinógenas y una edición algo confusa del libro. Cronenberg coge el texto y se centra en reflejar el universo de Burroughs antes que en buscar una narración coherente o tener una historia con un principio y un final.

El esfuerzo del director en centrarse en la malsana atmósfera antes que respetar las reglas de la narrativa, provoca enormes problemas con el ritmo y el argumento del film. Ambos se ven sometidos a tremendos altibajos que bien pueden perder al espectador. Las imágenes son poderosas, asegurando una reacción visceral, especialmente cuando las alucinaciones se desatan y vemos como las máquinas de escribir se transforman en escarabajos parlantes que se devoran unos a otros… Evidentemente, esta rotura de esquemas mentales no es gratuita, exigiendo mucho esfuerzo para no perder el hilo (si es que hay algo que seguir), aburriendo con tremenda facilidad. 

La película se sabe desagradable, te va a mostrar un buen puñado de imágenes feas, bastante asquerosillas (sin ser gore en ningún momento). Si te pilla con el ánimo adecuado, puede tratarse de un film que te marca para toda la vida. Sin embargo, el horror que pueden sufrir las almas sensibles o estómagos delicados con el visionado es más que considerable. No dudo que sea una película a odiar para un buen montón de gente. Indudablemente, también es peligrosa para todos aquellos que tengan algo de sueño. No es para nada agradable ni busca en ningún momento ser interesante.

Ahora, una vez habiendo visto la película, entiendo mucho mejor uno de los gags clásicos de los Simpson, en que los zagales critican la mentira del título mientras salen del cine incapaces de comprender qué han visto.

En conclusión, El almuerzo desnudo es una película que contiene todo lo bueno y todo lo malo del autor, potenciado hasta el exceso. Provee de un viaje al alcance de muy pocos, asegurando un visionado único y una experiencia insólita. Eso no significa que se trate de un film agradable, interesante o entretenido. Al contrario, es pesado y, por momentos, repugnantes. Aprecio la fuerza del surrealismo, pero no caso con el juego que Cronenberg nos propone.

 

Nota: 4

Nota filmaffinity: 6.5