lunes, 4 de junio de 2018

Gru 3. Mi villano favorito


De un tiempo a esta parte, el objetivo de (casi) cualquier compañía estriba en sacar películas con potencial de saga de una manera cada vez más y más exagerada. Cada año, encontramos algunas que fructifican, permitiendo a sus creadores vivir de ellas durante unas cuantas temporadas, estirando el chicle todo lo posible. No es extraño, entonces, que el estudio Ilumination aprovechara para sacar Gru2 después del exitazo de su predecesora. Luego los Minions se independizaron en un claro (y simpático) ejercicio de marketing que convertía a estos petisos carambanales en auténticos memes andantes. Como la taquilla rendía con ganas, tocaba seguir abusando de la gallina de los huevos de oro y así la tercera entrega de Gru llegó a nuestras pantallas.

¿Dónde estamos ahora? Después de los hechos de Gru2, el malo maloso de buen corazón se ha convertido en uno de los mejores agentes del bien que la humanidad pudiera soñar. Pero ¡ay!, la aparición de un malvado de serie de dibujos ochentera provoca que Gru sea despedido porque patata. Mientras intenta limpiar su nombre (¿), un hermano secreto aparece para poner fin a sus problemas de una vez por todas. Por su parte, Lucy intenta con todas sus fuerzas cumplir el papel de toda mujer decente (ejem ejem): cuidar de sus hijos y apoyar a su marido pase lo que pase. Entremedias, Agnes busca unicornios y los minions se toman unas vacaciones –sin tampoco tener una clara razón para ello-.

Si bien el argumento es cuanto menos endeble, la saga nunca ha destacado precisamente por su profundidad. Lo que el espectador ha buscado en Gru es un entretenimiento ligero, con buenos chistes y un poco de aventura. Nunca fueron películas para ver con exigencias ni han buscado la más mínima trascendencia, pero funcionaban a su modo, como refresco tonto para el verano. Extraña entonces que no podamos encontrar nada de esa diversión en Gru3.

Empecemos por su antagonista. Una vez se diluye la sorpresa de su carismática aparición (lo mejor de toda la película), nos encontramos con un malo de opereta repleto de histrionismo ochentero. Es un personajillo insoportable para cualquiera que tenga más de ocho años que no tiene más motivación para ser el malo que ser el malo. Esto no le impide bombardear con un torrente de chistes y guiños que fracasan al intentar apelar a la nostalgia: Los niños no los entienden y los padres bostezan con un recurso del que ya se ha abusado con mucho más tino.

¿Los personajillos amarillos? Apenas aparecen. Tal como ocurría con Scrat en Ice Age, se desentienden totalmente de la trama principal para tener un mini-corto con poco sentido y menos gracia. En él, se dedican a interrumpir el poco ritmo de la película con una trama que transita entre la vergüenza ajena y la acrobacia mortadélica.

Se hace también evidente la falta de ideas argumentales. No es que sean incapaces de forjar un armazón con el que sostener cuarenta minutos de película –que lo son-, es que todas las historias del batiburrillo de cortos en que se basa el film están más que vistas, incluso son reconocibles las excusas argumentales de relleno, típicas de aquellas series que se han quedado sin nada que contar pero que aun así se ve en la necesidad de añadir paja para completar la temporada. Ideas pobres desarrolladas con menos ganas: Hermanos secretos, caprichos sin sentido, what if extraños…



Todos estos defectos, asi como cualquier otro detalle puede perdonarse si el resultado es divertido, si el film tiene un guión ágil, buenos diálogos o chistes que funcionen. Para no desentonar, no encontramos nada de ello, con los peores gags que hemos visto en toda la saga. A destacar la escena de la cena en que los dos hermanos se acaban de hacer amigos, con diálogos de besugos indignos de aparecer en Papá Piquillo.

Ni siquiera la animación se sostiene, pues a pesar de los años transcurridos, Gru3 tiene la peor calidad de toda la saga, con un movimiento de personajes más cercano al slapstick Cartoonetworkiano. La cuestionable decisión de introducir elementos ochenteros a la imaginería Gru chirría continuamente, con unos diseños que apenas tienen detalles a recordar más allá de los curiosos minions presos (que tampoco es que estén muy allá).

En conjunto, deja la sensación de que se trata de una película que se ha estrenado porque en contabilidad decían que debía sacarse. Los peluches, las camisetas y los estuches estaban preparados para salir al mercado, así que tocaba conseguir un impacto mundial que si no, no se vende. Da igual que el guión sea una anchoa, la animación esté hecha a desgana y apenas haga gracia. Se estrena y punto. En fin, una película inferior incluso para los estándares de la animación infantil, que no divertirá mucho a los más pequeños y apenas entretendrá a los sufridos padres que vean la película. Por lo menos dura ochenta minutos, así que pronto podremos empezar a hacer otra cosa.


A pesar de la decepción generalizada, ha reventado las taquillas como nunca, por lo que probablemente veremos una nueva entrega en un par de años (a ver, si de Ice Age o Piratas del Caribe siguen sacando secuelas a cada cual más cuestionable, porque de Gru no podría hacerse?)

Nota: 2
Nota filmaffinity: 5.6

sábado, 2 de junio de 2018

La tortuga roja


Con demasiada asiduidad y muchas veces depositado en el saco de las películas infantiles, el cine de animación es el más indicado para desbordar cualquier límite de la imaginación y maravillarnos de las formas más inesperadas. Éste es el caso de La tortuga roja, un film sin palabras, pero poblado de sonidos, de música y de los ruidos de la vida. Un film que se dirige a todos, adultos, adolescentes y niños no demasiado pequeños, un film que nos transporta a otro lugar, dentro de un universo hecho de inventiva, de serenidad y de poesía. 

De invención y de poesía está lleno cada plano de La tortuga roja. Una invención sutil, intima, pero que también sabe ser espectacular -la extraordinaria secuencia del tsunami-, una poesía simple y minimalista, pero tan evidente como el trazo de tinta surgido de Picasso al pintar un ave, tan ingenuo como los trazos delicados y casi inacabados que conforman las pinturas de La princesa Kaguya, la magnífica obra de Isao Takahata, que supervisó atentamente la creación de La tortuga roja. 

El estudio Ghibli no se equivocó cuando depositó su confianza y apoyó el debut en los largometrajes del "jovencísimo" Michael Dudok de Wit, tras la sucesión de un puñado de cortos multipremiados (El monje y el pescado, Padre e hija). Dentro de La tortuga roja encontramos toda la onírica belleza de los films de Miyazaki y, especialmente, de Takahata, así como también un cierto sentido de la pureza de la cultura japonesa. Economía en unos trazos que destilan lo esencial, una delicada paleta de colores, cuyos tenues matices imponen al ojo atención a cada instante: Todo en esta historia nos atrapa, en sintonía con la hermosa y orgullosa exigencia de esta joya de la animación. 

Un hombre, el único superviviente de un naufragio, aparece sobre la arena de una isla desierta tropical. Una vez recuperado, se activa: explorar la isla, encontrar con qué sobrevivir, hacerse cosquillas en los pies con los cangrejos… y esforzarse cueste lo que cueste en construir una barca para escapar.  Pero una tortuga roja hunde su barquichuela a cada intento, impidiendo su marcha y llevándolo, una vez más a la playa. Parece su enemigo, pero, al final, será su única aliada. Después de todo, estamos dentro de un film de animación en el que todo es posible y de la tortuga roja eclosiona una mujer. El hombre ya no está solo. La historia puede continuar, alargarse y perdurar en el tiempo a través de la nueva humanidad que comienza.

Este ensayo de minimalismo extremo, La tortuga roja contiene muchas cosas en un ambiente vacío y desnudo. Justo esta simplicidad puede volvérsele en su contra, pues esta arriesgada apuesta puede no calar en un espectador que, aburrido, no aprecie (o no guste) de preciosistas fábulas de la comunión entre el ser humano y la naturaleza, sin diálogos ni un argumento claro.


No obstante, cada uno puede apreciar esta historia a su manera, cada uno atisbará el hecho de su propia sensibilidad, de sus creencias quizás. Sea cual sea el bagaje de cada uno o la propia edad del espectador, el espectáculo será grandioso… y de una simplicidad maravillosa. El instinto de supervivencia, más resistente que nada, la fuerza de la naturaleza, que sólo tiene igual en la del amor, el tiempo que pasa, los vínculos humanos, el ansia de descubrir el mundo… Todo ello se puede encontrar sobre el caparazón rojo de la tortuga, y más aún, sólo hace falta ser un poco curioso.

Nota: 8
Nota filmaffinity: 7.1

jueves, 24 de mayo de 2018

XX/XY


Uno suele intentar evitar ver malas películas. Siempre es conveniente informarse para evitar llevarse chascos, pero a veces se falla. La verdad es que esta película venía etiquetada como “Ellos y ellas”, por lo que yo esperaba ver una película de Marlon Brando. Cuando vi salir en pantalla a un jovencísimo Mark Ruffalo, me di cuenta de que no era lo que esperaba, pero bueno, ya que la habíamos empezado, había que acabarla….

XX/XY nos arroja con violencia la vida de unos desbocados universitarios durante los años en que se alejan por primera vez de la supervisión de los papis. Las juergas entre clase y clase son continuas y los jóvenes se frotan con ahínco. Tres de ellos, imbuidos por la desbordante sensación de invulnerabilidad propia del momento, se embarcan en una relación triangular repleta de sexo en la que compiten por ver quién es el menos apegado, el más chulo y arrogante… Obviamente, su orgullo les impide reconocer lo atrapados que están, lo que llevará a situaciones llenas de sarcasmo, comentarios ácidos, momentos (pretendidamente) cómicos y, sobretodo, toneladas de auto-odio y reacciones estúpidas.  

A la película se le notan ganas de transgredir. La actitud inicial de todos los personajes es pura provocación nihilista, pero a la que rascas algo más allá de la superficie se puede comprobar que no hay nada de poso. Los diálogos son de lo más risible y el ritmo entre polvo y polvo no es el más cómodo para mantener el interés de un espectador, mientras se está desarrollando una trama con poco sentido y menos coherencia.

No ayuda tampoco la acartonada actuación de unos protagonistas que no parecen entender qué les pide el director. Entre ellos, destaca un Mark Ruffalo muy incómodo haciendo de chulo malote, en vez de sus buenrolleros personajillos de comedia romántica.

XX/XY supuso el catastrófico debut en la dirección de Austin Chick -marido de Morena Baccarin- que naufraga con una sucia puesta en escena en la que los micrófonos asoman por los rincones del encuadre en repetidas ocasiones. Tardó seis años en tener otra ocasión de ponerse tras las cámaras después de su fallida opera prima, pero los resultados no fueron precisamente mejores (aunque fue premiado por Sundance el año en que su mujer era jurado).

En fin, al final me puse una película realmente mala. Fastidia especialmente encontrar tantas pretensiones de ser molona y rompedora sin llegar siquiera a interesante. Si habéis llegado hasta aquí, mi consejo es que no la veáis, seguro que encontráis algo mejor que hacer.

Nota: 1
Nota filmaffinity: 5.5

miércoles, 16 de mayo de 2018

Batman: la LEGO película


Después del chorro de frescura que traía consigo la LEGO-película, me alegré al ver que iban a coger al mejor secundario de la película (Batman) y desarrollar una película sólo para él. Cuando empecé a ver los trailers (espectaculares), me tenían realmente comprado. No dudaba que iba a ir a verla. Y luego, pues no fui. Cosas que pasan, el tiempo es el que es y claro…

Una noche de estas de calor, un poquito amodorrado de casa, pues tocó arreglar el asunto.

¡Que alergía, que alboroto, otro perrito piloto! La película da lo que promete: un bombardeo de gags, chorradas y zaranganadas a costa de los personajes del universo DC, con estupideces, ingeniosidades y otras bastardadas. Hay espacio para humor y gags de todo tipo: parodias a las diferentes versiones, guiños a otras películas, diálogos afilados o ingeniosidades sin sentido. Se nota que es una película hecha con pasión, incluso dentro de su absurdez.

Al final lo de menos de la película es su argumento. Básicamente, Batman se ve obligado a aceptar a Robin (Reaggeman) muy a su pesar, mientras que el Joker libera a todos los malos de la zona fantasma debido a una crisis de personalidad porque Batman no le hace casito. A partir de ahí, se sucede un festival de colores, chorradas, carreritas y acrobacias. Que sí, que a la que te paras a pensar, el asunto no tiene nada de sentido (ninguno). Pero a su manera, mola. Y mucho.

Se trata de una película para niños de todas las edades. Los más pequeños disfrutarán con el bombardeo de colorines, mientras que los más talluditos podrán jugar a encontrar el mogollón de guiños a los comics, a las películas de Batman (las de Burton, de Schumacher, de Nolan), o a la propia serie de Adam West.

No para de vomitar chistes  en cadena. El ritmo es tan vertiginoso que si no es uno, es otro el que funciona, así que las risas están aseguradas. Apenas has podido disfrutar de la burrada que han soltado y ya te han tirado cuatro chistes más en los morros, lo que puede llegar a saturar. Han querido poner tanta cosa que el film queda sobrecargado, provocando que chistes no funcionen por culpa de pura saciedad. Pocas veces me he encontrado que una COMEDIA me haya dejado agotado mentalmente, con el cerebro frito por el exceso de información y brío.

El conjunto es un verdadero locurón. Cualquier concepto susceptible de ser construido por LEGOs puede aparecer en pantalla, por lo que es imposible predecir qué o quién demonios va a ser el siguiente en desfilar. Por ello, la película cuenta con un chorrón de apariciones estelares a modo de cameo miniaturil de lo más granado. Sauron o Voldemort son apenas un par de ejemplos de ello. Lo más curioso es que la película abraza con tanto entusiasmo el aroma del “todo vale” que ninguna de las incongruencias que se suceden incomodan lo más minimo. Al contrario, aumenta el nivel de molabilidad de todo el engendro.


Pero nada de este tinglado funcionaría si no fuera porque tenemos a Batman al frente de todo. El ladrón de escenas de la LEGO película es ahora el rey absoluto del festín. Se capta y ridiculiza los rasgos más característicos de las diversas encarnaciones del murciélago (solitario, ególatra, orgulloso…) para choteo del personal y vergüenza del chorrón de proyectos  del pasado, presente y futuro de la DC, además de incluir un fantastillón de referencias de la cultura friki. Cualquier cosa es posible y Batman es un gran pegamento.  

La animación es similar a la que vimos en LEGO película, muy diferente por tanto de la fluidez que acostumbramos  a ver en las propuestas de Pixar. En efecto, los personajes se mueven con brusquedad, de modo parecido al stop-motion, pero aprovechando el CGi para generar un universo lleno de lucecitas y colorines en el que todo es deconstruible a base de piezas de LEGO. Me consta que la estética super-deformed incomoda a más de uno, pero una vez estás acostumbrado, se puede ver sin problemas.

Además de la animación, muchos encontrarán problemas en un tratamiento tan chorra de los súpers, convertidos en puro motivo de choteo para niños (¡herejía!). De la misma manera, su endeblez argumental provoca que muchos gags sean intercambiables. Podríamos trasladar la película al universo Frozen de LEGO (Why not) y la película no cambiaría… mucho.

Tal como ocurría en LEGO película, no es más que un mega-anuncio de muñequitos de dos horas, pero me hace reír tanto que lo disfruto igual. Al final no es más que un extenuante (mucho) entretenimiento tan lleno de risas como de respeto por el material original. Quizás si se hubiera bajado el ritmo, permitiendo que durara 10-15 minutos más, sería menos agotadora, pero es disfrutable igualmente. ¿Os imagináis este engendro en imagen real? ¡Qué difícil sería y qué mal quedaría!

Irregular, sin apenas argumento y gags desiguales, pero que despiporre de Batman película, ¡oiga!

Nota: 6
Nota filmaffinity: 6.4


lunes, 14 de mayo de 2018

Cronos


Después de unas cuantas chorraditas, pongámonos hoy con algo más serio. La verdad es que llevaba tiempo con la idea de ponerme con la primera película de Guillermo del Toro. Hay que completar la filmografía de uno de mis directores favoritos y, por fin, la he cogido por banda y disfrutado como se merece.

En algún lugar de México, un anticuario bien entrado en la madurez encuentra un extraño aparato de forma insectoide. Al intentar operar con él, recibe un doloroso pinchazo. Al día siguiente, se siente rejuvenecer, henchido de fuerza y vigorosidad. Sin embargo, poco a poco descubre que ha adquirido una adicción a los pinchazos del aparato, además de cierta alergia a la luz solar…

Sí, como podréis imaginar, estamos ante un inusual acercamiento al mito del vampiro, pero desde un punto de vista muy extraño. Aquí no tenemos traumas arrastrados por la eternidad, dientes afilados, murciélagos o purpurina. La aproximación viene a través de la “ciencia” y la alquimia, una especie de sangriento y macabro elixir de la juventud, más que de arrancar almas y beber sangre virginal.

La magia de Del Toro se hace notar desde el primer momento. Quizás no te esté enseñando nada extraordinario, pero la sensación de que algo malo va a ocurrir asoma desde todas las sombras. En cierto modo, me ha recordado al Terciopelo azul de David Lynch, mostrando una realidad pervertidamente imposible. Reconocible, y al mismo tiempo, alienada con nuestro día a día. Somos testigos del involuntario descenso a los infiernos de su protagonista, un amantísimo abuelo que no quiere otra cosa que vivir en paz, pero que va reconociendo a regañadientes, su condición, reaccionando aterrado cuando se da cuenta de que cualquier día se comerá a su nieta si continua al lado de ella…

A ello contribuye el espectacular trabajo de un ya veterano Federico Luppi, que muestra su talento al encarnar al íntegro abuelo. Se come cada escena en la que aparece, magnetizando la mirada del espectador, que sufre con él las transformaciones de su carácter. Por su parte, Guillermo del Toro inicia su relación con el que será su actor fetiche, un Ron Perlman que cumple el papel de “Igor”, personaje recursivo para el director, que siempre le encuentra un rinconcito para que pasee su carisma y su fea cara. ¡Qué mala leche que llega a tener aquí!

Sin embargo, Del Toro no tenía ni un durete de más para gastar. Los medios son paupérrimos, obligando al director a tirar de imaginación para sacar adelante las escenas más difíciles. Duele ver las decisiones obligadas por la necesidad y da que pensar qué hubiera podido hacer Del Toro si hubiera tenido acceso a un presupuesto mínimamente decente. Me pregunto si alguna vez habrá pensado en realizar un remake con sus recursos actuales.



Aun así, su innegable modestia no impide apreciar el tremendo ejercicio de estilo de este jovencito que nadie conocía. La capacidad de fascinación de Cronos está fuera de toda duda, no en vano se las arregló para llevarse un par de premios importantes en el Festival de Cine de Sitges (guión y actor, impresionantes ambos) y ser seleccionada a concurso en Cannes. Pronto todo el mundo quería saber quién era ese loco mexicano que era capaz de romper tantos esquemas preconcebidos. Evidentmente, arrasó como pocos en los premios Ariel de su año, no iba a ser menos.

Como cualquier película que se basa más en crear una atmósfera insana que en golpes de efecto, peca de tener un ritmo lento. No obstante, esta interesante vuelta de tuerca al manido género del vampirismo se las arregla para aportar una buena dosis de frescura al tópico, destacando por su capacidad de fascinar a un espectador con buena disposición. Si hubiera tenido un presupuesto mínimamente decente, estaríamos hablando de un auténtico referente, sin duda.

Nota: 8
Nota filmaffinity: 6.2

domingo, 6 de mayo de 2018

Cuerpo de élite


¿Qué hacer cuando diluvia en Escocia y no puedes ni salir a hacer turismo? Pues seguir viendo películas chorras. Toca otra parodia, aunque ésta sea algo más nuestra.

Cuerpo de élite (no confundir con Tropa de élite) es el nombre de la organización más recontrasecreta del servicio secreto español. Tras una operación de final trágico, el Ministro de Defensa se ve obligado a reclutar a un nuevo grupo de agentes con el objetivo de atrapar a un loco terrorista que quiere detonar la bomba atómica de playa de Palomares. El puñado de patanes de diversa procedencia (a cada cuál más esperpéntico) que es reclutado, deberá superar sus diferencias territoriales para así evitar que la puerta del Sol (como el año que fue, otra vez el champán…) sea volada la noche de fin de año

En su momento una película que pasó relativamente desapercibida, ha sido muy acertadamente resucitada como serie (a juzgar por la audiencia). Ambas propuestas partes de los mismos principios: Reirse y ridiculizar todos los tópicos regionales habidos y por haber, mientras parodia a nuestra manera chusca y cutre las películas de grupos de agentes de superélite que tan de boga están últimamente.

Ahí radica el mayor de sus aciertos: sabe reírse mucho de su misma y no busca más que arrancar unas cuantas risas y provocar un poco de cachondeo a costa de los tópicos regionales y los ataques de pielfinismo de unos y otros. La calidad de los gags es cuestionable, pero el bombardeo es de tal magnitud que alguno acaba haciendo diana y te saca una risita tonta aquí y allá (La presentación del prota con “Pongamos que hablo de Madrid” enlazada con “Un año más” casi hace que me caiga del asiento ^^), especialmente si casas con el humor de Vaya Semanita o Muchachada Nui). Los actores, digamos amablemente, cumplen sin tampoco verse muy exigidos; destacaría a Carlos Areces, cuyo peculiar Ministro de Defensa tiene su miga y a Jordi Sanchez, tan inseparable de su papel de Sr. Recio como objeto de los mejores gags de la película.

Obviamente, se trata de una película que no destaca por su fotografía (ejem), sus trabajados escenarios (ejem ejem) o sus cutrillos efectos especiales (we….). Tampoco su desarrollo denota un especial virtuosismo, con evidentes problemas de ritmo y una alarmante falta de profundidad,  pero bueno, si los yanquis pueden tener su American Pie, aquí podemos tener (y orgullosos) Cuerpo de élite.



Al final, la película es lo que es, lo que quiere ser. Una tontá bien grande con la que pasar la tarde, echar unas risas y poco más. No sé qué podrías estar haciendo intentando verla con aspiraciones de que fuera otra cosa.

Nota: 4
Nota filmaffinity: 3.9

viernes, 4 de mayo de 2018

Austin Powers - Miembro de Oro


Durante mi exilio escocés, mi hermano decidió hacer una visita sorpresa para descubrir el país y de paso provocar un pequeño cambio en mi rutina. Como la isla es la que es, coincidió con tres días de tormentas bien consistentes (con granizo bien gordote), así que no había más remedio que abusar de Netflix para hacer tiempo por las tardes en las que no se podía ni ir al pub. Como la idea de este festival fílmico casero era la de desconectar y apagar el cerebro un ratillo, apetecían películas chorras, como la primera que nos pusimos. Goldmember.


Cuando fui al cine a ver esta película, allá por 2002, el tema de parodiar a Bond estaba ya un poco gastado, especialmente tras ver la película  de 007 de ese año (Muere otro día), así que no es que estuviera muy motivado. Curiosamente, salí con la conclusión de que Austin Powers era incluso menos absurda.  Pasado este tiempo, al volverla a ver, me di cuenta de que Goldmember ha satirizado la línea temporal de James Bond antes de que ocurriera. Primero: las “cosas raras” de Spectre – convertir la animosidad entre hermanos en el conflicto principal entre Bond y Blofeld – ya salía en Goldmember, con Powers y el Dr. Maligno. En realidad, es justo lo contrario: Blofeld odia a Bond por ser el hermano (adoptivo) mayor que ve en Bond el niño mimado de la familia, mientras que el Dr. Maligno, huérfano, no sabe que él y Powers son hermanos y pasan a colaborar en cuanto lo descubre…. Pero igualmente la coincidencia es sorprendente. En Goldmember, la broma se mofa sobre las tonterías casuales como ésta que suelen aparecer en las historias de espías que no saben cómo tirar para adelante. Ahí es donde toca felicitar a Austin Powers. Es una parodia tan bien hecha que se ha creado una imagen, y ya pocos la consideran como una “parodia de” sino como una película de ¡Poooowerrrrrssss!

A estas alturas el tema de espías cachondamente patosos está algo más trillado (kingsman, Johnny English), e incluso los espías serios se tiran a estas cosas (Spectre), pero en su momento, la salida de Austin Powers levantó polvareda como pocas. Divirtió y escandalizó a un porrón de gente, con su extraña mezcla de absurdez y escatología. En ésta, su tercera entrega, se sigue la rutina de un guión disparatado en el que embutir todas las chorradas posibles, sometiéndote a un bombardeo de gags por todos lados… sin perder la referencia de su trama (vale, muy Austin Powers, pero consistente a su modo).

A cargo de TODO el tinglado (guión, dirección y unos cuantos papeles) tenemos a un Mike Meyers más desatado que nunca, que lo da todo en un papel pasadísimo de rosca, divertidísimo si eres capaz de degustar su “fino” humor. El Dr. Maligno, Gordo Cabrón y el propio Austin Powers, unos personajes loquísimos que se han grabado a fuego en la imaginería popular. No olvidemos tampoco a un autoreferencial Michael Caine (mismo personaje que haría posteriormente en Kingsman xDD), que estoy seguro que se lo pasó en grande en el rodaje; además de Beyoncé, en la que es, probablemente, su mejor actuación. También hay que felicitar a Mike Meyers por su habilidad para introducir un chorrón de cameos sin que por ello se resienta la trama. Si es que, una vez has visto la película una vez, puedes repetir y jugar a ver cuántas caras eres capaz de reconocer (John Travolta, Steven Spielberg, Kevin Spacey, Danny DeVito, Tom Cruise, Britney Spears, Ozzy Osbourne and family o Gwyneth Paltrow…)

El doblaje en español corre a cargo del cómico Florentino Fernández que también dobló a Mike Myers en la anterior entrega. Sé le nota más suelto y acomodado al personaje mejorando el trabajo realizado en la segunda parte. Muchos de los gags son juegos de palabras difíciles de traducir a otro idioma así que en ocasiones se opta por adaptar los chistes al humor español como cuando Austin y su padre hablan utilizando las expresiones de Chiquito de la Calzada.

Una mención especial para Verne Troyer, recientemente fallecido, que encarnaba a uno de mis personajes favoritos de juventud, el inclasificable MINI YO. Alcohol y depresión, mala combinación. DEP

Pero bueno, concluyendo. Austin Powers – Miembro de oro es una película realizada por un desvergonzado para gente con ganas de reír y muy poca vergüenza ajena. No pasará a la historia por su argumento (tan nimio que ni lo he comentado, baste decir que no molesta en absoluto) sino por su horterismo, su búsqueda del absurdo y por la enorme cantidad de chorradas que Meyers es capaz de meter en apenas 90 minutos. Es una película para descojonarse a lo bestia, justo lo que necesitábamos cuando lo necesitábamos.

Nota: 6
Nota filmaffinity: 5.0