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domingo, 2 de diciembre de 2018

Coco


Cuando se anunció que la siguiente película de Pixar se iba a llamar Coco e iba a ir de un viaje de un chico por el más allá durante el día de los Muertos mejicanos, un servidor enarcó una ceja, recordó El libro de la vida, y se preguntó que se habían fumado los directivos. ¿una película tan cercana y tan parecida a una estrenada justo un par de años antes? Entre que Buscando a Dory no me había entusiasmado y que no tenía muy buenas vibraciones, no es que estuviera muy entusiasmado con la propuesta. El tráiler me animó un poco más, pues por lo menos iba a ser una película colorista. Y así fue que me planté en la sala del cine sin haberme molestado apenas en ver de qué iba o nada más. En vaya sitio me iba a meter.

Olvidémonos de las tumbas grises y de las tristes lluvias de nuestro día de Todos los Santos. En Méjico, el Día de los Muertos es una verdadera fiesta. Un auténtico festival de ornamentos suntuosos y alfombras florales en el que la muerte se adorna con la alegría de vivir. Este proyecto del estudio Pixar coge inspiración dentro de un tesoro de calaveras, vestidos deslumbrantes y criaturas míticas. Desde el pequeño pueblo de Santa Cecilia, cubierto de polvo cobrizo, en el que empieza la historia, hasta la barroca ciudad de los muertos, fabulosa recreación de la vida más allá de la vida, el film utiliza magníficamente la paleta de colores y formas disponibles en nuestra imaginación. Este homenaje a la cultura mejicana es, definitivamente, puro Pixar. Abraza con humor y  melancolía todos los temas que, desde Toy Story a Del revés, son recurrentes en el estudio, conformando un precioso fresco sobre la familia, la infancia, el peso de la fama y los recuerdos y, sobretodo, las consecuencias del inevitable paso del tiempo que nos afecta a todos.

Volvamos a Santa Cecilia. Allí vive una peculiar familia de zapateros. De generación en generación, desde que Papá, cantante sin fortuna, abandonó a Mamá Imelda para perseguir sus alocados delirios de artista, en la familia se ha prohibido la música, impidiendo la producción de la menor nota, del más mínimo acorde de guitarra. Miguel, el pequeño, está decidido a romper el tabú. Su aventura le llevará al mundo de sus difuntos ancestros: una formidable megápolis de muertos muy vivientes, de esqueletos fantásticos, entrañables y cómicos.  Los gags están asegurados en gran medida por el perro de Miguel, un bastardo de lengua increíble que piensa mucho más de lo que parece. Las delicias del culebrón vienen por parte del latin-lover esquelético Ernesto de la Cruz y su troupe. Recuérdame. Pero, como si fuera una terapia familiar, es de la memoria, de la verdad, de la capacidad de recuperación de lo que se trata. Sí, la fiesta de los muertos es, ante todo, una fiesta de la vida.


En ese sentido, sorprende la osadía de presentar ante los más pequeños una película cuyo eje central es justamente, la muerte. No una muerte dulcificada y cool como en La novia cadáver, no. La muerte como parte de la vida, como el paso inevitable que todos hemos de dar algún día, con toda seriedad y crudeza, pero al mismo tiempo asequible para los más pequeños. Es muy fácil que el papi que vaya con su retoño de 8-9 años vea necesario tener una buena charla al salir del cine. Sorprende el respeto y la enjundia con que se trata el tema. Tal como ocurría en Del revés, parece casi imposible salir airoso del brete en que se meten y aquí no se puede hacer otra cosa que felicitar a Pixar. Como se nota que a estos no les gusta hacer las cosas como los demás.

Coco te pega un par de buenos puñetazos en el estómago, provocando de una manera genial que tus sentimientos afloren. Se hace difícil no dejar escapar la lagrimita, o al menos que aflore una triste sonrisa, mientras recordamos entrañablemente todos aquellos que ya no están. Un logro impresionante por parte de los directores.


No nos tenemos que quitar el sombrero únicamente por su tono, sino por la mágica empatía que une a los personajes. A la estupendísima química entre Miguel y Héctor se une el arrollador carisma de Mamá Imelda, el entrañable cariño de Mamá Coco (del título) y la chulería inclasificable de Ernesto de la Cruz. La construcción de los personajes es impecable, ansias, sueños, rencores…parecieran estar vivos (aunque estén muertos). Las relaciones entre ellos son vívidas, percibiendo fácilmente el cariño o el odio que se profesan.

La animación no se queda precisamente atrás, con toneladas de brillantez invertidas en recrear con todo lujo de color y detalles tanto el más allá como el más acá, incluyendo un par de escenas que son puro alarde al alcance de casi nadie (el baile de la Llorona en el estadio o la caída en la piscina de Miguel). Asimismo, se nota que los creadores se han impregnado de la cultura mejicana, perfectamente recreada, dando obvias muestras de cariño y conocimiento. Se comprende desde el primer momento como ha calado tanto dentro de los colectivos mejicanos, los más rápidos en apreciar el mimo que se ha puesto en la cinta.




Las abundantes canciones tienen una obvia influencia mejicana. Si no son de tu gusto (hay gente para todo), puedes pasarlo mal, pero la calidad de la banda sonora es indudable, complementándose con la imagen a la perfección, dejando un par de canciones para el recuerdo que se graban en el alma, la versión de la Llorona del estado, el primer “Poco loco” con Héctor o la “Recuérdame” final,  premiada con todo merecimiento con un Oscar, el primero en música para Pixar.

Por otro lado, esta película no se libró de las polémicas gratuitas que aparecen siempre. En este caso vino debida al doblaje en que se concibió la película, pues la VO se realizó en Español-Mexico en vez de en el inglés típico, lo que enfadó a un puñado de mentes bienpensantes. Polémica que se redobló en España, cuando se pasó al castellano ibérico, manteniendo las voces originales en las canciones (incluso con tonos de voz bastante distintos). Yo la he visto en tres versiones VO, castellano y francés y me quedo, con diferencia con la VO. Un trabajo magnífico.



Para los que vieran el cine, hay que añadir una nota aparte para el clásico corto que viene antes de las películas de Pixar. En este caso se trata de una pequeña historia de Frozen en la que el muñeco de nieve quiere celebrar la Navidad y no sabe cómo. Se trata de veinte minutos tontos y ñoños para los más pequeños sin asomo de la maestría que hemos tenido otras veces como prólogo. Desluce mucho frente a lo que está por llegar.

En conclusión, qué grande es Pixar y qué buenas películas sabe hacer. Incluso cuando se ponen digestivos son el mejor estudio de animación de Hollywood, no hace falta decir cuando se toman un proyecto completamente en serio. Coco es una delicia visual, llena de personajes inolvidables, adornada con una gran banda sonora y completada con un guión que fascina a los pequeños y emociona a los mayores. Señores, un servidor se quita el sombrero.

Nota: 10
Nota filmaffinity: 8.0

viernes, 24 de junio de 2016

Monstruos SA.



Qué curioso, estaba convencido de que ya había hecho una reseña de esta película, toda una sorpresa al ver que no la tenía.

En Monstruos SA., Pixar nos desvela que todos aquellos monstruos que creíamos ver de pequeños debido a nuestra imaginación son perfectamente reales, pues nuestros gritos de terror les proporcionan la energía eléctrica necesaria para que su mundo funcione. Curiosamente, los monstruos están más aterrados de los pequeños –a los que creen tóxicos- que al revés y sólo los más duros de los más duros se atreven a realizar “el trabajo sucio”. James P. Sullivan es el mejor empleado de la mayor empresa de miedo del mundo, pero un día una niña pequeña se cuela sin querer en la empresa, provocando el caos.

Los estudios Pixar atrajeron los focos de todo el mundo tras la rompedora Toy Story. Sin embargo, tras la mejorable Bichos y la correcta Toy Story 2, parecía que Pixar entraba en una especie de meseta, pues no conseguía sobresalir entre el batiburrillo de productoras de animación (Disney, Fox, Dreamworks). 

No es que se exigiera a Pixar hacer una obra maestra (eso vendría luego), pero sí una propuesta que demostrara su calidad artística. Ellos, conscientes del desafío, echaron el resto y presentaron una película que sobrepasaba en mucho la técnica con que se movía la competencia. Si lo comparamos con los dos años que han pasado respecto a Toy Story 2, la mejora es impresionante y desde el punto de vista de la animación, Monstruos sobrepasa en mucho a Shrek o Ice Age, que lo rompían por aquellas fechas. Sin entrar en detalles, nunca se había visto (Final Fantasy aparte) una definición tan grande en los fondos y una renderización de los peludos personajes con tanto realismo como en esta película. Pixar demostraba que nadie tenía artistas mejores que los suyos, con una puesta en escena trabajadísima y perfectamente rematada (la persecución final por las puertas es una delicia del diseño y una pesadilla para los animadores). 
 
 Además del alarde técnico, Pixar echa el resto para generar un universo vívido y realista, fácilmente reconocible por el espectador pero al mismo tiempo completamente nuevo, desbordante de imaginación. El argumento, por su parte, no presenta la profundidad ni la trascendencia de sus obras posteriores ni es tan redondo como las aventuras juguetiles previas, pero funciona a la perfección para articular un bombardeo de gags de primer nivel llenos de frescura e ingenio, convirtiendo un cuento para niños algo tonto en una delicia de risas. A ello hay que sumarle la presencia de un puñado de personajes impagables, llenos de carisma (y un buen trabajo de traducción a cargo de S. Segura y José Mota) y una protagonista femenina de lo más adorable y metomentodo (Boo!). 

Sin embargo, en la imaginería popular quedó algo ensombrecida por el fenómeno Shrek que lo petó mucho más a lo bestia. Realmente, nadie se esperaba una película de animación con tanta dosis de mala leche, un guión tan sólido y un compendio de chistes tan demencial. Por ello, jugando a lo mismo y aunque Monstruos SA. desplegaba más calidad técnica, el Oscar a mejor película de animación se fue para el ogro verde.

Monstruos SA. es ante todo un canto a la amistad, a entender al diferente, a luchar porperseguir los sueños y a buscar alternativas cuándo estos se vuelven irrealizables, pero sobretodo, provee de noventa minutos de pura diversión para toda la familia. A revisitar de vez en cuando para echarse unas risas blancas y puras, sin complejos.

Nota: 8
Nota filmaffinity: 7.6