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viernes, 21 de octubre de 2016

La loca historia de las galaxias



A lo largo de la década de los setenta, Mel Brooks nos brindó un buen puñado de deliciosas parodias de diversos géneros cinematográficos. Curiosamente, la ciencia-ficción no fue uno de los géneros que tocó. Alguien se lo recordó años después, por lo que Mel Brooks decidió salir de su retiro y parodiar la mayor saga intergaláctica: Star Wars

El implacable (y estúpido) Imperio galáctico oprime el Universo con puño de hierro. Su mayor adalid, el infame Casco Oscuro, viaja de planeta en planeta con sus destructores para robar todo su aire, destruyendo así a sus enemigos y perpetuando la tiranía ejercida por el Imperio. Una nueva esperanza aparece cuando la suerte está del lado de los buenos y, aunque el Imperio contraataque, el retorno del héroe estará presto para triunfar sobre el mal mientras nos desternillamos en el camino.

Cada vez que veo las películas-parodia de Mel Brooks me asombro al contemplar la diferencia que hay respecto a sus equivalentes actuales. Nuestro desnortado director no se contenta con hilar un puñado de gags mordaces, no. La loca historia de las galaxias es una película que se sostiene por sí sola, pues tiene un argumento coherente y una historia que contar. Partiendo de este armazón, Brooks se dedica a ridiculizar con ingenio y mala idea todos los tópicos del género. La cantidad de chistes y gags que llegan a embutirse en la película es simplemente descomunal. Incluso a veces tienes tres o cuatro chistes ocurriendo a la vez, con lo que descubres nuevos detalles a cada vez que la vuelves a ver.

La loca historia de las galaxias se dedica a dar la vuelta a cada escena de la archiconocida Guerra de las Galaxias para choteo del personal. Los wookies se transforman en hombres perro, el Halcon Milenario es una Furgoneta intergaláctica, Casco Oscuro es la versión más idiota posible de Darth Vader… Para que nos hagamos una idea, las historias se parecen tanto que Brooks tuvo miedo de que George Lucas quisiera denunciarle por plagio (e incluso ganar). Con la idea de curarse en salud, le presentó el guión a Lucas antes del rodaje para así contar con su aprobación y evitarse líos. Curiosamente, los continuos ataques de risa que provocó al visionario director consiguieron que no sólo no se molestara con el homenaje sino que incluso tomó parte activa en su producción, poniendo los recursos de ILM y otros restos de la producción original a disposición de Brooks. Por ello no debe sorprender el empaque que muestra en su puesta en escena, con unos medios y unos efectos especiales mucho mejores de lo que pudiéramos esperar. 

La única condición que puso Lucas fue que no podía haber merchandising de esta versión de la película. Brooks reaccionó a esta prohibición del modo más descacharrante: ¡Cada elemento que aparece en pantalla se convierte en merchandising dentro de la propia película! (tienda de souvenirs incluida). 

Podría rellenar páginas y páginas explicando pormenorizadamente como se ha desglosado cada icono original en esta desnortada adaptación. Como no quiero aburriros, destacaré dos momentos épicos que casi me hacen caer del asiento: La escena de Alien (inolvidable) y la pelea de anillos láser que deben empuñarse desde la entrepierna. Simplemente descomunales.  Por cierto, el propio Halcón Milenario está aparcado en el espaciopuerto-bar de carretera espacial. 

Si os fijáis, no he comentado nada sobre los actores o sobre la música. Realmente, sólo se puede decir que cumplen a la hora de dar el pego, excepto el inconfundible Rick Moranis que hace un Casco Oscuro tan maligno e impactante que llega a hacer sombra incluso al propio Darth Vader (¡Peinad el desierto!). 


La loca historia de las galaxias es justo eso, una loca historia de las galaxias que se las pinta sola para llenar noventa minutos de absurdeces más grandes que un piano y de las chorradas más grandes que uno pudiera imaginar. Con ella, el descojone está asegurado, haciéndose ideal para ver en cualquier momento y acabar con una sonrisa de oreja a oreja. 

¡Que la suerte os acompañe!
Nota: 8
Nota filmaffinity:  5.7

viernes, 5 de junio de 2015

Sillas de montar calientes

Oh, Mel Brooks. Como no echar a reír sólo de leer su nombre. La cantidad de risas que me ha deparado con cada una de sus películas es más que difícil de medir. Se ha sumergido en todos y cada uno de los géneros cinematográficos para estudiar sus mecanismos y generar parodias desternillantes de todos y cada uno de ellos. De todas sus obras, mi cariño estará siempre con la primera que vi, la que me abrió la puerta a un mundo absurdo y delirante. Aunque no sea su mejor obra, me es imposible no disfrutar de cada momento de esta demolición de todos los tópicos habidos y por haber de los Westerns. No deja títere con cabeza.

El poblado del oeste más anodino de los poblados del Oeste (al que sólo le falta llamarse “pueblo del Oeste”) se entromete (como si se pudiera mover) en la ruta del ferrocarril que un magnate mangante está construyendo. Éste aprovecha su poder para hacer la vida imposible a sus habitantes, que reclaman un Sheriff que ponga fin a estos desmanes. Como nuestro magnate mangante tiene poder sobre el inepto Gobernador, consigue que éste nombre al más improbable de los Sheriffs para así sabotear cualquier intento de salvar el pueblo.

Es fácil observar que estamos ante el argumento más típico entre los típicos que podríamos pensar para un Western. A partir de aquí, Brooks genera una parodia con una sutileza cercana a cero, un humor grueso para todos los públicos y andanada tras andanada hacia los prejuecios raciales, de clase o sexuales de todas aquellas mentes bienpensantes en una de las películas que mejor son capaces de encarnar el concepto de “paja mental”.

Antes de la llegada de Leslie Nielsen (al que habría que hacer un monumento), Mel Brooks era el rey absoluto de la comedia absurda y además de plantar al primer sheriff negro del cine yanqui, aquí consigue aportar al género alguna de las escenas más demencialmente ingeniosas –la música orquestal música extradiegética que se convierte en diegética, una Marlene Dietrich seduciendo lo imposible, la conspiración en la iglesia que no tiene un diálogo sin punta ni hilo o la pelea final contra el malo maloso, de las más delirantes que podemos encontrar-. No obstante, la película falla en que se esfuerza más en buscar el gag continuo que en dotar al argumento de un poco de sentido, pecando de excesivamente liviano incluso dentro de los cánones del género, lo que se hace especialmente patente cuando los chistes no acaban de funcionar.


Es irregular, chorra y pasadísima de página, pero es imposible no verla con una sonrisa divertida en los labios, especialmente cuando aceptamos que la lógica salte por los aires y cualquier cosa (sí, realmente cualquier cosa) se convierta en posible.

El tiempo la ha conservado bastante bien e incluso, aunque empieza floja y parodia un género ya marginal, te engancha con ese epílogo largo y surrealista, contagiado de una vorágine loca que rompe la cuarta pared a lo bestia:
El malo de la película coge un taxi y dice al conductor:
-Sáqueme de esta película
No se puede ir más lejos, ¿o no? Un conjunto desternillante.

Nota: 6

Nota filmaffinity: 6.1