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sábado, 30 de enero de 2021

Juegos de Guerra

A raíz del programa correspondiente de Carne de Videoclub, cogí unas ganas enormes de recuperar esta película, que recordaba haber disfrutado un puñado de veces en mi infancia, sin haber vuelto a la misma ya más mayor.

A ver, ¿qué tenemos aquí? Estamos a mediados de los 80. Después de una serie de experimentos, el ejército estadounidense encarga a un ordenador (llamado WOPR, toma chistaco), el control de la defensa del país. Por su parte, un chaval muy espabilado que se las da de hacker en los albores de Internet se dedica a meter las narices en todo lo que encuentra. Cuando conecta con WOPR, lo confunde con un videojuego, empezando una serie de partidas, aparentemente inocuas, pero que el ordenador militar confunde con reales, amenazando con el lanzamiento de misiles nucleares y empezando la Tercera Guerra Mundial.

Lo que más me ha llamado la atención es cómo ha pasado el tiempo, especialmente en todo lo que a informática se refiere. Juegos de Guerra es contemporánea de su tiempo, con lo que tenemos Internet conectada a un teléfono, pantallas de 16 colores, menús presentados en DOS (con suerte)… Me pregunto si un espectador actual que, pongamos, tenga 14-16 años reconocerá o siquiera entenderá qué está ocurriendo en los diferentes momentos. No creo que vaya a fastidiar la experiencia de nadie, pero se hace extraño. Personalmente, nada más empezar me sitúo en 1983 y me divierto con la experiencia de un Hacker armado con un Spectrum para colarse en los ordenadores más seguros del mundo mundial y provocar una crisis nuclear. Por cierto, debemos estar ante una de las primeras películas centradas en un hacker tal como los entendemos hoy día, ¿no?



Otro factor de su tiempo que he notado que suele resbalar a las nuevas generaciones es el escenario de Guerra Fría en que se mueve la historia. Los más jóvenes no han vivido nada de este ambiente, ni siquiera de oídas, porque le queda más a la generación de sus padres. Por ello, muchas veces fallan al reconocer patrones y se trata de una idea que no les resulta tan interesante como a los chavales de mi generación. Cosas de la historia, que avanza a su modo.

Pero bueno, esta película, generacional para todo aquel que naciera en la época adecuada, cuna de cientos y cientos de informáticos, funcionaba como un tiro en su momento. El argumento se mueve a buen ritmo, continuamente ocurren cosas relevantes en la trama y no tiene apenas tiempos muertos. Además, los adolescentes hablan y se comportan como adolescentes, sin imposturas raras, tratando al espectador con respeto, tanto en el desarrollo de la trama como en su relación con los adultos. Destaca en ello un (esta vez sí) jovencísimo Matthew Broderick que me cae mucho menos mal de lo normal. Ally Sheedy encarna con naturalidad un papel que tenía muchas posibilidades de ser un incordio, convirtiéndolo en una persona y no un florero, además de tener mucha química con Broderick. ¡Si hasta John Wood está bien como “malo maloso”!




 Finalmente, lleva a un desenlace lógico, del que se pueden sacar conclusiones interesantes, sin los happy endings gratuitos que tanto le gusta a Hollywood. La película fluye y se disfruta con insultante naturalidad para un adolescente de los 80 y los 90. Como remate para este divertimento, fue reconocido con nominaciones a los Oscar a mejor fotografía, sonido y guión original, siendo como es, una película de aventuras juvenil sin pretensiones. Lo dicho, que bien hecha lo está. El conjunto es compacto, bien cohesionado, avanzando a suficiente velocidad

Hoy día la cosa ha cambiado mucho. Cualquier referente temporal se ha perdido y muchos jovencitos no notarán como suya esta cosa viejuna. No obstante, los adolescentes siguen siendo adolescentes y es fácil que se identifiquen con las aventuras d elos personajes, especialmente si son capaces de hacer el esfuerzo mental de abstraerse a la época. Si aceptan Hogwarts como un lugar verosímil, ¿cómo no van a aceptar los 80 como algo plausible si tienen la voluntad de ello? Al final queda a expensas de la capacidad del espectador aceptar estos juegos o no.

Juegos de guerra es una estupenda película juvenil. Con los años ha perdido todas las referncias temporales, pero no por ello se hace mala. Si un espectador voluntarioso es capaz de soportar la ambientación (contemporánea) de los 80, pasará seguro un tiempo entretenido.

 

Nota: 8

Nota filmaffinity: 6.5

PD: Genial el final cuando WOPR afirma que la Guerra Nuclear Mundial (Y las 3 en raya como paralelismo simple) es un curiosos juego donde la única forma de ganar es.... no jugar. 

jueves, 24 de agosto de 2017

Election

¡Oh! ¡Qué delicioso placer se encierra en estas acidísimas elecciones escolares orquestadas por Alexander Payne! A medida que pasan los años y me vuelvo más cínico (supongo), disfruto más y más de la mala leche de este director.

En Election somos testigos de un suceso tan tonto e inocuo como unas elecciones escolares del representante de los alumnos en el claustro. A primera vista, este idílico instituto no parece tener nada que pueda captar el interés, pero a medida que rascamos, vamos descubriendo un nido de víboras, envidias y rencores de lo más florido y variado, como una sutil (o no tan sutil) alegoría de las elecciones estadounidenses.

Comentario sobre los actores (a cada cual más inspirado): La arribista y manipuladora Reese Witherspoon, en uno de sus primeros papeles, capaz de cualquier cosa por conseguir sus objetivos. El apocado y superado Matthew Broderick, cuyo profesor bienintencionado y salidorro al que se le va  la situación de las manos es absolutamente entrañable,  (Impresionante química entre ambos). Destacable también la ácida presentación de Jessica Campbell (pedazo de discurso el suyo) y la simple estupidez de Chris Klein, que clavan también sus papeles.

Hay que reconocer que mi cariño por los diferentes personajes ha ido cambiando a medida que he ido creciendo. Cuando vi la película por primera vez, debería tener unos 14-15 años. En aquel momento, mi simpatía estaba con Chris Klein: era el personaje más bonachón y bienintencionado. Estaba seguro de que si ganaba, iba a ser el que intentaría más que la gente estuviera contenta y feliz, aunque fuera a base de fiestas continuas sin tener tampoco mucha idea sobre qué era lo mejor, pero sin atisbo de mala intención.

La segunda vez que recuerdo vivamente ver esta película fue apenas empezada la universidad. En aquel momento, más desengañado con el mundo, me lancé irremisibliemtne a los brazos de Jessica Campbell y su propuesta totalmente antisistema. Consciente de lo estúpido, burdo y manipulado de esas elecciones, se me hacía imposible no apoyar ese fuck the system  tan primigenio y bastardo que proponía. Si es que hay un momento en que sólo quieres que el mundo arda…

Sin embargo, ésta vez me he sorprendido admirando a Reese Witherspoon de una manera que no había apreciado anteriormente. Además de la espectacular representación de la actriz (esas toneladas de bordería parecen TAN naturales), es el único candidado que tiene claro qué es lo mejor para la escuela (aunque nadie más sea capaz de apreciarlo). Se toma en serio algo tan importante como unas elecciones y va a hacer lo posible por defender aquello por lo que considera que tiene todo el derecho de ejercer: el poder. Quizás es que ahora, más maduro, valoro más el esfuerzo ímprobo en busca de un objetivo sincero, más que las chanzas de un ricachón campechano o la rebeldía de un candidato que lo único que desea es tocar las narices.

Este cambio de puntos de vista subyace en la grandeza de un guión impresionante, capaz de crear personajes de una palpable profundidad en un ambiente tan anodino como un instituto cualquiera. Los dardos vuelan que da gusto, componiendo un continuo de diálogos impagables cargados de sacos y sacos de mala idea. Lo más curioso es que, a pesar de saber el desenlace, me ha tenido en tensión durante todo el metraje, como un hooligan empedernido que deseaba ver victorioso a su candidato favorito.  Payne es todo un maestro a la hora de contar historias, transformando una anécdota nimia en una lucha épica por el poder con la que es imposible quedar indiferente, guión que fue destacado con una nominación al Oscar de su año (ganado sorprendentemente por la aburrida Las normas de la casa de la sidra).

Es una peli anticomercial, los acontecimientos se desarrollan con lentitud y no arranca sonrisas fácilmente. Pero tiene un magnífico guión, es ácida hasta corroer los huesos, y los actores están en estado de gracia. Aunque consigue que pierdas la fe en la humanidad, es una película ideal para ver en grupo, de las que te deja debatiendo durante horas y horas sopesando cada diálogo y considerando cada punto de vista. Recomendabilísima.

Nota: 9
Nota filmaffinity: 6.5