Recuperé y vi esta
película para un especial de Cinéfagos que al final no se acabó llevando a
cabo. Cosas que pasan. Igualmente, tampoco es que me fuera a quejar mucho, que
Hitchcock es siempre un placer, y de los buenos.

Ya sólo por las
veces que se ha copiado esta premisa en miles de formatos, nos podemos hacer la
idea de la influencia de Hitchcock en el género (y es sólo un ejemplo de
muchos). En este caso, se las arregla para crear un ambiente malsano y
claustrofóbico a pesar de que (casi) lo único que vemos es un muy luminoso
patio de vecinos. Información escamoteada, narración con limitaciones y relatos
parciales para mantener una historia de suspense sin salir de la habitación. El
uso de un protagonista impedido se ha usado miles de veces para añadir
sensación de ominosa impotencia ante el avance de los hechos, pero no por ello
deja de encantarme lo bien que se ha hecho en esta ocasión. ¡Casi puedes palpar
la frustración del periodista por no poder ir allí a ver qué ha ocurrido!

James Stewart está
inolvidable dentro de su rol como fotógrafo deliciosamente misántropo obligado
a habitar en su microcosmos del patio interior, que adora (y no soporta) a su
prometida, una pícara Grace Kelly, verdaderamente encantadora, tan presta a
tolerar resignada las excentricidades detectivescas de su querido como a
sumergirse en la investigación, poniendo incluso en peligro su vida.
Además del tremendo
carisma de ambos actores, destaca la extraña química que transmite su relación
de pareja. Se palpa claramente el amor, a pesar de que sus dinámicas de pareja
sean curiosamente extrañas a nuestros ojos (ay, ¡eran otros tiempos!).
Toda la acción
transcurre de un modo muy teatral, en la que cada ventana se transforma en un
nuevo escenario, con sus correspondientes secretos e historias de cortar. Cada
uno de ellos parece contener trama para una película por sí misma, generando
así una tensión fruto de la paranoia, pues todos parecen culpables (de una cosa
u otra) a cada momento. Lo que genera más inquietud es la cotidianeidad de la
acción, con un punto de partida tan reconocible desde nuestro día a día que no
podemos sino sentirnos identificados con lo que ocurre, pues podríamos vernos
en el mismo brete. Luego, como una
broma jocosa, la realidad va por su lado. Bueno, más o menos. O sí, o no, o
todo lo contrario.
Así que lo que tenemos es una deliciosa mezcla de humor refrescante y luminosa angustia. Entre el estado de gracia de sus actores, junto con un guión preciosamente trazado, repleto de diálogos ingeniosos y un grato ritmo que les permite lucirse, unidos a una puesta en escena con el toque maestro de su conocido director, La ventana indiscreta es una verdadera preciosidad de película con la que no debes hacer otra cosa que disfrutar. Este redondo espectáculo de suspense ha sido mil veces imitado, mil veces homenajeado, recordando que siempre es bueno volver al lugar de donde salió todo.
Mis felicitaciones,
una vez más.
Nota: 9
Nota filmaffinity: 8.2
A pesar de la manía que
la Academía parecía tener a Hitchcock, La
ventana indiscreta se las arregló para llevarse cuatro nominaciones a los
Oscar (director, sonido, fotografía en color y guión). Lamentablemente no se
tradujo en premios, en un año que arrasó La ley del silencio.
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