Mostrando entradas con la etiqueta McCarthy. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta McCarthy. Mostrar todas las entradas

lunes, 17 de octubre de 2016

Cazafantasmas



¡Por fin he visto la película más odiada de la historia! Antes siquiera de que se estrenara ya había hecho correr ríos de tinta y toneladas de bilis. No es que uno sea amigo de los remakes gratuitos, ni mucho menos, pero no me parecía que esta propuesta fuera merecedor de tanto rechazo.

Si ya estamos acostumbrados a ver Estrellas de la Muerte destruidas una y otra vez, en este caso se realiza una fotocopia (casi) de la película original, cambiando al elenco y actualizando un poco algunos gags. Es decir, los fantasmas invaden Nueva York y la aparición de un aguerrido grupo salvador se hace obligatoria. Después de todo, si la segunda es casi una repetición de la primera y funcionó (más o menos),  ¿por qué ésta no debería hacerlo también?

Lo que más hay que destacar y (casi) lo único que le exigía. Que cosa más divertida. No sólo bebe acertadamente de la propuesta original, sino que actualiza los chistes, le añade una vuelta de tuerca a otros y aprovecha para meter chorrocientos guiños y tonterías que han salido en todas las películas de fantasmas que se nos puedan ocurrir. El resultado es muy desigual, hay gags tronchantes, otros que son auténticas bastardadas y un puñado que no sé qué gracia se supone que tienen (¿Alguien me puede explicar los de la sopa?), pero en conjunto, la película consigue lo que busca: Ser un divertimento alegre y tontorrón con el que pasar dos horitas bien entretenidos. 

Quizás los momentos que más chirrían son aquellos en que se intenta homenajear al referente. Paul Feig quiere remarcar tanto que se está haciendo un homenaje y debemos estar atentos a él que el propio chiste pierde su gracia. No obstante, se agradece (ay esa nostalgia) que todos los actores vivos de la película original hayan querido pasarse por ahí y satisfacer a los fans.

Su papel (Murray, Weaver & company) es sustituido por un puñado de humoristas surgidas del Saturday Night Live (¡como hace treinta años!). Melissa McCarthy realiza el papel más simpático que le recuerdo, pues siempre me carga en exceso. Todas dan bien el pego con lo que se les pide, pero de entre ellas, destacaría a Kristen Wiig. Al principio se me hace difícil ver por dónde coger su personaje, pero al final llegas a la conclusión de que está tan zumbadísima que no puedes sino despiporrarte con sus idas de olla (¡y su combate contra el peregrino, coñe!). De los secundarios, destaca con luz propia Chris Hemsworth, que le da una vuelta de tuerca muy curiosa al papel de la rubia tonta con su rubio buenorro absolutamente imbécil. Un personaje muy bien parido desde el guión y una actuación muy bien tirada, especialmente con su escena post-créditos, canelita pura. Mi quejica interior estaba pidiendo a gritos esa escena durante la película y va y me la enchufan como bis. Con un par (Gracias ^^). 

Lo que más se nota en la evolución de la película es en unos efectos especiales muy resultones bien introducidos al servicio de la película. A destacar la espectacular lucha contra los fantasmas en Times Square. ¡Cómo echábamos de menos una buena coreografía de tortas en los Cazafantasmas! Por su parte, la música usa y abusa el archiconocido tema de los Cazafantasmas, pero ello no es óbice para que resulte cargante. 

Lo que más gracioso se me hace es que el guión no innova lo más mínimo: Aparecen fantasmas, vuelven (ejem) los cazafantasmas; un malo quiere destruir Nueva York, hay un monstruo gigantesco y un buen puñado de fuegos artificiales para acabar. Todo ello aderezado con un descomunal bombardeo de chistes y un ritmo de lo más vivo que te lleva en volandas durante su metraje. 

Cazafantasmas ha sido lo que quería ser: la película más divertida de su verano. 90 minutos de diversión refrescante sin ninguna complejidad.

Nota: 6
Nota filmaffinity: 5.5

A posteriori, me parece gracioso cómo su polémica campaña publicitaria basada en soliviantar a los trogloditas ha sido un éxito. Si bien la mayoría de escritos que han aparecido por doquier están plagados de vómitos y otras regurgitaciones, la productora ha conseguido que TODO el mundo hablara de ella. Aunque la mitad de los espectadores sólo la hayan ido a ver para escupir sobre ella, el exitazo ha sido brutal. No hay más que comparar lo desapercibidos que han pasado otros remakes recientes (desafío total, robocop…). ¡Bien jugado!

sábado, 30 de abril de 2016

Spotlight



Ya en El cuartopoder, de Richard Brooks, en Todos los hombres del presidente, de Alan Pakula o en El Dilema de Michael Mann, el periodista encarna, desde tiempos pretéritos, dentro del cine hollywodiense al centinela de la democracia. Denunciando sin descanso la criminalidad, la corrupción de la clase política, el cinismo de los “grandes números”, las pira derivadas de la histeria anticomunista o los errores judiciales, son el vigía que señala las disfunciones de la sociedad estadounidense, a veces con peligro incluso de su vida.

Es dentro de esta sólida tradición en la que se inscribe esta remarcable Spot Light, la cual, como muchas veces en estos casos, se inspira en hechos reales. Aquí, el equipo de periodistas de investigación del Boston Globe, apodados Spotlight (literalmente, el foco), investiga sobre un caso de crímenes pedófilos perpetrados – y disimulados – por la iglesia católica. Sin embargo, no hay una búsqueda por convertir a los periodistas en héroes. Lo que interesa a McCarthy es mostrar al periodista en su trabajo, como sostén de la democracia. Podríamos decir que la pederastia no es lo que importa en la película, funciona casi como un McGuffin para que nos centremos en el periodismo. A ello ayuda el tono casi documental que se adopta en una puesta en escena muy sobria en sus formas, rehuyendo la ampulosidad que se suele dar a estas propuestas. La trama se centra en el proceso de investigación mostrando todo el trabajo periodístico y eliminando toda la carga dramática o romántica de los personajes. Puro periodismo.

No, su trabajo no tiene casi nada del reflejo carismático que tienen las revelaciones secretas y los secretos que alimentan egos. Bien al contrario, sus tareas son habitualmente repetitivas e ingratas, y su hábitat es bien reconocible como una oficina pequeña y gris iluminada por neones titilantes suspendidos de un falso techo. Sus interlocutores los consideran como molestias y su privacidad es vampirizada por el trabajo. Además, el director no busca que nos encariñemos con los personajes, sin detenerse apenas por su esfera personal para no dar pie a tramas que pudieran distraernos de la principal. De ahí los planos elocuentes de Sasha Pheiffer (Rachel McAdams) interrogando incansablemente a las víctimas e intentando acercarse a los verdugos, o también los de Michael Rezendes (Mark Ruffalo), acosando literalmente al abogado de los supervivientes y de Matty Carrol (Brian d’Arcy James) escarbando escrupulosamente los archivos del periódico. 

McCarthy se sale al retratar este pequeño enjambre laborioso que forma el grupo Spotlight – los rostros ansiosos minados por la fatiga creciente, las desilusiones recurrentes, las innumerables llamadas telefónicas sin resultados, las idas y venidas entre el periódico, el Palacio de Justicia y el despacho de abogados. Además de su testarudez, el otro gran activo del grupo es la complementariedad de sus miembros, que saben, todos, que tienen un papel a jugar dentro del reportaje, cada uno esencial, cada uno en su lugar.  Otro punto a destacar es el hecho de que se muestra a los personajes como humanos: dudan, tienen miedo, se equivocan… El retrato se aleja del ser de luz que se bate contra viento y marea, mostrando como, en el mismo periódico, se tapó el escándalo años atrás o como se esfuerzan por mantener el secreto para asegurarse la exclusiva.

Pero poco a poco, el trabajo encarnizado de los periodistas va esculpiendo el contorno de violencias insondables sufridas por las jóvenes víctimas del ayer. En este aspecto, la fuerza de Spotlight al tratar el tema es de fuera de categoría. El realizador, en un ejercicio de moderación, evita los flashbacks insistentes o el dolor gratuito y empático. Entre los testigos recogidos y la reconstrucción de los hechos, el film se basta solo para dar sentido a la magnitud de la tragedia.

Este hincapié por la función salvadora de la prensa escrita no sería tan poderoso si no estuviera anclado en un contexto histórico bien específico. En este film, la responsabilidad flagrante de la Iglesia se confunde con la de Boston: Boston la patriarca, discreta y provincial, Boston la que execra la ostentación, y sobretodo Boston la católica, donde el crimen prolifera. “La ciudad prospera cuando sus grandes instituciones trabajan mano a mano” declara, seguro de sus actos, el cardenal Law al redactor en jefe del Globe en una entrevista privada. De hecho, es toda la ciudad la que parece cómplice de los ataques criminales de sus prelados: aquí, la Iglesia, impalpable y omnipresente, se insinúa dentro del corazón y el alma de los fieles, cuya educación conlleva una discreción obligatoria. Dentro de este film lleno de sutileza no hayamos rastro de maniqueísmos. Todo el mundo, o casi, comparte los mismos orígenes y, por tanto, una responsabilidad colectiva…Un film apasionante, sin duda. 

Spotlight es una película necesaria, tanto para denunciar la trama criminal de la que se habla como para defender el papel del periodismo veraz y de investigación que tanto echamos en falta para construir una sociedad libre donde puedas confiar en el prójimo para ayudarte y construir un mundo mejor en el que convivir. Quizás sea una propuesta para disfrutar más a nivel mental que con las tripas (pues no hay rastro de morbo o carnaza en el film), pero se trata sin duda de la mejor película del año. Un prodigio de guión que equilibra mil aspectos inmiscibles, unas actuaciones brillantes y una puesta en escena milimétrica que permite tratar temas llenos de polémica sin rastro de carnaza o efectismos gratuitos.

Nota: 9
Nota filmaffinity: 7.3