domingo, 16 de marzo de 2025

Outrage

Después de una de samuráis, seguimos con otra de japoneses que se matan, aunque sea otro rollo.

Estamos en una de Yakuzas y Outrage nos presenta al jefe de uno de los principales clanes de la mafia que sospecha que tiene un traidor entre sus allegados, por lo que necesita hacer una limpieza. Por su parte, Kitano es un cargo intermedio que acaba de salir de la cárcel y solamente quiere tranquilidad. Sin embargo, su reputación de implacable responsabilidad y su inquebrantable lealtad le convertirá en moneda de cambio ideal para dirimir quienes son de fiar en la familia. Obviamente, Kitano no está muy por la labor de morir al servicio del clan, por lo que el conflicto deriva en una sangrienta guerra civil dentro de la organización.

Cualquier espectador acostumbrado a los estándares de EEUU notará desde un primer momento que la película no sigue los cánones habituales. Kitano (director, guionista y actor principal) apuesta aquí por una puesta en escena minimalista, reduciendo los aderezos al mínimo, con diálogos exiguos, personajes hieráticos y explicaciones inexistentes. Es necesario poner interés para atacar cabos y entender las motivaciones de unos y otros personajes.

A ello se suma una acción seca, desagradable, sin toda la parafernalia molona a la que estamos habituados. No hay coreografías, persecuciones o tiroteos masivos donde todo explota. Aquí llega uno, pega tres tiros, devuelven los que pueden, un par de chorreos de sangre y gente que cae al suelo, con una impersonalidad que asusta. Parece preparada para incomodar y mostrar la futilidad de las muertes por honor, el ojo por ojo y la estupidez de los altos mandos que juegan con sus subordinados como si fueran fichas del parchís.

Para hacer las cosas más difíciles, el argumento es enrevesado, e incluso escamotea deliberadamente diálogos importantes (que se revelan a posteriori). Si encima los personajes son parcos en gestos y diálogos, se hace difícil saber en qué bando está cada personaje (en el suyo, jé). Además, los giros de guión no están puestos “donde deben”, pues Kitano sigue sus criterios y estos no son los que estamos acostumbrados, lo que provoca que no siempre sea fácil saber hacia dónde quiere ir la película.

Pero bueno, luego tienes a Kitano con cara de mala leche, arreando tiros como si no hubiera un mañana y se te cambia la cara, que esto mola un montón. El avance del metraje va en consonancia con el aumento de la vorágine sangrienta que nos tiran a la cara y se le perdona casi cualquier cosa.

Al final, lo que tenemos es una película muy diferente, realizada con un modo de hacer al que no estamos acostumbrados. Kitano mantiene las horteradas cercanas a cero y aumenta la testosterona al modo japonés. Esta propuesta minimalista condensa en muy poco espacio una historia de mafias, disparos y mala leche creando una atmósfera muy particular, lo que no impide que pueda hacerse indigesta a cafeteros menos avezados en “cosas rarunas”.

 

Nota: 5

Nota filmaffinity: 6.2 

viernes, 14 de marzo de 2025

El club de los mentirosos (Mary Karr)

Leí este libro porque en un Encuentro Becero Cocodras me lo puso en los morros y (casi) me obligó a ponerme con él, que estaba segurísima que me iba a encantar, que no podía dejarlo pasar y tal. Así que bueno, al lío con él.

Título: El club de los mentirosos

Autor: Mary Karr

Título original: The Liars’ Club

Traducción: Regina López Muñoz

“La tragicómica niñez de Mary en una localidad petrolera del este de Texas nos presenta a unos personajes tan singulares como divertidos: un padre bebedor, una hermana que con doce años le planta cara a un sheriff, una madre con un sinfín de matrimonios a sus espaldas —y cuyos secretos amenazan con destruirlos a todos—. Precisamente, será la madre, ese personaje maravilloso, quien se convertirá a lo largo del libro en la clave de esta gran historia, de esta novela autobiográfica e inolvidable.

Cuando se publicó por primera vez en Estados Unidos, El club de los mentirosos fue un éxito arrollador y elevó el arte de la narrativa memorialística a un nivel completamente nuevo. Fue recibido con entusiasmo por los lectores y la crítica, fascinados por este relato de una infancia de los años sesenta fuera de lo común, tremendamente conmovedor pero desprovisto de sentimentalismos.”

A lo tonto, ya llevo unos cuantos libros que quieren contar esta historia. Desde finales de los 60 hasta bien entrados los 80, tenemos un bildungsroman sobre una chica que pasa de niña a adulta con todas las vicisitudes que ello conlleva. Quizás no cuente nada nuevo, pero lo cuenta muy bien, con toneladas de retranca y mala leche que permite hacer más digeribles los (bastantes) momentos duros y escabrosos.

¿Un consejo rápido? Leed este libro en un estado de paz mental, porque desprende una fuerza disruptiva capaz de llegar muy hondo a la que te pille desprevenido. Doy gracias que mi vida ha sido bastante más tranquila que ésta.

Así, a modo de una autobiografía (no demasiado) autoficcionada, Mary Karr nos cuenta su infancia y adolescencia, mostrándonos los efectos de la contracultura, el atraso de los estados sureños y los efectos de una madre terremoto que no deja indiferente a nadie. Con una familia tan desestructurada, Mary hace lo que puede por mantenerse a flote, sobrellevar los abusos de unos y otros e intentar obtener un poco de felicidad con lo que la vida le ofrece.

Así, a lo largo de sus páginas encontraremos un excelente retrato de personajes entre los que destaca la propia protagonista. La autora se mete en la propia narración al escribir el libro desde una perspectiva adulta, lo que provoca que en muchos casos se mezcle el punto de vista de la Mary niña con el de la Mary adulta y los recuerdos que tiene una sobre lo que sintió la otra en la época y cómo era vivir cómo vivía. A veces parece que ambas “Marys” dialogan entre ellas y comentan la jugada, obligándote a leer entre líneas para entender qué está sucediendo realmente. No obstante, a medida que vas conociendo más detalles sobre cómo fue la infancia, vas comprendiendo porqué la Mary adulta es como es. Así, se compone un personaje dual, por un lado, atrevida, dispuesta a comerse la vida, pero amando incondicionalmente a su familia y, al mismo tiempo, cargándose de agravios que se piensa cobrar un día u otro.

Laisa es su hermana mayor, el mayor sostén de Mary y, en muchos momentos, la persona más responsable de la familia. Obligada a crecer antes de hora, le echa un morro increíble las situaciones, lo que la va endureciendo y provocando su renuncia a los sentimentalismos, convirtiéndola, poco a poco, en una mujer fría y calculadora. Queda claro que adora a su familia, pero bien lejos, por favor.

Posteriormente, tienes a su Padre, un hombre derrotado por la vida que hace lo que puede (que tampoco es mucho). A lo largo de las páginas vamos viendo como de una persona alegre que hace lo que puede por mejorar la vida de sus vecinos y amigos va cayendo poco a poco en el alcohol y la amargura, convirtiéndose en una persona quizás entrañable, pero a la que no puedes confiar nada que implique responsabilidad.

Pero es la Madre la que se lleva la palma. Se trata de un torrente de personalidad, con arranques volcánicos seguidos de arrepentimientos, coqueterías y berrinches. Bellísima de joven, decidió que tras parir dos niñas se dedicaría a disfrutar de todo lo que la vida le daba. Su tendencia a la molicie y su poca constancia provoca que deba iniciar su vida unas cuantas veces, siempre a base de traslados a lo largo de todos los EEUU, siguiendo un ciclo claro de “ahora vamos a hacer las cosas bien / gano algo de dinero / a vivir la vida / vaya, la he liado / vámonos”, en los que arrastra a sus hijas en empresas cada vez más desesperadas. Sin embargo, no hay aquí verdadera maldad, sino una tendencia autodestructiva que uno no puede mirar sino con pena, siendo testigo del nuevo follón en el que se está metiendo esta vez.

A lo largo de las páginas vamos viendo las vicisitudes de la familia, siempre desde el punto de vista de una niña que adora a sus padres, aunque tengan unas manías que no acaba de comprender. Aportaciones de la “Mary adulta” aderezan el contenido, añadiendo la puntilla, dejando claro de dónde han salido la multitud de horas de psicólogo y los traumitas que arrastran las dos hijas. En mucho, recuerda al libro Fugitiva y Reina que reseñé hace un tiempo, sólo que aquí tenemos a una familia pobre de la Texas rural en vez de unos pijos parisinos con demasiado tiempo libre.

El libro no esconde un tono de realismo, de verosimilitud al contar las cosas incluso en los hechos más duros, que provoca escalofríos bien desagradables. Leer El club de los mentirosos es una experiencia áspera, en pocos momentos divertida, pero lo más curioso es que Mary Karr SABE escribir, escogiendo admirablemente la composición de cada frase, de cada párrafo. Los construye con belleza y no es difícil de creer que es una poeta (que lo es), pero no es una poeta que parezca interesada, al menos en principio, en contar una historia bonita. 

La sordidez campa a sus anchas y se nos describen verdaderos horrores no aptos para corazones sensibles pero, curiosamente, la novela se las arregla para tener cierto poso de optimismo. Siguiendo palabras de la propia Mary adulta (que debemos entender como un trasunto de la autora), el ser humano no se rompe, sólo se comba. Así, hay personas que han vivido a través de infiernos pero acaban siendo más normales de lo que esperaríamos. Al final, no somos tan especiales. Mary dedica mucho espacio a remarcar el poder terapéutico de sincerarse, de contar aquello qué te ocurre y te duele, en vez de formar parte del club de los mentirosos que mienten (y se mienten) con la excusa de proteger a los que aman (o a nosotros mismos). La amabilidad, la bondad y la sinceridad son la clave para buscar una vida más agradable.

El club de los mentirosos es una lectura desasosegante, con un drama intenso disfrazado de novela de maduración. A lo largo de 500 páginas sufriremos, nos indignaremos, querremos y odiaremos a todos los personajes que, simplemente, tienen una vida inusual pero que es la suya y qué aun así deben tirar para adelante. Acometer este libro es una experiencia interesante, quizás no apta para todos los paladares, pero su amargo sabor esconde satisfacciones.

Gracias Cocodras por la recomendación. Está claro que no es un libro que deje a nadie indiferente.

 

Nota: 8

Nota goodreads: 3.93 

sábado, 8 de marzo de 2025

Los siete samuráis

Estamos en el siglo XVI, Japón se halla asolado por las guerras civiles. Las partidas de forajidos siembran el terror de los campesinos, que sufren de sus abusos regularmente. Desesperados, incapaces de defenderse, los pueblerinos deciden enviar a unos emisarios a la ciudad cercana para contratar a unos samuráis con la idea de que se trasladen al pueblo y los defiendan. Su misión no es precisamente fácil, pues los samuráis no tienen un especial aprecio por unos aldeanos que apenas tienen medios para pagar por sus servicios. Pero finalmente, los pobres encuentran a Kambei, un hombre de honor, sabiduría y espíritu generoso, que acepta su proposición y empieza a reclutar a otros hombres tan generosos como él (o locos, o desinteresados o desesperados…). Es así que una buena mañana, los siete samuráis se ponen en ruta junto con los aldeanos, que están orgullosos de haber cumplido su misión.

Llegados a la aldea, los samuráis estudian una estrategia, organizan la defensa, entrenan a los aldeanos… tareas que no se hacen porque sí. Cuando llegue el día, los hombres de las espadas y los hombres de la tierra habrán aprendido a conocerse y apreciarse, pues deberán combatir espalda contra espalda contra los saqueadores sin fe ni ley.
No es un secreto decir que la historia tiene un final feliz. Bueno, en todo caso para los aldeanos que pueden volver a su existencia tranquila, marcada por las estaciones y las cosechas. Los samuráis supervivientes deberán volver a su vida de guerreros errantes, pues su presencia en la aldea ya no tiene razón de ser. “I’m a poor lonesome samurai”, cantarán en japonés mientras se alejan por el camino polvoriento, a la caída del sol… Pero un poco más en serio, esta melancolía ya ha sido expresada por el propio Kambei, en la posada al inicio del film: “Siempre nos decían, ¡entrenad!, ¡convertíos en señores de la guerra! Pero luego nuestra vida se consume en esta búsqueda vana. Llega la vejez y nos encontramos errantes, con un puñado de moscas en la mano.”.

Los 7 samurais es el film más conocido de Kurosawa, muchas veces considerado el culmen de su obra épica. Un film inolvidable por la amplitud de su fresco histórico, la variedad de sus episodios, la energía extraordinaria que llena todas sus secuencias, la belleza de las imágenes, el lirismo de la puesta en escena.

Estrenada inicialmente en una versión recortada de 140 minutos, actualmente es más fácil encontrar la versión restaurada de 1980, que amplía su longitud hasta unos impresionantes 205 minutos. Estos se dedican principalmente a ampliar el trasfondo sobre la vida de los campesinos y su relación con los samuráis a los que han contratado por protección. Quizás se pierde un poco de ritmo, pues la acción se vuelve más esporádica, pero el desarrollo de los personajes compensa con creces esta ampliación. Evidentemente, se hace difícil para ver de una tacada, pero esta última vez lo he visto en episodios de alrededor de 45 minutos y debo decir que funciona estupendamente como si de una serie corta se tratara.

Así, tenemos espacio para que las tramas respiren, mostrando un manojo bien amplio de historias. Conoceremos los motivos por los que los 7 samuráis participan en esta empresa, asistiremos a la redención de Kikuchiyo (Mifune, que no falte), las privaciones de los lugareños que aun así son mejores que los saqueos de los bandidos, los problemas que causa la bellísima hija del jefe para la convivencia de todos y, sobretodo, cobra especial importancia el hondo dolor del samurái jefe por no poder evitar las inevitables tragedias que vienen acompañando a las batallas. Como dice en su epílogo: ¿Qué sería este mundo de los inocentes, de los débiles, de los corderos, sin no hubiese hombres con valor, lo suficientemente bravos (de digna bravura), que le hacen cara a los abusadores, que les presentan batalla y se lo ponen difícil para que dejen de abusar?

Podríamos decir que la película se puede dividir en tres tramos diferenciados:

Primero tenemos el reclutamiento, que nos permite conocer la situación y -sobretodo- a los samuráis que participarán en la contienda.

Luego tenemos la convivencia en la aldea entre los campesinos y los samuráis, que nos pone en situación de la férrea diferencia de clases de la sociedad japonesa del momento. Así, tendremos multitud de conflictos entre unos y otros, que se resolverán con mayor o menor fortuna en función de quién se implica en cada momento. Es decir, labradores que soportan a los recién llegados simplemente porque los otros son peores, unos samuráis que -quizás- se cuidan demasiado, la extraña desaparición de la mayoría de mujeres de la aldea…. Todo ello mientras deben colaborar para fortificar la aldea y prepararse para la batalla.

Y finalmente, tenemos la batalla final en que se desencadenan los espadazos y se sucede la matanza. La acción se vuelve especialmente cruda, coreografiada con realismo y variedad. La lluvia y el barro se apuntan a la fiesta para conseguir un espectáculo más épico y desgarrador, complementando unas escenas que indican, con simbolismo, que ahora que las Puertas de la Muerte se han abierto, muchos la cruzarán.

Ah, y el epílogo, que si ya estabas sufriendo con lo ocurrido, te suelta un último puñetazo en el estómago.

Los 7 samuráis es una historia épica y trascendente que no por ello deja de reflejar a la perfección la tragedia diminuta, terrible y cotidiana que acecha a cada ser humano, desde los campesinos hasta los guerreros samuráis. Es un gusto encontrar una película con veinte personajes diferentes que dejen la sensación de tener alma. A veces la manera de actuar japonesa puede ser un poco rara (demasiado expresiva para nuestros cánones), pero eso no debe impedir a un espectador avezado disfrutar de este mastodóntico film. Una historia de aventuras de primera categoría, con grandes actuaciones, una dirección impecable y un guión que está a la altura. Sólo por la cantidad de veces que ha sido copiada, ya podemos hacernos una idea de su importancia.

 

Nota: 10

Nota filmaffinity: 8.4 

jueves, 6 de marzo de 2025

Scoop

Al ponerme a hacer la reseña de esta película, me he dado cuenta de que empiezo a tener muy pocas películas de Woody Allen por ver y reseñar. Creo que (junto con Spielberg) debe ser el director al que le he prestado más atención a lo largo de los años.

En Scoop tenemos a una aspirante a periodista que recibe un chivatazo (un scoop, en inglés) del más allá sobre un asesinato que incumbe al soltero más codiciado de Inglaterra. Por su parte, Woody Allen es un charlatán que vive de hacer ver que tiene contacto directo con los muertos, aunque en el fondo se dedique a hacer del personaje clásico de Woody Allen. Esta improbable pareja de detectives se pondrá en marcha para esclarecer una muerte que no ha atraído la atención de la policía, lo que les llevará a meterse en líos bastante más gordos de los que hubieran deseado disfrutar.

Recordando en gran medida a Misterioso asesinato en Manhattan tenemos aquí una comedieta menor que, sin pretender tener trascendencia alguna, entra finísima. Transcurre por terrenos agradables, como si de un vaso de agua fresca en verano se tratara: No lo recordarás de por vida, pero sienta de maravilla. No inventa nada especialmente novedoso, pero está repleta de diálogos ingeniosos, un ritmo muy vivo, referencias a los cómicos de antaño integradas en la trama y un savoir faire en la comedia al alcance de muy pocos.

A ello ayuda la presencia de cuatro actores que desprenden una naturalidad insultante. Por un lado hay que destacar a los protagonistas, Woody Allen haciendo de su personaje a la perfección, como siempre; mientras que Scarlett Johansson clava el tropo de tia buenorra tontita (pero no tan tonta), jugando con el tópico en su beneficio mientras está más guapa que nunca. Desprenden una buena química de lo más inesperada, complementándose a la perfección dentro de la excentricidad de sus papeles. Hugh Jackman hace el papel de galán pijo y seductor, notándose como goza cada escena y lo bien que se lo está pasando rodando. Por su parte, Ian McShaneencara al JJ Jameson, al periodista de raza que sabe que tiene el chivatazo del siglo y no podrá descansar en paz hasta que consiga que la verdad salga a la luz. En un papel similar al de su peculiar Swaringen, se convierte en el cabrón (en nuestro cabrón) que lucha por lo que cree hasta límites absurdos, sin dejar siquiera que la Muerte (no temáis al Segador) se interponga en su camino. Si a Woody Allen le quedan bien los diálogos estúpidos para escurrir el bulto, los de McShane desprenden una arrogancia tal que se hace obligatorio quererle.

La trascendencia del argumento es, cuanto menos, escueta. Es predecible, pudiéndose adivinar qué va a pasar en los siguientes minutos, pero la trama se despliega con corrección, hilando con cierta habilidad los giritos de guión que sabemos que han de venir. Pero claro, está envuelto en diálogos ingeniosos, un extraño (y exacto) sentido del humor negrísimo que cabalga contradicciones sin despeinarse en ningún momento y un buen rollo desbordante que consiguen que el conjunto se deslice con placer. Una longitud perfectamente ajustada (da gusto cuando una película dura lo que debe durar, ni un minuto más, ni uno menos) y un buen repertorio de chistes ocurrentes son más que suficientes para que este entretenimiento ligero te permita ventilar una tarde placentera con una buena sonrisita.

Scoop es una película menor dentro de la filmografía de su director. Se basa en alargar una tontería durante 90 minutos y ver hasta donde lleva, pero lo hace con acierto, buenos chistes y un ritmillo la mar de molón. Creo haberlo dicho más de una vez (especialmente con Allen), pero ya les gustaría al 99% de los directores de Hollywood hacer películas menores como ésta. Entra finísima. No te marcará pero te da 90 minutos para rellenar una tarde como nadie.

 

Nota: 7

Nota filmaffinity: 6.8

 

PD: La frase de Allen en la piscina cuando se entera del percance de su "hija" es memorable.

 

  

viernes, 21 de febrero de 2025

Niño de aire (Blanca Marchesi)

Libro leído como parte de la Cesta’13 (#71). Si no, no creo que me hubiera acercado en modo alguno.

Título: Niño de aire

Autor: Blanca Marchesi

“El sentido de las palabras, que es el alma de la escritura, así como la letra del texto es el cuerpo en que sustenta toda la obra. Se trata de una novela de intriga, de misterio, que discurre a través de relatos de amor y algunas referencias a temas históricos, en una casa encantada en Oxford, la ciudad inglesa de la cultura, en la que se refugia la protagonista, sumida en una crisis matrimonial, y en la que inicia una relación de amistad con un anciano que terminará por desvelar el enigma que da pié a esta novela. La tensión es absoluta desde la primera hasta la última página que hará al lector incapaz de despegar su retina del texto inevitablemente absorbido por la trama de esta obra hasta su final. Su autora se adentra en infinidad de géneros con un resultado delicioso, con un lenguaje tan sencillo como eficaz y sin alardes de barroquismo ni defectos de formación.

Es, en fin, una novela cinematográfica, al mas puro estilo de un best seller, digna merecedora de esta VI Edición del premio Literario Fernando Arenas.

El planteamiento es simple, muy reconocible por todos: una familia vive en una urbanización tranquila de Madrid pero, por circunstancias, tiene que irse a vivir a Oxford. Ahí empiezan una serie de problemas derivados de mudanzas y de la obligación de trasladarse a un nuevo hogar en el extranjero: Adaptarse a una nueva cultura, el choque idiomático, echar de menos a los amigos, algún que otro lío cultural… Sin embargo, con un poco de buena voluntad de unos y otros, vecinos entrañables y esas cosas, todo se va resolviendo agradablemente. Tensión, lo que se dice tensión, el libro no tiene demasiada. El resumen de contraportada engaña “un poquito”.

No hay un especial inconveniente o antagonista, la casa donde va a parar es de lo más grande y bonita, el pueblo es bucólico, con todas las chorraditas entrañables que hemos visto en los pueblecitos ingleses. Coñe, que es Oxford, ¡el segundo mejor sitio para vivir de toda Inglaterra! Los vecinos son de los que te traen una tarta de cerezas nada más llegar, los viejetes están deseosos de entablar conversaciones agradables y saben cuando irse, etc.

La cosita especial del libro es que la casa donde habitan está encantada: tiene un fantasma. Pero no es un espectro amargado que arrastre cadenas, quiera vengarse de un asesinato sangriento o haga la vida imposible a sus habitantes, no. Es un fantasma muy bueno y muy adorable que se ha quedado entre este mundo y el otro. Así, será tarea de la protagonista – y el mayor enigma del libro – encontrar el modo por el que vaya por fin al más allá. Todo en un ambiente muy tierno en el que todos se quieren mucho y hacen lo que sea por hacer la vida de los demás un poco más agradable.

Niño de aire es un poti-poti de géneros un poco raro, que no se decide por qué quiere ser, dando sensación de falta de empaque. No obstante, no exige nada y se lee sin ningún esfuerzo. Además, como está poblada de buena gente a la que les pasan cosas de buena gente, sabe dejar el alma calentita. A fin de cuentas, problemas con los que todos podemos identificarnos que se resuelven agradablemente con un poco de esfuerzo y colaboración. Un detalle inusual y algo entrañable es el punto de vista MUY católico de todos los personajes. Se nota la religión que profesa la autora, impregnando de modo muy característico el carácter de todos.

Asimismo, la historia del fantasma bueno tiene su punto de ingenio. Hace las cosas que esperaríamos de él: Mover sillas, provocar ruidos, etc. Pero siempre lo hace intentando ayudar, facilitando la vida de los habitantes de la casa. Así, estos lo acaban tomando como un duendecillo amable, una característica más de la casa que la hace más cómoda y entrañable. El flashback posterior para explicar su pasado y la correspondiente resolución se pasan de predecibles, pero bueno, había que acabar la historia de algún modo.

Niño de aire se puede leer en dos tardes. Letra grande, prosa ligera y trama sencillita para ventilártelo en un par de tardes reposadas. No exige nada, ni destaca en exceso, pero de vez en cuando sienta bien leer historias de gente normal que desprenden felicidad.

 

Nota: 5 

lunes, 13 de enero de 2025

Open (J. R. Moerhinger, André Agassi)

No sé muy bien porqué lo he leído, pues nunca he sido un gran fan del tenis, pero bueno, estaba por mi lista de pendientes y hay que acabar con él.

Título: Open

Autor: J. R. Moehringer, André Agassi

Título original: Open: an autobiography

Traducción: Juanjo Estrella González

“Siendo un bebé, le pusieron una raqueta de juguete en la mano. Desde entonces, Agassi no ha hecho otra cosa que golpear pelotas de tenis. Su padre, obsesionado en convertirlo en un astro del deporte, construyó una máquina (el dragón) que disparaba 2.500 pelotas al día contra el pequeño Andre. Escrita por el premio Pulitzer J. R. Moehringer, Open es la semblanza a corazón abierto de André Agassi, que en estas memorias se muestra tal como es: un hombre que debió enfrentarse a las presiones de su familia, de la fama, pero que siempre conservó el valor de la amistad y un sentido altruista de la vida. En esta cautivadora autobiografía, Agassi revela, con sentido del humor y ternura, una vida definida por la contradicción entre un destino impuesto y el anhelo por complacer a quienes lo han sacrificado todo por él.”

Tenemos aquí una biografía al uso, que sigue la vida de su protagonista hasta su retirada (y un poco más). Aquí nos cuentan cómo ha sido la vida del excéntrico tenista André Agassi (profesional entre 1994 y 2006). No se trata de una historia de un elegido para la gloria, de un atleta impecable o de un esforzado intachable. Open hace un esfuerzo denodado en mostrar a un hombre confuso y rebelde, que lleva la contraria por el puro placer de tocar las narices. Encontramos aquí la evolución de una persona que sobretodo se busca a sí mismo, qué hacer con su vida y que además, pasa por ser uno de los mejores tenistas de su época.

A diferencia de otras biografías de deportistas que sólo he conocido a través de recuerdos de otra gente (como Éramos jóvenes e inconscientes o Red or dead), mi adolescencia tiene muchos recuerdos de ver a este melenudo (primero) y afeitado (después) deportista. Yo nunca fui especialmente fan del tenis, pero en casa se veía y no me tocaba otra, por lo que tenía cierta consciencia de quién era. El dominador de la época era el norteamericano Pete Sampras, pero siempre me pareció un aburrido sin carisma, todo lo contrario del esforzado André Agassi, que llamaba la atención allá por dónde iba, estaba siempre en la parte alta de los grandes torneos y, encima, de vez en cuando ganaba algo. Un poco de rebote me llegó este libro y, como tenía cierto cariño por mis recuerdos infantiles, decidí ponerlo en mi lista de pendientes hasta que le llegó su hora.

Me sorprende – mucho – la representación que hace de Agassi como un hombre desubicado, alguien a quién nadie preguntó nunca qué quería hacer cuando fuera mayor, qué cosas le apasionaban o qué inquietudes tenía para con el mundo. Recalca y confiesa que el tenis nunca le gustó: no le gusta entrenar, no le gusta jugar, no le gusta ver los partidos… Simplemente, era alguien al que se le daba muy bien el tenis. Increíblemente bien, de hecho. Su talento y la – enorme – presión de su padre le condujeron al circuito profesional, a una vida única que no pudo (¿no quiso?) rechazar, que le dio y le arrancó todo, aunque nunca llegara a tener oportunidad de escogerla. Después de unos años de arrogancia en que el niño prodigio asalta los cielos, vienen años de sufrimiento, incapaz de soportar la presión que su padre deposita en él, o su síndrome del impostor al mostrarse incapaz de mantener un número 1 del ranking que continuamente se le escapa entre los dedos.

Suelo decir que estas biografías me permiten conocer a la persona detrás del deportista, y muchas veces acabo convencido de que se trataba de un cretino al que no quisiera conocer. Sin embargo, en este caso estaría encantado de cenar con él en su casa algún día y charlar toda una noche (de cualquier cosa menos de tenis).

La biografía repasa toda su vida: una infancia con un padre explotador, la vacua alegría de comprar su primer coche (un Corvette, obviamente), la llegada de Gil Reys (amigo leal, confidente y principal entrenador de Agassi durante los 17 años de carrera), las vicisitudes de su amigo de infancia y posterior manager (Perry Rogers), su relación con Bárbara Streisand (30 años mayor), los periodistas y los políticos, su matrimonio con Brooke Shields durante un par de años (las diferentes aspiraciones vitales de ambos son casi cómicas, pero el dolor de una relación fracasada de antemano no es para nada divertido), la aparición de Steffi Graf… Y por medio, sus grandes victorias (8 Grand Slam, 1 Oro olímipico) y sus muchas derrotas, a modo de escenario de fondo, como el factor más importante de aquellos que no tienen ninguna importancia.

Obviamente, el libro es amable con el deportista. Se le retrata siempre desde un punto de vista edulcorado, un prisma amigable en el que siempre queda bien, incluso cuando está en sus horas más bajas. Por ejemplo, se trata el positivo de doping por metanfetaminas durante un momento oscuro de su vida, pero ojo, “nunca” fue un drogadicto ni un consumidor, la culpa era de la presión, las malas compañías, las fiestas….Reconozco que me hace mucha gracia las veces que se pone a reflexionar sobre qué hubiera sido de su vida y su carrera si se hubiera centrado, si hubiera entrenado más etc. Vuelve a ello unas cuantas veces, reconociendo siempre que seguramente habría ganado más, pero bueno, ahora bien “que le quiten lo bailao", que la vidorra que se ha pegado no es poca cosa.

Por otro lado, no escatima en entretenerse con las múltiples riñas de Agassi con la prensa. Encontronazos y malentendidos que hacían las delicias de los tabloides del momento, como sólo los mejores cantamañanas carismáticos saben hacer. Tenía recuerdos difusos de un buen puñado de ellas y me ha hecho mucha gracia ver como volvían a mi memoria.

Algo que hace especialmente bien es mostrar la parte mental de un partido de tenis. El concepto de la iniciativa, el saber que puedes ganar, irse del partido por un berrinche… No es algo fácil de plasmar, brete del que el libro sale con gracia. Además, a lo largo del libro, Agassi pierde, y mucho. Una y otra y otra vez. Sí, hay pequeños momentos de inspiración, de alivio, cuando derrota por fin a Becker o en las victorias de sus Grand Slams, pero el motivo predominante es siempre la derrota. Y claro, volverse a levantar. Después de leer este libro, le respeto más por su tenacidad y su habilidad para avanzar pese a no saber qué hacer con su vida. He disfrutado viendo como es capaz de forjar su fórmula para la victoria, que es capaz de mantener durante un año y medio loco en que toca el cielo. Hay un ciclo continuo de esforzarse, ganar, que bueno soy, dejarse ir y perder durante muchos meses, para reaccionar y volver a esforzarse. Es (obviamente) un competidor formidable, pero es interesante ver qué lo motiva, que le ayudaba a seguir adelante, sin importar si le gustaba el tenis o no.

Puedes tomarte Open como una novela que tiene el tenis de fondo, de la misma manera que existen muchos libros que te cuentan la vida de personajes ficticios, con la diferencia que en este caso se trata de alguien real.  Es una historia nítida, articulada y a todo ritmo sobre uno de los mejores atletas de su momento y su intrépida narración de la vida desde su punto de vista. No lo esperaba, pero ha sido una lectura amena e interesante, que me ha permitido apreciar a un atleta desde un punto de vista diferente.

 

Nota: 7

Nota goodreads: 4.28/5 

sábado, 11 de enero de 2025

DC Liga de supermascotas

Y después de ver una película llena de trascendencia, en la que cada escena es una obra de arte, vamos a una cosita bastante más chorra.

Después del tráiler de Superman, todos sabemos que éste tiene un perro que se llama Krypto y tiene sus mismos superpoderes. Y si no lo sabías, no sé dónde te has metido últimamente, pero ahora lo sabes.

Pues un día, por estas cosas que pasan, toda la Liga de la Justicia es capturada. La única esperanza de la humanidad pasa por las patas de Krypto. Sin embargo, este buen chico sólo sabe obedecer a Superman y no conoce apenas nada de la vida. La desesperación le obligará a reclutar a un puñado de animales callejeros para formar la “Liga de las Supermascotas” con las que ganar a los malos y salvar el día (con jocosos resultados).

Esta película forma parte de la sección de animación de los proyectos que tiene DC dentro de la HBO-MAX pre-Zaslav. Debido a su exiguo presupuesto y a la poca trascedencia de la trama, se lo han tomado como un estreno menor, lo que le ha permitido gozar de mayor libertad, sin quedar sometida a los enormes bandazos que ha pegado la franquicia en los últimos años. Ahora parece que con Gunn se han centrado un poco, pero veremos cuánto tardan en dar el primer volantazo. Sin embargo, esta libertad le ha sentado muy bien. Un tráiler que invita a pensar que tenemos Mascotas con súper poderes esconde una película que es mucho más de lo que parece. No deja de ser una chorrada bien grande, pero se nota que se le ha puesto cariño y la gente quería llevar el proyecto a buen puerto.

Quizás buscando alejarse de la muy seria y muy trascendente versión de los cómics de DC de la pantalla grande, esta comedieta sabe que es una tontá y lo utiliza en su beneficio, convirtiéndose en una cosita muy simpática que se ve sin ningún esfuerzo. Ofrece un guión sencillo, sin complicaciones gratuitas, que cualquier retoño puede seguir sin esforzarse. Puede que el argumento peque de obvio y predecible (mucho), pero Stern y Wittington han rodeado este armazón con una plétora de humor absurdo y chistacos ingensiosos que le hacen mucho bien. Así como la mayor cantidad de referencias autoconscientes que he visto desde la Batman-LEGO-película (que sigue siendo mi película de Batman favorita).

La liga de Supermascotas no está intentando romper las normas del género o poner en duda un mundo más que establecido. Lo que intenta es encontrar su hueco para jugar con personajes que conocemos de toda la vida, añadirle un poco de un sentido de la maravilla infantil y moralejas en medio de un montón de chistes. Tan adorable como cómico, esta película de animación encuentra su camino a la hora de entretener a toda la familia, sirviendo como puerta de entrada con la que introducir a los más pequeños de la casa en el vicio. Además, su esfuerzo para esconder referencias para los más veteranos de los cómics (sin que por ello la coherencia salte por la ventana) sirve para que los progenitores más dedicados puedan entretenerse más allá de los porrazos y las absurdeces que se nos muestra.

DC La liga de supermascotas es una tontada sin pretensiones que cumple al entretener. Es un soplo de aire fresco para el trasfondo de DC que debería satisfacer a los fans de ayer y hoy. Quizás a DC le venía bien una propuesta que sólo busque divertir, una película refrescante y divertida sin más.

 

Nota: 6

Nota filmaffinity: 5.8