jueves, 3 de octubre de 2024

Casino Royale

A lo largo de los años que uno tiene (que son bastantes), Daniel Craig es el tercer Bond que he podido ver en el cine. Hastiado de las películas de Brosnan, no es que tuviera muchas ganas de ver esta película cuando apareció. Eso sin contar con que no estaba muy entusiasmado con el cambio. Pero en su momento fui al cine y disfruté de mala manera.

Nos ponemos (una vez más, jé) en la primera misión que el Agente Secreto al Servicio de Su Majestad Británica James Bond realiza como agente 007. En este caso tiene que entrar en contacto con el enigmático LeChiffre, un maquiavélico economista que “trabaja” de banquero para terroristas. El objetivo es detenerlo y obligarle a colaborar para así desmantelar una red terrorista mundial. Para ello deberá colaborar con la representante del tesoro Vesper Lynd. Evidentemente, el caso no será tan fácil y las vidas de ambos (y del mundo libre) estarán en juego.

Quizás lo que recuerdo con más ternura de esta película es la polémica que trajo consigo la elección de Daniel Craig para hacer de James Bond. Veníamos de unas cuantas películas con Pierce Brosnan como 007. Éste le había dado una pátina de flema inglesa al hacer un superhombre capaz de cualquier cosa sin que se le moviera un cabello de sitio o se le aflojara el nudo de la corbata. Este efecto, que al principio molaba, a mí se me hacía cansino y había provocado que le cogiera bastante manía al actor, pero ciertamente tenía su éxito. Partir de un súper gentleman inglés para transformarse en una tosca montaña de músculos como prometía ser Craig era todo un cambio. Y mucha gente no se lo tomó a bien. Había marejada y mucha gente tenía muchas ganas de poner la película a caldo. Una vez se estrenó, se vio que la película rendía sin ningún problema y los comentarios desaparecieron.

Esto es quizás lo mejor de todo. No importa que Craig sea un Bond radicalmente diferente del anterior. Su Bond es sucio, bestia y visceral, pero aun así sale de cualquier entuerto sin perder un ápice de clase o dejar de molar ni por un instante. Sí, no tiene el encanto conquistador de Connery, ni la elegancia auto paródica de Moore, pero transmite letalidad y astucia por los cuatro costados. Tiene enjundia, carisma y – en este caso – un guión que le permite tener aristas como casi nunca habíamos visto antes. Además, la película tiene la “suerte” de que todos sus secundarios funcionan. Aunque sabemos que Mads Mikkelsen es un actor de primera, en aquel entonces no le conocíamos tanto y su LeChiffre se convirtió en uno de los malos más impactantes de su década. Sin apenas moverse ni tener una buena escena de acción, dejaba claro que era alguien con quien no se podía jugar, con una presencia imponente apenas arqueando una ceja. Eva Green, por su parte, clava una vez más el papel de Femme Fatale que tantas veces ha interpretado. Se nota que es un papel que le encanta y se lo pasa en grande cada vez que sale en pantalla. Incluso los secundarios más funcionales como Judi Dench y Jeffrey Wright se implican en la película, funcionando sin ambages.

Toda la actuación se complementa (o se apoya) en un buen guión que acierta a la hora de desarrollar una trama menos compleja que entregas anteriores. Tiene claro qué quiere mostrar y cómo, dejando a la acción el espacio adecuado para lucirse sin comerse la película. El físico abrumador de Craig permite convertir a este Bond en un héroe de acción más rotundo, lo que se traduce en unos set pieces espectaculares pero alejados del súper héroe imposible de tebeo que habíamos visto últimamente. Si bien la inverosimilitud no se abandona, la acción tiene poso, consiguiendo que nos la “creamos” lo suficiente y molen por todos lados (Miami, Madagascar o Venecia, por ejemplo).

La puesta en escena no tiene nada de funcional pues se toman muchas decisiones y se toman bien. Por ejemplo, tengo que destacar el momento del envenenamiento y cómo se traduce el efecto en una serie de escenas desenfocadas en las que la cámara se mueve torpemente, creando una sensación de angustia muy bien encontrada. Esta puesta en escena reforzando el momentum es constante en las escenas de acción – variadas y bien filmadas – así como en un ritmo vibrante, que equilibra agradablemente los fuegos artificiales con una trama bien urdida. No dudo que convencer a los productoes que una partida de póker sea el clímax de una película de acción de hoy en día habrá constado sangre, sudor y lágrimas, pero es una prueba más de que Martin Campbell sabía qué era lo que quería conseguir y además le sale a la perfección. Como jugón de las cartas, no puedo estar más contento. Lástima que luego no haya podido repetir un ejercicio así, pero estoy bien agradecido de que aquí hiciera el trabajo de su vida.

Otro detalle a destacar es que Bond ha dejado de ser un ser monolítico e impasible. En un intento – otra vez – de alejarse de Brosnan, los guionistas han tenido la voluntad de darle algo de continuidad, de desarrollo de personaje. Se percibe la idea de construir una saga argumental, cosa que luego pudimos comprobar en la mayoría de las películas que siguieron. De mejor o peor calidad, pero sí con la idea de tener un canon sobre el que moverse.

Obviamente, en las películas Bond se hace obligatorio repasar su banda sonora, aquí a cargo de Chris Cornell, cuyo You know my name es inconfundible. Ha pasado a ser uno de los (muchos) referentes de canción inicial, dándonos un opening hipnótico muy ilustrativo sobre lo que ha de venir.

Me parece curioso que las mejores películas de Bond son siempre las primeras de cada actor (bueno, casi). Casino Royale es un volantazo a un personaje que necesitaba un cambio de aires. La contundencia de Craig sirve para dar una pátina más sólida a una estupenda película de acción con todos los dejes y todas las cosas buenas que uno quisiera esperar en una película de esta franquicia.

 

 

Nota: 8

Nota filmaffinity: 6.9 

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