jueves, 1 de diciembre de 2016

La perla del Río Rojo (Emilio Salgari)



Mi caja de libros ha llegado tras la mudanza (¡por fin!), pero como uno no puede estar sin leer, ya había empezado otro de los que tengo dentro de mi e-book. En este caso, un relato poco conocido de Emilio Salgari, ambientado en los mares de China

Título: La perla del Río Rojo
Autor: Emilio Salgari
Título original: La Gemma del Fiume Rosso

La novela se ambienta en una China de opereta, idealizada y sin embargo fascinante. Los héroes habitan el Cantón montañés, un territorio rebelde, cuyos habitantes se niegan a ser sojuzgados por los chinos.
La hija del nuevo gobernador, la Perla del Río, va a ser desposada por Lin-Kai, primogénito del mandarín de Seúl. Sin embargo, Sun-Pao, jefe de los Banderas Amarillas, quiere guiar a sus piratas con un doble propósito: raptar a la Perla y saquear su país.
Tras una nueva derrota, deciden secuestrar a Lin-Kai, y el adivino de los piratas emplea un bebedizo para enloquecer al joven. A partir de ahí, este trepidante folletín oriental nos conduce de peripecia en peripecia, sin dar tregua al lector.”

Como ya comenté en “El león de Damasco”, los libros de Salgari son adecuados como un entretenimiento fácil, sin sustancia. Sus libros funcionan perfectamente para llenar un viajecito o un par de noches tontas con aventuras añejas llenas de exotismo y poco más. Sin embargo, La perla del Río Rojo es probablemente el libro más flojo que he leído de este autor (que ya es decir). 

El libro empieza con un “En el capítulo anterior…” cuando no existe un libro previo a éste. Se hace curioso leer el resumen de un cliffhanger, para a continuación ser arrojado a una aventura protagonizada por una serie de personajes que “deberías conocer”. No puedes conocerlos porque es el único libro en que salen, pero eso no parece importarle mucho a Salgari.  

Después de todo, tampoco es que se moleste en darles la más mínima personalidad. No he encontrado la manera de diferenciar a Sao-Pan (la doncella en apuros) de Man-Sciu (adivina y bruja) de Sun Pao o de Kung-Pang (los malos), más allá de que Salgari te nombre quién hace qué. ¡Incluso el propio héroe Lin-Kai es casi un clon de los demás! Así tampoco hace falta presentarlos ^^. 

Este ejército de tópicos se pasea en una pretendida trama de aventuras que no llenaría un capítulo de veinte minutos de un shonen estándar. En ningún momento llegas a sentir la más mínima emoción, pues cada entuerto se resuelve de la manera más esperable o mediante la patillada de turno, todo ello para conducir a un desenlace pretendidamente épico que se resuelve en página y media sin apenas explicaciones. 

Curiosamente, su patente falta de calidad no ha provocado que me aburriera. Las páginas pasan sin el más mínimo esfuerzo, pues el estilo facilón y simplista que caracteriza a Salgari es más que suficiente para que no se haga pesado. Conociendo la manera de publicar del prolífico autor italiano, me inclino a pensar que se trata de un libro escrito con el automático puesto. Con el objetivo de conseguir una publicación en algún folletín, sacó esta historia que luego no pasó del “piloto” y fue cancelada. Había que cerrar la historia y, por ello, la remató de un plumazo y sin mirar. ¡Los problemas de las series canceladas a principios de siglo XX!

El mayor valor que se puede dar a esta novelilla es que sus aventuras entran sin esforzarse a pesar de contar con unos personajes cuasi inexistentes y una historia demasiado ligera. Se puede presentar como un libro, pero no pasa de ser un folletín intrascendente. 

Nota: 1
Nota goodreads: 3.91/5

martes, 29 de noviembre de 2016

Las vacaciones de Jesús y Buda



Saben aquell que diu que Jesús de Nazaret y Buda, el Iluminado son buenos amigos en el Más Allá, pero se aburren mucho. Como semejantes personalidades tienen derecho a ciertos privilegios, deciden tomarse unas vacaciones y vivir un año como humanos en el Japón actual. En un claro esfuerzo vital, harán todo lo posible por integrarse. Una hazaña que no es tan fácil para alguien que lleva unos cuantos siglos fuera de nuestra sociedad.  

Sorprendente, ¿no? Me gustaría saber qué se habían fumado los creadores de esta película. ¿Podría esta chorrada de argumento ser armazón suficiente para generar noventa minutos de metraje? Pues, ciertamente, lo es. Bueno, más o menos. Desde el primer momento sus creadores huyen de cualquier tipo de trascendencia y apuestan por una comedieta con dos personajes de lo más inusual. Ni siquiera apuestan por mantener un argumento, convirtiéndose en una sucesión de episodios y anécdotas que suceden a lo largo de las fiestas que hay en el año japonés. 

La gracia está en que los dos personajes tan improbables… ¡funcionan! Los autores consiguen generar buena química entre ellos, con lo que los chistes fluyen con facilidad. No siempre se mantiene el tino con el gag, especialmente con aquellos que no conocen a fondo el folklore japonés. Sin embargo, se marca un par de episodios de lo más desternillante, con una improbable visita de ambos a un parque de atracciones y la celebración de la Navidad de un Jesús que desconoce que es justo por su cumpleaños. En el resto, funciona agradablemente como una comedia ligera sin pretensiones de hacer nada más que entretener. Los episodios son cortitos, con lo que el ritmo es alto y la película pasa fácil.

Lo que me ha parecido más curioso es que en ningún momento se produce incompatibilidad de religiones. Jesús de Nazaret es, efectivamente, el hijo de Dios; mientras tanto, Buda ha alcanzado el Nirvana, con lo que puede ser adorado por sus feligreses. Se aceptan las dos religiones (que aparentemente no son muy compatibles) como verdaderas sin ningún problema. Partiendo del referente cultural que conforman ambos personajes, se comete una “pequeña” blasfemia al humanizarlos y hacerlos interactuar con nuestro mundo. Tiene unos toquecitos irreverentes, pero en todo momento se mantiene un humor muy blanco. Se podría haber sido mucho más políticamente incorrecto y pinchar con más mala idea, pero los autores prefieren ofrecer un retrato simpático de ambos personajes dirigido a los más pequeños. 

No es una película que ofenda ni busque ofender, pues se nota que el acercamiento a las figuras religiosas está hecho con cariño. Cumple a la hora de entretener, sin tener nada que ofrecer más allá que un planteamiento inusual pero sin ser pesada ni desagradable.

Nota: 4
Nota filmaffinity: 5.7

domingo, 27 de noviembre de 2016

Manhattan



Confieso que puse Manhattan con la idea de ver Misterioso Asesinato en Manhattan, del mismo Woody Allen. Me quedé con el culo bastante torcido cuando no empezaba tal como la recordaba. Obviamente, era una película diferente. Pero sigue siendo Woody Allen y uno es un completista, ¡así que no la iba a quitar!

Manhattan funciona como una de estas comedias románticas redondísimas que tantas veces hemos disfrutado de Woody Allen. En ella seguimos las desventuras de un puñado de amigos de clase alta que retozan aquí y allá mientras intentan no matarse mutuamente de amor, celos o estupidez. Mientras tanto, vamos paseando por diversos lugares emblemáticos de Manhattan en los que se demuestra el inmenso cariño que Woody tiene a esta ciudad.

Entre paseo y paseo por la bellísima ciudad, los parlanchines personajes dan buena muestra de las inquietudes del prolífico director. Como cada vez que retrata el pijerío neoyorkino, Allen se permite meter bien el dedo en el ojo y llamar idiota a casi todos los miembros de este grupo social (incluido él mismo).
Encontramos una furibunda ridiculización del mundo artístico moderno. Sin dejar títere con cabeza se emprende ante los creadores repletos de postureo, los críticos que desconocen aquello de que hablan y, sobretodo, los pedantes “modernos” que postulan con alegría lapidaria qué está de moda y qué debe evitarse. 

También dedica buenos tortazos al modo de vida de aquellos con la vida resuelta de nacimiento que no deben esforzarse por conseguir lo que quieren. Se aburren demasiado, incapaces de afrontar y resolver sus problemas, arrojándose a toda velocidad hacia psicólogos de dudoso profesionalismo. Se llenan de pastillas con alegría, sin poder apreciar lo bueno que tienen alrededor, con lo que llenan sus vidas de infelicidad. 

Como buen guionista, se afronta el proceso de creación literaria. ¿Cómo vencer al miedo a la página en blanco? ¿Qué disposición mental se necesita para poder crear una historia? ¿No es acaso un acto de vanidad el plasmar en negro sobre blanco nuestras inquietudes? ¿Acaso le pueden interesar a alguien?

Aderezando estos tópicos, los chascarrillos y chistes de un Woody Allen de lo más chisposo se encuentran salpicando cada recodo del camino. Arrebatos de inseguridad, increíbles fardadas sexuales y deditos metidos en ojos ajenos para completar noventa minutos que se pasan en un suspiro.  

El elenco de personalidades incluidas dentro de la película pone la piel de gallina. Están esculpidos con tal cantidad de aristas que tan pronto los adoras como los odias sin por ello dejar de comprenderles. Son todos decididamente humanos, con sus taras y sus puntos a favor. Woody Allen es un pretencioso y un presumido, lo que esconde un complejo de inferioridad de lo más adorable. Michael Murphy es un niño mimado, siempre insatisfecho, pero incapaz de hacer daño a una mosca. Diane Keaton es una insufrible pedante incapaz de comprometerse que, en el fondo, lo único que quiere es que le den algo de cariño. Muriel Hemingway es la más madura de todo el grupo,  siendo la única capaz de reconocer lo que quiere y de afrontar lo necesario para conseguirlo, pero su juventud le resta la experiencia necesaria para para conservarlo. Y finalmente, una Meryl Streep llena de arrogancia ultima una venganza horrenda ante un personajillo que se merece qu ele hagan la puñeta. Todos y cada uno de ellos realizan un trabajo estupendo al dar vida a unos personajes que son una pura golosina, por obra y gracia de un guión redondísimo. 

Y, como no podía ser menos, el característico Jazz de nuestro querido Woody está escogido con mimo. Cada canción complementa su escena para dar el toque emotivo necesario, componiendo una banda sonora de bandera.

Quizás peco de querer ver más de lo que hay, pero este cruel retrato de las clases pudientes de Nueva York me ha recordado mucho a la más reciente Closer. Idas y venidas de ricachones con demasiado tiempo libre e ideas poco claras. Toneladas de mala leche, odios enconados y vidas rotas perfectamente interpretadas con una impecable banda sonora a su alrededor. Son tan parecidas que la última parece como si fuera un remake encubierto de esta ácida comedia. ¿Qué creéis vosotros?

Por la razón que sea, siempre la había confundido con el asesinato de la misma ciudad. Por ello, había pasado totalmente desapercibida en mis listas, y ahora se va a convertir en una de mis favoritas de Woody Allen. Me encanta cuando se pone el traje de caza y se dedica a despotricar contra el pijerío que se aburre demasiado por la vida. Espero que siga brindándonos su película anual durante bastante tiempo más, que siempre me hace disfrutar, incluso cuando pone el automático y se dedica a llenar el cupo.

Nota: 9
Nota filmaffinity: 8.1

viernes, 25 de noviembre de 2016

El último gran héroe



Cuando era apenas un mocoso, flipé como todos con Terminator 2. Obviamente no la vi en el cine, sino algo después en vídeo. Casualmente, a los pocos días estrenaron esta película. Maravillado como estaba con Chuache, exigí “un poquito” a mis padres que fuéramos a verla. En mi ingenuidad infantil, creía que si estaba Chuache, tenía que molar. Y no me gustó nada. Tanto que durante muchos años no he querido ni acercarme a ella. Con el tiempo, me han insistido en lo reivindicable que es, que debía darla una nueva oportunidad. Y bueno, algún día tenía que decidirme.


Después de verla de nuevo, entiendo por fin los motivos que hay para reivindicarla, pero también comprendo a la perfección por qué no me gustó en su momento y porqué era muy difícil que lo hiciera. 

Si algo destaca de El último gran héroe es el amor por el cine que hay en ella. Realiza un sentido homenaje al cine de acción ochentero, cumpliendo el sueño que podría tener cualquier niño de la época: Entrar dentro de la película para conocer a tu héroe favorito. Es lo que le ocurre al juvenil protagonista del film. Danny es un auténtico devorador de películas que se ve arrojado dentro de los films de Jack Slater. Como nada en esta vida es fácil, tendrá que aplicar todos los trucos que ha aprendido en el cine para resolver el caso y salvar a su querida estrella.

McTiernan, en un ejercicio de desvergüenza, pervierte las reglas del montón de películas de acción que ha dirigido (de las que tantas veces hemos cuestionado su particular lógica…) y las traslada a un mundo “real”. En él, estas particularidades son válidas, consideradas como normales, pues son la pura realidad. Al mismo tiempo, la presencia de Danny nos recuerda nuestra lógica, remarcando la absurdez en que se mueve el mundo de Slater. Esta pequeña gamberrada hila algunos puntos con bastante mala leche, especialmente con un Chuache de lo más autoparódico. Sus chascarrillos y sus caretos son canela fina, especialmente el cameo que tiene consigo mismo. 

No podían faltar unas estupendas escenas de acción con el sello de los McTiernan de toda la vida. Se demuestra que podemos tener toñas y disparos de lo más fantasma sin necesidad de artificios extraños ni cámaras girando a toda velocidad. Sólo con un poco de cabeza, un poco de mimo artesanal y buen cuidado con las coreografías de combate. Como buen homenaje al cine ochentero, se nota que se ha puesto cuidado en que esto quede bien.

Además, se permite arrear un par de guantazos bien dados al mundo real. En este mundo, los malos pueden ganar.  En este mundo, los héroes de acción no existen. En este mundo, casi todos son egoístas y la miseria campa a sus anchas. Toma ya, ahí bien metidito.

Con todos estos mimbres, ¿cómo es posible que no me gustara? Pues porque la película tiene unos defectos de lo más exagerado. Más allá del carisma que el Chuache es capaz de aportar, la película no tiene ningún sentido. El guión hace aguas por todos lados con un desarrollo que consiste en los desvaríos que se le iban ocurriendo al guionista. Se vive en un continuo Deus Ex Machina que enlaza burrada tras burrada sin ningún orden. Aunque los instantes de inspiración son sublimes (las tías buenas, el alquitrán, la grúa…), las fumadas se llegan a hacer intragables en casi toda la película (los minutos del comisario, Bigotón, el ladrón del inicio…). Además, se produce el mismo efecto que Super Mario Bros, tiene niño y parece apelar al público infantil, pero luego es bastante adulta y sus chistes presentan muchos dobles sentidos y guiños de dudoso gusto que no siempre son fáciles de captar. Al final, es demasiado seria para los pequeños y demasiado chorra para los grandes. 

Para rematar, el trabajo de los actores es de lo más vergonzoso. Son perfectamente conscientes de que están rodando una gigantesca chorrada y actúan en consecuencia. Vamos, normal que de pequeño no me gustara nada. Vaya bajón que fue después de la redondísima Terminator 2.


Coge cositas del cine fantástico, tiene toques de ciencia-ficción, apuesta decididamente por la comedia, pero tiene un montón de acción. Todo ello se arrejunta sin molestarse mucho en buscar equilibro, con lo que el poti-poti resultante es un engendro que uno no sabe por dónde coger. Ahora ya más maduro, he podido apreciar sus valores y reconozco que tiene cosas que destacar, con una idea de lo más original que se traslada bien a la pantalla. Sabe ser diferente y se nota que pone cariño al homenajear al cine de acción ochentero. Sin embargo, sus errores son tan graves que cuesta motivarse para defender la película con ahínco.

Nota: 5
Nota filmaffinity: 5.3