jueves, 1 de noviembre de 2018

Arma Fatal


Simon Pegg y Nick Frost se han erigido como una de las parejas de cómicos británicos más afamadas del abundante panorama británico. Lanzados al estrellato internacional con la punzante Zombies Party, completaron a posteriori una singular trilogía que sólo tenía en común a los actores y el amor por los helados de sus personajes. La película que hoy nos ocupa, Arma fatal, es su segunda parte, culminada finalmente en la descomunal pelea de Bienvenidos al fin del mundo.

Arma Fatal es una película muy difícil de clasificar. Esta comedia británica de policías de 2007 es una parodia deconstructiva y un homenaje a todas las películas de colegas de detectives de EEUU, situada en un bucólico pueblo de Inglaterra lleno de secretos.

En ella, Nicholas Angel (Simon Pegg) es el mejor policía de Londres, capaz él solo de mantener el crimen de la urbe en mínimos históricos. Es, parafraseando a su exnovia Janine (una irreconocible Cate Blanchett), incapaz de “apagar” su estado de oficial de policía. Sus superiores piensan que es muy bueno en su trabajo. Demasiado bueno, de hecho. Lo que hace quedar mal al resto de los policías del cuerpo. Con la intención de poder vivir más tranquilos, lo ascienden y lo convierten en sargento de un pueblecito en el que nunca pasa nada en la campiña inglesa. Sandford (Gloucestershire) ha ganado el premio al “mejor pueblo de Gran Bretaña” durante un buen puñado de años; una villa reconocida por no tener crímenes… pero símuchos accidentes.

Los primeros equívocos hacen patente que Nick no encaja para nada. Sus tareas son extremadamente banales y choca inmediatamente con los relajados policías locales, especialmente con Danny Butterman (Nick Frost), un “joven” policía que quiere ser un poli duro de película (como en Dos policías rebeldes y Le llaman Bodhi, para ser precisos). A partir de ahí, empiezan a suceder una serie de extraños incidentes, lo que lleva a pensar a ambos policías que hay algo turbio escondido en el pueblo…


Escrita y dirigida por Edgar Wright, la película se dedica a arrojarte a la cara durante 90 minutos todos los tópicos de las películas de policías para dejarte clarito que son pura fantasía… y aplicar todos y cada uno de ellos en su tramo final, sin dejar por ello de parodiarlos. Pocas escenas y detalles de la pantalla se reflejan “porque sí”, obedeciendo a un plan que esconde una muy detallista sofisticación referencial. Sorprende en su complejidad para una película que no apunta inicialmente a ser más que una chorrada gigantesca. Sin embargo, tenemos acción abundante, salvaje y bien rodada, con poco que envidiar a las propuestas con mucho más músculo; la trama se enreda con brío y sin artificios, con una enjundia que llega mucho más profundo de lo que uno esperaría, provocando que el desenlace se acometa con muchas, muchas ganas. Todo ello sin dejar de abanderar con ganas el humor absurdo que te obliga a exclamar “pero que demon…” entre un buen puñado de risas.

Además, al estar ubicado en los pueblecitos del oeste de Inglaterra, te retrata con gracia todos los tópicos de la región (acentos, pueblerinos, tweed y chorradas varias), lo que añade un puntito entrañable a todo el conjunto. Después de haber vivido un tiempo en uno de ellos, me choca comprobar lo condenadamente bien relacionado que está todo. ¡Es tal que así!

 La parte más floja se halla en los personajes y sus actores. No tanto en Simon Pegg y Nick Frost, que se las pintan solos para hacer el canelo, como llevan haciendo con notable éxito durante los últimos veinte años, sino en el manojo de secundarios, que son meros tópicos andantes interpretados por actores que no se toman en serio el proyecto. Pero bueno, ¿cómo te puedes tomar en serio una película tan chorra y pasada de página como ésta?, tampoco sería cuestión de criticarles mucho por ello. En el fondo, las comedias absurdas son lo que son, aunque molen tanto como ésta.

 Arma Fatal es una de estas películas que te reconcilian con la vida. Sentido quizás no tiene mucho, pero destila hilaridad por los cuatro costados, con el humor justo para mantenerte una sonrisa, mezclando los géneros como pocas (de comedia chorra ZAZ, se pasa a buddy movie letal a un final que mezcla La comunidad con los westerns de Sergio Leone. El mejunje es un poco raro, pero si te casas con el humor del Cornetto… el descojone está asegurado.

Nota: 8
Nota filmaffinity: 6.7

domingo, 28 de octubre de 2018

Your name


Your name nos llegó precedido de una reputación inusitada: Película fenómeno en Japón, con gran éxito de crítica y de publica, destronando de la tercera plaza de la taquilla histórica nacional a la inestimable Princesa Mononoke del maestro Miyazaki. Por primera vez, la película de animación más vista en el país del Sol Naciente no es ni de Takahata ni de Miyazaki, superados por esta propuesta realizada por el joven Makoto Shinka. ¿Y sabéis qué? Esta reputación no ha venido por casualidad, ¡es bien merecida! 

En el corazón de Your name, un cuento fantástico contemporáneo tan romántico como impresionante visualmente, hay dos personajes adolescentes que no tienen nada en común. Mitsuha es la primogénita del alcalde de un pueblecito de las montañas. Después de la muerte de su madre, vive con su abuela, mostrándose muy preocupada en mantener las tradiciones del lugar (fiestas ancestrales, fabricación de un sake “muy especial”, danzas rituales…). Mientras tanto, sueña más o menos en secreto, como muchos adolescentes de las regiones rurales, dejar atrás su tierra natal y disfrutar de los lujos de Tokyo. Justo en esta ciudad, a cientos de kilómetros, vive Take, un colegial de la gran urbe que se divide entre sus estudios, sus fiestas con los amigos, su pasión por el dibujo y su trabajo en una pizzería. 

Dos vidas paralelas que nunca deberían cruzarse… et voilà: Una noche, cada uno sueña, sin saberlo, la existencia del otro, se imagina dentro del cuerpo del otro, sorprendiéndose al despertar dentro de un cuerpo que le parece extraño. Cada uno de los dos adolescentes empezará a investigar si el ser que habita sus sueños existe realmente, más allá del tiempo y del espacio. Una búsqueda trepidante, llena  de giros, una carrera contra lo inevitable y contra una catástrofe anunciada de la que no hace falta decir nada más.

El encanto del film se basa en la riqueza de sus temáticas, exploradas con inteligencia: la cuestión budista del doble, o del alma gemela, existiendo en algún lugar del mundo, ignorando las fronteras de la identidad sexual (la de personajes manga que cambian de sexo o mantienen cierta turbidez de género). También se refleja la eterna oposición japonesa entre tradición y modernidad, entre una vida rural que respeta las costumbres a través de los siglos y la vida de Tokyo, donde el urbanita está condenado a respetar nuevos rituales dictados por la fuerza del éxito económico.

Pero todos estos temas no harían de esta película un fenómeno de este calibre si no se vieran reforzados por un esplendor estético, tanto por la descripción minuciosa de los paisajes urbanos y rurales (la región rural de Ginfu ha visto aumentar enormemente su actividad turística gracias a esta película), como por escenas de fantasía tan espectaculares como la lluvia de meteoritos. La calidad técnica, el juego de luces, el realismo de los paisajes urbanos o el preciosismo de los paisajes, las vistas de los cielos inmensos desde el suelo, sus nubes y las líneas que los cruzan, …


Por otro lado, el maravilloso envoltorio no evita que nos demos cuenta de que el tema central es el manido recurso de intercambios de cuerpo. Algunos aspectos de la trama no se explican y en otros se detiene bastante más de lo que debería, con el consiguiente problema de ritmo, además de que el final puede hacerse muy difícil de comprar para muchos estómagos, con el hilo rojo (nada sutil) que une a las almas afines. Sin embargo, sus momentos álgidos son tan rebonicos que no invitan a ponerse muy picajoso con estas cosas.

En este sentido, se trataría de una película demasiado irregular para llevarse un Oscar, pero me sorprende que no llegara siquiera a obtener una nominación.


A posteriori, puede parecer que la idea general está algo vista (y lo está, sin duda), pero el despliegue visual y la mezcolanza de ideas constituyen tal ejercicio de virtuosismo que hace de su visionado una experiencia interesante, de las que emocionan hasta la médula si te pillan con la disposición adecuada.

Nota: 8
Nota filmaffinity: 7.8

viernes, 26 de octubre de 2018

La ciudad de los prodigios (Eduardo Mendoza)


Pues llegamos al libro 20 de la Cesta’13, un libro de un autor barcelonés de sobra conocido por sus libros de chorraditas. La ciudad de los prodigios uno de los pocos seriotes que tiene, también uno de los más reputados. A ver cómo está.


Título: La ciudad de los prodigios
Autor: Eduardo Mendoza

“En 1887, Onofre Bouvila, entrañable personaje de esta novela, llega arruinado a Barcelona. Repartirá folletos anarquistas. Luego será vendedor ambulante, ladrón y mafioso, financiero y gran industrial. Deslumbrado por el progreso, colaborará también en los inicios del cine y la aviación. Y finalmente, sobre el telón de fondo de la abigarrada ciudad, alcanzará la cima de su imperio económico-delictivo…
Siguiendo paso a paso el azaroso pícaro moderno se forja, la novela es a un tiempo crónica –parodia de la vida en Barcelona durante medio siglo (1886-1929) y canto de amor a la ciudad y sus habitantes, una y otros tan prodigiosos como anuncia el título.”

Y mira que los libros seriotes de Eduardo Mendoza tienden a no gustarme demasiado, pero en este caso se disfraza de Ken Follet barcelonés y pare un libro bien morrocotudo. Utilizando al carismático canalla de Bouvila como eje a través del cual articular la narración, se nos explica con clase y mimo el desarrollo de la inquieta Barcelona durante una de sus épocas de gloria, el período que va entre las dos Exposiciones Universales organizadas en la ciudad.

El punto de partida es 1886, en el que la Expo permite a Barcelona salir de su provincialismo para convertirse en una ciudad cosmopolita, bullente de actividad e iniciativa, caldo de cultivo para una época en la que cualquier empresa parece posible. Aquellos conocedores de la arquitectura de la Ciudad Condal podrán reconocer la construcción de un buen puñado de los edificios más singulares, como la transformación de la Ciudadela militar en el Parque de la Ciudadela (y todos sus palacios) que conocemos hoy día.

A medio camino entre la sátira y la narrativa histórica, Mendoza nos muestra como los comerciantes y emprendedores barceloneses prosperan y hacen fortuna, construyendo la burguesía catalana. Los años pasan y la sociedad evoluciona,: aparece el cine como entretenimiento, los gobiernos vienen y van y, sobretodo, las corruptelas que acompañan a los pelotazos  en los que Bouvila (y por extensión, cualquier trepa) se ve implicado.

De esta manera, llegamos a la Exposición de 1929, último momento de gloria (hasta 1992) de una ciudad en franca decadencia, azotada por la crisis y las peleas con el Gobierno central, que se tambalea como esa vaca gorda que parece dejarse conducir hacia el matadero para gozo de los potentados y horror del pueblo llano.

A lo largo de este viaje, tenemos un fiel retrato de la evolución de la ciudad, una crónica social perfectamente retratada en que afloran toquecitos de humor y toneladas de crítica que hacen más soportables los esperpentos generados por la corrupción que trae consigo el poderoso caballero Don Dinero.

No es sólo que Mendoza consiga convertir a la ciudad en un ser casi vivo, que respira y palpita lleno de energía, sino que además, las andanzas del inefable Bouvila (que, como el padre de Peppa Pig, hace de todo), son interesantes por sí mismas. Llega a la ciudad como un pueblerino cualquiera y con un plan para volverse rico, que convierte en realidad a partir de una mezcla de astucia, arrestos, crimen y falta de escrúpulos. Este viaje hacia la mayor fortuna de Barcelona (y España) mantiene un tono extrañamente serio entre todo el esperpento valleinclanesco en el que se mueve todo el percal.  Mendoza es capaz de captar los esfuerzos de la ciudad por modernizarse, a veces a costa de sí misma. Además, se reflejan las históricas tensiones entre Madrid y Barcelona, con Bouvila adaptándose a ellas y luego dándoles forma. Es curioso comprobar como para prosperar, Bouvila debe sumergirse en la crueldad y la corrupción, a pesar de que sus intenciones iniciales pudieran ser buenas. En este sentido, como buen personaje, a veces lo amas, a veces lo odias y otras le tienes miedo.

El resto de personajes secundarios nunca llegan a tener una gran profundidad, apareciendo y desapareciendo de la vida de Bouvila (y de la novela) según dictan sus tramas, que se arrastran a lo largo de los años. Aunque a alguno se le puede acabar cogiendo algo de cariño (o de compasión), todos ellos tienen sus defectos y contradicciones, con esos fallos que los hacen pesimistamente humanos.



Quizás lo más curioso de toda la novela es como consigue casar la multitud de personajes excéntricos, comentarios sardónicos e incidentes estrafalarios (típicos de la literatura de Mendoza) con una trama seria, llena de poso y profundidad. La florida prosa de Mendoza consigue saltar de lo emotivo a lo trágico y a la charlotada para volver acto seguido a clavársete en el corazón. En cualquier momento me parece que el alienígena de Gurb saltará de sus páginas y en otros, me parece estar atendiendo a la maravillosa construcción de una catedral. En ese sentido es sorprendente lo bien que consigue conjugar ambos ambientes, en contraste con el pastiche que acabó siendo Madrid 1936, que intentó sin éxito reverdecer este estilo, pues adolecía de suspender la realidad con demasiadas ganas y el nivel de excentricidad superaba los límites necesarios para poder tomártelo en serio, sin que tampoco pudiera ser un libro que tomarse a chusta.

Ha sido toda una sorpresa. La ciudad de los prodigios consigue plantarse en el imposible punto entre la comedia desmadrada, la crónica costumbrista, la narrativa histórica y las historias noir de gangsters. Y todo en Barcelona, que siempre me permite encariñarme un poco más. La prodigiosa imaginación de Mendoza se ve, por una vez, usada con total seriedad para entregarnos una novela vibrante en la que da gusto sumergirse.

Nota:
9
Nota goodreads: 3.92/5

miércoles, 24 de octubre de 2018

Thor: Ragnarok


Puesto en perspectiva, las películas de Thor previas al Ragnarok me habían hecho muy poca gracia. Debería estar de buenas para tratar tan bien a la de Kenneth Brannagh y la segunda ni siquiera me molesté en reseñarla. No es que me ilusionara especialmente cuando se anunció Thor: Ragnarok, aunque estuviera bajo la batuta del director de Lo que hacemos enlas sombras. Sin embargo, como ya ha pasado otras veces, la cachondidad del tráiler me vendió la moto para estar atento a echarle un ojo. ¡Si hasta salía Hulk haciendo de gladiador! Pues bueno, acabó cayendo.

El cambio de tono con sus dos predecesoras es brutal. Se abandona por completo la trascendencia shakespeareana que se había venido usando y nos traen una película llena de LSD, que recuerda a los cómics creados por Walter Simonson, en una época muy loca del Dios del Trueno (de la humanidad), mezclado de una manera muy… ejem… con una versión muy libre del muy serio cómic Planeta Hulk.

Thor: Ragnarok es una película muy zumbada, casi podríamos considerarla una spoof movie de súpers, pues tanta chorrada y tanta memez arrejuntada no se puede tomar de otra manera. Lo más curioso es que además se las arreglan para tener un argumento coherente entre tanto engendro estrambótico y tanta fantasía colorista. EL humor campa a sus anchas con un bombardeo continuo de gags bien capaces de dejarte boquiabierto, alucinando como todos los momentazos épicos se cortan tras una gilipollez de uno u otro personaje. Yo he tenido muchos problemas para aguantar en la butaca de la risa, que conste. Por otro lado, hay que puntualizar que no se trata de una comedia de acción en estilo de Guardianes de la Galaxia (que podríamos considerar como una peli de Jackie Chan supervitaminada), Thor es una soberana tontería, muy deudora de las míticas Agárralocomo puedas o similar.

Lo más importante es que proporciona diversión por un tubo sin asomo de grandilocuencia. Es un film desinhibido y fresco, con muchas ganas de reírse de sí misma. Se cambia el paradigma de los personajes y la interacción entre los hermanos Thor y Loki, aportando más variedad y carisma. Además, los secundarios están bien aprovechados para aportar ritmo y un buen par de gags, especialmente a costa de Hulk, que probablemente se guarda los mejores chistes de la cinta. Nos los creemos y nos mola, estoy seguro de que el grupete se lo ha pasado en grande rodando la película.

Chris Hemsworth fue, inicialmente, al actor que tenía más miedo para dar vida a los súpers de Marvel, pero a medida que pasan los años ha sabido hacer suyo al Dios Asgardiano, creciendo a lo largo de las películas y explotando una vena cómica que ya venía tiempo anunciando. Hemsworth no sólo moja las bragas de medio mundo sino que sostiene a Thor como nunca esperé que pudiera hacer: es un héroe con alma, torpón pero valeroso y capaz de hacer saltar cualquier tipo de lógica cuando la situación lo requiere.



Además, las nuevas incorporaciones funcionan como un tiro. Desde el carismático cameo del Dr. Strange (je, je) como el pasadísimo de vueltas personaje de Jeff Goldblum, que debe llevar años buscando el tío más raro posible para llevar a la gran pantalla. ¡Vaya bicho! Por su parte, Cate Blanchett interpreta a Hela, la “nueva” hermana de Thor y Loki, componiendo la mejor villana en solitario de una peli de Marvel. ¡Qué estilo a la hora de pegar palizas a todo Dios que pasa por ahí, po’ favó’! Sabe ser épica (y arreglarse el pelo cuando va a matar) en medio de tanta gansada. No hay nada como tener a un buen actor que se toma en serio su trabajo…

Se abandona también el ambiente tenebroso y oscuro que habían tenido sus predecesoras, mucho más seriotas. Aquí los colorines campan por doquier en una película que es pura festividad visual (para muestra, la persecución de las naves recreativas en el planeta de Goldblum), complementando unos efectos visuales puestos, aunque parezca extraño, al servicio de la película y no al revés. Tanta brillantina le aporta un toque cartoon que permite aceptar cualquier burrada comiquera con mucha más facilidad. Después de todo, ¿quién no va a adorar un Coliseo galáctico en que Thor y Hulk se atizan como gladiadores de la Antigua Roma? Una fiesta. 



Evidentemente que se trata de una película que no gustará a los que disfrutaron de las anteriores entregas (¿los hubo?), ni a aquellos que tengan a Thor en un pedestal de los héroes honorables y épicos. Ésta no es su película. Todo es cuestión de poner el chip del humor, entonces Thor: Ragnarok funciona como un tiro. De las mejores de la franquicia.

Nota: 8
Nota filmaffinity: 6.5




lunes, 22 de octubre de 2018

El primer hereje (Aaron Dembski-Bowden)


Y hete aquí que aparece el libro XIV de la Herejía de Horus (parece que ya voy por la mitad. ¡Yuju!). En este caso nos vamos a detener en una legión que ha aparecido muchas veces en segundo plano pero nunca ha gozado de protagonismo, los Portadores de la Palabra. Además, por fin conoceremos el origen de Erebus, el capellán que la ha estado liando durante los 13 tomos anteriores (si es que tiene que poder teleportarse, está en todos los follones).

Título: El primer hereje
Autor: Aaron Dembski-Bowden
Título original: The first heretic

“En medio de la guerra galáctica que supone la Gran Cruzada, el Emperador desaprueba el culto que le rinden los Portadores de la Palabra. Angustiados por semejante reproche, Lorgar y su legión emprenden un nuevo camino y arrasan un planeta tras otro para desahogar en el campo de batalla la furia y el fervor que los embarga.
La búsqueda de un nuevo propósito los lleva hasta el límite material de la galaxia, donde descubren unas fuerzas primigenias mucho más poderosas de lo que jamás se habrían imaginado.
Aunque lo que realmente buscan es iluminar el Imperio, la corrupción del Caos se apodera de ellos y comienza su camino hacia la maldición. Sin que los Portadores de la Palabra lo sepan, su búsqueda de la verdad alberga las mismísimas raíces de la herejía…”

Como ya he dicho arriba, tenía muchas ganas de este libro. A lo largo de la saga se ha dejado claro que Erebus y su gente son los catalizadores que convierten el descontento de las legiones en una traición. Los anteriores podían unos asesinos, unos salvajes y otras lindezas por el estilo, pero no había una maldad intrínseca en ellos, mataban por puro sentido del deber (y porque es lo que mejor saben hacer), pero sin una crueldad específica. Sin embargo, los Portadores de la Palabra sí que han deseado siempre ver la Galaxia en llamas. ¿De dónde salió tanta mala idea?

Por suerte, el libro responde bien esta cuestión. Ahí una nueva pregunta, ¿cómo iba a ser la primera herejía? ¿Qué proceso llevaría Lorgar a ser el primer hermano en traicionar a su padre? ¿Nos pintarían a una figura trágica como Magnus el Rojo o Perturabo? ¿Tendríamos a un engreído metepatas como Fulgrim? ¿O acaso se trataría de un ser contaminado casi desde un inicio como Angron o Mortarion? Pues bueno, sí y no, blanco y negro, ni bien ni mal ni todo lo contrario. El camino que describe Lorgar en su viaje es largo, gradual y trágicamente comprensible, abrazando, decisión tras decisión a los ruinosos poderes del Caos.

Como ya hemos visto en multitud de libros anteriores, el Imperio de la Humanidad es agresivamente laico. Un aspecto que no es precisamente compatible con el fanatismo religioso de Lorgar, que tiene al Emperador como Dios, como la luz que ilumina su vida y lo guía por senderos de justicia a través de cañadas oscuras. Cuando el Emperador reniega (ejem) de su divinidad, la realidad de Lorgar se rompe en pedazos. Toda su existencia ha dejado de tener sentido y nada es lo que creía que era. En medio de su desesperación, podría haber tenido su catarsis para brotar como un fiel guerrero del Emperador, pero ¡ay! Lorgar es hombre de fe y necesita depositar sus esperanzas en algo que le escuche y lo acoja en su seno. Como buen magufo conspiranoico de nuestro mundo, resentido por un sistema que no soporta y más que deseoso de encontrar una verdad secreta que sólo él conoce, se ahonda en los agujeros más depravados y oscuros de la Galaxia para encontrar un ente que responda. Obviamente, el Caos se aprovechará de todas sus debilidades para hundir el sueño del Emperador.

Reconozco que me encanta la fenomenal construcción del personaje que es el Primarca Lorgar. Estaremos de acuerdo que el principal foco de interés de la saga es (o debería ser) el mostrarnos a los Primarcas con todas sus virtudes y todos sus defectos, y este libro lo clava. Vemos a Lorgar interaccionando con Guilliman, Magnus y Corax, además de las apariciones de Perturabo, Konrad Curze y Alfarius (gran detalle, pues algunos de ellos no habían aparecido aun). Estas interacciones son fantásticamente aprovechadas para mostrarnos las habilidades y la personalidad de Lorgar, dejando claro que es MUY diferente a sus hermanos, especialmente en lo que concierne a sus habilidades de combate. Si bien es un ser supra-humano capaz de derrotar a un ejército, Lorgar es un orador, un erudito y, sobretodo, un amante de la paz. Tal como él mismo dice: “Nunca entenderé las tácticas y la logística con la apabullante facilidad de Guilliman o el León. Nunca poseeré la habilidad con la espada de la que alardean Fulgrim o el Khan…” mientras pasa tremendas tribulaciones en la búsqueda de su rol en la galaxia. A medida que el libro avanza, sus disputas internas y su necesidad de fe le acaban decidiendo a adorar dioses que QUIEREN ser adorados, y proveen regalías a aquellos que profesan una verdadera.

Como vehículo para todas estas cuitas, la historia orbita en torno a Argel Tal, Primer Capitán de los Portadores de la Palabra, el único de todos los marines que, siendo un fervierte religioso, parece pensar un poco más allá de su trasero (no es, precisamente, la primera vez que se utiliza este recurso, que el único Marine Espacial capaz de generar un mínimo de empatía). Asimismo, me agrada comprobar como, una vez se produce la Herejía, es el primero en conspirar contra el Emperador, buscando continuamente la mejor manera de llevar a cabo su objetivo, alejado de fanatismos. Quizás no esté convencido, pero si su Primarca ordena, él buscará la mejor manera de llevar a cabo sus designios.

Pero no había nadie al que tuviera más ganas de conocer que al Capellán Erebus, este ladino cizañero que disfruta como nadie en el arte de malmeter y enfrentar a hermano contra hermano. Este malvado, envidioso del poder de los Primarcas, se dedica a provocar cizaña para así hundir a esos seres a los que tanto odia. Encuentra en el Caos la mejor herramienta para llevar la destrucción al Imperio, proclamando una “nueva verdad” que favorece tanto al Archienemigo como a sus ansias de poder, disfrutando con ansia de cada lealtad que consigue quebrantar. Hacía tiempo que no encontraba a un personaje al que odiar con tantas ganas.

Finalmente, también querría destacar a Aquillon, Custodio del Emperador. Puesto por ÉL para supervisar a Lorgar y evitar que se salga de madre más de lo debido. Durante mucho rato sirve de faro moral para el Primarca, encarnando a un personaje íntegro (pero no tonto), al que el Capellán Erebus tiene que estar distrayendo cada vez que quiere “interaccionar” como corresponde a un Traidor. Leal hasta más allá de la muerte, destaca su esfuerzo por reconducir una y otra vez a Lorgar por el camino recto, incluso cuando ya está mas allá de toda redención.

Aaron Dembski-Bowden ya me había hecho disfrutar cosa mala en Helsreach y aquí se queda todavía más a gusto. Honestamente, es uno de los mejores libros de la herejía. Tal como vimos en Fulgrim, vamos viendo paso a paso como los ideales se van a tomar viento y van comertiendo error tras error que los hunde cada vez más profundamente en el barro. El relato de los Portadores de la Palabra es realmente trágico, especialmente cuando nos damos cuenta de que la caída de Lorgar no habría ocurrido en el presente del Universo de WH40k, donde El Emperador es adorado como un Dios. A partir de aquí, cada página te encoge un poquito el corazón, mientras eres consciente de la trascendencia de cada decisión en el devenir del Universo… En ese sentido, el desarrollo y el ritmo por el que Dembski-Bowden te arrastra por la desolación es simplemente delicioso.



Además, el autor se permite poner un poquito de luz sobre un puñado de eventos polémicos que siempre han traido cola dentro de la Herejía: El destino de las legiones II y XI, la extraña prosperidad de los Ultramarines durante la guerra, qué motiva la diáspora de los primarcas y, por primera vez, se centra en hechos de la guerra de Istvaan, que anteriormente se habían esquivado una y otra vez. Esto no provoca que el relato se talle en piedra, pues como está narrando un Demonio del Caos, su punto de vista puede verse algo sesgado (y así otros escritores pueden retocar si conviene).

Y es que sólo he leído dos libros de Dembski-Bowden dentro de la franquicia, pero ya se está convirtiendo en uno de mis favoritos: sabe poner acción a lo bestia, mantiene tramas complejas con acierto, describe con mimo a sus personajes y hace que los quieras antes de…

Dentro de la Herejía, queda cada vez más claro que la misma no podría haber sucedido sin la participación del Caos, pero al mismo tiempo, se hace patente que el Emperador es un padre lamentable. Casi todos los problemas se podrían haber evitado con un poco de habilidad a la hora de considerar las necesidades emocionales y psicológicas de su puñado de super-hijos genéticamente modificados. Lorgar, por ejemplo, adora a su padre. Tanto que inicialmente instruye a sus Portadores de la Palabra (y los planetas que conquista) a adorarle como si fuera un dios. Algo que a papi no le gusta y, digamos, que sobrerreacciona tal como solo el Emperador de la Humanidad podría hacer (y se lía la que se lía).


Quizás lo único que no acabo de entender es la sub-trama del fotógrafo. ¿Es para hacer más natural el descubrimiento de Aquillon?

El primer Hereje se mete sin complejos dentro de los libros de la Herejía que más he disfrutado. Cada acción tiene trascendencia justificada, desborda emoción, la acción es pura molabilidad y además te prepara lo que será la invasión de Calth en un futuro, aportando paladas de razones para explicar la enemistad con los Ultramarines.

Señor Demski-Bowden, ha escrito usted un pedazo de libro.

Nota: 9
Nota goodreads: 4.21/5
Horus, señor de la Guerra, Fulgrim y éste. No sé con cuál quedarme de entre mis libros favoritos de la Herejía. Tendré que repasarlos cuando acabe la colección...

sábado, 29 de septiembre de 2018

Anacleto - Agente secreto


Me asusté mucho cuando conocí que se iba a realizar este proyecto. Puede que no haya leído el cómic original de Anacleto, pero recuerdo mis años mozos cuando no me separaba de este atípico agente secreto creado por el particular dibujante Manuel Vázquez. Y encima lo iba a interpretar un actor al que le tengo tanta ojeriza como Imanol Arias. Vamos, el horror.


Y luego, mi sorpresa. Esta película funciona al trasladar el comic-parodia de James Bond a la gran pantalla. Coge al Bond mas Brosnan, le añade toques de Kingsman (que derrocha estilo) y un  poco de la cotidianeidad de Cuéntame y tienes Anacleto: Agente secreto. Durante 90 minutos se cumple el sueño de tener a Bruguera trasladado (ejem ejem) al Marvel Cinematic Universe. 

El principal valedor de la película es un humor muy fresco, con muchos dejes a la simpatía que desplegaba el Ministerio del Tiempo (castizo pero bien encontrado). Además, se las arregla para tener una excusa argumental suficiente que aguante el armazón y proporcione 90 minutos de buena diversión. Es justo como comedia paródica cómo funciona mejor, partiendo casi del mismo punto que Kingsman: el círculo de oro, pero pero haciéndolo bastante más nuestro sin baches de importancia. Los gags se basan en la comedia física y un humor negrísimo bastante bruto, alejándose por suerte de la comedia patria más casposa, arreglándose para marcarse gags tan bien encontrados como el del suero de la verdad o la sobredosis de cacahuetes.

A diferencia de lo que ocurría recientemente con Fe de Etarras, esta vez el elenco está a la altura, con un despliegue de empaque que sorprende en una propuesta de la que uno no esperaría más que chorradas y acción. Imanol Arias se cree a Anacleto y se nota que disfruta encarnando al incansable espía fumador. Por su lado, Quim Gutiérrez (me lo tiro) está otra vez graciocísimo destacando la inesperada y estupenda química entre ambos personajes. El mismo Vázquez, creador del personaje, aparece en pantalla, interpretado por un irreconocible Carlos Areces, que vuelve a hacer el papel de atontado que tan bien se le da.

Y es que encima la acción está bien hecha. Vale, no la podemos comparar con las zumbadas de los blockbusters yanquis, que no hay tanta pasta aquí, pero sí que evoca acertadamente las propuestas del Matthew Vaughn más gamberrete. Los medios son más holgados de lo habitual y se nota. Puede que sea algo brutota para algunos estómagos pero el nivel de desmadre es de bandera.
Otro detalle que recuerda a un Kingsman patrio es la cantidad de bastardadas muy extrañas que te lanzan encima. Para muestra la fábrica de Fuets catalana que sirve de tapadera al protagonista, tal útil para deshacerse de cadáveres como para fabricar letales armas contundentes. A destacar un par de diálogos que me hicieron caer de la silla:

- Pero papá, ¿a cuantos has matado?
- Mmm… Menos de mil, ¿te vale?

Y otro, a través de la radio:
- “Lo siento, no le podemos enviar refuerzos debido a los recortes. Tendrá que apañárselas solo”.


Lo que esperaba que fuera una basura se convierte en un entretenimiento de calidad, un producto muy digno y divertido. Funciona estupendamente como una comedia bastarda con mucha acción. Evidentmente, no deja de ser española y no todo el mundo casará con las bondiadas salidas de madre que se gasta, pero bueno, es un cine que hace falta en este país: desacomplejado, atrevido y decididamente, puro y duro entretenimiento.


Nota: 7
Nota filmaffinity: 5.6
Nominado a goya efectos especiales y sonido, se lleva los primeros (oye, que están bien hechos).