sábado, 19 de agosto de 2017

Dioses de Egipto

Hay películas que uno no sabe por qué acaba poniendo. Quizás es que estaba aburrido en Netflix y no me apetecía pensar mucho o qué, pero bueno, hay veces que el azar hace de las suyas. Hay que reconocer que la portada es chula y los nombres no dejan de tener su gracia pero…


… a ver, como resumimos un poco el argumento de este engendro. Dioses de Egipto relata, muy a su manera, el mito de Osiris, uno de los más importantes de la mitología egipcia. No obstante, lo hace en un Egipto muy particular, con Dioses superpoderosos caminando entre los mortales y pegándose toñas aquí y allá.

En un mejunje que reúne elementos de Caballeros del Zodíaco, Furia de titanes y de un God of War algo desnortado, hay que reconocer que consigue crear la sensación de que cualquier cosa es posible. CUALQUIER COSA. No sabes por dónde te puede salir o cuál va  a ser la siguiente zaranganada que se le habrá ocurrido al lisérgico guionista. Si las películas de Uwe Boll pecan de un desmedido exceso, Dioses de Egipto lo lleva a un nuevo nivel. No sólo se permite durar 127 minutazos, sino que lo hace con un presupuesto descomunal y una puesta en escena acorde al músculo dedicado en el esfuerzo.


Sin embargo, se convierte en una experiencia única, pues los hechos son tan estúpidos, están contados con tanta torpeza y encajan tan mal que uno tiene la sensación de que han sido escritos por un niño de 9 años. Los enormes fallos de continuidad dejan entrever la falta de atención que se ha prestado en el montaje y la post-producción de la cinta: heridas que aparecen y desaparecen, dioses que cambian de tamaño según la escena o el ángulo de cámara y algún personaje muerto que vuelve a aparecer sin razón. A destacar el polvo en que Gerard Butler y su pareja están echados en la cama. Se ponen al tema después de unos segundos conversando, para que sus ropajes desaparezcan de una toma a otra, en un simple intercambio de frases (poder divino y tal).

Uno podría pensar que los grandes nombres que hay detrás de la película (Butler, Geoffrey Rush….) deberían tener la capacidad de levantar la película, pero todos parecen haber olvidado todo lo que conocían sobre el arte de la interpretación. Es obvio pensar que ante semejante esperpento de guión, el elenco se dedica a soltar sus frases en medio de un pasotismo absoluto a la espera de que llegue el cheque prometido. Hay veces que sorprende que sean capaces de tener tan poco sentido del ridículo.

Lo más curioso es que hay mucho dinero invertido en la película. Se puede ver en los efectos especiales, en los escenarios y la cantidad de escenas pretendidamente molonas que jalonan la película. Hay buenos cuartos. Gastados sin ton  ni son, a lo bruto y sin mirar, pero gastados. El director Alex Proyas, que tiene proyectos decentes en su haber, como Yo, robot o El Cuervo, no se molesta en mantener una coherencia estética o dar algo de personalidad al conjunto. Las obvias influencias de mil cositas diferentes dan pie a pensar en un videojuego que quería ser interactivo y se quedó en película excéntrica.

Pese a todas sus irregularidades, Dioses de Egipto es una película que se toma en serio a sí misma. Este carnavalesco Transformers de sandalias y arena va a fondo con todo lo que tiene y se molesta en mostrar la épica más descarnada que uno pueda imaginar, aunque nada tenga demasiado sentido.
Uno podría pensar que se trata de los 100M de dólares peor gastados (o los utlizados con criterios más cuestionables en un proyecto conjunto), pero su salvaje entusiasmo por la flipada gratuita la convierte en una película aprovechable tras tomar tres o cuatro cervezas con los amiguetes…. Y vergonzosa en cualquier otro momento de la vida. Hay que reconocer que se hacen pocas películas así. Y eso, a su modo, la hace interesante.

Nota: 2
Nota filmaffinity: 4.2

jueves, 17 de agosto de 2017

Kubo y las dos cuerdas mágicas

¿Os acordáis de ‘Los mundos de Coraline’?¿‘Paranorman’?¿Qué tal ‘Los Boxtrolls’? Bien, pues el año pasado, el estudio de animación detrás de estas tres joyas del stop-motion nos deleitó con una auténtica pieza de orfebrería que bien podría haber ganado el Oscar de Animación (a nadie le hubiera extrañado) y que, curiosamente, no se había pasado por aquí.



Situada en un Japón medieval idealizado, Kubo malvive a base de sus historias, su talento para la música y la papiroflexia. Día a día, baja al pueblo a contar relatos heroicos protagonizados por el padre que nunca ha conocido. Lo que el pequeño no imaginaba es que sus hazañas se convertirían en realidad cuando un espíritu del pasado vuelve su vida patas arriba, convirtiendo a Kubo en objetivo de dioses y monstruos.

Cuando hablamos de Laika, nos estamos refiriendo a uno de los estudios más dotados para la animación dentro de los EEUU. Con apenas un puñado de películas se han convertido en una referencia dentro del género. Dan un puñetazo en la mesa a cada nueva propuesta, demostrando que lo tienen todo para perdurar: Una visión, un objetivo y, especialmente, el talento para llevarlos a cabo de la mejor manera imaginable. Cada nuevo proyecto es un portento de diseño, un derroche de imaginación y una asombrosa muestra de excelencia y buen gusto. Han desarrollado un estilo propio, reconocible a lo largo de toda su filmografía, sin que ello evite que la imaginería contenida en cada película sea descaradamente diferente de la anterior.

 En Kubo se alejan de la plasticidad orgánica de Coraline o de la arrugada suciedad de Los Boxtrolls, mezclando la imaginería tradicional japonesas con influencias de la papiroflexia más exquisita, dando lugar a un ejercicio de estilo deslumbrante. La película entra, ciertamente, por los ojos. El virtuosismo estético con que Laika nos deleita en la película cobra todavía más mérito cuando recordamos la técnica utilizada. Las miles de fotos utilizadas en stop-motion se aprovechan con un espectacular diseño de personajes y un prodigioso gusto estético. Su fluida animación está a la altura de los mejores estudios, presentada además por medio de una fotografía de lo más preciosista. Fascina contemplar como los cálidos tonos iniciales se van volviendo cada vez más fríos y desasosegantes a medida que la historia se vuelve más sombría. Además, Toda la belleza (luminosa o sombría) nos viene aderezada con una delicada partitura que complementa a la perfección el sentir de cada momento. Si bien no se clava en el recuerdo, sí que tiene la sutilidad adecuada para convertir el visionado de Kubo en un auténtico placer.


No obstante, Kubo y las dos cuerdas mágicas adolece del clásico problema que suele sobrevenir al estudio: su inmenso talento en la animación no siempre se traduce en un guión a la altura. Una vez sobrepasado el fascinante planteamiento inicial, el desarrollo de la trama transcurre por terrenos vistos una y mil veces. Sin errores de bulto, pero sin asomo de la gracia que promete a la vista. Quizás es este fallo el que le ha impedido ganar el Oscar a película de animación al que estaba nominada. Supera visualmente a sus contendientes (Zootrópolis y Vaiana), pero su guión y sus diálogos no pasan de una agradable corrección  que no acaba de satisfacer a los paladares más exigentes (bueno, y el hecho de que no es de Disney, que eso resta un montón de votos “automáticos” de mucho miembro de la Academia).

En fin, como casi cualquier cosa que hace Laika, Kubo y las dos cuerdas mágicas es un prodigio visual, lleno de imaginación y buen gusto que disfruto de ver con una sonrisa de oreja a oreja. Una historia un pelín insulsa empaña un poco el resultado final, pero ello no impide que se trate de una propuesta interesante y, sobretodo, diferente al típico producto de animación disneyano. Vale la pena echar un par de horitas con Kubo y dejarse llevar por la belleza de sus imágenes.

Nota: 8
Nota filmaffinity: 7.2

lunes, 31 de julio de 2017

Solo en casa 2

Hace poco estábamos comentando con unos amigos sobre las llamadas películas estacionales: Aquellas que se ven en una fecha determinada, ya sea el veranito, Semana Santa o Navidad. En el caso de la película de hoy, se trata de mi entretenimiento navideño por excelencia. Cae casi cada año y se trata de, probablemente, la película que más veces he visto en mi vida. Recuerdo cuando tenía 8-9 años y me la ponía en bucle con mi VHS, jugando a imaginar que haría en la misma situación de Kevin.

La decisión de  Chris Columbus al acometer la secuela del inesperado éxito Solo en casa fue de lo más inusual. En vez de alargar la historia, decidió hacer un remake en toda regla. Con mucho más presupuesto, más largo y más grande, en una localización con más clase… pero repitiendo paso por paso el argumento y la mitad de los diálogos. Hay que reconocer que nadie hubiera apostado por ello.

Así pues, el pequeño Kevin vuelve a intentar pasar las vacaciones navideñas con su familia, perdiéndose en el camino y acabando en la amenazadora Nueva York. Casualidades de la vida, los dos ladrones a los que apaleó el año anterior han escapado de la cárcel y quieren dar un golpe en una gran juguetería. Naturalmente, será el pequeño Kevin el que desbaratará su malvado plan durante la noche de Navidad.

¿Qué ha cambiado? Nueva York. Repite el director, el guionista, los actores principales, el equipo técnico… Además del escenario, la principal (o única) diferencia es que se cuenta con mucho más presupuesto, ¡llegando a poner en pantalla a un futuro presidente de los Estados Unidos y todo! También se aprovecha del éxito previo, claro. Se sabe qué es lo que funciona y lo qué no, haciendo las cosas con ganas y cariño. El resultado es una película más divertida y gamberra, con unos toques de ingenio algo puñeteril.


No vamos a negar que la prodigiosa ingeniería de putadas se repite, con algunos gags calcados incluso, pero todavía no llega a cansar. El humor es muy blanco, muy físico y facilón, pero es imposible no descacharrarse con el compendio de trompazos que se llevan los malos malosos. Sorprende a veces la mala idea que despliega el pérfido niñito angelical que se ha vuelto a perder sin su familia.

Otro de los detalles que hemos de destacar es la sorprendente química que desprenden los tres protagonistas: Kevin McCallister se convirtió en un personaje indisociable de Macaulay Culkin (especialmente tras la nula carrera posterior del actor), totalmente generacional e inolvidable para el que viera sus correrías con la edad adecuada. Por su parte, los “Cacos Pegajosos” Joe Pesci y Daniel Stern dan el contrapunto histriónico perfecto para hacer las delicias del espectador. ¡Da gusto cuando actores de calidad se implican en una propuesta así! ¡Si es que incluso el cargante Tim Curry me cae bien en esta película!

 En cuanto a la situación de Kevin… ¡Oh, qué fascinación me provocaba esta película de pequeño! Estar separado, por unos días de tu familia, con una libertad absoluta para hacer lo que quisiera sin que me pudieran controlar “¡Mi familia está en Florida y yo en Nueva York!...mmm… Mi familia está en Florida y yo en Nueva York...” Todo un placer culpable ^^

Solo en casa 2 hace bueno el dicho de “Más grande, más largo y sin cortes”. Apenas enseña nada que no hubiéramos visto previamente, provocando un gigantesco deja vu, pero supera con tanta holgura a su predecesora  que no podemos sino disfrutarla con cariño. Es una película que me transmite muy buen rollito,  evocando épocas felices de mi vida. Por ello, gusto de revisitarla al menos una vez al año. Risas e ingeniosas aventuras para toda la familia, como debe hacer la típica happy movie navideña.

Nota: 6
Nota filmaffinity: 5.2

viernes, 21 de julio de 2017

Solo una gota de sangre (Carmen García Fresca)

La ventaja de haber ganado la cesta’13 (113 libros casi al azar) es que me permite/obliga a leer cosas a las que probablemente nunca me hubiera acercado. Es el caso de este libro, de una factura casi artesanal, probablemente autoeditado.

Título: Solo una gota de sangre
Autor: Carmen García Fresca

“Solo una gota de sangre” es la primera parte de la autobiografía de Carmen García Fresca (abuela de una amiga, por cierto). En él se nos cuentan las andanzas infantiles de una pequeña en los difíciles años de la posguerra, desde que van de aquí para allá (su padre tenía relaciones algo peregrinas con el bando perdedor) hasta que consiguen establecerse en una pequeña ciudad de Castilla.

Carmen explica su vida desde su punto de vista, en este caso el de una niña de 6 a 12 años de edad. Una época en la que no hay vencedores ni vencidos. Tampoco intenta mostrar un retrato realista de la época, es más bien una especie de compendio de pequeñas anécdotas y recuerdos de una infancia feliz en una época dura para muchos. No tiene una historia como tal, pues va dando saltitos de aquí para allá, picoteando mini-historias de 2-3 páginas con la trascendencia que tienen las pequeñas cosas para una niña de 10 años.

Me sorprendí enormemente al descubrir la ternura que me inspiraba este libro. No destaca por su imbricada prosa ni por tener un protagonista carismático, pero conectó a perfección con mis recuerdos de los veranos pasados en el pueblo sin nada más que hacer que dejar pasar el tiempo, esperando descubrir un nuevo rinconcito que no conociera o ver las aventuras que me deparaba el día. Era leerlo y tener la sensación de estar con mi abuelito cerca del fuego, explicando historias de cuando era pequeño y la vida más simple: Entrar en huertos ajenos para conseguir algo de fruta, las peleas para entrar en calor, las primeras amistades, las excuriones por el río, los profesores y sus abusos…

Evidentemente, Solo una gota de sangre no es un libro que se pueda leer con exigencias ni del que se pueda hacer una reseña del modo habitual. Más bien es un pequeño divertimento con el que enternecerse y recordar tiempos pasados con el toque melancólico que produce la nostalgia. Si habéis pasado vuestra infancia en pequeños pueblos (castellanos o no), o tenéis frescas las historias de vuestros mayores, seguro que consigue sacaros una lagrimita de cariño.

El libro acaba cuando la protagonista tiene 12 años de edad, momento en la que su familia se traslada a otra ciudad. La mudanza provoca un cambio radical en su vida, que se cuenta en la segunda parte de la historia “Años de una vida joven”, que también tengo por casa y se leerá en algún momento.


Carmen, muchas gracias por el buen rato que me ha hecho pasar tu libro. Y gracias Ana (la Rana) por pasármelo. 

lunes, 3 de julio de 2017

Rogue One (Una historia de La Guerra de las Galaxias)

Ya se que no acaban de ser horas, que han pasado muchos meses y tal, pero ya tocaba que tuviera tiempo para ponerme con la película (ejem ejem) más esperada del año pasado.


Parece que se estabiliza el concepto de entrega anual de la franquicia Star Wars. Cuando se planteó Rogue One después del remake encubierto que fue el Episodio VII, mucha gente quedó desconcertada: Rogue One no iba a ser el Episodio VIII sino una historia independiente dentro del mismo universo. Para que nos entendamos, Universo Expandido en película y “canon” (hasta que lo vuelvan a cambiar, claro). En este caso, Rogue One se sitúa entre los episodios III y IV, viniendo a funcionar un poco como si fuera un Episodio 3.8.

En efecto, nos cuenta la historia de cómo los rebeldes consiguieron los planos de la Estrella de la Muerte, a los que se hacía referencia en la película de 1978 (comprobar). Se relaciona además con la serie de animación de Star Wars: Rebels, por lo que hay personajes ya conocidos por los fans (aunque no tanto por el gran público). Sin embargo, al estar fuera de la Saga como tal mantiene cierta independencia, lo que se vendió que se iba a usar para explorar aspectos que no tendrían cabida en la epopeya galáctica.
  

Nos encontramos con una ambientación muy sombría si la comparamos con los cánones habituales: Los buenos no son TAN bueno como estamos acostumbrados (aunque me repito: HAN DISPARÓ PRIMERO, HAN ES UNA MALA PERSONA, TIENE LA GRACIA QUE LUCHA A FAVOR DE LOS BUENOS Y YA), está protagonizada por unos auténticos Don Nadies en un follón que les viene grande, deben aportar su granito de arena pero su importancia es nimia dentro del Universo; tampoco hay Jedis “de verdad” (después de todo, son unos mierdecillas, un Jedi les daría demasiado caché) y, finalmente, se opta por una acción mucho más seca, más visceral y menos acrobática de lo habitual, especialmente en el giro hacia el género bélico en su hora final. Bien podríamos hallarnos ante cualquier película sobre la guerra de Vietnam… pero con AT-ATs y blásters por medio. Estoy seguro que muchos alucinaron al alejarse de las amables aventuras que siempre habíamos visto en la saga.

Con tantas diferencias, ¿seguimos estando dentro del Universo de Star Wars? Pues vaya que sí. Eso no se lo vamos a negar. El foco se pone en un puñado de planetas que no hemos visitado nunca, pero se siente en todo momento la ominosa presencia de un Imperio que, cada vez más, pone bajo su yugo a todo ser viviente de la galaxia.  La arquitectura es distintiva, diferente a lo acostumbrado, pero no por ello deja de ser reconocible como Star Wars (algo que en Episodio I no se notaba demasiado, por ejemplo). Además, los creadores han diseminado aquí y allá un puñado bien grande de guiñitos, preparados con (más o menos) gracia para que el fan dedicado pueda entretenerse reconociéndolos, no sólo de la serie antes mencionada sino de toda la franquicia como tal.

Después de todo, el público afin a la franquicia no pide más que dos cosas: Un material con el que soñar y diversión. Eso es básicamente lo que interesa y es lo que Rogue One proporciona. A nadie que vea esta película le interesará encontrar una reflexión sesuda sobre el futuro de la humanidad. Quiere tiros, sables láser, Darth Vader siendo el p*to amo…Con tanto entretenimiento se perdonan errores como un inicio caótico y apelotonado, con evidentes faltas de montaje, además de unas cuantas incoherencias de guión un tanto peculiares. No es una película que pida ser exigente y no vamos a ponernos muy puntillosos con ella, ¿no? A destacar el -probablemente deliberado- cutrísimo discurso pre-batalla final (el peor desde Pacific Rim xD).

Por otro lado, la elección de los actores trajo su cierta dosis de polémica. Se escogió un elenco muy multirracial, con presencia de féminas y gente de todos lados, lo que trajo consigo cierto ruido -aunque no tan espectacular como en Las Cazafantasmas-. El correcto trabajo de todos los implicados -tampoco es que el guión sea muy exigente- y el buen rollito que siempre transmite la saga contribuyó a que estas polémicas se diluyeran un poco, consiguiendo que la gente se limitase a disfrutar y no a apretar fuerte los puñitos porque el protagonista no fuera un SeñorTM.

Rogue One tiene sus errores y sus defectos (bastantes), pero en conjunto no es ni más ni menos que lo que quiere ser: una historia menor dentro de la franquicia, que sabe ser entretenida con ganas mientras se acerca al género bélico sin salir de la saga galáctica. Con vocación de relleno, funciona perfectamente para satisfacer al fan mientras espera a que el Episodio VIII llegue estas Navidades. Yo no es que me vaya a oponer mucho a que hagan películas de relleno, si les siguen saliendo así de entretenidas…

Nota: 6

Nota filmaffinity: 7.0

sábado, 24 de junio de 2017

Guerra y Paz (BBC)

¡Ay, las adaptaciones literarias! ¡Cuánto daño han hecho esos intentos de condensar 600 páginas en apenas 90minutos de exiguo metraje! Aunque también haya intentos en dirección contraria, meter toda la trama de un libro en una película implica habitualmente toneladas de tijeretazos, personajes fusionados y sucesos sin explicación para todos aquellos que no hayan leído los libros. Por suerte para los que queremos ver una buena adaptación, cada vez más se está imponiendo la moda de convertir un libro, no en una película, sino en la temporada de una serie (Juego de tronos, Palmeras en la nieve). No siempre queda bien (El hombre en el castillo) pero sí permite tomarse las cosas con más calma, desarrollando tanto los personajes como la trama con el tiempo necesario para que deje poso y no parezca un pastiche apelotonado.



Este es el ejemplo con el que nos hayamos hoy. Guerra y Paz, de León (Lev) Tolstoi es uno de los mayores mastodontes de la literatura rusa. En este libro seguimos las vicisitudes de unas cuantas familias de la nobleza de la corte de los zares rusos a lo largo de cincuenta años. Las diferentes productoras han acometido variadas producciones, que nos han dado películas de 2-3h visiblemente insuficientes, miniseries de un par de capítulos algo apelotonadas e incluso una ópera, pero es con esta versión de la BBC de 6 capítulos de 90 minutos (9h en total) la primera que veo que permite llegar (casi) a desplegar la compleja urdimbre de relaciones humanas que Tolstoi plantea en su manuscrito original.


A cargo de tamaña temeridad está la BBC, quizás de las pocas productoras que pueden atreverse con el desafío y salir airosas del brete. No en vano, un vistazo a un puñado de escenas aleatorias de la serie despeja las dudas en cuanto a la cantidad de medios y el buen tino en el uso de los mismos. Siguiendo el canon de la BBC no se escatima en gastos para tener una fastuosa puesta en escena, con todos los extras necesarios para recrear brillantemente las cortes zaristas y los suntuosos palacios (y apestosos establos) en que se movían.

A ello se le debe añadir un guión sólido, que sabe el tiempo del que dispone y se lo toma con la calma necesaria para desarrollar a los personajes con acierto, presentarnos las tramas y dejar que estas se entrelacen a lo largo de los minutos. Sabe qué debe explicar, encontrando el equilibrio adecuado para no saltarse nada ni resultar tediosa en ningún momento. Eso sí, puede que sea muy “inglesa” para algunos, todo es pompa y protocolo, con toda la seriedad británica… ¡pero en la corte rusa! Eso sí, que nadie espere brío ni acción deslumbrante. Guerra y Paz es una de las novelas más largas jamás escritas y Tolstoi no se caracteriza por su prisa, ni mucho menos.

Para dar vida a los inolvidables Natascha, Pierre y Andréi tenemos a Lily James, Paul Dano y James Norton, cuyo denodado esfuerzo da lugar a notables interpretaciones que bien rememoran a los que imaginé en su momento al leer los libros. Dentro del apartado de secundarios, encontraremos a lo más granado de los veteranos del cine británico. Se nota que la BBC está detrás y los medios no faltan en ningún momento.

El único detalle que me chirría “un poco” es el hecho de que a lo largo de la historia pasan unos cuarenta años bien buenos. Sin embargo, el tiempo parece haberse detenido para los protagonistas. Algún secundario varía y se hace viejo, pero al trío principal no le sale ni una arruga ¡y ni siquiera cambian de peinado! Sorprende este detalle en una propuesta, por otro lado, tan bien cuidada.

La adaptación de este conocidísimo drama histórico está realizado con el oficio que uno esperaría de sus productores. Un trabajo bien trazado y bien rodado para condensar acertadamente en 9h una de las obras cumbre de la literatura rusa. Si os gusta el libro o el tipo de serie, es una de las que no deberíais dejar pasar. Estamos de acuerdo en que ya hay mil versiones de Guerra y Paz y ésta no aporta nada nuevo, pero es quizás la que plasma con más acierto el texto de Tolstoi. Evidentemente, no es una propuesta que agrade a todo el mundo, pero el público afín disfrutará con ganas de esta serie.

Datos técnicos: 1 temporada de 6 capítulos de 90min. No obstante, también se ha emitido como 9 capítulos de 60min. Imagino que los cortes entre capítulos quedarán muy raros aquí ^^.

Nota: 8

miércoles, 21 de junio de 2017

Middlesex (Jeffrey Eugenides)

Llegamos ya al número 13 de la Cesta’13 (je, je). Por de pronto, la contraportada contribuye a aumentar las expectativas. A ver qué tal está. Aparte, ya tocaba cambiar el libro de "próximamente", que han sido muchos meses.

Título: Middlesex
Autor: Jeffrey Eugenides

“Enamorado de una mujer pero temeroso de lo que pueda suceder en el momento de la verdad, Cal Stephanides decide revelar su secreto. Porque Cal, como Tiresias, ha vivido como mujer y como hombre. Todo empieza en 1922, cuando los abuelos de Cal huyen tras la guerra y se instalan en América, en casa de una prima de su marido. Y las dos parejas tendrán a sus hijos casi al mismo tiempo, y éstos, en un doble o triple juego de consanguinidades, se casarán y serán los padres de Cal. Que cuando nace es Calliope, y parece destinada a encarnar la leyenda sobre esas niñas que cuando llegaban a una cierta edad se transformaban en hombres. Y así comienza esta novela, que abarca ocho décadas en la historia de una familia y es uno de los intentos más ambiciosos de escribir la Gran Novela Americana.”

Como he comentado arriba, ¡cuánta grandilocuencia desborda el resumen! La verdad es que el libro no cumple lo que promete. El mito de Tiresias es ignorado sin ningún pudor durante caso toda la novela en la que seguimos la vida de tres generaciones diferentes de una familia griega que emigra a EEUU huyendo de la guerra con Turquía. Las tres partes en que se divide el libro se hayan bien diferenciadas, marcando las distintas épocas en que se sitúa la historia. Tanto que da la impresión de que están compuestas por diferentes escritores (o en momentos muy separados en el tiempo) y, la verdad, las dos primeras son bastante plomizas. Hemos leído estas historias más grandes que la vida mil veces, escritas habitualmente con bastante más acierto y frescura. Eugenides repasa todos los tópicos habituales, los adereza con la iconografía y la cultura griega y poco más, sin nada destacable que contribuya a captar el interés del lector.  Sin embargo, la última de las partes, la protagonizada por Cal Stephanides, tiene mucha más gracia y vale la pena, por sí sola, el esfuerzo de leer el libro.

Con Lefty y Desdémona Stephanides asistimos al final del dominio griego en las tierras de Izmir, con el

consiguiente exilio de la familia a EEUU, donde llegan al final de la IIGM, luego asistiremos a los esfuerzos de la familia por salir adelante.

Posteriormente, la acción se sitúa en el Detroit de 1967, cuando Milton y Tessie Stephanides son adultos, convirtiéndose en testigos de la llegada y la primera integración de los negros en la ciudad, concluyendo con la descomunal crisis que sufrió el sector a finales de los sesenta, con los consiguientes problemas sociales que ello condujo.

Durante estas 400 páginas hemos seguido, más o menos, la historia de los EEUU contada con poca gracia usando como vehículo a un puñado de personajes sin apenas personalidad y todavía menos carisma. La familia griega podría haber desaparecido y apenas se habrían quitado unas treinta páginas de una trama que me interesaba entre poco y nada. La documentación es notable, no lo vamos a negar, pero no añade nada nuevo a un género ya bastante desgastado.

Sin embargo, todo cambia cuando aparece Cal Stephanides en danza. Seguimos su vida desde su nacimiento y no tiene desperdicio. Biológicamente es XY, pero sus genes se expresan deficientemente y nace con cierta androginia. Sus padres, creyendo que tienen una niña, la crían como tal. Cal nota desde un primer momento que algo funciona mal en su cuerpo, pero su propia vergüenza, el pudor de sus padres y la incompetencia general de la sociedad impiden a la familia entender que ocurre. Bien entrados los setenta, cuando los problemas salen a la luz, Cal ya es adolescente, tiene que lidiar con médicos que no entienden lo que ocurre o que consideran su caso como un trampolín a la fama, su familia es incapaz de concebir qué ocurre y Cal no tiene idea de quién (o qué) es.

De repente, ¡vaya cambio! El estilo no tiene nada que ver con lo visto anteriormente, con un desarrollo de caracteres espectacular. Cal Stephanides (y su obvio cacao mental) es de los personajes que se te clavan con ganas en el alma y se hacen querer (y odiar y compadecer y adorar…). Cada página se degusta como un whiskey añejo, a medio camino entre el dolor y el placer, pero disfrutando de cada sorbo. No sólo por el estupendo berenjenal que supone el descubrimiento personal de su protagonista, sino también como se sumerge en el San Francisco de la época, donde la transexualidad y otros tabúes empiezan a salir a la luz –aunque sea entre la clandestinidad y los abusos de los despiadados-. Canelita fina.


Esta última parte bien vale su reconocimiento y estoy seguro de que es la mayor responsable de la fama de Middlesex. El “buen” sabor de boca que deja está al alcance de pocos libros. ¿Vale la pena soportar entonces 400 páginas tediosas para disfrutar durante las 200 finales? ¿Era necesario explicarnos las desventuras de los abuelos y padres de Cal? Quizás sí, quizás no. Entiendo que un contexto en el que ubicar a Cal es necesario (empezar del tirón con su historia no tendría la misma fuerza), pero el camino hasta los setenta se me ha hecho demasiado pesado, teniendo que forzarme a seguir leyendo durante buena cantidad de páginas.

En fin, una novela muy particular, con 400 páginas de género histórico muy anodino con la sola novedad de tener un punto de vista griego de la historia de los EEUU para acabar con 200 páginas estupendas con un personaje protagonista inolvidable. Si alguien es capaz de pagar el peaje, seguro que disfrutará enormemente del libro. Para mí, ha quedado como un sí, pero no…

Nota: Las dos primeras partes, cercanas al 1. La tercera parte, 9. Cosa vuestra como baremáis el tema xD.

Nota goodreads: 3.98/5