martes, 13 de septiembre de 2016

Mi amigo el gigante



Como sabéis, me gusta mucho Spielberg. En el podcast que he participado podréis comprobar los grandes ratos que me han hecho pasar las películas del Rey Midas. Coincidiendo con la publicación de nuestro programa de radio, es buena idea echar un repaso a su última película, que con un poco de suerte, estará a punto de salir en DVDs y blurrays varios.


La película tiene su origen en la obsesión de Melissa Mathison (guionista de la mítica E.T.) para llevar a la gran pantalla esta adaptación de un cuento de Roald Dahl. Después de años llamando a todas las puertas posibles y pasando por varias reescrituras de guión (incluyendo una versión protagonizada por Robin Williams), el proyecto acabó interesando a Steven Spielberg, que decidió dirigir y producir la obra.

Después de unas cuantas películas más serias, sorprende la excursión que Spielberg realiza hacia un cine infantil que había dejado de lado en los últimos años. Asimismo, el cuento que se adapta de Dahl no forma parte de sus famosos cuentos para niños que no son para niños sino que en este caso sí se trata de un entrañable cuentecillo para los más pequeños. Mi amigo el gigante se centra en la improbable amistad entre una niña huérfana y el gigante que alimenta nuestros sueños al dormir. Cuando el resto de habitantes del país de los Gigantes se muestre hostil ante la pequeña, no tendrán más remedio que pedir ayuda a la Reina de Inglaterra para derrotar a los malvados come niños.

El protagonismo recae sobre un Mark Rylance que repite con Spielberg después de su Oscar con El puente de los espías. Las imágenes que habían trascendido de Rylance embutido en neopreno con puntitos para rodar a base de captación de movimiento eran más que ridículas, pero esto no nos impide poder apreciar una brillante interpretación del premiado actor. Spielberg lleva al límite la técnica que ya aplicó en El secreto del Unicornio para dar vida al gigante en un despliegue de virtuosismo al alcance de muy pocos.

El País de los Gigantes es un derroche de imaginación en el que cada escena es, individualmente, una obra de arte. La viveza que transmiten los colores del mundo de los sueños –impresionante- choca con la brutal fealdad de los gigantes –también impresionantes- y la improbable cotidianeidad de la corte inglesa. Tres ambientes muy diferentes retratados con el mimo del orfebre que deslumbran en la gran pantalla y aprovechan como pocos un 3D que, esta vez, vale la pena pagar. El guión puede interesar más o menos, pero Mi gran amigo el gigante es una película que luce con ganas del savoir faire técnico que caracteriza a Spielberg. Es un placer para la vista que bien vale un visionado en la pantalla más grande posible.

Esto no impide que, lamentablemente, la película sea un auténtico peñazo. Mi amigo el gigante padece de un inicio desmedidamente lento, me atrevería a decir que soporífero, que convertirá en un suplicio la visita del padre que no esté muy interesado en luces bonitas. Incluso los más pequeños se podrán aburrir con una hora inicial en que apenas pasa nada. Luego coge algo de interés –a pesar de la vergonzante incursión monárquica- para acabar en un desenlace que vuelve a dejar frío al espectador. Se acaba y punto, no llega ni a tener emoción.

Ni siquiera la presencia de John Williams a cargo de la banda sonora es suficiente para remontar el ánimo. Su trabajo pasa bastante desapercibido, muy alejado del estupendo sentido de la épica al que nos tiene acostumbrados, limitándose a aparecer con corrección en los momentos en que se requiere.

Mi amigo el gigante es un espectáculo visual adornado por una mágica atmósfera que nunca acaba de arrancar. Tiene suficientes ingredientes para hacer que quieras creer, su atractiva historia tiene mimbres para atrapar al público infantil, pero luego carece de la fuerza suficiente para ello. A pesar de su indudable belleza, aburrirá incluso a los más pequeños.

Nota: 3
Nota filmaffinity: 5.6
Publicado previamente en Cinéfagos AQUI

sábado, 10 de septiembre de 2016

La leona blanca (Henning Mankell)



Este bimestre la CLO me acerca de nuevo a uno de mis detectives más queridos, el inspector Wallander. Petitejolie me encarga atacar el 3º libro de sus aventuras. ¡Vaya tortura!

Título: La leona blanca
Autor: Henning Mankell
Título original: Den vita lejoninnan

“El hallazgo del cadáver de una joven agente inmobiliaria, asesinada brutalmente sin ningún motivo aparente, supone para Wallander un descenso a los infiernos mucho más largo y profundo de lo que nunca hubiera imaginado al iniciarse un caso. Y esta vez, ademas, se trata de una conspiración internacional detrás de la cual se encuentra una organización de extrema derecha. Esta, decidida a dinamitar el proceso antiapartheid en la lejana Sudáfrica, ha contratado a un asesino a sueldo, quien, con la ayuda de un antiguo agente de la KGB, planea atentar contra un importante dirigente muy cerca de donde Wallander investiga. Acosado por sus persistentes problemas personales, el inspector entrara en una espiral de suspense cada vez mas vertiginoso.”

Mankell es un escritor que me suele gustar, pero en este caso debo decir que me ha encantado. La 3º aventura del Inspector Wallander (se pueden leer independientemente) es con la que más he disfrutado. Si a eso le sumamos que venía con ganas de pillar un buen libro de caza al asesino, tenemos el pack de diversión completo. Para La leona blanca, Mankell nos mete dos novelas en una, con dos tramas detectivescas (el asesinato sin motivo aparente de una agente inmobiliaria y una conspiración para atentar contra la vida de Mandela) que avanzan paralelas, guardando muchos elementos en común a pesar de ser independientes. 

Cada uno de los casos es complejo y brutal, pero al mismo tiempo muy realista. Cómo está ambientado a principios de los noventa (el libro se escribe en 1995) encontramos muchos elementos de nuestra sociedad que no han pasado por la revolución digital. Al menos a mí se me ha hecho entrañable contemplar la primera informatización de los medios de trabajo, el uso de fax, los comentarios sobre la aparición de los primeros móviles… 
El protagonismo absoluto de la trama sueca está a cargo del Inspector Wallander, que tras los sucesos de Los perros de Riga se está sumiendo en una depresión. La revelación de los horribles crímenes que transcurren a su alrededor le han sumido en la desesperación, al verse incapaz de comprender un mundo que acoge a seres capaces de realizar actos tan brutales y planear conspiraciones que implican auténticos baños de sangre. Aun así, este abnegado policía se obliga a realizar su cometido por la sencilla razón de que alguien tiene que hacerlo y prefiere evitar que los demás sufran por su inacción. ¿Por qué me gusta el señor Wallander? Porque es humano. Es una persona que puedo encontrar cualquier día por la calle. Tiene problemas de alcohol y tendencia a la depresión, pero no es ningún tío duro, no es Harry el Sucio, es solo un policía de pueblo, una persona real que, simplemente, intenta hacer su trabajo. Su mujer le ha dejado, no se acaba de llevar bien con su hija, es incapaz de llegar a un compromiso con la nueva mujer de su vida  y piensa constantemente en dejar su trabajo. Es su humanidad y lo que considero su típico pesimismo sueco lo que convierte a este personaje en alguien tan carismático. 
Se enfrenta a dos peligrosos asesinos que no pueden ser más diferentes. Anatoli Kovalenko es un antiguo jefazo de la KGB para el que la vida humana no es más que una mercancía con la que ganar dinero. Totalmente desprovisto de escrúpulos, este ser mata, tortura y agrede con la misma facilidad con la que respira. Su compañero es el sudafricano Victor Mabasa. Contrariamente a Kovalenko, es un hombre de honor que valora la vida, respetando y honrando a todas sus víctimas, -gajes del oficio, que diría- asegurándose de que su espíritu trasciende y llegue sin más problemas al más allá. 

De la parte Sudafricana tenemos también a tres personajes a los que destacar. El protagonista es el malvado Jim Klyne, un supremacista bóer que no quiere ver como su país cae en manos de los negros, a los que considera inferiores. Pedante y calculador, ha preparado una serie de incidentes que culminará con el asesinato de Mandela, lo que provocará una guerra civil y así permitir a los blancos poner orden y volver a períodos de tranquila placidez. A veces sorprende lo bien pensado que puede tener un plan y otras lo corto de miras que puede llegar a ser, pues se considera tan superior a los demás que es incapaz de concebir que alguien pueda pensar por sí mismo y reaccionar ante sus actos. 

El presidente De Klerk es consciente de la existencia de conspiraciones en su contra, por lo que encarga al joven fiscal Schaeppers que la investigue. Este avezado abogado tiene una visión optimista del mundo y cree firmemente en la necesidad de crear un mundo mejor que legar a sus hijos. Se convierte en un trasunto joven de Wallander, pues afronta la investigación con la misma sagacidad que nuestro detective sueco, pero lo hace lleno de ilusión, con la alegría de aquel que aún no está hastiado de contemplar los horrores del mundo.

Como ya he comentado antes, éste es el libro de Wallander que he leído que más he disfrutado. Tanto la brutal investigación de Sudafrica como la inhumana persecución de Suecia constituyen una novela por sí solas. El ritmo con el que se alternan está más que bien medido, perfecto para dejarte con la intriga de querer saber qué ocurrirá después y así sigues leyendo y leyendo. 

Quisiera destacar también los contrastes que se producen entre ambos ambientes. La desolación que se vive en las agrestes provincias suecas contrasta con la abigarrada vitalidad de Sudafrica, donde la vida es mucho más dificil pero se disfruta más de cada día que se vive. Mankell hace un buen trabajo al destacar con hacierto los problemas políticos, enlazándolos con maestría a los giros de guión para producir buenos golpes de efecto y aumentar la tensión de la trama. La prosa de Mankell ayuda a que el libro sea fácil de leer, con un estilo muy ágil, organizado, escrito como si fuera un informe de una investigación policial. El tono recuerda al de los procedimentales televisivos (CSI), haciéndose familiar para el lector, que puede devorar el libro con placer.

Realmente, tiene todo para que el amante de la novela negra disfrute: Un par de casos de lo más turbio con implicaciones políticas. Una atmósfera desoladora y una investigación de lo más vibrante. Si a ello le añadimos un estilo fácil y ameno, tendremos un coctel ideal para disfrutar de una novel a que no te deja descansar. Lo dicho, un libro muy disfrutado de los que da gusto leer.
Nota: 9
Nota goodreads: 3.83/5

jueves, 8 de septiembre de 2016

Ghost in the shell: Stand alone Complex



Cuando se habla de Ghost in the Shell: Stand Alone Complex, se habla siempre en tono de alabanza. No en vano, esta fascinante serie es capaz de combinar eficazmente la mejor acción con ciborgs y reflexiones existencialistas. ¿Es posible reflexionar sobre el sentido de la humanidad o la ética en el uso de nuevas tecnologías mientras los disparos atronan por doquier? No es tarea imposible al lado de Motoko Kusanagi.

 La gran Motoko Kusanagi. “El gorila”. La capitán de la Sección 9 antiterrorista. Criada desde la infancia en cuerpos prostéticos (es decir, totalmente artificiales), los años han convertido a Motoko en una mujer dura y desconfiada. Tan eficaz en su trabajo como huraña en el trato con las personas, esconde en su interior un conflicto trascendental. A lo largo de los años ha saltado de un cuerpo a otro: rostros diferentes, géneros variables, modelos no-humanos… Es difícil mantener el concepto del YO con tanta variabilidad. No es sólo la cuestión de género sino el mero hecho de ser un humano, especialmente cuando por la calle puedes encontrar a miles de personas con tu mismo rostro ¿Qué la separa de las máquinas? ¿Acaso aún tiene alma? Mientras cumple con su función salvando Japón de amenazas terroristas, Motoko se aferra a los últimos resquicios de individualidad para seguir considerándose humana. 

En el lugar opuesto tenemos a los Tachikomas. Son unos tanques automatizados con IA que actúan de ayudantes de la sección 9. Con una mentalidad ingenua e infantil, intentan por todos los medios parecerse a los humanos, a los que adoran. Incluso las conversaciones más tontas nos desvelan sus inquietudes sobre la vida, Dios, la muerte física y espiritual… Lo que deja claro que la frontera entre las IAs y los humanos no es nada clara. 

Y luego tenemos el resto del equipo, un grupo de soldados más o menos mecanizados que se esfuerzan para estar a la altura de lo que exige su trabajo. Mientras tanto, se nos muestran las intimidades de cada uno de ellos, el porqué de sus miedos y angustias… No sólo estamos viendo dibujos, sino que tenemos personalidades planificadas, “reales”, donde se le da importancia a cada individuo, dándole alma, pasado y vida propia. 

Esta profundidad que hará delicias de los consumidores de la ciencia-ficción más sesuda se complementa a la perfección con la acción más trepidante que un aficionado a la spaece-opera puede pedir. En cada temporada, la sección 9 se ocupa de la investigación de un caso de un súper-terrorista al que hay que detener, jugando con el concepto del Complejo de Autosuficiencia (un ejemplo real sería Anonymous). Debido a su extraña naturaleza, se hace muy difícil localizar a los terroristas y, por ello, acabar con su amenaza. 

“El Hombre que ríe” es un super-hacker que chantajea a las compañías fabricantes de cuerpos prostéticos. Estos habían tapado los resultados de una investigación médica que ponían en peligro su modelo de negocio y ahora deben pagar por ello. A medida que avanzan los capítulos los misterios se acumularán alrededor de este amargado adorador de “El guardián entre el centeno”: ¿Es un malvado o un justiciero? ¿Realmente existe?

La segunda temporada se centra en los atentados producidos por un grupo llamado “Los once individuales” que reclaman un retorno a las viejas costumbres en las que una persona podía cambiar las cosas, obligando a la Sección 9 a lanzarse a un peligroso juego del gato y el ratón. En él se diluyen las culpabilidades y las conspiraciones esconden otras conspiraciones bajo continuos juegos de sombras. Son obvias las comparaciones con “El hombre que ríe”, que los autores aprovechan para explorar más a fondo el concepto en torno a la pertenencia (o no) a una banda armada y el trato a los refugiados tras una guerra. ¿Qué hacer cuando defender la ley te lleva a proteger a corruptos y degenerados? ¿Hasta dónde llega la responsabilidad de un gobierno por los crímenes cometidos por los anteriores gobernantes? 

Son dos temporadas llenas de emociones fuertes, con desenlaces perfectamente rematados y capítulos capaces de dejarte boquiabierto. El homenaje de la Chaqueta mecánica, el sacrificio de los Tachikomas, la conversación mental con Kuze, la ejecución de los Once Individuales… Son unas cuantas escenas inolvidables dentro de la multitud de momentos impagables que tiene la serie.

Su artesanal animación es impecable, con un diseño de imaginería que combina el más brillante cyberpunk con el realismo más cotidiano. Incluso los profanos al anime apreciarán enseguida encontrarse con una serie inteligente, original, ambiciosa, con un desarrollo de la trama (el caso del Hombre que rie... qué maravilla) y una descripción de personajes admirable. Sus dos temporadas se hayan perfectamente medidas para que no haya un capítulo de más (ni de menos), aunque conforme avanzan los capítulos, más ganas tiene uno de que no termine. 

La mejor ciencia-ficción y la mejor acción combinadas en uno de los pocos animes totalmente recomendables para todo el mundo. Se te gusta el anime, Stand Alone Complex no te decepcionará. Y si no te gusta, ¡tampoco!

Nota: 10
Nota filmaffinity: 7.7

miércoles, 31 de agosto de 2016

Los locos del Cannonball



Los locos del Cannonball es una de estas señoras horteradas que salieron de los ochenta que el poder de la nostalgia ha convertido en míticas. El argumento imita la conocida carrera ilegal de la Gumball, a la que le añaden bastante más tontería, presentado a un puñado de lunáticos dispuestos a usar las artes más sucias y chucas que uno pueda imaginar para ganar esta delirante carrera de coches. 

El tiempo horriblemente mal lo que ya era flojo de por sí. Los locos del Cannonball se hace imposible de contemplar sin padecer altas dosis de vergüenza ajena. Los gags han quedado desfasados, no tienen ninguna gracia y sobrepasan cualquier raya ofensiva que uno pudiera trazar. Y lo que es peor, sin pretender hacerlo. El humor ha cambiado y unos chistes (racistas, sexistas, groseros…) que podían tener su sentido hace cuarenta años, ahora no tienen la más mínima gracia (tampoco es que tuvieran mucha entonces). Hay quien la considera como carismática pero es tan mala que ni siquiera llega a ser de esas películas malas que en realidad son buenas. Lo peor es que ahora es una película más que capaz de ofender sin ser pensada como tal en su concepción.

Una de las cosas que hace gracia es contemplar la gran cantidad de pesos pesados dedicados a papeles totalmente auto-paródicos. Reynolds, Martin, Fawcett, Fonda y muchos más demostrando que no tienen ninguna vergüenza y que no tienen inconveniente en hacer el ridículo de la peor manera. Si bien aceptamos que el papel de Roger Moore está muy clavado como un trasunto autoconsciente de James Bond, no entiendo que pinta el personaje de Jackie Chan (que en aquella época ni era famoso), totalmente prescindible y más que estúpido.

Ni siquiera puedes decir que sus noventa minutos pasan rápido porque la película no tiene demasiado ritmo. Estos coches locos aburren sobremanera con una película que sin sentido ni gracia. Quizás lo más salvable es el compendio de cochazos que van apareciendo por la pantalla. Es algo que siempre se agradece, pero la película no da para nada más.

Los locos de Cannonball es de las cosas más vergonzosas que he visto en mucho tiempo. Hace treinta años era simplemente casposa. Ahora es realmente horrible. Miedo me da acercarme a su secuela…

Nota: 1
Nota filmaffinity: 5.3