miércoles, 20 de mayo de 2015

Redada Asesina (The Raid)

El tráiler de Redada asesina es sincero y directo. Desde el primer momento deja claro que va a ofrecer noventa minutos de artes marciales de la mejor calidad con una intensidad pocas veces vista en pantalla. En cuanto lo vi tenía claro que quería ver esta película indonesia que ya se ha convertido en la más taquillera de la historia de su país. Por fin ha llegado a mis manos.

En los barrios bajos de Jakarta existe un edificio cuya maldad se ha convertido en un mito dentro de todos los sectores del hampa. Las bandas de delincuentes más peligrosas han anidado en él y se han instalado en los diferentes pisos del rascacielos. Por razones que no vienen al caso, una unidad de policías de élite deberá introducirse en él y pasar a través de todos los pisos y todos los enemigos que encuentren para llegar a lo más alto para detener al gran capo.

Y es que la película no es más que eso. Olvidaos de cualquier atisbo de profundidad en los diálogos o de actuaciones que vayan más allá del odio y la furia. El desarrollo argumental ni siquiera llega a los estándares mínimos de las películas de acción. A cambio, ofrece una orgía de disparos y ostias como pocas veces he visto. Es empezar el festival y empezar a volar las tortas, el ritmo es endiablado, con un pulso firme y pocos escrúpulos para filmar burradas. Las coreografías de luchas son variadas y vistosas. No sólo son rápidas sino además bestiales, con una autenticidad que invita a pensar que se han roto unos cuantos huesos al rodarla.

Es pura adrenalina. La variedad de toñas es de bandera, pues cada lucha tiene su personalidad, su estilo y unas acrobacias que no dejan de variar y fliparse cada vez más. Cualquier cosa sirve. Fusiles, pistolas y armas convencionales, cuchillos y otras armas blancas y cualquier tipo de mobiliario, ya sean sillas, mesas, tablas, puertas, pomos, sillones, escaleras, fluorescentes… Todo lo que se te pueda ocurrir. Vale todo. No sólo la velocidad a la que caen las ostias es de infarto, además, la contundencia de las mismas es impactante, sólida, de las que duelen ver incluso. Mola mola mola mola mola (¡y cuantas toñas que hay!)

Evidentemente, sólo deberían ver esta película aquellos que puedan disfrutar de la acción sin sentido. Aquí, Redada asesina es la reina, lo mejor que se ha hecho en los últimos años, sin discusión. A destacar las dos grandes peleas de Mad Dog tanto contra la pareja de luchadores como contra el sargento del escuadrón. Tan flipadas como demenciales, de las que dejan sin aliento, preguntándote quién saldrá vivo de allí y cuál es la siguiente burrada que te van a lanzar a la cara.
Y ya. Si eres de esta onda, disfrutarás de 90 minutos brutales. Si no… bueno mejor no te acerques. Pura molabilidad de dientes saltando y puñetazos por todos lados. La escabechina es de tal calibre que no queda más remedio que obviar el resto de sus defectos y dejarse flipar por la animalada que te presentan.

Nota: No se puede calificar. O te gusta, o no. NO va por ahí.
Nota filmaffinity: 6.7

domingo, 10 de mayo de 2015

Inherent Vice

Paul Thomas Anderson es uno de los nombres importantes de Hollywood. En todo momento ha dado grandes muestras de su capacidad para manejar con la mayor maestría los resortes que hacen funcionar nuestras emociones. Sus grandes obras, como Magnolia, Boggie Nights,  o There will be blood son buena muestra de ello. Películas impactantes, impecablemente realizadas y que saben no dejar a nadie indiferente. El resultado final puede acabar gustando más o menos, la trama puede interesarte o aburrirte, pero Anderson es garantía de un trabajo bien hecho.

Y para los que no lo sepan, Inherent Vice es la adaptación de una novela negra del mismo nombre con una trama confusa y caótica, escrita bajo amparo de ácidos y otros estimulantes y con un resultado confuso y delirante. En los corrillos de Hollywood se había granjeado una merecida fama de novela inadaptable y muchos guionistas habían desistido en el desafío que suponía intentar traspasarla a la pantalla grande. En un claro ejercicio de “no hay huevos”, Anderson ha querido demostrar que él sí podía sacar una película de allí.
Así pues, tenemos a un detective privado adicto a todo lo que se puede ser adicto que recibe una visita nocturna de su expareja para que encuentre a su actual, un nuevo rico de pasado turbio. Al día siguiente es la verdadera mujer del desaparecido quién le encarga el mismo caso. Por medio, un asesinato de un neonazi motero que colaboraba con unos traficantes negros, un agente de la ley con un extraño gusto por las bananas de chocolate, un abogado medio chalado que no sabe muy bien cómo hacer su trabajo, una china que trabaja en todos los burdeles de la ciudad, un saxofonista obligado a ser agente secreto, un dentista cocainómano y amante de las jovencitas recién llegadas a la pubertad, un par de desnudos… Y alucinógenos por un tubo en una película en que ir puestísimo es condición indispensable para salir en ella.

El argumento varía entre la confusión y el caos, acercándose al que podríamos esperar en un Agárralo como puedas. Invitaría a contemplarla como cine absurdo, pero el tratamiento que da Anderson al percal es el de buen (y muy buen) cine noir. Es una historia de detectives pura y dura, tal como la tendría Harry el Sucio, sólo que un poco… psicotrópico de más. Intentar comprender que ocurre en esta farsa de fumetas te obliga a estar atento en todo momento, pues parpadear medio segundo es más que suficiente para caer en un mar de confusión.

Anderson realiza también un prodigioso retrato de una época decadente, dónde los hippies que habían sido más o menos tolerados han vuelto a ser parias peligrosos (los asesinatos de Manson), los ricos tienen dinero para permitirse cualquier tipo de perversión depravada, se viven tiempos peligrosos para todo lo que no sea puramente yanqui, con la hipocresía y las drogas reinando por doquier. Nada tiene porque ser lo que parece en una película dónde cada escena está pensada con detenimiento y pensada con estilo. Un Jazz elegido con mimo, con lo más granado de cada casa, complementa para crear una atmósfera de irrealidad a través de esta genial tomadura de pelo.

Joachim Phoenix parece tan confuso como su personaje, sin saber bien qué tono darle en cada momento, pero concordando a la perfección con la paranoia en que vive toda la película. Sale genial del brete gratuitamente difícil en el que Anderson le ha arrojado. De la misma manera, Josh Brolin interpreta al antagonista aportando una actuación sólida que da aplomo al único personaje sensato (ejem) que podemos encontrar en la cinta. Se queda a gusto, tal como el resto del elenco. Personajes absurdos y emporradísimos que resultan incluso creíbles gracias al  esfuerzo desplegado por Wilson, Cheung, DelToro y los demás. ¿era necesario complicar tanto la vida de los actores? Podríamos decir que no, pero Anderson quiere lucirse y demostrar que es un gran director de actores, y vaya si se queda a gusto.

Pero claro, con este guión, ¿cómo nos tomamos la película? ¿Es una intrincada historia de detectives en forma de puzzle a la que hay que aportar las piezas que faltan para que tenga sentido? ¿Es, en sí, una gigantesca broma? Momentos brillantes e inspirados se suceden a excentricidades imposibles, casualidades improbables y giros de guión tan absurdamente forzados que parecerían inventados sino fuera porque al ser analizados se comprueba que están introducidos con corrección, si nos creemos la coherencia interna de la película, claro. La paraoica densidad que Anderson insulfa en el guión se mezcla con una abrumadora cantidad de referencias culturales que evocan una época ya desaparecida, pudiendo convertir un segundo visionado en un juego para ver cuantos guiños puede meter por segundo. A pesar de que Inherent Vice se consideraba inadaptable, Anderson ha decidido convertir la novela en un monumento onanista en que deja buena muestra de su talento. Hemos de reconocer que lo ha conseguido. Con la intención de demostrar que la tiene más larga que nadie, ignora al desprevenido espectador para generar un metraje de virtuosismo técnico repleto de cabriolas imposibles que dejan claro que pocos son capaces de ser tan visceralmente impecables como él.

Su mayor pecado es que para dos horas y media que dura, no consigue producir otra cosa que estupor y aturdimiento. Al final de la película no estaba muy seguro si quería besar a Anderson o pegarle dos hostias, pero debo reconocer me había tenido a tope todo el rato. Desde un primer momento me ha obligado a alucinar con una historia se sale de madre de buenas a primeras y que cada vez que parecía que algo volvía a tener sentido, se lanzaba a por otro mortal triple carpado hacia atrás. Sus tres actorazos principales consiguen aportar verosimilitud a lo que no lo tiene y su puesta en escena impecable invita a la seriedad, pero vaya eh… cosa. Es una chorrada absurda y confusa, sí, pero es una chorrada espectacular que desborda estilo por todos lados.
Exige mucho al espectador y no es en absoluto una película fácil, pero denota calidad y buen hacer (y quizás un montón malas decisiones). El resultado es un engendro que se queda a medio camino entre “El gran Lebowski” de los Coen y el Polanski de “Chinatown” mezclado en cocktail con unas cuantas dosis de LSD. Quien se atreva que vaya a por ella. Indiferente no se va a quedar.

Nota: 6
Nota filmaffinity: 6.2

martes, 5 de mayo de 2015

La batalla de Argel

Por mucho que esta película tenga un 8 en filmaffinity, confieso que no tenía ni idea de qué era lo que iba a ver cuando puse play(y miro la nota a posteriori, así que…). Como sucede muchas veces, enfrentarte a una película que no conoces de nada es algo intranquilizador. La primera escena en blanco y negro y la traducción algo chusquera asusta. Una vez empieza la en sí la película… bueno, hay que acordarse de recoger la mandíbula del suelo.


La batalla de Argel se sitúa a medio camino entre una película histórica y una novela documental. Este trabajo testimonial busca recrear los hechos que dan lugar a la creación del Frente de Liberación Nacional Argelino y su posterior erradicación por parte del ejército colonial francés. Supone la eclosión del espíritu nacional, el fulcro que acabará llevando años después a la independencia de Argelia. Pontecorvo realiza aquí un excepcional trabajo en un esfuerzo por plasmar la realidad del momento con la mayor exactitud posible: La Kasbah, los barrios franceses, el carácter de los mandos del ejército… La verosimilitud que desprende con su cuidada fotografía y su trabajado mensaje es abrumadora.

Además, nos encontramos con un escenario bélico totalmente inusual. Los mayores productores de cine bélico están al otro lado del charco y las guerras anticoloniales no suelen ser temas que les interesen. Aquí estamos ante una producción italoargelina explicando lo que fue Argel y el infierno en que llegó a convertirse.

La película refleja como prospera la lucha por la independencia y cómo los franceses se organizan para detener a los que asesinan a sus ciudadanos. Siguiendo un desarrollo trabajado e impecable, la película muestra un continuo efecto de acción/reacción en un crescendo de la violencia que va descontrolándose poco a poco. Aunque se posiciona a favor de la causa argelina (que no deja de ser quien paga la película), el director busca dar un tratamiento serio y aséptico, en un esfuerzo de objetividad, se aleja de maniqueísmos y caricarutizaciones, dejando claro que ambos bandos han sobrepasado cualquier límite marcado por la civilización. El odio y la violencia se alimentan hasta llegar a un punto de no retorno donde la barbarie impera y ambos bandos tienen toda la razón (y al mismo tiempo ninguna) en sus aspiraciones.

Los personajes están en su mayoría realizados por actores aficionados, que son capaces de insulfar una vida a unos personajes con los que es fácil identificarse. La evolución que sufre el protagonista está impecablemente mostrada, de vulgar ratero a guerrillero implacable, vamos viendo como cada acción y cada hecho que ocurre en la ciudad le va arrojando cada vez más hacia el fanatismo. La contrapartida del coronel francés no está peor llevado, ni mucho menos. Es brutal e inmisericorde. ¿Malvado? No, sólo es un soldado eficiente. Su entrada en escena es de las mejores que he visto en los últimos años, robando cada escena en que aparece y dejando en muy mal lugar el papel que tuvieron los periodistas (más ávidos de noticias escandalosas que de contar la verdad) y la ONU (sin ganas de mojarse ni mancharse las manos en el asunto).  Viene de ganar la IIGM, así que su valía está más que probada, pero quiere demostrar que está dispuesto a todo:

“El éxito de un método es su resultado. El FLN pide a sus miembros que guarden silencio durante 24h tras la captura. Es el tiempo que necesitan para que la información sea inútil para nosotros. ¿Qué forma de interrogatorio debemos adoptar? ¿El procedimiento judicial que tarda meses para una simple falta?
¿El problema es evitar la ilegalidad? No, el problema es este: El FLN quiere echarnos de Argelia y nosotros queremos quedarnos. Y todos ustedes, incluidos los comunistas, están de acuerdo en ello. Somos soldados, nuestro deber es ganar. Los que nos llaman fascistas olvidan que muchos de nosotros estuvimos en la Resistencia. Los que nos llaman nazis no saben que algunos de nosotros hemos sobrevivido a Dachau o Buchenwald.
Y ahora yo tengo una pregunta para ustedes: ¿Debe Francia permanecer en Argelia? Si la respuesta es sí, haremos lo que sea necesario para ello. Si la respuesta es no, nos vamos.”

Y éste es solo una pequeña muestra de lo que esta película da de sí. Está fantásticamente rodada y el desarrollo del guión es magnífico, convirtiéndose en una película excelente para tener una idea general de un conflicto olvidado para el gran público y que, fácilmente lleva a debates muy interesantes sobre fondo y forma. Podía no tener ni idea de qué iba a ver inicialmente, pero la película me ha atrapado y he vivido su desenlace con la máxima intensidad. Y un último apunte, que pedazo de fotografía. Es portentosa, maravillosa, escandalosamente buena.
Dos horas que quizás no se van a disfrutar y no van a ser fáciles de digerir, pero son puro cine de primera calidad, del que sirve para reflexionar y poner luz dónde no se suele mirar.

Nota: 9
Nota filmaffinity: 8.0

lunes, 4 de mayo de 2015

El León de Damasco (Emilio Salgari)

Recién estrenado mi nuevo e-book (regalo de navidad), he decidido ir pegando un pequeño repasillo a los libros con que ya venía incluido, que no son muchos. Entre ellos me llamó la atención éste, ya que me hizo recordar el coleccionable que sacó hace años El Periodico de Cataluña, versionando en cómics muchos clásicos de la novela de aventuras. Pasé buenos ratos leyendo las aventuras de Muley-El Kadel en viñetas (y no sé cuántas veces las releí), pero nunca había leído realmente los libros en que estaban basadas.

Título: El león de Damasco
Autor: Emilio Salgari
Título original: Il leone di Damasco

“La obra comienza describiendo el ataque del barco de la joven Haradja, sobrina del poderoso Alí Bajá, a la galera del Bajá de Damasco, padre de Muley, el León de Damasco, después de hacerlo salir a alta mar mediante una treta. Por su parte Alí Bajá había capturado al hijo de Muley con Leonor, conocida como El Capitán Tormenta. Estas acciones tenían como fin la venganza de Haradja por lo que ella consideraba una traición de Muley.”

Y tal como leí el cómic hace muchos años, mi sensación es la misma. Es un libro de aventuras exóticas con mucho aire a los cómics de superhéroes actuales. El paralelismo con las obras que podemos encontrar en Marvel o en DC es palpable, convirtiéndose en un claro precursor del género.
La trama en sí apenas existe, se convierte más bien en una improvisación continua donde Salgari va escribiendo lo que se le ocurre. Sus personajes pasan mil aventuras emocionantes, las luchas se suceden por doquier y el ritmo es vivísimo. Acción, espadazos, cañoneos y explosiones sin parar, todo con una prosa simple y efectiva que se desliza como nada. Las primeras veinte páginas no tienen mucho que ver con las últimas veinte, pero el viaje de una a otra no se hace pesado en ningún momento. Sin florituras ni descripciones exhaustivas, Salgari profundiza en los personajes y en los ambientes lo justo para que nos enteremos qué ocurre y no perdamos detalle de la trepidante acción que nos arroja en cada página. 

Sus protagonistas, sus superhéroes del momento, despachan sin problemas las amenazas y los problemas que afrontan, incluso situaciones imposibles y desventajas insalvables. Sus contrincantes sufren en todo momento el síndrome del Storm Trooper y son incapaces de pensar o acertar mientras que ellos desbordan astucia y son capaces de aprovechar cualquier cosa que tengan a su alcance para conseguir sus objetivos. 
Y esto no ocurre solamente en el bando veneciano (cristianos, los “buenos”), sino también con su contrapartidas turcas (mahometanos, los “malos”). La historia se va centrando en los dos bandos indistintamente y cada vez que cambia el punto de vista, se invierten quienes son los defensores de la justicia y la razón y quienes son unos impíos herejes sin seso ni astucia que no merecen otra cosa que la muerte. La incompetencia de todos los personajes masilla frente a los héroes/antagonistas es a veces demasiado grotesca convirtiendo a pretendidos héroes de renombre en auténticos patanes según el capítulo y quién tiene el protagonismo en cada momento.

Los dos bandos están cortados por el mismo patrón, con personajes y roles repetidos, como si sólo se diferenciaran por el traje que llevan y la religión que profesan. En ambos casos tenemos un protagonista femenino principal (El Capitán Tormenta y Haradja) que lleva a cargo el peso de la historia, alejándose del papel de princesitas delicadas propio de la época. Son bellísimas y ya tal, pero son mujeres de armas tomar que deciden su propio destino y no tienen ningún miramiento en atravesar cuerpos o rebanar cabezas, siendo además las mejores espadas de sus respectivos ejércitos. Mujeres tercas, decididas y valientes, líderes naturales de sus tropas y dispuestas a todo para cumplir sus objetivos. El odio mutuo que se profesan complementa lo copiaditas que son. Si no es por el contexto, puede costar incluso distinguirlas.

Sus partenaires masculinos son Muley el-Kadel (El llamado León de Damasco, un turco renegado) y Metiub (el maestro de Esgrima de Haradja), ambos enamorados de las protagonistas. Se convierten ambos en el epítome de la caballería, rectos, honorables, valerosos… Unos aburridos vamos. Estos Capitán América sin carisma se convierten en espadas andantes y poco más que picadoras de carne que presumen de lo buen defensores de la fa que son.
A su alrededor gozan todos de un par de fieles servidores (nombres y poco más) que sirven de alivio cómico y permiten descansar de la perfección que despliegan sus señores.

Salgari aprovecha y añade unos cuantos personajes históricos con la intención de dar un poco de lustre a la recreación histórica (liviana, siendo amables), como Juan de Austria, Sebastián Veniero, Alí Bajá…No es que tengan mucha importancia, pero oye, ¡como mola tener a estos nombres por ahí implicados!

El libro es casi un compendio de aventuras pseudoindependientes con un sabor añejo muy  entrañable y gustoso, sirviendo de claro precedente de la fantasía heroica o los éxitos de Marvel/DC. Su desarrollo es claramente irregular y sus personajes son clónicos pero no se complica la vida en artificios extraños, convirtiéndose en un libro francamente entretenido para devorar sin exigencias.


Nota: 5
Nota goodreads: 3.84/5

jueves, 30 de abril de 2015

Birdman

Después de ganar los Oscar, Birdman desembarcaba en Francia (uno de los últimos países en hacerlo) y así yo podía ver de una vez esta película. Con tanto bombo y tanta pompa, ya tenía muchas ganas de hincarle el diente al pájaro del año.

Han sido cuatro años de silencio tras la particular Biutiful pero Alejandro González Iñárritu (comprobar nombre) ha vuelto a situarse en la cime de la virtuosidad y la energía con esta alocada película que transcurre entre los bastidores de un teatro de Breadway donde un actor Hollywoodiense venido a menos intenta un regreso delirante. Diálogos al límite, ritmo vertiginoso y una puesta en escena excepcional. Birdman despliega las alas y te sumerge en un torbellino.

Primera escena: Riggan (Un Michael Keaton en uno de sus mejores papeles) de espaldas, meditando. Su serenidad es tal que parece estar levitando… En contraste con su camerino, desordenado, casi destruido, símbolo de nervios y agitación: Ahí está el truco. Riggan, estrella del cine en el pasado, busca un revival redentor adaptando los textos de Raymond Carver, reservándose un papel principal en el espectáculo que también dirige.

Riggan sabe que es su última oportunidad y vuelca en ello todas sus esperanzas, su dinero y casi su vida. Por el momento, se ha quedado encasillado por su gloria pasada, ya casi olvidada, de los tiempos en que era un súper-héroe adulado, Birdman. Cuando le reconocen por la calle (cada vez menos), es de Birdman de quién hablan. Cuando un periodista le pide una entrevista, es para saber por qué rechazó, hace veinte años, su papel en Birdman4. Birdman, aún Birdman, siempre Birdman. Hay que reconocer que el mismo tampoco se libra de identificarse excesivamente con este papel que vampiriza su alma: está convencido (en verdad o no) de poseer un par de superpoderes como lanzar mediante su voluntad un proyector a la cabeza de uno de sus colegas, una jugada traidora que amenaza de echar por tierra su ya precario espectáculo.

Por culpa de este desgraciado “accidente” es necesario encontrar un sustituto, cueste lo que cueste. La salud mental de Brandon, productor y contrapartida pragmática del incontrolable Riggan, se verá aún más amenazada cuando Mike (Norton) entra en escena. Un actor de método, brillante (demasiado), que conoce a Carver en profundidad y que está dispuesto a todo para que su actuación sea lo más real posible.

La personalidad del film queda marcada desde el primer momento. Es de los que te atrapa y no te deja ir. La secuencia zen inicial es sólo un aperitivo. A partir de ahí no hay descansos, no hay tiempos muertos. El avance es continuo y rápido, bifurcaciones, rizos, agitaciones, meneos y actores que transmiten continuamente sus emociones en el escenario, en los bastidores (teatro en el teatro) en un flujo continuo rodado como si fuera un único y demencial plano secuencia, hasta que todo implosiona en un final apoteósico.

Diabólicamente inteligente y decididamente eficaz, es a la vez un divertimento de altos vuelos y un estudio sin indulgencias –incluso cruel- de los especímenes que pueblan los espectáculos, que debaten como pueden con sus pasiones, sus deseos y su necesidad de ser admirados. Especímenes particulares sin duda, pero muy representativos de la humanidad. Iñárritu no deja títere con cabeza. Hay toques de atención hacia la vacuidad de los críticos (que tienen la crítica hecha antes de ver el espectáculo), hacia los que hacen películas para trascender (¡queredme!), hacia los que participan en el cine de explosiones sin sentido (que gastan dinero en tonterías), hacia el espectador que busca el entretenimiento fácil (al cine se va a emocionarte), hacia los que ven propuestas extrañas por el puro placer de la sofisticación (fuera los elitismos), hacia las estrellas de youtube y sus quince minutos de fama (que no han hecho nada para merecerlos), hacia los que alimentan a estos estrellados (que no tienen criterio), hacia los actores divos (que no dejan de ser humanos), hacia la vacuidad de una vida resuelta sin propósito ni aliciente y ante los idiotas que no tienen miedo de innovar (aunque no sepan que lo están haciendo).

El fregado en que se mete es monumental, pero el complicadísimo guión compensa todo para que sea “fácil” de seguir. Por medio un tour de force actoral de primera línea, una puesta en escena gratuitamente complicada y personal, un ritmo brutal y fatigante, una mezcla entre fantasía/realidad y actuación/vida entre asombrosa y delirante y un final redondísimo que te deja el culo torcido (que ya comentamos AQUÍ)

Altamente satisfactoria. De eso no hay duda

Nota: 9
Nota filmaffinity: 7.3

domingo, 26 de abril de 2015

Carnivale (HBO)




Estoy echando un repaso al carnaval demoníaco de American Horror History, disfrutando y sufriendo con la suerte de sus histriónicos personajes. Entre capítulo y capítulo recordé que hace unos años la gran productora de la HBO ya nos había trastornado con las extrañas aventuras de un circo tenebroso y extraño. Este Carnivale de los años 20 supone otra de sus joyas truncadas, de sus grandes series que padecen un final abrupto e inesperado (aunque satisfactorio) por cuestiones de producción. Dejémonos arrastrar por el malsano embiente de este circo ambulante...

La confusión se apodera de nosotros tan pronto entramos en la carpa del circo. ¿Dónde están los buenos de la historia? ¿Los hay? ¿Quién de todos los siniestros artistas que pueblan la caravana es el servidor del diablo? ¿Cuál es la relación entre el circo y el fanático predicador que ha creado una nueva Iglesia de Salvación? ¿Qué secretos oculta el vagón del director? Enigmas, intrigas, preguntas y apenas dos temporadas para atraparte en las oscuras redes del Infierno…


Carnivale despide malignidad con una naturalidad pasmosa, esta oscura fantasía constituye un viaje a través de una siniestra América, envolviéndote en un escenario maravilloso tanto en aspecto como en trasfondo. Un show con una producción que se sale de la escala. La puesta en escena, los efectos, los vestidos de época, los coches antiguos… La visión del carnaval y la ominosa decadencia de la América pre-crack de los años 30. Por si fuera poco, las actuaciones son estupendas, los guiones, cuidadísimos, con un gusto exquisito por la mística y la intriga como pocas veces encontramos. El nivel de detalle de cada escena corta la respiración y está al alcance de pocas producciones del más lujoso Hollywood. Lamentablemente, esta abrumadora calidad acabó suponiendo la principal razón de su precipitado fin: estas cosas son caras, muy caras. Vamos, ¡es que incluso la secuencia del título fue la más cara nunca hecha en una serie yanqui!

Si su primera temporada ya te sumerge en un viaje irreal, su desenlace es aún mejor, de los que se te queda grabado, mezclando influencias de David Lynch y Stephen King en una noria surreal. Su cancelación es especialmente frustrante, porque lo que podría haber sido una obra épica única en televisión nos deja con las ganas de algo mucho mayor. La HBO se jugó mucho con Carnivale, lástima que no saliera tan rentable como quisieran…


Estaba pensada para durar seis temporadas, con arcos argumentales que se alargarían dos de ellas, como un libro por capítulos en una trama general. Lamentablemente, sólo disfrutamos del primer capítulo. La audiencia no estaba preparada para una dosis de belleza y de enigma como la que propone Carnivale. Arrasó en los Emmys cuando estuvo en emisión y es, definitivamente, una de las grandes. Es la típica historia de lucha entre el bien y el mal. Y aun así no es típica, es única.


Nota : 9 y 9
Nota filmaffinity : 7.8


martes, 14 de abril de 2015

Los goonies

“No os dais cuenta, la próxima vez que veáis el cielo será en otra ciudad, la próxima vez que hagáis un examen será en otro colegio. Nuestros padres quieren lo mejor para nosotros, pero ahora tienen que hacer lo que les conviene a ellos, porque ese es su momento, es su momento allá arriba, y aquí abajo esta el nuestro, nuestro momento está aquí… y todo eso acabará en el instante en que subamos al cubo de Troy”

¿Qué cosa podía causar más terror a un niño de los 80 que perder a su pandilla? La búsqueda del tesoro de Willy el Tuerto constituye la última aventura de Los Goonies. Para ellos es el momento de experimentar una emoción que recordarán toda su vida, mientras que para nosotros supone la posibilidad de recordar –una vez más- que la aventura está a la vuelta de la esquina.
Y es que nos hacemos mayores. Esas aventuras imaginarias en la casa del árbol, en la cala abandonada a quince minutos en bici (voladora) o encontrar tu Dragón de la Suerte antes de cenar ya no se tienen (tanto). Los tiempos han cambiado. El ansia de aventuras, no. En los 80 la aventura estaba tras cualquier esquina. Armado con la imaginación y protegido por tu pandilla, hasta ir a comprar se podía convertir en una aventura épica. Ahora si un niño quiere aventuras puede seguir los pasos de Altaïr en Damasco, sufrir con Garrosh en Azeroth o entrar siguiendo a Tidus en los bosques de Macalania. Emociones en vena, pero diferentes.

Para los mayores, ¿qué queda de estas experiencias ochenteras? Willow, La historia Interminable, Cristal Oscuro… y, sobretodo, Los Goonies. Ésta es una película que aprovecha tus ansias infantiles y te las marca a fuego. Es la película ideal para ver el verano de tus once años con un gigantesco bol de palomitas y asombrarte con este grupete inolvidable que parte en busca de la aventura que todos soñamos. Se graba en tu alma y te llena de nostalgia y buenos recuerdos en cada visita.

Aún hoy conserva el mismo ritmo desenfrenado y divertido del primer día. Ha envejecido estupendamente. Aunque algunas subtramas pequen de tontorronas o su sentido del humor resulte algo desfasado y pueril, el paso del tiempo no ha conseguido enturbiarmela. Incluso si obviamos las ausencias tecnológicas actuales podría pasar por un gran estreno salido del horno. Además, aquí los niños están haciendo de niños y eso le da un puntito extra de calidad. Incluso ahora tendrían que censurar gran parte de su “autenticidad” (esos insultos…).

Steven Spielberg, Chris Columbus, Richard Donner… Son nombres poderosos dentro de la industria del entretenimiento puro. Toma un argumento sencillo y lo conduce por una película que tiene las ideas claras,sabe lo que quiere ser y cuenta con la capacidad de reírse de sí misma con unos toques ácidos (ya insinuando lo que el director daría en Arma letal o Los fantasmas atacan al jefe) impagables en una propuesta infantil.

Rodar con niños es siempre un problema, pero Richard Donner consiguió que se sintieran cómodos y desprendieran autenticidad. Para no encorsetarlos, Donner les dejaba mucha manga ancha, permitiendo que improvisaran casi todas las escenas con directrices menores. No estaban actuando, simplemente estaban viviendo su propia aventura de la misma manera que nosotros disfrutaríamos con ella; incluso cuando se asombran al ver el barco pirata lo hacen sinceramente, ya que era la primera vez que lo veían. ¿Quién le iba a decir a Josh Brolin o a Sean Astin la cantidad de horizontes y Tierras Lejanas que iban a acabar atravesando?

Ritmo rápido, acción artesanal, niños en su punto justo de cocción y un tesoro pirata. Ingredientes más que suficientes para crear una de las mejores películas de aventuras que podemos disfrutar con toda la familia.

Me gustaría saber cuánto de lo que me hace sentir es producto de la nostalgia y cuánto de su calidad (que la tiene, y de sobras). Es decir, ¿un niño que la viera ahora disfrutaría tanto como yo disfruté de ella hace ya casi dos décadas? Mi corazón quiere decir que sin duda, pero es que se me hace imposible hablar de Los Goonies dejando a un lado todo lo que significa para mí, irradia buen rollo, color y aventura de la mejor manera. A mí me llena por todos lados y probablemente (habría que hacer cálculos con “La última cruzada”) es la película que he visto más veces. No sé cuántas veces me he emocionado con la experiencia de ser espectador de la más original fuga de una cárcel, tampoco vivir la emoción de encontrar un mapa del tesoro en el desván, descender a las cavernas a través de un restaurante abandonado, ser más listo que Chester Copperpott,  esquivar las tggampas, no subir al cubo de Troy (¡sobre todo eso!), resbalar por los toboganes, encontrar el barco pirata… Salir con vida de todo ello y encima salvar a mis padres de la bancarrota porque mis canicas ahora molan mucho más. ¿Qué hay mejor que eso?  Cada vez que la veo vuelvo  a ser durante noventa minutos el niño que fui y me permito disfrutar de esta pandilla, de los Fratelli, de Sloth y de su camiseta.

Todo niño debería ver esta película antes de crecer.

Y una pregunta final, ¿Por qué lo peor fue lo del pulpo? Nunca lo entendí…

Nota: 10
Nota filmaffinity: 7.3
Publicada previamente en Cinéfagos AQUI