viernes, 24 de junio de 2016

Monstruos SA.



Qué curioso, estaba convencido de que ya había hecho una reseña de esta película, toda una sorpresa al ver que no la tenía.

En Monstruos SA., Pixar nos desvela que todos aquellos monstruos que creíamos ver de pequeños debido a nuestra imaginación son perfectamente reales, pues nuestros gritos de terror les proporcionan la energía eléctrica necesaria para que su mundo funcione. Curiosamente, los monstruos están más aterrados de los pequeños –a los que creen tóxicos- que al revés y sólo los más duros de los más duros se atreven a realizar “el trabajo sucio”. James P. Sullivan es el mejor empleado de la mayor empresa de miedo del mundo, pero un día una niña pequeña se cuela sin querer en la empresa, provocando el caos.

Los estudios Pixar atrajeron los focos de todo el mundo tras la rompedora Toy Story. Sin embargo, tras la mejorable Bichos y la correcta Toy Story 2, parecía que Pixar entraba en una especie de meseta, pues no conseguía sobresalir entre el batiburrillo de productoras de animación (Disney, Fox, Dreamworks). 

No es que se exigiera a Pixar hacer una obra maestra (eso vendría luego), pero sí una propuesta que demostrara su calidad artística. Ellos, conscientes del desafío, echaron el resto y presentaron una película que sobrepasaba en mucho la técnica con que se movía la competencia. Si lo comparamos con los dos años que han pasado respecto a Toy Story 2, la mejora es impresionante y desde el punto de vista de la animación, Monstruos sobrepasa en mucho a Shrek o Ice Age, que lo rompían por aquellas fechas. Sin entrar en detalles, nunca se había visto (Final Fantasy aparte) una definición tan grande en los fondos y una renderización de los peludos personajes con tanto realismo como en esta película. Pixar demostraba que nadie tenía artistas mejores que los suyos, con una puesta en escena trabajadísima y perfectamente rematada (la persecución final por las puertas es una delicia del diseño y una pesadilla para los animadores). 
 
 Además del alarde técnico, Pixar echa el resto para generar un universo vívido y realista, fácilmente reconocible por el espectador pero al mismo tiempo completamente nuevo, desbordante de imaginación. El argumento, por su parte, no presenta la profundidad ni la trascendencia de sus obras posteriores ni es tan redondo como las aventuras juguetiles previas, pero funciona a la perfección para articular un bombardeo de gags de primer nivel llenos de frescura e ingenio, convirtiendo un cuento para niños algo tonto en una delicia de risas. A ello hay que sumarle la presencia de un puñado de personajes impagables, llenos de carisma (y un buen trabajo de traducción a cargo de S. Segura y José Mota) y una protagonista femenina de lo más adorable y metomentodo (Boo!). 

Sin embargo, en la imaginería popular quedó algo ensombrecida por el fenómeno Shrek que lo petó mucho más a lo bestia. Realmente, nadie se esperaba una película de animación con tanta dosis de mala leche, un guión tan sólido y un compendio de chistes tan demencial. Por ello, jugando a lo mismo y aunque Monstruos SA. desplegaba más calidad técnica, el Oscar a mejor película de animación se fue para el ogro verde.

Monstruos SA. es ante todo un canto a la amistad, a entender al diferente, a luchar porperseguir los sueños y a buscar alternativas cuándo estos se vuelven irrealizables, pero sobretodo, provee de noventa minutos de pura diversión para toda la familia. A revisitar de vez en cuando para echarse unas risas blancas y puras, sin complejos.

Nota: 8
Nota filmaffinity: 7.6

sábado, 18 de junio de 2016

Vida y Destino (Vasily Grossman)



Llego ya al libro 7 de la cesta’13 (aunque con saltitos aquí y allá). Empiezo este monstruo con las burlas de Lauriqui sobre mis dosis de masoquismo y mis ganas de aburrirme. No es la mejor manera de empezar, no señor.

Título: Vida y destino
Autor: Vassily Grossman
Título original: Vie et destin (el “original” es una traducción en francés. El manuscrito ruso se ha perdido)

“Por su capacidad de abarcamiento y nitidez estilística, Vida y destino es comparable a Guerra y Paz; por su humanidad y poder emotivo recuerda a El Doctor Jivago; en lo que tiene de retrato de la realidad del Estado soviético en su dimensión totalitaria iguala a las novelas de Soljenistsin. Tomando como eje la batalla de Stalingrado, Vida y destino relata a la vez el terror stalinista, los horrores de la guerra y la vida cotidiana en la torturada retaguardia. El tema central del libro es la libertad individual del hombre frente a la coerción de los sistemas, y el triunfo de Stalin como consolidación y prolongación convergente de los métodos fascistas de antisemitismo y terror estatal. En la gran tradición de la novela rusa, los problemas esenciales de la existencia humana ocupan el núcleo ideológico central de un vastísimo fresco, conmovedor y aterrador a la vez, de personajes y situaciones en un contexto apocalíptico de conflicto y destrucción. Nos hallamos ante una obra capital de la narrativa del siglo veinte.”

El propio resumen la manda en la órbita de los grandes de la literatura rusa (palabras mayores), con referencias como Guerra y Paz o El doctor Jivago, en cuanto a dificultad, densidad y ambición. La literatura rusa dura es todo un peligro, pero Vida y destino está a la altura de lo que se promete. Vaya libro. Totalmente alejado de la lectura ligera o la dedicada al pasatiempo. Apreciar este libro requiere toda tu atención para recordar todas las relaciones que se mantienen en la extensa familia rusa de cuyo destino somos espectadores impotentes. También requiere buenas dosis de entereza para no perecer desolados ante la barbarie de la guerra y de la vida.

Más allá de su calidad literaria, que la tiene, y mucha, con todo lo que ello implica. Este libro es importante por su trascendencia histórica. Vassily Grossman fue un escritor de éxito dentro del telón soviético en la década de los 50. Quizás al ser tan importante esperaba poder burlar la censura, pero el intento de publicación de Vida y destino acabó con su novela secuestrada y su persona exiliada a la gélida Siberia, muriendo poco después.  El original de la obra –que ya se ha perdido- fue transferido en microfilms y escamoteado hasta el territorio francés, donde pudo ser traducido y publicado, con el consiguiente enfado del régimen de Kruschev. Toda una historia que merecería una novela para ella sola.

Ya nos habremos hecho a la idea de que no estamos ante un best-seller, ni mucho menos. Argumentalmente, Vida y destino funciona como continuación de Por una causa justa, siguiendo las desventuras de todos los miembros de la familia Chapovnikov, desperdigada entre San Petesburgo, Stalingrado y Moscú a lo largo de la IIGM. Si el pueblo Ruso ya llevaba tiempo sufriendo días convulsos, el ataque de los alemanes no ayuda precisamente al bienestar popular. Para nosotros, que conocemos el devenir de la historia, se nos hace desolador ver cómo, tras un mal trago, vuelven a hacer planes de futuro y sueñan con un destino esperanzador cuando estamos pensando: “coñe, que todavía te quedan 3 años de guerra… que planes de futuro ni que leches…”

Como he comentado antes, los Chapovnikov se hayan dispersos por media URSS y ocupan un puñado de estratos sociales. Cada uno de los pequeños núcleos familiares tiene su trama, que se desarrollan sin apenas mezclas, siguiendo un desarrollo cronológico muy disgregado con el que Grossman va pintando lienzos y lienzos sobre la vida. Individualmente, ha habido tramas que me han aburrido bastante, mientras que me he identificado más con otras, que he seguido con mucho más interés, aunque fuera para sufrir con las desgracias que acaecían a unos y otros. Realmente, la historia o la guerra en sí no le interesan. Es el ambiente que se respira, la asfixia por la falta de libertad, la incapacidad de pensar o de existir y la sensación de que, cualquier decisión, debe retrasarse hasta “el final de la guerra”. 

Dentro de la inmensa batería de personajes, no encontraremos ninguno de ellos especialmente gracioso o simpático, tampoco hay ninguno que sea especialmente notable de carácter. Todos tienen fallos, trapichean, politiquean y maquinan. En ellos, las consideraciones éticas pasan a ser secundarias, como suele sucedr con cualquier ser asustado y hambriento,

La trama a la que he cogido más gusto es la de Viktor Strum, un físico teórico judío al que no le mueve otra cosa que la ciencia, lo que le ha permitido mantenerse al margen de cualquier intriga política. Hasta ahora, los tiempos están cambiando y las prioridades de la investigación se ven marcadas por los intereses de la política. Por ello, los miembros del partido maquinaran para evaluar su integridad política, lucha ante la cual el pobre Strum no está preparado ni puede hacer nada contra la maquinaria política una vez se empieza a mover contra él. ¿Cómo puede alguien que defiende el triunfo de la ciencia y el avance de la humanidad existir en un estado criminal y genocida?

El Comisario Krimov –cuñado del anterior- es un ferviente creyente del partido, encargado de ir de escuadra en escuadra manteniendo alta la moral de los soldados. Cuando su mujer pasa a ser el objetivo  romántico de uno de los cabecillas de la provincia, será falsamente acusado de traición. A partir de aquí, ni su fe ni su pasado importan ya. Está marcado y sólo queda la confesión y la ignominia. Ahí descubrirá que su furia ciega no sirve de nada contra paranoia y los caprichos del servicio de Seguridad soviético, Sorprende ver a como un ser tan repugnante y fanático va viendo como todo en lo que cree se tambalea cuando pasa a ser víctima en vez de verdugo. 

La matriarca Ludmilla Chapovnikova se ha quedado en Ucrania, sobreviviendo como puede en tierras en disputa. Los soldados de uno y otro bando no cesan de hostigarla mientras ella hace lo posible por no llamar la atención de nadie y así no llevarse ninguna bala inadecuada. Representa una mujer mayor, totalmente derrotada por la vida que no ha sido feliz ni joven, ni en su matrimonio ni con sus hijos, que la abandonaron tan pronto como pudieron. Aun así, no desea otra cosa que encontrar algo a lo que dar amor, aunque no quede ya nada que valga la pena salvar en su pueblo asolado. 

También destacaría los hechos que acaecen en el edificio 4b de Stalingrado. Durante el asedio, el edificio queda aislado y la cuarentena de soldados que han quedado allí atrapados y se ven obligados a sobrevivir sin apoyo del resto del estado. Curiosamente, en vez de perecer, florecen al verse libres del yugo del partido, con lo que, durante las semanas que dura su asedio, construyen una mini-sociedad donde, a pesar de todo, pueden ser más o menos “felices” mientras dedican su vida a masacrar alemanes. 

Estas son solo unas pocas de la treintena de historias que se narran durante Vida y destino: los soldados del frente, la no tan lujosa vida de la comandancia, el cuartel general totalmente alienado de la realidad, los deportados en los gulags, la vida lejos del frente, en Moscú,  el tranquilo frente asiático, la realización que la victoria en la guerra no implica el fin del sufrimiento… 

No es un libro fácil de abordar. Se hace incómodo acostumbrarse a su inconexa narrativa, con los típicos personajes rusos que son nombrados de 3-4 maneras diferentes y pocas facilidades para que el lector “se entretenga”. Sin embargo, el esforzado lector que consiga hacer un camino a través de la maleza de sus páginas podrá encontrar un texto que permite varias relecturas e interpretaciones, además de un compendio de subtramas que construyen un lienzo terrible y admirable de una sociedad aterrada. El estilo de Grossman es sucintamente parco. Sus descripciones, aunque abundantes, abusan de la concisión y la reiteración. Para muestra, su concienzudo relato de un barracón repleto de soldados, de los que se nos cuenta el pasado de todos y cada uno de ellos. O la manera en que evoca las humedades del Volga o el apocalíptico de combate urbano en Stalingrado. Es una pieza de orfebrería. Grossman te sube a un coche de reparto, te lleva a un campo de concentración o un horno de pan y te permite oír la música que suena, las manos que se sujetan. Sentir el frío y el hambre, todo bajo una nueva luz, que nunca hubiera esperado ver.


Por otro lado, Vida y destino busca más que ser un testimonio del horror de la guerra. El principal propósito del libro se haya en denunciar y retratar como el estado se ha convertido en un nido de arribistas paranoicos que no permite pensar, obligando al individuo a aceptar y seguir con ahínco las directivas del partido, sufriendo la fatalidad de las “aleatorias” decisiones del partido. Desde los más separados de la sociedad, los dedicados a la ciencia, los soldados y defensores contra el enemigo hasta los propios guardianes de la moral, todos son susceptibles de sufrir una mala opinión de quién no debe o simplemente, de no estar de acuerdo con alguna de las cosas que suceden en el país. Lo que en nuestro mundo no sería un problema, allí les convierte en traidores a la patria y en seres a eliminar de raíz, con las consecuencias que ello tiene para sus vidas y las de sus allegados. El desengaño que se produce cuando la universalidad del comunismo soviético prioriza a los rusos por encima de todos. Para ello usa mil metáforas más o menos sutiles, siendo especialmente brillante en la que, criticando vehementemente el régimen Nazi, asistimos sorprendidos ante la cantidad de analogías que éste tiene con el Estalinismo que se ha impuesto en la URSS, incidiendo en cómo los antaño referentes del comunismo y del alma rusa (Lenin, Tolstoi) han pasado a ser traidores más deleznables que los capitalistas.

Quizás lo que las autoridades soviéticas vieron más peligroso en este libro no es que fuera un panfleto antisoviético. No se percibe como una publicidad o un escrito realizado con el objetivo de difamar, no. Ello habría sido fácil de debatir y vilipendiar. Vida y destino se percibe con una historia brutalmente realista, describe con tristeza el día a día de un pueblo que se ha acostumbrado a sufrir lo indecible. Es el desengaño de una personalidad que se ha venido abajo, la tragedia de un intelectual que se da cuenta de que la patria que adoraba –que sigue adorando- se ha convertido en el azote de la humanidad, en el que la posibilidad de tener libertad, de poder elegir ha desaparecido. Grossman se ha convertido en un huérfano desconsolado que transmite su dolor en este compendio de historias que, a buen seguro, cualquier compatriota reconocería como tristemente ciertas.  Por ello, el Politikon no se conformó con el exilio o la cárcel para Grossman, que recibió un castigo mucho más grande de lo que uno pudiera esperar en un simple escritor de novela. 

Es un libro que tiene más importancia por lo que representa que por las letras que contiene sus páginas. Requiere una gran inversión en tiempo y dedicación (adentrarse en más de 900 páginas de maraña y tristeza no es agradable, y no todos los lectores están dispuestos a pasar por ello), pero el resultado es impresionante. Además, Grossman se las arregla para obrar el milagro e infundir un rayo de esperanza en cada desgracia de manera trascendente, evitando que el libro se convierta en una sucesión de tragedias que te dejan tirado hecho un trapo.  

Aun así, no es un libro que se pueda recomendar. ¿Me ha gustado? No estoy muy seguro, pues no es un libro que haya disfrutado. El tedio me sacudió en algunas historias, mientras que otras me llegaron mucho más adentro de lo que hubiera podido esperar. Sin embargo, se puede percibir que se trata de una obra maestra en su concepción y su desarrollo, eso no lo dudo. Hay mucho talento y un canto a la libertad individual de lo más desgarrador. Podríamos decir que es una novela para el lector avisado que quiera descubrir mucho sobre sí mismo y sobre su pasado.

Nota: 8
Nota goodreads: 4.43/5

miércoles, 15 de junio de 2016

500 días (juntos)



Nada más empezar la película se nos avisa de que ésta no es una película de amor. Y tiene toda la razón. Puede inducir a error que la trama sigue el esquema de las comedias románticas, pero el quid de la cuestión no se haya en el amor, si acaso en las expectativas de unos y otros, los errores en la comunicación y qué queremos en nuestras vidas.

El título original de la película sería 500 días de (Verano), Summer en inglés, realizando un pequeño juego de palabras con la estación del año, la época de la felicidad y los amoríos fugaces con el nombre de la protagonista de la película, llamada Summer. Así pues, lo que se nos cuenta en la película son los 500 días que transcurren en la relación de Tom, un joven enamorado, con Summer. 500 días de Verano, 500 días (juntos). 

Sin embargo, el novel director Mike Webb decide jugar con la estructura narrativa y desordenarte la historia, dando saltos adelante y atrás en las historia. A causa de ello, rellenamos los huecos de acuerdo con nuestra experiencia y con las comedias románticas que hemos visto, factor que el director aprovecha para hacer unas cuantas trampitas sobre lo que esperamos encontrar y transformar la película en una experiencia completamente diferente que nos lleva a territorios poco explorados dentro del género.

La base parte de la contraposición de los dos personajes protagonistas: Tom es un romántico incurable que sueña con encontrar la felicidad con una pareja que le entusiasme, cosa que busca con ahínco en cada momento de su existencia. Por otro lado, Summer es una mujer pragmática y descreída, más que dispuesta a aceptar la realidad como viene y divertirse con las cartas que el destino le ha deparado, pero sin ninguna intención de mirar más allá ni comprometerse con aquello que sabe que no puede proporcionar. Salta la chispa y, en desorden, pasamos por todas y cada una de las fases de una relación: el tonteo inicial, las primeras citas para conocerse, el éxito al culminar, la primera vez juntos y la satisfacción que eso trae consigo (escenaza que vale unos Momentos), los problemas de comunicación, el aburrimiento que proporciona la rutina y la dolorosa ruptura que pone punto ¿y final? a todos estos días juntos. 

La base del éxito se cimenta en unos inspirados Joseph Gordon-Lewitt y Zooey Deschanel. Él consigue hacerse querer con una actuación natural, que transmite lo que siente y nos hace partícipes de su fortuna. Deschanel derrocha frescura y coquetería, consiguiendo enamorar a todo el que la ve. Webb aprovecha la estupenda química entre ambos para que nos creamos una relación que desborda amor por todos lados. Sin rastro de azúcar, sólo la montaña rusa de sentimientos que todos hemos sentido cuando estamos enamorados, convirtiendo la película en dos horitas de puro vicio que nos ventilamos con mucho gusto. 

Tom está enamoradísimo y quiere vivir al lado de Summer hasta el resto de sus días. Summer, por su parte, adora a Tom, pero es consciente de que lo suyo es pasajero y más pronto que tarde marchará a buscar nuevos horizontes. No quiere dar falsas expectativas a Tom, pero al mismo tiempo, se hace difícil no ser partícipe de su entusiasmo y sus ganas de que todo salga bien para siempre. Creo que puedo asegurar que todos hemos estado en algún momento en la piel de uno u otro, pero seguro que nos es mucho más fácil identificarnos con el tonto enamorado de Tom. Las películas nos han grabado a fuego que estos atolondrados personajes acaban teniendo éxito, pero la vida real sabe que son carne de friend zone. Si Tom pasa a ser el bueno para muchos, es fácil considerar a Summer una persona fría, que se aprovecha de Tom para pasárselo bien y luego abandonarlo hecho un pingajo. Sin embargo, ella es totalmente honesta en todo momento, da lo había prometido da y no se entrega a lo que no había prometido entregarse. A todos (o casi) nos hace ilusión que el amor triunfe, pero las cosas pasan. Luego… el mundo sigue y después de Summer, llega Autumn (el otoño), las segundas oportunidades que la vida siempre a veces nos da y la cuenta vuelven a empezar.

Y es que es la vida, el amor y las relaciones. ¿Qué hacer ante el pánico, cuando las dudas de asaltan y las buenas decisiones no existen? ¿Cuántos no sufrimos o hemos sufrido de amor no correspondido :_(, o no hemos podido evitar hacer sufrir a quién nos ha amado y no hemos podido amar :_(? Comprendo la rabia que consume a Tom a causa de la frustración. Lo das todo con la vana esperanza de ser correspondido y no recibes más que un aprecio que no es del tipo que deseas… Ataca la intención de convertir en odio lo que antes adorabas, o la de idealizar el imposible que nunca llegará, nos volvemos injustos, pesados e insoportables. Comprendo la ambigüedad con que se mueve Summer, encantado de estar con él, pero consciente de que no es con quien desea acabar sus días. Tratar de disfrutar de la buena compañía sabiendo que cualquier risa o palabra debe estar totalmente medida, para evitar crear falsas esperanzas o causar daño a alguien al que aprecias y con quien deseas compartir tu tiempo, un cinismo autoimpuesto que se vuelve incómodo y amargo.

Ay, ¡los traumas de cada uno! Es dificil no sentirse demasiado identificado con uno u otro, odiando al otro partenaire al que deseamos todos los males. Conozco muchos que se han pillado unos rebotes bien considerables con ésta película. Por mi parte, será que estoy en una época muy feliz, pero he salido la mar de emocionado (no veáis que llorera, mezcla de melancolía, alegría, rabia y nostalgia).


Esta simpática película tiene un montón de detallitos la mar de monos, pues su fragmentada estructura narrativa, casi una sucesión de vines estirados, concuerda a la perfección con la visión parcial que nos da la memoria cuando tiramos la visa atrás y contemplamos lo que fue y lo que pudo ser. Hay que felicitar las geniales ocurrencias en la composición de un guión que da en el clavo a la hora de representar los sentimientos, con unos diálogos perfectos, tan naturales como la vida, complementados con una banda sonora llena de frescura y buen rollito.

La película es sincera, imaginativa e intimista, con un montaje desenfadado que la convierte en una comedia romántica muy diferente. Quizás porque en realidad no es una comedia romántica, si acaso es una comedia romántica sobre las comedias románticas o una comedia sobre la vida, que tiene algo de romántico. Lo que uno no puede evitar es sentirse identificado con lo que fue, lo que pudo ser y lo que nos hubiera gustado que fuera. Deliciosa. Peligrosa.

Nota: 8
Nota filmaffinity: 6.9

Ay, el dolor al ver el anillo en los dedos de Summer…

domingo, 12 de junio de 2016

Corsarios de levante (Arturo Pérez-Reverte)



Repasando el podcast de La Órbita de Endor dedicado al Capitán Alatriste, recordé que no había leído la 6º de sus aventuras. ¡Y cómo me lo ha hecho pasar este hombre y sus secuaces! Supongo que era cuestión de echarle un ojo y disfrutar un rato con unas cuantas perrerías desperdigadas.


Título: Corsarios de Levante
Autor: Arturo Pérez-Reverte


Durante casi dos años serví con el capitán Alatriste en las galeras de Nápoles. Por eso hablaré ahora de escaramuzas, corsarios, abordajes, matanzas y saqueos. Así conocerán vuestras mercedes el modo en que el nombre de mi patria era respetado, temido y odiado también en los mares de Levante. Contaré que el diablo no tiene color, ni nación, ni bandera; y cómo, para crear el infierno en el mar o en la tierra, no eran menester más que un español y el filo de una espada. En eso, como en casi todo, mejor nos habría ido haciendo lo que otros, más atentos a la prosperidad que a la reputación, abriéndonos al mundo que habíamos descubierto y ensanchado, en vez de enrocarnos en las sotanas de los confesores reales, los privilegios de sangre, la poca afición al trabajo, la cruz y la espada, mientras se nos pudrían la inteligencia, la patria y el alma. Pero nadie nos permitió elegir. Al menos, para pasmo de la Historia, supimos cobrárselo caro al mundo, acuchillándolo hasta que no quedamos uno en pie. Dirán vuestras mercedes que ése es magro consuelo, y tienen razón. Pero nos limitábamos a hacer nuestro oficio sin entender de gobiernos, filosofías ni teologías. Pardiez. Éramos soldados.”

A lo largo de la saga, Pérez-Reverte se ha ido acercando a diversos aspectos de la sociedad de los reinos españoles del siglo XVI. Hemos tenido al Capitán paseando por Flandes, los teatros, el contrabando con América… En este caso, decide aprovechar las desventuras de Alatriste para ilustrarnos sobre cómo se vivía en los diferentes escenarios de batalla del Mediterráneo de la época. Quizás al ser consciente de que se trata del contexto en el que el lector actual se puede encontrar más perdido, Pérez-Reverte realiza un esfuerzo denodado para ilustrarnos una época, describiendo con gran detalle no sólo el ambiente histórico sino también presentándonos a sujetos que bien podrían haber nacido en esta época, con éticas muy alejadas de lo que hoy podríamos considerar como “correcto”. Ahí reside la grandeza y el defecto de esta novela, que se convierte más en un documental que en un libro de aventuras con una historia que contar.

Tal como ya había hecho en El sol de Breda¸ el libro se compone de una serie de relatos cortos dónde Reverte posa su lupa y nos ilustra sobre la vida de la soldadesca y la sociedad española en el mediterraneo: la vida en los puertos españoles de África, las luchas y escaramuzas en las islas griegas o los miles de asuntos pendientes con los malteses y los turcos. Sin embargo, cada uno de los relatos es bastante más inconexo que el ocurrido en Flandes, sin guardar apenas relación unos con otros, lo que da cierta sensación de repetición, especialmente en el último relato, demasiado parecido al estilo que vimos en Cabo Trafalgar y que sonará a visto para todo aquel que ya haya leído esa novela corta. 

Sin embargo, puede que Pérez-Reverte se olvide no se moleste en desarrollar una historia, pero es perfectamente consciente de que sus personajes van creaciendo y evolucionando, hecho que es perfectamente reflejado a lo largo de las páginas. 

El antaño escudero Iñigo Balboa es ya un soldado adulto de pleno derecho. A sus 18 años empieza a buscar su lugar en el mundo fuera del ala de su Capitán. Envalentonado por su recién conseguida libertad y las ansias de su juventud, no podrá evitar meterse en más líos de los debidos. Contrasta su carácter sosegado y reflexivo en los momentos de tranquilidad con los exabruptos de osadía cuando la adrenalina corre por sus venas. Si ya se le tenía cariño, ahora con todo el pavo adolescente encima, se hace querer bastante.  

El Capitán Alatriste es otra vez aquí una figura heroica trágica, consciente de su vocacion funesta, pero incapaz de escapar de un destino que le espera en un embarrado campo de batalla futuro en vez de una cama comfortable. No es el hombre más honesto, pero es un hombre valiente y fiel, siempre rondando ajustes de poco lustre y de peor fin. Después de todo, eran tiempos duros y había que ganarse el pan. Reinaba la picaresca, la espada y el “voto a tal”. Me encanta como Pérez-Reverte no hace el más mínimo intento de glorificarlo o de lavar lo brutal de sus actos y el exagerado pragmatismo que mueve su personalidad. Es… como eran los soldados españoles de la época: Duro y áspero, pero perfectamente consciente de su honor y su deber (sus únicas posesiones, casi).

Como secundarios, agradezco el retorno del castizo Sebastián Copons, tan bruto como sincero, un animal primario en el que confiar y a quién querer. También agradezco la aparición del moro Burriato, una suerte de soldado más culto de lo habitual, siempre dispuesto a aportar una pizca de reflexión y sabiduría en los momentos más inesperados (“La vida está escrita en cada cosa y en cada palabra, y el hombre sabio intenta leer y escuchar en silencio… por eso el Capitán no habla, aprende”), que, sin embargo, no duda en sacar las espadas y rebanar tantos cuellos como sea menester.

La aproximación histórica de Reverte es impecable, imitando el estilo de un libro escrito en el propio siglo XVI en el que se desliza, de una manera totalmente consciente la prosa y la poesía de la época, permitiéndose citar con maestría a Cervantes, Quevedo, Lope de Vega y las demás mentes preclaras del siglo de Oro español. A destacar especialmente la escrupulosidad con que se citan todos los términos marineros y de los diferentes bajeles, amén de la florida parla de los navegantes de estos peligrosos mares (Voto a San Telmo si sabía que es una entena o que el mísmisimo Sultán de Constantinopla venga y se haga unas babuchas con mi piel si hubiera sido capaz de señalar una vela cangreja antes de ayer).  Resulta interesante el retrato de los soldados españoles como seres rudos e ignorantes, indignos de cualquier tarea, pero al mismo tiempo, desesperados y fieros, como solo luchan aquellos que no tienen nada que perder, lo que los hacía rivales temibles en el combate (fiel reflejo de las crónicas históricas de nuestros vecinos, que eran bien conscientes de que cuando luchaban contra españoles sabían cuando empezaban las batallas, pero no cuando iban a acabar). 

El mundo en las galeras descrito en el libro es muy salvaje. Coñe, era una maldita guerra y eran tiempos muy duros. Citando al propio autor: "Esta novela no se puede escribir desde el siglo XXI, es un error aplicar nuestros criterios éticos -como hacen muchos autores de novela histórica, especialmente mujeres- a otras épocas. No se puede juzgar. La crueldad era algo natural, impuesto por la supervivencia limitada, por las circunstancias; ¿cómo ibas a tomar prisioneros heridos en una galera abarrotada ya?: al agua con ellos. Así era el mundo. Mataban, pero también sabían morir cuando venían mal dadas. Con dignidad, con fatalismo profesional".

Puede hacerse desagradable por su brutalidad, pero si has llegado hasta esta entrega de la saga, no es algo que te vaya a sorprender. Como todas, se ventila de un suspiro y se disfruta con ganas. No obstante, es la que menos argumento tiene y se acaba notando. Por ahora, la más floja de la saga, aunque ya le gustaría a muchos tener entregas “flojas” como ésta. 

Nota: 7
Nota goodreads: 3.72/5