domingo, 17 de junio de 2018

Golpe en la pequeña China


Después de las anteriores películas, nos vinimos arriba y quisimos acabar con la fantasmada más gorda posible. Echamos un repasito a Kung Fury y después atacamos el engendro más divertido de John Carpenter, uno de mis más queridos placeres culpables.

John Carpenter tiene una imaginación malsana para generar malrollo y se nota que disfruta incomodando al espectador, pero en el fondo siempre ha sido un cachondo. A diferencia de otros creadores del terrorífico (Cronenberg, te estoy mirando a ti. No, no me mires tu a mí), Carpenter tiene claro que sus películas no están para remover consciencias, sino simplemente ser disfrutables. Y es lo que viene hoy en el especial: un gozoso entretenimiento en el que cualquier cosa es posible.

Golpe en la pequeña China es una película de acción, una película de mafias y artes marciales orientales, pero también una comedia, una película de fantasía y una de superhéroes. Todo juntito y revuelto en 90 minutos sin descanso. Si un incauto espectador acomete su visionado conocerá a Jack Burton, el héroe más patético (y fardón) de los ochenta en un locurón que llevará la capacidad de sorpresa del espectador hasta el infinito y más allá.

Lo que empieza con un simple secuestro por parte de las tríadas Chinas se convierte en un desmelene en el que dioses bajan del cielo deslizándose por rayos, el protagonista es el sidekick, un wookie pasea por ahí (vencido de una patada en la entrepierna), engendros del Caos hacen las veces de walkie-talkies y un sucedáneo de Emperador Ming tiene un fetichismo muy curioso por los ojos verdes. Todo ello, claro, sin olvidar añadir a la coctelera su dosis de tiros, patadas voladoras, explosiones místicas y profecías milenarias.   

Lo más curioso es que para la Fox, ésta tenía que ser una película “seria”, de gran presupuesto, producida siguiendo la ola de películas de aventuras que aparecieron tras Indiana Jones. El proyecto sufrió mil cambios, que además se vio obligado a acelerar el proyecto para no coincidir en el estreno de El chico de oro, que contaba con Eddie Murphy en su mejor época (su proyecto equivalente de la Paramount, a la postre mucho más exitoso).

Como Carpenter había cosechado (merecida) fama por ser capaz de rodar películas a tiempo récord, los productores le encargaron que sacara adelante el proyecto. Esto provocó además una nueva reescritura de guión, con el consiguiente retraso adicional (entre otras cosas, se movió el marco temporal del Oeste a la actualidad y se convirtió a Jack Burton en el personaje bufonesco que conocemos). Al final, el proyecto tenía que estar terminado en cuatro meses.   Por si fuera poco, los complicados efectos especiales (aunque ahora se vean con cierta ternura) impedían rodar en escenarios reales, por lo que todo tenía que construirse, lo que obviamente disparó el presupuesto hasta unos desmesurados 25 millones de dólares.


A pesar de hallarse metido en éste percal, Carpenter tuvo la suerte de tener manos libres para hacer prácticamente lo que quiso. Por ello, Golpe en la pequeña China se transformó en una película que derrocha carisma, distinta a cualquier cosa que pudieras esperar.  El horterismo ochentero desborda por doquier (no puedo evitar pensar en sus particulares secuaces o esas escaleras mecánicas llenas de neones), haciéndola perfectamente merecedora de haber aparecido en nuestro especial de brilli brilli. Incluso su banda sonora es tremendamente característica, compuesta a base de sintetizador ochentero a cargo del propio Carpenter, alejándose de cualquier tópico oriental que podría hacerla más anodina.

Obviamente, los productores no entendieron qué producto les había sido entregado y lo vendieron entre mal y peor, con su consecuente estampada en las taquillas y la confusión total del público que se atrevió a pasar por el cine a verla. El batacazo fue bestial (en todos los sentidos). Sin embargo, los años han tratado bien a esta película: es una distintiva cinta de aventuras llena de frescura y buen rollito, cutre sin ningún complejo y ciertamente distintiva y original.

Mención aparte habría que hacer al personaje de Kurt Russell, fantasmón y fanfarrón donde los haya, dejando a Jonny Bravo a la altura de un simple aprendiz, pero al mismo tiempo atontado y encantador, entusiasmado de protagonizar una aventura que no lidera. Es un desastre, es imbécil… pero es adorable. ¡Qué diferencia con Snake Plisken de unos años atrás!



Finalmente, no podemos sino admirar la sacada de cipote que realiza su creador al mostrarnos una de las muertes más inolvidables de la gran pantalla. Tanto por el momento de máxima tensión como por su capacidad de grabársenos en el alma. Ya supongo que sabéis de cuál hablo, ¿no? Aquí la tenéis para que volváis a disfrutar de ella. Divertíos:



Este delirio no puede sino quererse. Golpe en la pequeña china es una cachondidad, descuidada y estrambótica que no puede sino disfrutarse a la que te pille con el ánimo adecuado. Especialmente si se hace en compañía de amiguetes, unas cervezas y la idea de pasar noventa minutos divertidísimos. La de veces que se la he puesto algún despistado, disfrutando de las exclamaciones de ¡pero qué pasa! (Jack Burton dixit) que acaban soltando con esta bastardada. De las mejores películas malas que te puedes encontrar.

Nota:
Jack Burton Dice…
Nota filmaffinity: 6.4

viernes, 8 de junio de 2018

Sinsajo: Parte 1


Y hete aquí que ya estoy acabando esta saga de películas. Puede que las haya visto en desorden (ventajas de haber leído los libros) y sin demasiada disciplina, pero uno se va poniendo al fin a acabar esta cosica.
Es curioso comparar las ansias con que devoré la saga literaria con el perezote que me coge cada vez que me dispongo a acometer un nueva entrega de las películas. Y mira que éste es el libro que más me gustó de todos, pero el único motivo para ver el film es para poder decir que he visto todos y acabar definitivamente con la saga. 

Sinsajo (parte 1) traslada, punto por punto, la acción del libro sin apenas cambiar nada. Katniss y su gente han podido escapar de la devastación del Distrito 12 y aparecen en el desconocido por todos Distrito 13. Inicialmente todo son ayudas y parabienes hacia la causa contra el Capitolio, pero pronto veremos que el Distrito 13 oculta también un buen número de muertos en el armario. Mientras tanto, Katniss se ha convertido en una figura vital para la Rebelión, a pesar de que su papel en la misma no es más que el de saludar y aparecer triunfante aquí y allá.

Después de ver esta primera parte, hay algunas cosillas que me han gustado. A diferencia de sus predecesores, Sinsajo es casi un libro bélico, muy alejado de sus dos predecesores, detalle que se ha respetado en la película, mucho más seca y áspera que las coloridas y festivaleras entregas anteriores. Sí, se ha rebajado mucho la dureza de las imágenes, pero desde arriba no se iba a permitir acercarse a la calificación +18 de ninguna de las maneras.

Asímismo, se nota que ahora SÍ hay dinero. Después de dos entregas con unos medios algo chusqueros, ahora tenemos unos efectos especiales resultones (aunque cante el CGI), unos escenarios mínimamente creíbles y una fotografía inusitadamente lograda. También se trata de una película que da pie a una acción más seria y menos aventurera. No hay demasiada, pero está bien coreografiada y se despacha con corrección. Finalmente, también se debería destacar su banda sonora, inesperadamente bien hilvanada con el tono general de la película.

Y bueno, ahora vamos al carro de defectos. Acabo de comentar que se agradece que haya una buena inyección de dinero, que se nota en la puesta en escena. Sin embargo, se fracasa completamente al hacer de la imaginería un elemento reconocible. A cada momento vemos un bunker  o un montón de escombros sin ningún atisbo de personalidad. No es que no tenga nada que ver con los decorados de Los juegos del Hambre o en Llamas, sino que no se diferenciarían en nada de un montón de escombros aleatorio que pudieras sacar de una Nova Prospekt cualquiera (estoy jugando estos días al Half-Life 2 y es clavadito, clavadiro), antes de pensar en ninguno de los distritos. No digo que esté mal hecho, es que es completamente anodino.


También he comentado que la poca acción está muy bien coreografiada, pero el problema es ese. Acción lo que es acción, hay poquita. Casi toda la película se dedica a explicar qué ha ocurrido “entre entregas” y a plantear el meollo que hará las veces de colofón final. Todo el rato es un “uy, que vamos a pegarnos” sin que llegue a pasar nada realmente. El ritmo, por tanto, no pasa de cansino, especialmente cuando los diálogos no destacan por su brillantez, lo que provoca que las más de dos horas que tenemos que soportar todo este tinglado no sean del todo agradables.

En otras entregas, había muchas quejas sobre la falta de muchos personajes. Se podía intuir quién era cada cual, pero no se confirmaba, no había espacio para ello. En Sinsajo, el guión te suelta todos los nombres para que nadie se queje. Incluso la acción se detiene un par de segundos para que le reconozcas, pero luego no se molesta en darle la más mínima personalidad o profundidad al mismo. Si sabes quién es y porqué hace lo que hace (al haber leído el libro), bien, sino, anda, tira para adelante que ya te están presentando a otro.

Se dedica, pues, un esfuerzo consciente en que no falte un solo personaje del libro, pero luego no se dedica más que un suspiro en la critica subyacente que se hace en el libro hacia la pérdida de libertades en pos de la seguridad y el fácil acercamiento al totalitarismo que ello supondría. Ya imaginaba que no se meterían a fondo, ya que una película tiene que estar bien masticadita, pero si antes lo has dejado caer al menos, pues esperaba que se tuviera presente. Si que se profundiza algo más, por lo menos, en el uso de Katniss como propaganda bélica. Los propios dirigentes aceptan que es una inútil, una chiquilla asustada que no sabe hacer nada, pero como la gente la adora, tienen que ir haciendo spots aquí y allá para avivar la llama de la guerra contra el Capitolio. No acaba de quedar tan claro la poca gracia que esto le hace a Katniss como en el libro, pero por lo menos celebro que lo hayan reflejado.



Finalmente, también se debe destacar el poco esfuerzo del noventa por ciento del elenco al trasladar los personajes a la gran pantalla. Más allá de Jennifer Lawrence, que hace lo que puede, y de Woody Harrelson, que con el automático ya le sirve, la actitud del resto es de pasotismo absoluto. Estoy de acuerdo en que no hay personajes desarrollados ni buenos diálogos, pero por lo menos, que no se note tanto que no te importa nada lo que está ocurriendo.

Cambiando de tercio, tradicionalmente he estado en contra de esta moda de dividir la última entrega de alguna saga en dos (y hasta tres) partes, como si fuera una miniserie. No parece otra cosa que estirar un poco el chicle y sacar un puñado más de pasta de taquillas y estas cositas. Sin embargo, a medida que voy viendo más ejemplos fuera de la Tierra Media, estoy quedando más contento con el resultado. De la misma manera que con las series cortas, este corte permite tener sobre las cuatro horas para desarrollar la historia, por lo que se pueden tomar las cosas con más calma, explicando la trama sin tanto apelotonamiento gratuito.

En este caso, el corte se produce en la mitad “física” de la historia, pero claro, ello conduce a una primera parte cansina, que sólo se limita a plantear la acción, mientras que supongo que la segunda parte será un continuo de acrobacias y dos tonterías para rematar la historia. No da la impresión de tratarse de dos capítulos de una misma historia, sino de una película partida en dos. Esta partición es muy peligrosa para el resultado de Sinsajo en su conjunto, pues obligaría a ver las dos películas del tirón si se quiere tener una experiencia mínimamente satisfactoria. No obstante, estoy seguro de que habría quedado todavía peor si se hubiera hecho del tirón en unos 140-160minutos.



Evidentemente, para apreciar mínimamente Sinsajo, se debe haber visto o leído que ha ocurrido antes, porque si no, no te vas a enterar de nada. Ni el director ni el guionista dedica muchos esfuerzos para que el profano se ubique.

Al final encontramos una adaptación rodada con cierta corrección, con sus cosillas buenas y sus errores de bulto. Este entretenimiento blandito funciona para satisfacer minimamente al fan de la saga y cumple con lo que se le pide, aunque fácilmente puede aburrir al espectador no devoto. Eso sí, el corte deja con muy mal sabor de boca.

Nota: 3
Nota filmaffinity: 5.6

lunes, 4 de junio de 2018

Gru 3. Mi villano favorito


De un tiempo a esta parte, el objetivo de (casi) cualquier compañía estriba en sacar películas con potencial de saga de una manera cada vez más y más exagerada. Cada año, encontramos algunas que fructifican, permitiendo a sus creadores vivir de ellas durante unas cuantas temporadas, estirando el chicle todo lo posible. No es extraño, entonces, que el estudio Ilumination aprovechara para sacar Gru2 después del exitazo de su predecesora. Luego los Minions se independizaron en un claro (y simpático) ejercicio de marketing que convertía a estos petisos carambanales en auténticos memes andantes. Como la taquilla rendía con ganas, tocaba seguir abusando de la gallina de los huevos de oro y así la tercera entrega de Gru llegó a nuestras pantallas.

¿Dónde estamos ahora? Después de los hechos de Gru2, el malo maloso de buen corazón se ha convertido en uno de los mejores agentes del bien que la humanidad pudiera soñar. Pero ¡ay!, la aparición de un malvado de serie de dibujos ochentera provoca que Gru sea despedido porque patata. Mientras intenta limpiar su nombre (¿), un hermano secreto aparece para poner fin a sus problemas de una vez por todas. Por su parte, Lucy intenta con todas sus fuerzas cumplir el papel de toda mujer decente (ejem ejem): cuidar de sus hijos y apoyar a su marido pase lo que pase. Entremedias, Agnes busca unicornios y los minions se toman unas vacaciones –sin tampoco tener una clara razón para ello-.

Si bien el argumento es cuanto menos endeble, la saga nunca ha destacado precisamente por su profundidad. Lo que el espectador ha buscado en Gru es un entretenimiento ligero, con buenos chistes y un poco de aventura. Nunca fueron películas para ver con exigencias ni han buscado la más mínima trascendencia, pero funcionaban a su modo, como refresco tonto para el verano. Extraña entonces que no podamos encontrar nada de esa diversión en Gru3.

Empecemos por su antagonista. Una vez se diluye la sorpresa de su carismática aparición (lo mejor de toda la película), nos encontramos con un malo de opereta repleto de histrionismo ochentero. Es un personajillo insoportable para cualquiera que tenga más de ocho años que no tiene más motivación para ser el malo que ser el malo. Esto no le impide bombardear con un torrente de chistes y guiños que fracasan al intentar apelar a la nostalgia: Los niños no los entienden y los padres bostezan con un recurso del que ya se ha abusado con mucho más tino.

¿Los personajillos amarillos? Apenas aparecen. Tal como ocurría con Scrat en Ice Age, se desentienden totalmente de la trama principal para tener un mini-corto con poco sentido y menos gracia. En él, se dedican a interrumpir el poco ritmo de la película con una trama que transita entre la vergüenza ajena y la acrobacia mortadélica.

Se hace también evidente la falta de ideas argumentales. No es que sean incapaces de forjar un armazón con el que sostener cuarenta minutos de película –que lo son-, es que todas las historias del batiburrillo de cortos en que se basa el film están más que vistas, incluso son reconocibles las excusas argumentales de relleno, típicas de aquellas series que se han quedado sin nada que contar pero que aun así se ve en la necesidad de añadir paja para completar la temporada. Ideas pobres desarrolladas con menos ganas: Hermanos secretos, caprichos sin sentido, what if extraños…



Todos estos defectos, asi como cualquier otro detalle puede perdonarse si el resultado es divertido, si el film tiene un guión ágil, buenos diálogos o chistes que funcionen. Para no desentonar, no encontramos nada de ello, con los peores gags que hemos visto en toda la saga. A destacar la escena de la cena en que los dos hermanos se acaban de hacer amigos, con diálogos de besugos indignos de aparecer en Papá Piquillo.

Ni siquiera la animación se sostiene, pues a pesar de los años transcurridos, Gru3 tiene la peor calidad de toda la saga, con un movimiento de personajes más cercano al slapstick Cartoonetworkiano. La cuestionable decisión de introducir elementos ochenteros a la imaginería Gru chirría continuamente, con unos diseños que apenas tienen detalles a recordar más allá de los curiosos minions presos (que tampoco es que estén muy allá).

En conjunto, deja la sensación de que se trata de una película que se ha estrenado porque en contabilidad decían que debía sacarse. Los peluches, las camisetas y los estuches estaban preparados para salir al mercado, así que tocaba conseguir un impacto mundial que si no, no se vende. Da igual que el guión sea una anchoa, la animación esté hecha a desgana y apenas haga gracia. Se estrena y punto. En fin, una película inferior incluso para los estándares de la animación infantil, que no divertirá mucho a los más pequeños y apenas entretendrá a los sufridos padres que vean la película. Por lo menos dura ochenta minutos, así que pronto podremos empezar a hacer otra cosa.


A pesar de la decepción generalizada, ha reventado las taquillas como nunca, por lo que probablemente veremos una nueva entrega en un par de años (a ver, si de Ice Age o Piratas del Caribe siguen sacando secuelas a cada cual más cuestionable, porque de Gru no podría hacerse?)

Nota: 2
Nota filmaffinity: 5.6

sábado, 2 de junio de 2018

La tortuga roja


Con demasiada asiduidad y muchas veces depositado en el saco de las películas infantiles, el cine de animación es el más indicado para desbordar cualquier límite de la imaginación y maravillarnos de las formas más inesperadas. Éste es el caso de La tortuga roja, un film sin palabras, pero poblado de sonidos, de música y de los ruidos de la vida. Un film que se dirige a todos, adultos, adolescentes y niños no demasiado pequeños, un film que nos transporta a otro lugar, dentro de un universo hecho de inventiva, de serenidad y de poesía. 

De invención y de poesía está lleno cada plano de La tortuga roja. Una invención sutil, intima, pero que también sabe ser espectacular -la extraordinaria secuencia del tsunami-, una poesía simple y minimalista, pero tan evidente como el trazo de tinta surgido de Picasso al pintar un ave, tan ingenuo como los trazos delicados y casi inacabados que conforman las pinturas de La princesa Kaguya, la magnífica obra de Isao Takahata, que supervisó atentamente la creación de La tortuga roja. 

El estudio Ghibli no se equivocó cuando depositó su confianza y apoyó el debut en los largometrajes del "jovencísimo" Michael Dudok de Wit, tras la sucesión de un puñado de cortos multipremiados (El monje y el pescado, Padre e hija). Dentro de La tortuga roja encontramos toda la onírica belleza de los films de Miyazaki y, especialmente, de Takahata, así como también un cierto sentido de la pureza de la cultura japonesa. Economía en unos trazos que destilan lo esencial, una delicada paleta de colores, cuyos tenues matices imponen al ojo atención a cada instante: Todo en esta historia nos atrapa, en sintonía con la hermosa y orgullosa exigencia de esta joya de la animación. 

Un hombre, el único superviviente de un naufragio, aparece sobre la arena de una isla desierta tropical. Una vez recuperado, se activa: explorar la isla, encontrar con qué sobrevivir, hacerse cosquillas en los pies con los cangrejos… y esforzarse cueste lo que cueste en construir una barca para escapar.  Pero una tortuga roja hunde su barquichuela a cada intento, impidiendo su marcha y llevándolo, una vez más a la playa. Parece su enemigo, pero, al final, será su única aliada. Después de todo, estamos dentro de un film de animación en el que todo es posible y de la tortuga roja eclosiona una mujer. El hombre ya no está solo. La historia puede continuar, alargarse y perdurar en el tiempo a través de la nueva humanidad que comienza.

Este ensayo de minimalismo extremo, La tortuga roja contiene muchas cosas en un ambiente vacío y desnudo. Justo esta simplicidad puede volvérsele en su contra, pues esta arriesgada apuesta puede no calar en un espectador que, aburrido, no aprecie (o no guste) de preciosistas fábulas de la comunión entre el ser humano y la naturaleza, sin diálogos ni un argumento claro.


No obstante, cada uno puede apreciar esta historia a su manera, cada uno atisbará el hecho de su propia sensibilidad, de sus creencias quizás. Sea cual sea el bagaje de cada uno o la propia edad del espectador, el espectáculo será grandioso… y de una simplicidad maravillosa. El instinto de supervivencia, más resistente que nada, la fuerza de la naturaleza, que sólo tiene igual en la del amor, el tiempo que pasa, los vínculos humanos, el ansia de descubrir el mundo… Todo ello se puede encontrar sobre el caparazón rojo de la tortuga, y más aún, sólo hace falta ser un poco curioso.

Nota: 8
Nota filmaffinity: 7.1

jueves, 24 de mayo de 2018

XX/XY


Uno suele intentar evitar ver malas películas. Siempre es conveniente informarse para evitar llevarse chascos, pero a veces se falla. La verdad es que esta película venía etiquetada como “Ellos y ellas”, por lo que yo esperaba ver una película de Marlon Brando. Cuando vi salir en pantalla a un jovencísimo Mark Ruffalo, me di cuenta de que no era lo que esperaba, pero bueno, ya que la habíamos empezado, había que acabarla….

XX/XY nos arroja con violencia la vida de unos desbocados universitarios durante los años en que se alejan por primera vez de la supervisión de los papis. Las juergas entre clase y clase son continuas y los jóvenes se frotan con ahínco. Tres de ellos, imbuidos por la desbordante sensación de invulnerabilidad propia del momento, se embarcan en una relación triangular repleta de sexo en la que compiten por ver quién es el menos apegado, el más chulo y arrogante… Obviamente, su orgullo les impide reconocer lo atrapados que están, lo que llevará a situaciones llenas de sarcasmo, comentarios ácidos, momentos (pretendidamente) cómicos y, sobretodo, toneladas de auto-odio y reacciones estúpidas.  

A la película se le notan ganas de transgredir. La actitud inicial de todos los personajes es pura provocación nihilista, pero a la que rascas algo más allá de la superficie se puede comprobar que no hay nada de poso. Los diálogos son de lo más risible y el ritmo entre polvo y polvo no es el más cómodo para mantener el interés de un espectador, mientras se está desarrollando una trama con poco sentido y menos coherencia.

No ayuda tampoco la acartonada actuación de unos protagonistas que no parecen entender qué les pide el director. Entre ellos, destaca un Mark Ruffalo muy incómodo haciendo de chulo malote, en vez de sus buenrolleros personajillos de comedia romántica.

XX/XY supuso el catastrófico debut en la dirección de Austin Chick -marido de Morena Baccarin- que naufraga con una sucia puesta en escena en la que los micrófonos asoman por los rincones del encuadre en repetidas ocasiones. Tardó seis años en tener otra ocasión de ponerse tras las cámaras después de su fallida opera prima, pero los resultados no fueron precisamente mejores (aunque fue premiado por Sundance el año en que su mujer era jurado).

En fin, al final me puse una película realmente mala. Fastidia especialmente encontrar tantas pretensiones de ser molona y rompedora sin llegar siquiera a interesante. Si habéis llegado hasta aquí, mi consejo es que no la veáis, seguro que encontráis algo mejor que hacer.

Nota: 1
Nota filmaffinity: 5.5

miércoles, 16 de mayo de 2018

Batman: la LEGO película


Después del chorro de frescura que traía consigo la LEGO-película, me alegré al ver que iban a coger al mejor secundario de la película (Batman) y desarrollar una película sólo para él. Cuando empecé a ver los trailers (espectaculares), me tenían realmente comprado. No dudaba que iba a ir a verla. Y luego, pues no fui. Cosas que pasan, el tiempo es el que es y claro…

Una noche de estas de calor, un poquito amodorrado de casa, pues tocó arreglar el asunto.

¡Que alergía, que alboroto, otro perrito piloto! La película da lo que promete: un bombardeo de gags, chorradas y zaranganadas a costa de los personajes del universo DC, con estupideces, ingeniosidades y otras bastardadas. Hay espacio para humor y gags de todo tipo: parodias a las diferentes versiones, guiños a otras películas, diálogos afilados o ingeniosidades sin sentido. Se nota que es una película hecha con pasión, incluso dentro de su absurdez.

Al final lo de menos de la película es su argumento. Básicamente, Batman se ve obligado a aceptar a Robin (Reaggeman) muy a su pesar, mientras que el Joker libera a todos los malos de la zona fantasma debido a una crisis de personalidad porque Batman no le hace casito. A partir de ahí, se sucede un festival de colores, chorradas, carreritas y acrobacias. Que sí, que a la que te paras a pensar, el asunto no tiene nada de sentido (ninguno). Pero a su manera, mola. Y mucho.

Se trata de una película para niños de todas las edades. Los más pequeños disfrutarán con el bombardeo de colorines, mientras que los más talluditos podrán jugar a encontrar el mogollón de guiños a los comics, a las películas de Batman (las de Burton, de Schumacher, de Nolan), o a la propia serie de Adam West.

No para de vomitar chistes  en cadena. El ritmo es tan vertiginoso que si no es uno, es otro el que funciona, así que las risas están aseguradas. Apenas has podido disfrutar de la burrada que han soltado y ya te han tirado cuatro chistes más en los morros, lo que puede llegar a saturar. Han querido poner tanta cosa que el film queda sobrecargado, provocando que chistes no funcionen por culpa de pura saciedad. Pocas veces me he encontrado que una COMEDIA me haya dejado agotado mentalmente, con el cerebro frito por el exceso de información y brío.

El conjunto es un verdadero locurón. Cualquier concepto susceptible de ser construido por LEGOs puede aparecer en pantalla, por lo que es imposible predecir qué o quién demonios va a ser el siguiente en desfilar. Por ello, la película cuenta con un chorrón de apariciones estelares a modo de cameo miniaturil de lo más granado. Sauron o Voldemort son apenas un par de ejemplos de ello. Lo más curioso es que la película abraza con tanto entusiasmo el aroma del “todo vale” que ninguna de las incongruencias que se suceden incomodan lo más minimo. Al contrario, aumenta el nivel de molabilidad de todo el engendro.


Pero nada de este tinglado funcionaría si no fuera porque tenemos a Batman al frente de todo. El ladrón de escenas de la LEGO película es ahora el rey absoluto del festín. Se capta y ridiculiza los rasgos más característicos de las diversas encarnaciones del murciélago (solitario, ególatra, orgulloso…) para choteo del personal y vergüenza del chorrón de proyectos  del pasado, presente y futuro de la DC, además de incluir un fantastillón de referencias de la cultura friki. Cualquier cosa es posible y Batman es un gran pegamento.  

La animación es similar a la que vimos en LEGO película, muy diferente por tanto de la fluidez que acostumbramos  a ver en las propuestas de Pixar. En efecto, los personajes se mueven con brusquedad, de modo parecido al stop-motion, pero aprovechando el CGi para generar un universo lleno de lucecitas y colorines en el que todo es deconstruible a base de piezas de LEGO. Me consta que la estética super-deformed incomoda a más de uno, pero una vez estás acostumbrado, se puede ver sin problemas.

Además de la animación, muchos encontrarán problemas en un tratamiento tan chorra de los súpers, convertidos en puro motivo de choteo para niños (¡herejía!). De la misma manera, su endeblez argumental provoca que muchos gags sean intercambiables. Podríamos trasladar la película al universo Frozen de LEGO (Why not) y la película no cambiaría… mucho.

Tal como ocurría en LEGO película, no es más que un mega-anuncio de muñequitos de dos horas, pero me hace reír tanto que lo disfruto igual. Al final no es más que un extenuante (mucho) entretenimiento tan lleno de risas como de respeto por el material original. Quizás si se hubiera bajado el ritmo, permitiendo que durara 10-15 minutos más, sería menos agotadora, pero es disfrutable igualmente. ¿Os imagináis este engendro en imagen real? ¡Qué difícil sería y qué mal quedaría!

Irregular, sin apenas argumento y gags desiguales, pero que despiporre de Batman película, ¡oiga!

Nota: 6
Nota filmaffinity: 6.4


lunes, 14 de mayo de 2018

Cronos


Después de unas cuantas chorraditas, pongámonos hoy con algo más serio. La verdad es que llevaba tiempo con la idea de ponerme con la primera película de Guillermo del Toro. Hay que completar la filmografía de uno de mis directores favoritos y, por fin, la he cogido por banda y disfrutado como se merece.

En algún lugar de México, un anticuario bien entrado en la madurez encuentra un extraño aparato de forma insectoide. Al intentar operar con él, recibe un doloroso pinchazo. Al día siguiente, se siente rejuvenecer, henchido de fuerza y vigorosidad. Sin embargo, poco a poco descubre que ha adquirido una adicción a los pinchazos del aparato, además de cierta alergia a la luz solar…

Sí, como podréis imaginar, estamos ante un inusual acercamiento al mito del vampiro, pero desde un punto de vista muy extraño. Aquí no tenemos traumas arrastrados por la eternidad, dientes afilados, murciélagos o purpurina. La aproximación viene a través de la “ciencia” y la alquimia, una especie de sangriento y macabro elixir de la juventud, más que de arrancar almas y beber sangre virginal.

La magia de Del Toro se hace notar desde el primer momento. Quizás no te esté enseñando nada extraordinario, pero la sensación de que algo malo va a ocurrir asoma desde todas las sombras. En cierto modo, me ha recordado al Terciopelo azul de David Lynch, mostrando una realidad pervertidamente imposible. Reconocible, y al mismo tiempo, alienada con nuestro día a día. Somos testigos del involuntario descenso a los infiernos de su protagonista, un amantísimo abuelo que no quiere otra cosa que vivir en paz, pero que va reconociendo a regañadientes, su condición, reaccionando aterrado cuando se da cuenta de que cualquier día se comerá a su nieta si continua al lado de ella…

A ello contribuye el espectacular trabajo de un ya veterano Federico Luppi, que muestra su talento al encarnar al íntegro abuelo. Se come cada escena en la que aparece, magnetizando la mirada del espectador, que sufre con él las transformaciones de su carácter. Por su parte, Guillermo del Toro inicia su relación con el que será su actor fetiche, un Ron Perlman que cumple el papel de “Igor”, personaje recursivo para el director, que siempre le encuentra un rinconcito para que pasee su carisma y su fea cara. ¡Qué mala leche que llega a tener aquí!

Sin embargo, Del Toro no tenía ni un durete de más para gastar. Los medios son paupérrimos, obligando al director a tirar de imaginación para sacar adelante las escenas más difíciles. Duele ver las decisiones obligadas por la necesidad y da que pensar qué hubiera podido hacer Del Toro si hubiera tenido acceso a un presupuesto mínimamente decente. Me pregunto si alguna vez habrá pensado en realizar un remake con sus recursos actuales.



Aun así, su innegable modestia no impide apreciar el tremendo ejercicio de estilo de este jovencito que nadie conocía. La capacidad de fascinación de Cronos está fuera de toda duda, no en vano se las arregló para llevarse un par de premios importantes en el Festival de Cine de Sitges (guión y actor, impresionantes ambos) y ser seleccionada a concurso en Cannes. Pronto todo el mundo quería saber quién era ese loco mexicano que era capaz de romper tantos esquemas preconcebidos. Evidentmente, arrasó como pocos en los premios Ariel de su año, no iba a ser menos.

Como cualquier película que se basa más en crear una atmósfera insana que en golpes de efecto, peca de tener un ritmo lento. No obstante, esta interesante vuelta de tuerca al manido género del vampirismo se las arregla para aportar una buena dosis de frescura al tópico, destacando por su capacidad de fascinar a un espectador con buena disposición. Si hubiera tenido un presupuesto mínimamente decente, estaríamos hablando de un auténtico referente, sin duda.

Nota: 8
Nota filmaffinity: 6.2