sábado, 24 de junio de 2017

Guerra y Paz (BBC)

¡Ay, las adaptaciones literarias! ¡Cuánto daño han hecho esos intentos de condensar 600 páginas en apenas 90minutos de exiguo metraje! Aunque también haya intentos en dirección contraria, meter toda la trama de un libro en una película implica habitualmente toneladas de tijeretazos, personajes fusionados y sucesos sin explicación para todos aquellos que no hayan leído los libros. Por suerte para los que queremos ver una buena adaptación, cada vez más se está imponiendo la moda de convertir un libro, no en una película, sino en la temporada de una serie (Juego de tronos, Palmeras en la nieve). No siempre queda bien (El hombre en el castillo) pero sí permite tomarse las cosas con más calma, desarrollando tanto los personajes como la trama con el tiempo necesario para que deje poso y no parezca un pastiche apelotonado.



Este es el ejemplo con el que nos hayamos hoy. Guerra y Paz, de León (Lev) Tolstoi es uno de los mayores mastodontes de la literatura rusa. En este libro seguimos las vicisitudes de unas cuantas familias de la nobleza de la corte de los zares rusos a lo largo de cincuenta años. Las diferentes productoras han acometido variadas producciones, que nos han dado películas de 2-3h visiblemente insuficientes, miniseries de un par de capítulos algo apelotonadas e incluso una ópera, pero es con esta versión de la BBC de 6 capítulos de 90 minutos (9h en total) la primera que veo que permite llegar (casi) a desplegar la compleja urdimbre de relaciones humanas que Tolstoi plantea en su manuscrito original.


A cargo de tamaña temeridad está la BBC, quizás de las pocas productoras que pueden atreverse con el desafío y salir airosas del brete. No en vano, un vistazo a un puñado de escenas aleatorias de la serie despeja las dudas en cuanto a la cantidad de medios y el buen tino en el uso de los mismos. Siguiendo el canon de la BBC no se escatima en gastos para tener una fastuosa puesta en escena, con todos los extras necesarios para recrear brillantemente las cortes zaristas y los suntuosos palacios (y apestosos establos) en que se movían.

A ello se le debe añadir un guión sólido, que sabe el tiempo del que dispone y se lo toma con la calma necesaria para desarrollar a los personajes con acierto, presentarnos las tramas y dejar que estas se entrelacen a lo largo de los minutos. Sabe qué debe explicar, encontrando el equilibrio adecuado para no saltarse nada ni resultar tediosa en ningún momento. Eso sí, puede que sea muy “inglesa” para algunos, todo es pompa y protocolo, con toda la seriedad británica… ¡pero en la corte rusa! Eso sí, que nadie espere brío ni acción deslumbrante. Guerra y Paz es una de las novelas más largas jamás escritas y Tolstoi no se caracteriza por su prisa, ni mucho menos.

Para dar vida a los inolvidables Natascha, Pierre y Andréi tenemos a Lily James, Paul Dano y James Norton, cuyo denodado esfuerzo da lugar a notables interpretaciones que bien rememoran a los que imaginé en su momento al leer los libros. Dentro del apartado de secundarios, encontraremos a lo más granado de los veteranos del cine británico. Se nota que la BBC está detrás y los medios no faltan en ningún momento.

El único detalle que me chirría “un poco” es el hecho de que a lo largo de la historia pasan unos cuarenta años bien buenos. Sin embargo, el tiempo parece haberse detenido para los protagonistas. Algún secundario varía y se hace viejo, pero al trío principal no le sale ni una arruga ¡y ni siquiera cambian de peinado! Sorprende este detalle en una propuesta, por otro lado, tan bien cuidada.

La adaptación de este conocidísimo drama histórico está realizado con el oficio que uno esperaría de sus productores. Un trabajo bien trazado y bien rodado para condensar acertadamente en 9h una de las obras cumbre de la literatura rusa. Si os gusta el libro o el tipo de serie, es una de las que no deberíais dejar pasar. Estamos de acuerdo en que ya hay mil versiones de Guerra y Paz y ésta no aporta nada nuevo, pero es quizás la que plasma con más acierto el texto de Tolstoi. Evidentemente, no es una propuesta que agrade a todo el mundo, pero el público afín disfrutará con ganas de esta serie.

Datos técnicos: 1 temporada de 6 capítulos de 90min. No obstante, también se ha emitido como 9 capítulos de 60min. Imagino que los cortes entre capítulos quedarán muy raros aquí ^^.

Nota: 8

miércoles, 21 de junio de 2017

Middlesex (Jeffrey Eugenides)

Llegamos ya al número 13 de la Cesta’13 (je, je). Por de pronto, la contraportada contribuye a aumentar las expectativas. A ver qué tal está. Aparte, ya tocaba cambiar el libro de "próximamente", que han sido muchos meses.

Título: Middlesex
Autor: Jeffrey Eugenides

“Enamorado de una mujer pero temeroso de lo que pueda suceder en el momento de la verdad, Cal Stephanides decide revelar su secreto. Porque Cal, como Tiresias, ha vivido como mujer y como hombre. Todo empieza en 1922, cuando los abuelos de Cal huyen tras la guerra y se instalan en América, en casa de una prima de su marido. Y las dos parejas tendrán a sus hijos casi al mismo tiempo, y éstos, en un doble o triple juego de consanguinidades, se casarán y serán los padres de Cal. Que cuando nace es Calliope, y parece destinada a encarnar la leyenda sobre esas niñas que cuando llegaban a una cierta edad se transformaban en hombres. Y así comienza esta novela, que abarca ocho décadas en la historia de una familia y es uno de los intentos más ambiciosos de escribir la Gran Novela Americana.”

Como he comentado arriba, ¡cuánta grandilocuencia desborda el resumen! La verdad es que el libro no cumple lo que promete. El mito de Tiresias es ignorado sin ningún pudor durante caso toda la novela en la que seguimos la vida de tres generaciones diferentes de una familia griega que emigra a EEUU huyendo de la guerra con Turquía. Las tres partes en que se divide el libro se hayan bien diferenciadas, marcando las distintas épocas en que se sitúa la historia. Tanto que da la impresión de que están compuestas por diferentes escritores (o en momentos muy separados en el tiempo) y, la verdad, las dos primeras son bastante plomizas. Hemos leído estas historias más grandes que la vida mil veces, escritas habitualmente con bastante más acierto y frescura. Eugenides repasa todos los tópicos habituales, los adereza con la iconografía y la cultura griega y poco más, sin nada destacable que contribuya a captar el interés del lector.  Sin embargo, la última de las partes, la protagonizada por Cal Stephanides, tiene mucha más gracia y vale la pena, por sí sola, el esfuerzo de leer el libro.

Con Lefty y Desdémona Stephanides asistimos al final del dominio griego en las tierras de Izmir, con el

consiguiente exilio de la familia a EEUU, donde llegan al final de la IIGM, luego asistiremos a los esfuerzos de la familia por salir adelante.

Posteriormente, la acción se sitúa en el Detroit de 1967, cuando Milton y Tessie Stephanides son adultos, convirtiéndose en testigos de la llegada y la primera integración de los negros en la ciudad, concluyendo con la descomunal crisis que sufrió el sector a finales de los sesenta, con los consiguientes problemas sociales que ello condujo.

Durante estas 400 páginas hemos seguido, más o menos, la historia de los EEUU contada con poca gracia usando como vehículo a un puñado de personajes sin apenas personalidad y todavía menos carisma. La familia griega podría haber desaparecido y apenas se habrían quitado unas treinta páginas de una trama que me interesaba entre poco y nada. La documentación es notable, no lo vamos a negar, pero no añade nada nuevo a un género ya bastante desgastado.

Sin embargo, todo cambia cuando aparece Cal Stephanides en danza. Seguimos su vida desde su nacimiento y no tiene desperdicio. Biológicamente es XY, pero sus genes se expresan deficientemente y nace con cierta androginia. Sus padres, creyendo que tienen una niña, la crían como tal. Cal nota desde un primer momento que algo funciona mal en su cuerpo, pero su propia vergüenza, el pudor de sus padres y la incompetencia general de la sociedad impiden a la familia entender que ocurre. Bien entrados los setenta, cuando los problemas salen a la luz, Cal ya es adolescente, tiene que lidiar con médicos que no entienden lo que ocurre o que consideran su caso como un trampolín a la fama, su familia es incapaz de concebir qué ocurre y Cal no tiene idea de quién (o qué) es.

De repente, ¡vaya cambio! El estilo no tiene nada que ver con lo visto anteriormente, con un desarrollo de caracteres espectacular. Cal Stephanides (y su obvio cacao mental) es de los personajes que se te clavan con ganas en el alma y se hacen querer (y odiar y compadecer y adorar…). Cada página se degusta como un whiskey añejo, a medio camino entre el dolor y el placer, pero disfrutando de cada sorbo. No sólo por el estupendo berenjenal que supone el descubrimiento personal de su protagonista, sino también como se sumerge en el San Francisco de la época, donde la transexualidad y otros tabúes empiezan a salir a la luz –aunque sea entre la clandestinidad y los abusos de los despiadados-. Canelita fina.


Esta última parte bien vale su reconocimiento y estoy seguro de que es la mayor responsable de la fama de Middlesex. El “buen” sabor de boca que deja está al alcance de pocos libros. ¿Vale la pena soportar entonces 400 páginas tediosas para disfrutar durante las 200 finales? ¿Era necesario explicarnos las desventuras de los abuelos y padres de Cal? Quizás sí, quizás no. Entiendo que un contexto en el que ubicar a Cal es necesario (empezar del tirón con su historia no tendría la misma fuerza), pero el camino hasta los setenta se me ha hecho demasiado pesado, teniendo que forzarme a seguir leyendo durante buena cantidad de páginas.

En fin, una novela muy particular, con 400 páginas de género histórico muy anodino con la sola novedad de tener un punto de vista griego de la historia de los EEUU para acabar con 200 páginas estupendas con un personaje protagonista inolvidable. Si alguien es capaz de pagar el peaje, seguro que disfrutará enormemente del libro. Para mí, ha quedado como un sí, pero no…

Nota: Las dos primeras partes, cercanas al 1. La tercera parte, 9. Cosa vuestra como baremáis el tema xD.

Nota goodreads: 3.98/5

domingo, 11 de junio de 2017

32 de Agosto en la Tierra

Como puede parecer obvio, con el ritmo que llevo, debo desistir de repasar TODAS las películas de Villeneuve que tenía pensado ver. Como despedida, me decidí a ver su película debut para saber qué sabía hacer este hombre con veinte añetes recién hechos.


Cuánta fue mi sorpresa al ver que 32 de Agosto en la Tierra no  es más que la típica película romántica. Chica independiente y feliz tiene un accidente de tráfico en el que debería haber muerto pero sobrevive milagrosamente. Al tener días “regalados”, empezando por el 32 de agosto, decide dar un vuelco a su vida y tener un hijo, algo que juró que nunca haría. Para ello escoge a su mejor amigo para que se acuesten y así ser fecundada.

Sin embargo… No es la típica película romántica. Villeneuve sabe dotar a la película de un aura de irrealidad en el que cualquier cosa es posible. Estos días adicionales (se llega hasta el 35 de Agosto ^^) contienen el argumento de una comedia romántica convencional, pero en la que el director canadiense se las arregla para imbuir ideas sobre la importancia del destino y del determinismo, en la manera en que nuestras decisiones tienen consecuencias y cómo éstas afectan a nuestras vidas.

A lo largo del resto de reseñas hemos comentado como Villeneuve se las arregla para sacar mucho jugo de los exiguos presupuestos de los que dispone. En 32 de Agosto… este factor se lleva al límite. Es su ópera prima y no tiene ni un duro. Toda la película está rodada cámara en mano (y diría que casi con cámaras domésticas), los escenarios tienen muchos números de ser las casas de los propios actores y seguro que también aportan sus coches a la película. Por ello, no nos debe extrañar que la puesta en escena sea más que modesta. Casí pedestre en algunos momentos.  No obstante, Villeneuve se guarda bajo la manga un par de escenas de una calidad inesperada que nos revelan al pedazo de director que ya se escondía ahí dentro (el paseo mientras ella confiesa sus intenciones maternales, rodado en un único plano de tres minutos, o la caminata desesperada en el desierto, con una fotografía realmente hipnótica).

 Si uno se para a analizar la película, encontrará fácilmente indicios de que tras ella se hayan las manos de un director que sabe muy bien lo que hace, con ganas de mostrar las toneladas de calidad que tiene dentro. Un tema que no siempre es obvio para el común del espectador, que captará fácilmente las mayores pegas de la película: 32 de Agosto… tiene sus ínfulas de alejarse de lo convencional, pero en ningún momento consigue evitar ser una comedia romántica estándard. Quizás no tan simple como la mayoría y decididamente bien rodada, pero sin nada de especial que haga disfrutar o permita que su visionado perviva en el tiempo más que unas pocas horas.

Esta comedia romántica gratuitamente compleja queda, pues, como una curiosidad, como una película para completistas que deseen ver el prometedor debut de un director que ha proporcionado muchas horas de buen cine. Más allá de ello, no tiene ningún aliciente más que la aleje del montón de propuestas del mismo género realizadas con más presupuesto y veteranía.


Nota: 5
Nota filmaffinity: 6.2


martes, 30 de mayo de 2017

Incendios

Creo que la última vez que escribí aquí ya me disculpé por mi falta de tiempo para sentarme un rato y empezar a juntar letras. Esto no es que haya mejorado en absoluto (al contrario, diríamos), pero parece que tengo una tarde tonta por aquí en la que rellenar un poco este blog tan olvidado.


El impulso y la excitación inicial por repasar la filmografía de Villeneuve se ha disipado, pero no por ello dejaré de escribir algunas cosas sobre las películas que me dio tiempo a ver antes de perder el control de mi tiempo. El film que se trae hoy a colación es Incendios, la película que procuró fama internacional al director canadiense, tras triunfar en los festivales de cine y conseguir  una nominación a los Oscars para película de habla no inglesa.

Un par de mellizos asisten a la lectura del testamento de su madre, una refugiada libanesa que ha tenido una existencia apacible tras veinte años en Canadá. El documento les revelará un impactante secreto: Su madre, que creían una apocada secretaria, resultó tener un pasado como importante líder de la guerrilla que luchó contra el ascenso de los musulmanes mucho tiempo atrás. En su última voluntad les pide que encuentren a su padre y a un hermano que no llegaron a conocer con el objetivo de revelarles un último secreto que permanece oculto. A regañadientes, los dos hermanos deben partir a un Líbano en reconstrucción para desentrañar quién fue, en verdad, su padre.

Incendios  es un film que se toma su inicio con una calma desmedida, pero que va empujándote lentamente. Minuto a minuto te vas imbuyendo en una historia cada vez más intrigante, explotando en unos treinta minutos finales que llevan tu alma a lugares inesperados, con una resolución que muchos desearían y casi ninguno consigue. Quizás la primera hora desconcierta, pues se hace difícil entender hacia donde te lleva el director. No es hasta el final que todo lo explicado cobra sentido (y vaya si lo hace) pero el trago anterior puede hacerse indigesto a más de uno.

A lo largo de la película podremos ver como cada personaje es un incendio en sí mismo. Arrastran un fuego en el alma que les impele a vivir. El fuego de la rabia que quema y nos lanza a realizar actos que normalmente nunca cometeríamos. El fuego del deber que nos obliga a seguir luchando cuando no hay esperanza de éxito. El fuego de la venganza que nos lleva a destruir a los que creemos responsables de nuestra suerte. El fuego de la curiosidad que nos llama a sumergirnos por rincones en los que no deberíamos hurgar… El fuego que todo tenemos en nuestro interior: la vida.

Estás reflexiones podrían ser esperables en un director que afronte la madurez de su vida, sorprendiendo encontrarlas en un joven que apenas tiene cinco películas a sus espaldas. Villeneuve ha creado una historia llena de complejidad, en la que cada diálogo se haya imbricado en una suerte de madeja que conduce hacia un final que deja sin aliento, con un cinismo y una mala leche muy inesperada en un creador tan joven como Villeneuve.

De la misma manera, Villeneuve hace de la escasez virtud, aprovechando admirablemente los pocos recursos de los que dispone para dar lugar a una película con una fotografía estupenda y una puesta en escena muy bien cuidada. Un par de cualidades que uno no espera encontrar en una propuesta de presupuesto tan reducido con tal abundancia de exteriores. Los actores protagonistas tienen cierta experiencia dentro del cine canadiense, aunque no se han prodigado en el extranjero. Por ello, son desconocidos para el gran público, pero no por ello se quedan atrás en su buen hacer. Aprovechando el complejo guión que les ha tocado en suerte, se las arreglan para componer con acierto unos personajes verosímiles a pesar de hallarse en situaciones extremas e improbables.

Sin embargo, todo este gran trabajo no impide que Incendios sea una película densa, que se arrastra lentamente hacia un destino que no parece obvio hasta casi el final de su metraje. Su total falta de ritmo constituye una exigencia para un espectador que debe implicarse activamente en el visionado para no perderse entre la maraña que Villeneuve teje para él. En efecto, se necesita estar curtido o tener buenas reservas de paciencia para no mandar la película a tomar viento antes de su desenlace. Aunque su final compensa con creces el desconcertante planteamiento, es probable que haya espectadores que no compren en resultado y salgan asqueados de este film.

Después de todo, constituye una película casi onanista, en la que Villeneuve realiza un alarde de calidad tan gratuito como impresionante (cómo se gusta a sí mismo este tío), pero que no tiene porqué interesar a un espectador que no comulgue con las neuras del director. Visto a posteriori, se entiende que arrasara en los festivales internacionales ya que tiene es punto de excentricidad y de exhibición de talento (casi) al servicio de la nada que suele premiar estos certámenes.

Incendios es una película extraña y desconcertante. Puede no ser fácil entrar en su juego, pero guarda un buen premio para el que esté dispuesto a penetrar a través de la tremenda densidad de sus capaz. A medio camino entre el drama, la road movie y la película bélica, contiene un poco de todo y un poco de nada. Tan presta a aburrir como a fascinar, quedaría recomendada para los curtidos en el cine más árido, que seguro disfrutarán con el puzzle que nos presenta el director canadiense.

Nota: 8
Nota filmaffinity: 7.7

lunes, 13 de marzo de 2017

Prisioneros



Vuelvo hacia atrás. Antes de la meritoria pero irregular Sicario, continuo con la película previa de Denis Villeneuve. Mi acercamiento a Prisioneros es similar al que tuve con Sicario. Me sonaba, recordaba su fama de notable, pero la verdad es que desconocía todo sobre ella.

El director canadiense viene de saltar a la fama con Incendios y ha llamado la atención de Jack Gyllenhall (repasar spelling), lo que le permite desembarcar en Hollywood y gozar de unos medios bastante más notables (aunque siguen siendo modestos para las escalas de la industria). 

En Prisioneros, Villeneuve reflexiona sobre el hecho de ser padre y tu vínculo para con tus pequeños. Tras unas bucólicas escenas en las que dos familias disfrutan de una idílica fiesta, las dos pequeñas que iluminan la vida del hogar desaparecen. Los primeros momentos de desconcierto llevan a una terrible verdad: Han sido secuestradas por un pervertido que les va  a hacer mil cosas malas. ¿Cómo reaccionar ante ello?

Villeneuve no va a limitarse a plasmar un simple punto de vista sobre una situación tan tremebunda: Para demostrar lo bueno que es, disecciona con afilado bisturí a dos familias destrozadas, plantea todas las posibles reacciones que se producen ante la imposibilidad de cobrar venganza, presenta la desesperada investigación del caso a manos de un descreído policía en busca de redención y aprovecha para diseccionar de donde viene el origen del horror, todo ello condensado en una película de una arquitectura complejísima, con moles de matices de los que uno no sabe por dónde va a salir.

Nos hayamos también ante la mejor actuación que le he visto jamás a Hugh Jackman. Su papel de padre escéptico ante las autoridades, desesperado ante la falta de progreso y decidido a llegar hasta el final por sus propios medios es impagable. De la misma manera, hay que destacar al descarriado inspector encarnado por Jack Gyllenhall, el único que intenta mantener la cabeza fría en una situación dónde se hace imposible pensar. También destacaría el reducido pero impactante papel de Viola Davis, que nos encoge el corazón cuando se enfrenta al asesino de sus hijas con una mezcla de rabia, piedad, repugnancia y lástima en una escena que se hace imposible de predecir. Simplemente alucinante (A la que repasa un poco su carrera, vaya puñado de papelones que nos ha brindado esta estupenda actriz, culminada con el Oscar que ha recibido este año por Fences (R)). 

Curiosamente, ya van tres películas en que se repiten unos patrones similares con el trabajo actoral: Papeles femeninos brillantísimos, muy protagonistas y alejados de los tópicos más manidos, personajes confundidos por todo el metraje, complejos y decididamente humanos y, finalmente, la sensación de que cada actor participante está realizando (casi) el trabajo de su vida en cada película de Villeneuve. Eso es dirigir bien a las estrellas. 

 Y otra vez, se debe destacar una atmósfera asfixiante, que nos pega al asiento y sirve de ejemplo a cómo se debe construir la tensión. En Prisioneros se realiza un impecable trabajo de fotografía imbuyendo de malignidad lo que sería un pueblo anodino y corriente. Villeneuve provoca una sensación de inquietud que te acompaña durante todo el metraje, haciendo que cada escena tenga un aire sombrío, turbador, en la que puede no pasar nada, pero que deja la sensación de que en cualquier momento se va a producir la tragedia máxima. En ese sentido, me recuerda a películas como Zodiac o Mystic River, en las que cada gesto cobra trascendencia y captura sin remedio la atención del espectador.

Las dos horas de este asfixiante thriller pasan en un difícil suspiro que te mantiene con un nudo en la garganta incluso tiempo después de que haya terminado. Su complejidad tiene lugar para la sorpresa, el asco, la compasión, la esperanza y la desesperación, con mil historias imbricadas de un modo magistral, perfectamente dispuestas para dejarte reflexionando sobre lo que has vivido una vez apagas la pantalla. 
¿En qué consiste ser prisionero? ¿Acaso estas familias pueden mantener algún tipo ilusión por vivir una vez se les arrebata lo que más quieren? ¿Cuánto horror es capaz de soportar el ser humano antes de perder la fe en la humanidad? ¿Es el secuestrador también un prisionero de sus propios desvaríos? Son reflexiones con las que Villeneuve te bombardea mientras te mantiene el corazón en un puño, especialmente sangrante mientras (SPOILER) una de las niñas es liberada y, por tanto, una de las familias deja de sufrir pero la otra padece doblemente (FIN DEL SPOILER).

Es, sin embargo, una película muy exigente para con el espectador, del que requiere una atención plena para no perder ningún detalle y una tolerancia a las tramas de dificil digestión que no todos poseen. Cine de primerísima calidad que te deja reflexionando sobre las miserias humanas y permite debatir qué haríamos nosotros en la misma situación (espero que nunca me toque), sin por ello dejar de ser un “simple” thriller ni aspirar a ser nada más que ello.
Nota: 9
Nota filmaffiiny: 7.6

miércoles, 8 de marzo de 2017

Sicario



Empiezo mi –anunciado, aunque con calma- repaso a las películas de Villeneuve con la predecesora de La Llegada.

Nada más dar al play, un equipo de SWATs asalta una casa a ritmo de un incesante retumbar de tambores que te pone a mil desde el segundo cero. Agotada la resistencia inicial, las sorpresas se esconden tras las paredes del chalet. La madriguera de conejo llega mucho mas al fondo de lo que parecia inicialmente. La impactante actuacion de la agente Kate llama la atencion del equipo antidrogas de EEUU, que decide contratarla para unas operaciones en la frontera.
Kate, entrenada donde las haya, se prepara para lo peor, pero una vez en El paso, las cosas no seran tan claras como parecen y la frontera entre el mal y el bien pasa a ser tan difusa como la que hay entre ambos paises....


Partiendo del hecho que estamos ante una película de VIlleneuve, el inicio es de impresión. El asalto apenas tiene tres cambios de cámara, pero te deja con el culo pegado al asiento. ¡Que manera de crear tensión! ¡Que aprendan los demás como no se necesitan mil cambios de vista para ponerte a mil! Esta claro que este canadiense sabe lo que se hace con la cámara. Lo mismo se puede decir de la persecución en coche que se produce en el Paso o la escena final en las minas. Estas piezas de orfebrería de unos quince minutos cada una contienen toneladas de emoción, una puesta en escena primorosa y unas coreografías al alcance de muy pocos. Solo por esos 45 minutos ya vale la pena la película, de sobras. 

Villeneuve se permite jugar un poquito con tus conceptos (otra vez) y te crea una sensación de agobio muy  malsana. Llegas a la conclusión de que la vida es una mierda y que en cualquier momento te va a llegar el bofetón, aunque cuando te lo arreen no puedes entender de donde ha salido.

Sin embargo, encuentro que las escenas que hacen de pegamento no acaban de tener la fuerza que deberían. No por hallarse mal construidas, sino porque el guion no les acaba de dar el sentido necesario para que entendamos que ocurre. Si, nos movemos en aguas turbias donde se hace difícil distinguir entre los ejércitos, las policías y las mafias de ambos bandos de la frontera, pero el guion no separa a explicar muchas cosas que ocurren en pantalla y nosotros no siempre somos capaces de llenar los huecos. Por ejemplo, ¿Para qué la necesitaban? ¿Habría cambiado algo de no haber estado? Benicio del Toro y Denis Quaid, son buenos, malos... ¿o solo unos malnacidos? Este desconcierto provoca que pierda el propio objetivo de la película. Sí, tenemos escuadrones de élite, agencias de inteligencia más turbias de lo debido y narcotraficantes con muy mala idea, pero sus continuas digresiones sobre la distancia entre la justicia y la legalidad consiguen aburrirme en los fragmentos donde la acción no toma el mando. 


Ni siquiera la portentosa actuación de sus integrantes, al mando de una impresionante Emily Blunt, es capaz de hacer remontar el film. Resulta sorprendente como una chica tan pequeñita (en tamaño) es capaz de transmitir tanta fuerza como policía, moviéndose entre la determinación y el desconcierto tras los zarandeos al que le somete el guión. A su cargo tenemos una de las mejores escenas de (no) sexo que he visto en una pantalla de cine. Del resto de turbios personajes, hay que destacar a un correcto (y hostiable) Dennis Quaid y a un impresionante Benicio del Toro, cuyas toneladas de cinismo consiguen quedarse marcadas a fuego. 

Sicario aparece tras el éxito de taquilla que supuso Prisioneros (que ya será reseñada), permitiendo a Villeneuve rodar con mucha más libertad un precioso ejercicio de onanismo audiovisual con cuatro escenas de una precisión apabullante que están al alcance de muy pocos. Es curioso como escenas de una factura tan impecable, con unos aciertos tan impresionantes se vean separadas por unos interludios emburullados que no hacen sino bajar el ritmo y confundir al espectador, dejando una sensación amarga, pues los errores pesan demasiado y deslucen el resultado de una película que, por momentos, provee de magnificencia cinematográfica.


Nota:6
Nota filmaffinity: 6.8

Nominaciones a Fotografía, Banda Sonora y efectos sonoros en los Oscars. Sin premio. Otra ronda de nominaciones técnicas a pesar del reducido presupuesto de la cinta. ¡Villeneuve sabe hacer mucho con poco!