lunes, 20 de octubre de 2014

Guardianes de la Galaxia

A ver, que levante una mano (o una pata) el que no enarcara una ceja (siendo amables) cuando se anunció que la nueva película de Marvel iba a ser de una saga de cómics medio olvidada, protagonizada por un puñado de desharrapados espaciales sin súperpoderes. Creo que fuimos muchos los que vaticinamos que ésta sería la primera estampada que se pegara la franquicia. Obviamente no podíamos estar más equivocados.

Pero es que a medida que se iban sabiendo cosas teníamos más motivos para estar intranquilos. Ni un actor medio conocido, el director sólo había hecho películas para Troma (que vendría a ser lo contrario a lo que haría en Guardianes) y el primer tráiler a ritmo de Hooked by a feeling no invitaba a nada bueno.  Tenía toda la pinta de ser un engendro pseudogracioso sin sentido. Reconozco que fui al cine sin esperar ver gran cosa (sí, en estos casos lo mejor es no ir al cine, pero friki que es uno… las cosas de la Marvel las ve) y a los diez minutos estaba con una sonrisa de oreja a oreja viendo a Star-Lord recuperar un ídolo peruano de un templo abandonado en un planeta perdido en la jungla espacial. Uy, ¿he dicho un ídolo peruano? Era una pelota espacial, pequeña confusión con Indy… Y es que, en el fondo es lo que busca y lo que provoca que la película funcione tan bien.

Guardianes de la Galaxia se aleja suficiente del resto del Universo Marvel (aun estando dentro de él) para que el director pueda crear su imaginería con total libertad respetando un par de cosas y contando con la experiencia y los medios de la Marvel detrás. Y eso para crear algo nuevo pero reconocible da para mucho, nos transporta por él de una manera tan natural que no necesita darnos grandes explicaciones para que enseguida nos habituemos. El argumento es quizás lo de menos, pues reúne acertadamente a un grupo de granujas de buen corazón que se dedican a saquear objetos antiguos pero que a la hora de la verdad harán lo que sea necesario para salvar el día. Por medio, un par de malos malotes, peleas divertidas, humor con un punto socarrón, un par de idas de olla, clase, mucha clase y toneladas de nostalgia ochentera.

Pero ojo, nada de guiños ni de imitaciones baratas. Nostalgia que parte desde el amor y el cariño. Star-Lord consigue convertirse en el aventurero espacial que todo niño de ocho años quiere ser, o el que todo humano que tuvo ocho años quiso ser. Es Han Solo, es Indiana Jones, es Marty McFly, es uno de los Goonies, es Jack Burton, es John Chrichton… Y lo es con bajo un apodo rimbombante y escuchando la música de su viejo walkman (que no deja de ser su último vínculo con la Tierra).
Esta música de walkman está llena de los temazos más pegadizos e icónicos de su época, ayudando a tocar las teclas para que los adultos disfrutemos como enanos. Una música sorprendentemente bien aprovechada e introducida dentro de la película, pues en muchos casos sólo la escuchamos cuando Star-Lord la está escuchando y tiene los auriculares puestos, dando lugar a escenas tan particulares como el baile con Gamora.

Y no me olvido de la absurda aleatoriedad de Rocket Racoon, de las capacidades comunicativas de (I am) Groot o de la Pratchettiana literalidad de Drax que no dejan de complementar y de añadir buenos chistes a una película que  me dejó con ganas de volver al cine a empezarla de nuevo y volver a pasar dos horas alocadamente divertidas porque sí. ¡Si hasta un secundario que apenas sale como (el padrastro) mola un puñao! La capacidad de la película de reírse de sí misma es todo un gustazo. No dejo de pensar que es lo que La amenaza Fantasma debería haber sido. Les ha salido tan redonda por sí sola que no se si quiero que añadan secuelas (aunque sabemos que después de Los Vengadores 2, viene la segunda parte). Por lo que a mí respecta, que Marvel siga haciendo películas así de redondas en su Universo.

Sigue punto por punto el esquema de una película de aventuras, con todos los giros aprovechados en su justa medida. No tiene pretensiones metalingüísticas ni ambiciones especialmente revolucionarias. Va en busca de la diversión pura y sin adulterar. Y mola. Lo que admiro de este film es su imposible equilibrio entre un tono cómico nada trascendente, la estética Kitsch, las aventuras de toda la vida, personajes extremos en su intento de originalidad y la capacidad de ser previsible y sorprendente a la vez. Es una versión hipervitaminada de la olvidada Firefly mezclado con el frikismo lúdico de Doctor Who.
Es una película rarísima, que funciona muy bien de principio a fin casi de milagro.


Nota: 7
Nota filmaffinity: 7.2


PD: No creí que una película dentro de la franquicia pudiera desbancar a Los Vengadores en cuando a diversión pura, pero ésta lo hace con creces. 

sábado, 18 de octubre de 2014

Rebelde sin Causa

Ésta es una de las películas más conocidas e icónicas de la historia. Ya sea solo por James Dean y su chaqueta roja, ha pasado a la historia e, incluso los menos afines a la gran pantalla saben de su existencia. “¿Rebelde sin causa? Ah, si, me suena... No la he visto pero dicen que es buena...”

Inicio de la película: Tres jóvenes pasan la noche en la comisaría. Se sienten rechazados y extraños en sus familias y reaccionan rebelándose y (a la manera de la época) liándola parda. ¿Contra qué se quejan? Contra nada, contra todo… Las nuevas generaciones de jóvenes estadounidesnes (de la época) sienten que sus padres representan unas ideas caducas, que ya no sirven en esta sociedad “moderna” y necesitan romper con lo establecido, aunque sea corriendo riesgos sin sentido y dedicarse, simplemente, a molestar.



Cada uno de los tres jóvenes que protagonizan el film arrastra una historia diferente que lo convierte en un desarraigado. Jim se acaba de mudarse a la ciudad con su familia. No sabemos qué ocurrió, pero parece que metió la pata hasta el fondo y la familia tuvo que trasladarse “con cierta urgencia”. Judy sufre ante un padre opresivo que ni la comprende ni se esfuerza en entenderla. Y finalmente Platón, que languidece en soledad, con unos padres ausentes que envían dinero de vez en cuando y una criada negra que lo adora, pero que no puede sustituir a sus progenitores.

Aparentemente son tres chicos normales, que tienen una la vida más o menos arreglada y viven en familias acomodadas, sin penurias ni otras preocupaciones que disfrutar de la vida. Pero como fiel reflejo de los jóvenes de la época, viven al día, metiéndose en líos bastante más grandes de lo que pueden manejar, sin una referencia, sin una figura paterna a la que aferrarse y a la que seguir.



Jóvenes incomprendidos, en apuros, que gritan asustados pidiendo ayuda. Jim, con su espectacular habilidad para meterse en líos, desea que su padre deje de ser el criado cobarde y servicial de su madre, “sea un hombre” y le ayude en su difícil trance (deliciosa la escena del delantal). Judy se ha criado con un padre autoritario al que no soporta, huye de él y parece buscar refugio juntándose con los malotes del barrio y el pobre Platón no sabe qué hace con su vida. Se odia a sí mismo, odia a los demás y busca desesperadamente alguien con quien estar, alguien a quién apreciar, alguien que le aprecie, un simple referente para que así su vida tenga un mínimo de sentido.

La disección de los personajes que realiza Nicholas Ray en este film es notable, ayudado por un gran elenco de actores que realizan un buen trabajo. James Dean emana carisma, su antihéroe de buen corazón desborda energía y empatía, convirtiéndose al instante en un icono de una época, en el joven que todos, en algún momento de nuestras vidas hemos sido. Natalie Wood está resplandeciente, intensa, apasionada y con una habilidad especial para exteriorizar tanto la desdicha como la coquetería sin dejar de ser creíble. Sal Mineo, por su parte, sorprende con un papel lleno de complejidad y ternura, cargante y adorable a partes iguales.

Si bien es verdad que el director se toma su rato para presentar a los tres personajes, pronto los enfrenta a una sociedad hostil pero reconocible y cercana, unas reglas y un modo de comportarse que todos conocemos y hemos sufrido. Las circunstancias los ponen en una situación límite, forzándoles a actuar precipitadamente, en una última petición de ayuda y atención a unos adultos que no comprenden que les ocurre. No hay buenos ni malos en esta película, sólo gente que se quiere e intenta vivir, pero que no sabe cómo hacerlo sin causar daño a los demás.


No sé hasta que punto la película pretendía no sólo reflejar la problemática social de la época sino también alertar a los padres de que “escuchas noticias sobre estas cosas, pero siempre crees que les pasa a otros y no a tu familia” (sic), para así fomentar cierta relación social y prevenir estos casos. Sea cual fuere su intención, “Rebelde sin causa” encumbró a la figura del rebelde James Dean, que se convirtió en un modelo de conducta para una juventud deslumbrada por su actitud desarraigada y temeraria, así como por su estética (camiseta blanca, tejanos y chaqueta roja, laca en el tupé y cigarro en los labios). La trágica muerte del protagonista, poco antes del estreno de la película, acabó de darle el halo de romántica “trascendencia” al film. Sin este halo la película no habría tenido (probablemente) el misticismo que ha arrastrado todos estos años y que la ha hecho tan conocida. Sería “simplemente” un gran drama y un gran reflejo de un momento vital en la evolución de la sociedad de los Estados Unidos.

Además de una fiel adaptación de la sociedad de la época, es también un testimonio de cómo han cambiado los tiempos: los rebeldes van vestidos con camisa y corbata, los malotes llevan chaquetas de cuero y vacilan a la gente con su pandilla, pero en ningún momento insultan a ningún adulto a sus espaldas ni beben alcohol (solo leche fresca). Y es que los años pasan, y lo que entonces se entendía por rebeldía (ese Rock&Roll, ese desmadre…) provoca risas en los jóvenes de hoy en día.

Mira que chungo que soy...

Es el mayor problema al que se enfrenta la película, pues la sociedad ya no es la misma y la historia en sí ha envejecido mal. Por ello, cualquier neófito que se ponga ante ella, puede encontrarse con unos personajes con los que no se identifica, unas 24h vertiginosas en las que pasan demasiadas cosas y un James Dean que se dedica a hacer de chulillo. Claro que las películas que dicen reflejar la juventud de hoy en día se basan en amores imposibles con vampiros brillantes de por medio, por lo que no vamos a dedicarnos a comparar…

Nota: 7
Nota filmaffinity: 7.1

lunes, 13 de octubre de 2014

Santa Sabbat Mártir (Dan Abnett)

Después de mi empacho de libros “emotivos” el cuerpo me pedía ir a por algo con más “marcha”. Ya que estoy repasando la saga de los Fantasmas de Gaunt, ¿que mejor que la entrega que finaliza (por segunda y no última) vez la saga?


Título: Santa Sabbat Mártir
Autor: Dan Abnett
Título Original: Saint Sabbat Martir

“Una nueva oleada de esperanza se extiende por todo el sistema Sabbat, infestado por las tropas del Caos, cuando llega la noticia de que una joven proclama ser la reencarnación de la Santa  Sabbat. A pesar de las dudas mostradas por el alto mando, la muchacha demuestra ser la inspiración perfecta para las acosadas tropas imperiales. Sin embargo, las siniestras fuerzas del Caos no subestiman esta nueva amenaza, y cuando ordenan a sus asesinos más letales acabar con ella, el Comisario Gaunt y sus hombres se convierten en su última línea de defensa.

Y por fin, apareció la Santa. A lo largo de los últimos tres libros había sido nombrada y reverenciada, como un personaje presente en la mente de los protagonistas, tenida en cuenta en todo momento pero como una metáfora, como un mito, como una promesa que nunca se ha de cumplir. Y llegó, y como no puede ser de otra manera, exige que los Fantasmas sean su escolta personal.


Tal y como hizo anteriormente en Necrópolis, Abnett cierra el arco argumental con un asedio espectacular. La acción se desarrolla en todos los frentes posibles: batallas espaciales, cuerpo a cuerpo, infiltraciones, batallas de tanques, asesinos despiadados, psíquicos… La mezcla te mantiene en vilo, saltando de un frente a otro con maestría y frescura. Tenemos de todo, con páginas y páginas repletas de acción, golpes de efecto y una ominosa sensación de despedida que no te permite parar de leer.
 Mientras que en Verghast había que defender la Colmena Vervun a cualquier precio, ¿qué hay en el planeta desértido Herodor que merezca la pena ser defendido? La Santa. ¿Es una lunática? ¿Es una maniobra publicitaria? ¿Es la reencarnación milagrosa de Sabbat? ¿Acaso eso importa? Abnett plantea un juego muy interesante sobre ello reflejado acertadamente en la falta de fe de un Gaunt que desea fervientemente que sea verdad, pero que sl mismo tiempo teme descubrir una realidad que le llene de desesperación.  Algo similar pasa con el resto de la plana mayor del ejército, que oscila entre la fe más absoluta hasta el pragmatismo más desapasionado.

El número de personajes es mayor que nunca y cada uno arrastra su historia: El Comisario Gaunt  sigue teniendo presente sus errores pasados, se siente indigno de su cargo pero siente la imperiosa necesidad de redirmise, de tener fe y de buscar la victoria. El Coronel Corbec nota cada vez más los años y las heridas. Hace todo lo posible por seguir siendo el líder de la tropa de debe ser, pero cada vez le cuesta más mantener el ritmo. El Sargento Soric empieza a tener problemas para controlar su suerte “excesiva” y se empieza a convertir en un peligro para sí mismo y su tropa. El “amor” entre el francotirador Larkin y el desquiciado Cuu  llega a niveles sorprendentes, sin olvidarnos tampoco de Criid  y sus dificultades para lidiar con la condición de Kolea. Hay muchos y cada uno de los muchos personajes que hemos ido conociendo a lo largo de los seis libros anteriores arrastra una historia que Abnett se asegura de cerrar satisfactoriamente. Se suponía que iba a ser el último libro de la saga y el autor trabajó a fondo para dar a todo el mundo su momento de gloria. No se olvida de nadie y permite que nos despidamos de ellos con alegría y dolor.

La historia nos presenta la batalla en todos los frentes: desde la lucha en el espacio hasta las reuniones de la plana mayor del ejército, pasando por las tensiones entre la Guardia Imperial y los dirigentes locales, los intentos de mantener la moral ante lo que parece una derrota segura, y la presencia de unos asesinos de élite infiltrados para acabar con la Santa. El estilo ágil, la variedad de frentes y la coralidad de la acción que son característicos de la saga no nos abandonan, haciendo que las páginas pasen como nada, mientras disfrutamos de una historia épica y vibrante. El equilibrio de las diversas tramas convierte al libro en un entretenimiento de primera fila. Acción a raudales, tensión en los momentos apropiados, escenas potentes con ganas, personajes carismáticos y un irresistible gusto por la aventura pura y dura. Simplemente mola.

Todo el que ha sido fiel y ha llegado hasta aquí tras los seis libros anteriores se puede preparar para disfrutar de la mejor manera. Toda la epicidad y la acción que uno puede esperar de Abnett se haya condensada en uno de los mejores libros de la franquicia. Un premio y un placer para los aficionados de una saga que se despide de la mejor manera (aunque luego reabrieran la historia).

Nota: 10
Nota anobii: 4.5/5

martes, 7 de octubre de 2014

El gran Gatsby

Dentro de las películas recientes no recuerdo muchas que causaran reacciones más polarizadas del espectador. O “es una pasada” o “es la mayor bazofia que te puedes encontrar”, pocos a mi alrededor se alejaron de esto. Mejor o peor, está claro que no es de las películas que deja a uno indiferente.

La película empieza siendo de lo más sugerente. En los extravagantes años 20, los ricachones de Nueva York viven rodeados de opulencia, disfrutando de excesos en fiestas interminables. Entre todas ellas, destaca la que organiza Gatsby, un nuevo rico de misterioso pasado del que nadie sabe nada. Su nombre se susurra en los rincones, ¿De dónde sacó su dinero? ¿Quién es? Gatsby, Gatsby… Sus despilfarros superan cualquier extravagancia, convirtiendo sus orígenes en algo legendario, casi místico…
Siguiendo los ojos de un joven escritor con ínfulas, nos convertimos en testigos de excepción de las delirantes celebraciones y las hipócritas relaciones que en ellas se establecen. Por casualidad, en el momento más inesperado, encontramos al animal mitológico, al Gran Gatsby. El pobre escritorzuelo se convertirá en complice y conocedor del más oscuro de los secretos: ¿Quién es Gatsby?

Lo que es sonar, suena bien… Pero cuando es Baz Luhrmann el que mueve los hilos, la cosa cambia. Este particular realizador australiano se caracteriza por su grandilocuencia innecesaria, su tendencia a la saturación colorista, las lagunas narrativas, su gusto por los anacronismos y una puesta en escena extravagante y teatral. Cualquiera con un mínimo de memoria es capaz de reconocer su estilo a los tres segundos de ver alguna de sus películas (Romeo+Julieta, Australia, Moulin Rouge). Sabiendo de qué pie cojea este autor es fácil imaginar que la película se va a centrar mucho más en mostrarnos las pomposas y artificiosas bacanales de los ricachones del momento que en la carga dramática que contienen las renuncias que hace Gatsby para ascender a la riqueza. Mucha gente tiene sus películas entre sus favoritas. No le vamos a negar su capacidad para fascinar, para mostrarte un espectáculo lleno de luces y colores diferente a casi cualquier otra cosa que puedas encontrar pero que a mí me satura pasados los cinco primeros minutos.

Los excesos se disparan por doquier, pues Luhrmann convierte los años 20 en un paraíso del hip hop, en una suerte de opera pasada de vueltas donde se olvida que tiene a unos personajes y una historia que ha prometido contar. El inicio evocador “Gatsby… Gatsby…” lleva a la nada. Pasados tres minutos, conocer a Gatsby no tiene la más mínima gracia y la reiteración de las juergas en un Pachá de época no ayuda precisamente a coger el interés. A este director siempre le ha gustado contar cosas simples de la manera más rebuscada posible. A veces queda bien (Moulin Rouge), en otras, el resultado es mejorable. El desparrame que realiza en este caso es de época.

Los actores bastante hacen con aparentar estar cómodos rodeados de pantalla verde, intentando actuar en medio del particular estilismo del director. Di Caprio, Maguire, Mulligan… se encuentran con personajes etéreos, desvaídos y veleidosos, con personalidades poco definidas y, en algunos casos, bastante irritantes.

Luhrmann ha encontrado su fórmula para hacer películas, mantiene sus constantes estéticas y abusa de ella todo lo que puede. Su propuesta es personalísima y mucha gente disfruta con ella, pero también provoca repulsión a otra buena parte de la audiencia. Si luego no hay una historia detrás que sustente la parafernalia, puede llegar a exasperar. Y si pasas de las dos horas más aún. Es recargada, estúpida, exagerada y aburrida. Puede ser bonita para algunos, pero para mí, sobrepasa el horterismo en muchos niveles. Y es tan romántica como el eructo de una anchoa.

Nota: 1
Nota filmaffinity: 6.2

sábado, 4 de octubre de 2014

Rome (HBO)

 Desde que llegó el boom de las series, cada temporada tenemos un nuevo puñado de series que pugnan por triunfar en las audiencias. Las productoras han visto que hay negocio y cada año echan el resto para desbancar a la competencia, otorgándonos puñados y puñados de gran cine de muchos quilates para la pequeña pantalla (como vimos hace poco en The Wire, por ejemplo). Cada pocos meses se nos acumulan toneladas y toneladas de nuevas series para ver, haciendo que esperemos con ansias semana tras semana y olvidemos aquellas que ya no están en pantalla. Series que quedan en el olvido de los años que no por ello son menos malas, como ésta de la que voy  a hablar hoy, una de las primeras joyas con que la HBO nos brindó y que hoy ha quedado casi como objeto de culto, olvidada por el gran público
.
Dentro de la gran productora de esta edad de oro de las series, se esconden series pequeñas en longitud pero grandes en contenido como la fastuosa Roma; emitida a rebufo del monstruo que fue Los Sopranoy de la redondísima A dos metros bajo tierraLa serie se gesta cuando los productores de la HBO decidieron crear una saga de series que recrearan con todo lujo de detalles momentos importantes de la historia. El objetivo era captar al espectador de la cadena de pago con presupuestos cinematográficos, historias impactantes y un entorno perfectamente reconocible. De ahí salió la idea de recrear la poderosa historia de Julio César y el germen del Imperio Romano.


 Roma nos sitúa unos años después de las guerras provocadas por el gladiador Espartaco. El glorioso general Julio ha comandado la conquista de las Galias (menos un pequeño pueblecito, ya lo sabemos) y se ha convertido en una figura prestigiosa, un ídolo del pueblo y del ejército. El gobierno comandado por Pompeyo, temeroso del poder que está acumulando Julio, le declara enemigo la República. Julio no tendrá más remedio que echar mano de su influencia para sobrevivir y convertirse en César. Lo que ocurre después ya es historia.
Teniendo en cuenta que estamos hablando de una serie de la HBO, me parece innecesario insistir en la cuidadísima y veraz reconstrucción histórica realizada. El presupuesto que manejaron fue descomunal, rondando los 100 millones de dólares para la temporada completa. Y vaya si se nota, el esfuerzo para recrear la época es espectacular: Las callejuelas llenas de vida, coloristas, con escenarios, espectáculos callejeros, identificación con las costumbres, sacrificios, ritos, creencias, grafittis callejeros; las habitaciones y demás estancias de las casas señoriales; los campamentos militares, las batallas (la formación en tortuga); el Senado, el Circo y, claro, la sangre, los golpes brutales y eficaces de los combates… Todo lo que uno se pueda imaginar. Y realizado además sin apenas CG, a base de abusar de escenarios en unos macroestudios de la Cinecitta italiana. A veces parece que sólo falta el olor (el pestazo) para sentir que estamos realmente en la Roma Imperial.

Tal como conocemos en los libros de historia (o deberíais conocer), una vez lanzados los dados y cruzado el rubicón se desata una tormenta política que amenaza con provocar una guerra civil en la República Romana.Las facciones de Pompeyo y las de Julio luchan con todas las armas posibles, cuyas argucias quedan trasladadas a la pantalla con la intensidad con que la HBO maneja las intrigas políticas. A la fuerza de la historia hay que añadir la mística y la trascendencia que alcanzan sus grandes estandartes, fantásticamente ensalzados con un casting magnífico: Julio convertido en un estadista sin escrúpulos, estratega magnífico al aprovechar las oportunidades del destino de la mejor manera; la impotencia de unos perdedores como Cicerón o Pompeyo; la curiosa moral y el talento político del jovenOctavio; el cinismo y la arrogancia de Marco Antonio; la confusión de Bruto; la ambición de Atia; las malas artes de Servilia; el hedonismo de Cleopatra… Los actores parecen escogidos para cada uno de los papeles que realizan.


Pero la HBO no se va a contentar con explicar la historia de Julio César desde el punto de vista típico de los grandes gobernantes, pues eso ya se hizo en el pasado con la estupenda Yo, Claudio. No. HBO toma prestados de la historia real al centurión Marco Lucio Voreno y al soldado raso Tito Pullo y los involucra en todas las intrigas políticas que están por desencadenarse. Es a través de ellos que seguimos las guerras por el poder, pero también la vida y las ansias del pueblo llano. La evolución de estos dos personajes a lo largo de la serie es perfectamente creíble e impactante, siendo realmente la esencia de la serie.

Es imposible no sentirse cautivados por este par de “bribones” tocados por los dioses. Y es que es difícil meterse en tal cantidad de líos (en TODOS los imaginables) y salir vivo del intento. Voreno es un centurión íntegro, honrado y valeroso, que lleva desde los catorce años en el ejército romano convirtiéndose en el mejor ejemplo posible del cumplimiento del deber. No desea otra cosa que acabar la campaña de las Galias y regresar a Roma, donde le espera su mujer y su familia. Una vez allí, comprobará que ser un soldado en momentos de paz es mucho más difícil de lo que parece, y menos con los tiempos que corren. Busca aprovechar el prestigio ganado en la batalla para convertirse en una persona pública sin por ello perder su integridad, creyendo firmemente en los valores de la República, honor, deber y respetabilidad. Obviamente sólo consigue ser manejado por unos y por otros para recibir traición tras traición.


Su contrapartida es el pendenciero Tito Pullo. De vida azarosa y enrolado a la fuerza en el ejército, hará todo lo necesario para escaquearse y evitar el trabajo duro. Es un hombre sencillo, fuerte, de modos rudos y prácticos, ideales pragmáticos y de formas directas, siempre presto a una pelea, por lo que no podrá evitarse en más líos de los que puede controlar. Rápidamente formará una extraña lealtad con Voreno, pues ambos no son más que unos violentos inadaptados que llevan el matar en la sangre y encuentran difícil el vivir pacíficamente en sociedad. Las grandes cuestiones políticas se la traen al pairo, pero sí sabe a qué es fiel. Sabe quiénes son sus amigos, cuál es su legión y quienes son los pocos a los que aprecia y que, a su manera, le aprecian un poco a él. Mezcla brutalidad e inocencia de una manera sorprendente, con todos sus defectos y crueldades inesperadas es un personaje grande en todos los sentidos.

Después de una fastuosa primera temporada dedicada a Julio César,  recibida con grandes alabanzas y convertida en un éxito para la HBO, una segunda temporada fue rápidamente confirmada, ésta vez dedicada a la figura de Octavio Augusto.

Después de la muerte de Julio César, los disturbios arrastraron al Imperio al borde de la guerra civil. Los tres grandes generales restantes se reparten el poder, la casa Julia se hunde y, mientras tanto, Octavio Augusto se comporta como el animal político que es, medrando en el caos y convirtiéndose cada vez más en una figura imprescindible para la estabilidad del Imperio. Menos sangre y más tensión hacen de esta temporada una experiencia diferente a la anterior, pero no por ello menos aprovechable.

Mientras estaba en antena, se dio luz verde a una tercera temporada, pero casi simultáneamente un incendio destruyó el noventa por ciento de los escenarios de la Cinecittá. La HBO decidió que el coste de reconstruir los escenarios iba a ser excesivo (incluso para sus cánones) por lo que se decidió rodar a toda prisa un final alternativo que cerrara la serie y así dar carpetazo por todo lo alto. Puede dejar con ganas de más, pero vaya si te deja a gusto.

Pero bueno, hoy en día pocos se acuerdan de esta pedazo de serie. Lo tiene todo para estar en el Olimpo de las grandes pero…¿Por qué una serie con tantos buenos elementos para pasar a la posteridad ha quedado relegada a los aficionados de culto? Hay varios motivos:

- Su reducida longitud: al apenas tener dos temporadas, no estuvo suficiente tiempo en antena para trascender. No tuvo ocasión de entrar en la mente de la gente, que la olvidó rápidamente.

- Se emitió justo cuando el boom de las series estaba empezando. Aunque ya había muchos fanáticos de las series, no fue hasta el desembarco de Lost y Héroes que el fenómeno se desmadró. Cuando se empezó a ver series “de verdad” Roma ya no estaba en antena y las joyitas menores de la HBO desaparecieron de las series referentes, quedándose grabadas solamente las espectaculares Los SopranosThe wire.

- Es una serie de una densidad considerable en una época en que el público no estaba acostumbrado a tramas tan retorcidas. Después de disfrutar y sufrir con Juego de Tronos Breaking Bad ya estamos más curtidos y la disfrutaríamos más, pero la avalancha de series nos impide ir a revisitar tiempos pasados.

- Ya se sabe el final de la historia. Se respeta la historia verídica, lo que no hay esa intriga para saber el final que sí encontramos en otras series. Además, el hecho de la serie no tiene ningún indicador temporal sobre el momento en que se está puede provocar algo de confusión y obliga al espectador a estar atento para poder ver cuando se desentraña cada fulcro de la trama.

Ahora en serio, si habéis acabado de ver alguna serie y hay un hueco en vuestra agenda de capítulos, no os olvidéis de uno de los primeros mastodontes de la HBO. Épica, grandilocuencia, intrigas políticas, batallas y una de las mejores parejas de bellacos que te puedes encontrar. Hay series que se disfrutan, series que se viven y series que se devoran. Ésta es una de las últimas. 22 capítulos (solamente) que te sumergen en una de las épocas más carismáticamente convulsas de la historia. No os la perdáis.



Nota: 10 Duración: 2 temporadas (1x12, 1x10 capítulos de 60min - 22horas)


Publicado previamente en Cinéfagos, aquí

domingo, 28 de septiembre de 2014

Érase una vez en América

225 minutos, Sergio Leone dirigiendo, Robert deNiro protagonizando y centrado en la mafia de los años 20? Este monstruo tiene que molar ¿no? Eso sí, preparad el trasero para casi 4 horas de película o divididla en dos o tres partes para verla con algo más de calma (y así sea menos agotadora).

Un maduro David regresa a la Nueva York, la ciudad donde creció. Se reúne con un viejo amigo y se pone a recordar que antaño fueron los reyes de la ciudad, los malditos bastardos que dominaban a todo y a todos. Pero algo falló ¿qué fue? Poseídos por la nostalgia, rememoran sus principios, en los albores del siglo XX. Allí, David y su mejor amigo Max son dos chavales que viven en los suburbios de Nueva York y que se comprometen a colaborar para triunfar y ganar dinero por todos los medios necesarios.  Su pandilla de amigos hace trabajitos para un grupo de extorsionadores. Creyéndose los amos del barrio, llamarán la atención del cacique local que no quiere que nadie trabaje por cuenta propia sin rendirle tajada. Envalentonados por su juventud y sus ansias de grandeza se embarcarán en una guerra que no pueden ganar. Con todo, el tiempo les dará la razón y pronto se convertirán en peces gordos de la mafia, surgiendo tensiones, disputas, envidias… Lo que pondrá a prueba su amistad a lo largo de los años. ¿Y, finalmente, qué provocó su caída? David debe hacer una última visita, una visita que no quiere hacer, por los fantasmas que deberá despertar y los sueños que sabe que deberá enterrar.

La longitud de la película es enorme, exagerada, pero dota de una gravedad brutal a la historia. Hay mucha (pero mucha) tela que cortar, tiempo de sobras para dejar que los personajes calen, la historia tome poso y el conjunto tome una gravedad conmovedora. La poderosa fuerza de la narración viene ayudada por la magistral dirección del genio Leone, componiendo una sucesión de escenas perfectas, con una construcción magnífica. Las tramas se entremezclan, casi componiendo varias películas en una y combinando la ternura y la tristeza más hermosas con los negocios, los bajos fondos y el poder de la amistad.

Sergio Leone se toma su tiempo para que conozcamos las motivaciones de todos los personajes, comprendiendo así como se forja su amistad y se genera esa confianza inquebrantable que sólo tienes con aquellos que más valoras. El método con el que se nos cuenta todo es mediante una sucesión de saltos temporales. Flashbacks que, aparentemente no guardan mucha relación, pero que conforman una historia descorazonadora y vibrante, dispuestos a la perfección para mostrarnos el desgaste de los años, los éxitos y los excesos. Es una auténtica lección de cómo manejar elipsis, fragmentar la estructura narrativa, dejar caer pistas (leves pero importantes) para llenar los vacíos y, en un espectacular ejercicio de artesanía, romper las convencionces establecidas (excesivo metraje, ritmo narrativo lento, tramas inconexas…) creando así una epopeya descorazonadora.
Con el trasfondo de la mafia por medio, Leone reflexiona sobre la vida y nos enseña a disfrutar de los buenos momentos, a apretar los dientes en los malos y, sobretodo, a valorar a la gente que nos acompaña en este viaje, las relaciones que forjamos y los enemigos que nos ganamos. La vida criminal que se nos muestra está llena de traiciones y brutalidad, conduce a una soledad descorazonadora, dónde no podemos esperar felicidad ni redención. Es el precio a pagar por brillar más fuerte que nada ni nadie, creando una luz seductora pero que después de vuelve desvaída y olvidada.


Además, los actores parecen haber nacido para los papeles que les ha tocado: deNiro, James Woods, McGovern, Pesci, Connelly… Tanto desde que son unos críos que le ofrecen su cara descarada al mundo hasta que son unos veteranos encallecidos y desengañados con la vida, Sergio Leone convierte a unos actores en seres reales, llenos de vida, tan capaces de conseguir que nos encariñemos con ellos en una escena como de mostrarse odiosos y desalmados en la siguiente sin que haya el más minimo atisbo de incoherencia.

La propuesta es desmesurada, temeraria. Tuvo que asustar mucho a las productoras, tanto que ésta decidió echar mano y poner en los cines una versión reducida, restando valor y causando confusión entre los espectadores. Este destrozo provocó que pasara desapercibida para la mayoría del público y fuera ninguneado por la mayoría de los certámentes. Los años, las videotecas y las remasterizaciones nos permiten disfrutar de una versión completa de la película y así poder apreciar la valía de esta preciosidad.

Me es imposible destacar un momento concreto de la película. Cada una de las escenas puede ser apreciada como una lección de cine: el interrogatorio inicial, el tiroteo con el sindicalista, el chantaje al policía, el reencuentro tras la cárcel, la visita a la mansión del senador… Incluso las atroces dudas de un niño entre recibir una felación y comerse un pastel de nata se convierten en pura poesía. 
En fin, no se puede resumir una película así en pocas líneas. Simplemente, tomaos vuestro tiempo y vedla. No os vais a arrepentir.

Nota: 9
Nota filmaffinity: 8.3

domingo, 21 de septiembre de 2014

La ladrona de libros (Markus Zusak)

Dentro de la CLO de este mes me han encomendado el Nº23 de la cesta (ya quedan menos), otro best-seller de los últimos tiempos, que incluso ha tenido una adaptación cinematográfica hace poco. Hablamos de La ladrona de libros.

Título: La ladrona de libros
Autor: Markus Zusak
Título original: The book thief

“Érase una vez un pueblo donde las noches eran largas y la muerte contaba su propia historia.
En el pueblo vivía una niña que quería leer, un hombre que tocaba el acordeón y un joven judío que escribía cuentos hermosos para escapar del horror de la guerra.
Al cabo de un tiempo, la niña se convirtió en una ladrona que robaba libros y regalaba palabras. “

Para que un libro te guste (especialmente en caso de un drama) debe conseguir que te intereses por su historia, por sus personajes; debe conseguir que te impliques y te emociones con sus desventuras y sus alegrías. Estos últimos meses he dedicado tiempo a libros que, explicando pequeñas historias han logrado hacerse entrañables y bonitos, otros, envolviendo con lirismo historias más tristes, se hacen hermosos, emotivos… pero es algo que con La ladrona de libros no me ha pasado. Sí, el libro tiene su longitud, está bien escrito y tiene sus toques diferentes que lo podrían hacer especial, pero me ha sonado todo a visto. Aunque el resumen no indique nada sobre ello, nos hallamos ante una típica trama de niño que vive la IIGM y no entiende ni las injusticias contra los judíos ni los abusos del nazismo. Es algo que hemos visto ya en un montón de libros y que, para mí, no ha llegado a tener nada que lo diferencie dentro del “género”.

Su detalle más característico es que el narrador de toda la historia es la propia muerte, lo que tiene su gracia, especialmente cuando te añade notas al pie y aclaraciones curiosas a la historia. Sin embargo, la verdad es que también me encuentro que he visto muertes mucho mejores; y no hablo solamente de Mort sino de otros libros que utilizan el mismo recurso.  Y es que para molar, a esta muerte le faltan dosis de humor negro y mala leche.

Luego la historia… No ha conseguido emocionarme. Peca de previsible, pues se puede adivinar el noventa por ciento de lo que va a ocurrir apenas llega ella a casa de sus padres adoptivos. Punto por punto, se ve el deterioro de la sociedad alemana, la animadversión hacia los judíos, el ascenso del Führer y todos los sucesos que ya son de sobras conocidos.

Liesel, la protagonista,  es una niña de nueve años, que se supone que debería provocar simpatía por su sinceridad y su amor a los libros, se ha convertido en un personaje de lo más cargante. Ni siquiera esa fascinación por la lectura ha conseguido que no me parezca una niña caprichosa y repipi.
A su alrededor, el puñado de personajes que la rodean es mayoritariamente plano, sin apenas nada que los diferencia del tópico: Rosa su madre es estricta por fuera y un pedazo de pan por dentro; Max, un refugiado judío, es tópico convertido en un simple animal asustado; mientras que Rudy, el mejor amigo de Liesel se convierte en el contrapunto masculino que tiene que haber en la historia.
El único personaje secundario que está desarrollado es del padre de Liesel, Hans. Este pintor y acordeonista a ratos libres es el mejor tratado por el escritor, siendo el que más debate y sopesa sus decisiones. Al ser el padre de familia todo lo que hace implica a su familia por lo que no puede oponerse abiertamente a Hitler (por mucho que le duela), se informa de la actividad del Partido (o si no, no trabaja) y hace lo posible para que su hija adoptiva sea feliz en un ambiente tan deprimente como puede ser el pre-bélico.  Es el único que tiene una personalidad propia y se aleja de la planaridad de sus acompañantes.

Otro detalle que no me gusta es que la Muerte te va adelantando detalles de lo que va a ocurrir pero luego eso no pasa. Generar un poco de expectación está bien y no me importa que me prepares para según que cosas, pero si me dices que algo va a pasar… que ocurra, por favor.

Estoy seguro que otros muchos que lean el libro soltarán la lagrimita y disfrutarán de lo lindo, pero a mí me ha dejado bastante frío. Aunque no ha costado leerlo, ha sido anodino, muy visto, sin nada que capte mi interés de manera especial.  Será que llevo muchas historias similares seguidas, que necesito algo más cañero o cualquiera que sea la razón, pero ya van un par que sí, tienen los mecanismos que deberían tocarme la fibra. Están ahí y los veo, pero no surten efecto…

Nota: 3
Nota anobii: 4.5/5