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miércoles, 13 de marzo de 2024

Belle

Cualquier película de Hosoda es digna de atención y cuando Belle apareció con un videoclip de bellísima factura, me tuvo ya compradísimo. (eso, que lo veáis, mirad qué pedazo de inicio de película). ¿Qué depararía este prodigio de la fantasía?

Estamos en U, un mundo virtual en el que cualquiera puede ser aquel que sueña ser. El inicio de la película nos muestra un apabullante desfile que desborda imaginación por los cuatro costados. Con una animación exquisita, seguiremos a la cabeza del desfile, una ballena azul cubierta de altavoces. Sobre ella está Belle, la cantante más importante de U, capaz de alegrar los ánimos de todos aquellos que escuchan su delicada voz. Pocos sospechan que tras esta celebridad mundial se esconde una tímida chiquilla de instituto que arrastra un trauma que le impide cantar en público. Es U lo que le permite vivir su sueño de ser una estrella de la canción. Un día que se acerca a uno de los pocos lugares sombríos de U, conocerá allí a una Bestia que expulsa a todos aquellos que se acercan. Intrigada, investigará quién se esconde tras esa misteriosa bestia, imbuida ante la necesidad de hacer de este mundo un lugar mejor. Allí, se verá arrastrada a una vida marcada por la culpa y los remordimientos en una aventura repleta de canciones que no sólo pondrá en peligro su vida, sino la propia existencia de U.



Y es que Mamoru Hosoda ha hecho un remiendo vertiginoso de La Bella y la Bestia, pero nos lo ha engarzado con una suerte de cabriolas argumentales repletas de dulzura, videoclips de elegancia sin igual y un desarrollo impredecible para dar lugar a una de las ñoñadas más potitas que os podéis encontrar. ¿Está bien? Es espectacular. Cada fotograma contiene un número absurdamente grande de detalles, personajes y profundidad, componiendo una continua obra de orfebrería. Además, su animación es precisa, repleta de viveza y colorido.

La trama es quizás la parte más delicada. Si bien presenta bien la problemática de todos los personajes – tanto dentro como fuera de la pantalla – con acierto, comprendiendo porqué cada uno de ellos hace lo que hace y los condicionantes que marcan su personalidad, la película va por todos lados, quiere abarcar demasiadas cosas a la vez y, como le suele pasar a Hosoda, se emburulla en su dispersión por querer contar demasiadas cosas en poco tiempo. Eso no impide que se trate de una película de lo más disfrutable, todo un gozo para los sentidos y una buena comida para el alma.

Principalmente porque volvemos a estar en una película repleta de canciones perfectamente integradas dentro de la trama. Historia y música se complementan a la perfección, haciendo avanzar la historia y explicando los porqués con una naturalidad pasmosa. Ello se complementa con la delicadísima animación que realza todavía más el conjunto, tanto cuando quiere ser exultante como si se decanta por la ominosidad. No es, quizás, una propuesta para quién busque emociones fuertes, sino que le expliquen un cuentecito de la manera más bella (jé) posible.

Sorprende, pues, que una propuesta de tanta calidad no llamase la atención de las nominaciones a los Oscars de animación de su año. Y más cuando se sabe que estaba en la prelista. ¿Qué motivó a los académicos a olvidarse de ella? Es incluso más sangrante el hecho de que se trató de un año de una cosecha bastante flojita, con algunas nominadas de calidad más justita, ganado además por una película que no me entusiasmó en exceso. El principal motivo que le veo es que su reducido estreno en EEUU lastrara su popularidad y le impidiera llegar a la mente de más gente con derecho a voto.

En fin, Belle es una modernización de La Bella y la Bestia, que además es un alegato a favor de la amabilidad como motor de la sociedad, la capacidad de redención por los errores del pasado y el peso de los remordimientos. Viene complementado por unas canciones vibrantes, llenas de vida y, sobretodo, una animación de primerísima calidad que no deja de deslumbrar ni un momento. Le pesa una trama que muerde más de lo que puede tragar, pero eso no le impide ser un espectáculo de primera, presto a fascinar a cualquiera que quiera acercarse a la película.

 

Nota: 9

Nota filmaffinity: 6.8 

jueves, 7 de marzo de 2024

West Side Story

Y hete aquí que Spielberg anunció que iba a hacer un remake de uno de los musicales más famosos de la historia porque le apetecía. Mi enarcamiento de cejas fue menor que el que hice con Ready Player One, pero el ¿por qué? fue bastante sonoro.

Puede clasificarse de osadía rehacer una película icónica de los sesenta, tan metida en la iconografía general, que además se llevó diez Oscars allá en 1961. Pero bueno, Spielberg tiene toda una excelsa carrera a sus espaldas y se ha ganado cierto derecho a hacer lo que le dé la gana. Después de todo, está a punto de jubilarse y nos ha hecho disfrutar un porrón de horas. Así que sí, que haga las películas que le apetezca, que para algo se las paga de su bolsillo.

Como en la película original, estamos en el Manhattan de los años 50-60, tierra de acogida de inmigrantes recién llegados. Allí dominan dos bandas, una de origen irlandés y otra de origen dominicano y continuamente se suceden las trifulcas entre ambas. En una suerte de Romeo y Julieta revividos, el destino provocará la aparición de un amor imposible entre jóvenes de cada bando, lo que llevará las pasiones al límite y tal y tal.

Incluso para ser un remake, es sorprendente lo poco que cambian de los grandes hechos. Sí. Se actualizan los números musicales y se cambian de orden algunas cositas de la trama, pero a grandes rasgos, la película es la misma. Es extraño hacer casi una fotocopia modernizada. Lo que no se le puede quitar es que Spielberg está tras las cámaras. TODO está muy bien filmado. Una puesta en escena impecable, un ritmo de la película con la cadencia adecuada, unos vestuarios escogidos con mimo… El savoir-faire de base que tenemos en esta West Side Story está al alcance de muy pocos, con una parte técnica de primera categoría, propia de un director con perfecto control de su proyecto que no gusta de dejar nada al azar.

Asimismo, el trabajo de los actores es el propio que exige un director que sabe lo que hace y cómo conseguirlo. Todos ellos interpretan sus canciones (a diferencia del original), arrancando interpretaciones consistentes en todos y cada uno de los personajes. Los protagonistas (Rachel Zegler y Ansel Elgort) destacan por su naturalidad, pero es la Anita interpretada por Ariana deBose la que roba cada escena en que aparece por la fuerza de su interpretación. Como nota curiosa, tenemos a Rita Moreno (la Anita original) interpretando a la dueña del bar que hace las veces de refugio de los protagonistas, en un papel creado a modo de homenaje al musical original.

Al cambiar algunos pequeños hechos de lugar, se hace entender que la película se dilata más en el tiempo que la original, haciendo algo más creíble el amor a primera vista que tienen los protagonistas. Los números musicales están realizados con todo el lujo que pudiéramos desear, integrados con mimo dentro de la historia, sin interrumpir la trama ni sentirse como un trámite que hay que cumplir. Además, están coreografiados con mimo y lucen estupendos, no se lo vamos a negar. A la que te guste el género o le tengas algo de cariño a la película original, hay muy pocos peros a hacerle a esta revisitación de la historia.

Podría decirse que es la película de siempre, contada como nunca. Si ha de haber imitaciones o remakes, que sean todos tan bien paridos como éste, por favor. Como muestra de su tremendo aparataje técnico, le cayó una lluvia de nominaciones a los Oscars, prácticamente de todo (Película, dirección, actriz de reparto –Ariana deBose-, fotografía, diseño de producción, vestuario y sonido), llevándose sólo actriz de reparto en un año muy repartido.

Que el clásico me guste más no significa que esta reimaginación esté falta de calidad y diversión. Un aparataje técnico grandioso, unas coreografías de primera y unos actores que lo dan todo son más que suficiente para agradar a casi todos los paladares. Un remake estupendo de un referente cultural.

 

Nota: 8

Nota filmaffinity: 6.8 

martes, 19 de septiembre de 2023

Encanto

Ya tocaba que habláramos de Bruno, aunque no se hable de Bruno. Estoy hablando, obviamente, de la película que más ha machacado los oídos de muchos padres en los últimos años.

Encanto nos sitúa en algún lugar de las montañas colombianas, siguiendo a una familia mágica, en la que cada miembro de la misma tiene algún tipo de poder. Son tratados con deferencia y respeto por el resto de habitantes  del pueblo en el que viven, sabedores de que cuentan con su “protección”. La historia empieza con el hecho de que Maribel, una de las más jóvenes del clan, no parece tener ningún tipo de poder, lo que pone en duda la infalibilidad de la familia. Aunque ella no parece llevarlo mal, no dejará de ser fuente de tensión, especialmente cuando empiezan a pasar más “cosas raras” que no tienen explicación.

Pero no olvidemos, Encanto es un musical. Cada tres minutos de “película” tenemos un número musical con el que se nos describe el carácter de los personajes y se hace avanzar la historia. El creador de la partitura es el reputado Lin-Manuel Miranda, experto en numerosos musicales de Broadway y otras creaciones de Disney, por lo que podemos estar bien seguros de que tenemos un buen puñado de canciones pegadizas. No se habla de Bruno o En lo profundo (me encanta la reflexión sobre la responsabilidad) son piezas con potencial más que suficiente para convertirse en verdaderos himnos generacionales como fue Let it Go.

Tal como ocurría en Zootrópolis (por ejemplo) la animación de la película luce chulísima. Con las obvias influencias de Coco (aunque ahora estemos en Colombia y no México), todo en Encanto es de postal. El diseño de personajes es distintivo, exuberante y colorido en gran manera. La animación es  gloriosamente fluida, cambiando en función del ritmo de las canciones y complementándose brillantemente con el bellísimo despliegue de colores que encontramos a cada segundo del metraje. Lo dicho, un esfuerzo enorme para que luzca gloriosa, especialmente en una pantalla gigante. Miles de detalles en los que fijarse, además de muchas cositas que pasan “de fondo” que le añaden mucha gracia a posibles revisionados en el futuro.

Este descomunal esfuerzo para hacer que Encanto sea una de las películas más bonitas que ha hecho Disney contrasta con la nulidad argumental de la trama, con una trascendencia prácticamente nula. No tiene nada que no hayamos visto mil veces y, en ocasiones, no parece más que una excusa para unir un número musical con el siguiente. Dejando de lado la extraña confusión entre buenos y malos que puede sacarse de la historia, si le quitas las canciones, diría que ventilas la trama en menos de 15 minutos. Ni cuando Blancanieves teníamos una trama tan exigua, diría yo.

Lo que me parece más curioso es que la película ponga a los Madrigal como los buenos cuando es obvio que son unos malvados Mutantes que tienen tiranizado el pueblo. Entre una con súper-fuerza, otra con oído agudo, un metamorfo, videntes y encima el nuevo que te tira tigres encima si quiere… A ver quién se atreve a llevarles la contraria. Encima, casan a la hija (en contra de su voluntad) con el rico del pueblo, para evitar cualquier otra discrepancia. Normal que Abuela entrara en cólera cuando Meribel no tuviera poderes, no sea que les acabara el chollo y tuvieran que usar métodos más contundentes. Son ellos mismos los que te cuentan su historia, con lo que se ven como los benefatores, pero a la que piensas un poco, verás que Abuela es peor que Magneto y Xavier juntos, tiranizando a una familia que vive aterrada a cualquier reacción de la matriarca, que no dudó en desterrar de la existencia a Bruno (del que no se habla). No voy a hablar de los traumas que arrastran unos y otros y del poco arrepentimiento del desenlace, que con un “lo siento mucho, no volverá a ocurrir” arreglan todo.

Volviendo a cuestiones más terrenales, me encanta comprobar el extraño  uso del Spanglish que se hace en estas películas de Hollywood que pasan en algún lugar de Hispanoamérica (igual que ocurría en Coco) cuando se proyectan en zona anglosajona. Por lo menos, en este caso tuvieron la decencia de hacer que la VO fuera la castellana, que si no…


Encanto tiene sus cosas buenas (canciones con carisma y un diseño de producción bellísimo), pero tiene unos defectos tan grandes que se hace difícil comprender cómo se llevó el Oscar de animación frente a propuestas muy superiores (Luca o Los Mitchell, por ejemplo). Pero bueno, ya sabemos que la prioridad de Disney con sus proyectos es la que es. Me hubiera sorprendido menos que se llevara premio por alguna de sus nominaciones a canciones y banda sonora, pero supongo que Lin-Miranda todavía tiene que estar mosqueado porque se escogiera Dos Oruguitas en vez de Bruno…

Encanto es un musical puro en que los diálogos parecen molestar. Encadena números musicales de bandera, con canciones pegadizas  y una puesta en escena sensacional. Sin embargo, luego parece olvidarse que debe contar una historia coherente, añadiendo algo de profundidad a las lucecitas de colores que se mueven por la pantalla.

 

Nota: 4

Nota filmaffinity: 6.3


viernes, 28 de enero de 2022

Chico & Rita

Recuerdo el cachondeo que se formó cuando salió esta película. ¿Cómo iba a plantearme ver una peli con nombre de Pokemon? Y encima dibujada por Mariscal, que mira que es particular el hombre. Pues no me interesé lo más mínimo por ella. Aunque Trueba tiene ciertas manos, decidí pasar. Finalmente, le llegó el turno. 

Cuba. 1940. Chico es un talentoso pianista de Jazz que disfruta de la vida a lo grande pese a no tener un real. Rita es una cantante de voz privilegiada que hace lo que debe hacer para salir adelante en una sociedad no demasiado amable. Dos caracteres volcánicos que colisionan en un club de la Habana, empezando una relación de lo más tempestuosa. El destino los tiene muchos años jugando, con encuentros y desencuentros a lo largo del tiempo, siempre con la música como excusa para seguir viéndose una última vez más.

Igual es que yo me esperaba ver una tontería, o una farsa con poca chicha, pero lo que tenemos es una deliciosa historia de amor transmitida a ritmo de jazz, con canciones deliciosamente escogidas, bien interpretadas y decididamente emocionantes. Con cierto protagonismo de Bebo Valdés (¿Chico?), no nos dejaremos a ninguno de los grandes nombres del género: Nat King Cole, Tito Puente, Charlie Parker….



Es bien conocida la pasión que tiene Fernando Trueba por el Jazz y el son cubano. Ya en Calle 54 dejó bien claro que conoce la sociedad cubana, su imaginería, su gracejo y sus ansias de disfrutar de la vida. Así pues, al inicio del metraje de Chico&Rita se refleja con maestría la Cuba de Batista con todas sus particularidades y, desde allí, se va avanzando en el tiempo, mostrando la metamorfosis de la sociedad, siempre con la historia de amor de fondo y mucha, mucha música de primera.

Este amor fraguado entre pianos, mojitos y bambalinas sigue quizás un guión que tenemos conocido, una vez asumimos que se tratará de una historia de idas y venidas, a la que sólo le falta saber si tendrá final feliz o no. Puede hacerse previsible, pero el desarrollo es impecable, consiguiendo que te impliques sin esfuerzo, y te dejes llevar por sus calles, sus clubes y sus canciones. Se nota la dirección de una persona que sabe lo que hace, pues la puesta en escena denota gusto por el detalle, con composiciones impecables y multitud de elementos que tienen su razón de ser en la película.


Igualmente, la excéntrica animación de Mariscal sinergiza estupendamente con la fluidez del jazz que acompaña a toda la película. Uno hubiera esperado que su estilo esbozado no diera lugar a bellas escenas, pero todo lo contrario, la animación se siente viva, moviéndose con avidez en busca de nuevas emociones. Mezclando un minimalismo exacerbado en algunos momentos con otras que destilan barroquismo, pero siempre componiendo escenas llenas de luz, de baile, de ganas de vivir, en definitiva. Un dúo por el que no hubiera apostado nunca, pero que funciona estupendamente.

Toda esta calidad se tradujo en una merecidísima nominación al Oscar de animación, todo un logro para tratarse de un musical de jazz español. Viéndolo en perspectiva, decepciona un poco que la estatuilla fuera a parar a la muy inferior Rango, pero imagino que para la Academia de Hollywood, bastante esfuerzo hicieron acordándose de una propuesta tan minimalista con una nominación. Lo dicho, era un año flojio, ideal para haber dado pie a lo inusual, pero no pudo ser.


En conclusión, Chico&Rita es una delicia de Jazz, sensualidad y bellas postales que lamento haberme perdido en el cine. Habría ganado mucho en la pantalla grande. Me encanta por su animación, por su música y por sus ganas de vivir. Quizás la historia de amor peca de previsible, pero no por ello es menos encantadora. Si eres un soñador, disfrutarás con ella.

 

Nota: 9

Nota filmaffinity: 7.0

lunes, 27 de diciembre de 2021

Amadeus

Diría que ésta es la película que más veces he visto empezar en relación a las veces que la he acabado. Aparte de por sus tres horitas bien buenas, es porque en mi colegio era de las pocas que teníamos en inglés. Casi cada año caía el inicio, por lo que me harté de ver la primera hora sin que luego diera tiempo para más. Cuando por fin (en casa) pude acabarla, vaya si me había perdido cosas.

Amadeus nos narra la vida del compositor Wolfgang Amadeus Mozart desde el punto de vista del que fue uno de sus mayores rivales en vida, Antonio Salieri. Este último es un veterano y afamado compositor de la corte que ve, con una mezcla de asombro, envidia y adoración, la fulgurante aparición de su joven rival, cuyas celestiales composiciones musicales nunca podrá igualar.

Y si veníamos de una película apabullante en su puesta en escena, aquí tenemos algo todavía más bestia. Amadeus se ha rodado con todo el fasto de la corte de la época (tremebunda y fantasbulosa), con un esfuerzo descomunal por recrear la barroca corte del Emperador José II, con escenarios en muchos casos reales (principalmente, rodado en los palacios de Praga), y si no, recreados con mimo. La energía que se ha puesto para deslumbrar y dejar boquiabierto al espectador merece todas las felicitaciones posibles, especialmente por el éxito con que se consigue.



Si contamos la vida de uno de los músicos más importantes de la historia, las música de la película debe ser primordial. Éste es el caso, con orquestas dispuestas en pantalla para recrear las mejores composiciones de Mozart y Salieri, en muchos casos con sus óperas correspondientes o en los escenarios para los que fueron concebidas. Cualquiera que pueda disfrutar de una buena melodía puede, simplemente, dejarse llevar y gozar de las delicias que depara Amadeus. En muchos casos, pura maravilla.

El guión no se queda atrás al presentarnos un detallista retrato psicológico de la locura. Jugando en torno al hecho de porqué unos nacen con tanto talento y otros con tan poco, conoceremos la mezcla de envidia y admiración que Salieri profesa por Mozart. Lo odia por quitarle el puesto en la corte, porque nunca llegará a componer obras tan extraordinarias, y, al mismo tiempo, no puede sino maravillarse extasiado ante la grandiosidad que tiene ante sus ojos; siendo él además, uno de los pocos con los conocimientos necesarios para apreciar realmente la perfección técnica con que se crea cada obra. Pero no sólo tenemos el retrato de Salieri, también se nos muestra con profusión la personalidad de Mozart, tan talentoso como imbécil, de Constance, esposa de Mozart, que soporta todas las excentricidades habidas y por haber, manteniendo al compositor en condiciones de seguir trabajando (o con vida), o del propio emperador, un niño grande caprichoso que goza ante su nuevo juguete.



Todo esto no se sostendría sino es por el espléndido trabajo de todo el elenco actoral. F. Murray Abraham se hartó de cosechar premios con su trastornado, envidioso y extasiado Antonio Salieri, Tom Hulce se luce en un dificilísimo trabajo con el excéntrico y atormentado Mozart, sin que por ello Elizabeth Berridge o Jeffrey Jones se queden muy atrás. Lo dicho, magníficos todos.

Y es que en esta película todo está bien. Pantagruélica en su ejecución, grandilocuente hasta decir basta, pero con un continuo de escenas deslumbrantes que sólo se pueden gozar y gozar. Milos Forman es un director que disfruta llevando estos proyectos transatlánticos, que sabe sacar lo mejor de sus actores y, además, hila historias como pocos. Quizás el mayor pero que se le puede hacer al film es que sus tres horas pueden acabar cansando, pero joé, es una pasada. También puede pasar que Mozart te la traiga al pairo, pero entonces no sé qué haces con tu vida (jé).

La calidad demostrada se tradujo en un chillón de nominaciones a los Oscars en una de las ediciones más cantadas que se recuerdan, llevándose 8 Oscars entre ellas: Mejor película, dirección, actor (F. Murray Abraham), guión adaptado, diseño de producción, vestuario, maquillaje y sonido; siendo nominada además a montaje, fotografía y actor principal por segunda vez (Tom Hulce). Casi nada.

Otro pero que se le suele poner, ahora que me acuerdo, es que la película no es realmente biográfica. Exagera una rivalidad que no fue tan visceral, cambia canciones de sitio y lleva a un desenlace algo diferente del real, pero con este resultado, ¿qué más da?

En conclusión, todo es fabuloso en esta ficticia historia de tremenda verosimilitud histórica. Sus escenarios, las actuaciones y su dirección son tan divinos como su música. Puro placer.

 

Nota: 9

Nota filmaffinity: 7.7

MEDIOCRES DEL MUNDO, YO OS ABSUELVO


miércoles, 23 de septiembre de 2020

Rocketman

Elton John nunca ha sido uno de mis músicos favoritos. Tampoco le he tenido un especial cariño ni he seguido con interés su carrera. Sin embargo, no pienso cuestionar en ningún momento su influencia dentro de la música ni la gran cantidad de sus canciones que han formado parte del acerbo cultural de un puñado de generaciones.

Cuando se anunció la llegada de Rocketman, yo ya imaginé que habrían aprovechado el tirón de Bohemian Rhapsody, así que me esperaba un Queen II. Uno de estos productos hechos a rebufo de un éxito, realizado a toda velocidad, copiando (casi siempre, mal) todos los tropos de aquello que imitan. En este caso, utilizando como excusa la vida del excéntrico Elton John.

Sin embargo, las semejanzas se quedan en el simple concepto de la película. Rocketman no se dedica a explicarte la gestación de sus grandes hits, sino que se lanza dentro del género musical bajo un esquema de biopic más al uso. Las coreografías y las canciones se utilizan (casi siempre sin respeto cronológico) como la manera de ilustrar los sentimientos del artista en los diversos momentos de su vida. A vuelta y vuelta de la trama, hayamos engarzadas inspiradas coreografías que no esconden los momentos más escabrosos de la vida del artista. Aunque no se despega ni por un segundo del esquema de infancia-lanzamiento al estrellato-caída-resurgimiento y catarsis final, los hechos presentados se acercan bastante más a la realidad que en la película de Freddy Mercury. Aquí las bajadas a la realidad –incluso entre tanta locura- se hacen patentes con mucha más verosimilitud, se sienten graves.

Esta enjundia se debe en parte a un Aaron Egerton del que no esperaba nada bueno, pero se saca de la manga una actuación espectacular en un papel que no tenía nada de fácil. Me sorprendió comprobar que no se había llevado ni una triste nominación a Mejor Actor en el año dominado por el Jocker de Joachim Phoenix. El resto del elenco no puede situarse a su altura, pero no fallan en absoluto, destacando especialmente Jaime Bell interpretando al mejor amigo del protagonista (Elton Bernie Taupin) y a Bryce Dallas Howard que da vida a la madre de Elton John (una arpía de primera).

Otro aspecto que ya hemos destacado pero quizás no hemos incidido es que la película tiene un argumento concreto. Avanza de un lugar a otro sin necesidad del factor cronológico como único motor de la historia. Así nos permite entender la idiosincrasia del personaje y todas las vicisitudes que trae consigo la escalada a los primeros éxitos. Refleja acertadamente la dualidad entre la persona y el artista, con una trama llena de ritmo que permite entender la evolución que sufre a lo largo de los años. Además, el apartado visual despide un estupendo saber hacer, en el que cada imagen en pantalla responde a un motivo, onírico a veces, histórico en otras. La puesta en escena es impecable, desternillante en algunos momentos, pero siempre brillante, especialmente cuando la lisergia campa a sus anchas.

No es sólo que la película sea más que competente (mucho más que Bohemian Rhapsody) sino que las canciones también molan (menos que Bohemian Rhapsody), me he encontrado con un buen montón de obras que me gustan que desconocía eran de Elton John. A ver si voy a tener que pegarle un repasillo como Dios manda…

El propio artista ha tomado parte activa en la creación de la película, como se puede notar en la composición de nuevas canciones especialmente dedicadas al film, que la Academia ha tenido a bien de premiar con el Oscar a Mejor Canción original.

Me reitero en lo que dije inicialmente, el musical sigue sin ser mi género y no suelo disfrutar de este tipo de productos, pero he salido mucho más satisfecho de lo que inicialmente hubiera esperado. Elton John es un artista que me interesa menos que Freddy Mercury, pero este musical-biopic me parece una película más disfrutable, especialmente para el no fan (ambas son perfectamente recomendables, no fastidiemos ^^). Un panegírico interesante sobre un artista único que te puede interesar más o menos, pero ya por el repaso de hits imperecederos ya vale la pena.

 

Nota: 8

Nota filmaffinity: 6.7 

miércoles, 30 de agosto de 2017

La la land - La ciudad de las estrellas

Desde sus recién estrenados treinta años, Damien Chazelle confirma que el éxito de su primer film, el brillante y remarcable Whiplash, era cualquier cosa menos fruto del azar. Tiene un talento desbocado ¡simplemente! En este caso se lanza con un proyecto más ambicioso, una aventura que eleva notablmentene su umbral de exigencia y confirma que el joven director no tiene miedo de nada: ni de hicar el diente a los mitos, ni de hacer temblar a sus productores (pues podemos imaginar que habrán invertido una buena cifra de ceros en este film). Al final: La la land, un título la mar de simple, como las priperas palabras de una canción ligera, un título que nos dice todo sin necesidad de traducción, dejando adivinar con cierta malicia las lueces y los fuegos artificiales de una experiencia en cinemascope y tecnicolor.

La la land es la comedia musical tal como la hubiéramos deseado soñar, es un étalon lanzado a cien kilómetros por hora sobre una pista de baile bajo las estrellas. Simplemente con ello, ya sería un ejercicio de estilo más que brillante, pero cuando el caballero que está a las riendas es un apasionado de la música, audaz y fogoso, se hace evidente que nos hayamos ante algo más que una película de género, es un compendio de todo el género de la Edad de Oro de Hollywood, transitado a galope tendido. La carrera es cautivante y el viaje digno de una ida  avuelta a la luna.

Es la historia de Mia y Sebastian… Ella es barista en una cafetería al pie de los estudios de Hollywood, mientras enlaza casting tras casting con la esperanza de obtener un gran papel. Él es pianista de Jazz, fan de Theloniys Monk, pero por el momento no tiene un duro y debe malvivir mientras espera cumplir su sueño: Abrir un restaurante donde el jazz tenga un papel preponderante y pueda deleitar a sus comensales con la música que adora. Entre ellos, tras la indiferencia inicial, saltan las chispas y luego ¡el resto es historia!

Abrazando con dedicación todos los clicés, jugando con las referencias más prestigiosas – Desde Cantando bajo la lluvia, a La alegría de vivir, pasando por Un americano en París, West Side Story o los melodramas descocados a lo Douglas Sirk, sin olvidar algunos guiños admirativos y afectuosos a los teatros de Broadway – La la land se las arregla para reinventar un poco todo. Los códigos, de los que se burla con ternura; las canciones, tradicionales pero desarrolladas con humor; los decorados, sublimes dentro de su aura de carton piedra que nunva debes tomarte en serio; y sus dos protagonistas, auténticos tópicos andantes (la joven camarera que quiere triunfar en Hollywood y el músico idealista y desmañado que aspira a heredar el arte de los más grandes) pero al mismo tiempo humanos. Incluso el argumento, muy clásico, sabe sorprender con una construcción singular (todo el desenlace es un bello hallazgo).

 Sus dos personajes intentan convertir en realidad lo imposible se quieren y se desean, se buscan y se encuentran, se agradecen y compadecen, se pelean y se reconcilian, se separan y se atormentan. Asimismo, Chazelle vuelve a insistir sobre los sacrificios a realizar para cumplir nuestros objetivos vitales. Mia y Sebastian aspiran a triunfar, pero se ven en la diatriba de tener que elegir entre la fama y el amor… y está muy claro qué prefiere el joven director. Esta insistencia sobre la magnitud del éxito y los sacrificios a realizar se  ejemplifica en el mágico desenlace en que ambos protagonistas se ven atacados por la nostalgia más peligrosa (la de lo que nunca fue…) y se dedican una sonrisa que te hace enamorar y sufrir al mismo tiempo.  Dos película de Chazelle, y dos finales que se te clavan en el alma.


Y ELLA. Emma Stone es pura dinamita y ligereza, es genialidad travestida de una naturalidad insultante. Hace parecer sencillo y sincero el artificio del musical. Desborda belleza y seducción mientras sufre y goza como la más real de las personas. Oscar merecidísimo  para una actuación que grita talento por los cuatro costados. Y ÉL. Ryan Gosling es el mayor lunar de la película. En ningún momento dudaré de su implicación o su entrega con el papel. Está claro que lo da todo. Sin embargo, ya sea por no ser capaz de dar más que una notable corrección entre tanto virtuosismo, el propio hecho de no ser cantante o bailarín, o la manía que le tiene la gente, sin hacerlo mal, no acaba de llenar tanto la pantalla como debería. Me sorprendió su nominación a los Oscar en la categoría, probablemente contagiado por la genialidad del proyecto.

Y LOS ÁNGELES. La ciudad de los sueños, el tercer personaje de la película. Cada plano, cada secuencia, es una declaración en público de la devoción por la ciudad de Los Ángeles. El propio título de la película ya nos da una pista de este poema hecho celuloide en honor a este lugar. Todo gira en torno a este ente poderoso que se convierte en el gran protagonista durante cada minuto del metraje. La fotografía cambia de estilo a cada escena, dependiendo de la ubicación o del momento, pero siempre retratando la ciudad con una belleza fascinante, con esa materia de la que están hechos los sueños (seguro que no es tan bonita en verdad).

A pesar de su exultante belleza, La la land es una película que parece causar cierta controversia en el público. Muchos dicen que está sobrevalorada. Sin embargo, a mi alrededor diría que está completamente subvalorada. Me explico. En un primer momento, muchos espectadores se dejaron llevar por el entusiasmo y la pusieron por las nubes. Su calidad es innegable, pero eso provocó un aumento de las expectativas, especialmente de aquellos que no quieren dejarse maravillar. ¿Resultado? Un montón de gente (la más ruidosa a mi alrededor) poniéndola a caer de un burro. Cuando de mala no tiene nada. Pocas películas son capaces de llenarte de tanto buen rollito mientras te destroza por dentro.

Se trata de algo más que un homenaje, se trata de una afirmación de principios. La la land es un torrente de alegre ligereza lleno de belleza, color y ritmo que te toma por la cintura y te manda a bailar sin parar durante dos horas. Qué película más bien hecha. Eso sin duda. Puede gustar más o menos, puedes entrar en el juego o tu mochila puede mandar a tomarte viento. Te puede caer mal Ryan Gosling, pero vaya si está bien hecha. Un musical como hacía tiempo que no veía.

Nota:
8
Nota filmaffinity: 7.6

No voy a entrar del choteo de los Oscars y el esperpento que fue la entrega de premios, que eso ya lo sabe todo el mundo…

lunes, 8 de agosto de 2016

Una cara con ángel



Además de todas sus películas donde es una reina del carisma, la belleza y la actuación, Audrey Hepburn tiene este extraño musical en el que interpreta a una tímida librera que, sin comerlo ni beberlo, se ve lanzada al estrellato de la moda y al altar en menos de un fin de semana. Todo ello aderezado con un buen puñado de bailes y canciones característicos de la era dorada de Hollywood.


La verdad es que esperaba una comedia romántica más simple y no un musical. Simplemente, no estaba preparado para ello. Lo primero que entra por los ojos es su cuidado apartado visual, tanto la escenografía como el vestuario son realmente impresionantes (ventajas de tener a Givency en los diseños, que siempre añade un poco de clase). Ver como una reunión de trabajo en una agencia de modas se trasforma en una canción y un baile desnortado no tiene precio. Además, es de destacar lo bien que le queda cada trajecito a la musa de las musas. 

Cuando la acción se traslada París, la película se trasforma en una postal en movimiento. Cada escena y cada verso de cada canción constituye una invitación para que te pases por Paris este verano (su Montmartre, su Sena, Su Louvre, sus Campos Elíseos… Eso sí, hace gracia ver como caminan unos cuantos kilómetros en cada cambio de plano ^^). La verdad es que puede que no te guste la historia o no soportes la canción que toca en este momento (el solo de Fred Astaire es un peñazo), pero el esfuerzo que hay en la puesta en escena hace que casi perdones que no hay caramelo tras el envoltorio.

Y es que es verdad, la historia es casi nula: chica tímida, inteligente y feucha (como si la Hepburn pudiera estar fea, por favor), que se ve arrojada al mundo de la fama y la moda (que detesta), para encontrar allí el amor y una profesión de futuro, renegando de sus ínfulas intelectuales (porque de eso no se vive, y de ser guapa sí, y recuerda que los filósofos sólo quieren llevarte a la cama, mientras que los fotógrafos de modelos aman tu belleza interior). A eso le debemos sumar que los personajes son encarnaciones de pura veleidad, con cambios de carácter casi instantáneos para gloria de la canción de turno o de lo que proceda en cada momento, sin molestarse en buscar un mínimo de coherencia. El hecho de que la película destile conservadurismo por los cuatro cosatados tampoco ayuda, claro.

Lo que salva a la película es el extraordinario carisma de los dos protagonistas, unos auténticos monstruos que se comen la pantalla cada vez que aparecen, amén de la extraordinaria química que generan entre ambos, que casi te obliga a ver la película con una sonrisita de lo más tonta. No obstante, aunque la clase de Fred Astaire y Audrey Hepburn da para mucho, la película dura unos excesivos 130 minutos sin que el guión ni el exceso de canciones lo justifiquen. Estoy seguro de que se podría haber recortado alguna cancioncilla o unos minutos de diálogos sin sentido.

Realmente es difícil llegar a unas conclusiones porque la irregularidad de esta película es muy patente. Contar con un modista notable como Givency, una modelo de alta costura como Audrey (la mejor de las mejores) y una fotografía de París tan estupendamente aprovechada da para mucho. Los bailes y las coreografías son de antología, a pesar de que no haya ningún tema icónico con el que pasar a la historia. Pero luego la historia es mala, los personajes no tienen sentido y el ritmo es de lo más cansino. Si eres una persona que gusta de ver musicales probablemente vas a disfrutar. Si no, su excesiva duración y su poco sentido provocarán que se te haga pesado, a pesar de la (mucha) gracia que tienen sus protagonistas.

Nota: 4
Nota filmaffinity: 6.9

La gran factura técnica se tradujo en unas merecidas nominaciones a mejor fotografía, dirección artística y vestuario… además de a mejor guión original (no entiendo los motivos).