lunes, 20 de noviembre de 2017

Kong - La isla calavera

Reconozco que cuando fui al cine a ver esta película, lo hice un poco obligado por las circunstancias. Entre que iba después de unan película de Godzilla que no había visto, pretendía ubicarse en un universo compartido de monstruos gigantes y Kong nunca es que me haya hecho mucho tilín, pues bueno, pensaba pasar. Pero bueno, las cosas pasan y acabé entrando al cine a ver este engendrín tan simpático.

Y al final, no se puede decir que me ha aburrido ni un poco. Kong – La isla calavera nos mete, un poco porque sí, al final de la guerra de Vietnam. Cuando las tropas no sueñan más que con volver a casa, una unidad es desviada a una remota isla del Índico para escoltar una “operación geológica”, excusa que utiliza el gobierno para ocultar una expedición para encontrar y capturar a King Kong, un simio gigante de 80-100m de alto que allí habita. Como no puede ser de otra manera, la isla esconde mil peligros y el Rey Mono no pondrá su captura nada fácil.


No sé si decir que es lo más cuestionable o lo más destacable, pero el guión es un auténtico despropósito desde el minuto uno. A diferencia de otras propuestas recientes (miremos por ejemplo la recién reseñada Robin Hood), esto no es un problema tan grande, puesto que Kong abraza el pulp más salvaje con todas las ganas posibles, dejando claro que no tiene ninguna intención de tomarse en serio a sí misma.

Esta es la mayor diferencia de los dos planteamientos. Kong invita con toda su alma a apagar el cerebro, ignorar la monodimensionalidad de los personajes principales, la extraña causalidad de los entuertos que ocurren aquí y allá (la de cosas que ocurren “porque sí”, jué) o la extraña presencia de unos personajes secundarios que parecen no hacer otra cosa que entorpecer a los protagonistas, correr de aquí para allá, enamorarse aleatoriamente y morir sin apenas más que tres palabras de diálogo. Kong es un festival de acción y fuegos artificiales sin más excusa que la caza de la bestia.


Pero bueno, vaya pedazo de festival. El director Jordan Vogt-Roberts goza de su primer presupuesto abultado, pero lo afronta consciente de la total falta de enjundia del guión que tiene entre manos. Con la excusa de buscar a la bestia peluda gigante, se toma muy en serio el ofrecer una bestial (je je) orgía de destrucción y cabezas cortadas la mar de rebonica.

PIM PUM BANG AAARGHHH MUEREEEE NOOO CRUNCH ÑAM ÑAM

Esto es toda la película. Si Kong tuviera una barra de vida en la parte superior de la pantalla, podríamos decir que estamos dentro de un videojuego. Criaturas gigantescas, ostiones por doquier y muertes tremandamente imaginativas para unos humanos que van pasando a toda velocidad de una fase a otra. A pesar de que Kong varía un poco en tamaño según el momento, es el King Kong más majestuosamente desmesurado que recuerdo haber visto en el cine. En fin, un gran trabajo de CGi por parte de los creadores.

Con este panorama, el trabajo actoral oscila entre lo patético y lo lamentable, con cierto esfuerzo para ver quién es el que hace la chorrada más grande. De entre ellos es obvio destacar a Tom Hiddlestrom, que sigue aprovechando el tirón que da Loki para ganar pasta a mansalva con el mínimo esfuerzo (que me aspen si su personaje no es Nathan Drake) y también a un Samuel L. Jackson pasadísimo de vueltas como casi sólo él sabe, que estoy seguro se habrá divertido de lo lindo rodando la película.

Kong desprende el aroma de película de serie B al que tanto cariño tenemos. Sus escenarios, la gratuidad argumental y la dispersión de la cutrez son toda una invitación a admirar un placer culpable de esos que son tan malos que les coges cariño. Claro que luego ves el presupuesto de 185M$ y te prguntass qué ha ocurrido. No negaremos que hay que pagar a las estrellitas y hay mucho efecto especial resultón, pero bueno, con ese músculo económico detrás, ya podrían haberse currado algo más el resto de apartados técnicos. Tiende a ser una mala combinación pedir ser considerada de serie B cuando tienes pasta pide gran superproducción.

 
Preguntando por aquí y allá he recibido quejas sobre lo poco que se parece este Kong al clásico de los años treinta, echando a faltar la mítica escalada por el Empire State y el secuestro de la lluvia de turno. Estoy totalmente de acuerdo a que no se parece en nada, casi podríamos decir que recuerda más ser una versión super-vitaminada de la versión Nintendera (Donkey Kong): un animal noble pero brutal, simple pero imbuido de majestad y siempre dispuesto a comerse un buen calamar. A fin de cuentas, ¿no le habrían caído más ostias si el director se hubiera limitado a re-imaginar la película clásica? ¿Es que nadie se acuerda de la fallida revisión a cargo de Peter Jackson y las críticas que recibió?

Curiosamente, ni el despróposito del guión ni el alejamiento de la película clásica traen consigo el aburrimiento. El film sabe ser entretenido, ofreciendo un compendio de fuegos artificiales tan vacío como espectacular en el que cabe cualquier cosa, capaz de dejarte intrigado sobre cuál será la siguiente majadería. Por decirlo de alguna manera, en esta mejunje de King Kong viajando al centro de la Tierra a través de las minas del Rey Salomón con ayuda de Patlabor y Robinson Crusoe, a nadie le hubiera extrañado que apareciera Piolín devorando al gato Tom, o un marciano de Mars Attacks montándoselo con la Gremlin sexy.


La verdad es que la película cumple lo que promete: Monstruos gigantescos luchando sin descanso durante dos horas. En ese sentido hay que reconocer que la propuesta es bastante honesta y por eso se ha ganado 3 puntos.

Nota: 3
Nota filmaffinity: 5.8

sábado, 18 de noviembre de 2017

Años de una vida joven (Carmen García Fresca)

Lo primero que debo hacer es disculparme por poner la foto de un libro que no es, pero no encuentro ninguna imagen por interné y ya he liberado el mío, así que no puedo hacer otra cosa (muy mal por mi parte). El libro (el 17 de la cesta’13) es la segunda parte del que veis en la foto, para que os ubiquéis rápido.

Título: Años de una vida joven
Autor: Carmen García Fresca

Sólo una gota de sangre era un compendio de recuerdos de las aventuras y desventuras infantiles de Carmen García Fresca, funcionando como una entrañable autobiografía de la autora hasta su llegada a la adolescencia. En Años de una vida joven, encontramos su continuación, hilando argumentalmente la vida de Carmen desde sus 13-14 años y empieza a explorar el mundo con la temeridad que da la juventud hasta que ya ha forjado a su familia con unos veintipocos años.

En consonancia con la mayor madurez de la protagonista, se abandona el aroma nostálgico sobre las anécdotas de la infancia para adentrarnos en una novela de llegada a la madurez, siguiendo las vicisitudes de una joven que intenta encontrar su lugar en el mundo en una ciudad pequeña de los años 50: los sueños y aspiraciones que puede tener, las anécdotas que le ocurren a sus allegados, las luchas por independizarse y abandonar el nido paterno…

El libro como tal está mucho mejor hilado, siguiendo una progresión argumental concreta, sin estar constituido a base de saltos temporales aquí y allá. Por tanto, goza de un armazón más robusto con el que poder sumergirse en un mundo que ya no existe, pero que muchos recordamos de las anécdotas que contaban nuestros abuelos (aquí reconozco las andanzas de mi abuela de la otra rama de la familia, criada en una ciudad pequeña como la de la autora). Creo poder adivinar (a ver si acierto, jeje) que se escribió un buen tiempo después de la anterior entrega, y su autora tenía mucha más experiencia a la hora de componer un relato concreto. Un hilo conductor mucho mejor hilvanado permite leerlo con más facilidad y facilita pasar páginas sin ningún esfuerzo.  

A grandes rasgos, la experiencia me ha recordado a mi lectura de Entre visillos, pues ambos son relatos realizados con cariño (y un poquito de retranca) sobre una época que ya pasó, sin buscar idealizar unos tiempos que no volverán ni recrearse en los avatares de unos tiempos duros (que los eran). Se percibe la alegría de vivir, el ansia de descubrir un mundo en que (casi) cualquier cosa es posible y una sociedad que ha dejado de lamerse las heridas y ofrece, por primera vez, una oportunidad a todos.

La mentalidad de la protagonista recuerda en mucho a la de la cabeza de familia de Cuéntame, mostrando una cierta apertura de miras hacia la modernidad, sin por ello evitar sentirse influido por lo que es “tradicionalmente” decente y a que las cosas se hagan “como Dios manda”.


Carmen, muchas gracias por los buenos ratos que he tenido por tu libro. Gracias Ana (la rana) por proporcionarme el libro. Una propuesta entrañable que se nota escrita con cariño. ¿Alguien sabe si hay una tercera parte?

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Robin Hood

La primera noticia que tuve de la existencia de una nueva versión de Robin Hood (y por Ridley Scott además) fue en un viaje a Paris. El trayecto en autocar desde Beauvais hasta la ciudad estaba plagado de pancartas anunciando a “Robin de los bois”. Entre los coleguillas y que éramos bastante más jovencitos, nos pasamos todo el viaje haciendo chistes con los boys de Robin y sus gallardos caballeros. Luego tampoco es que me molestara mucho en ir a verla hasta que, bueno, le llegó su turno un puñado de años después.

Robin Hood ha dejado de ser el hijo de un noble caído en desgracia, sino el hijo de un picapedrero (¡) que destaca por sus capacidades militares, tanto por su habilidad en combate como liderando a los pobres ignorantes que deben morir en batalla. Al volver a Inglaterra con el cadáver de Ricardo Corazón de León (¡!), las circunstancias le obligarán a hacerse pasar por el marido de una Lady Marian de armas tomar (¡!!), posición que deberá aprovechar para desbaratar una conspiración de la corona francesa para destronar a Juan Sin Tierra (¡!!!).

A pesar de que se vende (lo pone en la portada de muchos carteles) como la historia real jamás contada, la película que nos va a desvelar todo lo que ignorábamos sobre Robin Hood y nunca nos atrevimos a preguntar, este Robin Hood no tiene NADA que ver con ninguna de las anteriores versiones fílmicas del mito ni, obviamente, con el relato original que da lugar al personaje. A decir verdad, lo único que reconocemos en el film es el nombre de los personajes, porque lo que Ridley Scott nos encasqueta no es otra cosa que la tercera película que ha hecho de Gladiator (la segunda es El reino de los cielos). La ha vuelto a rodar, ha cambiado tres cositas de ambientación y enga, p’alante.

Se convierte entonces en una propuesta previsible, que desprende un aroma a ya visto muy decepcionante. No diremos que es aburriada ni que está (muy) mal hecha, pero en conjunto no aporta nada novedoso ni interesante al manido género de los proyectos de blockbusters.

Sigue siendo un proyecto de Ridley Scott, por lo que el apartado técnico es impecable. Si hay algo que sabe hacer bien, es rodearse de grandes profesionales. Luego los coordina con acierto y de ahí sale una película que desprende solidez y buen hacer. A la que investigas un poco su manera de hacer películas, el guión final de la película se va improvisando casi sobre la marcha, con chorropotocientas reescrituras continuas en cada momento a partir de una vaga idea con la que ha conseguido la financiación. Esto provoca que a veces salga el pastiche que sale (Prometeus,  Exodus, El reino de los cielos). Otras veces, no se sabe muy bien porqué, el guión se redondea con gracia, complementa la buena puesta en escena (esto nunca falta) y tenemos un nuevo exitazo en ciernes (Blade Runner, Gladiator, Marte). Cada nueva película es una moneda lanzada al aire, de la que espero ver por qué cara ha caído. Como ya habréis podido deducir, Robin Hood entra en el saco de los pastiches.

El Deja vu que provoca la película es bestial. Rodada con el automático puesto, recuerda en todo momento cosas que ya hemos visto. Para empezar, Rusell Crowe, que repite el papel de Máximo Décimo Meridio que tan famoso le hizo. Se cambia un poco el traje pero ya, es el mismo personaje. Luego Cate Blanchett sigue siendo Galadriel, quizás un poco menos mística pero igual de sobrada y letal. Mark Strong es el malo maloso de mil secretos, como ha hecho siempre. Igual ocurre con el resto del elenco. Todos repiten el papel que saben hacer y, sin realizar un ejercicio de virtuosismo, cumplen con solvencia su papeleta.


Notable también es el esfuerzo en la fotografía y los escenarios, bien trabajados y construidos, con el esfuerzo artesanal que siempre le gusta al director, especialmente cuando goza de presupuestos abultados (200M$!). El esfuerzo del equipo de atrezzo es descomunal y, desde el punto de vista de la recreación, se nota que se ha puesto ganas por parecer verosímil (que no digo acertado, ojo ;)). La banda sonora, aunque reciclada de Gladiator, cumple con eficiencia, sabiendo poner el tono épico cuando toca. Por su parte, la mano de Scott se nota en la construcción de las escenas, especialmente las de acción, con la solidez y la enjundia que este director suele crear. Se ven bien hechas, con empaque. Lo dicho, un puñado de gente capaz que hace bien lo que sabe hacer.

El problema viene cuando te paras a mirar el guión, y es que… bueno… vaya sarta de disparates. Duele ver como en medio de un ambiente pretendidamente verosímil, en el que te has dejado los cuartos para que quede bien resultón, decidas tirar para adelante con un guión que manda a tomar viento la lógica a cada paso. Cada personaje tiene sub-trama propia, normalmente con poco sentido y que luego no se molesta en cerrar, se producen errores de continuidad, con Russell Crowe sabiendo cosas que “no puede” saber (entre otras cosas), se apela a la épica y a valores éticos MUY  modernos que no tienen sentido en el film y, encima, aparecen por ahí personajes secundarios puestos con calzador porque estaban en la historia original (Little John y su gran martillo, el monje borracho porque el monje borracho) a decir su frase y no volver a tener importancia en el resto del film. Si es que me disgusta que un despropósito de este calibre eche por tierra lo que venía siendo un trabajo muy sólido en el resto de aspectos de la película.

Insisto, acepto que se modernice el mito clásico. Incluso que se mande a tomar viento la historia original en virtud del remake y de presentar un nuevo punto de vista que explique “el origen nunca contado y tal y tal” (al fin y al cabo, this is Hollywood) pero si te gastas 200M$ de la Universal, por lo menos cúrrate un guión decente, ¡que apenas llegaste a cubrir gastos! Esta versión de la leyenda es una sucesión de hechos mal engarzados que no vienen de ninguna parte ni van a ninguna parte, careciendo por completo de emoción, solidez, pasión o sentido.

Por lo menos, se le debe reconocer que no llega a aburrir, pero bueno, uno siempre espera algo mejor de Ridley (suerte que luego se redimiría un poco con Marte que si no… ). Lo que podría haber sido una película decente fracasa por tener una historia cuyo desarrollo no tiene sentido y fallos de continuidad por doquier. Al final, acaba siendo un mejunje raro bastante mejorable, que decepciona todavía más sabiendo de quién viene.

Nota: 2
Nota filmaffinity: 6.1

martes, 10 de octubre de 2017

The reality disfunction (Peter F. Hamilton)

Casi un año después de la anterior, acometo otra novela del mastodóntico Peter F. Hamilton que me ha caído por Sant Jordi (ya es un fijo en esta fiesta xD). Así pues, ¡pico y pala y 1200 páginas nos esperan!

Título: The reality disfunction (No se ha traducido al castellano)
Autor: Peter F. Hamilton

“Es el año 2600, la humanidad ha progresado hasta su máximo potencia. Cientos de planetas han sido colonizados, convirtiéndose en hogar de multitud de culturas. La ingeniería genética ha empujado la evolución mucho más allá de sus límites naturales, derrotando a la enfermedad y produciendo extraordinarias criaturas espaciales. Enormes flotas de naves estelares biológicas florecen en las riquezas creadas por la industrialización de sistemas estelares. A lo largo del espacio de la Humanidad, el ejército de la Confederación mantiene la paz. Una Edad de oro está verdaderamente a nuestro alcance.
Esto es, evidenetmente, hasta que algo se va catastróficamente mal. En una colonia primitiva, un criminal renegado tiene la ocasio´n de encontrar una entidad alienígena desconocida, que desata nuestros miedos más primarios. Una raza extinta que pobló la galaxia hace eones la llamó “la disfunción de la realidad” y es la pesadilla que ha merodeado nuestro inconsciente desde el inicio de nuestra historia”.

La saga de la Commonwealth (y por extensión, todo lo de Peter F. Hamilton) es ciencia-ficción relativamente dura, con profusión de detalles y una cantidad de trasfondo tan abrumadora que puede llegar a saturar. Con The reality disfuction esperaba encontrar algo similar, pero en este caso me ha faltado un propósito o una dirección hacia la historia. El trebejo que se lía es descomunal sin que se acabede distinguir una finalidad obvia. Me explico, el mundo que se genera (que no es el mismo, por si acaso) está descrito con un esfuerzo descomulanérrimo. Cada sistema, cada planeta, cada forma de vida... Decir que Hamilton es concienzudo es quedarse bastante corto.  No hay nada que criticar en este sentido y es algo que me encanta. Sin embargo, fallan dos cosas importantes:

1) El Universo que se describe en esta saga se halla falto del sentido de la maravilla que he percibido en otras obras del autor. No es que sea feo, sucio y corrupto (que lo es), es que le falta el más mínimo punto de interés que me pida saber más cosas sobre él y que sí tenía el Universo de la Commonwealth o el del Vacío.

2) Muchas tramas no tienen interés. No entiendo el montón de páginas destinadas a explicar el funcionamiento de la colonia espacial (que no aporta nada que no hayamos visto mil veces en novelas de colonias, espaciales o no) o el chorrón de tiempo que se dedica a contarnos la vida del puñado de cazadores de recompensas secundarios (pero mucho mucho) que luego juegan un papel (muy) marginal dentro del marco general de la historia.



Por suerte, otras tramas tienen mucha más gracia (las conspiraciones dentro de Serenidad), la acción de los cazadores de recompensas a los que les queda poco de humano y, sobretodo, todo lo que atañe a los planetas vivientes, tanto su concepción como su interacción con el resto de seres vivos que los habitan. Me encanta el desarrollo de la conciencia en común a escala planetaria y la posibilidad del alma humana de seguir existiendo en paz acogida dentro del marasmo de conciencia cósmica.

Como ya ocurría antes, cada trama tiene a su puñado de personajes separados que, poco a poco van encontrándose aquí y allá. A muchos les falta algo de chicha, haciéndose sus páginas algo aburridillas en basatntes momentos.
El que está más pensado para molar de todo el pack es Joshua Calvert, una especie de Han Solo/Starlord superdopado sexualmente y todo un vividor follador más crápula que Condemor de la Pradera. Sin embargo, se las arregla para acertar lo suficiente con sus decisiones para acabar siendo el bueno del cotarro y –quién lo diría- todo un peaso de héroe. Me encanta como Hamilton convierte a un ser tan repugnante (y carismático, para qué vamos a negarlo) como éste en el salvador y mayor esperanza de la humanidad (para sorpresa de un puñado de personajes). En el fondo se lo coge cariño, tan imbécil que llega a ser.
Lo más parecido a su partenaire femenina es Ione Saldana, la líder absoluta del planeta Serenidad. A pesar de su vertiente viciosa y hedonista, es casi lo contrario a Joshua: honorable, leal y siempre dispuesta a echar una mano. Maneja su planeta con mano de hierro, tan amoral como implacable, manteniendo, no obstante, un curioso sentido de la justicia con el que  no puedes sino estar de acuerdo. Me encanta el contraste que se produce en ella cuando está “trabajando” y cuando no.

El principal malvado de la historia (es un decir, porque aquí no hay malos, solamente intereses) es Quinn Dexter. Este expresidiario con delirios de grandeza es un hábil manipulador que mueve todos los resortes a su alcance para convertirse en líder de un culto religioso en el que no cree, con la única intención de salir de la remota colonia en la que ha sido recluido. Cuando la situación se salga de madre en la colonia, será la cara visible de una rebelión que tiene de todo menos de bonito. Es el único personaje maligno sin más matices que ser maloso, ruin y pérfido, con secretos llenos de mala idea que dejan bastante mal cuerpo.

Al final del tomo, el grueso de tramas se toma un descanso y empieza otra en el planeta colonial a cargo
de Kevin Reza  y su equipo de mercenarios. Enviados en un primer momento a exterminar a los disidentes, pronto se darán cuenta de que las cosas no son tan simples. Como por estas cosas van en la nave de Joshua Calvert, están tocados por la fortuna desde el primer momento y se libran del primer embate. Desde entonces, veremos como este puñado de estoicos guerreros lucha por sobrevivir en un ambiente hostil, de lo más puñetero. Me encanta la mezcla de implacabilidad y honor que se presenta en Reza y sus hombres. Tan dispuestos a recibirte con una sonrisa de oreja a oreja como a desmembrarte a continuación (sin por ello perder la sonrisa, probablemente). Entre humor chusco y la testosterona noventera pero sin el sufrimiento típico de los personajes de la época, realmente consiguen llamar la atención y que sigas las últimas páginas con muchas ganas, especialmente con la inclusión de la periodista metomentodo Kelly Tirell, a la que deben proteger y que no puede evitar meterse en más líos de lo que sería conveniente para ella. Hace gracia como transcurre el proceso entre joven idealista que quiere salvar el universo a cínica desencantada que aspira a salvar el pellejo y poco más.

Hamilton no varía en su estilo, denso, profuso en detalles e increíblemente descriptivo. Por ello la acción transcurre con parsimonia, incluso cuando debe desatarse. Reconozco que me encanta sumergirme en el marasmo de vida que crea con sus libros, añade tal cantidad de datos que los convierte no en verosímiles, sino en casi reales. Hamilton realmente se esfuerza en que sus mundos sean incluso probables y es algo que le agradezco. No es que haga evolucionar a los humanos, sino que se inventa otras razas con sus propios sistemas evolutivos y trazas culturales completamente alejadas de la humanidad y ¡consigue que parezcan realistas! No obstante, puedo entender que muchos salgan disparados ante semejante tocharro sobredimensionado.

Entre conspiraciones, guerras intergalácticas, horrores venidos del terror incognoscible y otras maldades cósmicas, se halla siempre presente el tema de la muerte. Hamliton aprovecha a los diversos personajes para reflexionar sobre su (necesaria) inevitabilidad, el pavor a desaparecer y el miedo a lo desconocido que la misma genera. Incluso los edenistas – la propuesta que Hamilton se inventa para superar las religiones- que han inventado una consciencia común en la que seguir viviendo, apenas consiguen alargar la individualidad un par de siglos. La sociedad peude avanzar todo lo que quiera, pero hasta que puedas pasar de cuerpo en cuerpo (Commonwealth saga),  la muerte seguirá siempre presente. Obviamente entonces aparecerán otros problemas, claro…

Por si fuera poco, todo está atado y bien atado. Ningún detalle es fútil o está para rellenar. En un buen ejercicio de sacada de chorra y restregamiento facial, si Hamilton te explica algo, por estúpido que sea, es porque en un futuro tendrá importancia o viene a cuento de otra referencia que ha nombrado antes. Puede haber 3, 300 o 800 páginas de separación, pero si te cuenta algo sobre un personaje, para algo se usará, aunque sea simplemente para alardear de su talento para urdir tramas gratuitamente retorcidas. Claro que estar atento a todos los detalles es pesado, el ritmo varía entre la lentitud y la inmovilidad y además las tramas no acaban de ser precisamente interesantes. Un ejercicio de estilo brutal, no lo negaremos, pero bastante indigesto en su conjunto.

Otra cosa que me ha llamado la atención es que prácticamente todos los personajes femeninos con un mínimo de carácter son jóvenes, bellezones descomunales y tienen muchas ganas de marcha sexual. No es que sea algo que me moleste de per se, pues no son personajes creados exprofeso para calentar el ambiente, tienen carácter diferenciado, toman sus propias decisiones y son importantes para la trama, pero cuando ninguna fémina es capaz de pasar treinta páginas sin pasar la cama, como que se hace un poco pesado.

No puedo negar que se trata de un libro MUY bien pensado y MUY bien escrito. El entramado que el autor debe proyectar antes de rellenar los textos, la cantidad de fichas de personaje y de tramas entrelazadas que  hay indica que es un libro al alcance de muy pocos. Sin embargo, se me ha hecho muy pesado, apenas hay un par de tramas que capten mi interés y algunos giros parecen más pensados para presumir que por “necesidad” de la trama. Por su descomunal tamaño, por su densidad, por la complejidad de las tramas… No es un libro para devorar ni para intentar leer rápido. Si quieres leer este libro, ponte cómodo-porque baya tocharro-, calma y buenos alimentos y a descubrir qué mundo nos presenta

A falta de los dos libros siguientes de la saga (otros dos tochos de 1000 páginas que acabarán cayendo, más que nada porque el segundo ya está en mis manos), éste me ha costado bastante más que los de la Commonwealth. Ciencia-ficción densa y sesuda, que bien me suele gustar, pero que aquí no me ha acabado de llenar.

Nota: 5
Nota goodreads:4.13/5

jueves, 5 de octubre de 2017

En el mar de las perlas (Emilio Salgari)

Acometo una de las últimas obras que venían por defecto en mi e-book, otra cosita facilona de Emilio Salgari.

Título: En el mar de las perlas
Autor: Emilio Salgari
Título: Sul mare delle perle
“En el mar de las perlas, es otra gran aventura escrita por el maestro del género, Salgari. El rey de los pescadores de perlas, capitán del Bangalore, tiene una deuda con un maharajá. Pretende cobrarla con sangre, matando a toda su familia, excepto a una bella muchacha de la que se ha enamorado.”.

Bueno, básicamente, En el mar de las perlas es una de piratas estilo El corsario negro o Sandokan, pero ambientándolo sin muchas ganas en un ambiente exótico (para hacerla más molona, si eso). Si no fuera porque se nos recuerda continuamente que estamos al lado de Sri Lanka, podríamos pensar que Jack Sparrow podría salir en cualquier momento (bueno, él no se pasaría en un sitio con tan poco glamour xD). Cañonazos aquí y allá, unas luchas de espadas, una damisela que sólo sabe ser secuestrada, un par de correrías, unos buenos muy buenos y unos malos muy malos.

Se hace dificil hablar sobre los personajes porque la profundidad de los mismos es nula. Perfectamente intercambiables e indistinguibles en muchos momentos. Si no fuera porque se te dice quién habla, a veces cuesta diferenciarlos por contexto. Del mismo modo, la inverosimilitud tanto de la trama como de la acción es de bandera, sin un motivo para ello. En otros libros de Salgari (La perla del río Rojo, por ejemplo), esto se podía perdonar porque el libro acababa siendo divertido. Podía ser un folletín malo y vacío, pero por lo menos entretenía. Algo que aquí no encontramos en absoluto, pues ni siquiera sirve para pasar el rato. Una de tantas que escribía con el automático para cumplir los plazos de publicación, supongo.

Quizás lo mejor que se puede decir de la novela es que es cortita y se ventila en un pispas. En fin, lo más flojo de Salgari, que ya suele ser un autor que no pasa de tener entretenimientos facilones. Un servidor puede no ser exigente y sabe disfrutar de una hamburguesa, pero En el mar de las Perlas no pasa de mero canapé.


Nota: 1
Nota goodreads: 3.00/5

martes, 3 de octubre de 2017

Peter y el Dragón

Disney continua con su costumbre de actualizar sus clásicos a acción real (y yo sigo viéndolos xD). En este caso le toca con una de sus películas menores, una medio olvidada de los setenta que tampoco es que fuera gran cosa.

El pequeño Pete parte de aventuras con sus padres, pero un accidente de tráfico lo deja huérfano y perdido por un bosque de Portland. Allí encontrará al que será su protector y amigo durante largos años: un dragón verde, casi de peluche, llamado Elliot. Cuando Pete es encontrado, mucho tiempo después, por la guardabosques y su familia, todos creen que Elliot es un amigo imaginario que se inventó para no estar tan solo. Solamente la pequeña Natalie le cree, dispuesta a realizar el salto de fe necesario para traspasar la delgada línea en que convergen fantasía y realidad, donde aparece, al fín, la magia.

La mejor idea que ha tenido Disney al realizar esta adaptación es trasladar la acción a nuestros días. En vez de situar la relación entre Peter (Pedro) y el dragón invisible en una idílica Edad Media (en la película de 1977), que no daba tanto juego, se traslada al siglo XXI, donde se aprovecha para introducir por medio una subtrama sobre la destrucción del hábitat natural de los dragones forestales y los problemas que ello acarrea sin que parezca un pegote ni quede en mal lugar.

Por otro lado, además del hecho de que la película es un remake, tenemos entre manos una historia que Disney nos ha contado mil veces: unos niños que deben salvar a un animal de la crueldad de unos malos malosos que quieren ganar dinero sin importarles el medio ambiente y esas cositas. Sí, hay sus variaciones y esas cosas, pero nada nuevo bajo el sol. Sin embargo, el film se las arregla para ser distraído y entrañable, con un puñado de escenas que funcionan aceptablemente. No tiene nada que ofrecer dentro del género familiar ni pasará a la historia de ninguna de las maneras, pero no se hará pesada a los más pequeños de la casa ni hará sufrir demasiado a los pacientes padres que deban acometerla.

Como siempre, hay una cara conocida en los actores principales para dar un poco de lustre y solemnidad (en este caso un adusto Robert Redford, en un papel muy facilito y bienintencionad), rodeando a un elenco infantil que bastante hace con no ser repelente. El director –un novel David Lowery-  se las arregla para ser anodino y dirigir con funcionalida un guion anodino que no pide florituras innecesarias. Como nota positiva destacaríamos una ejemplar fotografía y una magnífica banda sonora salpicada de canciones folk, que vienen a sumar enteros a esta cinta de gran contenido sensorial y unos efectos especiales muy resultones inesperados en una propuesta relativamente “modesta” como ésta.



Debo destacar la voluntad de innovar, de aportar algo nuevo en la ejecución de un remake, siendo al mismo tiempo fiel al original. Sin embargo, la película de 1977 no pasaba de ser un entretenimiento familiar, y ahora sigue sin ser otra cosa que ello.

Nota: 3
Nota filmaffinity: 5.9

sábado, 30 de septiembre de 2017

Quisiera que alguien me esperara en algún lugar (Ana Gavalda)

Libro 57 de la Cesta'13 (de los que ya empiezo a tener un montón leidos) y Recomendado desde la CLO por Filoloca. Cuando llega a mis manos, me sorprendo por la pequeñez de esta cosita de libro, que estoy seguro de que me despisto y ya me lo he acabado.

Título: Quisiera que alguien me esperara en algún lugar
Autor: Ana Gavalda
Título original: J’aimerais que quelqu’un m’attende quelque part

Un comercial que pasa la vida en la carretera descubre por azar las insospechadas consecuencias de tomar un determinado desvío; una hermosa mujer se cita ilusionada con un desconocido y en pocos segundos le ve con otros ojos; un padre de familia se reencuentra con el amor de su vida; una veterinaria se enfrenta a dos hombres que la tratan como auténticos animales…

Los doce relatos de Quisiera que alguien me esperara en algún lugar ponen al descubierto emociones humanas esenciales que cobran su mayor intensidad en momentos cruciales”

Este librito es un pequeño compendio de relatos del día a día, protagonizados por personas que sudan, respiran e intentan vivir en el mundo real. A pesar de que tocan temas muy diferentes, casi todos orbitan en torno a la necesidad de amar y sentirse amados, la soledad y la necesidad (o falta de ella) de buscar a alguien con quien compartir la vida, oportunidades perdidas y reencontradas.

Las 8-10 páginas de cada uno de las historias están escritas con una naturalidad que permite leerlas en un suspiro. En un buen ejercicio de saber hacer, en un suspiro sabemos de dónde viene cada personaje. Es verdad que nos faltan datos, pero nuestra experiencia y la acertada prosa de Gavalda se bastan para que podamos rellenar todos los huecos (importantes) que necesitamos. Como suele ocurrir en estos compendios, los hay más adecuados para nuestra personalidad (con los que conectamos en cero coma) y otros que se nos hacen más lejanos (que acabamos en menos de diez minutos antes de llegar al siguiente). Además, tienen el tamaño exacto para dejarnos satisfechos e intuir qué ocurrirá posteriormente, sin esa desazón que dejan los relatos que piden una novela para ellos solos.

El argumento de los relatos es de lo más variado: Un joven que roba el Jaguar nuevo de su padre para una escapada inofensiva, pero que consigue un nuevo metalizado con la ayuda de.. un jabalí. En otro, un hombre que ha conseguido ligar con la mujer de sus sueños, pero no puede quitarse de la cabeza el sillón que se acaba de comprar en IKEA. Una mujer se reencuentra con los borrachos que la violaron años atrás. Un soldado que vuelve del frente y no sabe que encontrará o el que me ha emocionado más, el de dos ancianos que se han dicho todo lo que debían decirse, para los que se les ha acabado el amor pero que tampoco están con fuerzas para buscar una nueva relación y aguantan, amargados con lo que la vida les da.

Gavalda demuestra lo que es escribir con economía. Todos los relatos están contados en primera persona. Sin florituras ni metáforas gratuitas. Dar voz al personaje principal le aporta mucha enjundia, creando así pequeñas gemas que son al mismo tiempo conmovedoras e interesantes. Lo que consigue con tan pocas palabras es impresionante. Se guarda tiempo para las emociones, la provocación e incluso algunos resquicios de humor ácido con muy mala gaita. Reconozco que me quedo con ganas de conocer a esta autora más profundamente y, quizás, ver de qué es capaz si se le da más espacio (algún siglo igual me pongo a ello…)

Al final, una pequeña joyita que devorar en media tarde o a degustar disfrutando con calma de cada relatillo. Quizás el mayor problema es que no te das cuenta y el libro se ha acabado.

Nota: 7
Nota goodreads: 3.58




viernes, 22 de septiembre de 2017

Trainspotting T2

Como ya dije en la reseña de Trainspotting, la reseña de la segunda parte iba a llegar un día de estos. Parece que he tenido algo de suerte y con el tiempo puedo traer el T2 con relativa celeridad (ueeeeee!). Han pasado veinticinco años desde que Mark abandonara a sus compañeros y se llevara su dinero. ¿qué ha sido de la pandilla?



Pues básicamente, que se ha pulido toda la pasta y se ve obligado a volver a Edimburgo y pedir ayuda a sus antiguos compañeros. Éstos no están del todo contentos con su pasada traición y no le recibirán precisamente con los brazos abiertos, pero bueno, los coleguillas son los coleguillas y a veces se pueden perdonar deslices imperdonables.

Boyle ha sido muy inteligente al plantear el T2. El mundo ha cambiado. Ni tiene sentido hacer un remedo nostálgico de la cinta de 1996 ni los personajes soportarían una vida salvajemente nihilista a los 40-50 años de edad. Boyle es consciente de que ha pasado el tiempo y lo aprovecha para responder a todas las preguntas que quedaron en el aire, sin perder el ambiente de delirios y traiciones en que se movía este puñado de inadaptados. Quizás lo mejor de todo es que no se pierde el halo de amor con que se nos retrató a unos protagonistas que nos marcaron con su violencia, adicciones, macarrería y la desbortante palabrería de Renton.


Sin embargo, quedan atrás todas las ínfulas de denuncia social contra las drogas y la hipocresía de nuestras relaciones sociales. Aunque Mark tiene tiempo para soltar un par de monólogos inspirados (nos habríamos ofendido mucho sin ellos) que orbitan en torno a la trampa de la madurez y la nostalgia sobre los sueños pasados, la película es mucho más blandita. No se busca transgredir ni asombrar, pues Boyle coge a los personajes que ya conocemos y los lanza a una comedia de enredo sobre los bajos fondos. Más que parecer a la película de 1996, proparece como si tuviéramos una versión de Rocknrolla o de Snatch protagonizada por nuestros yonkis “favoritos” y ambientada en la Edimburgo más sórdida que pudiéramos imaginar (como ocurría con Trainspotting, la VO es casi obligatoria y una tortura debido a los acentos xD)

Quizás es que ya no somos tan inocentes como hace veinte años, pero T2 no es (ni busca ser) esa película generacional capaz de cambiarte de la vida. Es un paseo por la nostalgia de los tiempos pasados, de los días que se escurren entre los dedos y aquello que pudo ser y nuna fue. Del tiempo que pasa, que cura y que duele, que permite perdonar y que deja heridas tan abiertas que nunca cerrarán.  Aunque le falta un montón de mala leche, se guarda un par de momentazos marca de la casa que no pueden sino disfrutarse, como la reunión unionista o el cuelgue delante de la pantalla gigante, que nos recuerdan a otrás épocas mejores y más impactantes, cuando –quizás- lo que ocurría es que eramos más inocentes.

Uno de los detalles que más me agradan es que los personajes han evolucionado con lógica. El personaje que conocimos es reconocible, pero podemos trazar el camino que han seguido hasta llegar a dónde están y cómo han dejado de ser quienes eran –bueno Spud sigue siendo un perdedor…-De ellos, no puedo sino encariñarme (ejem) con Sick Boy, que guarda una extraña mezcla de lealtad e hijoputez la mar de curiosa. Me encanta cuando está tan confundido que no sabe si ayudar al que fue su amigo, dejarlo todo para vengarse y hundirlo en la mierda, o simplemente utilizarlo para dar rienda suelta a sus ambiciones de grandeza, dando bandazos entre una idea y otra y más que puteado por la incompatibilidad entre unas decisiones y otras (¡y siendo creíble además!).

El savior faire de Boyle está patente y encontramos una comedia bien redondita, construida con mimo y ganas de divertir al personal. Y bueno, nada más que eso. Un entretenimiento que juega (bien) con la nostalgia y entretiene durante dos horas. Salgo del cine con la sensación de que los actores han envejecido veinte años de manera desigual y preguntándome a mí mismo si yo lo habré hecho de una manera digna

Nota: 6
Nota filmaffinity: 6.4

jueves, 14 de septiembre de 2017

Manchester frente al mar

Más que frente al mar es desde el mar dónde hay que descubrir la pequeña villa costera de Manchester frente al mar, Massachusetts (EEUU), fácilmente situable en un mapa, al lado de la cosmopolita Boston. Desde el mar todo parece calmado y sereno: los barcos de pesca van y vienen, las casitas que jalonan la primera línea costera parecen dejar pasar los días con apacible sosiego, incluso las naves del puerto, de ladrillo rojo, son capaces de integrarse con elegancia en el paisaje. Desde el mar, Manchester frente al mar es una villa dónde puede dar gusto vivir, donde se nace y se muere sin el regusto de nunca haberla abandonado, sin tener la envidia o al antojo de viajar, dado que la vida es simple y agradable. Desde el mar, la vista de ensueño describe curvas y colores en perfecta armonía con los hombres… pero desde el mar, los hombres no los distingue uno apenas, siluetas frágiles en movimiento cuyos rostros no son visibles, cuyas grietas no se pueden vislumbrar, cuyas sonrisas y lágrimas no pueden verse.
  
Lee Chandler es uno de los que dejó Manchester frente al mar, el pueblo de su infancia, allá donde debería haber podido envejecer feliz. Ha dejado atrás a sus amigos, su familia, su hermano, su sobrinos..para instalarse en una metrópolis de la que comprendemos rápidamente que le aporta las dos cosas que no parece dejar de desear: anonimato y algo con qué ganarse la vida, aunque sea de chapuzas en una urbanización. Mientras que repara lavabos, vacía basuras, quita nieves, lija o repinta, Lee ocupa el tiempo para pensar en las razones que le llevaron a partir de Manchester. Podemos imaginar rápidamente, por su mirada perdida dentro del vacío de una profunda soledad, que Lee ha vivido un drama terrible. Un drama de los que uno no puede salir vivo. Podríamos decir que Lee es alguien que ya ha muerto, que simplemente está esperando la última parada, para el que ver salir el sol no significa más que otro día de penitencia.

Pero como la vida luego hace lo que le da la gana, Lee debe volver a Manchester, reencontrarse con lo que queda de su familia, reencontrar los chapoteos del agua en la quilla del barco de pesca de su hermano, reencontrar el aroma del mar y el sabor amargo de la felicidad desaparecida. Y también conocer a un joven que él dejó siendo niño: Patrick, su sobrino.

Manchester by the sea es una tragedia griega transmutada en un poema de Dylan, es un retrato de la gente trabajadora que vive al ritmo de las estaciones, de los nacimientos y los entierros, es también el retrato de una familia fragmentada por los dramas, y también de una comunidad humana simple y bienintencionada. Pero sobretodo es el conmovedor retrato de Lee, un más que admirable Casey Affleck (y su contrapartida, una extraordinaria Michelle Williams), un hombre que no tiene más remedio que seguir viviendo.

El film se construye a base de flashbacks que trazan con filigrana y delicadeza los capítulos más sombríos y luminosos de la vida de Lee, se trata de un film que recuerda a esas travesías por el litoral: bajo la serenidad y la aparente calma puede surgir, en cualquier momento, la tempestad que se lo lleva todo, tanto el techo de los hogares como la efímera felicidad del corazón de los hombres. El infierno en vida, debe ser, qué duda cabe, a la muerte de tus tres hijos pequeños por causa tuya, por fallo propio, por un error descomunal a la vez que pírrico, por un azar negro, tan monstruoso y abominable que es insoportable. Por no hablar de cosas menores, de alcoholismo, corazones rotos y otros sinsabores. Es decir, se pasa, se le va la mano. Tal aplastamiento y dolor se torna incompatible con determinadas vulgaridades o trivialidades. El dolor al descubrir lo que ocurrirá antes incluso de verlo. El remordimiento, el castigo, la pena y el duelo, ¿cómo asumir lo inasumible?

En sus dilatados 136 minutos (¿realmente eran necesarios tantos?) se logra un relato honesto, verosímil y certero. Apenas hay resquicio para el entretenimiento en Manchester frente al mar, aquí no hay santos ni heroínas, hay un uso (y abuso) impresionante del Adagio de Albinoni, un desglose de todas las posibilidades del dolor y una historia triste y desesperanzada. Resulta también, un film de visión obligada para los sibaritas del arte de la interpretación.

Quizás por la cordial familiaridad de la situación, pero acabé la película desolado, con el corazón encogido y la necesidad vital de salir a la calle y recibir un abrazo de la primera persona que me encontrara.  Hacía tiempo que un film no me dejaba tan desmontado. Por un lado, recomendaría a todo el mundo que la viera, por otro, recomendaría a todos que se alejaran de ella. Oye, que puede que no te guste sufrir gratuitamente en el cine. Que también puede ser. Aunque sea con algo tan bello como Manchester frente al mar.

Nota: 9
Nota filmaffinity: 7.2

Publicado previamente en Cinéfagos AQUI