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jueves, 19 de marzo de 2026

Argentina, 1985

Hoy nos detenemos en Argentina, 1985. La última película Argentina nominada al Oscar a la mejor película extranjera, premio que perdió ante la muy notable Sin novedad en el frente.

Argentina, 1985 nos sitúa en un momento importantísimo en la historia de Argentina: por primera vez, los miembros de una dictadura iban a ser juzgados por los crímenes cometidos, en un proceso público. Asistiremos a todo el proceso, desde el momento en que el Presidente decide liarse la manta a la cabeza y empezar este follón, el fiscal que debe buscar la mejor manera de proceder con lo que se le pide, la investigación criminal en sí y todo el juicio. Como se guardó constancia documental de (casi) todo lo que ocurre, se procede con una reconstrucción minuciosa de lo que aconteció.

Lo primero que debo decir es simple: que envidia. Al menos pudieron juzgar a sus dictadores y meterlos en la cárcel unos años, en vez de permitir que murieran de viejos en sus palacios.

 Dentro de la obra, nos situamos en unos años muy turbulentos en los que la sociedad argentina se divide entre los que defienden la actuación de los militares, los que quieren colgarlos con los pies en alto y los que lo único que quieren es que les dejen en paz con su vida sin meterse con nadie. Asistimos a una investigación minuciosa – una oportunidad entre un millón – repleta de amenazas de muerte, presiones políticas, miedo exacerbado y cierta sensación de que nadie sabe qué ocurrirá a continuación, lo que provoca que la tensión por el futuro del proceso vaya creciendo a medida que avanzan los minutos.

En el centro de todo el meollo: Ricardo Darín. Qué bueno que es este hombre. Cada vez que creo que el Bombita no me va a sorprender, se saca de la chistera un nuevo registro y me deja boquiabierto. Ahora ya como un hombre maduro, sobrepasado por las circunstancias y obligado a realizar una tarea imposible, pero al mismo tiempo con la resolución que da la seguridad de tener la razón y el miedo que trasluce al saber que sólo tiene una oportunidad para hacer justicia. Su papel es magnífico, ayudado por un guión muy bien urdido en el que se repasa todo el proceso. También se debe destacar el papel de Peter Lanzani, como el joven ayudante que empieza como un arribista y a medida que avanzan los minutos se va concienciando de el follón en que se ha metido y la necesidad de hacer lo correcto, pues en ello le va no su carrera sino su vida. Finalmente, me ha gustado mucho el pequeño pero resonante papel de Alejandra Flechner, como esposa sufriente que no puede hacer otra cosa que apoyar a su marido y rezar para que todo salga bien, de un modo y otro.

Puede que algunos giros y reacciones puedan parecer inverosímiles, especialmente durante el juicio y todos los follones que se montan a su alrededor, pero la película tiene la suerte de que hay registros documentales de casi todo el proceso, por lo que que, cosas que parecen increíbles, sucedieron así, pues consta en las grabaciones de su momento. Los giros y revelaciones están bien distribuidos para conseguir un gran manejo de la tensión. Con ello, y unos diálogos llenos de cargas de profundidad se las basta para montar dos horas que te agarran el pescuezo y no te dejan respirar hasta que escuchas el último “nunca más”.

Argentina 1985 te pega al asiento cosa mala. Conocer la resolución del juicio (a la que conozcas un poco de historia) no ayuda para evitar que te acongojes y pienses sobre cómo van a salir adelante sin que les baleen o les desaparezcan. Este thriller judicial – me encantan, no lo negaré – funciona como un tiro, y más sabiendo que se aleja MUY poco del registro histórico. Argentinos siendo argentinos de la mejor (y peor) manera.


Nota: 9

Nota filmaffinity: 7.1 

viernes, 10 de diciembre de 2021

Hulka: Ley y desorden (Charles Soule, Javier Pulido)

Y no mucho después de la última vez, se viene otra ronda de cómics, hoy vamos a hablar de la Hulka, a cargo de Charles Soule y Javier Pulido. Dos tometes la mar de divertidos con los que reírse un ratito.

Hulka nunca ha sido un personaje especialmente popular dentro de Marvel. Creada con la única excusa de tener una versión femenina del monstruo verde, se utilizó durante años como masa de músculos sin seso, sin la oportunidad de desarrollar apenas algún tipo de personalidad. Durante años, sus colecciones se publicaban a cuentagotas, apareciendo casi únicamente para que la editorial no perdiera los derechos sobre el personaje. Fue cuando llegó Dan Slott para redibujar todo lo que había sido Hulka durante años y crear a un personaje hecho y derecho, centrándose incluso en su faceta de abogada, cosa que compaginaba con el liderazgo de los Vengadores (sí, llegó a ser la jefa un tiempo). Consiguió que Hulka tuviera gracia, molara y diseñó lo que se hizo con ella en los siguientes veinte años.

La versión de Soule/Pulido se centra en su faceta de abogada, como si se convirtiera a Ally McBeal (¿Alguien se acuerda de la serie?) en una musculada mujer verde de más de dos metros de altura. A pesar de tener una duración similar, no desarrolla una historia larga concreta como sí hicieron El Soldado de Inverno o La última cacería de Kraven, sino que se dedica a ofrecer diferentes casos que ocupan un par de números sobre las andanzas de una súper-abogada que se dedica a lidiar en casos “muy especiales”. Tan pronto está dedicado a llevar una demanda de propiedad intelectual contra Tony Stark como se dedica a luchar contra matabots en un caso de inmigración muy particular.

Los autores tuvieron la ventaja de tener una gran libertad de acción con el personaje a lo largo de los dos tomos que duró su serie (Desorden en la sala y Ley y desorden) creando un puñado de historias frescas y amenas que se leen con facilidad. Además, Soule es abogado de formación, con lo que se esfuerza en introducir toda la terminología legal y respetar el funcionamiento real de un juzgado de los EEUU.

Tal como nos encontramos en Ace Attorney, los casos no tienen desperdicio. A los ya mencionados se añade la desaparición del Hombre Hormiga en un jardín, una demanda contra el Capitán América (con Matt Murdock como rival), y la colaboración de Shocker como soplón en un caso de herencias muy loco.

El guión goza de un continuo tropel de hallazgos brillantes que sorprenden a cada página, y no puedo sino destacar la clasificación que hace Shocker de los súpers y cuando conviente (o no) luchar contra ellos. Además, aplicar con rigidez la lógica de la abogacía (ejem) al mundo superheroico da lugar a momentos bastante lisérgicos, lo que complementa la apuesta decidida que se hace por la comedia, consiguiendo algunos gags descacharrantes.

El dibujo corre principalmente a cargo de Javier Pulido, con un estilo muy particular que no gustará a todo el mundo (pero que a mí me encanta). Funciona brillantemente para reforzar la ligereza de la propuesta, con unas portadas estupendas y unas páginas muy fáciles de seguir. Al final del primer tomo es sustituido durante unos números por parte de Ron Wimberly, cuyo resultado me gusta bastante menos. No sólo me parece un dibujo bastante más feo sino que también es inconsistente con el aspecto de los personajes de una página a otra. Por suerte no está mucho rato.

La crítica acogió con agrado esta vuelta de tuerca a la abogada soltera de Marvel, obteniendo cierta respetabilidad también por parte de los fans, que recuerdan esta etapa con bastante cariño. Las ventas fueran correctas, pero no espectaculares, por lo que se decidió cerrar esta etapa aunque todavía había bastantes cosas por contar. La poca atención que dedicó la editorial a la serie permitió a Soule jugar a hacer cositas diferentes (que se agradece mucho) pero justo por ello, no se le dio ni una trama larga ni una historia trascendente, convirtiendo el cómic en un puñado de casos entretenidos con los que sacar una sonrisita.

 En resumen, la etapa de Hulka de Charles Soule y Javier Pulido es una comedia de abogados con historias tontorronas muy divertidas y rápidas de leer. Deja en buen lugar al personaje con dos tomitos que se ventilan rápido y proporcionan un buen entretenimiento entre cositas más densas. Parece que la serie de Marvel que tendremos próximamente se basa justo en estas historias, con lo que podríamos tener unas buenas dosis de risas.

 

Nota: 7 

jueves, 13 de octubre de 2016

Senderos de Gloria



Como muchos sabréis, estos últimos años me he aficionado a escuchar radio enlatada en forma de Podcast. Hay algunos muy buenos. Por ejemplo, la Órbita de Endor, que me ha recordado y recomendado un buen puñado de películas y libros. En este caso, esta película no viene a colación de este podcast, sino del de Todopoderosos (otros que son muy buenos), que me han recordado cuánto me gusta Kubrick, al que hacía mucho que no veía.


La carrera de Kubrick no se circunscribe a un único género. En un prodigioso ejercicio de alarde, va saltando de género en género forjando una obra maestra en cada uno de ellos. Senderos de Gloria está situada en la IGM, encontramos batallas y despide un poderoso aroma antibelicista, pero no es el género de la guerra el que Kubrick toca en esta película – sino el de juicios. La batalla que presenciamos es brutal e impactante, pero el grueso de la película está dedicado a la preparación impecable de un juicio perdido de antemano, su celebración y sus terribles consecuencias. Kubrick demuestra una vez más que es capaz de meterse en un género desconocido para él, tocar todos sus resortes como el mejor de los maestros y dar una lección de cómo rodar antes de saltar a su siguiente proyecto. 

Nos situamos ya bien entrada la IGM. El frente ya se ha encerrado en la lucha de trincheras de la que no sabe salir. Con el objetivo de quedar bien ante los políticos, un general ordena un ataque hacia las líneas alemanas. Es consciente de que el asalto está condenado al fracaso, pero la política manda y debe parecer que se esfuerza por ganar. Como era de esperar, éste acaba en catástrofe, lo que pone en entredicho su capacidad como líder. Para escurrir el bulto, acusará a sus tropas de cobardía, sometiendo al regimiento a un terrible castigo para servir de ejemplo al resto del ejército.

En esta película, Kubrick vuelca sus frustraciones sobre el mundo: la imposibilidad para cumplir la ley cuando el culpable está dentro del tribunal y la corrupción de la cadena de mando que se produce en el ejército y en casi cualquier empresa.

La clásica imagen de que la mierda siempre cae hacia abajo y al final siempre deciden los mismos. Pone en la picota la imagen del jefe incompetente, tanto en la figura de un general que calcula el esfuerzo en forma de porcentaje de bajas como en la de un teniente que no duda en eliminar un soldado mucho más competente que él sólo para evitar quedar en evidencia. 

 Asimismo, también realiza una poderosa crítica a la forma de hacer una guerra desde la política y los salones alejados del frente (no olvidemos que la Guerra de Corea está bien candente). Los generales y los políticos viven bien en sus casas mientras que los soldados que van a morir sufren las consecuencias de la disciplina y la explotación en el frente. Cuando la guerra se dirige en base a decisiones políticas y los expertos son ignorados, cuando la obcecación y la ineptitud domina la cadena de mando… Los soldados mueren fútilmente. Para muestra, un botón, en boca de uno de los generales: “Si la orden era imposible (de cumplir), la única prueba que podían aportar eran sus cadáveres amontonados al fondo de la trinchera”

¡Ah! ¡Pero hay un resquicio para la justicia! Kirk Douglas es un prestigioso abogado que ha ascendido en la cadena de mando hasta el puesto de Mayor. Suficientemente alto como para tener influencia, pero no tan alto como para evitar luchar y sufrir al lado de sus hombres. El mejor actor de la saga Douglas se carga a hombros la película con una actuación imperial, de las que hacen historia. Dentro de tanta podredumbre, es el héroe íntegro que va a poner orden y limpiar la casa. Machoalfismo llevado al límite con todo el estilo imaginable. 

¿Cómo no te vas a emocionar al ver al coronel Dax plantándole cara a ese petulante de Mireau, paradigma del trepa lameculos que existe y existirá en cualquier trabajo del mundo? ¿Cómo no te va a llegar al fondo del alma ver a esos pobres desgraciados que progresivamente se ven compungidos cuando se dan cuenta que esa muchacha que canta será lo único bonito que verán en mucho tiempo, quien sabe si lo último? ¿Quién en su sano juicio no sentiría asco hacia la guerra y por la gente que la utiliza para su beneficio personal? ¿A quién no le parece que las trincheras sean el infierno en la tierra?

Kubrick consigue que salgas de la película con un cabreo de tres pares de narices. No es un trago de buen vino, sino un vinagre magistral que te indigna y te da ganas de patear al mundo que nos rodea. Ahí está la grandeza de la película. No sólo tiene un guión impecable ni apenas se le notan los 50 años que tiene (la construcción de escenas es impresionante, con travellings a lo largo de las trincheras o el campo de batalla que siguen cortando el aliento), no. Es una ficción tan trasladable a nuestra vida laboral que nos remueve por dentro de la peor manera. Justo lo que Kubrick quiere con el film. Que pocos son capaces de construir una base sólida a partir de sentimientos, realizando además una propuesta artística de este calibre. 

Da igual los años que pasen, Senderos de gloria es una maldita pasada atemporal. Kubrick coge a la realidad y te golpea con ella. Tienes que tener latón dentro del cuerpo para no quedar impactado por su dureza y honestidad. Simplemente, es una maldita pasada.

Nota: 10
Nota filmaffinity: 8.5

PD: Aunque ya la había visto, uno nunca acaba de creerse que vayan a fusilar a los soldados. Pero allí están, rogando por su vida, patéticos, desesperados, y sobre todo humanos. Joder, que uno de los condenados es transportado en camilla... no hay palabras para describirlo.

miércoles, 1 de julio de 2015

Los próximos tres días


Este era un día de esos extraños que no tenemos ganas de nada y acabamos poniendo una película a las 9 de la mañana. Sin planes, sin sueño y sin nada que debamos hacer. Estas cosas sólo se pueden hacer durante el fin de semana.


Pero vaya película uno ha escogido para desconectar, un poti-poti de géneros bastante inclasificable. Al principio, parece que se está formando un adecuado ejemplo de drama judicial en torno a una familia rota por un caso de falso culpable en que la madre se ve involucrada en el asesinato de su jefa. Sin embargo, pasados veinte minutos se acaban los juicios y el film se transforma en un drama carcelario mientras contemplamos tediosamente la destrucción del núcleo familiar, insistiendo machaconamente en la figura de un padre que no soporta que su mujer esté en prisión. Y cuando parece que la película no va a llevar a ningún lado, vuelve a girar y se lanza hacia una fuga de prisión narrada con muy buen pulso. Aún en su (innecesaria) complejidad, la influencia de Paul Haggis es palpable, aportando un trabajo académicamente impecable en el que se muestra que  es conocedor de todos los aspectos que debe reflejar un guión en cada uno de los registros, forzando a que la historia los siga mecánicamente, siguiendo punto por punto lo que dicta el manual sin la más mínima gracia.

Aquel que haya visto otras de sus películas conocerá que la cantidad de detalles innecesarios que jalonan el metraje para que todo quede absolutamente clarito es excesiva. Cumpliendo tan rígidamente el libro de texto del “guión perfecto”, el resultado es una primera hora farragosa y falta de ritmo, que no parece querer llegar a ningún sitio en concreto, permitiéndose incluso añadir un par de escenas totalemnte de cara a la galería, sin aportar nada más que trascendencia gratuita, de la que sobra –¿alguien me puede decir, si no, a qué viene la escena del Quijote?-.
Durante esta tediosa hora debes soportar tres cambios de registro, finalizando con toda la planificación de una fuga en la que se te insiste con ganas en dejarte mascaditas las motivaciones de todos los personajes para realizar lo que harán a continuación. Dejártelo todo muy clarito para que no tengas que pensar mucho. En cambio, cuando la fuga ya se lanza, la película coge brío y se transforma en lo que, quizás, quería ser desde un principio, un descenso vertiginoso a través de una arquitectura muy trabajada, donde todos los detalles (en esto no cambia, tan obvios que es imposible perderse alguno) cobran sentido hasta conseguir un desenlace muy logrado.

Es probable que tanta insistencia en dar fondo y motivación a todos los personajes se deba a lo inverosímiles que son. Has de hacer un gran esfuerzo para creértelos y entrar dentro de la onda del film, especialmente cuando la mayoría de los actores que les dan vida no parecen tomarse la película muy en serio. La única excepción está en el protagonista, con un Rusell Crowe que sí parece esforzarse al máximo para dar empaque a un personaje imposible con  el que es difícil empatizar y –casi- sólo nos cae bien cuando empieza la fuga y ahí ya no nos dejan pensar.
Pero es que antes de esa fuga llena de fuegos artificiales hemos conocido al detalle al abogado de la familia, al funcionario de prisiones, al nuevo ligue del protagonista, algunos alumnos… Realmente, ¿era necesario que los conociéramos y gastáramos minutos en ellos si luego van a desaparecer sin tener la más mínima importancia en la trama? El tedio puede echar a muchos espectadores, que además se sentirán estafados cuando vean que el torrente de información que les ha caído en la primera hora no tiene utilidad posteriormente.

Los próximos tres días halla su origen en la película francesa “Pour elle”, con la que comparte argumento. El film original no busca tanta carga emocional, quedándose como una propuesta de acción mucho más efectista. Al pasarla por el filtro Hollywoddiense, Haggis le añade muchas dosis de ínfulas, complejidad y minutos –innecesarios- de metraje. En sí, parece como si fuera una peli de serie B (de domingo tarde) sin mucha importancia y le han metido un chute de esteroides y una estrella para dar chicha y que parezca mejor de lo que es.

Que sí, la última hora mola mucho (oye, que sí), pero la primera hora es bastante soporífera, sólo salvada por su academicismo. Con un poco más de brío al inicio se salvaría, pero llegar a la parte interesante se convierte en una tarea demasiado pesada como para que poder considerar Los Próximos tres días como un buen thriller (aunque deje un buen sabor de boca al final).

Nota: 3
Nota filmaffinity: 6.5

lunes, 22 de junio de 2015

Culpa (Ferdinand Von Schirach)



Como cada bimestre, la CLO me “recomienda” un libro para leer. Por suerte para mí, los torturadores suelen ser clementes y eligen de mi “Cesta” lo mejor para ir avanzando. En este caso me han endosado el libro Nº56 de la misma, la continuación de Crímenes, un libro tan fresco como diferente.

Título: Culpa
Autor: Ferdinand von Schirach
Título original: Schuld

“Basada en casos reales, la primera obra literaria del jurista alemán Ferdinand von Schirach, Crímenes —publicada en castellano con este sello editorial—, fascinó y conmovió a los lectores por la honestidad y lucidez con que planteaba el espinoso tema de la búsqueda de la verdad en los procesos criminales. Además de obtener el prestigioso Premio Kleist y merecer un torrente de elogiosos comentarios de la crítica, el libro se convirtió en uno de los mayores éxitos de los últimos años en Alemania, ocupando durante casi un año las listas de los más vendidos. Ahora, en esta nueva obra, el autor ha volcado quince relatos espigados de los más de 700 casos en los que ha participado a lo largo de su carrera. Con una sensibilidad especial para incidir en los detalles reveladores y una prosa depurada y precisa, Von Schirach vuelve a presentarnos una colección de punzantes miniaturas sobre el insondable comportamiento humano. En unas, constatamos con angustia que quienes han perpetrado un crimen no son declarados culpables; en otras, que el sentimiento de culpa actúa con mayor celeridad que la ley; pero en todas ellas el lector hallará los destellos de una honda inteligencia moral y un sigiloso, pero devastador, sentido del humor.”

Y todo lo que funcionó en Crímenes lo encontramos en Culpa. Pequeños relatos basados en antiguos casos que duran apenas 10 páginas y se leen en un suspiro. Pequeñas píldoras de maldad, amor y pura humanidad. En ese sentido, no cambia nada. Schirach vuelve a ofrecernos más de lo mismo que tanto nos gustó. Seguir con la misma onda es lo mejor para contentar a los seguidores que disfrutaron con Crímenes. Sin embargo… Da la impresión de que el autor ya gastó los mejores casos en su primera parte. No sé si es que no tiene el efecto sorpresa que supuso la primera parte o es que aquí los casos son peores, pero Culpa es definitivamente inferior.

Es, por tanto, imposible evitar la comparación, como si fuera un mismo libro dividido en dos entregas independientes. No hay apenas diferencias más allá de la gracia que pueden tener unos casos u otros. No le vamos a negar que es un libro que se disfruta y se lee en un suspiro. Una tarde (como mucho dos) de placer no son fáciles de proporcionar, y Culpa las procura, pero para quién tenga en el recuerdo la agradabilísima impresión que deja Crimenes se sentirá algo decepcionado, a buen seguro que hay que dejar pasar más tiempo para diluir recuerdos y así poder disfrutarlo más.  

Sigue siendo diferente a cualquier otro libro de intriga y/o juicios que puedes encontrar, su capacidad para intrigar y fascinar es algo de lo que no tengo duda, pero no puedo evitar sentir que si tuviera que recomendar a alguien este libro, antes le diría que se leyera Crímenes, que es lo mismo pero mejor.

Nota: 7
Nota goodreads: 3.93/5