martes, 2 de julio de 2019

Regreso al futuro - La trilogía perfecta


Sí. La trilogía de Regreso al futuro es la trilogía perfecta. Ahora os explicaré porqué este vestigio eterno de una época en que las películas de aventuras se convertían en buen cine sin que se notara la actitud económica en vez de la artística del autor merece ese calificativo.

Normalmente, las trilogías (incluso las programadas y previstas como tal) se realizan en torno a una película de éxito, una secuela que intenta aprovechar el tirón y una tercera parte más autocomplaciente, con evidentes irregularidades entre unas películas y otras (El Padrino, Alien…). Regreso al futuro no tiene ese problema. Las tres películas gozan de una estructura bien aprovechada, aportan diversión a raudales y ninguna da la impresión de estar hecha por motivos digestivos, con una homogeneidad orgánica que las diferencia de casi cualquier otra saga. No hay más que ver los ránkings de los fans, pues se trata de la saga en la que “la película favorita de” está más repartida de todas, con una gran igualdad entre ellas.

Para que os hagáis una idea, sus creadores se han permitido rodar tres veces la misma película y no es que se la compremos, ¡es que nos encanta! Así de grande es Zemeckis y su proyecto. Además, tiene la suerte de que se paró en la trilogía, sin buscar alargar innecesariamente una saga que está estupendamente rematada como finaliza (Piratas del Caribe, Indiana Jones) que estropee el conjunto y te obligue a salir del Universo con mal sabor de boca (Terminator, Shrek). Señal quizás de otra época en que se respetaba al espectador y no se seguía sino se iba a presentar algo digno a los fans. Ni existe, ni parece que vaya a existir un proyecto adicional. Incluso la serie que se sacó a modo de spin-off se puede ver con agrado (perdón, es ésta).

A ver, es que ahora, treinta años después, ¿quién no conoce a Marty McFly y a Emmet Brown? Estos dos personajes se han convertido en unos iconos de este calibre gracias al carisma que desprenden. Doc es el científico chiflado que todos quisiéramos haber sido en algún momento de nuestra vida, todo entrañable excentricidad y Marty es un joven rebelde que no puede evitar meterse en líos. Michael J. Fox y Christopher Lloyd interpretan a estos dos míticos personajes. Su increíble naturalidad, la fabulosa química que destilan y la innegable caracterización de los personajes convierten está gran trilogía en auténticos clásicos del cine de aventuras.

Las tres entregas de Regreso al Futuro son pura diversión. Es evidente que no son las mejores películas del mundo mundial, pero pocas se han hecho con tanto cariño, tanto talento y tantas ganas de hacer las cosas bien. Por poner un ejemplo, el mimo con que se han preparado los detalles de la imaginería de la saga es sorprendente, pues casi todo lo que aparece en pantalla es referencia, de un modo u otro, a elementos “reconocibles” de otros momentos temporales del mismo lugar: todos los líos con el reloj de la plaza, el amor de los Tanner por el estiércol, o la cantidad de pinos de la urbanización.


A fin de cuentas, todas van de lo mismo. La máquina del Tiempo inventada (con estilo) por Doc E. Brown provoca que el alocado jovencito Marty McFly haga una excursión a otra época, con el consiguiente desbarajuste de realidades, paradojas, líneas alternativas y otras zarangadas bien molonas que quedan muy bien en una pizarra.

La primera entrega lanza a McFly a 1955, dónde se liga a su madre, poniendo en peligro su propia existencia. Así pues, nuestro héroe tendrá que conseguir que su padre reúna las fuerzas para pedir una cita a su madre, poner en su sitio a Tannen (el matón local) y mejorar el futuro de toda su familia. Mientras tanto, mil guiños para el espectador atento, como enseñar a Chuck Berry su “Johnny B Goode” desde el futuro o conocer a Reagan antes de ser presidente.

Por su parte, Regreso al futuro II propone un ejercicio similar. Después de una excursión al 2015 para evitar la desintegración de su familia, el Tannen del futuro consigue enviar un Tannen de 1955 un almanaque deportivo con todos los resultados de los siguientes 30 años, lo que provocará que éste se vuelva un potentado y provoque (casi) el apocalipsis de la humanidad. McFly deberá volver a 1955 para recuperar el almanaque sin entrar en contacto con su otro yo  que pulula por ahí ni romper todos los cambios que se hacen en la primera película (además de provocar unos cuantos ataques al Dr. Brown).

En la última de las películas, las circunstancias provocan que Doc acabe en 1885, pero parece ser feliz, por lo que McFly puede volver a casa a 1985. Sin embargo, Nada más regresar encontrará la lápida de su amigo, por lo que Marty deberá volver al pasado (a 1885) para salvar a Doc de un destino funesto sin por ello cambiar más que el nombre de un barranco y cosas por el estilo (aunque hagamos pasear un Delorean por el siglo XIX ^^. Este regreso a la fundación del pueblo cuenta, como no, con su propio Tannen y cientos de guiños a las anteriores películas, tal como si fuera una traslación trasnochada de la primera entrega a la época de los westerns fílmicos, de los que aprovecha para rendir un sentido homenaje.

No sólo es siguen esquemas muy parecidos sino que interaccionan continuamente entre ellas, jugando a cambiar (gracias a la traslación temporal) las consecuencias de lo ocurrido anteriormente, mientras se hacen mil referencias entre ellas que provocará indudable gozo a los fans más acérrimos a encontrar estos detallitos (la vida del Reloj de la ciudad, los pinos que vienen y van, el gusto por los bailes incómodos y mil cositas más…). Puro gozo y pura diversión para el disfrute del despetable.

En conjunto, suponen una fabulosa obra del cine juvenil, cuyo encanto no desaparece con el paso del tiempo. Divertidas, originales y tremendamente entretenidas, tienen el aditivo especial de ser un billete al pasado para aquellos que crecimos con ella, un regreso a la época en que no necésitabamos más que un helado y un monopatín volador para ser los niños más felices del universo. Tres películas que no se pueden sino disfrutar. Todas y cada una de ellas.


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