domingo, 19 de febrero de 2012

Novecento


No conocía este “monstruoso” monumento de Bertolucci. Más de 6 horas de duración para esta película, una gran crónica sobre el origen del comunismo y del fascismo en Italia y una suerte de complejo recorrido político y social por la Italia de los primeros cincuenta años del siglo XX.


La película empieza a principios de 1901, en los albores del siglo XX, coincidiendo con la muerte de Verdi (¿alegoría de muerte del arte y lo bello en el mundo?). El mismo día nacen dos niños: Alfredo, el hijo del patrón y Olmo, el hijo de un campesino sin tierra. A lo largo de los años, los dos niños se hacen amigos y, una vez adultos, consiguen que la amistad permanezca. Sin embargo, los diferentes estratos sociales de los que provienen les llevan a acercarse a ideologías distintas. Olmo es un ferviente comunista, mientras que Alfredo tolera las ideas fascistas aunque no acabe de estar de acuerdo con ellas. Los años pasan y tras la I Guerra Mundial, los fascismos triunfan. Son malos tiempos para los comunistas, pero la amistad de Alfredo y Olmo permanece a pesar de las adversidades.

Este monstruo de más de 300 minutos (versión íntegra) está dividido en dos partes bastante diferenciadas.

-       En la primera, Bertolucci nos hace una espectacular crónica del inicio de los dos movimientos políticos en Italia. Mientras los niños van creciendo, podemos contemplar la miseria de los campesinos, que poco a poco se van “despertando” y el miedo de los patronos a perder sus privilegios, lo que lleva a la financiación del fascismo, que nace como “anticomunismo”. Durante alrededor de dos horas y media, impresiona y sobrecoge. Aunque no conozco la crónica histórica a fondo, desprende verosimilitud por los cuatro costados. Vemos la miserable vida de los campesinos, que temen ser substituidos por las máquinas en contraste con la disoluta vida de los patronos, que permite entender porqué consideran a los campesinos seres inferiores merecedores de castigos y vejaciones.
-         En la segunda, vemos a los dos protagonistas convertidos en referentes dentro de su órbita social. Se nos muestra como todos los fascistas son unos “perros sedientos de sangre” que no piensan en otra cosa que en matar, destruir y oprimir. Personalizado en el depravado personaje de Attila, se nos demoniza a todo aquel que siquiera tolere que alguien así exista. Asimismo, los comunistas son todos grandes personas, solidarios, amables y divertidos. Hacen esfuerzos por volverse cultos, demostrando su superioridad hacia los “perros camisas negras” que sólo piensan en destruir. El fin de la II Guerra Mundial lleva a la derrota de los fascistas y, en un happy ending exageradamente edulcorado, a la victoria de los comunistas que provoca la llegada del paraíso, la bondad y la felicidad eterna de la humanidad.

ACTORES: En ésta película me he encontrado un par de sorpresas. Nunca había visto a un deNiro ni a un Depardieu tan jóvenes, apenas imberbes. Me sirve para entender también porqué al francés se le consideraba un sex-simbol en su momento (cuando yo siempre lo había visto como un gordo de nariz grande). Los dos demuestran su calidad y construyen a unos personajes muy sólidos pero con cierta tendencia a sobreactuar a lo largo de la película. Mucho más creíbles son los personajes de Burt Lancaster (padre de Alfredo) y de Donald Sutherland (Attila), que consiguen hacerse odiar en unos papeles especialmente repulsivos.

DIRECTOR: Este mamotetro era una invitación a hacer una película horriblemente aburrida e insoportable. Pero Bertolucci no es un cualquiera. En esta película consigue, con escenas perfectamente rodadas, tenernos seis horas delante de la pantalla sin que sintamos necesidad de irnos a hacer otra cosa. La primera parte es una muestra magistral de cómo hacer una crónica de una época, escena tan escena encontramos un realismo y una eficiencia inigualables y sirven como una perfecta crónica de los primeros 50 años del siglo XX en Italia. Son dos horas y media que sobrecogen y ayudan a entender de dónde salen unos y otros. Sin embargo, la segunda parte no funciona tan bien. No se puede olvidar que Bertolucci era ferviente comunista y, especialmente en esta parte, se desprende cierto mensaje: “Hay tres tipos de personas: La gente buena, que es comunista. La gente mala, que es fascista. Y los idiotas, que no son ni una cosa ni otra y merecen todo lo malo que les pase”. Esa demonización “gratuita” de los fascistas y de Attila, al que vemos cometer todo tipo de perversiones por pura maldad de una manera totalmente gratuita, sirve para provocar repulsión y que odiemos aún más a los fascistas. Mientras tanto, todos los comunistas son grandísimas personas que colaboran y no tienen malos pensamientos (menos con que no son comunistas, que se lo merecen). Durante su segunda parte y especialmente en su desenlace, toda la película se transforma en un panfleto pro-comunista bastante alejado de la realidad. Eso sí, magníficamente contado. El happy ending que Bertolucci nos propone se encuentra muy fuera de lugar respecto al inicio y el conjunto me chirría bastante, a pesar de la gran calidad que destila la película.

GUIÓN: En seis horas tienes tiempo para tomarte las cosas con calma y explicar lo que quieres decir sin precipitación. Bertolucci toma parte también en la elaboración del guión y hace bien su trabajo. Además de la historia principial, se desarrollan otras subtramas bien tejidas que ayudan a contruir el armazón en que se basa esta arriesgada propuesta. Si bien no todas las seis horas de la cinta son de atención máxima, en ningún momento llega a hacerse aburrida o repetitiva. En todo momento mantiene su interés mientras deja caer su mensaje. El primero es servir de crónica (magnífica) y el segundo, de recalcar la bondad del comunismo como forma política (que uno puede estar de acuerdo con ello o no, pero ¡qué bien está contado!).

Este monstruo tan inusual no es en absoluto para todo el público. No todos están dispuestos a soportar una película de seis horas con la atención adecuada y su panfletaria segunda parte puede ofender a más de uno, pero es una magnífica epopeya en la que se nos muestra maravillosamente la evolución que sufrió el campo con su progresiva mecanización, el hambre, las desigualdades sociales, la lucha de clases y las injusticias; con un trabajo actoral muy bueno, una dirección magistral y una buena banda sonora. Esto me hace bastante difícil de calificar y de ponerle una nota.

Si nos paramos a ver sólo la primera parte, la película es de 9. Es un fresco italiano de una época, precioso y realista. Si nos atenemos a la segunda parte, el carácter panfletario de la propuesta contrasta mucho con su reflexivo inicio y me costaría ponerle más de un 3 o un 4 (esa última hora de desenlace utópico me puede).

Nota filmaffinity: 8.3

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