sábado, 21 de febrero de 2026

El monstruo marino

Repasando las nominadas a animación de su año, aquí una que se me había pasado. Tal como sale los Mitchell contra las máquinas o K-pop cazadoras de demonios, en 2022 Netflix intentó ganar el premio gordo con El monstruo marino.

Como si de un Como entrenar a tu dragón se tratara, un grupo de marinos vive por y para la caza de monstruos, pero es derrotado por el monstruo legendario. Las circunstancias harán que el prometedor sucesor del capitán y una niña conozcan a un cachorro de monstruo marino, comprendiendo en el proceso que los monstruos no son malos y sólo hay que saber convivir con ellos. Esto me suena a visto, ¿no?

A pesar de las similitudes, El monstruo marino se sostiene como una estupenda película de aventuras para toda la familia con el corazón muy bien puesto en su sitio.

Dirigida por Chris Williams (Bolt, Big Hero 6), cambia a los vikingos por los Piratas del Caribe y los deriva para hacer una imaginería propia y reconocible, desde la que se podría haber sacado (muy) fácilmente una saga de películas y algún remake de acción real y todo. El argumento está trillado, pero el diseño de escenarios (la isla tropical, el palacio, los barcos… ) y de monstruos es novedoso, bien trabajado, con una página de originalidad que le sienta estupendamente a su visionado. La animación destaca por su fluidez, lo que ayuda a coreografiar las escenas de acción, que se aprecian trabajadas, esforzándose por evitar ser repetitivas. Maneja bien el sentido de la maravilla para que los pequeños puedan disfrutar de una aventura a lo grande y es suficientemente bonita para que un adulto aprecie un trabajo bien hecho.

El obvio problema es que es un sucedáneo de los Cazadores de Dragones, con lo que vemos venir todos los quiebros de guión y el desarrollo de todos los personajes. Esto no impide que se desarrolle correctamente, con todo situado en el punto adecuado para que funciona con efectividad. Un puñado de diálogos ingeniosos y un clímax bien encontrado complementan una película que quizás no aporte nada nuevo, pero de la que apenas se puede decir algo malo.

Es una propuesta de aventuras para todos los públicos que ofrece lo que se le requiere. Todo muy bien puesto en su sitio, con acrobacias, personajes carismáticos y un poco de corazoncito. Su trama peca de ser demasiado similar a otras películas del mismo pelaje, pero el mimo en el diseño y la animación compensan un poco este problema.

 

Nota: 6

Nota filmaffinity: 6.6


jueves, 19 de febrero de 2026

Inmortal Hulk

No hace tanto de la última vez, pero volvemos a tener por aquí al monstruo verde, más grande y bruto que nunca.

La premisa de partida es simple: hace poco que Bruce Banner ha sido asesinado. Está muerto y enterrado. Con él desaparecido, Hulk ya no existe. ¿o sí? Cuando nadie le espera, se producen una serie de avistamientos de la omnipotente bestia. Es entonces cuando empieza un juego de caza al hombre en que no queda muy claro quién persigue a quién y cómo se puede matar a Hulk para que el resto de la humanidad pueda descansar en paz.

Lo más original del planteamiento es la concepción de Hulk como si de un primordial lovecraftiano se tratara. Defendiendo la idea de que lo que está muerto no puede morir, e incluso la Muerte puede morir, lleva la historia a cotas de terror que yo nunca había visto en un cómic Marvel “normal”. Las páginas se pueblan de body horror más que impresionante y una sensación de ominosidad apabullante.

A diferencia de otros cómics que he traído últimamente, Inmortal Hulk es una serie regular. Es decir, es una etapa larga, con más de 45 números a sus espaldas y muchas historias que contar. Se ha recogido recienemente en 6 tocharros en el  formato Omnibus de Panini, por si alguien se atreve. Así, pasaremos de los primeros misterios en que debemos entender qué ocurre con Hulk y porqué “funciona raro”, para pasar a arcos argumentales que transitan por el infierno, el espacio y acercamientos a la ciencia-ficción donde se experimenta sobre el origen del mal y la venganza.

Ante todo, se debe recalcar que es una historia densa. Al Ewing añade gravitas a todos los personajes. Por un lado, profundiza en aspectos quizás poco transitados sobre Hulk: Un origen a su rabia incontrolable, la incapacidad de éste para vivir con el resto de súpers y las consecuencias que ello tiene para su mente, la necesidad de la existencia de Joe Fixit, la tragedia que alcanza a todo el que se acerca a su vida… Por el otro, se acuerda y trae a la palestra a un montón de secundarios de los cómics históricos de Hulk, incluyendo a muchos que están muy dentro del fondo del armario. Los saca a la luz, les da lustre y añade un porqué a su aparición y su relación con el protagonista. ¡Si incluso Samson se vuelve un personaje interesante!

Desde un primer momento se percibe que Al Ewing tiene un plan, que todas las páginas y los giros argumentales conducen hacia un lugar y nada ni nadie va a disuadir al autor de llegar a él. La trama de la serie está hilvanada con maestría, añadiendo madejas al argumento que datan de años y años de la historia del personaje, tejiendo así una maraña que, quizás se puede hacer algo densa, pero premiará al lector veterano mientras fascina al profano. Las revelaciones que van teniendo lugar y las interacciones entre las diferentes personalidades de Hulk hacen las delicias de los que gustan de diálogos bien construidos y pistolas de Chéjov resueltas con estilo. Todo ello resuena en Hulk de una manera tan ingeniosa como interesante. Banner es menos inteligente tras su muerte, es apenas un despojo lleno de terror. Ahora Hulk es quien está al mando, con una inteligencia repleta de rabia, consciente de su inmortalidad, y con una mala baba bien grande cada vez que le tocan las narices. Y todo esto mola un montón.

Por momentos la trama necesita cuchillo y tenedor para degustarla con calma, pero planea cuestiones sobre quién (y qué) es Hulk, llevándote con un ritmo asumbroso que te deja con las ganas de saber más (y además tiene unas peleas estupendas).

El trabajo de Joe Benett se mantiene durante todos los números, lo que le viene perfecto para ganar consistencia y generar una imaginería coherente a lo largo de la historia. A pesar de su historial como dibujante “convencional” de súpers, se desata con un estilo abrumador, asqueroso pero fascinante que no deja de sorprender. Se arroja con tantas ganas dentro del body horror que a veces cuesta seguir mirando la página pero esto lo combina con un nivel de detalle tan bestia – como es el caso de la visita al infierno o dentro de la puerta verde – que me deja boquiabieto. Si tienes un guion estupendo que explora la psique de los personajes y te arrastra a una trama enfermiza y ominosa, no hay como un dibujo repleto de malignidad y locura para elevarlo a los altares.

Cogí esta saga esperando una historia tonta pero molona estilo Planeta Hulk y me encuentro un mostrenco que habla (mucho y bien) sobre la BIDA, de aquellos que lees un capítulo y te deja reflexionando sobre la percepción que uno tiene sobre sí mismo, la que los demás tienen de ti, el peso del odio y la autocompasión en nuestros actos y la posibilidad (o la necesidad) de redención.

El interés que me ha generado. Lo cogí esperando una historia tonta pero molona estilo planeta Hulk y me encuentro que habla (mucho y bien) sobre la BIDA, de los que lees un capítulo y te quedas reflexionando sobre las cargas que uno arrastra y cómo influye en la percepción que tienen los demás de ti, todo ello rodeado de brutalidad y un escenario desagradable a la par que impactante. Quizás el Hulk Inmortal no pueda morir, pero eso no implica que el Más Allá sea un misterio para él.

Básicamente, de los mejores cómimcs de Súpers que he leído. No esperaba que una historia de Hulk fuera a llevarme a lugares tan impactantes como ésta. Quizás hay algún momento que no sé a qué viene (alguna referencia que desconozco), pero ¿TODO lo que viene antes? ¿Los lugares a dónde lleva? Épico, escalofriante… Hulk nunca ha sido tan monstruoso. Apenas tiene unos años, pero ya se ha convertido en una de las historias más reconocibles del personaje, y esto no es tarea fácil.

 

Nota: 10

Nota goodreads: 4.17/5 

domingo, 8 de febrero de 2026

La luz de Machu Picchu

Y por fin, después de tanto tiempo, cerramos la trilogía de los Incas.

Título: La luz de Machu Picchu

Autor: Antoine B. Daniel

Título original: The light of Machu Picchu

Traducción: Manuel Serrat Crespo

“En los primeros días de mayo de 1536, Gabriel, el joven conquistador español, entra en Cuzco. Sabe, por Anamaya, que la rebelión de los incas es inminente, lo que hace que su amor sea definitivamente imposible. Cuando llega a la ciudad, sometida a las crueldades de los hermanos Pizarro, su principal deseo es matar a Gonzalo Pizarro, ya que intentó violar a Anamaya. Pero, vencido, es desarmado y encarcelado inmediatamente. Al tercer día de su confinamiento le despiertan unos gritos. Cientos de miles de indios están reunidos en las cimas de las colinas que dominan Cuzco. Forman una especie de cerco humano que rodea la ciudad: los incas estaban decididos a recuperar su lugar sagrado. Y esta vez van armados, mientras que los españoles se creen aún en tierra conquistada. El enfrentamiento es apocalíptico, con Anamaya en un bando y Gabriel en el otro.”

La acción se sitúa un puñado de años después del anterior libro. El dominio de los Conquistadores sobre el país es total, el Imperio Inca está en sus últimos estertores y preparan su lucha final. Por el resto, los protagonistas han pasado un puñado de años separados, reuniéndose ahora en un desesperado intento por evitar una matanza.

El libro está dividido en tres partes.

Primero tenemos un buen espacio dedicado a la batalla de Cuzco. Los Incas lanzan una ofensiva desesperada con la intención de matar antes que conquistar o liberarse. La sensación de que ya está todo perdido es patente, transmitiendo una mezcla de tristeza y rabia ante lo que fue, lo que será y lo que ya nunca podrá ser. Hay páginas que se hacen duras, no tanto por la crudeza de lo que se narra (que también) sino por la desazón que provoca tanta destrucción y odio inmisericorde entre ambos bandos.

Luego, los protagonistas se reúnen en Machu Picchu, con lo que tenemos una bellísima descripción de la ciudad de las montañas y una mezcla entre recapitulación de la historia de amor de los protagonistas y el futuro de la misma en tiempos tan aciagos. Por motivos obvios, es la parte más fácil de leer, más amable para el alma y en la única en la que los personajes se permiten tener esperanzas por un futuro mejor.

Finalmente, tenemos el colapso definitivo de la sociedad. Desaparece la civilización y sólo queda la barbarie. Aquí se describen las mayores matanzas, los hechos más terribles y la constatación inevitable de un desenlace que ya veíamos venir desde dos libros atrás. Por otro lado, nuestros protagonistas se debaten entre sus dioses, sus lealtades y su amor. Se meten en tal cantidad de berenjenales que por momentos se hace difícil concebir cómo podrán salir de ésta o llegar tener un final feliz (que no diré si tienen o no).

Todo ello a lo largo de 350 páginas escritas con limpieza, en un estilo fácil, sin redundancias ni complicaciones con el que es fácil leer páginas y páginas sin esfuerzo. De una manera similar a lo que ocurría con su antecesor, el autor se esfuerza en respetar los grandes hechos de la historia, por ello, la trama se desenvuelve en función de los hechos reales, por lo que a veces se generan momentos anticlimáticos, con giros y desenlaces que en condiciones normales “no irían allí”. Obviamente, la problemática de conocer qué pasará lo puede volver menos interesante, pero su estilo ligero no convierte la lectura en pesada.

Los personajes principales son Gabriel y Anamaya, aquí ya convertidos en el paradigma de la tragedia romántica. Son dos dechados de virtudes, quizás los únicos que buscan la concordia y el entendimiento en todo el imperio, buscando continuamente la posibilidad (aunque remota) de calmar los ánimos. En anteriores libros tenían más desarrollo, ahora simplemente son los buenos. Como se cuenta la historia a través de ellos, el autor se ve obligado a buscar excusas para hacerlos pasear por medio país, cosa que a veces no se acaba de comprar.

El más destacado de los personajes incas es Manco, antaño general o líder de su pueblo, se ha hundido en la amargura ante la impotencia de saber que no puede defender a su gente. A medida que pasan las páginas vas viendo como se ve obligado a tragar sapos cada vez más grandes ante los abusos de los españoles. Evidentemente, esta bomba a punto de explotar la va a liar y va a ser muy gorda.

De entre los españoles, el protagonismo recae en Gonzalo Pizarro, hermano del Conquistador. Mientras Alonso avanza en la alta política y busca su lugar en la Historia, se va alejando de las tareas de gobernar un imperio. Así, la correa con la que controla los desmanes de su hermano se afloja todavía más, haciendo que Gonzalo de rienda suelta a su crueldad y su sed de sangre. Como ocurría con Gabriel y Anamaya, el autor se deja de sutilezas y deja claro que Gonzalo es malo, malísimo, el malo maloso de los malos malosos.

Y en medio de todos ellos, como el único que intenta, en vano, añadir algo de cordura, está Fray Bartolomé de las Casas. Desde un primer momento ha querido entender a los Incas, comprender su cultura y buscar la manera de enriquecer la sociedad a través de lo bueno de unos y otros. Por ello, es considerado traidor por ambos bandos, lo que hace fracasar sus intentos de apelar al Rey de España para que ponga algo de orden en este tremendo desatino. Es con quién se nota más la tragedia, pues se hace patente que no es TAN difícil llevarse bien, pero los odios están tan enconados y las ganas de los Conquistadores de aplastar cualquier amago de resistencia son tan grandes…

 Una cosa que me resulta curiosa es el esfuerzo que se realiza para mostrar – en ambos bandos – la dualidad extraña que se produce entre política y religión. Son dos poderes que empujan cada uno por su lado, con intereses diferentes y objetivos no precisamente coincidentes. Ahí me sorprende la reverencia y la influencia de Machu Picchu, pues no era consciente de su papel como Vaticano Inca. También me hace especial gracia que el texto acepta ambas religiones como “verdaderas”, mostrando como una y otra interaccionan en una lucha divina en la que prevalece el Dios cristiano ante un panteón que cada vez se aleja más de su pueblo.

El desenlace del libro hace una cabriola bastante extraña a la hora de mover a los personajes para que todos confluyan en una última confrontación final (que como es la final, es ultraviolenta, jé). Esta acrobacia innecesaria tiene toda la pinta de acabar con un tortazo contra el suelo, pero contra todo pronóstico, consigue salir del brete y dar un final ¿digno? a todo el pifostio.

En un pequeño aviso para los estómagos más sensibles, el libro no se corta a la hora de narrar hechos muy bestias. No se recrea en ellos, pero si te tiene que decir que se despeña a un puñado de niños por la ventana, se pone. Avisados estáis.

La luz de Machu Picchu se siente como un final en el que los hechos parecen inevitables y sus personajes no pueden más que ser testigos impotentes de lo que ha de ocurrir. Si bien es algo deprimente por momentos (la de cosas tristes o desasosegantes que se narran…), se lee agradablemente y sin complicaciones. Ah, y un interludio de 50 páginas de amoríos en pleno apocalipsis.

 

Nota: 5

Nota goodreads: 3.69/5 

sábado, 7 de febrero de 2026

Thanos Vence

Mira, los cómics no han tardado TANTO en volver a pasarse (y espero que esto siga así un poco).

El título de este cómic es el planteamiento de la historia. Nos sitúa a un Thanos que, en su segunda venida a la Tierra… venció. Eliminados los Vengadores, se convirtió en el ser más poderoso del Universo y nadie pudo pararle hasta la victoria total. Pero ojo, no se centra en explicarnos cómo ocurrió, no. Nos presenta a un Thanos viejo, que ha vivido demasiado y está ya a la vuelta de todo, esperando a que su amor, la Muerte, le venga a buscar de una manera definitiva. Sin embargo, la aparición de un guerrero ya olvidado, una última esperanza para la luz en la galaxia le recuerda que no quiere morir, todavía. Muy a su pesar, tendrá que pedir la ayuda de un invitado inesperado. Así, Thanos vence, ha vencido, vencerá. Las tres en el mismo momento en uno muy distinto. Todo a la vez, debiendo ocurrir en otro tiempo.

Esta miniserie de 6 capítulos es un cómic de VAMOS A FLIPARNOS. Donny Cates pergueña un guión gamberro y divertido que se presta a molar por todos lados y dejarse llevar con el rock&roll que despliega. Tenemos escenas de acción de primera, chispazos de humor muy bien encontrado y revelaciones bastante cachondas que seguro que nos sacarán una buena carcajada.

Al mismo tiempo, se las arregla para tratar la idiosincrasia de Thanos y reflexionar sobre el paso del tiempo, la depresión y los peligros de cumplir tus sueños. Este Thanos viejo está aburrido, vacío. ¿Qué hacer cuando no hay ningún desafío ya? ¿Cómo disfrutar de la matanza cuando se ha vuelto una rutina? ¿Qué emoción hay en la lucha contra las hormigas? Tiene a Hulk de mascota para vigilar el cercado, a Motorista Fantasma Cósmico de criado (estupendo girito cuando se revela su identidad) y ya nada le satisface. Ante la aparición del último enemigo, Thanos se nota ajado, la vejez le ha vuelto cobarde, por lo que tendrá que afrontar todos sus fantasmas antes del combate definitivo. La necesidad le obligará a tomar la peor de las decisiones y podrá comprobar hasta qué punto ya no es quién fue. Y luego el final obvio, con su amor (quién si no).

Un libro así pide unos dibujos con los que fliparse, y eso es lo que proporciona XX. Las proporciones de la epicidad son muy locas, con poco espacio para el sentido común, aprovechando muy bien cada viñeta, cada página, para añadir la pátina de complejidad que pide este universo. Aquí hay que molar y aquí se mola.

Hay cómics para pensar, cómics para descubrir el mundo y cómics para divertirse sin complejos. Thanos vence es un homenaje a la figura del titan violeta, con nula profundidad pero divertida. Puro Rock&Roll para desengrasar.

 

Nota: 7

Nota goodreads:  4.25/5