domingo, 28 de octubre de 2018

Your name


Your name nos llegó precedido de una reputación inusitada: Película fenómeno en Japón, con gran éxito de crítica y de publica, destronando de la tercera plaza de la taquilla histórica nacional a la inestimable Princesa Mononoke del maestro Miyazaki. Por primera vez, la película de animación más vista en el país del Sol Naciente no es ni de Takahata ni de Miyazaki, superados por esta propuesta realizada por el joven Makoto Shinka. ¿Y sabéis qué? Esta reputación no ha venido por casualidad, ¡es bien merecida! 

En el corazón de Your name, un cuento fantástico contemporáneo tan romántico como impresionante visualmente, hay dos personajes adolescentes que no tienen nada en común. Mitsuha es la primogénita del alcalde de un pueblecito de las montañas. Después de la muerte de su madre, vive con su abuela, mostrándose muy preocupada en mantener las tradiciones del lugar (fiestas ancestrales, fabricación de un sake “muy especial”, danzas rituales…). Mientras tanto, sueña más o menos en secreto, como muchos adolescentes de las regiones rurales, dejar atrás su tierra natal y disfrutar de los lujos de Tokyo. Justo en esta ciudad, a cientos de kilómetros, vive Take, un colegial de la gran urbe que se divide entre sus estudios, sus fiestas con los amigos, su pasión por el dibujo y su trabajo en una pizzería. 

Dos vidas paralelas que nunca deberían cruzarse… et voilà: Una noche, cada uno sueña, sin saberlo, la existencia del otro, se imagina dentro del cuerpo del otro, sorprendiéndose al despertar dentro de un cuerpo que le parece extraño. Cada uno de los dos adolescentes empezará a investigar si el ser que habita sus sueños existe realmente, más allá del tiempo y del espacio. Una búsqueda trepidante, llena  de giros, una carrera contra lo inevitable y contra una catástrofe anunciada de la que no hace falta decir nada más.

El encanto del film se basa en la riqueza de sus temáticas, exploradas con inteligencia: la cuestión budista del doble, o del alma gemela, existiendo en algún lugar del mundo, ignorando las fronteras de la identidad sexual (la de personajes manga que cambian de sexo o mantienen cierta turbidez de género). También se refleja la eterna oposición japonesa entre tradición y modernidad, entre una vida rural que respeta las costumbres a través de los siglos y la vida de Tokyo, donde el urbanita está condenado a respetar nuevos rituales dictados por la fuerza del éxito económico.

Pero todos estos temas no harían de esta película un fenómeno de este calibre si no se vieran reforzados por un esplendor estético, tanto por la descripción minuciosa de los paisajes urbanos y rurales (la región rural de Ginfu ha visto aumentar enormemente su actividad turística gracias a esta película), como por escenas de fantasía tan espectaculares como la lluvia de meteoritos. La calidad técnica, el juego de luces, el realismo de los paisajes urbanos o el preciosismo de los paisajes, las vistas de los cielos inmensos desde el suelo, sus nubes y las líneas que los cruzan, …


Por otro lado, el maravilloso envoltorio no evita que nos demos cuenta de que el tema central es el manido recurso de intercambios de cuerpo. Algunos aspectos de la trama no se explican y en otros se detiene bastante más de lo que debería, con el consiguiente problema de ritmo, además de que el final puede hacerse muy difícil de comprar para muchos estómagos, con el hilo rojo (nada sutil) que une a las almas afines. Sin embargo, sus momentos álgidos son tan rebonicos que no invitan a ponerse muy picajoso con estas cosas.

En este sentido, se trataría de una película demasiado irregular para llevarse un Oscar, pero me sorprende que no llegara siquiera a obtener una nominación.


A posteriori, puede parecer que la idea general está algo vista (y lo está, sin duda), pero el despliegue visual y la mezcolanza de ideas constituyen tal ejercicio de virtuosismo que hace de su visionado una experiencia interesante, de las que emocionan hasta la médula si te pillan con la disposición adecuada.

Nota: 8
Nota filmaffinity: 7.8

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