martes, 16 de diciembre de 2014

El velo pintado

El DPM de este mes nos ha sugerido una película bastante reciente que nos lleva a la China de los años 20 para vivir una historia de amor durante las revueltas que ocasionaron la independencia del país.

En una familia británica acomodada de la época las mujeres suelen acabar siendo simples muebles que vender o intercambiar mediante bodas. Esa es la suerte que le toca a Kitty, obligada a casarse con el apuesto científico Walter. Poco después se trasladan a Shanghai para que él pueda seguir allí su carrera científica. Aburrida en la ciudad y descuidada por su esposo, tendrá una aventura. Su resentido marido reaccionará desplazándose con su mujera una región remota de China. Quiere poder estudiar el desarrollo de una plaga de cólera y castigar a su traidora mujer al mismo tiempo.

Adaptada de un libro del mismo nombre desarrolla un drama clásico, de los que llamaríamos “de tacitas”, pero ambientado en un lugar más exótico. En todo momento, sus personajes se comportan de acuerdo con lo que la sociedad espera de ellos y no cómo desearían, como si hubiera un “velo pintado” a través del cual contemplan su vida sin importar realmente lo que sienten y ansían. Walter no reacciona con rabia, pues eso sería impropio. Sólo decide en silencio odiar a su mujer y tratarla como un mueble durante el resto de los años. Kitty por su parte, no odia a un hombre que la maltrata, sino que lo idolatra incondicionalmente, que es como se deben comportar las esposas. Es un efecto buscado y conseguido en el libro original y bien trasladado a la gran pantalla.

La película denota oficio y esfuerzo, al menos en el apartado técnico. La preciosista fotografía de las remotas montañas asiáticas está retratada con mimo, deslumbrando ayudada por una banda sonora muy cuidada y elegante que sin duda son lo mejor de la película. Académicamente la película es impecable, pues presenta un desarrollo coherente y ordenado, cumpliendo al pie de la letra con todas las normas que dictan cómo se debe hacer una película. Sigue el manual sobre cuándo debe hacerse cada giro dramático o desenrollarse el siguiente nudo de la trama. Incluso concluye con un final satisfactorio, que une por un lado la reconciliación y el perdón en su parte más humana y por el otro la moraleja que vemos en esa última gran instantánea de la flor.

Si bien es impecable técnicamente, el director no parece haber querido aportar nada suyo en ella. Da la impresión de ser una película de encargo, académicamente correcta y muy bien rematada, pero sin ningún tipo de alma. Está tan bien narrada, tan bien estructurada, mantiene tal rígido control del ritmo y tal inteligente uso de la cámara que por momentos parece encorsetada en su exactitud.

El guión busca algo difícil, ya que la historia quiere ser una historia de amor clásica alejada de las audiencias actuales, de las llamadas “más grandes que la vida”, cuyo trasfondo idílico se aleja de los ideales de nuestros días. Defiende que “la pareja se hace poco a poco”, obligándote a vivir muchas experiencias con él, buenas y malas, y enamorándote de él poco a poco. En un pueblo en permanente estado de emergencia, el torturado matrimonio se enfrenta a los horrores de la vida y se ven obligados a entenderse, buscando refugio en el otro para sobrellevar los miedos a los que se enfrentan. Él es un investigador devoto de su profesión que intenta una venganza terrible; ella es una frívola que evoluciona por puro aburrimiento...hasta llegar ambos a un gran amor. Algo inverosímil, pero mostrado con una corrección que consigue que, más o menos, nos lo creamos (aunque sea muy predecible durante el 90% de la película).

Se ve ayudado por un impecable trabajo de los tres actores principales (Norton, Watts y Schreiber) que despiden muy buena química y hacen un trabajo más que correcto. Curiosamente, Norton y Watts son los productores. Imagino que leyeron en libro, les gustó y decidieron pasarlo a la gran pantalla. Reunieron un poco de dinero, liaron a sus parejas y se pagaron un mes de vacaciones laborales en China para rodarla.

En resumen, un guión desarrollado siguiendo la trama principal del libro, un par de guiños efectistas para dar un poco de drama y un trabajo técnico impecable. Más allá de ello no hay muchas ganas de lucirse, simplemente encontramos un exotismo elegante, una historia bien llevada, buenas interpretaciones, ausencia de errores de bulto pero claramente falta de emoción y lastrada por la ausencia de momentos de intensidad. Los románticos apegados al drama a la antigua disfrutarán con ella. Eso si no le busquéis un gran ritmo ni giros molones, todo en El Velo pintado es sosegado y correcto.


Nota: 6
Nota filmaffinity: 6.9

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