domingo, 6 de noviembre de 2016

Le Havre



Con el lío que he tenido estos últimos tiempo, me he retrasado un poco con el DPM, que hace unos meses nos traía a colación esta película, del reputado director Aki Kaurismaki, al que nunca he prestado demasiada atención. Como siempre, muchas gracias a DonVito por su recomendación.
 
Le Havre atrae nuestra mirada hacia un limpiabotas que, como buen pícaro, malvive de sus trapicheos y otros menudeos. Antaño un escritor de éxito, rechazó los lujos de la riqueza para vivir cerca de la gente, disfrutando del contacto de aquellos a los que aprecia. Dos hechos sacudirán su plácida existencia. Por un lado, su mujer enferma de un cáncer incurable, por el otro, entra en contacto con un niño subsahariano que ha llegado de tapadillo a la ciudad y sueña con cruzar el canal y llegar a Londres, donde vive su madre. Completamente superado por la situación, tendrá que recurrir a cobrarse todos los favores que ha ido concediendo a lo largo de sus muchos años para salir adelante. Las pruebas que debe superar son durísimas, pero él quiere seguir siendo lo que ha sido siempre: una buena persona.

Viendo está película, está claro que Kaurismaki sabe cómo contar una historia. A pesar de la excentricidad de sus personajes, en dos segundos captamos cómo es cada uno de ellos y su papel en todo el embrollo. La trama se desarrolla tal como mandarían los manuales, siguiéndose con facilidad. Sin embargo, su rígida dirección choca con dos factores que se me han hecho muy difíciles. Primero, una total falta de ritmo, que invita al sueño y obliga a que nos forcemos a seguir viendo la película para no despistarse. Luego, un exagerado buenismo. No es que sea una película amable de las que sabes que acabará bien, no. Es más bien que todos los personajes son un dechado de virtudes que, a pesar de sus estrecheces, son capaces de sacrificar lo poco que tienen sin dudar por aquellos que tienen todavía menos. No hay vuelta de hoja ni dudas, ni problema, lo que convierte la película en irreal, como si fuera un cuento de hadas en el que no he podido entrar.

La excéntrica puesta en escena que Kaurismaki emplea para dar vida a la historia es otro elemento que dificulta un visionado con interés. Como parece ser habitual en él, obliga a que sus actores reduzcan al mínimo toda la comunicación no verbal, lo que se traduce en que los diálogos son la única fuente de información para el espectador. Los actores se ven obligados a estar con cara de palo en una disposición que refleja la obsesión del director por la armonía. Este gratuito abuso de la simetría prueba la capacidad de Kaurismaki tras las cámaras, pues no es nada fácil realizar continuamente ese tipo de encuadres. Pero ¡ay! tanto encorsetamiento no ayuda a vitalizar una película bastante rígida ya de por sí.


En la onda con la rigidez formal en pantalla, me sorprende el aspecto viejo y ajado de todos los elementos en pantalla. No hay ningún coche ni ningún mueble que parezca ser posterior a los años ochenta, a pesar de estar situada oficialmente en 2005. SI no fuera porque hay euros y se nombra la fecha, podría haber pensado que los hechos ocurrían en la Francia de Pompidou.

Dentro de la crítica internacional, Kaurismaki se ha labrado fama por sus maneras excéntricas y su valía dentro del cine social. En este caso, afronta el drama de la inmigración ilegal, personificando en el indefenso niño las epopeyas de tantos seres desesperados que se arriesgan a dejar todo lo que tienen por la promesa de una oportunidad en el mundo desarrollado. Demuestra su fe en la humanidad al dotar de una bondad extraordinaria a todos los habitantes del barrio portuario de la ciudad de Le Havre, quizás más como un deseo que como retrato de la realidad. Acercándose peligrosamente al realismo mágico, refleja el candor de aquellos que son capaces de ayudar a los que sufren a pesar de su precaria posición social.

Se trata de una película bien rodada y bien desarrollada, pero no hace el más mínimo esfuerzo por captar la atención del espectador, haciéndose aburrida con demasiada facilidad a la que no tengas un interés previo por el tema. Además, el exceso de candor y el aura de irrealidad que envuelve la puesta en escena le quita la poca emoción que pudiera tener. Como drama social tiene su valía, pero se hubiera agradecido un poco más de atención para aquellos que van a pasarse dos horas delante de la pantalla.

Nota: 3
 Nota filmaffinity: 6.9

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