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lunes, 19 de abril de 2021

Los dos Papas

No estoy seguro de porqué empecé a ver esta película. No es un tema que me interese ni había nada en ella que me atrajera pero mira, uno estaba aburrido delante de Netflix y le acabé dando al play.


Los dos papas nos cuenta los años de pontificado de estos dos últimos papas vivos. Empieza con la polémica elección de Benedicto XVI (Joseph Ratzinger) y Francisco I (Jorge Bergoglio). Se adentra en su psique y se nos muestran las dudas y ambiciones de ambos. La Iglesia se debate en crisis y ambos aportan puntos de vista diferentes –encontrados a veces- sobre su relación con la sociedad y el futuro que la organización debe tomar.

A primera vista, parece una película algo plomiza, especialmente cuando rápidamente se comprueba que es un panegírico de nuestro nuevo papa argentino. Sin embargo, Meirelles es un gran director y ha realizado una propuesta tan bien construida que le compro todos los números de la función. Humaniza a dos personajes con los que es muy difícil empatizar, los hace volubles y tridimensionales con acierto. Reconocemos en los actores a las personas públicas reales que hemos visto en todos los medios de comunicación y, al mismo tiempo, les da una personalidad privada, diferente y verosímil que no se muestra incoherente con lo que sabemos de ellos. Joé, es que consigue que Ratzinger nos parezca un ancianito venerable al que abrazar y todo.

La gracia de la película estriba en el enfrentamiento dialéctico entre ambos, contemplando los diferentes puntos de vista que tienen sobre miles de temas, brotando de las imágenes del pasado de ambos, útil para entender cómo han llegado a ser cómo son. A raíz de la crisis de la fe en la sociedad y los problemas que esto genera para la iglesia, veremos como ambos papas defienden una misma fe desde puntos opuestos. Aquí Meirelles realiza un gran trabajo para mantener el ritmo de una película consistente simplemente en dos hombres hablando, provocando que temas tan áridos como los tratados se hagan interesantes.

Pero bueno, la película no se sostendría sin el trabajazo de sus dos actores principales. Por un lado Hopkins da vida al borde y amargado Ratzinger, siempre presto a una contestación abrupta e incapaz de comprender como la gente escapa a la racionalidad. Por otro lado tenemos una nueva actuación estelar de Jonathan Pryce (y van), que realiza una estupenda reconstrucción de un personaje tan polémico como atado a la vida. Ellos complementan un estupendo diálogo que aprovecha la sabiduría de la madurez –senectud- de los personajes, como si estuviéramos viendo a Adriano dar consejos a su sucesor. Los personajes se saben sabios y arrogantes, pero disfrutan bajándose del pedestal mutuamente, con argucias dialécticas, ironías y contra argumentaciones deliciosamente hilvanadas.

El problema, obvio, es que trama como tal, pues va a ser que no tiene. Lo que vemos es un retablo de la vida que estos hombres “ilustres” tienen, repleta de ostentación y lujo mientras presumen de modestia. Muy buenos tienen que ser los diálogos para que las películas de gente hablando me interesen, pero ésta lo consigue, realmente ha entrado finísima y sus dos horas pasan en un suspiro.

No dudo que se trata de una película que aburra a muchos, por temática y desarrollo, o por lo mal que te caen los personajes. Además de la poca profundidad que se da a los temas polémicos (relación de Bergoglio con la dictadura argentina, ocultación de abusos a menores…). Aparecen, más que nada para decir que se han nombrado y que quede claro que “uf, esto está mal”, pero luego no se entra al trapo o se buscan ciertas acrobacias exculpatorias. Evidentemente, esta película está hecha para reconciliarnos con la Iglesia y no va a meterse en follones.

Por último, no puedo sino disfrutar con toda la secuencia del partido de futbol. Es tan surrealista que uno no puede sino reírse con ello, resultando en una parte humanizadora con ambos personajes. Dos papas criticando un partido de fútbol con unas cervezas y unas pizzas. Pocas cosas más absurdamente cotidianas vais a ver durante este mes.

A la que consigas apagar los prejuicios, tengas puro interés teológico o aceptes su sesgado punto de vista, se trata de una película muy aprovechable. Diálogos de los que sacar mucho jugo, cientos de puntos de partida para debatir y un par de actores en estado de gracia.

Nota: 8

Nota filmaffinity: 6.8

 

Nominaciones a los Oscar a los dos actores (Pryce y Hopkins) y al mejor guión original. Lo dicho, que a pesar de su propuesta tan difícil, los puntos fuertes del film son muy destacables. 

miércoles, 4 de abril de 2012

A ciegas


Adaptar en una película un libro de un autor tan difícil como Saramago es toda una osadía, pero Meirelles no es un cualquiera y consigue hacer una película estimable.

En una ciudad cualquiera de un país cualquiera, un hombre anónimo se queda ciego. Aparentemente, no hay nada que pueda haber provocado este hecho: sus ojos están bien, no tiene ninguna enfermedad ni tampoco ha tenido un accidente. Simplemente una niebla blanca ha cubierto su visión. A medida que transcurren las horas, más gente va perdiendo la vista. Al parecer algo contagioso y sin cura, el Gobierno decide encerrar a todos los enfermos en una cárcel para aislarlos hasta que se encuentre una cura, tratándolos como apestados. Una mujer con la capacidad de ver decide seguir a su marido en esa cárcel, dónde es testigo de todas las vejaciones que deben soportar los enfermos mientras intenta aportarles algo de luz y esperanza a aquellos hombres que no ven.

El texto de Saramago tiene bastantes lecturas y trata muchas cosas: una crítica a la actuación de los Gobiernos ante lo desconocido, la facilidad para el desarrollo del fascismo, la reafirmación del homo homini lupus, la imposibilidad de una persona anónima de llevar el bien a toda la humanidad pero la capacidad de traerlo en un pequeño grupo de personas, la gente que no ve la realidad que le rodea aunque pueda ver, el compañerismo como modo de supervivencia, la esperanza…
Obviamente, la adaptación de Meirelles no puede llegar a tener esta profundidad, centrándose en el tema de la destrucción de la sociedad y la canibalización del hombre hacía sus semejantes. Partiendo de un hecho inexplicable e insólito que, obviamente, parte la sociedad en mil pedazos, ambos autores componen un retrato de la barbarie creada al propagarse el terror.

ACTORES: Meirelles se rodea de un elenco muy cosmopolita con la intención de remarcar que todos formamos parte de esta peligrosa especie que es el ser humano. Desde las actuaciones indudablemente se destaca la suficiencia de Julianne Moore que le da mucha convicción y le hace ganar unos puntos a la película. Mark Ruffalo y Gael García Bernal secundan bastante bien el protagónico de la actriz antes mencionada. Alice Braga (mas bien sus senos) aporta la cuota sensual a la cinta. Y Danny Glover compone un personaje muy poco relevante en el guión como para evaluarlo.

DIRECTOR: Después de las magníficas Ciudad de Dios y El jardinero fiel, ya quedó claro que Meirelles no tiene una gran fe en la especie humana. En esta película nos muestra que pocos son capaces de retratar la miseria como él, ya que la ambientación del film y su fotografía consiguen envolver al espectador en un universo opresivo, desagradable e incluso tétrico, un entorno apocalíptico que sólo el hombre es capaz de crear. Al poner en imágenes lo que apenas habíamos conseguido atisbar en Ensayo sobre la ceguera, lo que es en planteamiento un drama se torna un espectáculo dantesco y horrible, que nos ataca y nos recuerda lo dañina que puede ser la especie humana. El tratamiento de las imágenes desprende muchos toques oníricos, realizados con el toque frío y deshumanizado de Meirelles. Imágenes poderosas para un mensaje desasosegante al que se le puede achacar que no ahonda en muchos de los temas del libro, centrándose simplemente en los más sociales-que son los que le importan a Meirelles-. Lo dantesco de sus imágenes y la -quizás- innecesaria lentitud de la película puede lastrar el visionado para algunos.

GUIÓN: La película discurre lentamente y ahorra en explicaciones. No sabemos por qué llega la ceguera ni qué la causa, por lo que aquellos que buscan razonamientos o lógica, se quedarán sin ella. La trama se centra en tres puntos: la aparición de la ceguera y las primeras reacciones de pánico, el encierro de los ciegos en la cárcel y su organización social y, finalmente, la fuga de la cárcel de unos pocos afortunados. La crítica hacia la sociedad y al ser humano es obvia y clara. En la novela, los ciegos son marginados y, una vez destruida la base de la sociedad, aflora lo peor del ser humano: crueldad, agresividad, egoísmo… Mucho de esto permanece en el film de Meirelles, aunque éste incide mucho más en la situación excepcional para remarcar la situación de los ciegos encerrados y mostrar la desolación de una ciudad desierta y sucia, cuyos pobladores vagan sin rumbo en busca de comida, sin importarles matarse entre ellos.

En la película no se observa tan bien como en el libro, pero hay una fuerte lucha por la supervivencia, problemas por la comida, o cómo los "malísimos" del manicomio se convierten en auténticos animales y obligan a las mujeres a tener relaciones sexuales. La gente en vez de vivir en sociedad empieza a aislarse en pequeños grupos de 2/3/4 personas (salvo algunas excepciones, como es el caso de nuestros protagonistas), manadas pequeñas que son fáciles de manejar. Como ya digo, prima el instinto sobre la razón y la supervivencia frente a la humanidad. De hecho en una parte desaparece uno de los compañeros (creo que en la película era un chico negro) y los demás apenas se preocupan.
La comprensión solo será completa tras la lectura de la novela, cosa que os recomiendo mucho más fervientemente que la visión de la película. Leer a Saramago es una delicia y Ensayo sobre la ceguera un reto que debéis regalaros. La abigarrada prosa de Saramago produce tal sensación de angustia y caos que es imposible abandonar la novela, aún cuando lo que pasa a través de los ojos es tan desagradable y demoledor como ver una sociedad hundiéndose, carcomida por los bajos instintos humanos, sin un sólo coletazo de esperanza que no sea la propia destrucción.

La película es una obra ciertamente diferente e impactante en muchos sentidos. La brutalidad de las imágenes puede provocar repulsa en los corazones más sensibles, ya que nos retratan -y muy bien- la maldad del ser humano. No es una película para sentarse y disfrutar. Es necesaria cierta calma mental para su visionado y no es en absoluto de fácil digestión. Ello no le resta un ápice su calidad, claro está. Meirelles como lector, nos ofrece su interpretación personal de la novela, y como cineasta realiza un film que más que respuestas, lo que nos plantea son preguntas. Y muy serias, por cierto.

Nota: 8
Nota filmaffinity: 6.4