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miércoles, 28 de enero de 2026

Top Gun: Maverick

Top Gun es un referente icónico de los 80, catapultando a la fama imperecedera a un jovencísimo Tom Cruise, que hacía aquí uno de sus primeros papeles como protagonista absoluto. Dentro del marasmo de retornos a los grandes éxitos ochenteros que hemos tenido últimamente (John Rambo, Cazafantasmas, etc.), éste me pareció uno más de ellos, con lo que me aproximé a Top Gun: Maverick con una pereza extrema.

Cuando se estrenó, no salía de mi asombro ante el exitazo de taquilla (más de 1.000M€!!). No sólo es que un chillón de gente fuera a verla, ¡es que salían muy contentos y la recomendaban! La verdad, no lo entendía. Más allá de la nostalgia, no entendía como la secuela tardía de una película icónica pero no especialmente buena de hace cuarenta años podía hacer estos números. Igualmente, pasé un poco de ella en los cines y bueno, algún día había que ponerse.

El argumento es simple: Tom Cruise vive semi-retirado de los aviones de combate, pero la necesidad obliga a que salga de su exilio para forjar a una nueva generación de pilotos de élite para una misión (casi) suicida con la que evitar el fin del mundo y tal y tal.

Algo que no me esperaba. La película es bien consciente de sus limitaciones argumentales – o quizás lo abraza con ganas – y no se dedica a otra cosa que a MOLAR. Y le sale a la perfección. Toma la americanada como un género propio y la lleva al extremo con un sentido del espectáculo magnífico. Coge lo justo de la anterior entrega para que los fans de la misma se queden tranquilos (el homenaje a Val Kilmer, la escena del bar y poco más) y se constituye como una película propia con su propia mitología. En ese sentido, recuerda mucho a Creed, que es consciente de la existencia de Rocky, pero no va “exactamente” de ello, como sí ocurría por ejemplo con Cazafantasmas. Además, se saltan un montón de cosas argumentales de manera bastante consciente: No sabemos qué país están bombardeando, no vemos al enemigo, lo del hijo de… se pasa de calzador, etc. Estos deslices en la trama podrían ser catastróficos y quizás los primeros diez minutos no son del todo tranquilizadores, pero qué demonios, es empezar a volar y la adrenalina se empieza a desbordar. Top gun Maverick despega a las estrellas, sin bajar hasta el final. Un blockbuster como hace tiempo que no teníamos.

Las coreografías aéreas son muy viscerales, consiguiendo que te metas dentro de la película desde el primer despegue. Quizás por la cabezonería de Tom Cruise de que todas las escenas se rodaran en el aire (sin ordenador ni cámaras simuladas) o por el estupendo sentido del espectáculo del director Joseph Kosinski, pero las escenas tienen una fisicidad inusual en estos días. Las acrobacias son imaginativas y vibrantes, sucediéndose además con un ritmo muy bien medido, con las pausas perfectas para coger impulso. Con ello, pegan al espectador al asiento con un espléndido manejo de la tensión de lo más satisfactorio. Maneja espléndidamente el más difícil todavía para dar una media hora final de auténtico infarto.

Que sí, que no sabemos porqué hay que pegar tiros (ni nos importa). Top Gun Maverick es tan gloriosamente delirante que uno no puede sino sentirse atrapado en esta montaña rusa. Cuando consigues molar de esta manera, se te perdonan muchas cosas (y, por lo que parece, ha repetido fórmula en F1: nulidad argumental, pero un espectáculo tan grande que da igual).  Asimismo, el trabajo actoral ni está ni se le espera. El protagonismo recae en un Tom Cruise que se dedica a hacer de Tom Cruise y un puñado de secundarios que bastante hacen con saberse los diálogos.

Los interprétes de verdad están en otro lado: Los AVIONES. Por favor, ponte la película en el aparato de sonido más impresionante que tengas a tu alcance. Podrás gozar con el sonido de los motores, notando cómo se mueven de un lado a otro, desde dónde se acercan y adónde se alejan. La visceralidad de las imágenes se complementa con este sonido estruendoso y envolvente, dando la sensación de que estás realmente dentro del avión, sufriendo y gozando con los pilotos. El espectáculo por bandera, con una grandiosidad al alcance de muy pocos.

Antes de verla, me quedé alucinando por su lluvia de nominaciones. Desde mejor película a guión adaptado, montaje, canción, efectos visuales y sonido. Ganando el último de ellos. Es una muestra de una parte técnica espléndidamente realizada. Tiene sus cosas con las que podemos torcer el morro, pero lo que tiene de bueno, es MUY bueno. Podríamos decir que ya no me sorprende tanto su reputación.

Top Gun Maverick es la mejor americanada que he visto en un puñado de años. Técnicamente brillante a pesar de “sus cosas”, con un sentido del espectáculo y un abrazo por la acción apabullante que te aplasta al asiento hasta el final. En sí, una fantástica película con la que apagar el cerebro y disfrutar, superando en mucho a su predecesora en todos los aspectos que le interesan. Nunca hubiera esperado disfrutar tanto con esta película.

 

Nota: 8

Nota filmaffinity: 7.0 

jueves, 10 de febrero de 2011

Tron: Legacy

Tron: Legacy es una digna sucesora del Tron original.


Tron fue una película que pasó sin pena ni gloria en su momento. Principalmente porque su propuesta visual era magníficamente preciosa, espectacular, muy adelantada a su tiempo; tanto que la gente pasó de ver algo tan “diferente” (básicamente, no la entendió). El tiempo ha tratado bien a esta pionera en el tratamiento por ordenador y si algún nostálgico quiere disfrutar de un trabajo visual primigenio magnífico, es de menester que la vea y la disfrute.

Para esta segunda parte, han buscado (y conseguido) ser fieles a ese estilo, y les ha quedado una película muy bonita.

La historia nos sitúa a Sam Flynn, hijo de Kevin Flynn (protagonista de la primera parte), que ha crecido traumatizado por la desaparición del genio informático que fue su padre. Un día, descubre que su padre quedó atrapado en el mundo virtual que había creado y va a buscarlo para rescatarlo y así volver juntos al mundo real.
Básicamente, una mera excusa para devolvernos a ese maravilloso mundo virtual que es Tron y hacerte pasar dos horas divertidas en medio de un paraíso digital abrumadoramente bien diseñado.

ACTORES: Garrett Hedlund (Sam) es un debutante y, al igual que Olivia Wilde (Quorra), se dedica a lucir palmito y intentar no desentonar. Es una película de acción donde los actores importan poco. Jeff Bridges (el kevin original también) es el único actor de calidad y el que mantiene un poco el mínimo nivel exigido.

GUIÓN: Le pasa un poco como a la película original. Cuenta muchas cosas, explica pocas, otras pasan porque sí y en conjunto la historia es vacía, con personajes ni dibujados, y además no es que se entienda demasiado. Deja caer una suficiente cantidad de temas ético/políticos interesantes, pero luego no se molesta en prestarles la mas mínima atención. No obstante, cumple su papel, da coherencia y permite estar dos horas sin aburrirte.

DIRECCIÓN: Cabe decir que la primera es un clásico, principalmente por el ambiente, y en ese sentido el entorno esta bastante bien adaptado en la secuela, para aprovechar los nuevos medios a la vez que se deja bastante aire retro que al menos a mí, me ha encantado, aunque seguramente a otros le echaran atrás. Igual con la música de Daft Punk, con sintetizadores en plan ochentero y con FX casi de videojuego, recordando a la primera. Muchos han elogiado su banda sonora como lo mejor de Legacy, y es que mezcla melodias orquestadas con ritmos tecno de manera muy apropiada para esta epopeya cibernética. Simplemente magnífico, la música es realmente espectacular (la quiero!). No va a ganar el Oscar la mejor película, pero presenta una muy buena candidatura a los premios de efectos especiales y de banda sonora.
La película la dirige el sorprendente debutante Joseph Kosinski, cuya excelente y muy medida labor tras las cámaras, sin apabullar a la audiencia ni dejarse llevar por los recursos esteticistas, dota de consistencia a un relato de tal manera que permite que podamos pasar por alto lo que podríamos considerar algún que otro "despiste" argumental. Consiguiendo además algunes momentos realmente iluminados, como es toda la escena de la discoteca, con unos DJs simplemente magníficos o las escenas de acción obligadas (la lucha de discos, las motos o las naves de luz).

Si Tron fue una película que de pequeño me maravilló, Tron: Legacy se erige como un digno homenaje. Fiel espíritu de la preciosidad visual que era su primigenia película,  su poderío visual y sonoro es tan arrollador que incita a que cualquier factor negativo pueda ser despreciado en beneficio de un bien mayor.
El guión es muy flojito, pero bueno, me recuerda tanto a esa película que me marcó en mi infancia, y con una banda sonora tan electrónicamente vibrante, que me ha hecho disfrutar.

Nota: 7 (pero poniéndole cariño).
Nota Filmaffinity: 6,1