Hoy nos vamos a centrar en los libros, esas cosas que tantas horas de placer y placer nos han dado. Otro año con una veintena de títulos desde los que escoger aquellas obras que hubiera lamentado perderme y aquella que bien podría haberme saltado.
Eso
sí, antes de que me volváis a recordar que me
he olvidado de una cosita….
¡FELIZ
AÑO NUEVO!
Ahora,
ya podemos centrarnos en
LO MEJOR
Empezamos
por un clásico que ya se pasó por aquí ¡en 2012!, pero si se relee, pues puede
volver a aparecer, especialmente en un año con poca competencia. Neuromante
es uno de los iniciadores del steam-punk,
retrata lo peor del ser humano mientras muestra el mundo bajo el dominio
del sistema como un lugar oscuro y siniestro, dónde las redes de cómputo
dominan cada aspecto de la vida. Gigantes corporaciones multinacionales
reemplazan a los gobiernos como centros del poder político, económico y
militar. La batalla entre un personaje marginado contra un sistema totalitario
sirve de armazón para una historia que impacta y, seguro, no deja indiferente.
Este
libro lo leí debido a una recomendación de BookCrossing (gracias Cocodras), que (casi) me obligó a que me lo leyera. El
club de los mentirosos cuenta la
historia de siempre, pero lo hace de una manera muy especial. Es una lectura
desasosegante, con un drama intenso disfrazado de novela de maduración. A lo
largo de 500 páginas sufriremos, nos indignaremos, querremos y odiaremos a
todos los personajes que, simplemente, tienen una vida inusual pero que es la
suya y qué aun así deben tirar para adelante. Acometer este libro es una
experiencia interesante, quizás no apta para todos los paladares, pero su
amargo sabor esconde satisfacciones.
Finalmente,
volvemos a la ciencia-ficción con Así
se pierde la guerra del tiempo, una de las cositas más diferentes
dentro de los viajes en el tiempo y los amores imposibles. Requiere esfuerzo
del lector, pero el premio es de los bonitos. Más que una novela, tenemos un
baile, una danza demencial a través del tiempo. Los protagonistas viven al
límite, sus diálogos esconden más de lo que parece, conteniendo desafíos
inesperados para unos y otros. Quizás lo mejor es dejarse fluir, no intentar
abarcar todo, sino sumergirse una y otra vez en un estruendoso viaje que
repleto de quiebros y requiebros. Y triunfa el AMOR.
En
cuanto a lo peor del año, me sabe mal –
no es la primera vez que ocurre – destacar un libro cuyo único pecado es ser
una cosita pequeñita sin nada especialmente interesante. Simplemente, es el
menos bueno. Niño
de aire es un poti-poti de géneros un poco raro, que no se decide por
qué quiere ser, dando sensación de falta de empaque. No obstante, no exige nada
y se lee sin ningún esfuerzo.
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