lunes, 13 de marzo de 2017

Prisioneros



Vuelvo hacia atrás. Antes de la meritoria pero irregular Sicario, continuo con la película previa de Denis Villeneuve. Mi acercamiento a Prisioneros es similar al que tuve con Sicario. Me sonaba, recordaba su fama de notable, pero la verdad es que desconocía todo sobre ella.

El director canadiense viene de saltar a la fama con Incendios y ha llamado la atención de Jack Gyllenhall (repasar spelling), lo que le permite desembarcar en Hollywood y gozar de unos medios bastante más notables (aunque siguen siendo modestos para las escalas de la industria). 

En Prisioneros, Villeneuve reflexiona sobre el hecho de ser padre y tu vínculo para con tus pequeños. Tras unas bucólicas escenas en las que dos familias disfrutan de una idílica fiesta, las dos pequeñas que iluminan la vida del hogar desaparecen. Los primeros momentos de desconcierto llevan a una terrible verdad: Han sido secuestradas por un pervertido que les va  a hacer mil cosas malas. ¿Cómo reaccionar ante ello?

Villeneuve no va a limitarse a plasmar un simple punto de vista sobre una situación tan tremebunda: Para demostrar lo bueno que es, disecciona con afilado bisturí a dos familias destrozadas, plantea todas las posibles reacciones que se producen ante la imposibilidad de cobrar venganza, presenta la desesperada investigación del caso a manos de un descreído policía en busca de redención y aprovecha para diseccionar de donde viene el origen del horror, todo ello condensado en una película de una arquitectura complejísima, con moles de matices de los que uno no sabe por dónde va a salir.

Nos hayamos también ante la mejor actuación que le he visto jamás a Hugh Jackman. Su papel de padre escéptico ante las autoridades, desesperado ante la falta de progreso y decidido a llegar hasta el final por sus propios medios es impagable. De la misma manera, hay que destacar al descarriado inspector encarnado por Jack Gyllenhall, el único que intenta mantener la cabeza fría en una situación dónde se hace imposible pensar. También destacaría el reducido pero impactante papel de Viola Davis, que nos encoge el corazón cuando se enfrenta al asesino de sus hijas con una mezcla de rabia, piedad, repugnancia y lástima en una escena que se hace imposible de predecir. Simplemente alucinante (A la que repasa un poco su carrera, vaya puñado de papelones que nos ha brindado esta estupenda actriz, culminada con el Oscar que ha recibido este año por Fences (R)). 

Curiosamente, ya van tres películas en que se repiten unos patrones similares con el trabajo actoral: Papeles femeninos brillantísimos, muy protagonistas y alejados de los tópicos más manidos, personajes confundidos por todo el metraje, complejos y decididamente humanos y, finalmente, la sensación de que cada actor participante está realizando (casi) el trabajo de su vida en cada película de Villeneuve. Eso es dirigir bien a las estrellas. 

 Y otra vez, se debe destacar una atmósfera asfixiante, que nos pega al asiento y sirve de ejemplo a cómo se debe construir la tensión. En Prisioneros se realiza un impecable trabajo de fotografía imbuyendo de malignidad lo que sería un pueblo anodino y corriente. Villeneuve provoca una sensación de inquietud que te acompaña durante todo el metraje, haciendo que cada escena tenga un aire sombrío, turbador, en la que puede no pasar nada, pero que deja la sensación de que en cualquier momento se va a producir la tragedia máxima. En ese sentido, me recuerda a películas como Zodiac o Mystic River, en las que cada gesto cobra trascendencia y captura sin remedio la atención del espectador.

Las dos horas de este asfixiante thriller pasan en un difícil suspiro que te mantiene con un nudo en la garganta incluso tiempo después de que haya terminado. Su complejidad tiene lugar para la sorpresa, el asco, la compasión, la esperanza y la desesperación, con mil historias imbricadas de un modo magistral, perfectamente dispuestas para dejarte reflexionando sobre lo que has vivido una vez apagas la pantalla. 
¿En qué consiste ser prisionero? ¿Acaso estas familias pueden mantener algún tipo ilusión por vivir una vez se les arrebata lo que más quieren? ¿Cuánto horror es capaz de soportar el ser humano antes de perder la fe en la humanidad? ¿Es el secuestrador también un prisionero de sus propios desvaríos? Son reflexiones con las que Villeneuve te bombardea mientras te mantiene el corazón en un puño, especialmente sangrante mientras (SPOILER) una de las niñas es liberada y, por tanto, una de las familias deja de sufrir pero la otra padece doblemente (FIN DEL SPOILER).

Es, sin embargo, una película muy exigente para con el espectador, del que requiere una atención plena para no perder ningún detalle y una tolerancia a las tramas de dificil digestión que no todos poseen. Cine de primerísima calidad que te deja reflexionando sobre las miserias humanas y permite debatir qué haríamos nosotros en la misma situación (espero que nunca me toque), sin por ello dejar de ser un “simple” thriller ni aspirar a ser nada más que ello.
Nota: 9
Nota filmaffiiny: 7.6

miércoles, 8 de marzo de 2017

Sicario



Empiezo mi –anunciado, aunque con calma- repaso a las películas de Villeneuve con la predecesora de La Llegada.

Nada más dar al play, un equipo de SWATs asalta una casa a ritmo de un incesante retumbar de tambores que te pone a mil desde el segundo cero. Agotada la resistencia inicial, las sorpresas se esconden tras las paredes del chalet. La madriguera de conejo llega mucho mas al fondo de lo que parecia inicialmente. La impactante actuacion de la agente Kate llama la atencion del equipo antidrogas de EEUU, que decide contratarla para unas operaciones en la frontera.
Kate, entrenada donde las haya, se prepara para lo peor, pero una vez en El paso, las cosas no seran tan claras como parecen y la frontera entre el mal y el bien pasa a ser tan difusa como la que hay entre ambos paises....


Partiendo del hecho que estamos ante una película de VIlleneuve, el inicio es de impresión. El asalto apenas tiene tres cambios de cámara, pero te deja con el culo pegado al asiento. ¡Que manera de crear tensión! ¡Que aprendan los demás como no se necesitan mil cambios de vista para ponerte a mil! Esta claro que este canadiense sabe lo que se hace con la cámara. Lo mismo se puede decir de la persecución en coche que se produce en el Paso o la escena final en las minas. Estas piezas de orfebrería de unos quince minutos cada una contienen toneladas de emoción, una puesta en escena primorosa y unas coreografías al alcance de muy pocos. Solo por esos 45 minutos ya vale la pena la película, de sobras. 

Villeneuve se permite jugar un poquito con tus conceptos (otra vez) y te crea una sensación de agobio muy  malsana. Llegas a la conclusión de que la vida es una mierda y que en cualquier momento te va a llegar el bofetón, aunque cuando te lo arreen no puedes entender de donde ha salido.

Sin embargo, encuentro que las escenas que hacen de pegamento no acaban de tener la fuerza que deberían. No por hallarse mal construidas, sino porque el guion no les acaba de dar el sentido necesario para que entendamos que ocurre. Si, nos movemos en aguas turbias donde se hace difícil distinguir entre los ejércitos, las policías y las mafias de ambos bandos de la frontera, pero el guion no separa a explicar muchas cosas que ocurren en pantalla y nosotros no siempre somos capaces de llenar los huecos. Por ejemplo, ¿Para qué la necesitaban? ¿Habría cambiado algo de no haber estado? Benicio del Toro y Denis Quaid, son buenos, malos... ¿o solo unos malnacidos? Este desconcierto provoca que pierda el propio objetivo de la película. Sí, tenemos escuadrones de élite, agencias de inteligencia más turbias de lo debido y narcotraficantes con muy mala idea, pero sus continuas digresiones sobre la distancia entre la justicia y la legalidad consiguen aburrirme en los fragmentos donde la acción no toma el mando. 


Ni siquiera la portentosa actuación de sus integrantes, al mando de una impresionante Emily Blunt, es capaz de hacer remontar el film. Resulta sorprendente como una chica tan pequeñita (en tamaño) es capaz de transmitir tanta fuerza como policía, moviéndose entre la determinación y el desconcierto tras los zarandeos al que le somete el guión. A su cargo tenemos una de las mejores escenas de (no) sexo que he visto en una pantalla de cine. Del resto de turbios personajes, hay que destacar a un correcto (y hostiable) Dennis Quaid y a un impresionante Benicio del Toro, cuyas toneladas de cinismo consiguen quedarse marcadas a fuego. 

Sicario aparece tras el éxito de taquilla que supuso Prisioneros (que ya será reseñada), permitiendo a Villeneuve rodar con mucha más libertad un precioso ejercicio de onanismo audiovisual con cuatro escenas de una precisión apabullante que están al alcance de muy pocos. Es curioso como escenas de una factura tan impecable, con unos aciertos tan impresionantes se vean separadas por unos interludios emburullados que no hacen sino bajar el ritmo y confundir al espectador, dejando una sensación amarga, pues los errores pesan demasiado y deslucen el resultado de una película que, por momentos, provee de magnificencia cinematográfica.


Nota:6
Nota filmaffinity: 6.8

Nominaciones a Fotografía, Banda Sonora y efectos sonoros en los Oscars. Sin premio. Otra ronda de nominaciones técnicas a pesar del reducido presupuesto de la cinta. ¡Villeneuve sabe hacer mucho con poco!